Nos
desplazamos a la población de Espinosa de los Monteros para observar a una de
sus casonas señoriales: la “torre de los Monteros”. Anotaremos que que la
abundancia de restos históricos coloca este pueblo a la altura de la capital de
la provincia.
Este
edificio es también conocido como la “torre del marqués de Legarda” o la de “Valanto”.
Son identificadores procedentes de la tradición popular y se asientan en los
nombres de diferentes dueños, ciertos o supuestos. El conjunto está formado por
una Torre defensiva, con patio amurallado en su parte delantera y puerta de
acceso de gran tamaño. Hay que agradecer que hoy esté cerrado con un pequeño
portón de hierro que, aunque afea, permite ver este patio. En los últimos años
ha sido restaurada y consolidada para conservarla. Entendemos que no era una
torre aislada, sino que con ella se englobarían un conjunto de edificaciones de
los siglos XIV y XV, que sufren alteraciones en épocas posteriores o
desaparecieron.
La
Torre es rectangular con remate en almenas y garitones en los ángulos que parecen
de época barroca. Ambos elementos resultan más recursos estéticos que
defensivos y se encuentran bajo un tejado a cuatro aguas. Son formas evidentes
de una Casa-Torre. Los garitones están prolongados hasta el suelo en toda la
longitud de la esquina como un refuerzo de esta. Esta situación sólo la vemos
en tres de ellas. La no prolongación de la otra nos dirige a pensar que bajo
ella hubo construcciones. Los muros son compactos y alternan en su construcción
la sillería (cubos, almenas y huecos) y la mampostería o sillarejo.
Apenas
encontramos vanos significativos a no ser añadidos con posterioridad a su
fábrica primera. La puerta principal de la torre es de arco apuntado y sobre
ella, centrado en la fachada, se encuentra la salida a una ventana abalconada
de incierta fecha. No se ven trazas de la existencia de vigas que sustentasen un
posible balcón en la fachada por lo cual, entendemos que pudo ser sólo esa
ventana con barandilla.
En
todos los paños hay ventanas aparentemente colocadas sin orden ni concierto.
Algunas están a una altura que eliminan la capacidad defensiva de la casa
torre. En este sentido hay diferencia en el color, el deterioro y la piedra
empleada en alguna de ellas que hacen pensar en que son fruto de alguna restauración.
Incluso las hay que tienen un ligero trabajo decorativo. En la fachada
posterior, protegida por un patio que impide acercarse, hay una alta ventana
con alfeizar que, sospechosamente, rompe la línea de almenas.
Al
patio, amurallado hasta media altura con mampostería, se accede por una puerta ornamental
del siglo XVII o XVIII, toda ella de cantería en el exterior, enmarcada por dos
cubos, abiertos en el interior, con saeteras en forma de cruz y remate almenado
con cornisa, que llevan sendos escudos en su parte superior.
Entre ellas
tenemos dos columnas clásicas con los lisos fustes ligeramente ensanchados en
su centro, y asentadas sobre elevados plintos que flanquean la entrada. Las
columnas sujetan un dintel de entablamento liso. Encontramos casetones en el
intradós del dintel. Destaca la cornisa con un remate cúbico adornado con
jarrones con bolas. Tras estos está un frontón con cintas talladas que encuadran
el escudo heráldico de quienes encargaron la obra. Se ha querido ver en esta
portada una evocación a la puerta de la Bisagra toledana diseñada por Alonso de
Covarrubias el siglo XVI.
En
ese patio delantero nos encontramos los restos de unas construcciones de planta
cubiertas con teja de una época indeterminada pero que evidencian una pobre
factura alejada de la de la torre.
Las últimas restauraciones han rejuntado en
un plano inclinado las piedras sueltas que delataban el nacimiento de muros o
paredes. El arranque, desde esta pared a la derecha de la portada, es doble. Es
decir, de la esquina derecha de la torre nacían dos gruesos muros que, quizá,
cerraban otro inmueble a la derecha de la portada y no un patio en el actual jardín
o huerto cerrado.
Si nos fijamos encontramos en su centro otra ventana geminada
y una amplia puerta de acceso que podría avalar esta hipótesis. O no.
Si
continuamos por ese lado vemos el cuarto paño de la torre con ventanas y una
moderna puerta de salida, pero lo que destaca son las marcas de un tejado a dos
aguas entre dos ventanas de arco de medio punto. Se ve una prolongación del
tejadillo hacia la derecha según nuestro punto de vista. ¿Qué era?
El
edificio fue construido en el siglo XIV como casa torre. En el libro “Los
Monteros de Espinosa” escribe Rufino que “se tiene por cierto que perteneció
a los Marqueses de Legarda ostentando en su portada el escudo de armas de esta
noble familia”. Pertenecer no quiere decir construir. Y, ¿Cuándo fue de los
Legarda? Pues, en principio, no tengo ni idea. Eso sí, es una buena ocasión
para conocer este linaje a ver si sacamos algo en claro.
En
su origen, el título de Legarda estuvo vinculado al linaje de Salcedo que tenía
su solar en la villa de Valmaseda (Vizcaya). Al parecer, Mencía Ortiz de
Salcedo y Zúñiga casó a comienzos del siglo XV con Hurtado Díaz de Mendoza,
señor de Legarda. Su heredero, Lope Hurtado de Salcedo, señor de Legarda, se
instalará en la villa alavesa de Legarda, un importante nudo de caminos entre
el Valle del Ebro y Bilbao. El primer dato con rigor histórico es que Diego de
Urrutia, señor de la Casa y Torre de Valmaseda, casó con Catalina Hurtado de
Salcedo, hermana del señor de Legarda, en algún momento en el tránsito al siglo
XVI. Su hijo Juan de Urrutia Mendoza y Salcedo, señor de la Casa y Torre de
Valmaseda, todavía no aparece intitulado como señor de Legarda. Esto quizá se
debiese a que por entonces el señorío de Legarda lo ostentaba Diego Hurtado de
Salcedo. De la unión entre Juan de Urrutia y María Sáez (o Sanz) de los Llanos
nació Juan Hurtado de Salcedo y Sáez de los Llanos, que ya figura como señor de
Legarda y también de las Casas de Salcedo y Urrutia, caballero de la Orden de
Alcántara y corregidor de la ciudad de Ávila. Juan Hurtado casó con Casilda de
Velasco y Hierro, siendo padres de Francisco Hurtado de Salcedo y Ortiz de
Velasco (1594-1649), señor de Salcedo y Legarda.
El
señorío de Legarda se transformó en marquesado por Real Despacho de 30 de
noviembre de 1664, concedido a Antonio Hurtado de Salcedo, Mendoza, Sierralta y
Ortiz de Velasco (1625-1680), señor de Legarda y Mendoza, XIII señor de Salcedo
y La Jara, y señor de la Casa de Úrria. Antonio nació en Valmaseda el 19 de
mayo de 1625, había servido a Felipe IV en las guerras contra Francia y en la
recuperación de Nápoles durante el levantamiento de Masaniello del año 1647, lo
que probablemente facilitó su nombramiento como caballero de la Orden de
Santiago ese mismo año. Este levantamiento fue una revuelta napolitana contra
los impuestos del virreinato. A su regreso de Italia, y hasta 1664, Antonio
Hurtado de Salcedo vivió en Sevilla donde fue pintado por Bartolomé Esteban
Murillo.
Una
vez que Antonio Hurtado de Salcedo fue elevado a marqués de Legarda en 1664,
fue también nombrado secretario del rey Felipe IV, por lo que es de su-poner
que se trasladase a Madrid para estar cerca del soberano y de su Corte. Y de
los Monteros de Espinosa. Por pensar en posibles vinculaciones con Las
Merindades. El marqués se casó con María Francisca de Coterillo Ortega
Calderón. Los marqueses tuvieron cuatro hijos, continuando la línea del
marquesado la primogénita Bernarda Hurtado de Salcedo Mendoza (1660-1689), II
marquesa de Legarda desde la muerte de su padre. Su consorte, Luis de Peralta (cuyo
blasón suele tener un Grifo) y Cárdenas, con quien casó en 1680, fue además segundo
vizconde de Villahermosa de Ambite, Caballero de la Orden de Alcántara y
miembro del Consejo de Hacienda. También fue Veedor General de Flandes y
corregidor de Antequera.
El
12 de junio de 1687 nació Juan José Peralta Cárdenas (1687-1754), también
nombrado como Juan José Peralta Salcedo o Juan José de Peralta Cárdenas Salcedo
Guzmán, III marqués de Legarda. Contrajo matrimonio el 10 de diciembre de 1718
con Teresa Vivanco Olaso (1701-1773), hija de José de Vivanco Angulo y de
Antonia de Olaso Angulo. Y estos apellidos, sin otra información, también
podrían proceder de Las Merindades: Vivanco, Angulo… Su primogénita fue Antonia
Javiera de Peralta Cárdenas y Salcedo (1719-1803), IV marquesa de Legarda.
Contrajo matrimonio en 1736 con José Manuel Esquivel Ribas y Verástegui. En
1745 tuvieron su primer hijo, Ignacio de Esquivel, que sucedió en el título
nobiliario.
Ignacio
de Esquivel y Peralta (1745-1814), V marqués de Legarda, accedió al título en
1803. Casó con Manuela Isidra de Navarrete Lisón Ladrón de Guevara y Ponferrada
y fueron padres de Álvaro José de Esquivel Navarrete quien murió en 1800. Tras
la muerte de Ignacio el título fue transmitido a su nieto Antonio María de
Esquivel.
Antonio
María de Esquivel Verástegui (1801-1860), VI marqués de Legarda accedió al
marquesado en 1814. Su hijo Julián Esquivel, senador por la provincia de Álava
en el año 1872, heredó el título nobiliario. El VII marqués de Legarda fue el
senador Julián Esquivel y Ruiz de Pazuengos (1822-1881) y su sucesor fue su
hermano José (ca.1835-1895) que, también, murió sin descendencia. El marquesado
recayó entonces en Antonio Fernández de Navarrete y Hurtado de Mendoza
(1859-1936), IX marqués de Legarda, que provenía de la línea de Antonia
Esquivel y Navarrete (1778-1849), otra de las hijas de Ignacio de Esquivel
Peralta y de Manuela Isidra de Navarrete Lisón, V marqueses de Legarda. Su
heredero fue Francisco de Paula Fernández de Navarrete y Rada (1889-1960), X
marqués de Legarda.
Por
eso la ostentación de los tres escudos idénticos de la portada sólo nos dicen
quién encargó la misma, siempre y cuando el desgaste de estos nos permita una
justa interpretación.
El
escudo tres veces repetido está compuesto de tres cuarteles:
- Primer
cuartel: fondo de azur con castillo de tres torres en plata y, en sus almenas, guerrero
armado con espada desnuda en la mano diestra y una rodela en la siniestra. Un
castillo que representa la grandeza y la fuerza para proteger a los demás y un
hombre con espada que representan la justicia. Para algunos trabajos estas son las
armas de Vivanco.
- Segundo
cuartel: en el centro una estrella de ocho puntas, de azur, con una bordura de ocho
flores -¿rosas?- y una segunda bordura ajedrezada de, suponemos, gules y plata.
Unas armas parecidas a las del apellido Ortiz. Aunque los Ortiz de Espinosa de
los Monteros parece que tenían un león rampante con bordura de ocho rosas
rojas.
- Cuartel
de la parte inferior: elaborado grifo pasante sobre cinco haces de brezo.
Empuña una espada. Es un animal mitológico que está asociado a la fuerza y la
vigilancia y, en este caso al llevar una espada, con la justicia. Podría ser
una variación de las armas del apellido Angulo que posee los cinco haces de
brezo. Pero ¿el Grifo? Hay fuentes que lo asocian al apellido Haro. Otras
publicaciones indican que “Angulo” sería un apellido representado con un grifo.
Y Rufino Pereda cuenta que las armas de este apellido eran “escudo partido
en dos con un virol de gules; en el cantón diestro cinco róeles de sinople
puestos en santor y en el cantón siniestro cinco manojos de brezos de sinople
atados con cintas de gules y puestos de igual modo; los dos cantones o
cuarteles tienen el campo de oro. Los róeles significan que fueron escogidos
entre otros en igualdad de nobleza; el campo de oro significa virilidad y
nobleza, y los cinco brezos el ataque singular a los moros hecho por el capitán
Angulo”. Por lo que vemos, es difícil decantarnos. De todas formas, estamos
ante algo curioso porque, además de escaso en Castilla, el grifo aparecía en
posición rampante.
El
escudo principal, inclinado hacia la izquierda, está rematando por un yelmo mirando
a la derecha con extenso penacho y celada bajada y adornado con lambrequines y
cascabeles. La inclinación del escudo no significaba bastardía, sino que fue un
recurso estilístico que se llamaba “a la valona” y que llegó a la corona de
España durante el siglo XVI.
Vale,
entonces, los escudos presentan la alianza entre los apellidos Vivanco, Ortiz y
Angulo. ¿Quizá fueron encargados por José de Vivanco Angulo y Antonia de Olaso
Angulo? Pero, ¿El Ortiz? ¿Tal vez un error de interpretación por Olaso? O
¿estaba vinculado a Mencía Ortiz de Salcedo? Nos falta información.
Eso
sí, Rufino Pereda Merino afirma que las armas heráldicas de la portada
corresponden al marqués de Legarda. Y él vivía en la Corte por lo cual algo
sabría.
Bibliografía:
“La
ruta heráldica de Espinosa de los Monteros”. Proyecto Aldaba.
“Blasones
y linajes de la provincia de Burgos. V. Partido judicial de Villarcayo”.
Francisco Oñate Gómez.
“El
fondo del marquesado de Legarda en el archivo histórico de la nobleza
(Toledo)”. Efrén de la Peña Barroso y José Francisco Guelfi Campos.
“Los
Monteros de Espinosa”. Rufino Pereda Merino.
“Figuras
heráldicas. Su significado”. Editorial NILO industrias gráficas y Velmont
Productions.
“El
Grifo en la Heráldica Española”. Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio.
Historia
hispánica.
“Aula
activa de la naturaleza. Espinosa de los Monteros”. Félix Palomero, Magdalena
Ilardia, Francisco Reyes, Jesús Sánchez, Andrés Vilalmanzo, Julio Escalona,
Ezequiel Merinero, Miguel A. Ocaña, Isabel Corullón.