En
un mundo el que los bebés ven a “Peppa Pig” sentados en su silla o nos distraen
series mientras viajamos en el coche es difícil pensar que, antes, abundaban las
salas de cine. Las teníamos hasta en las poblaciones pequeñas. Incluso salas de
cine itinerantes que llegaban a los pueblos los días de fiesta. Pero no es
culpa de los “milenials” porque los cuarentones y cincuentones conocieron los
videos VHS -o Beta- y los reproductores de DVD que les permitieron ver
películas en casa. Es por ello que sorprende que en un lugar cómo Medina de
Pomar hubiese varias salas de cinematógrafo.
Empezaremos
la historia por la explanada de las torres de los Velasco cuando en la parte
delantera del Castillo existió un inmueble que derribaron en 1936 tras
incendiarse. Hubo explosiones menores por los productos que se vendían en la
Abacería que allí había: aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao… Productos
diversos de primera necesidad. Esta era de Dimas Aduna, una de las quince abacerías
que había en Medina de Pomar.
Dimas
Aduna Laño (Samaniego, 1860 - Medina de Pomar, 1943) estaba casado con Agapita
Larrinaga Ruiz (Rodezno, La Rioja). Llegaron a nuestra ciudad a finales del
siglo XIX y tuvieron cuatro hijos: Edmundo, Joaquina, Manuel y María. Manuel no
sobrevivió a su padre, pero dejaba una hija, María Luisa Aduna Infante que
regentará una peluquería.
Dimas
disponía, además, de un aserradero en la plazuela de San Miguel con su traída
de agua y tratamiento de madera; construía maquinaria agrícola; poseía un almacén
de paja; un cine en la calle Martínez Pacheco, núm. 3; y la tienda y el estanco
que ardieron. Por cierto, su vivienda familiar estaba en ese inmueble y, por
ello, se mudarían cerca de la serrería. Y, que no se nos olvide, en 1911 consta
que, también, Dimas era prestamista.
Agapita
era una señora con estudios y solía disponer de servicio doméstico y para la
atención de sus hijos. La familia de Dimas, tras el incendio, descartó el
negocio de la abacería y el del estanco. Parece que la licencia del estanco fue
transferida primero junto al bar el Cañón y luego en el local del Estanquillo.
Pero
esta entrada habla de los cines y, cómo hemos apuntado, la familia Dimas tenía
un cine. Se abrió en noviembre de 1923 y durante todo el resto de esa década proyectó
cine mudo. Luego ya vino el sonoro. Tras un cierre inicial durante la guerra,
continuó con las proyecciones en 1939 y todavía hay medineses que recuerdan las
películas del oeste todos los jueves. Cerró el 19 de diciembre de 1940. El cine
Dimas ya se podía considerar un salón de cine en toda regla: gallinero arriba,
butacas abajo, acomodadores... Este local servía para otros fines. Uno de ellos
era el espectáculo de los mítines preelectorales como el del médico y político
José María Albiñana Sanz, valenciano de derechas y fundador del Partido
Nacionalista Español, en 1934.
Con
Dimas, en el cine, trabajaban sus hijos Manolo y Joaquina. Manolo se encargaba
de las películas, de las proyecciones y de la censura. Los viajes a Bilbao para
coger películas eran semanales y se hacían con el Chevrolet familiar y por la
carretera de la Peña Angulo, construida en 1909. Joaquina era la encargada de
la taquilla. Del orden en la sala se encargaban los acomodadores Valerio López
en la sala de butacas y Basilio Sáez entre la juventud en el gallinero.
Diario de Burgos 09/11/1928
Una
vez que se cerró la sala de cine el inmueble fue adquirido por la familia
Salazar y sirvió de almacén para su Ferretería situado en la esquina de la
antigua oficina de Correos, frente al actual bar “Gramola”. En la puerta del
cine de Dimas, ya como almacén de Ferretería “Efraín”, se organizaba la venta
de cestos y otros artículos en las diferentes ferias de Medina hasta bien
entrada la década de 1970. En la actualidad solamente queda el solar del cine,
pero, hasta ese momento final, se conservó la sala de máquinas, ubicada en la
parte alta del gallinero, la estructura y parte del telón, en el que estaban
dibujadas siluetas de atletas en la parte lateral y superior.
Otro
hijo de Dimas, Edmundo, se hizo cargo de la serrería y se trasladó a Vitoria
tras vender el aserradero hacia 1954 a la familia Bautista que procedía de Dos
Hermanas. Fue la sierra “de los andaluces”. Joaquina se casó y partió para
Barcelona. Manuel se casó con Mercedes Infante, vecina de San Miguel, siendo
Marisa Aduna, la peluquera, hija del matrimonio.
Dimas
Aduna tuvo un coto en Cillaperlata con tierras, una casa y algunos obreros. Lo
había adquirido dentro de su política de inversiones tras la buena marcha de su
comercio. Hacia 1945 se vendió el coto a una gente de San Sebastián por un
importe de 240.000 ptas., lo que puede dar idea del tamaño de la propiedad. El
hijo Manuel, con el camión familiar, se encargaba del transporte a Medina de la
producción de patatas, alubias, cereales... y quizá también de la paja para su
almacén. De hecho, en mayo de 1925 los Aduna fueron multados por la Junta
Provincial de Abastos con 500 pesetas -de entonces- por vender trigo a mayor
precio del tasado por el gobierno. Y no fue la única vez: también fue multado
con 100 pesetas en noviembre de ese año por trucar la báscula; y con 60.000 ptas.
en 1941 más tres meses de trabajo en un batallón de trabajadores por
infracciones afines. Debía compensar el riesgo, digo.
El
cine de Dimas Aduna coincidió unos años con otro cine en la actual ubicación
del Bazar Universo (calle Mayor, 68), gestionado por un notario andaluz que
estuvo en Medina, Teodoro Rodríguez Rivas, y que antes de finalizar 1936 ya
había partido para Andalucía. El cine de Teodoro tuvo licencia de apertura en
fecha 13 de diciembre de 1922 (el cine Dimas fue de noviembre de 1923) y operó por
espacio de dos o tres años y rivalizó con el cine de Dimas. Es posible que
también albergara el local algún otro espectáculo. Teodoro, en 1925, tenía la
Notaría en Roca Mayor número uno y gestionaba una pensión en dicha dirección
(luego el Pulpitillo). En el año 1936, y ya iniciada la guerra civil, vemos el
inmueble utilizado como centro y cuartel de los Requetés. Finalizada la guerra,
una familia de Villalaín aparece como propietaria del edificio y una cuñada de
la localidad de Brizuela es quien abre o gestiona un negocio de bazar cuyo
nombre coloquial pudo ser “La Manzana Reineta” o algo parecido. Florencio
García arrendará años después el inmueble. El negocio ya era el “Bazar Universo”.
Conozcamos
el cine de Acción Católica. El Centro de Juventud se instaló en la primera
planta del edificio propiedad de las Condesas de Ardales en la plaza Mayor,
esquina Fundador Villota, siendo la fecha de inauguración el domingo 19 de febrero
de 1967. Con anterioridad a este nuevo local se había utilizado otro en el
antiguo cuartel de la Guardia Civil en la calle Martínez Pacheco, en un
inmueble de propiedad municipal. La dirección del Centro correspondía a los
propios jóvenes de la Parroquia. Se pretendía formarles en la resolución de sus
problemas. El Centro juvenil buscaba una diversión sana y formativa. En el
local había mesas de billar, de ping-pong, futbolín, tebeos, golosinas y el
cine dominical que debió estar en las antiguas escuelas de la Fundación
Villota. Una promoción inmobiliaria derribó el inmueble y terminó con el Centro
de Juventud.
Otra
de las salas de cine de Medina fue el “Cine Avenida” que se inauguró en el
otoño de 1942. La propiedad era de la familia Aperribay; la explotación del
Salón y de las actividades la llevaban el empresario bilbaíno Eliseo Loizaga
Zabala y su encargado para Medina conocido como “Benín”; y el bar y servicio
que se subarrendó a Nicolás Zorrilla Agustín, del bar “Taka”. En aquel tiempo
parecía una apuesta arriesgada porque todavía no se vislumbraba el auge comercial
fuera del casco histórico de Medina. El bar de Aperribay y la apertura de su
sala de baile en la misma manzana no llegaron hasta el año 1961 pero el cine ya
estaba.
El
local se componía de patio de butacas y gallinero distribuidos en 422 plazas en
butaca, 26 plazas en delantera y 276 espacios corridos en generales, lo que
daba una capacidad total de 724 plazas. Con la loca piqueta de la década de
1970 a 1980 desapareció este edificio con reminiscencias Art-decó. Afortunados
aquellos que recordarán las colas para entrar, su patio de butacas, su
gallinero, sus proyecciones, los acomodadores y la venta de chucherías… Dejó su
espacio al edificio que albergó la Caja de Ahorros Municipal de Burgos y que se
abrió al público en el año 1981.
Y,
como mención final, una referencia a los cines itinerantes de verano en las
plazas públicas o en los recintos feriales cuya constancia desaparecía tras el
verano.
Bibliografía:
Periódico
“El Castellano”.
“Fuimos.
Una crónica del comercio local”. Jesús Oleaga.
Periódico
“Diario de Burgos”.
Periódico
“Pueblo”.
Periódico
“La voz de Castilla”.