Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 10 de mayo de 2026

Un matrimonio de alto…coste.

 
Debemos aterrizar en el 5 de abril de 1571, año de la batalla naval de Lepanto, cuando se firmaban en Berlanga las capitulaciones matrimoniales de Francisco Tomás de Borja Centelles y Juana de Velasco ante el escribano Diego López de Espinosa. Los partícipes eran el condestable Íñigo Fernández de Velasco y Tovar (1520-1585) y Francisco Juan Roca, deán de Gandía y canónigo de la Metropolitana de Valencia, en nombre del Duque de Gandía, Carlos de Borja y Castro (1550-1592), hijo del canonizado Francisco de Borja y Aragón. Lo que se dice dos pesos pesados de la política en los reinos de España. La fecha de la boda se fijó seis meses después de la llegada de la dispensa de Roma porque Juana era hija de Ana Ángela de Aragón y Guzmán (1525-1589), pariente de los Borja. El matrimonio estrecharía más los vínculos -y los intereses- de estos dos poderosos clanes nobiliarios. Finalmente, las bodas se realizarían en octubre de 1572. Casó a Francisco y Juana el patriarca de Antioquía y arzobispo de Valencia, Juan de Ribera.
 
El duque de Gandía cedía a su hijo el título de marqués de Lombay y una serie de tierras y rentas asociadas a ese marquesado. A su vez donaba a la futura marquesa, como aumento de dote, 32.500 ducados, cuya renta gozaría mientras viviese. Francisco entregó a su prometida 500 libras en moneda valenciana para gastos de ayuda de cámara, que serán 1.000 en el momento de efectuarse el enlace. Por su parte, Juana de Velasco llevará de dote 65.000 ducados, de los cuales recibirá 6.000 ducados en joyas, alhajas y otros objetos de valor y 2.000 ducados en moneda, dentro de los ocho días posteriores al de la boda. El resto de la dote se repartió: 4.000 ducados en ajuar y vestidos y 53.000 ducados hipotecando bienes y haciendas de los estados del Condestable.

 
Ningún problema porque sabemos que los Velasco tenían fortuna y poder. O igual no. El problema era que no disponían de liquidez para cumplir el acuerdo. No eran como el Tío Gilito y su almacén de monedas y billetes. Las cosas no funcionaban -ni funcionan- así. Muchos de los bienes estaban incluidos en un mayorazgo del cual no se podían enajenar o hipotecar. E, incluso, no se podía suplicar licencia al rey para ello.
 
Se consiguió que se enterase Felipe II -no se “suplicó”- y este, “sin verse obligado a ello”, firmó en Madrid, el 26 de junio de 1571, una cédula real permitiendo hipotecar, por una vez y como excepción, bienes del mayorazgo. Impuso la obligación de levantar las cargas lo antes posible. La firmó, también, el secretario del rey, Juan Vázquez de Salazar; la escribió el doctor Velasco y es registrada por Jorge Olalde de Vergara. Juan, hijo y heredero de la casa de Velasco y hermano de la desposada autorizó, con su firma, estas hipotecas. La tasación fue hecha ante el escribano, y encargado de los negocios del Condestable, el briviescano Diego de Bañuelos el 28 de abril de1572 en Madrid. Fueron nombrados diversos tasadores para diferentes tipos de elementos: para los vestidos y hechuras de oro y plata, Juan Navarro, Gregorio López y Benito Sáez que eran sastres; y para los bordados Diego Ramírez -que bordó el ajuar y vestido de Juana-, Lucas de Burgos y Juan de Zaragoza, bordadores todos ellos.

 
El inventario nos permite conocer los bienes y su valor. Tenemos, entre otras prendas: una saya de tela de oro encarnada bordada en canutillo de plata valorada en 300 ducados con 442 Reales y medio; saya, capote y ropa de raso pardo bordado en canutillo de plata, prensado el canutillo, se tasa en 8.758 reales y medio; una basquiña de tela de plata bordada con dos rayas de terciopelo blanco con canutillo de oro 1.682 reales y medio; dos jubones de telilla de oro y plata de Milán 616 reales; o ropa de damasco carmesí con pasamanos y alamares de oro por 780 reales. La lista concluye con dos sombreros: uno encarrujado bordado de oro y plata de canutillo por 11.250 maravedíes y otro bordado de azabache con plumas negras por 6.000 maravedíes. Las joyas, y objetos de plata, fueron numerosas: sesenta puntas de cristal guarnecidas de oro, valorado en 155.662 maravedíes; collar de diamantes y rubíes con una esmeralda grande y unas arracadas de oro y con seis diamantes y dos pinzantes de perlas que costaba 93.750 maravedíes; sortijas, botones, cruces y cadenillas; y, sobre todo, una silla de montar en plata con sus gualdrapas para mula y otra para cuartago (un caballo de mediana alzada). Toda la plata y las joyas sumaban 295.245 maravedíes. Esta valoración la acepta Francisco de Borja, marqués de Lombay, y son testigos Sancho de Viedma y Carvajal, el doctor Pérez, alcalde mayor, y el contador Gabriel de Godoy, Nicolás de Barrientos, criado del contestable, vecinos de Berlanga. No lo especifica la fuente, pero suponemos que, cuando se refiere a Berlanga, es Berlanga de Duero.
 
¿Mucho por una boda? Quizá. Pero piensen que Francisco Tomás futuro VI duque de Gandía, era el heredero de los títulos nobiliarios más importantes de España, que tenía grandeza de primera clase desde 1520. Y sería un aliado político de los Velasco en La Corte.
 
Francisco Tomás y Juana fueron padres de:
 
  • Carlos Francisco de Borja Centellas y de Velasco (1573-1632), el heredero.
  • Íñigo (1574-1622), maestre de campo en Flandes (donde en 1606 obtuvo una dramática victoria contra las tropas rebeldes del conde Mauricio) y castellano de Amberes, se casó con Hélène d’Hénin-Liétard.
  • Francisco (nacido en 1575), franciscano en el convento de San Roque de Gandía.
  • Gaspar (1580-1645), primado de España y arzobispo de Sevilla, cardenal, virrey de Nápoles, miembro del Consejo de Estado y embajador en Roma.
  • Baltasar (1586-1611), obispo y virrey de Mallorca.
  • Melchor (1587-1645), caballero de San Juan de Jerusalén y comendador de Aliaga, del Consejo de Guerra y capitán general de las Galeras de España, se casó con Leonor de Recalde.
  • Juan, quien nació en 1589 y murió, de niño, siendo ya caballero de Santiago.
  • Magdalena, quien se casó con su primo Íñigo Fernández de Velasco y Tovar (conde de Haro).
  • Catalina, clarisa en Gandía.
 
En 1576 el apoderado de los marqueses de Lombay, Bernardo de Trincado, concierta un préstamo con el convento de Santa Clara de Briviesca de 4.000 ducados. La garantía fue una hipoteca sobre la dote de la marquesa que estaba garantizada por los 53.000 ducados que gravaban, con facultad real, el mayorazgo de Velasco y de manera particular el palacio de Burgos y los juros, égidas, pastos, tierras y alcabalas, pecho y derechos en Briviesca, Cerezo, Haro y Belorado. ¡Otra vez problemas de liquidez en un Velasco! El poder para permitir a Trincado hacer esta operación está extendido en la casa palacio de los condestables de Villalpando, ante Francisco de Mayorga, escribano de la citada villa. Y lo firman Francisco de Borja y Juana de Velasco. Los réditos, 810.294 maravedíes, se pagarían en tercios: el primero en 1 de enero de cada año, el segundo el 1 de mayo y el tercero el 1 de septiembre. La escritura se firma en Briviesca ante Pedro de Aguirre, escribano y actúa en nombre de las clarisas Diego de Urna, donado del convento, que exhibe poder otorgado por la abadesa Mencía de Salazar. Cuando los Velasco levantaron las deudas por este enlace quedó olvidada esta deuda de 4.000 ducados y sus réditos sin pagar.

 
Ochenta y dos años después -repito: ¡Ochenta y dos años después!- , Miguel de Yanguas, en nombre de la abadesa y monjas de Santa Clara, pidió al alcalde mayor que obligase al condestable a pagar los intereses atrasados. Algo así como lo que hacen los políticos de nuestro país con la deuda: pasarlo a nuestros nietos. Y no pagarlas. Evidentemente, se originó un largo pleito que fue fallado a favor de las clarisas por la Real Chancillería de Valladolid. Apeló el condestable Íñigo Melchor Fernández de Velasco y Tovar y vuelve a perder el caso debiendo realizar el pago de los intereses. Años después, muriendo el siglo XVII, la casa de Velasco devuelve los 4.000 ducados del principal del préstamo, concluyendo así un enojoso problema que nació con las dificultades económicas que pesaban sobre Francisco Tomás de Borja Centelles y Juana de Velasco y cuyas salpicaduras alcanzaron casi un siglo.
 
Ellos se libraron de pagar.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Una página olvidada de la historia de los Condestables”. Jesusa de Irazola.
PARES. Portal de archivos españoles. Ministerio de Cultura.
Real Academia de la Historia. Historia Hispánica.
 

domingo, 3 de mayo de 2026

¿De dónde viene tu nombre, Oña?

 
 
Son curiosas las palabras. ¿Qué nos lleva a llamar algo con un fonema o con dos? ¡A saber! Pero en nuestro entorno y dentro de Las Merindades hay nombres de este estilo: río Oja -en La Rioja-, río Oca -en Burgos- o nuestra protagonista: el pueblo de Oña. Esta población es conocida gracias al conde de Castilla Sancho García y de su esposa Urraca al decidir fundar un monasterio donde situar, como abadesa, a su hija Tigridia. Era el año 1011. Pero, ¿había una población allí antes de ese momento o fue fundada exnovo?

 
Lo digo porque, aunque la zona de Oña estaba apartada de la “vía aquitana” que comunicaba Astorga con el suroeste de la Galia y pasaba por Virovesca (Briviesca), teníamos cerca Salionca (Poza de la Sal). Oña, así, era paso obligado para, a lo largo del valle del río Vesga, llevar la sal hasta el Ebro y por el desfiladero de La Horadada a Trespaderne y la costa. En el desfiladero hay restos tardoromanos o visigodos (fortaleza de Tedeja) que podrían suponer un punto de control de época romana en esa vía. Carecemos de información sobre Oña hasta el siglo IX, en que los documentos conservados en las colecciones monásticas aportan algún dato. Pero es en el siglo X cuando la información se vuelve algo más densa y permite mayores precisiones.
 
Hay un documento de 967 que menciona el lugar de Sorroyo por referencia a un alfoz de Oña: “Imprimis trado memetipsa cum corpus simul et anima, deinde in alfoce de Onie uilla que uocitant Arroio de Sancti Fructuosi cum integritate”. Aunque se trata de una única cita, el texto apoya la idea de que a mediados del siglo X existía un distrito territorial cuyo centro era la villa de Oña. La cosa cambia con su elección como sede monástica al desgajar jurisdiccionalmente Oña del territorio circundante. A lo largo del siglo XI, el distrito se llamará Petralata, por su fortaleza principal, que se cita repetidamente en el período de ocupación navarra. Oña debió ser un pueblo pequeño, en una tierra accidentada y rodeado por otros similares como Penches o Tamayo. No se han hallado referencias a un monasterio en Oña entre los documentos conservados anteriores a 1011 y, de haber existido tales textos antes de la desamortización, los eruditos de época moderna se hubieran referido a ello. Seguro.

 
Retomemos el documento del año 967, donde se recogía el topónimo Oña, y la existencia de una villa de ese nombre. Bueno, eso de que “se recogía el topónimo Oña” diríamos que lo hace de forma “diversa”. La evolución del latín y la pronunciación de sus fonemas afectó a la forma en que escribían las palabras. Sobre todo, sin reglas ortográficas claras. En los documentos de compraventa de las tierras para el monasterio de Oña se observan ya formas diferentes como Honia, Onia, Onna, Onie, en el año 1011. Ongia y Hongea en el 1045; Onga, en el 1099; Unia, en el año 1103; y Onnia, 1148. Hay otras variantes como Honya u Hongia, pero la que se consolida en la lengua romance es Onna, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIII.
 
Pero, ¿de dónde procede el nombre? ¿Qué significa? La primera explicación la tenemos que buscar en Espinosa de los Monteros y en la leyenda de la Condesa Traidora. La Crónica Najerense (hacia 1160), que relata la historia, dice que el monasterio lo fundó el conde Sancho, donde fue enterrado: “Sepultus apud Onie monasterium, quod fecerat". En 1243, la “Historia de Rebus Hispaniae” del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, cuenta: "Tandem comes Sancius contriti cordis penitencia stimulatus, construxit monasterium ualde nobile quod Oniam nominavit, eo quod matrem uiuentem Mioniam more Hispanico appellabat". Hay una alusión a una tal Mionia, madre de Sancho García conde de Castilla que fue fundador del monasterio, como origen del nombre Oña. Pero no es hasta la “Primera Crónica General de España”, de Alfonso X (hacia 1290), cuando se extiende la leyenda de la condesa traidora asociada al nacimiento del topónimo. Dice la leyenda que la condesa, para entregar el señorío a Almanzor, y tras deshacerse con artimañas de su marido, quiso envenenar a su hijo, pero éste la obligó a beber primero del vaso que le ofrecía: “Et ella con aquel miedo, beuio el uino, et cayo luego muerta. Empos esto el conde don Sancho, con pesar et crebanto por que matara a su madre de aquella guisa, fizo por ende un monesterio muy noble, et pusol nombre Onna por del nombre de su madre […] Argumentaban que la razón del nombre era que, en Castilla, llamaban Mioña a las señoras y que la condesa Sancha era tenida por señora en todo el condado de Castilla. Por ello, el conde quitó de ese apelativo el “mi” quedando como nombre del monasterio Oña.

 
En el siglo XV otras crónicas hacen referencia a esta historia. Mosén Diego de Valera dice en su “Crónica abreviada de España” que “et ovo este porque en aquel tiempo por madre dezían Oña”. En “Las bienandanzas e fortunas”, de Lope García de Salazar, se explica que: “E por el nonbre de aquella mala doña Sancha ovo nonbre aquel monesterio de doña Sancha, e por tienpo dexose el de Sancha e quedose el de doña, e así se llamó e llama Oña”. Vamos, una deformación de “doña” donde se perdía la “D”.
 
Aparte de que la leyenda es ficción el nombre de la esposa del conde Garci Fernández se llamaba Aba, nombre que fue cambiado equivocadamente por Oña en una traducción al romance de una escritura otorgada por el hijo de Fernán González. Además, ya hemos visto que Oña es un nombre que aparece antes de la fundación del monasterio.

 
Gregorio de Argáiz escribe, en 1675, que el topónimo Oña deriva del nombre de un prefecto romano llamado Publio Petronio, que estuvo en la zona durante la guerra con los cántabros: [...] Aunque los tres emperadores, Julio Cesar, Octaviano, y Galba, estuvieron en España, y los tres passearon a las Provincias de Rioja y Bureba: el que más cierto es que dio nombre a este Valle y Villa de Oña, fue Publio Petronio, el Prefecto de Augusto Cesar, que viniendo de la guerra de Cantabria, entró por la Bureba, y por el dificultoso Valle de Oña (cuya entrada por los lugares de Pino, y de Castellanos, estava defendida de los Cántabros) y lo ganó con grande valor, porque subió por las espaldas de la Sierra, que llaman hoy la Mesa del Abad de Oña […]. Lo mismo al sitio donde baxó a poner sus tiendas, de llamarle Castra Petronia, que abreviado se vino a deslizar en Petronia, Pionia y vltimamente Oña”. El padre Argáiz desbarra al establecer la etimología del topónimo Oña, aunque manifiesta preocupación por aclarar el asunto.
 
Enrique Flórez, en 1772, recoge la denominación “Villa Omnia”, que aparece en una escritura de dotación del monasterio, para acercar la etimología de Oña a la palabra latina OMNIA (todo), aunque con dudas: “Acaso provino de allí Oña por la general fertilidad del valle, a quien atribuyeron el elogio de que allí nacía todo, Omnia, Onia, Oña”.

 
Juan del Álamo, en 1950, se muestra partidario de adscribir Oña al Euskera donde la voz “OIN” (pie), como “pie de monte”, encajaría con la situación topográfica de Oña. Otra lengua no indoeuropea, como la ibérica, es reivindicada por algunos autores como origen de Oña. Justo Pérez de Úrbel sugiere que el nombre está relacionado con la voz “ONI” (pie), que dice que es vasca o ibérica, participando así de la teoría del vasco-iberismo. En contra del origen eusquérico de Oña está la escasez de topónimos vascos en esta zona a pesar de que abundan en La Rioja y aledaños. Aunque estos son producto de la Reconquista y, por tanto, posteriores a la romanización. Además, Oña está incluida en el territorio que ocupaban los autrigones en el momento de llegar los romanos a la Península. Los autrigones eran un pueblo celta, que por el Este llegaba hasta el río Nervión, lo que se aprecia en los nombres del Oeste de Vizcaya y Álava que son de etimología celta, salvo los más recientes producto de la repoblación. Como apoyo hablaremos del origen celta del topónimo “Bureba” al descubrirse varias aras dedicadas al dios prerromano “Vurovius”. Es un teónimo encontrado también en Bélgica, en la demarcación de los antiguos Neruii, de donde vendría el nombre del río Nervión.
 
Siguiendo la teoría de Martín Sevilla Rodríguez, la forma céltica reconstruida ONNA (fresnos), que ha sobrevivido casi idéntica en el galés o el bretón y que procedería de la raíz indoeuropea “OS-”, podría ser el origen del topónimo Oña. En Asturias, el río Güeña aparece mencionado en un documento del siglo XII en la expresión “per flumine Onna”. Del mismo origen serían los topónimos “Bueña”, en Teruel, y “Güeñes”, en Las Encartaciones vizcaínas situadas a la izquierda del río Nervión. Hay autores que prefieren una etimología a partir de la voz precéltica ONNO, ONNA que sería un curso de agua o fuente. Se basa en la aclaración ONNO (numen) que aparece en un tratado antiguo de nombres galos.

 
Y… ¿en Oña hay manantiales, ríos o fresnos? Sí, sí y, seguramente, sí. Es un lugar propicio para los fresnos que son árboles de ribera, aunque hoy sólo los vemos replantados en el monasterio. Pero, en el momento de surgir Oña bien pudiera ser el fresno un árbol frecuente junto al río o a orillas de sus manantiales. Por otro lado, la toponimia relacionada con el fresno es muy frecuente en el norte de España (La Fresneda, Fresnedo, Fresnedilla, Lizarra (Estella), etc.). Todo esto hace pensar que el origen celta es el más probable para el topónimo Oña.
 

 
Bibliografía:
 
“Los nombres de lugar en Oña (Burgos): un caso de toponimia en el primitivo solar del castellano”. Eduardo Rojo Díez.
“Toponimia de Oña y Tamayo (Burgos) en el Catastro del marqués de la Ensenada (1751)”. Eduardo Rojo Díez.
“Amo a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
“Los orígenes de Oña y el estudio del territorio”. Francisco Reyes Téllez y Julio Escalona.
Toponimia Asturiana.
Revista “La Esfera”.
“Oña, apuntes para el recuerdo”. Asociación “El Colmillo”.
 

domingo, 26 de abril de 2026

Iglesia de El Vigo o el arte del reciclaje.

 
 
Vamos al viajar a la zona más al sur del Valle de Mena, al pie de los montes de la Peña, junto a la vía de ferrocarril “Bilbao-La Robla”. Estamos en el pueblo de El Vigo que, en 1352, era de realengo. Su nombre es una clara derivación del latín “vicus” (aldea). El lugar tiene una pequeña iglesia, de una nave con capillas en cruz latina, de tosca mampostería con piedra tallada en las esquinas. Su ábside es rectangular al que se le añadió la sacristía. El suelo tiene un embaldosado moderno en blanco con un pasillo de baldosas negras. Seis bancos nuevos acogen a los feligreses que miran a un sencillo altar sin retablo. La decoración de las paredes es inexistente: mampostería y encalado en blanco en la parte alta y las cúpulas. Poco llamativa si no fuese por un bajorrelieve románico sobre su puerta. Tiene una espadaña lisa rematada en cruz, con dos grandes huecos y un campanillo. Para tocarlo se ha creado un balcón de hormigón y barandilla de hierro que, a la vez, protege el tímpano románico.

Fotografía cortesía de Jorge Gutiérrez Alonso.
 
La iglesia está bajo la advocación de San Pedro y se construyó en 1818, como reza la inscripción grabada en la base del tímpano, pero con elementos de la antigua iglesia románica, que se encontraba cerca de la actual. Ese tímpano es considerado una joya del románico burgalés y está sobre la puerta. También hay un relieve fracturado embutido en el muro de mampostería. Quizá se emplearon más elementos del viejo templo -porque no hay que desaprovechar buena piedra- pero no se han llegado a identificar.

Fotografía cortesía de Carmen Baena.
 
La advocación a San Pedro se generalizó entre los siglos V y VIII, en una época de cultura neovisigoda en el norte peninsular. Es el momento en que comienza la reestructuración del territorio por Fruela I y muy especialmente por su hijo Alfonso II en los años finales del siglo VIII y mediados del IX. En Las Merindades hay varias iglesias bajo la advocación de San Pedro: Arceo, Argés, Barcina del Barco, Bortedo, Bustillo de Villarcayo, Condado, Consortes, Menamayor o Llano de Mena entre otras.

Foto cortesía de ZaLeZ.
 
En el relieve fracturado embutido de forma aleatoria en la pared vemos, por su pico, que representaría a una cigüeña. La cigüeña es una de las aves representadas en el bestiario románico y se encuadra entre las de “buen agüero”, representante del bien. Un ave monógama que come serpientes. De hecho, se le representa a menudo con una serpiente, símbolo del pecado, en su pico. Sirva, como ejemplo, la del Canecillo de la fachada sur de la ermita de Sotosalvos en Segovia.
 
El templo perteneció a la orden de San Juan en la encomienda de Vallejo de Mena.

Fotografía cortesía de ZaLeZ.
 
Por lo que hemos explicado, la antigua iglesia románica tenía un emplazamiento próximo, en la misma ladera, pero a mayor altura que el actual templo. En la internet podemos leer que, el tímpano, se encontró mientras se araba en unas fincas de labor cercanas. Ese lugar sería el emplazamiento de la iglesia románica levantada a finales del siglo XII o principios del XIII. Otras fuentes dicen que la iglesia estaría bajo el trazado del actual ferrocarril. Pero si el tímpano se encontró casualmente, ¿fue antes o después de construir la iglesia? Podría ser antes dada la disposición del trozo de cigüeña. Y si fue antes, ¿no podría haberse cogido de las ruinas del anterior templo? No tenemos respuesta y, en el fondo, lo dicho son meras conjeturas.

Fotografía cortesía de ZaLeZ.
 
El tímpano, labrado en un único bloque, tiene su superficie dividida en dos espacios: una rosca exterior a modo de arco y el espacio semicircular propiamente dicho. En el espacio interior hallamos la escena de Cristo portando la cruz camino del Calvario. Jesús tiene el pelo largo, el torso desnudo y va cubierto con el “perizonium” (Falda corta o paño de pureza), y ante él esperan dos soldados, uno armado con escudo de cometa y lanza y el otro con tenazas y martillo para clavarlo en la Cruz. Tras esos soldados se percibe una representación del Santo Sepulcro. Otros dos soldados se sitúan tras Cristo, uno con espada en alto y escudo de cometa y, detrás, otro con lanza y espada. Completan la composición un personaje barbado con una espada en la mano, que a diferencia de los guerreros que visten saya corta se cubre con un traje talar, y una mujer de severo rictus que muestra las manos enlazadas asiéndose con la mano izquierda la muñeca derecha, según un tradicional gesto de desesperación o dolor.
 
En la rosca del arco aparece reflejado el tema de la “Visitatio Sepulchri” o visita de las Tres Marías al sepulcro vacío de Cristo, símbolo de su resurrección, tal y como se recoge en el Evangelio según San Marcos: “Pasado el sábado, María Magdalena, María madre de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. [...] Y entrando en el sepulcro o cueva sepulcral se hallaron con un joven sentado al lado derecho [...]. Este es el ángel que aparece a la izquierda del arco con un libro en las manos, símbolo de que lo representado proviene de la Biblia. En el Evangelio de San Lucas, no se especifica que fueran tres mujeres y además habla de la existencia de “unos ángeles”, y en el Evangelio según San Juan, sólo se dice que fue María Magdalena y daba la cifra de dos ángeles. De ahí que el evangelio escogido para la interpretación esculpida en la piedra parezca ser el de San Marcos.

Foto cortesía de ZaLeZ.
 
Aunque en la zona superior del arco lo que encontramos son imágenes del Evangelio según San Mateo, ya que es el único en el que se habla de la custodia del sepulcro. Este evangelio relata que las mujeres que se acercaron fueron María Magdalena y otra María. Mateo explica que, tras la muerte de Cristo, sacerdotes y fariseos tuvieron miedo de que los discípulos robaran el cuerpo y dijeran que había resucitado, motivo por el que se presentaron ante Pilatos para pedirle que enviara soldados para vigilar el cadáver. En este evangelio se lee que, de repente, bajó un ángel del cielo e hizo rodar la piedra del sepulcro “de lo cual quedaron los guardias tan aterrados, que estaban como muertos”. Eso explica la actitud de los dos soldados tallados que guardan el sarcófago, uno parece dormido, y el otro se contorsiona girando la cabeza hacia arriba, posiblemente asustado por la aparición del ángel. Estas imágenes en piedra siguen el texto bíblico que transmite un discurso de salvación. La resurrección de Cristo explica y justifica la salvación de los creyentes. No es muy habitual este tema en los tímpanos románicos, aunque el santo sepulcro con las tres Marías y el ángel lo encontramos en uno de los machones del claustro de Santo Domingo de Silos.
 
Sobre María Magdalena y sus acompañantes vemos que aparecen con la cabeza velada y nimbadas, llevando la mano izquierda al hombro de la que la antecede, salvo la primera que la apoya en la moldura. En el lado opuesto vemos al ángel con un libro en una mano que, al igual que la primera de las Marías, lleva la otra mano al arco del tímpano. En la parte superior se encuentra el sepulcro abierto, del que sobresale una cruz y pende el sudario –aunque aquí el escultor se encontró con problemas compositivos–. La guardia del sepulcro se representó mediante dos soldados armados con yelmos, espadas y escudos de cometa.
 
La escena central de esta Pasión corresponde al camino del Calvario y la escena de las tres Marías ante el sepulcro, a pesar de la peculiaridad del ángel con un libro que no corresponde ni con el relato evangélico ni con las representaciones más habituales de este pasaje, a la resurrección. Por otra parte, es más difícil determinar el personaje que porta la espada con vestiduras talares y la mujer que se encuentra junto a él. El hombre podría ser Poncio Pilato (conocido por “Pilatos”) o, quizá, el centurión que se encontraba junto a Cristo en el momento de la expiación, pero no vestiría como soldado. Si fuese Pilatos nos remitiría al momento anterior al camino del calvario y si fuera el centurión se referiría al tiempo inmediato a la muerte de Cristo. En función de uno u otro momento identificaremos a la mujer que se encuentra junto al togado.
 
  • Opción A: esta mujer representaría a la muchedumbre que describe San Lucas (Lc. 23, 27) cuando dice que “seguíales gran muchedumbre de pueblo y de mujeres, las cuales se deshacían en llantos y le plañían” y esto lo asociaría con Poncio Pilato.
  • Opción B: La mujer es la Virgen María. Sería posible si el personaje de la espada fuera el centurión, lo que nos llevaría a Juan 19, 25: “Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena”. Esta última posibilidad parece descartable dada la ausencia de atributos como el nimbo, el propio gesto y que reincidiría con lo expresado en el arco.
 
El rostro de los personajes, especialmente llamativo por el tipo de expresión triste que tienen todas las figuras, con boca de comisuras caídas, vincula esta escultura con la ejecutada por los artistas que trabajaron en la próxima iglesia de Siones. Estilísticamente, el tímpano de El Vigo enlaza con la plástica de Siones, San Pantaleón de Losa, Santa María de Bareyo (Cantabria) o Añes (Álava), en definitiva, con un conjunto de iglesias norteñas donde desarrollaron su actividad talleres vinculados a la fuerte personalidad del de Siones. En función de tales relaciones, hay que situar la cronología del tímpano de El Vigo hacia finales del siglo XII y principios del XIII.

Foto cortesía de Jorge Gutiérrez Alonso.
 
 
Bibliografía:
 
“Iglesia de San Pedro”. Texto: AGG - Fotos: JLAO/AGG
“La historia y la geografía burgalesas reflejadas en su toponimia”. José Pérez Carmona.
“Advocaciones de San Pedro en tierras burgalesas: atributo del apóstol en el topónimo ibérico Cardenajimeno”. Nicolas Castrillo Benito.
“Informe sobre las pérdidas y daños sufridos por el tesoro artístico de la provincia de Burgos desde el advenimiento de la República, y principalmente durante los años de 1936 y 37 en que parte de su territorio del Norte fue ocupado por los rojos y separatistas vascos”. Luciano Huidobro y Serna.
“Amo a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
“Las Merindades de Burgos: un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
“Baúl del arte”. 
www.arquivoltas.com
Arqueohistoria Triskel 
www.romanicoenruta.com
Blog de “ZaLeZ”.
“Las Merindades, montañas de Burgos”. Javier Sáinz Sáiz.
“Miradas al románico de Las Merindades”. Esther López Sobrado.
“El Valle de Manzanedo. El Valle de mena”. María del Carmen Arribas Magro.
Los Santos Evangelios.
 

domingo, 19 de abril de 2026

Bombas sobre Las Merindades… rojas. (II)

 
 
La sesión anterior visitamos el frente de Santander en la zona de El Escudo. En esta recorreremos las otras dos zonas de Las Merindades que estuvieron en zona republicana: el Valle de Mena y la Merindad de Montija.
 
El Valle de Mena es un municipio de 263 kilómetros cuadrados que limita con Vizcaya y Álava. Y con Cantabria. Son 126 núcleos de población y el municipio esta atravesado por la carretera de Bilbao a Reinosa y por el ferrocarril de La Robla (Bilbao-León), que fueron sus ejes de comunicación a lo largo del siglo XX. Traducido: Bilbao estaba muy cerca y Burgos muy lejos. El Valle de Mena fue controlado por las milicias republicanas de la provincia de Santander, por la Columna Villarías que, procedente de Santoña, cruzó el puerto de los Tornos y ocupó la mitad norte de la Merindad de Montija y el Valle de Mena. El frente quedó estabilizado en Villasante de Montija y las alturas de la Sierra de la Peña, dominadas por los sublevados.

 
En Villasana las autoridades republicanas habilitaron un hospital en el edificio del llamado Asilo-Hospital de Villasana, a la salida del pueblo, al cual posteriormente se incorporó el colegio San José, de las monjas. Aunque el frente menés apenas registró incidencias, los republicanos organizaron un sistema de vigilancia antiaérea para avisar de la presencia de aviones, como quedó reflejado en las actas municipales en marzo de 1937: “Se acuerda encargar a Macario Fernández la adquisición y colocación de una campana, un disco o un carril sonoros de aviso al vecindario a la aparición de aviones enemigos”.
 
“De aviación no me acuerdo que bombardearan, una temporada fuimos a Artieta al colegio, una vez viniendo de Artieta en una furgoneta un avión nos tiró una ráfaga, ya se acabó la escuela y no fuimos más, porque era peligroso, no sé si nos tiraría a dar, pero se acabó la escuela”.
 
“Una vez vino un avión de Bilbao que le llamaban
"El Abuelo" vino a bombardear La Peña, yo creo que fue el día de Reyes [6 de enero de 1937], un tiroteo ahí en Montija, fuimos medio pueblo [Villanueva de Mena] al monte a ver qué pasaba, era un ataque de la República contra los nacionales, todo el día hasta las cinco o seis de la tarde, que salieron unos aviones y unos bombazos, lo del "Abuelo" fue otro día, vino y marchó, porque enseguida vino un caza [franquista]”.

Bombardeo en Villasana de Mena.
 
La precaria alarma aprobada por el ayuntamiento fue instalada en el monte conocido como Gurugú, situado al norte de Villasana, desde donde Macario hacía sonar un raíl para avisar al vecindario de la presencia de aviones. El 7 de abril de 1937 se acometió la construcción de algunos refugios en Villasana: “Se acuerda por unanimidad la construcción de un refugio contra aviones en la huerta sita frente al Ayuntamiento y, una vez terminada la obra, el arreglo de los ya existentes en el pueblo”. Y en junio se acordó remunerar a Macario su labor preventiva: “Se acuerda pagar diez pesetas diarias a Macario Fernández por los días que estuvo de vigía de aviación”. No sabemos si Macario prosiguió la vigilancia después de esta fecha, pero lo cierto es que una semana después del último acuerdo reflejado en las actas tuvo lugar el bombardeo del casco viejo de Villasana de Mena por una escuadrilla de la aviación italiana, hecho que causó importantes daños materiales y asustó a los vecinos, aunque al parecer no registró víctimas mortales y solo heridos leves, según los testimonios orales recogidos en el Valle de Mena en 2010: “El bombardeo fue el 15 de junio de 1937 a las once y media de la mañana, el 13 es aquí fiesta, San Antonio, me acuerdo que fue el tercer día de fiesta, yo creo que fueron seis aviones, tres y tres, venían en esta dirección [de oeste a este, muy probablemente desde Villarcayo o Burgos]. Tiraron una bomba en el convento, otra cayó en una huerta. El convento primero lo usaron de cárcel y luego estuvo de cuartel de los milicianos... Cayó otra en el hospital de sangre, que era colegio de niñas dirigido por las monjas, y en varias casas, en la casa de los Ruigómez estaban los altos mandos de los milicianos... En total, no sé si fueron ocho bombas, no eran muy grandes, hacían huecos de un metro y medio por un metro de diámetro, pero tiraron tres casas. No sé si hubo muertos, decían que si en el convento murió algún miliciano… del pueblo resultaron algunos con raspaduras, es lo único que se comentó. Yo era un chaval, tenía 15 años, pero me acuerdo bien”.

 
“En Villasana y en Bercedo tiraron bombas, en el convento de Villasana tiraron casi medio convento, pero no mataron a ninguna monja, eran de clausura. había muchísimas. [En realidad las monjas fueron llevadas a Vizcaya al poco de comenzar la guerra convirtiéndose dichos edificios en alojamiento de tropa y hospital de sangre] Decían: ¡A tal hora van a venir los aviones! Nos llevaban a una galería en el monte [de Villanueva], era de tierra, de las minas, una galería que tenía veinte o treinta metros de larga, todos para allí adentro, allí nos metíamos todos los chavales. Debajo de una casa hicieron también dos refugios, uno a cada lado, para meterse los vecinos, tenían cuatro sacos de tierra de cincuenta kilos, cae una piña de los pinos y lo hunde...”.
 
“Íbamos a una cueva [de Villanueva] porque bombardearon en Villasana, otros se metían en un arroyo, estábamos trillando y venían los aviones, mi padre y un vecino no tenían miedo, nunca dejaron de trillar. En Villasana vinieron tres aviones a bombardear, fue por junio, más alante...”.

Bombardeo en Cadagua de Mena.
15/06/1937
 
Tal vez el mismo día, o en otras fechas, por testimonios orales sabemos que en Vivanco también murió una vecina de Arceo con su hijo a causa de la aviación: “Cuando venían aviones nos marchábamos a refugiarnos en los arroyos, salíamos todos de casa. Aquí en Vivanco cayeron varias bombas, mató a una de Arceo, estaban en la labranza. Iría corriendo a algún sitio, no sé cómo se llamaba”. Esa información fue completada: “Aquí [en Vivanco] murieron dos vecinos al caer las bombas, cayeron 3 o 4 bombas, y mataron a una madre y un hijo de Cantonad, la mujer de Matías y un hijo. Matías luego se fue a Arceo, yo creo que se apellidaba Reigadas. Aquí había una alcantarilla debajo de la carretera, primero nos metíamos allí, nos llamaba mi abuela: “¡Que viene la aviación!”. Bajábamos corriendo al río. Luego mi padre y unos cuantos hicieron unos refugios donde el río, ahí mismo, han estado muchos años, en un terraplén grande hicieron un tipo de cueva, lo empezaron por las dos partes con la cosa de unirlas [las dos galerías] pero no llegaron a pasar de una a otra, ahí lo dejaron, lo hicieron los vecinos de aquí, mi padre entre ellos, luego se marcharon al frente y no los terminaron".
 
“En Ungo vinieron los aviones y tiraron unas bombas a la orilla del río, allí había un refugio de toba, pero aquel día no había nadie, solían bajar allí los vecinos, pero aquel día no les dio tiempo. Si llegan a bajar, allí quedan. ¡Hicieron unos agujeros! La burra mía allí toda reventada, las tripas, cayó a la parte abajo del pueblo, de mi casa a donde cayeron las bombas había cincuenta metros. Había unos de Ungo que estaban en La Peña [con los nacionales], se conoce que informaron para que no dieran a su casa”.

Cueva refugio de Noceco
 
Los italianos realizaban bombardeo por sorpresa, sin escolta, dada la proximidad de las líneas. Probaron en Mena el bombardeo fraccionado actuando sobre tres puntos de su geografía: Cadagua, Vivanco y Villasana de Mena. La acción se inició a las doce y duró quince minutos. Los tres aparatos Savoia SM-81 dejaron en cada sitio un tercio de su carga destructiva. En el bombardeo de Cadagua falleció Andrea Martínez Gómez, de 65 años, a causa de las heridas de la metralla. Consta que lanzaron 24 bombas de 50 kg.
 
En el bombardeo de Vivanco hizo aparición cierta nubosidad. El comando XXI Stormo BT, al mando del capitán Simini, voló en formación de cuña, con una distancia de setenta metros entre cada aparato a una cota relativa de 1.400 metros. Los aparatos que participaron fueron el N4 al mando del capitán Simini, capo de la escuadrilla; el N5 del teniente Villa y el N1 del sargento teniente Villa.

 
Por último, se bombardeó la capital del valle, Villasana, aunque el ataque resultó ligeramente desviado a la derecha y no logró del todo su objetivo destructivo. Se lanzaron 3.500 kg de bombas repartidas en tres objetivos. El error de tiro se repitió en varias de sus acciones de bombardeo a lo largo de la línea encartada de defensa republicana, minimizando, por desvío, su poder destructivo.
 
Tras el bombardeo de Villasana del 15 de junio de 1937 y la caída de Bilbao el 19 de ese mismo mes, numerosos vecinos del Valle de Mena huyeron hacia Santander al temer la inminente llegada de las tropas franquistas, que ocuparon Balmaseda el 29 de junio y llegaron hasta el límite provincial en El Berrón.
 
Sin embargo, el avance franquista en el frente vizcaíno se detuvo el 6 de julio de 1937, no tanto por la resistencia republicana en la zona como por el inicio de una contraofensiva republicana en el frente de Madrid que daría lugar a la batalla de Brúñete. Franco se vio obligado a enviar urgentemente fuerzas desde el norte y el frente vizcaíno quedó estabilizado un mes y medio, periodo en el que los republicanos lanzaron algunos ataques sobre la ermita de San Roque del monte Colicha y otros lugares sin conseguir romper el frente. Finalmente, el 14 de agosto las tropas rebeldes rompiendo el frente en los sectores de Reinosa y El Escudo.

 
El 20 de agosto, las fuerzas de la División 52 de Villarías recibieron la orden de abandonar sus posiciones en el Valle de Mena en previsión de una posible ofensiva en tenaza que pudiera coparles, como había sucedido en Valderredible. Se replegaron a los montes de Ordunte, desde El Cabrio y Zalama hasta Burgüeño, pero el domingo 22 se les ordenó nuevamente abandonar para acudir a defender Torrelavega, amenazada por el avance de las Brigadas de Navarra por el Besaya.
 
Mientras tanto, el mismo domingo 22 las tropas de la primera Brigada de Castilla entraron en el valle sin resistencia, incluida su capital, Villasana, y al día siguiente completaron la conquista del valle ascendiendo hasta Irús por un lado y marchando sobre los montes de Ordunte por otro, para caer el martes 24 sobre el vecino Valle de Carranza (Vizcaya), ya totalmente derrumbado el frente republicano.

Vivanco de Mena.
 
Con relación a la zona de la Merindad de Montija. Es un municipio de cien kilómetros cuadrados, situado en el extremo noreste y compuesto de dieciocho entidades locales y tres barrios (El Crucero, El Ribero y Villasorda). Bercedo, por su parte, es una de las localidades más destacadas, y la más estratégica por cruzarse allí la carretera N-629 de Burgos a Santoña, con la que comunica Bilbao con Reinosa. Además, la zona norte de la merindad es atravesada por el ferrocarril de La Robla (Bilbao-León). En 1930 la población era de 2.964 habitantes, en su mayor parte dedicados a la agricultura y la ganadería, aunque en Bercedo y Villasante también había diversos servicios a lo largo de la carretera nacional.
 
El frente quedó estabilizado en donde hoy están las instalaciones de la ITV. Así los pueblos montijanos de la mitad sur de la Merindad quedaron bajo control de las tropas sublevadas de Burgos y las milicias de Falange, incluyendo la Centuria Montañesa y la Centuria Menesa, formadas con derechistas huidos de Cantabria y el Valle de Mena respectivamente.

Villasante de Montija 
tras ser bombardeado
 
Villasante fue primera línea del frente durante los trece meses de la contienda en Las Merindades, hasta que las tropas republicanas se retiraron hacia Santander. En Bercedo y Villasante se produjeron algunas muertes de civiles debidas a los disparos realizados desde las posiciones franquistas en la Sierra de la Peña que domina todo el valle. Entre ellas, la niña Concepción Muñoz Fernández, vecina de Villasante de 12 años, que resultó alcanzada por un obús cuando se encontraba en casa con su madre dando de comer a los animales, siendo herida gravemente en la columna vertebral; fue trasladada urgentemente a Santander y murió en un quirófano de la Casa de Salud Valdecilla. Dos hermanos de Bercedo murieron igualmente en circunstancias similares, como nos relató Juan Manuel López Cano, hijo de una de las víctimas: “Aquí [en Bercedo] estaban los rojos hasta Villasante, entre Villasante y El Crucero estaba el frente, pero en La Peña estaban los nacionales que llamaban. A mi madre le llegó una bala perdida. Estaba haciendo las camas y una bala la mató, murió en Valdecilla a los 25 días. Y otro hermano, Ramón, murió en Agüera de un bombardeo de aviación, le mató donde el puente, cayó una bomba y le mató, era tío mío”. Las víctimas fueron Casilda Cano Mena, de 57 años y madre de seis hijos, que murió en el hospital santanderino el 25 de septiembre de 1936, y su hermano Ramón Cano Mena, de 52 años, que murió en Agüera de Montija el 4 de octubre de 1936 por metralla de bombardeo.
 
Ese mismo mes, el 27 de octubre de 1936, falleció también en Agüera el joven Jacinto Mena Ortiz, de 25 años, a consecuencia de otro bombardeo de la aviación franquista. Para prevenir al vecindario de la llegada de los aviones se dispuso vigilancia en el campanario de la iglesia de Bercedo. Así lo relata Pilar Ezquerra Cano: “Tiraban desde La Peña, pusieron sacos terreros protegiendo la carretera hasta el puente para proteger. Tocaban la campana de la iglesia cuando venía la aviación y se metían unos en la alcantarilla de la carretera y otros en la Cueva del Molino, también había cañonazos, esos eran los nacionales, tiraban desde La Peña y desde El Crucero, diecisiete casas se quemaron en un día... Venía mucho la aviación, ¡en el cruce de la estación había unos torcones!” Por su parte, Ángeles Ezquerra Cano recuerda que “había un soldado de guardia en el campanario de la iglesia [de Bercedo], cuando veía venir a la aviación tocaba la campana y la gente se refugiaba, unos en la alcantarilla y otros en la Cueva del Molino”. Los campanarios eran el lugar natural para vigilar como dijo Emiliano Baranda Gómez: “A la salida del pueblo [de Agüera] hicieron un refugio, una C con dos bocas, cogía todo el pueblo, una cosa de llamar la atención. Había un vigilante con una campana, cuando asomaban los aviones por la peña [de Losa] avisaba y todo el mundo al refugio”.

 
Ya en el verano de 1937, Agüera y Bercedo sufrieron bombardeos de aviación que causaron la destrucción de numerosas casas, lo que dio lugar a que estos pueblos montijanos fueran evacuados y sus habitantes trasladados a la vecina Cantabria, como recordaba Emiliano Baranda: “Aquí [en Agüera] bombardeó la aviación y quemaron veintidós casas, por eso tuvieron que evacuar el pueblo. Nos llevaron a Soba, muchos se quedaron en las cabañas del Ventorrillo [puerto de los Tornos], nos acogieron muy bien en Soba, pero muy bien. Estuvimos en Santayana, allí solo había leche y castañas, las cocían y lo pasaban, el cuerpo necesita más que líquido, solo con leche… En la casa donde fuimos lo habían pasado muy mal de hambre, yo venía todas las semanas [a Agüera] a por harina y la llevaba otra vez a Soba, que allí faltaba, allí no sembraban, era todo cuesta, se llevaba la tierra el agua [...].
 
El 13 de julio de 1937 cinco SM-81 bombardearon las trincheras del puerto de Los Tornos. Ese día de bombardeo falleció Ricardo Ruiz Pereda, vecino de Agüera, casado, cuatro hijos, caminero, que no quiso dejar el pueblo cuando sus vecinos fueron evacuados al Valle de Soba y murió entre Agüera y San Pelayo. Tenía 60 años.

 
Pilar Ezquerra Cano recuerda la evacuación de Bercedo: “Nos dijeron que teníamos que salir, yo salí con mi padre a Villar de Soba con las ovejas y un carro lleno de muebles, el 4 de agosto [de 1937] se quemaron las casas, salimos un poco antes, de aquí a Villar de Soba, otros se fueron a Fresnedo, cada uno donde tenía alguna amistad. Nos acogieron muy bien, eran buena gente, nosotros llevábamos una talega de harina, con eso hacíamos pan, allí estuvimos hasta que se terminó la guerra [en realidad hasta la caída de Santander a finales de agosto de 1937]. A su vez, Cándida Aostri Pereda rememoraba que “nos llevaron a San Miguel de Aras [Voto, Cantabria] a un rebaño de niñas, nos tuvieron allí en un convento, primero estuvimos en el Palacio de Nava [de Ordunte, Valle de Mena], y después por el monte a San Miguel de Aras. Nos llevaron los de Villarías, a los niños que no teníamos los padres en casa, los de mi casa estaban en Soba en casa de unos pasiegos, mi padre fue desde Soba a buscarnos a San Miguel de Aras para traernos ya de vuelta a casa, el pueblo [Bercedo] estaba quemado, aquí se quemaron diecisiete casas”.
 
El ejército republicano concentró tropas en Villasante puesto que era la línea del frente. M. Garda, general de división aérea, decidió enviar al Comando 21 Stormo BT con tres aparatos S-79 a bombardear Villasante y Bercedo el 6 de junio de 1937. Sobre el plan inicial de lanzar 50 bombas de 100 kg de peso, el número se redujo a treinta. El día permanecía cubierto, por lo que no se realizaron fotografías ni se produjo actividad antiaérea. La acción se realizó por sorpresa y no se acompañó de protección de cazas.

SM-79
 
El 4 de agosto se atacó Bercedo, Quintanilla, Villasante y la cota 786. La casa de Rogelio Villasante Arroyo que tenía alquilada en Villasante desapareció al ser quemada o bombardeada. Albino Fernández Monte, vecino de Bercedo, casado, seis hijos, labrador, debió resultar herido en algún bombardeo de aviación o artillería sufrido en Bercedo, porque falleció en el Hospital de la Bien Aparecida (Ampuero, Cantabria) el 7 de agosto de 1937. Tenía 76 años.
 
En la madrugada del lunes 23 de agosto se produjo la retirada de las últimas tropas republicanas que permanecían en suelo burgalés, en Montija y Valle de Mena retirándose hacia Cantabria, con lo que el frente burgalés desapareció definitivamente y la guerra terminó en esa provincia.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Viento Fuerte del norte”. Javier de la Colina Aranceta, Javier de la Colina Menéndez y Fernándo Obregón Goyarrola.
“El bombardeo aéreo como atributo de la guerra total: la población de la retaguardia sublevada como objetivo de guerra del gobierno republicano”. Juan Boris Ruiz Núñez.
“Los Romeo RO-37 Bis en la Guerra Civil (I parte)”. Juan Arraez Cerdá.
“República, Guerra Civil y Postguerra en Espinosa de los Monteros y Merindades de Montija, Sotoscueva y Valdeporres (1931-1950)”. Fernando Obregón Goyarrola.
“República, Guerra Civil y Postguerra el Valle de Mena (1931-1955)”. Fernando Obregón Goyarrola.
 
 

domingo, 12 de abril de 2026

Bombas sobre Las Merindades… rojas. (I)

 
 
Antes de lanzarnos al tema debemos indicar que la retaguardia franquista de Castilla fue atacada desde el principio de la guerra. Se bombardeaba tanto ciudades importantes del tipo de Valladolid, Salamanca o Burgos como localidades pequeñas.
 
Y otro tipo de lugares. El tren era esencial en las guerras de este tiempo al permitir transportar tropas y materiales rápidamente. Por ello, el sistema ferroviario fue objetivo permanente por parte de la aviación de bombardeo republicana y nacional. El problema para los contendientes fue que los daños producidos en las vías eran fácilmente reparables. ¿Solución? Destruir las locomotoras y los vagones. Era vital tener talleres donde poder reparar las locomotoras averiadas o con desperfectos por ataques del enemigo por lo cual… ¡También eran objetivo! Los bombarderos también fueron empleados para despejar zonas de avance de la infantería.

 
Burgos, por su parte, resultó una provincia dividida, aunque la mayor parte de la misma cayó del lado del ejército nacional. Y los aviones de la legión Cóndor y de la Aviación Legionaria italiana se asentaron en Burgos y Villarcayo respectivamente. En el aeródromo de Villarcayo hubo bombarderos ligeros RO-37 y, sobre todo, cazas CR-37. Desde aquí se atacaron zonas de Cantabria, Vizcaya y Burgos en manos republicanas poniendo en práctica la “spezzonare” (bombardeo incendiario) y la “dirompenti” (uso de bombas fraccionarias).
 
Uno de esos lugares que recibieron las bombas facciosas fue Corconte. Pero no el pueblo, que es Cantabria, sino el balneario que está en la provincia de Burgos, en el Valle de Valdebezana. Entre ambos lugares hay un kilómetro escaso y sólo el segundo tenía interés militar. Si me preguntan por qué no bombardearon el embalse del Ebro deben comprender que la posible riada anegaría tierras franquistas y porque… ¡no estaba construido! De hecho, en lo sumergido del pueblo de Orzales se construyó en diciembre de 1936 un campo de aviación republicano.

Bombardero SM-81 en Valdebezana.
 
El Valle de Valdebezana tiene de 156 kilómetros cuadrados, está situado en el extremo noroeste de Las Merindades y es atravesado por la carretera nacional 623 de Burgos a Santander. El municipio está compuesto por diecinueve localidades. En 1930 su población era de 4.523 habitantes, en su mayor agricultores y ganaderos, aunque en Soncillo también había gente dedicada al comercio y los servicios. En la zona de Arija había obreros de la vidriera y, con ellos, presencia sindical y de partidos de izquierdas. En julio de 1936 los republicanos mantuvieron la parte occidental del Valle de Valdebezana, quedando establecido el frente en los páramos de Bricia y La Lora. La Guardia Civil de Soncillo secundó el alzamiento militar dominando así las posiciones de La Maza y Cielma, estabilizándose el frente entre Quintanaentello y los arrabales de Soncillo. Quedaron en poder de los sublevados los pueblos de Soncillo, Castrillo de Bezana, Argomedo, San Cebrián, Villabáscones de Bezana, Cubillos del Rojo, Hoz de Arreba, Pradilla de Hoz de Arreba, Lándraves y Munilla. El resto dependió del constituido Consejo de Santander, Palencia y Burgos.
 
Volviendo al balneario de Corconte diremos que era objetivo militar rebelde porque fue habilitado como alojamiento de tropas de reserva rojas y lugar de descanso de los soldados de primera línea. Así, el 11 de agosto de 1937 seis SM-81 lo bombardearon y el 16 de agosto de 1937 quince RO-37 procedentes de Villarcayo lanzaron 300 bombas de 12 kg cada una.

Posiciones republicanas en El Escudo
 según el espionaje italiano.
 
El ejército republicano reforzó las trincheras al noroeste de soncillo -las cotas 920 y 941- en donde pretendía situar posiciones de ametralladora y cañones. Sabido esto, el alto mando italiano decidió bombardearlas el 1 de julio de 1937. El 3 de julio, seis Savoia-Marchetti SM-79 Sparviero (“gavilán” en italiano), que fue el bombardero medio italiano más importante de la Segunda Guerra Mundial, bombardean las cotas 920 y 941 de Soncillo. Las bombas no eran “inteligentes” cómo dicen que son las actuales y por ello ocurrían cosas como que ese día murieron en Cabañas de Virtus dos guardias civiles republicanos alcanzados por una bomba de la aviación nacional. El noroeste de Soncillo fue constantemente bombardeado por la Aviación Legionaria a partir de que se fijara el objetivo de Santander. Ello ocurrió tras la toma de Bilbao y la consolidación del frente en Las Encartaciones.

 
El 9 de julio, doce Savoia Marchetti SM-81 bombardearon el noroeste de soncillo. El 10 de julio, también doce SM-81 bombardearon la misma zona y nueve RO-37 hicieron un bombardeo ligero sobre la concentración de tropas al norte de Virtus. Es que, el espionaje nacional determinó que en el bosque al noreste de Virtus se encontraban depósitos, tropas y, posiblemente, nidos de ametralladora y baterías de artillería. El 12 de julio seis aparatos SM-81 incendiaron el bosque en torno a Virtus, la estación de Soncillo, Cilleruelo de Bezana y el puerto de El Escudo. Como tenían constancia de cazas republicanos en el sector se requirió escolta con la que se reunieron en la vertical de Villarcayo. Los bombarderos debieron pasar por la base de Soria para poder llevar bombas incendiarias.

Bosque incendiado en Cilleruelo de Bezana.
 
El bombardeo contra los republicanos del día 28 de julio se dividió en dos. Por un lado, se volvió con bombas incendiarias sobre el bosque de Virtus y, por otro, se intentó destruir el castillo medieval. En esta operación participó el aeródromo de Saldaña del que salieron las escuadrillas 214, que bombardeó el Castillo de Virtus, y la 213, que incendió el bosque al noroeste de Virtus. Comandó la formación el teniente coronel piloto Ferdinando Raffaelli.
 
La carga explosiva se repartió entre doce bombarderos SM-81:
 
  • 1.728 spezzioni (bombas incendiarias)
  • 432 dirompenti (bombas de fragmentación)
  • 8 bombas de 250 kg.
  • 96 bombas de 50 kg con retardo.
 
La escuadrilla 214 tenía esta composición:
 
21-45 del T.C. piloto Raffaelli y el teniente Villa.
21-42 del sargento teniente Galimberti.
21-43 del sargento teniente Gerardi.
21-44 del capitán Simini y el teniente Beccia.
21-47 del sargento teniente Rospinglosi.
21-41 del sargento teniente Villa Rodolfo.
 
Y la escuadrilla 213:
 
21-32 del capitán Paris.
21-34 del capitán Alfano.
21-33 del sargento teniente Castiglione.
21-35 del teniente Maschieraldo.
21-37 del teniente Carnicelli.
21-31 del sargento teniente Castellani.
 
La escasa actividad antiaérea republicana consiguió que el aparato 21-41 recibiera un impacto en su depósito de combustible derecho dificultando la descarga de las bombas de 250 kg. que transportaba. Esto afectó a la escuadrilla del capitán Simini, que realizó un tiro ligeramente largo al objetivo, que salvó el castillo de Virtus y las defensas adyacentes.

Efecto de las 1.728 bombas incendiarias 
en el bosque de Virtus
 
El 2 de agosto, nueve SM-81 bombardearon Cilleruelo de Bezana partiendo del aeródromo de Saldaña. Y el 3 de agosto seis Savoia Marchetti SM-81 bombardearon los arrabales republicanos de Soncillo. A su vez, el 13 de agosto, un RO-37 bombardeó la población de Virtus y el noroeste de Soncillo. La zona volvió a ser objetivo en agosto por parte de la escuadrilla 28 de S-79 con base en el aeródromo de Soria. Esta zona fue un objetivo recurrente hasta el 14 de agosto, donde se combinaron SM-81 y RO-37 con el objetivo de destruir las trincheras republicanas antes del ataque. El CTV aspiraba a entrar en Santander por El Escudo, por lo que este puerto se convirtió en un objetivo que obligaba a bombardear en paralelo a la actual carretera N-623.
 
Las fortificaciones republicanas se reducían a obras de tierra con escasa presencia de cemento y usando cubiertas de eucalipto para los nidos de ametralladora, según se desprendió del espionaje sobre el capitán de ingenieros Rogelio Sanmamed del Estado Mayor del ejército de Santander, Palencia y Burgos.

Humareda bosque de Virtus.
 
Finalmente, el 14 de agosto de 1937 las tropas italianas rompieron el frente y avanzaron hacia el puerto de El Escudo apoyados por su aviación, que aquel día machacó las posiciones republicanas con toneladas de bombas. En el Registro Civil de Valdebezana consta una única víctima de los bombardeos en esa fecha: Ángel Díaz Cuesta, vecino de Virtus, de 53 años, casado y con dos hijos, labrador, que falleció en Virtus por “heridas por metralla de bomba de aviación”. Sin contar a los soldados a ambos lados de las trincheras. Finalmente, el 15 de agosto se produjo un combate aéreo sobre el puerto del Escudo.
 
Debemos viajar hacia los primeros meses de la guerra para informarnos que el 27 de octubre de 1936 murieron en Soncillo dos soldados franquistas riojanos alcanzados por la metralla de una bomba de aviación republicana. ¡No solo atacaban los azules! Estos soldados se llamaba Gerardo Alcalde Valdés de 22 años y Andrés Herce Angulo de 19 años.

SM-81 del Teniente Carnicelli sobre Virtus.
 
Por su parte, los aliados de los franquistas generaron una lista mayor de víctimas:
 
  • Ángel Díaz Cuesta, Vecino de Virtus, casado, dos hijos, labrador, falleció en Virtus el 14 de agosto de 1937 a consecuencia de “heridas por metralla de bomba de aviación”, siendo enterrado en Virtus. Tenía 53 años.
  • Martín Diez, Vecino de Quintanaentello, murió en Cilleruelo de Bezana en un bombardeo de aviación sucedido en los primeros meses de la guerra.
  • Enrique Murgaia Herrero: Nacido en Miranda de Ebro (Burgos), soltero, Guardia Civil, debía combatir en las filas republicanas, porque falleció en Cabañas el 3 de julio de 1937 a consecuencia de “bombardeo de la Aviación Nacional”. Tenía 27 años.
  • Micaela Peña Peña (o Pérez Pérez): Nacida en Virtus y vecina de Cilleruelo de Bezana era viuda y tuvo siete hijos. Falleció en Cilleruelo el 30 de octubre de 1936 a consecuencia de “heridas de aviación”, siendo enterrada en Cilleruelo. Tenía 76 años.
  • Andrés Rapp Gómez: Nacido en Sillero (Lugo) era Guardia Civil en Cabañas de Virtus. Debía combatir en las filas republicanas, porque falleció en Cabañas el 3 de julio de 1937 a consecuencia de “las heridas que recibió de una bomba de la Aviación Nacional”. Tenía 41 años.
  • Manuel Ruiz Fernández: Vecino de Cilleruelo, casado, tres hijos, labrador, falleció en Cilleruelo el 2 de agosto de 1937 a las 16 horas a consecuencia de “metralla de una bomba de la Aviación Nacional”. Tenía 53 años.
 
Durante los combates por El Escudo, las tropas italianas del CTV ocuparon Arija y avanzaron por la llanura de La Vilga y la carretera de Corconte, llegando a Orzales y a su aeródromo el martes 17 de agosto, día en que también lograron conquistar el puerto citado. A partir de ese momento, el aeródromo de Orzales fue utilizado por la Aviación Legionaria Italiana y la aviación franquista, que prosiguieron desde allí las campañas de Santander y Asturias. La toma de El Escudo finalizó la guerra en Valdebezana, pero no terminó el peligro. En los años siguientes se registraron en el municipio doce muertos por accidentes al manipular material bélico.
 
Sus nombres, cómo homenaje y recuerdo, son:
 
  • Lucrecia Díaz Díaz: Vecina de Virtus, casada, cinco hijos, falleció en Virtus el 20 de abril de 1942 a las 15 horas a consecuencia de la explosión de un proyectil que mató igualmente a su marido, Justo González Peña, y a los vecinos Vicente Fernández Ruiz y Emilio Peña San Miguel. Tenía 45 años.
  • Isabel Fernández Martínez: Vecina de Soncillo, soltera, murió el 17 de abril de 1937 al explotar una granada que encontró cuando buscaba caracoles con otras tres niñas pequeñas que también resultaron muertas, fueron trasladadas al Hospital de Villarcayo, pero no se pudo hacer nada por salvar sus vidas. Tenía 11 años.
  • María Mercedes, Bibiana Alda y María Rosario: Hermanas y vecinas de Soncillo, murieron con la anterior el 17 de abril de 1937 con Isabel. Tenían seis, cuatro y un año y medio.
  • Vicente Fernández Ruiz: Vecino de Virtus, casado, dos hijos, labrador, falleció en Virtus el 20 de abril de 1942. Tenía 38 años.
  • Justo González Peña: Vecino de Virtus, casado con Lucrecia, cinco hijos, labrador, falleció en Virtus el 20 de abril de 1942 a las 15 horas. Tenía 49 años.
  • Hermanos Guadalupe: vecinos de Soncillo, niños, fallecidos cuando manipulaban una bomba de mano.
  • Emilio Peña San Miguel: Vecino de Virtus, soltero, labrador, falleció en Virtus el 20 de abril de 1942 a las 15 horas. Tenía 18 años.
  • Manuel Ruiz Pérez: Nacido en Torres de Arriba el 13 de julio de 1922. Era vecino de Torres de Arriba, soltero, jornalero, falleció en ese pueblo el 19 de marzo de 1938 a las 18 horas a consecuencia de “la explosión de bomba de mano” con la que se encontraba jugando con otros chavales, los cuales resultaron ilesos, fue enterrado en Soncillo. Tenía 15 años.
  • Eladio Sainz Sainz: Vecino de Riaño, soltero, escolar, falleció en el término de Riaño en el sitio Peñademaza el 21 de marzo de 1950 a las 13 horas a consecuencia de la onda expansiva de una bomba que encontró y que mató igualmente a su hermano Leonardo. Tenía 10 años.
  • Leonardo Sainz Sainz: nacido en Quintanaentello el 2 de agosto de 1936. Vecino de Riaño, resultó mortalmente herido el 21 de marzo de 1950 por la explosión de una granada que encontró cuando cuidaba las ovejas. Tenía 13 años.

Bombardeo sobre Virtus.
 
Casi hasta hoy los artificieros de la Guardia Civil han visitado Las Merindades para neutralizar viejas bombas de esta guerra.
 
 
 
 
Bibliografía:
 
“Viento Fuerte del norte”. Javier de la Colina Aranceta, Javier de la Colina Menéndez y Fernando Obregón Goyarrola.
“El bombardeo aéreo como atributo de la guerra total: la población de la retaguardia sublevada como objetivo de guerra del gobierno republicano”. Juan Boris Ruiz Núñez.
“Los Romeo RO-37 Bis en la Guerra Civil (I parte)”. Juan Arráez Cerdá.
“República, Guerra Civil y Postguerra en Espinosa de los Monteros y Merindades de Montija, Sotoscueva y Valdeporres (1931-1950)”. Fernando Obregón Goyarrola.