Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 2 de noviembre de 2025

La chica del camino rural.

  
¿Las leyendas urbanas son solo urbanas o pueden ser, también, leyendas rurales? Lo digo porque en la zona de San Zadornil ocurrió algo.
 
Muchas son las leyendas urbanas que nos podemos encontrar. Son relatos de transmisión oral o por la internet; jocosos o terroríficos; situados en lugares protectores como el hogar, un centro comercial o nuestro coche. Porque esa endeble caja de chapa nos parece un refugio. Así, leyendas con coche son: el coche patrulla; la madre fantasma; astucia de mujer; el coche sin conductor; el coche sin luces; o la chica de la curva, que es la que nos interesa.
 
El relato de la muchacha parada en una noche con niebla junto a la carretera, estática, vestida con un vaporoso camisón blanco, que es recogida por un conductor galante que piensa que es la víctima de un accidente de tráfico es muy conocido. Pone los pelos de punta cuando escuchamos que ella, en silencio, sube a la parte trasera del coche y que a pesar de que el conductor intenta darle conversación, la chica permanece callada… hasta que… “¡Cuidado con la curva!”. De pronto, una curva muy cerrada aparece entre la niebla y el chico da un volantazo. “¿Estás bien, señorita?” Pero, con él, no hay nadie.

 
Hay múltiples variaciones de este relato incluyéndose la frase “esta es la curva donde me maté”. Pero, aunque la ambientación del relato es contemporánea este cuento tiene cientos de años a su espalda. El mitólogo e historiador Joseph John Campbell dejó escrito que “La chica de la curva” sigue el patrón de “la jornada del héroe” o monomito: el protagonista inicia un viaje, encuentra dificultades que les sirven para madurar y regresa a casa. Durante ese viaje se encontraría distintos personajes, uno de los cuales es el guía o ayudante, que da al viajero una ayuda sobrenatural para que consiga llegar a su destino. La “chica” sería ese guía al ayudar al aventurero a sortear peligro de la carretera y seguir con su viaje. En la mitología griega, una guía sería Ariadna, que ayuda a Teseo a orientarse dentro del laberinto en el que se encuentra el minotauro.
 
Esta historia se ha rastreado hasta la edad media. Entonces la muchacha se subía a un carro y se decía que alertaba sobre algún peligro concreto del camino. Se la llamaba la Dama de blanco.

 
Pero, ¿había un sustrato real en esta historia de fantasmas autoestopistas? Quiero decir, ¿surgiría este relato a partir de experiencias donde se aparecían en el camino figuras humanoides que pudieran ser interpretados como guías? Relatos donde se han visto niños vestidos de uniforme en fila cruzando la carretera; los fantasmas del camping “Los Alfaques” observando a los conductores con expresión inerte; o una mujer morena de pelo largo que aparece detrás de una señal de tráfico. Y, también, a partir de situaciones como la que ocurrió en San Zadornil a Félix Martínez de Lecea, biólogo, y a su compañero Rafael.
 
Una fría noche de entre semana de un enero de los primeros años de la década de los noventa, durante la época de celo de las rapaces nocturnas (diciembre y enero), estaban Félix y Rafael organizando el censo del búho real, para la Junta de Castilla y León. Las rapaces nocturnas suelen tener dos picos de actividad: una al ocaso y otra aproximada a mitad de la noche, hasta las 4 o las 5 de la mañana. Los investigadores estaban aprovechando esta segunda fase.

Félix Martínez de Lecea.
 
Avanzaban en su coche hacia el Parque Natural de Valderejo por una pista que hay antes de llegar al pueblo de San Zadornil y que va paralela a la Peña Carrias (Karria en euskera). Hoy está asfaltada. El lugar del misterio está a unos tres kilómetros del pueblo de San Zadornil. Es un punto con leves curvas, pero con buena visibilidad incluso a través de las luces del coche. Para localizar a estas aves los biólogos tienen que escuchar su canto y para ello avanzaban poco a poco, paran, descienden, escuchan, montan en el coche...
 
De repente apareció una figura alta y estilizada delante de ellos, al lado izquierdo del camino. La luz del coche alumbró la figura de una mujer alta, muy estilizada, rubia, con el pelo muy lacio... de edad indeterminada. Vestía una túnica negra que ocultaba sus pies. ¿Los ocultaba o no existían? Otro aspecto que llamó la atención a Félix y Rafael fue que la figura irradiaba una luminosidad que la hacía muy visible. Llamaba la atención. Estaba quieta.
 
El coche pasó despacio a medio metro de la figura. Los biólogos miraron hacia la izquierda en total silencio. La mujer ni se inmutó. “Si nos llega a mirar o se mueve, pues ya le asignas unas cualidades humanas, pero ese hieratismo, esa inmovilidad, te impresionan mucho más... Por los rasgos te dabas cuenta de que no era un monigote o un muñeco que estaba allí puesto, tenía vida” dijo Félix en una entrevista.
 
¿Esa figura estaba ya allí o apareció cuando llegaron los Félix y Rafael? No hay respuesta.

 
No tuvieron miedo. Sorpresa, impresión tal vez. Sobrepasaron la figura pensando en lo que habían visto. Estaban extrañados. En un momento determinado se plantearon desandar el camino… cuando a los 300 o 400 metros… ¡vuelve a aparecer la mujer en las mismas circunstancias!
 
En ese momento Rafael y Félix se alarmaron. Buscaron un lugar donde girar y “estudiar el fenómeno”. Pero ya no había nadie. O nada. Sabían que no había sido un espejismo porque ambos habían visto lo mismo. Y, aunque hubiesen bebido, los delirios alcohólicos no se comparten. Pero descartemos eso porque estaban trabajando y conduciendo. Y no había somnolencia puesto que el frío de enero los mantenía espabilados.
 
Podemos pensar que “de noche todos los gatos son pardos” y unas ramas, un paisano o un animal salvaje iluminado por la luna les confundiese, pero era una zona muy abierta y alejada del pueblo...
 
Han vuelto muchas veces al lugar y nunca más les ha ocurrido lo mismo. Si hubieran sido otras personas u otro momento histórico quizá estuviésemos celebrando la aparición de la Virgen de San Zadornil. O “El rayo de luna” de Gustavo Adolfo Becker.
 
 
Bibliografía:
 
Periódico “Marca”.
Periódico “El mundo” (elmundo.es)
“Burgos Misterioso”. Juan José López.
“Los tramos de carretera más misteriosos de España”. Novatrans.
Periódico “El norte de Castilla”.
 

domingo, 23 de junio de 2024

San Juan Bautista en Las Merindades.

 
 
Este día de San Juan Bautista es uno de los tres nacimientos que celebramos los católicos, junto al de la Virgen y el de Jesús. El culto a San Juan empieza en el siglo V, en la misma fecha que hoy: 24 de junio. Aunque el solsticio de verano es el 21 de junio, más o menos. La desviación es cosa “del tiempo”. Ya el poeta latino Ovidio contaba cómo era preciso cruzar, esos días, tres veces saltando la hoguera en la fiesta de Palas Atenea y cómo pasaban su ganado a la carrera sobre una línea en llamas para protegerlo de las alimañas. El cristianizador del solsticio fue Benito de Nursia por la relación de este santo con el agua purificadora del bautismo. Religiosidad judía y paganismo, de origen indoeuropeo, se fundieron dando lugar a la Noche de San Juan. Y es una muestra del sincretismo marca de la casa cristiana donde se aprovecha todo lo pagano que no atenta contra los dogmas de la Iglesia. San Agustín decía, en uno de sus Sermones: “Nosotros solemnizamos este día, no como los infieles a causa del Sol, sino a causa del que ha hecho el Sol”.

 
Gracias a los ritos solares la humanidad primitiva creó mitos y leyendas que hoy sobreviven como meras supersticiones. Había, y hay, dos puntos destacados: el fuego como destructor del mal y el agua como elemento purificador. Es decir, honrar al Dios solar (fuego, coronas, flores) y festejar al Dios de la lluvia o de las tormentas (baños, lavados en las fuentes, y paseos por el rocío de los campos). También ciertas plantas, como la albahaca o el helecho, adquieren propiedades curativas y están presentes en la noche de San Juan. Toda la naturaleza y sus principios vitales eran fuente de salud durante esta noche y su madrugada. ¿Por qué ocurre esto? Los paganos, y después nosotros los cristianos, asumían que, en determinadas fechas, la virtud purificante y curativa descendía de los Cielos a las fuentes, como descendió el espíritu del Señor sobre la piscina de Siloé rizando, como un aire, el cristal de sus aguas y curando al ciego.
 
Esta expansión del culto al bautista llegó a los visigodos. Y a Hispania. En el río Pisuerga había unos baños con aguas medicinales, consagrados a las ninfas de la religión romana. El rey Recesvinto acudió allí aquejado de dolores nefríticos. Y, tras sanar, erigió una ermita bajo la advocación de Juan el Bautista, el año 661.

 
Lo cierto es que en esa tercera noche del verano celebramos que el sol llega a su máxima latitud, al trópico de Cáncer, y marca un momento de esplendor en los campos. El antropólogo James George Frazer, al referirse a las ceremonias sanjuaneras de España, alude a las hogueras que duran toda la noche y añade: “En las costas, las gentes se bañan en el mar; en el interior, los aldeanos se pasean y se revuelven desnudos en el rocío de las praderas, que pasa por un preservativo soberano contra las enfermedades de la piel”. En Fresno de Losa, en el verano de 1999, el entrevistado de Elías Rubio contaba que iba “a bañarse desnudo en el rocío de San Juan, antes de salir el sol, a revolcarse en el rocío desnudos. Mis abuelos lo decían. Era para la sarna”. Y uno de Sotoscueva (1998) dejaba constancia de que “por la mañana de San Juan ibas a remojarte con el rocío de San Juan. Y no te entraba la enfermedad. Yo sí lo he visto, era antes de salir el sol”.
 
Dicho esto, para el siglo VII la fiesta del 24 de junio estaba muy extendida, por lo que se deduce de los consejos de san Eloy -o Eligio (588-660)- a sus feligreses: “No creáis en las hogueras y no os sentéis cantando, porque todas estas prácticas son obras del demonio. No os reunáis en los solsticios y que ninguno de vosotros dance, ni salte, ni cante canciones diabólicas el día de la fiesta de san Juan, ni de otro santo”. De todos los ritos asociados a esta noche mágica, el del fuego es el que más ha perdurado, tanto saltando la hoguera como pisando las brasas. Los cristianos mozárabes tenían costumbre, la noche de San Juan, de regar sus casas y sacar los vestidos al rocío. O los olivos milagrosos en Granada.

 
Como llevamos puntualizando desde el inicio de esta entrada, esta fecha se relaciona también con el agua para curar enfermedades, neutralizar maleficios, proteger el hogar y conferir fertilidad o dotes adivinatorias. Nuestros antepasados adoraban los ríos, manantiales, y especialmente las fuentes, donde veneraban a los espíritus de la naturaleza. Antaño, los campesinos ofrendaban a las fuentes pan y vino, considerando al agua como principio y origen de toda vida, por su condición creadora, purificadora y fecundadora de la tierra. Además, era el único elemento capaz de vencer al fuego. El poder purificador del agua -de fuentes, ríos, mar o rocío- duraba hasta el despertar del día veinticuatro de junio lavando las manos y el rostro con hierbas y flores de San Juan (como hinojo, helecho macho o ramos de aliso), que se debían coger antes del anochecer. Tenían un fin profiláctico, curativo o mágico. Sarpullidos, verrugas, enfermedades de la vista y mal de ojo desaparecían con la combinación de estos elementos en un recipiente expuesto toda la noche a la luz de la luna y en dirección a oriente, para recibir así las primeras luces de la aurora, y a la vez servían de antídoto contra la vejez.
 
Incluso había preocupación por la salud de los animales porque estos entrevistados contaban que “había un vecino que tenía un rebaño [de] cabras, y por la mañana de San Juan, temprano, antes de que saliera el sol, pues las iba cogiendo y todas las iba tirando al pozo, a una charca que había, para mojarlas todas; dice que no tenían sarna ya, que no las entraba la sarna”. En Villarías, 1997, contaban que “el día de San Juan, a bañar todos los bueyes al río antes de salir el sol. Yo siempre lo veía, y era muy pequeña. Se cogía agua del rio para que no se ponga mala la gente. Nos bañábamos en casa, y luego la tirábamos”. Un residente de La Aldea contaba que “Se salía a lavarse. Y se hacía agua en unas hierbas que se llaman mallares. Y ésas se llenan de agua. Y, aunque haga calor, ésas siempre se llenan de agua, ésas siempre tienen agua, y con ésa se iba a lavarse, porque dicen que crecía el pelo. Crecían a orillas de los arroyos los mallares. Y, como tenían vaso, pues con eso se lavaban. En mi pueblo, la mañana de San Juan se bajaban todos los bueyes a bañarse al río Nela, en ese puente que ha cruzado usted. Pues allí se juntaban los pastores con la vereda. Y a hacerlos atravesar el río, hacerlos cruzar el pozo que había grande. Los bueyes pasaban a nado, muy pronto por la mañana”. Era el año 1990.

 
Tomar, coger o recoger la flor del agua ha sido una acción mágica que durante siglos ha estado presente en el imaginario y en las tradiciones de muchos pueblos peninsulares, sobre todo de las provincias del norte. Consistía, en que las mozas solteras debían madrugar el día de San Juan, salir de casa antes del alba, correr hasta determinada fuente -la que la tradición señalase- y arrojar sobre sus aguas una flor, o un ramo, o bien llenar el cántaro, o cumplir algún otro rito, con tal de que ella fuese la primera. Eso la señalaba como la moza que había cogido la flor del agua, y significaba que ese año sería muy bueno para ella en cuestión de amores, que se echaría novio o que se casaría. En Bortedo (2003), los informantes de Elías Rubio Marcos contaban que “echaban unas flores en la fuente, y luego, de muy madrugada, iban a coger la flor y el agua. La víspera se echaban unas rosas en la fuente, y a otro día por la mañana, pues madrugaban, a ver quién madrugaba más. Y una prima de mi madre, pues iba corriendo. Y resulta que se encontró que un primo ya lo había cogido. Ya venía con ella. Le tiró la rada de agua, que era una rada de esas de cobre. Y el otro llegó a casa llorando. Y luego se engancharon los dos cuñados”. Este es un claro ejemplo de la importancia que se le daba a esta noche.

 
Noche propicia también para intentar adivinar el futuro, por ello algunas jóvenes dejaban al sereno, a las doce en punto de la noche un plato con agua, en el cual ponían la clara y la yema de un huevo. Al romper el día, observan la forma que ha adoptado el contenido, analizando la silueta que el huevo ha dibujado como si de un caprichoso lienzo se tratara y dando rienda suelta a sus pensamientos y deseos. Así, si se parece a un barco, su novio será marinero; si a un martillo, carpintero; si a un castillo, militar, etc. Esto lo ratificaba un informante de Huidobro (1997) que decía que “siempre se decía que, si el día de San Juan cascaban un huevo y le echaban en un vaso de agua, si subía la rama, es que iba a salir novio. La rama es la clara, que sube como para arriba”.
 
A su vez, la persona entrevistada en Valmayor de Cuesta Urria, en 1998, dejaba registrado que “las mujeres salían algunas a buscar la flor del sabuco el día de San Juan. Me acuerdo de ver a mi madre. Decían que era bueno para los caballos cuando se ponían como acatarraos. Hacían humo con aquello, y se le metían en las narices, como vahos. Y le ayudaba mucho”. Y, en Plágaro, contaban en 1997: “Lo único que siempre se hacía es coger saúco. Lo guardaban para cuando un caballo, por ejemplo, se cogían el muermo, que decían: un catarro. Y [entonces] le daban los humos. O para desinfectar la casa: ponían en el portal, en un balde, fuego, unas brasas. Y allí ponían el saúco, como un incienso, para que...”

 
En Munilla (1997) “solían decir que las hierbas que se cogían en la mañana de San Juan valían para siempre. Cogíamos por la mañana flores de malvas (y de) sabuco (saúco). El sabuco más bien para el ganado. Cuando tenía hinchada una pierna, se hervía el sabuco. La malva era para el catarro”. En Argés (1997) grabaron que “una vez nos llevaron a las chicas a la sierra. Pasamos el río. Entonces no había puentes. Anduvimos por allí, por la sierra, para coger sanguinaria, que parece que era para quitar esa cosa de la garganta, de anginas y esas cosas. [La sanguinaria] es una planta pequeñita. Se conservaba a la sombra todo el año. Era como manzanilla, pero más pequeñita”.
 
Con todo esto, desde Siete Merindades, esperamos que, en la mañana de San Juan, recuerden estas tradiciones eternas de la cultura occidental.
 
 
 
 
Bibliografía:
 
“La noche de San Juan”. María de los Ángeles Lamprea Chaves.
“El folklore del día de San Juan”. José María Iribarren.
“Leyendas y tradiciones de la noche de San Juan en la provincia coruñesa”. Manuel Cousillas Rodríguez.
“Famosas fiestas de San Juan. Análisis de las fiestas de Granada”. Demetrio E. Brisset Martín.
Revista “Kobie”.
“Creencias y supersticiones populares de la provincia de Burgos. El cielo, la tierra, el fuego, el agua, los animales”. Elías rubio Marcos, José Manuel Pedrosa y César Javier Palacios.
 
 
 
 

domingo, 11 de febrero de 2024

El enigma de otro mundo.

 
 
Recurrimos al título de una película de serie B del año 1951 que se estrenó en España en 1952 y que fue un éxito de taquilla para hablar de un incidente que ocurrió en Las Merindades. Se produjo en el otoño -o principios del invierno- de 1975 y, ya entonces, el “cazamarcianos” oficioso del momento, Juan José Benítez, entrevistó, sin nombrarlo, a uno de los testigos en su obra “100.000 km tras los OVNIs”. ¿La razón de ocultar su identidad? Estaban cazando en el monte, a las 02:30 horas de la madrugada y sin permisos oficiales. Permiso parecían tener del propietario de la finca donde se solían apostar para ejercer cierto “control cinegético” con la población de jabalíes. Vamos, que eran unos furtivos con “licencia” para cazar. Se apostaban cerca de los campos de trigo del estrecho valle y del camino de paso de los jabalíes. Y a esperar.

 
Tenemos, por tanto, a tres animosos cazadores que desde Villarcayo se van a un monte cercano a San Martín del Rojo en el Valle de Manzanedo a disfrutar de una fría noche invernal, u otoñal. Son Pablo Casado -no confundir con el efímero dirigente político del PP-, Bruno Lurachi y José Luis Laso. Se colocaron en dos puntos diferentes de la vereda. Bruno y José Luís estaban separados en una pequeña elevación y Pablo un centenar de metros más abajo. La ubicación de los tres era cercana a una antigua prospección petrolífera.
 
Por la ladera donde estaban apostados distinguieron a lo lejos una potente luz a pesar de que la luna estaba en cuarto menguante y brillaba. Bruno lo vio el primero y avisó a José Luis, que estaba apostado algo más arriba. Pero se dieron cuenta que Pablo estaba colocado en el camino de la luz.

Finca donde se produjo el avistamiento
 
“¡Nos asustamos mucho! Primero pensamos que eran otros cazadores, pero la luz era tan fuerte que lo descartamos. Entonces José Luís me leyó el pensamiento: ¿y si es la Guardia Civil? ¡Están cerca de Pablo! No es posible. ¡Esa luz es muy fuerte y está muy alta, está en el aire!”. Comentó recientemente Bruno. “Es lo más terrorífico que he vivido nunca” insistió. Les produjo tanto miedo que fueron incapaces de acercarse a Pablo que, desde la perspectiva de Bruno y José Luis, estaba más cerca de aquello. De la cosa. De la luz. Del ovni.
 
“Yo – comentaba Pablo en alguna entrevista- estaba sentado en el borde de la campa con la escopeta sobre las piernas y la cartuchera a mi lado, pero no tenía miedo, no en ese momento. Era todo lo contrario, estaba todo en calma y yo tenía una sensación como de sueño, pero de eso me di cuenta después”. Podemos desconfiar de la historia, pero hay elementos comunes a diferentes testigos y relatos que llevan a reflexionar sobre si, de verdad, vieron algo. Uno de ellos es el llamado “efecto sueño” que describe Pablo.

Pablo Casado explica lo que vio a Iker Jiménez.
 
Y el relajado Pablo disfrutó de una vista directa del objeto sito como a unos doscientos metros: “De pronto veo venir una luz por encima de los árboles y pienso que será otro cazador, pero a mí mismo me decía que era imposible, esa luz iba por encima de los carrascos, nadie podía ser tan alto”. La luz se detuvo a la vista de Pablo y de sus dos compañeros. “El objeto era igual que una pera de cristal”-lo encuadraríamos entre los OVNI de forma campaniformes- con la parte central opaca. El de Manzanedo mediría unos cuatro metros de arriba a abajo y de la parte alta salían como unos brazos que se doblaban y apuntaban hacia abajo y había una barra vertical que iba desde la parte superior hasta la base, y lo más extraordinario de todo, en su interior agarrado a la barra se encontraba un ser muy alto, de unos dos metros y medio de altura, con el tronco y los brazos muy largos. Las piernas, en proporción, más cortas y con una cabeza abultada. Este ser parecía manejar el aparato. 


Pablo cuenta que el aparato aterrizó en el humedal lleno de juncos cerca de él. Permaneció así durante unos cinco minutos para, después, apagarse y, luego, emitir potentes ráfagas de luz blanca –“como de fluorescentes” comentaría Bruno a Iker Jiménez- que procedían de su parte superior. Estas luces iluminaron todo el valle algo que asustó a los tres cazadores.
 
A los pocos segundos de desprender esas potentísimas ráfagas de luz, ascendió a toda velocidad hacia el firmamento, desplazándose en forma de “S” y convirtiéndose en una estrella muy brillante. En sus respuestas al investigador mirandés Juan José López resaltaron lo silencioso que era el aparato.

Javier Sierra y Bruno Lurachi. 
 
Bruno, Pablo y José Luis, ¡al fin!, son conscientes de que podían haber sido abducidos o asesinados -fueron conscientes de su miedo- y corrieron. Pablo llegó al apostadero de sus amigos sin resuello y luego, los tres, escaparon hacía el alejado SIMCA 1200 con el que habían ido a cazar. Atrás dejó Pablo Casado sus cartuchos y “llevó la escopeta porque la tenía en la mano”. Durante el viaje vigilaban el cielo por la ventanilla trasera… “¡Corre, corre, que nos coge, que nos coge!”.
 
En Villarcayo, en casa, Pablo contó lo sucedido a su familia. Más que sus palabras fue su actitud lo que les convenció de lo que contaba el cabeza de familia. Incluso salieron a mirar el cielo y Pablo les señaló el OVNI. En una entrevista reciente la hija de Pablo afirmó que la estrella que su padre le señalaba, ciertamente, era más brillante que los demás astros.

 
Al día siguiente, en los bares de Villarcayo, no se hablaba de otra cosa. Y no era porque los tres cazadores eran objeto de chanzas y bromas ya que mantuvieron sus bocas bien cerradas sino porque otras personas aseguraban haber visto a altas horas de la noche una anormal luminosidad que atravesaba el cielo. Ese mismo día, según recuerda Bruno, fue abordado por la mujer de Pablo: “¿Qué os pasó anoche? Pablo se ha duchado, se ha metido en la cama y no quería saber ni decir nada, ¡hoy me lo ha contado! Pero, ¿qué fue eso?”. Lurachi le respondió que era tal cual le había contado su marido. Si se fijan hay una contradicción entre este recuerdo y lo contado por la hija de Pablo. No digo más.
 
Pablo, Bruno y José Luis tardarían en hablar abiertamente de ello unos treinta y cinco años. ¿Estaban equivocados al afirmar que vieron un platillo volante? ¿Habían visto el reflejo de un coche? Bueno, en su defensa podemos decir que en esos días se produjo el avistamiento de Quintanaortuño, a unos 50 km, donde unos soldados observaron cuatro objetos parecidos en tamaño y forma a lo visto por nuestros cazadores.

 
Bruno Lurachi concluyó una entrevista en 2017 afirmando que me marcharé de este mundo con ello... ¡Que digan lo que quieran! ¿Qué estoy loco? Que lo digan... Si yo hubiera estado solo, pues vale, pero ¡tres, estábamos tres! Volvimos a nuestras casas... (…) Bruno no ha pasado tanto miedo jamás... ¡jamás! Eso era real, y te lo juro por lo más sagrado”.
 
 
Bibliografía:
 
“Burgos Misterioso”. Juan José López.
“Crímenes y misterios en Las Merindades”. Varios autores. Ed. MERPRESS.
Programa “Cuarto Milenio”.
Periódico “Crónica de Las Merindades”.
 

domingo, 15 de octubre de 2023

Moon Walk en La Cerca

 
 
Nuestra máquina del tiempo, cual Dr. Who en su Tardis, nos lleva hoy hasta el 25 de marzo de 1981 cuando Benito y su yerno Fernando Peña trabajaban la tierra, de noche, cerca de la carretera BU-551. Fernando recuerda la fecha porque fue el día en que liberaron al futbolista “Quini”, una gran estrella del futbol patrio de los setenta y ochenta. Bueno, pues el misterio se les enfrentó a la altura de la curva de la Maza a unos 15 km. de Medina de Pomar, entre Villamor y La Cerca. Empecemos por el principio, serán las dos de la mañana cuando, cansados en esa noche fría, decidan irse a casa. Cada uno a la suya. Fernando arrancó su SIMCA 1200 y salió primero bajando por la carretera que lleva desde las fincas de labor hasta La Cerca. Benito con el Tractor más lento, se queda atrás.

 
Pero todo cambiará cuando Fernando, a la altura de esa curva de la Maza, al lado del Molino del mismo nombre, en la zona donde fluye el arroyo de Pichiruela, vea una luz en una campa situada en la otra orilla del río, a su izquierda. Contará que la luz iluminaba una zona amplia de la ladera; que era de color naranja; que medía unos cuatro metros de largo por unos tres de alto; y que tenía la forma de cono sin punta (lo que los puristas llaman forma troncocónica); que era intensa, pero no cegadora; y que era opaca.
 
A diferencia de algunos casos de “Cuarto Milenio” el coche de Fernando no sufrió una rara avería ni se paró, sino que lo paró él intrigado. Desde su asiento, tras bajar la ventanilla para verlo más claro, observó la luz situada a cerca de cien metros. ¿Qué la causaba? ¿Un coche? No. ¿Un Tractor? Menos aún. ¡¿Qué era?! ¡¿Qué?!

 
No sabía que era, pero sí sabía que no es hora de un “encuentro en la tercera fase” y Fernando arranca el SIMCA 1200 para largarse, pero con un ojo en la luz de la otra orilla del río. Esta le sigue a la misma velocidad manteniendo esos cien metros de distancia. Muchos años después reduciría ese espacio hasta unos terribles treinta metros. De hecho, Fernando cada vez iba más despacio deseando que le alcanzase su suegro con el lento tractor. Para cerciorarse de que no se engaña decide parar al llegar a la iglesia de La Cerca. ¡Cielos! cuando el coche se detiene la luz también lo hace. No hay duda: lo persigue. Fernando arranca y avanza hasta decidir detenerse entre dos chalés de cara a la luz. Se bajó del coche o no porque a Fran Renedo le dijo: “Y no sé por qué, pero comencé a mover los brazos por la ventanilla y llegué, incluso, a abrir la puerta del automóvil con medio pie abajo y a darle a las largas y a las cortas de las luces del coche, para comprobar si me respondía o se marchaba”. Se bajó, o no, para enfrentarse a la luz que seguía guardando las distancias y permanecía a unos pocos metros de altura. Agita brazos y da las luces, como hemos dicho, a modo de precario morse. Parece que este era ya el momento de un “encuentro en la tercera fase” cercano. Es decir, relativo a “La Cerca”. La pena es que con los haces de luz no se puede “tocar” las notas RE-MI-DO-DO-SOL de la película de Spielberg.

La Cerca.
 
Y, quizá porque no tocó esas famosas notas (búsquenlas en la red de redes) la respuesta no llegó. Fernando pensó en despertar a algún vecino del pueblo para pedirle ayuda o, cerciorarse de que no alucinaba. Pero dada la hora se puso en marcha y la luz mantuvo la distancia. Para cuando llega al puente que cruza el río y que le obligaría a dirigirse hacia la luz sus nervios le traicionan. Se dio la vuelta en busca de Benito que venía a paso tranquilo con el tractor. ¿Qué hizo la luz? Desanduvo el camino tras Fernando y su SIMCA 1200. Pero solo hasta la curva de la Maza que, si se fijan, fue el lugar donde apareció por primera vez.
 
A estas alturas a Fernando eso le da igual. No parará hasta alcanzar a Benito unos pocos kilómetros más adelante. O más atrás. Para en el camino y se acerca a su suegro para contarle lo sucedido. Montan en sus vehículos y llegan hasta la curva de la Maza… ¡Dónde sigue la luz!
 
Cuando pasan frente a esta les vuelve a perseguir. El OVNI sobrevoló unos árboles y una nave agrícola que estaba en su camino. Benito y Fernando están muy asustados y apuran la distancia hasta el siguiente pueblo. Dos kilómetros muy largos. Pero, al llegar cerca de un prado llamado Las Encimeras, donde hay unas curvas en zigzag y ya se vislumbra Villatomil, la luz se detendrá y emitirá unos potentes destellos que iluminaron todo el monte, "parecía de día", comentará Fernando. Al poco tiempo, a gran velocidad y sin emitir ruido alguno desaparecerá por encima del monte de Los Rosales. En otra ocasión dijo: “nosotros nos paramos y la luz continuó unos metros más allá. Entonces comenzó a cambiar de color y rápidamente ascendió hasta el cielo, perdiéndose de vista en un suspiro. Se fue hacía el monte Los Rosales, hacia el sur. La luz tenía un tono anaranjado, hasta ese último momento en que se elevó y desapareció, donde fue tomando un color más claro, intenso, que hacía ver todos los montes y prados por donde pasó como si fuera de día”.

 
Cuando Fernando y Benito contaron lo sucedido a su familia y, en los días siguientes, tras charlar con amigos descubrieron que no eran los únicos que habían visto la extraña luminaria. Hubo tres casos más esos días: uno en el Páramo de San Román (pueblo abandonado a pocos kilómetros), uno en Bustillo y otro cerca de Villatomil.
 
Una persona que gustaba de pasear por el Páramo de San Román estaba descansando sentado en unas raíces a la orilla de un camino, cuando, según contó él mismo, una luz se le echó encima, le cegó completamente y desapareció. En este caso esta persona dijo que el objeto desprendía olor a azufre. Por cierto, era de día. Un dato importante.
 
El de Bustillo aseguró que la misma madrugada que Fernando y Benito vieron el OVNI, sobre la misma hora, se encontraba trabajando en una finca de su propiedad metiendo tubos en la tierra. De repente, él y sus trabajadores, vieron bajar una luz que pasó sobre sus cabezas alumbrándolo todo. Lo interesante es que esta población, Bustillo, está hacia el sur de Villatomil.
 
El protagonista del tercer caso, el de cerca de Villatomil, estaba pescando cangrejos por la noche se sorprendió al encontrarse con esa luz troncocónica misteriosa que iluminaba el río. Creyó que el ente le hizo señales. Asustado escapó de allí.

Blog "Misterios del Aire"
 
La opinión de Juan Carlos Victorio en su interesante blog “Misterios del Aire” es que lo que vieron Benito y Fernando agricultores fue la Luna. Nos explica que todo comenzó al pasar la curva de La Maza alrededor de las dos de la madrugada. Fernando, que iba en dirección a La Cerca, vio el OVNI al otro lado del río, es decir, a su izquierda. Y, ese día, a esa hora y en esa dirección estaba a poca altura… ¡la Luna! Fernando y Benito insistieron en que su perseguidor mantuvo la distancia y que avanzaba a la velocidad de ellos. Podría achacarse a la burda ilusión de paralaje donde un objeto lejano parece copiar nuestra velocidad.
 
¿Cómo no pudieron identificar la Luna? Esa noche el cielo estaba parcialmente nuboso lo que acentuó la ilusión de ver un objeto silencioso, anaranjado, que iluminaba los campos y situado a unos cien metros de distancia. La cosa empeora si el testigo necesita gafas, tiene la vista cansada u otras afecciones oculares. Además, nuestro entorno cultural nos empuja a pensar en OVNIs como antes hubiéramos pensado en apariciones marianas. ¿Y cómo explica Juan Carlos la rápida marcha del OVNI hacia el Monte Rosales? Mirando desde Villatomil, la Luna estaba en esa dirección. Y desaparece porque la ocultan las nubes.
 
No sé yo si esto aclarará las declaraciones de los demás testigos del avistamiento en otras localizaciones…

Villamor.
 
Si no fue la Luna, ¿qué vieron? La existencia de otros testigos aparte de Fernando y Benito o el denunciar el encuentro en diferentes lugares y momentos -día y noche- nos obligaría a descartar que sea una alucinación o la Luna. En una reciente entrevista Fernando opinaba: “Hoy tengo que pensar que al menos no era normal. En la actualidad, con la cantidad de aparatos y tecnología que existe, como los drones y otras máquinas semejantes, podría tener mis dudas. Además, tenemos cercana la base aérea de Las Navas y estamos familiarizados con los helicópteros y otros aviones que aterrizan por allí. Sin embargo, aquello no tenía que ver nada con esto. Ni en el tamaño, ni en el comportamiento, ni en nada. Lo que pensaba en aquellos años lo sigo pensando hoy y hasta la actualidad nadie me ha podido dar una explicación. Qué sería o de dónde vendría, no lo sé. Pero que era una cosa rara y desconocida en aquel tiempo y en este, se lo aseguro”.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Misterios y enigmas del norte de Burgos”. Fran Renedo Carrandi.
“Crímenes y misterios en Las Merindades”. Varios autores coordinados por Roberto Palencia.
Periódico “Crónica de Las Merindades” (2011).
Blog “Misterios del aire”.
“Análisis clínico de casos de malentendidos OVNI con la Luna”. Eric MAILLOT. (en francés, accesible mediante el traductor de Google).
 

domingo, 19 de febrero de 2023

¡Será por no comer! o la historia de la histérica Amalia. (y 2)

 
Dejábamos a Amalia tumbada en su cama y a su médico de cabecera intentando convencer a la Academia de Medicina para que se interesase en el caso. Por ello, desde finales del año 1924 hasta mediados de 1925, el trasiego de misivas entre el Doctor Manuel Gutiérrez y la Real Academia Nacional de la Medicina fue continuo. El Dr. Criado y Aguilar, Secretario de la Real Academia de la Medicina, presenta ante al Comité de la misma, un elaborado estudio de cincuenta y dos páginas a doble cara en las que expone al Comité Médico de la R.A.N.M. con multitud de detalles médicos, el caso de Amalia así como sus impresiones al respecto: "(...) hay que substraerse de la aureola sobrenatural de que la imaginación más impresionable, perspicaz y ágil que la reflexión razonadora, se ve incitada a revestir la historia de esta desgraciada enferma, pues nuestra fantasía, antes de que nuestra razón actúe, ya se ha percatado de que los hechos en cuestión, no encajan en el marco de la realidad cotidiana, sino, que eluden el cumplimiento del código biológico."

"Pueblo Cántabro" (09/11/1924)
 
El Doctor Criado y Aguilar buscaba tanto conocer la causa del mal de Amalia, y solucionarlo, como descubrir el motivo de su supervivencia. En su informe presentó un estudio referente a las necesidades nutritivas de un cuerpo adulto que es alimentado únicamente a base de leche, emplea ejemplos de supervivencia sin alimentación que se dan en el reino animal como pueden ser el de los osos polares y su periodo de hibernación, o cuenta la existencia de un libro del año 1852 en que otro médico recoge un caso "similar", aunque como el propio académico reconoce, las diferencias entre Amalia y la otra enferma son evidentes: "la enferma de su historia, sesenta y cinco años de edad, era ciega, tenía la cabeza inclinada sobre el pecho, las rodillas casi tocando con el rostro, las pantorrillas como pegadas a la parte posterior de los muslos y la parte anterior de estos al vientre, sus manos, la una se hallaba recostada sobre el pecho y la otra bajo sus inmóviles rodillas, permanecía en un estado de adormecimiento tal, que muchas veces no respondía aunque se la llamase y parecía como aletargada".

"El pueblo cántabro" (03/12/1924)
 

Con todo ello, el Doctor Criado concluye: “(…) Jamás se habrá presentado a esta Real Academia un problema científico tan digno por sus inmensas dificultades. Semejante tarea invita a todos los Sres. Académicos a su prestación intelectual en busca de la necesaria interpretación. (…)¿Cómo sostiene esta enferma, sin alimentarse y sin beber, su calorificación tan intransigente y apremiante que es "conditio sine quanon" de la conservación de la vida, el funcionalismo de todos sus órganos, el ejercicio de su inteligencia, de sus sentidos y de su afectividad, la integridad en la fundamental de sus innumerables regiones de elementos celulares y para mayor misterio, ¿cómo conserva una regular apariencia en su hábito exterior bajo el punto de vista de la nutrición del color y expresión de su fisionomía y energía de la voz?”

"Pueblo Cántabro" (18/12/1924)
 
Este médico explicaba la operación quirúrgica que proponía como remedio: la conocida gastrectomía que hoy en día reciben enfermos de cáncer u otras patologías de ese órgano. El Dr. José Codina y Castellví tras alabar el trabajo del Dr. Criado y Aguilar sospechaba que Amalia era un engaño. Pero el dos de marzo de 1925, la Real Academia en Junta, aprobó que las autoridades sanitarias de la región dictaminarán sobre la posibilidad de trasladar a la enferma a Madrid, para examinarla. El médico Manuel Gutiérrez dijo que no creía posible el viaje a la villa y Corte. Visitó a Amalia Baranda el Inspector Provincial de Sanidad de Burgos, junto al subdelegado de Medicina del distrito correspondiente al pueblo de Espinosa de los Monteros, determinando que podía viajar a Madrid y que la familia estaba de acuerdo siempre y cuando viajase el doctor Gutiérrez. Pero no visitó Madrid.

"Diario de la Marina" 
(05/02/1925)
 
A todos los médicos sorprendía la resistencia a la muerte por inanición y deshidratación de Amalia. Mostraba los ya comentados síntomas habituales de falta de líquidos: sed intensa; la mucosa de la boca seca y pegajosa -que trataban de ser paliados mediante colutorios (enjuagues) que escupía al dolerle su ingesta-; hundimiento de los ojos; la falta de elasticidad en la piel confirmada por fotos y la dificultad en inyectar el Phosphorrenal; y disminución de lágrimas y de orina.

"Diario de Palencia" (14/05/1925)
 
Todos los médicos conocían las señales de dejar de comer que empiezan con la quema de la glucosa almacenada en el hígado y músculos (glucógeno). Este almacén se agota a las doce horas y empezamos a producir nueva glucosa a partir de aminoácidos y ácidos grasos extraídos del músculo y tejido graso subcutáneo. Pasados unos diez días, el metabolismo va adaptándose para conservar las proteínas y van disminuyendo las necesidades basales, así como va cambiando el sustrato energético, que pasa de ser exclusivamente la glucosa a los cuerpos cetónicos (cetosis), producto éstos del catabolismo de las grasas. Pero entre los veinte a cuarenta días, si persiste el ayuno, se agotarán las reservas del tejido adiposo y comenzará la utilización de las proteínas, primero del músculo esquelético y después también del visceral. Podría decirse que el cuerpo se consume a sí mismo para transformar estas proteínas en sustancias que puedan aportar energía (glucosa). La desnutrición afecta entonces a los órganos (hígado, corazón, riñón...), deteriorando su función, así como una caída de las defensas. La muerte puede producirse por alteraciones cardiocirculatorias, hidroelectrolíticas, intoxicación por acumulación de sustancias tóxicas y lo más frecuente por infecciones. En Amalia los doctores encontraron en sangre y orina cifras elevadas de urea, nitrógeno, lactato y cetonas, productos derivados del catabolismo que hemos visto muscular y graso y que pueden ser muy tóxicas (incluso mortales) cuando se acumulan en el organismo. Quedaría la nutrición parenteral (intravenosa), con mayor mortalidad por infecciones, que es una vía de alimentación que se puede mantener a largo plazo. Que no tuvo Amalia. Y la susodicha vía rectal parece que había sido abandonada tiempo ha.

"Pueblo Cántabro" (23/01/1925)
 
¿Y el insomnio o sueño ligero e intermitente? Porque la falta de sueño produce falta de concentración, somnolencia, torpeza, malhumor, estrés, ansiedad, pérdida de memoria a corto plazo y de recuerdos, lentitud en el habla, problemas de comprensión... A partir del tercer día sin dormir pueden provocar la manifestación de locura temporal y alucinaciones. Fisiológicamente tenemos disminución en la temperatura corporal basal, arritmias o provocar altos niveles de azúcar en la sangre. Pero Amalia no parecía tener estos efectos. ¿Seguro que era insomne? El doctor Gutiérrez reconoció que tal hecho no pudo ser probado más que en los quince días que duró el seguimiento continuado.

"El Pueblo Cántabro" (02/03/1926)
 
Todos estos factores resultaban sorprendentes para la sociedad de principios del siglo XX y convertía a Amalia en un fenómeno mediático que hoy hubiera salido en el “Sálvame” si no fuese por su introversión y ánimo reflexivo. El pueblo llano asumía que Amalia sobrevivía por su fervor religioso. ¡Un milagro! La ciencia, confundida. ¿Amalia? Con un pie en cada lado, pero rezando mucho. Y su fe le permite soportar su enfermedad y le fortalece. Algo así como un placebo. No debemos olvidar que era un tema de cariz humano en plena dictadura de Primo de Rivera que se libraría de la censura y que llenaba páginas en la prensa.

"El Pueblo Cántabro" (08/01/1925)
 
Pero volvamos a eso del morbo popular. La vivienda de la enferma se convirtió en lugar de peregrinaje religioso, científico y periodístico. Su médico de cabecera limitó las visitas para evitar deteriorar el estado de salud de Amalia. Se llegó a verla como una Santa en vida e, incluso, cortaban pequeños trozos de la sábana de la cama cual reliquia. Y, a pesar de todas estas molestias, los Baranda abrían la puerta a todos sin reclamarles dinero, aunque algunos visitantes dejaban algún alimento que aceptaban la señora Agustina y su marido Pedro. Así lo reflejaba el periodista Antonio de Llanos el 21 de mayo de 1925, en un artículo en “El Heraldo de Madrid”. Los padres de Amalia llegaron a vender los aperos de labranza para afrontar los gastos de médicos, pruebas y hospitales. El médico tampoco obtuvo recompensa alguna e, incluso, desembolsó dinero de sus propios ahorros para costear tratamientos hospitalarios de Amalia. De regalo, fruto del caso de Amalia, sufrió el descrédito de diferentes compañeros de profesión.

 
En 1926, más concretamente en febrero, empezará la aventura zaragozana cuando los facultativos de la Clínica de Zaragoza mostraron interés por el caso de Amalia. Los doctores Manuel Gutiérrez y Sebastián Pinedo, tras hablar con la familia y la propia Amalia, vieron en ello la posibilidad de obtener un nuevo diagnóstico. Manuel Gutiérrez advirtió que los médicos zaragozanos eran escépticos sobre la realidad del caso de Amalia. El 16 de febrero un coche de alquiler conducido por el Doctor Manuel, al que acompañaba Ciriaco Villaluenga párroco de Montecillo, llevó a la joven Amalia Baranda hasta Zaragoza.

"La voz de Menorca" (04/03/1926)
 
Ingresó el día 18 de febrero, en el área de ginecología del Hospital Universitario y Ciriaco retornó a Montecillo. Manuel Gutiérrez se quedó un par de días más, supervisando la adaptación de Amalia, luego marchó a Barcelona. La enferma quedó en manos del doctor Echeverría Martínez que se encargaría del aparato circulatorio; el prestigioso doctor Pi y Suñer lo haría del aparato digestivo; mientras que el Doctor Vallejo Nájera sería el responsable del sistema nervioso. El segundo día de ingreso ingirió una papilla para realizar una radiografía. Tras un ataque de nauseas y arcadas la vomitó. Los allí presentes comprobaron que entre los restos no había rastros de jugos gástricos, solo papilla. A la semana los resabiados y prestigiosos médicos maños reconocían su desconcierto. En los dieciséis días de ingreso, a Amalia se la sometió a dos laparotomías más. Con tantas operaciones su vientre estaría cuajado de cicatrices.

"Diario de Burgos" 
(08/03/1926)
 
El diario "El Sol", el uno de marzo de 1926, publicaba: “El médico Don Ricardo Horno, que está al cuidado de la enferma Amalia Baranda Ruiz, que lleva sin comer ni beber varios años, ha facilitado sobre tan extraño caso el siguiente diagnóstico: El caso de Amalia Baranda Ruiz, hospitalizada en la clínica a mi cargo de esta Facultad de Medicina, es realmente interesante, más no en el sentido que el vulgo pretende. Trátese de una histérica que probablemente sufrió un proceso ulceroso de estómago que fue la causa inicial de su causa alimenticia, intolerancia que en la actualidad es completa, encontrándose en un estado de ayuno absoluto, al menos desde que está bajo mi observación. Lo más interesante del caso es que, ante un ayuno total, persistente durante un largo tiempo, según se dice de cinco años, con un número escasísimo de calorías (800), con una cantidad reducidísima de nitrógeno (dos gramos), y con un peso de 33 kilos, habiendo perdido 45 de su peso, la vida se sostiene. ¿Puede el histerismo llegar hasta aquí? Este es un problema planteado que hay que resolverlo con mucho estudio y mucho tiempo”.

"Mundo Gráfico" (10/03/1926)
 
Les desconcertaron estos indicadores, nitrógeno y orina, que eran normales en una persona que ayunase largo tiempo y desmontaba la teoría del fraude. Por no contar con el análisis de sangre que mostraba valores de acetona tan elevados, que, en un organismo más robusto, serían obligadamente letales. Comprobaron que cada milímetro cúbico de esa sangre, tenía un aumento de entre medio a un millón de glóbulos rojos más de lo normal. A mí me sorprende que indicase que ingería 800 calorías al día. Quizá sea una errata. Tras las dos laparotomías declararon que "la rara disposición en que se hallaba colocado el estómago, en su parte inferior pegado a la masa intestinal y por la parte delantera a la caja torácica, lo convertían en un órgano incapaz de desarrollar las funciones propias de él". Era inservible.

"El Pueblo Cántabro" (26/02/1926)
 
El día 6 de marzo Amalia recibió el alta. En casa su estado se agravó acentuándose un desequilibrio del metabolismo celular y la inyección de Phosphorrenal que era la única vía receptora, la hipodérmica, también la rechazó durante un tiempo.

"La Región" (07/03/1926)
 
A modo anecdótico, comentar que el doctor encargado del estudio del aparato digestivo era profesor de Medicina en la Universidad de Valladolid, el cual quedó tan impresionado por el estado del estómago de Amalia que lo empleó como ejemplo en sus clases, por ello, muchos de los estudiantes al acabar el curso fueron visitantes de Amalia en Montecillo. En varios de los periódicos se indicaba que Amalia comulgaba de forma diaria, siendo eso, la Sagrada Forma, lo único que su cuerpo admitía. ¡Milagro! O que esos mínimos nutrientes se deshacían en la boca.

"Nuevo Mundo" (25/11/1927)
 
Pasaban los años y la medicina, frustrada, se desenganchaba de una Amalia desencantada. Las visitas cada vez eran más escasas, lo cual por un lado era un alivio. Para la prensa el caso no vendía… En el verano de 1935 acudieron a Montecillo los doctores Bermejillo, Laburu y Vallejo Nájera, este era el de Zaragoza. Querían investigarla durante un par de días. Amalia respondió: “Adelante, pero no me hagan sufrir más, por favor”. Los médicos no concluyeron nada, pero propusieron su traslado a Madrid. Ella dijo no.


 
"Estampa" (09/10/1928)

En ese mismo año 1935, a la Clínica Universitaria de Zaragoza llegaba un telegrama dirigido al Dr. Pi y Suñer: Amalia Baranda Ruiz de 39 años, había fallecido. Manuel Gutiérrez recibió otro de Pi y Suñer pidiendo el cuerpo para estudiarlo. Ella seguía viva y con buena memoria pues cuentan que recordaba a todos sus visitantes. Y a los que, como ocurría con los monstruos de feria, querían su cadáver.



"Estampa" (23/12/1933)
 
Iniciado 1936, Amalia, empeoraba: Pasaba el día con los ojos cerrados, abriéndolos únicamente ante los azotes de dolor que, cada vez con mayor fuerza, la golpeaban. Aun así, estaba consciente y respondía con cordura, pero con voz muy débil. Sus cuidadores descubrieron un hematoma en el brazo izquierdo. Varios doctores examinaron a la paciente y, si bien eran conocedores del estado casi terminal de Amalia, insistieron de nuevo sobre la posibilidad de su traslado a Madrid. En esa ocasión, Amalia aceptó la propuesta, aunque el viaje debía demorarse un poco. No pudo ser al estallar la guerra de 1936 a 1939.


"Caras y caretas" (24/02/1934) 
Revista de Buenos Aires.


Montecillo quedó en la línea del frente por lo cual el doctor Gutiérrez propuso a la familia de Amalia trasladarla a su domicilio en Espinosa de los Monteros. Estaría más segura y mejor cuidada. Y con el inyectable diario. El siete de agosto, Amalia era trasladada hasta Espinosa de los Monteros. El viaje fue terrible para ella y, a su vez, para quienes la acompañaban por una zona abierta a los disparos republicanos. Manuel Gutiérrez buscó aislarla para su descanso, pero ante las muchas peticiones, permitió las visitas a Amalia.

Domicilio del doctor Gutiérrez 
en Espinosa de los Monteros
 
Desde el año 1926 Amalia era miembro de la Asociación Religiosa María del Sagrario del centro Diocesano de Burgos, motivo por el que podía tener un altar en su propia habitación, escuchar allí misa y recibir la hostia consagrada. Dicho retablo, lo tenemos en la sacristía de la iglesia de San Esteban, en Montecillo de Montija. Habrá aquí un gran momento de mezquindad sacerdotal puesto que el párroco de Espinosa de los Monteros removió cielo y tierra para librarse de ese servicio a mediados de agosto. Envió una carta al obispado y en su respuesta, seis días después, le permitían reclamar el documento donde venían recogidos los privilegios de Amalia. No apareció y la enferma dejó recibir la comunión diaria. La recibirá solo jueves y los domingos a primera hora de la mañana.

"La Región" (10/12/1924)
 
A finales de agosto los ojos de Amalia habían comenzado a hundirse, los parpados y labios estaban cianóticos, la respiración pesada, desorientación… La enferma sabía que llegaba su fin y empezó a organizarlo: Pidió a María, la hija del médico, que estuviese siempre cerca de ella y a Carmen Astarloa, esposa del doctor Gutiérrez, que preparara su mortaja.
 
El domingo, 20 de septiembre, Amalia había perdido el habla. El lunes, a las diez y media de la mañana, se la aplica el Sacramento de la Extremaunción. A la una y media del veintiuno de septiembre de 1936, expiraba. Bueno, “Cuarto Milenio” dijo que murió en diciembre. En su partida de defunción figura como causa de la muerte “Uremia cerebral”. La acumulación de productos tóxicos en la sangre, incluida la urea. El riñón no filtraba ya los tóxicos.

Cortesía de José Antonio San Millán Cobo.
 
Pero la aventura de Amalia no se agotó con su muerte. Vestida como deseaba fue velada hasta la tarde del 22 de septiembre en el comedor de la casa de la familia Gutiérrez-Astarloa. Ese día, a las once de la mañana, el juez firmó el acta de defunción, firma que fue acompañada por la de diferentes testigos entre los que se encontraba un hermano de Amalia, Dionisio Baranda. A las cuatro y media el cabo del puesto de la Guardia Civil de Oña, Diez Alonso, el guardia del puesto de Quincoces, Olegario Villanueva, el sastre Dionisio Marañón, Joaquín Santana, abogado y algunos familiares de Amalia cargaron con la caja. Del ataúd pendían cuatro cintas blancas, de cuyos extremos iban cogidas las hijas del doctor Gutiérrez, María y Mercedes y otras dos jóvenes, vecinas de Noceco.

"La Región" (11/12/1924)
 
En el camposanto se abrió el féretro para que la multitud lo viese y crease reliquias por contacto. De esta labor se encargó un capellán voluntario en las milicias nacionales llamado Pelayo Cantón Armendía. Según el documento se trató de un enterramiento de quinta clase, es decir, el enterramiento más humilde que se podía realizar. Más tarde, dicen, se exhumaron los huesos de Amalia y fueron colocados en el panteón de la familia de la esposa del doctor Gutiérrez, los Astarloa. Seguro, pero no figura en los documentos diocesanos.
 
 
 
 
 
Bibliografía:
 
“La pregunta número siete”. Juan José López Núñez.
“Misterios y enigmas del norte de Burgos”. Fran Renedo Carrandi.
Periódico “Diario de Burgos”.
Periódico “El Cantábrico”.
Periódico “El Progreso”.
Periódico “La Tierra”.
Periódico “El Adelantado”.
Periódico “La Cruz. Diario católico de Tarragona”.
Periódico “La Región”.
Periódico “Diario de la Marina”.
Periódico “El Pueblo Cántabro”.
Periódico “El Luchador”.
Periódico “La Atalaya”.
Periódico “La Prensa”.
Periódico “El Debate”.
Periódico “La Voz de Menorca”.
Periódico “El Pueblo”.
Periódico “El diario palentino”.
Periódico “El día de Palencia”.
Periódico “El Orzán”.
Periódico “Correo de la Mañana”.
Revista “Mundo Gráfico”.
Periódico “El siglo futuro”.
Periódico “La Libertad”.
Periódico “El Heraldo de Madrid”.
Periódico “el Liberal”.
Periódico “El siglo futuro”.
Revista “Caras y caretas”.
Revista “Estampa”.
Revista “Nuevo Mundo”.
Periódico “Crónica de Las Merindades”.
Blog “Tierras de Burgos”. 
Web “Te interesa saber”. 
Programa “Cuarto Milenio”
Podcast “el prisma de la razón”.
"Vida de Amalia Baranda". Domiciano Sáez Estefanía.