Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 4 de octubre de 2026

¡Sal del camino!

 
 
Aunque a muchos nos lo prohíbe el médico la sal es un elemento necesario para la vida y la industria. Hoy y ayer. La sal común se obtenía de las aguas del mar; de los pozos y fuentes de agua salada; y de las minas de sal gema. La mesa altomedieval con una distribución de cereales, verduras y carnes equilibradas y generados en el entorno obtenía la sal de estos productos. El crecimiento demográfico forzó la roturación de más tierras y el cultivo masivo de cereales, más fáciles de almacenar y de transportar a las ciudades. La capacidad económica, además, creó dos regímenes alimenticios: El pan de trigo y la carne para los pudientes y los cereales inferiores para los campesinos junto con legumbres, verduras, aceite y trozos de tocino y carne -fresca o salada- generalmente en potaje. Cuando la alimentación es “carnívora” no es necesaria la adición de sal, pero dicha necesidad aparece cuando la dieta es mixta o formada mayoritariamente por productos vegetales.

 
A partir del siglo X, el renacer de Europa estimuló el aumento de la producción de sal y, con ello, la desaparición paulatina de la pequeña propiedad salinera en beneficio de los grandes monasterios y el interés de los príncipes y reyes por adquirir el monopolio sobre minas y salinas. Este control creciente de las salinas por parte de los grandes cenobios debió de influir en la organización de un comercio regional de la sal y de su correspondiente red de caminos, lo que más tarde desembocarían en el señalamiento de un territorio exclusivo para la venta de la producción de cada salina.
 
Durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna, continuó el aumento del consumo de sal por el crecimiento demográfico y urbano, el uso industrial de la sal y la revolución comercial. La sal se aplicaba en la cerámica vidriada, en la metalurgia de la plata y en la alfarería. También se necesitaba en la medicina, en el bruñido de los metales y en la liturgia romana. Resulta difícil cuantificar el consumo de sal porque el fraude y el contrabando distorsionaban la realidad del mercado salinero. Una consulta del Consejo de Hacienda de 27 de abril de 1564 determinó que se consumían setecientas mil fanegas de sal. Tres siglos más tarde, se calculó que España consumía 1.500.000 fanegas por año; y para 1850, el cálculo fue de 1.939.891 fanegas.

Salinas de Rosío (1937)
 
La sal de boca era necesaria para personas y animales. En los humanos la sal servía para sazonar y conservar los alimentos. Por tanto, su demanda dependía del número de consumidores y de su dieta. Algunos historiadores calculan que cada persona tomaría entre 20 gramos y 40 gramos al día en el siglo XVI y 70 gramos en el siglo XVIII. Con relación al ganado debemos conocer que la sal evita la deshidratación del ganado y ayuda a su digestión, facilitando la asimilación de los nutrientes, el engorde y la producción de leche. La cantidad de sal que convenía aportar dependía del tipo de ganado y de la alimentación.
 
Y, por supuesto, el gobierno de cada momento no pudo estar lejos del control de este producto. El estanco o monopolio fue el rasgo más destacado del mundo hispano de la sal durante la Baja Edad Media y la época del Antiguo Régimen. Felipe II, el 10 de agosto de 1564, decidió estancar la producción y venta de la sal, y su arrendamiento tributario. Esto finalizó en la ley de desestanco de la sal de 1869 y la venta de las salinas de la Hacienda y las demás fincas pertenecientes a las mismas. El monopolio de la sal se enmarcó en la crisis financiera de la Monarquía hispana que obligó a Felipe II a procurarse nuevos tributos.

 
Una Real Orden de 11 de abril de 1566 fijaba el precio de venta de la sal en los alfolíes reales en 6 reales por fanega (de 52 litros a 55 litros) para todo el reino de Castilla; más alto era el precio al por menor a cargo de los regatones, quienes junto con los receptores de los alfolíes eran acusados con frecuencia de manipular los precios. Este encarecimiento generó constantes reclamaciones de las Cortes a favor de una reducción del precio de la sal.
 
A mediados del s. XVIII, el marqués de la Ensenada, ante la necesidad de aumentar los ingresos fiscales sin incrementar la presión fiscal, sustituyó los arrendamientos de las rentas reales por la administración directa de la Hacienda Real.
 
La sal se trabajaba en Las Merindades y cercanías en pueblos que, lógicamente, llevaban apellido salinero: Salinas de Rosio, Poza de la Sal y Salinas de Añana. No solo era el producto, sino que afectaba el transporte y acarreo que su comercialización conllevaba. La distribución de la sal se vio beneficiada por la fundación de la “Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus Derramas” por parte de los Reyes Católicos en 1497 y que perduró hasta el año 1836, Buscaba mejorar el transporte, la seguridad en la red de caminos y el abastecimiento del reino. Estaba dotada de una organización jurídica y jerarquizada tanto a nivel nacional (juez protector), como regional y local (alcaldes de cabaña), y gozaba de algunos privilegios como el paso y pasto de ganados o maderas para el arreglo de carros, además de exenciones de portazgos. Digamos que muchos de los muleros y carreteros de las diferentes localidades tendrían trabajo gracias a las salinas.

Poza de la Sal
 
Aunque el acarreo -¡Cómo no!- fue objeto de pleitos. Tanto el Recaudador de las Salinas del Partido de Burgos como el Fiscal del Consejo de S. M. exigían que los vecinos de Las Merindades acarreasen, con sus carros, bueyes y caballerías, la sal de Poza de la Sal hasta la Hoz. Las autoridades de Las Merindades se opusieron y pidieron que se reconociera que estaban exentos de esa obligación. Así, por ejecutoria de 25 de noviembre de 1733, refrendada por Agustín de Torres, Secretario de Cámara, “(...) se libera a los vecinos de Las Merindades que tuvieran carros y bueyes, a los arrieros y a otros que trajesen bastimentos (mercancías) a la tierra, la conducción de sales a sus expensas”. Ejecutoria que se hizo notificar en la ciudad de Burgos, eximiéndoles del acarreo de la sal cuando ésta se trasladara por tierras de Las Merindades, bien para su envío a los puertos de la mar como a otros lugares para su consumo.
 
Pero eso no significó, ni mucho menos, tranquilidad para Las Merindades. El Recaudador de las salinas de la provincia de Burgos entabló pleito ante el Superintendente de esa ciudad manifestando que todas las tierras de Las Merindades debían pagar la sal a 17 reales la fanega. A esta pretensión se opusieron los pueblos de Las Merindades alegando que “habiéndose reservado el reino, por acuerdo de las Cortes de fecha de 3 de agosto de 1649, fijar el precio de la fanega de sal, en el capítulo quinto del mismo se señaló el de 11 reales para las que se adquiriesen por los naturales de los reinos de Galicia, Pesquerías, Puertos de la Mar y Montañas. Que estos privilegios habían sido ratificados en Reales ejecutorias obtenidas por la villa de Biana del Bollo (Orense) en 1685 y posteriormente por las cuatro villas de la Costa, Merindad de Trasmiera y Puerto de Santoña, las cuales fijaron en 11 reales el precio de la fanega de la sal en los Alfolíes (almacenes donde se depositaba la sal) de ella, de lo que aportaron al pleito la oportuna certificación, la cual fue ratificada por Provisión Real de 4 de febrero de 1725, refrendada por el Secretario Francisco Díaz Román, en la cual Felipe V, a virtud de órdenes de su hijo Luís I, de 25 de enero de 1724, dada en consonancia de la consulta pedida al Consejo de Castilla por el Arzobispo de Toledo y Obispo de León y de otras anteriores, se mandó no se vendiese, de allí en adelante la sal a más precio de 11, 17, y 22 reales, según las diferencia de provincias, entendiéndose que el precio de 11 reales era para la fanega de sal traída de barra rasa en las salinas para los reinos de Galicia, Asturias, puertos de la mar y Montañas, certificación que lleva fecha de marzo de 1747, expedida por Juan de Icaza Moral, escribano del Consejo, a petición de José de la Peña Andino, procurador de Las Merindades”. Este derecho fue reconocido por sentencia en la que se fijaba para los pueblos de Las Merindades el precio de la fanega de sal en 11 reales.

 
Este tipo de solicitudes fueron recurrentes. Para la defensa de estos derechos, en 1697, conceden un Poder al clérigo Juan de Mena, Intendente en la ciudad de Madrid, y a Pedro Díaz Morante, Procurador de los Reales Consejos, para que consigan la ratificación de los privilegios del pago de la sal a 11 o 12 reales la fanega, como se acordó hasta 1693 en que se quiso cobrar 24 reales por fanega. Que era el precio de otros reinos y territorios de la Corona. Lo vemos en 1713 cuando leemos: “En este año de 1713, los Regidores Generales de las siete Merindades otorgan poder a Don. Agustín de... y a Don Joseph Antonio González de Cárter para que ante los Reales Consejos de su Majestad defiendan los privilegios que dichas Merindades tienen sobre el precio de la sal, y que las salinas de Castilla, las de Rosío, Poza, Añana y demás salinas de Castilla Vieja, que por ellos han de dar y den la fanega de sal a razón de 11 reales de vellón para el gasto y consumo de los vecinos y moradores de estas Merindades y para sus ganados, por estar estas tierras incluidas en el Bastón de Laredo y las cuatro villas y así estaba concedido y confirmado por la majestad de Nuestro Católico Monarca Felipe Quinto. Acordándose hacerlo, en el resto de los pueblos, a razón de 24 reales los que tuvieren privilegio, y los que no tuvieren privilegio a razón de 30 reales”.
 
En 1731, por Decreto, se volvió a obligar a los moradores de la Merindad de Castilla la Vieja a la aportación de recuas, no solamente para el traslado de víveres a los ejércitos, como se solía hacer, sino también para el traslado de la sal, tanto de Poza como de Salinas de Rosío. Evidentemente, los concejos protestaron porque no tenían carros ni animales suficientes ni adecuados para ello y que, para realizarlo, tenían que abandonar las tareas agrícolas. Como si fuese un juego, la administración “se olvidaba” de lo acordado e imponían cargas… que eran recurridas. Una y otra vez.

 
El 23 de octubre de 1739 se dirige escrito contra el ministro Embargador de la sal donde se incluían cartas del Cardenal de Molina para que no se requisase a Las Merindades sus carros y caballerías para el transporte de la sal por sus tierras hasta la Hoz y que, por ello, no se les impidiese la conducción de la lana. La causa de estos escritos era una ejecutiva de 1733 que así lo indicaba, castigando de esa forma a quien no colaborase en el transporte de la sal hasta los alfolíes de la Montaña.
 
En el año 1753 se reúnen los Regidores de Las Merindades y dan Poder para que, ante los reales Consejos, se defienda el que a ningún vecino puedan embargar, para la conducción de sales ni otros fines, las parejas de bueyes y los carros que sirven únicamente para las labores de labranza; tampoco las caballerías y bagajes con los que es obligado conduzcan géneros para el sostenimiento de los pueblos, por los graves daños que ello causa a sus gentes y a estas tierras.

 
En 1754 los Regidores de Las Merindades, nuevamente, se quejan de los daños que les causaba el acarreo de la sal, pues eran más de mil las fanegas que, por este medio, se trasladaban desde Poza hasta Ciudad Rodrigo y Salamanca. El daño que este transporte causaba a la agricultura era muy grande: no se podían labrar las tierras a su tiempo por estar las parejas de bueyes empleadas en el acarreo; muchos de los bueyes morían en ese servicio porque no estaban acostumbrados a ese trabajo; y otros de esos bueyes, una vez realizado ese acarreo, ya no podían volver a trabajar en el campo. Además, lo que se les pagaba por cargar con la sal eran unos pocos maravedís que no cubrían el coste real.
 
Las personas que tenían a su cargo el arriendo, o la administración de las salinas, estaban muy interesadas en que el privilegio de Las Merindades cesara y que se pagase la sal a igual precio que en el resto de los reinos de España. Y, también, en que se nos obligase a realizar el transporte de la sal. Por ello, el 3 de noviembre de 1759, se reúnen las autoridades de Las Merindades de Castilla la Vieja y se acuerda reclamar que se confirmasen los reales privilegios, excepciones, y libertades que tenían Las Merindades y agregados, “así en razón de soldados como en otros cuales quiera asuntos por la observancia y costumbre que hay de ello, valiéndose de los medios que fuere conveniente hasta que se facilite quanto conduzca y lo mismo en razón que no se nos obligue por los Administradores de Reales Salinas de Castilla ni sus intendentes o jueces a pagar la fanega de Sal, mediante que concurrimos por ello a las mismas salinas más que a once reales cada una por ser comprehendidas dichas Merindades y agregados en la Zédula Real que por punto general se expidió en la instancia con el Fiscal de S. M. y la Montaña, Galicia y otras partes cuyo expediente se halla en la Secretaría de Dn. Juan de Hicara y Moral Secretario de Cámara del Consejo a cuyo privilegio y libertad han usado hasta ha pocos años a esta parte que con motivo de haberse traspapelado la Cédula y ejecutoría, por violencia, se ha pagado a más que dichos once reales y a doce, habiendo en caso necesario que parezca y no se cobre a más porque, de lo contrario, se sigue a este dicho común un grandísimo perjuicio pues los Administradores ni la Real Hacienda no han pagado ni pagan con sus dineros hay individuos que concurren por ellos a sus expensas, ni a que contribuyamos con carros y caballerías a poner dichas sales en otros Alfolíes, respecto servir solo a las tabernas y abastos para el consumo de sus recintos, por cuya causa y otras de este tipo hemos declarado juicio, dando poder se nos defienda y reclamen nuestros derechos y la firmeza de nuestros privilegios”.

 
El transporte de la sal a través Las Merindades era un problema irresoluble. En 1762 se mandó hacer el transporte en plena sementera y con los caminos con nieve en los puertos y los ríos crecidos, lo cual no permitía el que fueran vadeados por donde se quería o por donde era el camino más corto. Para colmo sólo se pagaban siete reales por fanega de pala. Todo ello ordenado sin hacer caso a los Reales Decretos eximiendo a Las Merindades de realizar ese acarreo y transporte. Se contraatacó argumentando, a través de un poder, que a “Dn. Joseph Castilla, Administrador General de rentas Provinciales de esta Provincia y la de Salinas que, sin embargo, de constarle hallarse estas dichas Merindades libres Reales Privilegios y Decretos y aún Executorias ganadas en contradictorio juicio con los Recaudadores, pidió no menos que por el mes de Noviembre de este año próximo pasado en que los labradores se hallaban con la mayor fuerza de su sementera y las nieves en los puertos y los Ríos ia tomados y sin poderse vadear que se hiciese la dicha conducción y que solo se pagase por fanega de pala siete reales, de modo que por el importe tan reducido y limitado se hacía aún más insoportable el transporte por otros medios y no por el de Bueyes de Labranza y aunque se recurrió por medio de Diputado no se pudo facilitar libertad ni espera por dicho Sr. Intendente Administrador precisando a dicha conducción y bajo de protestas correspondientes y de la repetición de daños contra quien hubiese lugar se hizo mucha parte de conducción sin duda a no haberse recurrido a la piedad de Su majestad y logrado Real Decreto de diez y seis del presente en que se manda suspender los apremios y que se guarden dichas ejecutorias, se hubiese executado del Total y crecida porción de cargo de estas dichas Merindades, quienes a sus Diputados además de los dichos siete reales pagaron por cada fanega a los arrieros forasteros y otras personas de caballería al respecto de seis reales y esto precisándoles y a este tenor sobre contra diferencia se ha satisfecho como resulta de dicho ajuste, recibos y testimonio y no siendo conformes a dicha piedad de su Majestad el gravar con tanto daño a dichos pobres labradores antes de ella tener experimentado lo contrario y sí que se reintegren, pues sin duda su común semejante conducción y tiempos; como el que fue no puede ser otra la causa, que dicho Administrador fue quien debió, como en otras ocasiones que pudo, anteriores provisiones y prevenir los dichos Alfolíes en otros lances más propios y con Carros y Arrieros fuera de estas Merindades y acostumbrados a semejante tráfico; pues cuando su Majestad se hallare en necesidad desde luego este Común, como tan leal, no ha faltado ni falta a su Real Servicio, con que por lo mismo debe dicho Administrador responder por dichos daños y perxuicios y dar disposición de su paga y para que a ello se le precise en todas instancias y Tribunales hasta conseguir favorable resolución y damos este Poder para que se presenten Demandas, Pedimentos, Requerimientos, Executorias, Escrituras, y hagan Autos y Sentencias hasta que se consiga la definitiva y favorable y de lo contrario apele y suplique y siga las apelaciones hasta la correspondiente aceptación (…)”.

 
Los problemas motivados por la sal llegaron hasta el siglo XIX. Unas veces será motivo de preocupación su precio, otras veces sus impuestos y otras lo será su consumo. El que se controlara el consumo de la sal, podía ser por la escasez de la misma, por el abuso que de ella se podía hacer, dado el menor coste que aquí tenía con relación a otras tierras de la Corona o por los impuestos que sobre ella estaban gravados y que serían tanto mayores cuanto mayor se considerara que era su consumo. En el año 1817 encontramos el siguiente escrito: “(…) Decimos que en consecuencia de la orden expedida por la Dirección de ventas de estos reinos que se nos ha comunicado, se manda que los pueblos de dichas Merindades, valles y agregados, se paren, respectivamente a encabezar por el ramo de la sal que debe consumir en cada pueblo, con respecto a su vecindario y ganado, ante el... Administrador de rentas estancadas en la ciudad de Burgos y poderla realizar en la mejor vía y forma que podamos y ha lugar. Otorgamos que damos todo nuestro Poder cumplido... a Dn Anastasio Alonso Porres... para que, pasando por la ciudad de Burgos, ponga en ejecución el expuesto encabezo por el consumo que, con arreglo a los Padrones y razones que presenten dichos Pueblos se deba cargar a cada vecino para su consumo y salamiento de los cerdos que se matan, previniendo, como se previene, que los Bueyes ni demás ganados de este país no se le da sal, por no haber costumbre de ello, a causa del salitre de yerbas que son dicha mayor sustancia; otorgando que aquella cantidad o cantidades en que se convenga la correspondiente escritura de obligación en que queden constituidos dichos Pueblos a pagar su Quota en los Plazos y al tiempo en que se asignen (...)”.
 
Por suerte faltaban pocos años para la finalización de este abuso fiscal. Claro que sólo de “este” abuso fiscal.
 
 
 
Bibliografía:
 
“La sal de España durante el medievo y la edad moderna”. Fernando López Cidad, Mariano Ayarzagüena Sanz y Santiago Valiente Cánovas.
“Torme en la Merindad de Castilla la Vieja”. Pedro María López Andino.
Página web del Ayuntamiento de Poza de la Sal.
Blog “Tierras de Burgos”.
Web “Viajando en furgo”.
 
 
 

domingo, 27 de septiembre de 2026

La Guardia Civil llega a La Vilga.

 
 
El despliegue de la Guardia Civil en la provincia de Burgos empezó en 1854, diez años después de su creación. La distribución de las comisarías fue paralela a las principales vías de comunicación: carretera Madrid-Irún; carretera de Valladolid; el camino de Santander; Bilbao a través del Valle de Mena; el eje Soria-Valladolid; y la carretera de León. Además, las cabeceras de los partidos judiciales, principalmente Sedano, Villadiego, Castrojeriz, Rosa, Salas de los Infantes y Medina de Pomar (cuando el partido judicial estuvo en esta ciudad).
 
Por su escasa población, La Vilga era custodiada por el cuartel de la Guardia Civil de Soncillo y el puesto de Cilleruelo de Bezana. Y, por si esto no era suficiente, el ferrocarril de La Robla podía acercar rápidamente más números de la Benemérita. Esto último, traducido para aquellos que no sean españoles, significa que podían acercar agentes (números) de la Guardia Civil (Benemérita). Todo fácil y sencillo para una zona rural. El problema es que el equilibrio se rompió cuando en La Vilga, en Arija, se instaló la “Cristalera Española” en 1906. Esta empresa construirá un pueblo junto a la fábrica a lo largo de veinte años. Para la construcción de la fábrica llegaron casi 500 trabajadores, que vivían hacinados en las pocas viviendas existentes en Arija y en los pueblos limítrofes.

 
Esos primeros años las edificaciones, calles y avenidas, y la delimitación de las fincas con estacas y alambres, recuerdan a los pueblos del oeste americano. Por primera vez había trabajadores, muchos trabajadores, que no trabajan para complementar sus ingresos agrícolas, sino que ser obreros era su única actividad. También vinieron numerosos emprendedores que instalaron sus comercios y locales en los terrenos aledaños a la fábrica. La industrialización llevó la población local desde unos treinta y nueve vecinos, todos habitantes del barrio de arriba, hasta unos cuatro mil habitantes si asumimos que había mil empleados según épocas, más o menos. La fábrica construyó casas de distintas categorías para los diferentes empleados (director, ingeniero jefe, jefes de departamento, encargados, administrativos, obreros, y finalmente jubilados), capilla, casa de Correos, cooperativa obrera, escuelas, cuartel de la Guardia Civil -nuestro protagonista-, estación de ferrocarril, plaza y quiosco de la música, y campos deportivos para fútbol y tenis. Se creaba así un mundo, una ciudad pequeña, en la que abundaban el dinero, los transeúntes e, inevitablemente, los conflictos.
 
Así, en mayo de 1906, a poco de comenzar las obras, el ayuntamiento solicitara la instalación de una casa cuartel. El alcalde de Alfoz de Santa Gadea, municipio al que pertenecía Arija, escribe el 30 de mayo de 1906 al ministro de la Gobernación:
 
“Excmo. Señor.
 
Don Cipriano herbosa alcalde Constitucional de Arija (provincia de Burgos) a V. E. respetuosamente expone: Que con motivo de haberse establecido en el término municipal de este pueblo una fábrica titulada “Cristalería Española” que da ocupación a obreros, hoy en la construcción de los edificios y mañana en el trabajo manual de la grande industria que representa la fabricación de lunas de cristal plano en todos los derivados, se hace indispensable para garantizar el buen orden del trabajo, y para atender a eventualidades relacionadas con el orden público, se cuente en un momento determinando con el auxilio de la Guardia Civil”.

 
La petición era avalada por Basilio Paraíso, propietario de la fábrica de espejos “La veneciana” de Zaragoza, y uno de los accionistas de “Cristalería Española”. Basilio era un político regeneracionista que había sido diputado unos años antes. Una nota interna del ministerio de la Gobernación fechada el 7 de junio de 1906 dice: “Don Basilio Paraíso recomienda que se establezca un puesto de la Guardia Civil en Arija (Burgos)”. También “Cristalería Española” envió un escrito al director general de la Guardia Civil. Lo acompañaron con el plano del “Proyecto de un edificio para el Puesto de la Guardia Civil en Arija” que era una casa de nueva planta con seis viviendas que la empresa ofrecía gratuitamente para casa-cuartel:
 
“Don Arsenio Brachotte, director Gerente de la sociedad anónima “Cristalería Española” hace constar, que, aunque en la instancia que el señor alcalde del pueblo de Arija (provincia de Burgos) hace al Excmo. señor ministro de la Gobernación solicitando puesto en Arija ofreciendo casa gratuita, esta se hará a costa de la sociedad según ofrecimiento hecho en carta particular al ayuntamiento; por lo que, para evitar entorpecimientos al valerse de intermediarios ofrece la sociedad directamente al Excmo. señor director General del Cuerpo de la Guardia Civil construir una casa de nueva planta según el plano adjunto, a reserva de aceptar si conviene las modificaciones que juzguen convenientes en el plano y cuya casa se empezará a construir tan pronto haya seguridad de que se establece el puesto, y una vez empezada, se procurará terminarla en el más breve plazo posible. Arija 25 de junio de 1906”.
 
Con todos estos apoyos que hacen cierto el refrán de que “quien tiene padrinos se casa”, la petición es rápidamente informada por el coronel subinspector de Burgos (9 de julio de 1906), y por la dirección General de la Guardia Civil (13 de julio). El documento remitido al ministro de la Gobernación sobre la petición del ayuntamiento es elocuente:
 
“Excmo. señor ministro de Gobernación: Pasada a informe del Coronel subinspector del décimo segundo tercio la instalación promovida por el ayuntamiento de Arija (sic) en la provincia de Burgos en solicitud de un puesto de este instituto lo emite manifestando que efectivamente en aquella localidad se construye una fábrica por la sociedad “Cristalería Española” que da ocupación a 380 obreros y que en el mes corriente se elevarán a 500, siendo en una mayoría del país, pero dada la proximidad a Bilbao por el ferrocarril de La Robla, la mayor parte han trabajado en dicho punto en donde se han avezado a la lucha con los patronos e infiltrado en teorías socialistas, razón por la que con frecuencia se declaran en huelga como lo prueba que en la actualidad existen en tal situación 180 obreros, habiendo ocurrido tres principios de huelga que terminaron por la pronta cesión de los encargados a las exigencias de aquellos; que una vez terminada la obra quedarán para funcionamiento de la fábrica de 250 a 300 obreros resultando difícil la cooperación de la fuerza en los primeros momentos pues el puesto más cercano dista 8 kilómetros y tiene a su vigilancia 27 pueblos en el que las exigencias del servicio hacen muchas veces imposible el auxilio que es requerido con frecuencia por el temor que abrigan los encargados de que se cumplan las amenazas que vagamente dan a entender los obreros: Que la situación topográfica de dicho Arija es a un extremo de la demarcación del puesto de Cilleruelo de Bezana y de la provincia distante tan solo dos kilómetros del primer pueblo de Santander, y que el director de la fábrica caso de establecerse el puesto construiría por su cuenta cediéndola gratis una casa para alojamiento de la fuerza según instancia y plano adjunto.

 
Por las razones apuntadas considera el indicado Coronel de acuerdo con el Jefe de la Comandancia que será muy conveniente el establecimiento del puesto que se pretende siempre que se aumente la fuerza de la Comandancia pues con la que hoy tiene asignada no es posible llevarlo a cabo por carecer de personal para ello y porque además se resentiría el servicio si se entresacase de otros el que hubiese de constituirlo, esto sin embargo de que el Gobernador Civil ha manifestado no encuentra inconveniente alguno en su instalación con la cual se garantizaría el orden y seguridad de las familias y obreros establecidos en el repetido punto.
 
En su consecuencia y de conformidad con el Coronel y primer Jefe citados tengo el honor de participarlo a V. E. cumpliendo lo adecuado en la R. O. de ese ministerio fecha 11 de junio próximo pasado y con devolución de las instancias y plano a la misma se acompañaban para la resolución que en su vista se digne estimar procedente.
 
Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid 13 de julio de 1906. Joaquín Sánchez Gómez”.

 
Solo era cuestión de tiempo que la petición del ayuntamiento de Alfoz de Santa Gadea -que no de Arija- y “Cristalería Española” fuera aprobada por el instituto armado. Esto se produce el 30 marzo de 1907, después de consultar al gobernador civil de Burgos para que confirmase que su creación no era contraria a “interés político alguno”. Aunque será en mayo o junio de 1908 cuando comience la actividad del puesto de la Guardia Civil en Arija.
 
¡Y tenía trabajo! No solo en asuntos de accidentes laborales o huelgas si no, también, en los clásicos asuntos contenidos por el Código Penal, que son los “interesantes” para la Guardia Civil. Sólo hay que rastrear un poco por las hemerotecas…
 
“Ha sido puesto a disposición del juzgado de Alfoz de Santa Gadea el peón de la fábrica de Arija Juan Pérez Peña, natural de Bustasur (Santander), que en la tarde del 20 del actual causó con un palo una herida leve en la sien derecha a su compañero de trabajo Herminio Pérez García, natural de Oviedo”. (27 de noviembre de 1906).
 
“Sobre las once de la noche del 24 del actual fue muerto a puñaladas en el pueblo de Arija, el vecino de Reinosa Servando Palacios, por los jóvenes Críspulo García Recio, natural de la provincia de Palencia, y Máximo Muño Ruiz, de Cañedo (Santander). Como cómplices fueron detenidos Mariano Carrera y José Carrera García, todos ellos trabajadores de la fábrica de Arija”. (28 de marzo de 1907). El 24 de marzo de 1908 se celebraba, en sedano, el juicio condenando a Críspulo a 13 años de reclusión y 2.000 pesetas de indemnización.

 
“La Guardia Civil de Cilleruelo de Bezana ha detenido a los hermanos Nicanor y Demetrio Callejo Puente, vecinos de Bentosur (Santander), por haber promovido un fuerte escándalo y amenazado de muerte a varios individuos en Arija”. (15 de noviembre de 1907).
 
“Leocadio García Pérez y su hijo Rafael, vecinos de Arija, fueron detenidos el día 4 del actual, por haber inferido con una botella varias lesiones en la cabeza, que fueron calificadas de pronóstico reservado, al vecino de Soncillo Domingo Bustamante y al de la fábrica de Arija, Bernabé Bustamante”. (7 de enero de 1908).
 
El 18 de abril de 1908 nuestro conocido Demetrio Callejo Puente fue detenido por disparar un arma de fuego, sin consecuencias. Sin consecuencias salvo que lo detuvieron, claro.
 
“En el pueblo de Arija fue herido el día 24 del corriente por dos trabajadores de una obra en construcción, Augusto Vandeput, de nacionalidad francesa, a quien produjeron dos heridas con un palo en la cabeza. Los agresores, llamados Mariano Rodrigo y Pedro Espeso, han sido detenidos”. (27 de mayo de 1908).
 
“Ha sido detenido Rufino Álvarez Corzo, de 13 años, natural de Oviedo y residente en el caserío de la fábrica “Cristalería Española”, de Arija, presunto autor del robo con fractura de 25 pesetas, en la morada de José Ruiz, residente en el mismo caserío”. (6 de julio de 1908).
 
“Han sido detenidos, a las diez de la noche del día 4 del actual, por la Guardia Civil de Arija, José y Marcos García, vecinos de Santa Gadea, autores del maltrato de palabra y obras a su convecino Eusebio Pérez, en la tarde del mismo día”. (7 de agosto de 1908).

 
Hay un plano de la primera planta de la casa cuartel fechado el 28 de junio de 1908 que modifica el proyecto anterior -de 1906-, cambiando la distribución del edificio, e incorporando una escalera interior, más adecuada para el clima de Arija que la prevista inicialmente. También se reduce el número de viviendas:
 
“El Jefe de la Línea de Espinosa de los Monteros autorizado para representar al estado en este acto y don Cipriano herbosa Fuentehodra, alcalde presidente del ayuntamiento de Santa Gadea en representación del mismo, y don Antonino André mayor de edad, con la capacidad legal necesaria para obligarse, vecino de Arija. Declara el segundo que el municipio ha adoptado en legal forma el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito y en las condiciones que el servicio exija a la fuerza de la Guardia Civil del puesto de Arija durante todo el tiempo que exista establecido y que en cumplimiento de dicho acuerdo ha convenido con don Antonino André subdirector de la fábrica, que en este pueblo tiene establecida la sociedad de “Cristalería Española” el arriendo del edificio propiedad de la mencionada sociedad sita junto a la estación para que lo ocupe gratuitamente todo el tiempo que exista establecido, con la distribución y dependencias de que conste y que son: en la planta baja sala de armas, patio o corral donde existen cinco leñeras y dos retretes, además hay dos habitaciones para Guardias casados, la una compuesta de dos habitaciones cocina y despensa, y la otra con tres habitaciones cocina y despensa, en el piso principal existen igualmente tres habitaciones compuestas de las mismas dependencias y en el segundo el desván hallándose corrientes y en perfecto estado las puertas y ventanas y sus cerraduras y cristales.
 
El expresado don Antonino como subdirector y representante de la sociedad Cristalería española acepta las anteriores condiciones y se obliga a ejecutar en el edificio un blanqueo interior y exterior cada año en los meses de abril o mayo y a la limpieza de los pozos negro siempre que sea preciso, y a proporcionar otro edificio si el reseñado dejara de reunir las condiciones necesarias en cuyo caso quedará nulo el presente contrato, así como si se suprimiese el puesto del instituto sin derecho la Compañía a reclamación alguna; y el Jefe de la Línea acepta la cesión que en los términos expresados hace el ayuntamiento, con la salvedad de que el estado no contrae obligación ninguna, firmando los tres otorgantes el presente documento a presencia de dos testigos en Arija a los quince días del mes de mayo de mil novecientos ocho”.

 
La apertura de la casa cuartel no erradicó el crimen en Arija -¡faltaría más!- y las acciones de la Guardia Civil siguió proporcionando noticias en prensa:
 
“Han sido detenidos por la Guardia Civil del puesto de Arija, los vecinos de Santa Gadea Francisco, Severiano y Domingo García Fernández y Santiago Fernández Alonso, presuntos autores de las heridas causadas a Felipe Ruiz Sainz, residente en san Vicente Villamerán. El hecho ocurrió en la tarde del 12 del actual”. (21 de octubre de 1908).
 
“La Guardia Civil de Arija da cuenta de que en la tarde del 26 del actual apareció en la poza-lavadero del pueblo de Quintanilla el cadáver de Luisa Saiz y Saiz de 40 años, viuda. Las gestiones practicadas por la benemérita para esclarecer este hecho, dieron por resultado el averiguar que por cuestión de celos riñeron la interfecta y Bernabela Ruiz Diez, de 42 años, casada, tirándola esta a la poza, y penetrando la Bernabela en el agua, sumergió a Luisa hasta ahogarla. Después de cometido el crimen huyó en dirección a Sedano, en cuyo punto parece ser tenía el propósito de presentarse al juez, cuando fue aprehendida por la Guardia Civil en la demarcación de Cilleruelo”. (27 de octubre de 1908).
 
“Ha sido detenido por la Guardia Civil de Arija, Anacleto Setién, de 35 años, vecino de Bimón (Santander), autor del robo de una cabra, sustraída el 22 del pasado diciembre a Celso Pérez, capataz de la línea férrea de La Robla a Valmaseda”. (2 de enero de 1909).

 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a Pantaleón Gallo, vecino de Población de Abajo (Santander), cuyo sujeto se hallaba reclamado por el juzgado de Reinosa”. (24 de marzo de 1909).
 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a los vecinos de Santa Gadea Eladio Fernández y Luis Pérez, cuyos sujetos apedrearon la casa del médico don Carlos Martínez, rompiendo los cristales de ventanas y balcones y causando desperfectos en el edificio”. (29 de marzo de 1909).
 
Y podríamos seguir hasta el cierre de la fábrica, pero con los que adjuntamos nos hacemos a la idea del trabajo fino que hacía la benemérita y lo necesario que era el puesto de Arija. Sobre todo, si tenemos en cuenta las huelgas de 1909 y 1916. Así, el 7 de julio de 1909, el periódico “La Correspondencia de España” publicaba: “Burgos, martes tarde. Ha regresado el gobernador, procedente de Arija, donde se había declarado una huelga de 269 obreros en una fábrica de lunas. Pedían aumento de jornal, que no les fue concedido por habérseles aumentado el descanso. El conflicto quedó resuelto. Han entrado al trabajo 250 obreros. El teniente coronel de la Guardia Civil quedó en Arija por si el resto de los obreros tratase de hacer algo”.
 
En 1916, con más de 700 obreros en la cristalera, el conjunto de los salarios superaba el millón de pesetas al año. Esto significaba un jornal medio por empleado de entre 3 y 4 pesetas al día, unas 100 pesetas al mes. La nueva fábrica, ¡y sus sueldos!, llevaban diez años atrayendo mano de obra de toda la comarca, y de zonas más alejadas de Palencia, Burgos y la provincia de Santander. Y, a pesar de ello, ese año hubo una nueva huelga en la “Cristalería Española”. En esta segunda huelga general, de casi dos meses, en la que llegaron a apagarse los hornos, quedó cuestionada la permanencia de la fábrica en Arija. Sepan que las condiciones de trabajo eran bastante duras: jornadas de casi doce horas.

Foto cortesía de Luis Ángel Martín Merino
 
El 29 de abril de 1928 se celebra el acto de constitución del ayuntamiento de Arija. La “tarjeta de estadística” del puesto de la Guardia Civil de Arija, de ese mismo año refleja que la población es ya de 1.800 habitantes. Aunque la población había crecido considerablemente con el desarrollo de la fábrica, la dotación del puesto era casi la misma que la que se estableció en 1908.
 
La proclamación de la república en 1931 enciende la mecha en el polvorín de Arija. Los trabajadores de la fábrica eran mayoritariamente del bloque republicano de izquierdas, y los comerciantes y empresarios estaban afiliados a partidos católicos y de derechas. Los resultados de las elecciones publicados en Diario de Burgos el 7 de julio de 1931 reflejan la desproporción entre ambos bloques. Teniendo en cuenta que cada elector masculino podía votar por seis candidatos, habrían votado a las derechas unos 80 varones, y a las izquierdas del orden de 368 hombres.
 
El intento de golpe de estado de izquierdas de octubre de 1934 que solo triunfó en Asturias también salpicó en Arija. Jesús Sainz Hierro es apuñalado en La Vilga, en el callejón de estanco (detrás de la cooperativa) el 7 de octubre de 1934. Falleció en Burgos diez días después. Se le considera como el primer muerto de Falange Española.

 
A los seis meses de este suceso, en abril de 1935, salta una reyerta a la salida de una taberna que termina con las vidas de Manuel Villapún, presidente de la Casa del pueblo, y de Félix Zamanillo, conserje de la misma. Manuel había sido el primer alcalde republicano de Arija, desde el 14 de abril de 1931 hasta noviembre de 1933, fecha en la que fue destituido por el gobernador civil de Burgos, que envió para ello a Arija un destacamento de la Guardia de Asalto.
 
Estos acontecimientos producen una gran alarma en la población. La empresa “Cristalería española”, el ayuntamiento gobernado por la derecha desde el 23 de julio de 1934, y el gobernador civil piden más agentes de la ley. Un informe del primer Jefe de la Guardia Civil, de 2 de junio de 1935, habla de ello:
 
“Llegado a conocimiento del Jefe que suscribe que el Director Gerente de la fábrica “Cristalería Española” con residencia en Arija, de esta provincia, se halla dispuesto a ejecutar las obras necesarias de ampliación en la Casa-cuartel que ocupa la fuerza del Instituto allí establecida, dirigí con tal motivo escrito al citado señor para venir en consecuencia de la forma que se había de sufragar el importe de tales gastos y obras, cuyo mentado señor en carta de fecha 29 del próximo mes pasado, manifiesta que el Consejo de administración le ha autorizado para efectuar las obras necesarias en la Casa-cuartel referida consistentes en dejarla en condiciones para habitar en ella diez guardias casados y cinco solteros.
 
El presupuesto de los trabajos en cuestión se eleva a la cifra de 43.000 pesetas, de las que la Sociedad contribuirá con un 60 por ciento o sean 25.800 pesetas, esperando que el Estado aporte el resto del 40 por ciento o sea 17.200 pesetas; terminadas las obras e instalada la fuerza el Estado deberá contribuir con una renta mensual por alquiler de la totalidad de la finca de 300,00 pesetas.

 
En la actualidad el puesto de Arija tiene dotación de siete individuos, si bien hasta la fecha sólo consta de una clase y cuatro Guardias; las obras a ejecutar son para dejar dicha Casa-cuartel en inmejorables condiciones de habitabilidad y defensa para un total de fuerza de quince hombres. Dada la situación político-social, tirantez de relaciones, rencillas y enemistades que existen entre ambos partidos y la frecuencia que en el mismo se suscitan conflictos de varias naturalezas, hace preciso que constantemente en él haya que mantener por término medio una o dos parejas concentradas lo que lleva consigo el gasto correspondiente para el Estado. Por lo que afecta a pluses de concentración, razones por las que el jefe que informa de acuerdo en un todo con el Excmo. Señor Gobernador Civil de la provincia, considera sería de gran utilidad y ventaja para el bien del servicio llevar a cabo las obras que proponen”.
 
Finalmente, la empresa se compromete a “realizar las obras de ampliación del actual Cuartel en la forma propuesta y conocida y completamente a su cargo”, renunciando también al alquiler. En cualquier caso, los conflictos entre bandos políticos en Arija continúan produciéndose, como queda reflejado en la prensa. esta noticia aparece publicada en “La vanguardia”, el jueves 24 de octubre de 1935:
 
“José Calle Abad, herido de gravedad. Colisión entre afiliados socialistas y fascistas. Un herido grave (Burgos, 23 de octubre de 1935). Por cuestiones políticas, bastante enconadas desde hace tiempo, entre elementos socialistas y fascistas del pueblo de Arija, se originó anoche, a la puerta de una taberna, una reyerta entre jóvenes de ambos bandos, saliendo a relucir armas blancas. A consecuencia de la riña, resultó herido de gravedad, con siete puñaladas en distintas partes del cuerpo, José Calle Abad, de 22 años. Los agresores, Guillermo Madrigal, de 21 años, y Florencio Cetino, de 19, huyeron después de cometido el hecho, perseguidos por la Benemérita y lograron desaparecer amparados por la oscuridad y por una tempestad de nieve. Como se recordará, en un año han muerto un fascista y dos socialistas en ésta”.

 
La fábrica de Arija cerró sus puertas en 1952, trasladando sus instalaciones a Avilés. Todos los edificios que levantó Cristalería Española fueron vendidos a la empresa “Arenas de Arija”, incluidos algunos del pueblo. Esta empresa era propiedad de la familia Delclaux, que explotaban la cantera de arena para utilizar esta materia prima en su fábrica de vidrio de Llodio. Algunas viviendas fueron adquiridas por particulares, como primera o segunda residencia.
 
El cuartel de la Guardia Civil se mantuvo operativo unos cuantos años más. En los años 1970 se cerró y el edificio fue adquirido por particulares, siendo reacondicionado para viviendas. Se eliminaron elementos característicos, como las almenas que remataban las esquinas del edificio en la última planta, techando la terraza. Este es el uso que sigue manteniendo hoy en día.
 
 
 
Bibliografía:
 
Periódico “Diario de Burgos”.
“Una casa cuartel de la Guardia Civil para una ciudad fábrica”. Josu Aramberri.
“La Guardia Civil en Burgos a través de la fotografía histórica”. Carlos Alfonso Chamorro Rodríguez y otros.
Periódico “La Vanguardia”.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Bergaza, la Peña del Mazo y el mundo altomedieval con vistas

 
 
Encontraremos la Peña del Mazo al noreste del pueblo de Pajares tras avanzar por una cómoda pista. El yacimiento ocupa una meseta, de unos cien metros cuadrados en pendiente, y la pared sur de un espigón rocoso que forma parte de la Sierra de Arcena. La pared norte es un cortado vertical inaccesible de unos cincuenta metros. Este tipo de hábitat enrocado es fruto de la inestabilidad producida por el derrumbe del estado en el Imperio Romano Occidental y, posteriormente, por los ataques musulmanes a la Castella Vetula de los primeros siglos altomedievales (siglos VIII hasta primera mitad del XI). Llegada la calma se abandonará la Peña del Mazo y los residentes descenderán al valle.

 
A unos 200 metros se encontraba Bergaza, que hoy es un despoblado, y que se documenta en 1193 en una pesquisa durante el reinado de Alfonso VIII a través de su iglesia dedicada a San Juan, que era un monasterio con funciones de parroquia en la Alta Edad Media. Relata Argaiz que el monasterio de San Juan estaba situado entre Vergara y Plágaro y que pertenecía a San Millán de la Cogolla. En 1278 Gonzalo Pérez de Bergaza hizo de testigo en una pesquisa sobre las heredades que tenía el monasterio de Vadillo en Zangandez. Se vuelve a documentar en 1410 cuando Catalina Pérez, su hija y su yerno venden un solar de casas tejadas y otras heredades en el lugar de “Vergasa” por 30.000 maravedís. Con el tiempo quedó una ermita denominada primero de San Esteban y luego de San Justo, desaparecida definitivamente en 1724.

 
El yacimiento de la Peña del Mazo fue parcialmente excavado en la década de los setenta por el equipo de arqueólogos de Alberto del Castillo. Entre los años 2004 y 2005 se analizó casi toda la peña, unos 4.500 metros cuadrados por Aratikos Arqueólogos.
 
Sabiendo todo esto vamos a acércanos a la Peña del Mazo. Por el camino observamos claramente, en la pared sur, dos oquedades superpuestas a las que se accederá a través de una rudimentaria escalera tallada. Algunas dataciones de radio carbono dicen que esta peña estuvo ocupada desde principios del siglo VI y hasta mediados o finales del siglo VIII. Aunque otros trabajos indican dos fases de ocupación con diferentes actividades durante cada una de ellas. Un periodo en la tardo-romanidad (siglos IV-V), a la cual corresponden siete tumbas y dos estancias semirrupestres al noroeste y noreste del roquedo; y otra época altomedieval (siglos VIII-XI) en la que tenemos una iglesia parcialmente rupestre y la necrópolis de lo alto del promontorio.

 
Respecto a las oquedades excavadas en la pared sur, la inferior tiene tres metros de boca, 2`5 metros de profundidad y 1`5 metros de altura y en su interior se han documentado siete tumbas excavadas en la roca, tres de ellas cubiertas de sedimento. La cuevilla superior tiene dos metros de boca, uno de profundidad y uno y medio de altura. Estos dos habitáculos de la pared sur podrían vincularse a la existencia de grupos de eremitas o de solitarios anacoretas que pudieron servir a la posterior instalación de comunidades monásticas o establecimientos religiosos rurales de mayor envergadura, ya que es muy común la presencia de cámaras talladas en la roca junto a iglesias construidas. Uno de los habitáculos tiene una clara función sepulcral lo que no presupone que originariamente fuese un cementerio. Pudo ser un lugar de oración aislado y privado y al cabo del tiempo, posiblemente en la etapa de mayor auge de la necrópolis de la roca superior, ser reutilizado como panteón. Esta es la opinión que defiende la mayor parte de los estudiosos que han afrontado este tema. La cuestión es saber para quién estaban reservadas estas sepulturas. ¿Para personajes destacados dentro de la vida social o religiosa de esta comunidad? Estas oquedades se conectaban con la zona superior del farallón mediante unas escaleras talladas en la roca.
 
Tenemos claro el momento de la primera ocupación tardo-romana al encontrarse abundantes restos arqueológicos en los niveles de abandono y en los derrumbes asociados a un marcado corte de la roca en el sector noroeste de la peña. Son restos de tejas romanas y cerámica a torno común vistos en otros yacimientos de los siglos IV y V. Consta una estancia que aprovecha las diferencias de cota y las oquedades de la roca para tallar un corte longitudinal, muy marcado, de 250 cm de longitud y 18 cm de altura que sigue la pendiente natural de la peña (Referencia: UE 116). El resto de la estancia queda definida por la pared natural, irregular y menos precisa, que tiende a cerrar una estancia rectangular con unos dos metros cuadrados de superficie. En el sector oriental de este recinto, aprovechando que la base rocosa está más elevada, se documenta una zona de habitada presidida por un hogar dado el sedimento gris de composición cenicienta y los abundantes fragmentos de cerámica común. En el sector oeste de la estancia, a una cota más baja, hay cinco piedras alineadas, bloques grandes y sin desbastar, paralelo al corte que define la estancia rupestre. Mide 140 cm de longitud y que sería la hilada de base de un murete de dicho recinto.

 
Este habitáculo tiene otro seguido que aprovecha una amplia y profunda grieta natural. Las paredes de esta fosa son irregulares y asimétricas y la base apenas tiene superficie, pero en algún punto pueden intuirse repicados muy superficiales que posiblemente se hicieron para regularizar la pared. Diríamos que fue un espacio auxiliar al primero. No se conserva el alzado de los muros, pero supondremos que esta construcción excavada en parte estuvo recrecida con piedra en la zona del zócalo, ya que en la sucesión de derrumbes documentado en este sector abundan los bloques de arenisca sin desbastar.
 
En alguno de los depósitos sedimentarios tardo-romanos hay cerámica, tejas y ladrillos triturados. Su presencia por otros sectores de la peña permite interpretar otros cortes rupestres como dependencias domésticas de este periodo. Tal sería el caso de la referencia del mapa de Aratikos UE 129, situado en el sector Noreste, el más elevado de la peña, dado que fue una zona muy alterada por la necrópolis medieval.

 
Un caso similar plantea otra explanación de gran envergadura en torno a la referencia del mapa de Aratikos UE 104. Aquí se documenta un amplio corte angular rupestre que delimita una superficie amplia, diáfana y perfectamente nivelada; en origen tal vez superaba los treinta y dos metros cuadrados y llegaba hasta el mimo borde de la peña, pero ha sufrido un deterioro progresivo y ahora es difícil determinar su perímetro. Se documentan varios hoyos para encajar vigas a lo largo de toda la base interna del corte. Se trata de los únicos restos visibles de una estructura que pudo tener alzado de madera. Sus dimensiones, la ausencia de cualquier vestigio de carácter doméstico y su emplazamiento –el más destacado de toda la peña junto al borde sur-, nos permiten plantear que tal vez fuera una construcción para ejercer el control de este sector del valle en época tardo-romana. ¡La famosa Turris! Una turris semirrupuestre que contralaría un paso (meatus) que ascendería la Sierra de Arcena Y que dominaría visualmente casi todo el valle de Tobalina. En época medieval se tallaron varias tumbas aprovechando que se la superficie ya estaba nivelada.

 
A este primer momento de ocupación hay que asociar las siete tumbas de lajas –las únicas de estas características en todo el yacimiento- documentadas en el extremo noroeste, en la parte baja de la plataforma, en el mismo ámbito donde se ha documentado la estancia doméstica con hogar. Sólo en esa zona permite excavar tumbas de estas características. Además, se ha comprobado que cuando se abandonó esa estancia se aprovechó parcialmente para colocar alguna de las tumbas. Están construidas con una o ambas paredes de lajas hincadas de canto, aunque, algunas tienen la base de la pared tallada en la roca y después se recrece mediante una sucesión de lajas colocadas en horizontal que pueden estar calzadas con fragmentos de teja. En tres fosas la cabecera está delimitada por una teja curva entera de gran envergadura (la imbrex) hincada en vertical que sobresaldría de la tumba a modo de lápida. Es muy posible que las otras hayan perdido este elemento identificativo ya que se documentan fragmentos de teja de similares dispersos por todo este espacio. El eje de estas piezas está recorrido por una o varias líneas onduladas y paralelas realizadas con dedos. Además, algunas sepulturas también presentan un fragmento de teja curva para cerrar los pies de la fosa. Por último, también es muy cuidado el sistema de “orejeras” -tejas o lajas de piedra- que permiten mantener la posición forzada de la cara del inhumado mirando en dirección este, hacia la salida del sol. Hecho comprobado gracias a la abundancia de restos humanos encontrados en las fosas de las diferentes épocas estudiadas en la Peña del Mazo.

 
Podemos pensar que, tras esta primera ocupación romana tardía, un sector de la peña se transforma en cementerio. Y como tal asociado a un templo que se mantendrá en época medieval. Pero, la existencia de ese templo no implica una ocupación continuada desde el Imperio. Eso sí, las poblaciones que hubo en el Valle de Tobalina durante época romana estuvieron siempre asociados a recintos militares, normalmente de pequeño tamaño, que se instalaban en puntos estratégicos para control del territorio, de las vías de comunicación y de los recursos naturales. Será en un momento posterior cuando estos establecimientos se despojan de su carácter militar para convertirse en aldeas estables. Lo que comentábamos en el inicio de la entrada.
 
En la fase de ocupación altomedieval tenemos estructuras construidas y excavadas en la roca que avalan una ocupación posterior a la tardo-romana. La iglesia es la principal protagonista. Conserva en pie la base de todo su perímetro y se distinguen dos tipos de fábrica. Además, los distintos rebajes, entalles y subestructuras de su interior son indicadores de transformaciones en su estructura.

 
Ante nosotros tenemos una planta inicial cuadrada con una superficie interna de dieciséis metros cuadrados y acceso en el muro sur. Antes de levantar los muros se repica todo el perímetro y sobre esta superficie nivelada se alzan las paredes construidas con grandes lajas de arenisca. Muy posiblemente solo se empleó piedra en el zócalo y, para el resto, tapial o madera. Dentro se marcan dos espacios separados por un escalón. Así el santuario está al este, con la base repicada en la roca y sobre elevado respecto a la nave. En él destaca un bloque macizo, bajo y estrecho integrado en el propio muro testero. El hoyo que aparece en su parte frontal serviría para encajar un poste con el que tener un apoyo más estable para el altar y conseguir mayor amplitud y altura en la mesa. La posición del altar implica que el oferente solo podía oficiar de espaldas a los fieles. Por otro lado, los dos hoyos laterales colocados en una posición más avanzada permitirían encajar el poste de sujeción de sendas cancelas, diferenciando y reservando de esta manera el santuario del resto del templo.
 
En una segunda etapa este cuerpo original se alarga hacia el oeste y hacia el norte dando lugar a una nave rectangular de mayor capacidad (medidas internas: 4 x 6 m). Sus muros eran de ochenta centímetros de anchura construidos mediante el sistema de doble paramento con relleno de ripio. El muro testero se coloca sobre la base del muro del edificio anterior y el resto directamente sobre la roca. En acceso anterior se ciega y se traslada al extremo oeste de ese muro sur. Avanzan el altar que coincidiría con el encaje situado más adelante, tangente y centrado respecto escalón que antaño separaba la nave del santuario. Se trataría de un altar de mesa que permite oficiar de cara a los fieles. Al analizar las proporciones del templo se observa que dicho hoyo queda descentrado y, sin embargo, coincide perfectamente con el eje central del primer edificio. A pesar de las numerosas huellas y entalles que circundan todo el templo, se duda sobre la existencia de un pórtico.

 
La ampliación del templo pudo producirse por el incremento de la población, adecuación de la iglesia a la liturgia romana o algún fallo constructivo que obligara a una reestructuración de la planta que afectó a la organización de los espacios litúrgicos. Posiblemente la mayoría de los cambios se producen en un mismo momento y, como hipótesis, dicho momento fue tras la obligatoriedad de cambiar la liturgia mozárabe por la romana (Concilio de Burgos, año 1080. Bajo el reinado de Alfonso VI). Podríamos asociar el templo primitivo -la pequeña aula de 16 metros cuadrados-, a la fase tardo-romana, hacia el siglo V, ya que las tumbas de lajas necesariamente tendrían que estar vinculadas a un lugar de culto. Pero la mayoría de los estudiosos asumen que la evangelización en Las Merindades empezaría en los siglos VI y VII. ¿Entonces?
 
Quedan restos constructivos de un edificio de grandes dimensiones (rectángulo de unos quince metros cuadrados) adosado a los pies del templo. La base del muro occidental de la iglesia no presenta ninguna apertura y, por tanto, hay que suponer que no había comunicación directa entre ellos, a no ser que fuera en altura.

 
Las tumbas altomedievales encontradas se distribuyen por toda la superficie de la peña, casi 4.500 metros cuadrados en el que se documentan 103 sepulturas, las siete de lajas ya analizadas y el resto excavadas en la roca, aunque existen indicios de haber empleado mampuestos para completar la estructura en algunas. Curiosamente, las tumbas más alejadas del templo en dirección este son más complejas. Esto hace suponer que el periodo de ocupación de la necrópolis dentro de esta fase altomedieval fue amplio. Las sepulturas excavadas son: 8 rectangulares; 46 en forma de bañera; 41 antropomorfas; y una de difícil interpretación. Las cabeceras son cuadradas en 52 tumbas, rectangulares en 9, redondeadas en 27, con forma de herradura en 4 e inidentificable en otras cuatro. Han sido asignadas treinta y una a adultos, veintiocho a jóvenes, treinta y siete a infantes y dos sin determinar. Aparentemente la población adulta e infantil en el asentamiento era muy similar, lo que resulta anormal porque, aunque la tasa de mortandad antes de alcanzar la madurez era elevada, siempre había un dominio claro de las tumbas adultas. Las noventa y seis fosas excavadas se distribuyen por casi toda la superficie del farallón. Sin embargo, destacan dos zonas de concentración: el extremo occidental de la plataforma y extremo oriental, lo que contrasta con lo habitual en las necrópolis rupestres conocidas donde el área sepulcral es más intensa en el espacio inmediato al templo.

 
Para finalizar, disfruten del recogimiento y paz que produce este asentamiento y de la libertad de perder la miranda en el horizonte. Quizá eso fue lo que mantuvo, durante varios siglos, este lugar habitado. Y ha permitido el descanso tranquilo de aquellos cristianos que nos podrían contar cómo eran Las Merindades en aquellos años.
 
 
Bibliografía:
 
“Intervención arqueológica en el yacimiento La Peña del Mazo, Pajares (Valle de Tobalina, Burgos). Campañas de 2004 y 2005”. Aratikos Arqueólogos, S.L.
www.lasmerindades.com
“Las Merindades de Burgos: Un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
Blog  “Conoce Atapuerca”. 
Blog “Necrópolis medievales excavadas en la roca”. 
Blog “Tierras de Burgos”.
“Estudio arqueológico del Desfiladero de La Horadada: La transición entre la tardorromanidad y la Alta Edad Media (SS.V-X D.N.E.)”. José Ángel Lecanda.
“Valpuesta y Berberana. El Valle de Tobalina. Medina de Pomar y sus aldeas. Villalba de Losa y su vez. Frías y sus arrabales”. María del Carmen Arribas Magro.
“Eremitorios rupestres en la comarca de Las Merindades (Burgos)”. Judith Trueba Longo.