Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


viernes, 31 de julio de 2026

La hora de la venganza.

 
 
Hoy presentaremos en este espacio al escritor Rafael Alcorta Miñámbres que nos acompaña para presentar su libro “La hora de la venganza y otros relatos inquietantes”. Os dejo con sus palabras:
 
Nací en Madrid en 1955, y allí transcurrieron las seis primeras décadas de mi vida personal y laboral, excepto siete estupendos años en Barcelona. Pero nunca he dejado de sentirme muy ligado al pueblo natal de mi padre, Espinosa de los Monteros, en el extremo norte de la provincia de Burgos, quizá porque el contacto con la Naturaleza ha sido siempre para mí algo muy importante, una fuente de placer y relax que la vida urbana, aun reconociendo sus ventajas, estaba lejos de ofrecerme. Así que en cuanto llegó por fin la ansiada jubilación, me retiré a Espinosa y allí paso ahora la mayor parte del año.

 
Y como a mi juicio la jubilación es el momento de realizar lo que siempre quisiste y aún no habías hecho, empecé a escribir cuentos de terror, miedo, o al menos como dice el título, “inquietantes”, un cierto porcentaje de ellos ambientados en ese norte de Burgos que llevo en mi corazón, si bien a veces me tomo alguna que otra licencia en cuanto a los detalles geográficos. Fue un poco: “eso podría hacerlo yo”.
 
¿Y por qué de miedo? A esto solo puedo contestar que:
 
1) porque me divierte hacerlo,
2) porque creo que no sabría escribir sobre otra cosa.
 
Dejo el campo libre a quien quiera sacar profundas consecuencias psicológicas de ello.
 
He hablado de la diversión, y es que estoy convencido de que si no disfrutas con lo que haces sea lo que sea, no conseguirás nada que valga la pena. No sé qué opinarán los lectores de la selección de cuentos que presento aquí, pero desde luego puedo asegurarles que he disfrutado muchísimo escribiéndolos, y que mi mayor satisfacción sería que ellos se diviertan al leerlos tanto como yo cuando los escribí. En realidad, a veces no me parece que los haya creado, tengo más bien la impresión de que estaban por ahí desde siempre en alguna parte, flotando virtualmente podríamos decir, y que tuve la suerte de que me eligieron a mí para darse a conocer al mundo. Y eran ellos, los propios cuentos, quienes me iban indicando cómo debían seguir, escribiéndose a sí mismos en buena medida, mi papel se limitaba a teclear en el ordenador lo que me dictaban en la mente. Hay músicos (Keith Richards, el guitarrista de los Rolling Stones por ejemplo), que han dicho cosas similares sobre sus canciones.

 
Insisto: esto solo va de pasar un rato entretenido si te gusta este género; no suelo plantearme ir más allá, aunque es cierto que una parte de ti, de tus ideas y sentimientos, siempre se filtra de manera inevitable en lo que escribes. En cuanto a qué es lo que hace que algunos sintamos un placer especial frente a lo terrorífico, ¿es acaso por la necesidad de que unos temores de ficción (que se acaban en cuanto cerramos el libro o se termina la peli) nos permitan olvidarnos por un rato de los temores de la vida real, de los que desgraciadamente no es tan fácil librarse? ¿Tal vez la nostalgia de emociones fuertes en un mundo que se ha vuelto cómodo en exceso, las ganas de sazonar la existencia con un poco de misterio y peligro de una forma en el fondo inocua? Lo más probable es que se trate un poco de todo, aunque yo prefiero limitarme a “esto me gusta” y nada más; quien quiera meterse en mayores profundidades que lo haga.
 
Mis influencias son como es lógico, los clásicos del género, anglosajones en especial, a los cuales he devorado con pasión a lo largo de décadas y de cuyas aguas sigo bebiendo: H. P. Lovecraft, Stephen King, Robert Howard, A. Blackwood, M. R. James, C. A. Smith, etcétera. Me parece que, por desgracia, esta tipo de literatura, la llamémosle “fantasía terrorífica”, no se consideró lo bastante “seria” en nuestro país durante demasiado tiempo (con la excepción de Edgar A. Poe y R. L. Stevenson), algo que, gracias a Dios, hoy se ha revertido en buena medida gracias a muchos nuevos y excelentes autores nacionales.

 
Y aunque uno nunca es buen juez de sus hijos, ahí va un breve comentario sobre cada uno de los relatos incluidos en este volumen.
 
  1. Un facsímil medieval. Treinta años de Catedrático de Bachillerato de Física y Química dan para muchos sucedidos. Y en la biblioteca de un instituto a veces aparecen unas cosas de lo más raro.
  2. Niebla. Incluso en los rincones más bellos de Las Merindades, hay elementos que no deberían ser alterados. Claro que el protagonista es bastante indeseable.
  3. Regresaré. Seguimos en Las Merindades, esta vez en una aldea con su cementerio. Y con un viejo al que por lo visto le gusta frecuentarlo, incluso cuando debería limitarse a descansar en paz.
  4. Una camiseta de los Rolling Stones. Volvemos a un instituto, al laboratorio de Química en concreto. Y sí, soy fan de los de los Rolling Stones. Aunque habría mucho que decir sobre el propietario de la camiseta en cuestión.
  5. Por el bien de la gente. Sigue el profesor jubilado dando la turra. Ahora con una especie de examen de Selectividad en un régimen político poco recomendable.
  6. La magia de Zair-Doam. Cambiamos de escenario y nos vamos a un entorno fantástico, una ciudad de maravilla con un mago bien intencionado pero ambicioso.
  7. La isla de los muertos. Otro cementerio fantasmagórico, esta vez en la Norteamérica de Lovecraft y Poe. Circulan viejas leyendas sobre el sitio, como era de esperar. Y es que hay algo muy antiguo que tal vez aún ronda por allí.
  8. Un viaje en tranvía. Desde niño me han apasionado los trenes y los tranvías. Aunque en un ambiente onírico, esto es el relato de un viaje en la línea 8 de los tranvías de Madrid, en principio tal y como era a mis cuatro o cinco años; yo me he limitado a ir añadiendo poco a poco elementos “inquietantes”.
  9. La hora de la venganza. De nuevo en Las Merindades, aunque sin concretar ubicación. Un lugar donde en el pasado hubo lobos. Y también en el presente. O algo peor.
  10. El tercer ojo. Otro desagradable protagonista. Primero más cementerios, ahora en Baviera. Después, una casa solitaria en el Páramo de Masa. Y es que en ciertas actividades no conviene lanzarse sin estar muy seguro de tus fuerzas.
  11. La cosa que no debería ser. Un crucero turístico por el profundo Pacífico Sur, muy poco frecuentado. Puede que haya una buena razón para que los barcos lo eviten.
  12. En busca del planeta azul. Para acabar, un poco de ciencia ficción. Y es que no hay nada como nuestro querido planeta Tierra. Mientras dure, claro.
 
En cuanto a puntos de venta, está prevista una presentación del libro en Espinosa el día 3 de agosto según indica el cartel adjunto. Hasta entonces y por ahora, solo es posible adquirirlo por internet al precio de 20 euros, de los que, por cierto, yo no me llevo un céntimo hasta que se superen los cien ejemplares vendidos.
 

El link para ello es:
 
https://www.editoriallotoazul.com/libro/la-hora-de-la-venganza_179356/
 
Y ahora lector, mucho cuidado, porque algo malo, peligroso e inesperado podría infiltrarse en tu vida en cualquier momento de la noche. Tal vez salga poco a poco de debajo de la cama, para agarrarte de pronto con una garra escamosa y fría por un pie que inadvertidamente dejaste asomar fuera, y entonces…