Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 26 de abril de 2026

Iglesia de El Vigo o el arte del reciclaje.

 
 
Vamos al viajar a la zona más al sur del Valle de Mena, al pie de los montes de la Peña, junto a la vía de ferrocarril “Bilbao-La Robla”. Estamos en el pueblo de El Vigo que, en 1352, era de realengo. Su nombre es una clara derivación del latín “vicus” (aldea). El lugar tiene una pequeña iglesia, de una nave con capillas en cruz latina, de tosca mampostería con piedra tallada en las esquinas. Su ábside es rectangular al que se le añadió la sacristía. El suelo tiene un embaldosado moderno en blanco con un pasillo de baldosas negras. Seis bancos nuevos acogen a los feligreses que miran a un sencillo altar sin retablo. La decoración de las paredes es inexistente: mampostería y encalado en blanco en la parte alta y las cúpulas. Poco llamativa si no fuese por un bajorrelieve románico sobre su puerta. Tiene una espadaña lisa rematada en cruz, con dos grandes huecos y un campanillo. Para tocarlo se ha creado un balcón de hormigón y barandilla de hierro que, a la vez, protege el tímpano románico.

Fotografía cortesía de Jorge Gutiérrez Alonso.
 
La iglesia está bajo la advocación de San Pedro y se construyó en 1818, como reza la inscripción grabada en la base del tímpano, pero con elementos de la antigua iglesia románica, que se encontraba cerca de la actual. Ese tímpano es considerado una joya del románico burgalés y está sobre la puerta. También hay un relieve fracturado embutido en el muro de mampostería. Quizá se emplearon más elementos del viejo templo -porque no hay que desaprovechar buena piedra- pero no se han llegado a identificar.

Fotografía cortesía de Carmen Baena.
 
La advocación a San Pedro se generalizó entre los siglos V y VIII, en una época de cultura neovisigoda en el norte peninsular. Es el momento en que comienza la reestructuración del territorio por Fruela I y muy especialmente por su hijo Alfonso II en los años finales del siglo VIII y mediados del IX. En Las Merindades hay varias iglesias bajo la advocación de San Pedro: Arceo, Argés, Barcina del Barco, Bortedo, Bustillo de Villarcayo, Condado, Consortes, Menamayor o Llano de Mena entre otras.

Foto cortesía de ZaLeZ.
 
En el relieve fracturado embutido de forma aleatoria en la pared vemos, por su pico, que representaría a una cigüeña. La cigüeña es una de las aves representadas en el bestiario románico y se encuadra entre las de “buen agüero”, representante del bien. Un ave monógama que come serpientes. De hecho, se le representa a menudo con una serpiente, símbolo del pecado, en su pico. Sirva, como ejemplo, la del Canecillo de la fachada sur de la ermita de Sotosalvos en Segovia.
 
El templo perteneció a la orden de San Juan en la encomienda de Vallejo de Mena.

Fotografía cortesía de ZaLeZ.
 
Por lo que hemos explicado, la antigua iglesia románica tenía un emplazamiento próximo, en la misma ladera, pero a mayor altura que el actual templo. En la internet podemos leer que, el tímpano, se encontró mientras se araba en unas fincas de labor cercanas. Ese lugar sería el emplazamiento de la iglesia románica levantada a finales del siglo XII o principios del XIII. Otras fuentes dicen que la iglesia estaría bajo el trazado del actual ferrocarril. Pero si el tímpano se encontró casualmente, ¿fue antes o después de construir la iglesia? Podría ser antes dada la disposición del trozo de cigüeña. Y si fue antes, ¿no podría haberse cogido de las ruinas del anterior templo? No tenemos respuesta y, en el fondo, lo dicho son meras conjeturas.

Fotografía cortesía de ZaLeZ.
 
El tímpano, labrado en un único bloque, tiene su superficie dividida en dos espacios: una rosca exterior a modo de arco y el espacio semicircular propiamente dicho. En el espacio interior hallamos la escena de Cristo portando la cruz camino del Calvario. Jesús tiene el pelo largo, el torso desnudo y va cubierto con el “perizonium” (Falda corta o paño de pureza), y ante él esperan dos soldados, uno armado con escudo de cometa y lanza y el otro con tenazas y martillo para clavarlo en la Cruz. Tras esos soldados se percibe una representación del Santo Sepulcro. Otros dos soldados se sitúan tras Cristo, uno con espada en alto y escudo de cometa y, detrás, otro con lanza y espada. Completan la composición un personaje barbado con una espada en la mano, que a diferencia de los guerreros que visten saya corta se cubre con un traje talar, y una mujer de severo rictus que muestra las manos enlazadas asiéndose con la mano izquierda la muñeca derecha, según un tradicional gesto de desesperación o dolor.
 
En la rosca del arco aparece reflejado el tema de la “Visitatio Sepulchri” o visita de las Tres Marías al sepulcro vacío de Cristo, símbolo de su resurrección, tal y como se recoge en el Evangelio según San Marcos: “Pasado el sábado, María Magdalena, María madre de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. [...] Y entrando en el sepulcro o cueva sepulcral se hallaron con un joven sentado al lado derecho [...]. Este es el ángel que aparece a la izquierda del arco con un libro en las manos, símbolo de que lo representado proviene de la Biblia. En el Evangelio de San Lucas, no se especifica que fueran tres mujeres y además habla de la existencia de “unos ángeles”, y en el Evangelio según San Juan, sólo se dice que fue María Magdalena y daba la cifra de dos ángeles. De ahí que el evangelio escogido para la interpretación esculpida en la piedra parezca ser el de San Marcos.

Foto cortesía de ZaLeZ.
 
Aunque en la zona superior del arco lo que encontramos son imágenes del Evangelio según San Mateo, ya que es el único en el que se habla de la custodia del sepulcro. Este evangelio relata que las mujeres que se acercaron fueron María Magdalena y otra María. Mateo explica que, tras la muerte de Cristo, sacerdotes y fariseos tuvieron miedo de que los discípulos robaran el cuerpo y dijeran que había resucitado, motivo por el que se presentaron ante Pilatos para pedirle que enviara soldados para vigilar el cadáver. En este evangelio se lee que, de repente, bajó un ángel del cielo e hizo rodar la piedra del sepulcro “de lo cual quedaron los guardias tan aterrados, que estaban como muertos”. Eso explica la actitud de los dos soldados tallados que guardan el sarcófago, uno parece dormido, y el otro se contorsiona girando la cabeza hacia arriba, posiblemente asustado por la aparición del ángel. Estas imágenes en piedra siguen el texto bíblico que transmite un discurso de salvación. La resurrección de Cristo explica y justifica la salvación de los creyentes. No es muy habitual este tema en los tímpanos románicos, aunque el santo sepulcro con las tres Marías y el ángel lo encontramos en uno de los machones del claustro de Santo Domingo de Silos.
 
Sobre María Magdalena y sus acompañantes vemos que aparecen con la cabeza velada y nimbadas, llevando la mano izquierda al hombro de la que la antecede, salvo la primera que la apoya en la moldura. En el lado opuesto vemos al ángel con un libro en una mano que, al igual que la primera de las Marías, lleva la otra mano al arco del tímpano. En la parte superior se encuentra el sepulcro abierto, del que sobresale una cruz y pende el sudario –aunque aquí el escultor se encontró con problemas compositivos–. La guardia del sepulcro se representó mediante dos soldados armados con yelmos, espadas y escudos de cometa.
 
La escena central de esta Pasión corresponde al camino del Calvario y la escena de las tres Marías ante el sepulcro, a pesar de la peculiaridad del ángel con un libro que no corresponde ni con el relato evangélico ni con las representaciones más habituales de este pasaje, a la resurrección. Por otra parte, es más difícil determinar el personaje que porta la espada con vestiduras talares y la mujer que se encuentra junto a él. El hombre podría ser Poncio Pilato (conocido por “Pilatos”) o, quizá, el centurión que se encontraba junto a Cristo en el momento de la expiación, pero no vestiría como soldado. Si fuese Pilatos nos remitiría al momento anterior al camino del calvario y si fuera el centurión se referiría al tiempo inmediato a la muerte de Cristo. En función de uno u otro momento identificaremos a la mujer que se encuentra junto al togado.
 
  • Opción A: esta mujer representaría a la muchedumbre que describe San Lucas (Lc. 23, 27) cuando dice que “seguíales gran muchedumbre de pueblo y de mujeres, las cuales se deshacían en llantos y le plañían” y esto lo asociaría con Poncio Pilato.
  • Opción B: La mujer es la Virgen María. Sería posible si el personaje de la espada fuera el centurión, lo que nos llevaría a Juan 19, 25: “Estaban al mismo tiempo junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena”. Esta última posibilidad parece descartable dada la ausencia de atributos como el nimbo, el propio gesto y que reincidiría con lo expresado en el arco.
 
El rostro de los personajes, especialmente llamativo por el tipo de expresión triste que tienen todas las figuras, con boca de comisuras caídas, vincula esta escultura con la ejecutada por los artistas que trabajaron en la próxima iglesia de Siones. Estilísticamente, el tímpano de El Vigo enlaza con la plástica de Siones, San Pantaleón de Losa, Santa María de Bareyo (Cantabria) o Añes (Álava), en definitiva, con un conjunto de iglesias norteñas donde desarrollaron su actividad talleres vinculados a la fuerte personalidad del de Siones. En función de tales relaciones, hay que situar la cronología del tímpano de El Vigo hacia finales del siglo XII y principios del XIII.

Foto cortesía de Jorge Gutiérrez Alonso.
 
 
Bibliografía:
 
“Iglesia de San Pedro”. Texto: AGG - Fotos: JLAO/AGG
“La historia y la geografía burgalesas reflejadas en su toponimia”. José Pérez Carmona.
“Advocaciones de San Pedro en tierras burgalesas: atributo del apóstol en el topónimo ibérico Cardenajimeno”. Nicolas Castrillo Benito.
“Informe sobre las pérdidas y daños sufridos por el tesoro artístico de la provincia de Burgos desde el advenimiento de la República, y principalmente durante los años de 1936 y 37 en que parte de su territorio del Norte fue ocupado por los rojos y separatistas vascos”. Luciano Huidobro y Serna.
“Amo a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
“Las Merindades de Burgos: un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
“Baúl del arte”. 
www.arquivoltas.com
Arqueohistoria Triskel 
www.romanicoenruta.com
Blog de “ZaLeZ”.
“Las Merindades, montañas de Burgos”. Javier Sáinz Sáiz.
“Miradas al románico de Las Merindades”. Esther López Sobrado.
“El Valle de Manzanedo. El Valle de mena”. María del Carmen Arribas Magro.
Los Santos Evangelios.