Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


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miércoles, 27 de diciembre de 2017

El último lobo y la última lobera (Alto El Caballo).


“El hispano supo entonces que no podía demorarse más. Y, a disgusto, había llegado a la inevitable conclusión de que tan solo les quedaba una opción: cavar.

Durante largos días habían trabajado duro, acarretando tierra, cortando raíces, abriendo el suelo de la montaña. Agradecidos de que el inusual calor se hubiera llevado pronto los barros del invierno. Bañados en sudor, los hombres del general habían sachado una zanja enorme.

Una rampa que se estrechaba según descendía por la ladera. Que terminaba en un pozo disimulado con ramas y hojarasca.


Un embudo de tierra que quedó encerrado entre paredes alzadas a prisa con pedruscos arrancados de aquí y allá. La disciplina de las legiones había servido una vez más. Habían construido una trampa. Un coso.

Y esa misma mañana, bien temprano, se habían preparado para cebarla y acabar con aquel último par de bestias.

Sin embargo, por sorpresa, antes de poder empezar, a Lucio Trebellio se lo había llevado al galope uno de los guardias embozados del general, a quien tanto parecía urgirle tener noticias como para presentarse de improviso en aquel rincón del fin del mundo. Aun así, Cainos y el resto habían seguido con el plan.

Y se echaron al monte para barrer la ladera. Esparcidos, cubriendo todo el terreno del que fueron capaces, gritando a los cuatro vientos como si espantaran lémures, descendieron con la pendiente. Acorralando a las fieras. Azuzándolas. Pareció funcionar.

La loba, sin salida, había huido hacia el único resquicio que los hombres le dejaron. Hacia el pórtico de la trampa. Embocando su perdición. Y la bestia había caído en el foso.

Pero no el macho. El lobo había escapado. Una vez más.”

El párrafo que han leído corresponde a una novela reciente en la cual, en el marco del fin de la guerra civil romana entre Pompeyo y César, se produce la lucha entre unos alimañeros romanos (soldados encubiertos) y un gran lobo que busca venganza. El autor jugará a lo largo del texto con las viejas leyendas contadas en los pueblos y relatos al estilo de las novelas de Jack London, aquellas que los de EGB leímos en el colegio: "La llamada de la selva" y "Colmillo blanco". Cierto, el lobo es el protagonista.


En una cuidada presentación histórica nuestro escritor coloca la construcción de una lobera en el norte español. A su vez impregna su obra de una angustia pesimista, rendida, que acepta su fin. Un segundo fragmento de “Donde aúllan las colinas” de Francisco Narla donde el autor se pone en la piel de la loba apresada. Es ahí donde esta novela breve arriesga:

“Todavía sentía el miedo que la había perseguido durante el día.

Las voces aún resonaban. Aquellos gritos de los hombres la habían obligado a abandonar la lobera.

Había corrido alejándose de ellos, pero la acosaron ladera abajo. Había querido detenerse al notar la tierra recién excavada, al ver las piedras amontonadas. Pero venían tras ella, azuzándola. Y había seguido hacia delante, sin comprender.

Se había ido estrechando y ellos no cejaron. Vio el final y desconfió de aquellas ramas que olían a savia recién cortada, pero ellos venían, se acercaban. Se detuvo. Pero ellos venían. Gimió.

No le quedó otra que avanzar y, entonces, cayó. Había intentado escapar. No pudo. Se hundió en la trampa.

No se rindió, y no se rendiría ahora. Quizás atesorando la esperanza que había sentido al escuchar como él le respondía desde el bosque.”

Describe las actitudes de los hombres y de los animales. Pero cada uno en su plano, no humaniza a los animales pero les dota de sentimientos –primarios- y del instinto de venganza.


Y ya pasamos a hablar de la lobera de la entrada. La lobera Alto el Caballo cuyos restos los encontramos en el monte homónimo. En el siglo XX dejó de ser útil y el abandono y la repoblación de pinos realizada en el monte supuso la destrucción parcial de los muros y su deterioro. Cuando la visitó Judith Trueba Longo su estado era malo pero el proyecto “Naturaleza y Hombre, Montaña Pasiega” y el Ayuntamiento de Espinosa de los Monteros -propietario de los terrenos- reconstruyeron los muros con materiales originales.


La lobera, ubicada en la ascensión a Picón Blanco, conserva sólo parte de los dos largos muros, de 257 metros en la pared norte y 302 la del sur. Al parecer los muros estaban conformados por piedras grandes y regulares, sin mortero ni ripio. Hay restos de dos cabañuelas en el extremo de las paredes donde se apostaban los alimañeros. Félix Murga decía que el foso era largo y estrecho, rematado con piedras dispuestas en alero.

La construcción estaría entre los siglos XVII y XVIII y a sus batidas acudirían personas de espinosa de los Monteros, Montija y Valle de Soba.



Bibliografía:

“Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos)” Judith Trueba Longo.
“Donde aúllan las colinas” Francisco Narla.
Fundación Naturaleza y Hombre.


viernes, 4 de agosto de 2017

“Menos lobos”


Hoy polisemia que según la Real Academia de la lengua Española (R.A.E.) es la pluralidad de significados de una expresión lingüística. Vamos, que “lobo" puede ser muchas cosas.


Fuera de la común –e interesante en nuestro caso- de “Mamífero carnicero, semejante a un perro grande, pelaje de color gris oscuro, cabeza aguzada, orejas tiesas y cola larga con mucho pelo, salvaje, gregario y que ataca al ganado” tenemos otras muchas: desde la “persona sensualmente atractiva” a la “locha (un pez) de unos doce centímetros de largo, color verdoso en el lomo, amarillento en los costados y blanquecino en el vientre, con manchas y listas parduzcas por todo el cuerpo, y seis barbillas en el labio superior”.

El R.A.E. contiene otras varias, algunas realmente curiosas, que vamos a adjuntar:

  • Escualo de la familia del cazón, sin espiráculos, de hocico más romo y que alcanza un par de metros de longitud.
  • Máquina usada en hilandería para limpiar y desenlazar el algodón, consistente en un tambor cónico erizado, que gira dentro de una caja de la misma forma, llena de púas en su interior.
  • Garfio fuerte de hierro que usaban los sitiados desde lo alto de la muralla para defenderse de los sitiadores.
  • Masa sólida e infusible de hierro que queda depositada en el crisol de un horno, después de un largo período de funcionamiento.
  • Embriaguez, borrachera.
  • Lomo no removido por el arado, entre surco y surco.





Además el término es usado en diversas expresiones del lenguaje diario como:

  • Lobo de mar: Marino viejo y experimentado en su profesión.
  • Lobo marino: foca.
  • Camada de lobos: Personas que por tener unos mismos intereses o inclinaciones no se hacen daño unas a otras. Tiene cierto sentido peyorativo.
  • Dormir con el lobo: Dormir mientras dura la borrachera.
  • Esperar del lobo carne: Esperar algo de quien lo quiere todo para sí.
  • Menos lobos: Locución para tachar de exagerado lo que alguien dice.
  • Tener el lobo por las orejas: Hallarse excesivamente perplejo.
  • Boca de lobo: Lugar muy oscuro. Estar oscuro como boca de lobo.
  • Cabeza de lobo: Cosa que se exhibe u ostenta para atraer o recompensar el favor de los demás.
  • Can que mata al lobo: expresión para referirse a los perros mastines.

Cazón


Por supuesto, localismos americanos:

  • En la América colonial, nacido de indio y negra, o de negro e india. 
  • En Chile. Arisco, huraño.
  • En Perú: astuto, agudo.


Y su presencia en los nombres de diversos elementos:

  • Cerradura de loba: cerradura en que los dientes de las guardas son semejantes a los del lobo.
  • Diente de lobo: Bruñidor de ágata que usan los doradores o especie de clavo grande.
  • Hombre lobo: hombre que, según la tradición popular, se convierte en lobo las noches de plenilunio.
  • Pedo de lobo: Hongo de color blanco, cuyo cuerpo fructífero, cerrado y semejante a una bola, a veces muy voluminosa, se desgarra cuando llega a la madurez y deja salir un polvo negro, que está formado por las esporas. Se empleaba para restañar la sangre y para otros usos. También es una persona cascarrabias.
  • Pozo de lobo: Pequeña excavación disimulada con ramaje y con una o varias estacas puntiagudas clavadas en el fondo, que sirve para la guerra o para cazar. Esta definición sí tiene relación con las loberas, aunque lo que se espera capturar en el agujero es un enemigo en una guerra.
  • Salto de lobo: Zanja abierta para servir de límite a un cercado e impedir el paso sin quitar la vista.


Lobera de Castrobarto (cortesía de Tierras de Burgos)

Y esta última definición nos lleva a la lobera del día: la lobera de Castrobarto. Esta lobera se encuentra en la Junta de Traslaloma. Se la data entre los siglos XVII-XVIII, y a sus batidas acudían gentes de Castrobarto, Las Eras, Lastras de las Eras, Colina, Villatarás e incluso gentes procedentes del Valle de Mena, de localidades como Cadagua y Lezana, de las que existe el testimonio de personas que acudieron a las batidas a comienzos del siglo XX. Con la participación de esos pueblos meneses, el lobo veía impedido su descenso al Valle de Mena a través de los pasos de La Magdalena y Pico de Cantonad.


La tenemos en una ladera del monte La Lobera (Ajustado el nombre, por cierto). Pero cuidado porque otras fuentes la colocan en el monte de Arriba y el monte de Abajo de Castrobarto. El profundo precipicio cercano fue un elemento acentuador de su efectividad. Nada nuevo en nuestras loberas. Su grado de conservación es alto pudiéndose apreciar su estructura completa Conserva los restos de una posible cabañuela con forma semicircular, de 150 m de ancho por 2`20 m de largo, ubicada a unos 30 m del foso y abierta hacia esta estructura.

Cortesía de Tierras de Burgos.

La longitud de las paredes es de 470 m para la pared norte y 270 m para la sur (740m en total). Pero el tema de las medidas siempre es dudoso porque hay otras consistentes en: Longitud total de 705`90 m; 478`30 m la pared izquierda; y 227`60 m la derecha. Esta última se ve interrumpida por una portillera de 1`30 m y un derribo de unos ocho metros para permitir el paso de carros. Los tramos de pared próximos al foso presentan una altura de cerca de dos metros. El espesor de los muros es de unos ochenta centímetros.


El foso es una estructura rectangular de 5`78 m de largo interior por 2`30 m de ancho interior. Su profundidad es de 2`50 m y cuenta con una escalera que baja hasta el mismo, una curiosidad no vista en otras loberas. Su superficie es de unos 17 metros.


Según F. Murga, esta lobera también se empleó para cazar caballos losinos. Estos pastaban libremente en todos los montes de La Peña.


Bibliografía:

Diccionario R.A.E.
“Loberas en Las Merindades (Burgos)” Judith Trueba Longo.
“El trampeo y los demás artes de caza tradicionales en la península ibérica” por Moisés d. Boza.
La lobera de Castrobarto (Tierras de Burgos blog)


Para llegar:

Desde Castrobarto o bien desde Cadagua (Valle de Mena). En ambos casos tenemos que subir a La Magdalena. Si lo hacemos desde Cadagua, tomaremos el camino que lleva hasta el cementerio, destacado por unos altos cipreses. Llegados a este lugar, seguiremos por un sendero que deja a la izquierda el campo santo. Continuaremos sin desviarnos por esta senda que, recorridos unos metros, se convierte en camino empedrado y aparece marcada con las bandas roja y blanca del G.R-85, referencia que no debemos perder de vista ya que guía todo el camino hasta llegar al Portillo de La Magdalena. Una vez aquí, el camino continúa y llega hasta un pinar, donde debemos tomar una pista que parte hacia la derecha. Llegaremos hasta un bosque de acebos y en este punto, seguiremos por la pista que continúa de frente. Pasados unos 200 m, en el fondo de una pequeña vaguada, encontramos, a la izquierda, el foso.




domingo, 19 de marzo de 2017

El lobo sobre el papel y la lobera de Gurdieta.


Aunque parezca mentira los paisajes se inventan y el cómo se llegarán a imaginar lo determinan razones histórico-culturales. Las relaciones entre la naturaleza y el hombre que la percibe crean juegos de perspectivas sutiles y complejos: la psicología de la percepción implica que el observante tiene capacidad para vaciar las características del objeto e insuflarle otras en función de la cultura del que mira.

Lobera de Gurdieta en 1956

Y el lobo no podía ser menos. En la literatura se le presenta desligado de su entorno natural y asumiendo muchas de las connotaciones negativas del bosque en el que vive: oscuridad, peligro, amenaza…

Vemos referencias de esto en “El libro del buen amor” del Arcipreste de Hita con lobos que hablan y están alejados de su entorno. Tomemos el ejemplo de la copla del “Lobo, la cabra y la grulla” donde el lobo encarna la ferocidad, la avaricia y el engaño.

La obra del siglo XV “Batalla campal de los perros contra los lobos” de Alfonso Palencia tenemos que la muerte del caudillo de los lobos, Harpaleo, desemboca en la declaración de guerra contra los perros. Esta trifulca se convierte en una guerra por toda Europa de estas especies que culmina en una sangrienta batalla sin vencedor claro. Lo interesante es cómo describe el mundo del lobo, con tintes oscuros, húmedos, alejados de la civilización y lleno de bestias y caza. Pero cuando el lobo caza se dirige al llano, al territorio humano, a las ovejas. Estamos ante una alegoría política: hay una vinculación de la fábula con la batalla de Olmedo. Les explico, Palencia decía entre líneas que el pueblo (las ovejas) y los pastores (el poder regio) estaban hostigados por los perros y los lobos (nobleza poderosa y levantisca). Esta obra consiguió la identificación entre lobo y noble que será frecuente en la literatura política del XV castellano.


Este símil también aparece en el lamento fúnebre a la muerte de Alfonso V el Magnánimo por Diego del Castillo (“Visión sobre la muerte del rey don Alonso”).


Las “Coplas de Mingo Revulgo” emplean la sátira para criticar al rey Enrique IV (1425-1474) de Castilla a través de dos pastores –Mingo Revulgo y Gil arribato- que comentan la mala situación de los ganados por culpa del amo Candaulo (Enrique IV). La metáfora animal oculta la difamación e injurias a personas concretas como Diego Arias de Ávila (Judío converso que fue Contador Mayor del Reino). Evidentemente la estrofa fue censurada en la primera edición de 1485. En otras estrofas se trata a los poderosos como una manada de lobos de instinto sanguinario que asola a los humildes. En la obra, también, se asocian rasgos de los lobos con los pecados capitales.

En la “Égloga” (1495) de Francisco de Madrid, a través de otra alegoría pastoril, trata asuntos del gobierno –la política italiana de Fernando II de Aragón, Fernando el Católico- con tres pastores que son: La Paz, Fernando y Carlos VIII de Francia. Los lobos son los franceses que amenazan al pastor/paz.


Como vemos los autores del renacimiento inicial ocultaban en sus obras la transcendencia política de sus argumentos. Pero no solo entonces recurrieron al lobo. En los panfletos catalanes anti-castellanos del siglo XVII son calificados estos, despectivamente, como “Llops”.

Tirso de Molina en “Desde Toledo a Madrid” desgrana el cuento del león dormido cuyas posesiones tratan de repartirse los lobos. El cuento parece relacionarse con el conflicto entre España (el león), Richelieu (el pastor) y la Liga de Aviñón (los lobos) por Valtellina que es una zona alpina al norte de la Lombardía.

Pero la imagen descontextualizada del lobo no es exclusiva de la literatura política. Evolucionará hacia un lugar común en multitud de textos y en un elemento del idioma cotidiano. Y, es que, el simbolismo de determinados animales, dada la reiteración, llegaba a ser obvio para todos los oyentes.


¿Y qué decir del refranero? Bueno, pues la mayoría de los refranes se fijan en la condición de depredador del lobo; “Verle las orejas al lobo”, “Meterse en la boca del lobo”, etc.

Me dirán que hay ocasiones en que el lobo tiene valores positivos. Cierto, pero son las menos. Por eso los cazábamos. ¿No?

Y por eso hablaremos hoy de la…

Lobera de Gurdieta (Relloso, Valle de Losa)

Está emplazada en una ladera del monte Gurdieta, en la sierra de Carbonilla y está mal conservada, principalmente, por el empleo de sus piedras para realizar pistas que facilitasen el acceso y transporte de madera para pasta de papel hacia un teleférico del cual permanecen algunos restos. Se empleaba para bajar la madera por el cerro de los Tornos hasta el puerto de Angulo.


Esta lobera cuenta con quince cabañuelas colocadas en tres líneas de puestos. Junto al muro este, casi paralelas al precipicio, está la primera línea de cabañuelas y sería previa a la reforma con la construcción de una nueva pared oeste.

La segunda línea de cabañuelas está en la zona del camino para el carboneo situado al norte del roquedo de Murga. Y la tercera línea, cinco cabañuelas, están: una, a 40 metros del foso, tres en línea en el punto más cercano al foso de la pared central y una “gran cabañuela” (según Félix Murga) ligeramente alejada de la pared oeste y algo más retrasada que las otras.


La lobera primigenia no debió resultar eficaz porque su pared oeste fue rectificada. Se trazó una nueva con un ángulo más abierto que creaba un embudo más amplio. Es de suponer que parte de los materiales de la vieja pared fuesen empleados en la construcción de la nueva.

El espesor medio de los muros es de 80 cm y la longitud de estos es 339 metros (oeste) y 290 metros (este). La pared este, además, cuenta con un portillo de 1 metro de anchura.

El foso tiene una profundidad de 2`46 metros con una superficie de unos 16 metros cuadrados. Si sienten curiosidad por el amontonamiento de piedras del interior tenían como finalidad que el lobo no pudiese tomar carrerilla para dar el salto a la libertad.


Es la lobera con más cabañuelas de todas Las Merindades. Según F. Murga a las batidas de Gurdieta acudían gentes de Quincoces de Yuso, Villaventín, Castresana, Relloso, San Miguel de Rellosos, Quincoces de Suso, Lastras de la Torre, Oteo, Villabasil y Vescolides.

Construida entre los siglos XVII-XVIII estuvo en activo hasta 1950 fecha en la que dos vecinos de Quincoces de Yuso mataron unos lobos.


Anotar que próximas a las cabañuelas de los batidores, en la segunda línea de estas, hay restos de una edificación rectangular vinculada a los carboneros que fabricaban carbón vegetal de haya. Algo común en los contornos y que enriquece el emplazamiento.



Bibliografía:

“Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos)” por Judith Trueba Longo.
“Sobre el bosque y el lobo en la literatura castellana del siglo XV” por Santiago López-Ríos (Universidad Complutense de Madrid)
Fototeca digital (Fototeca.cnig.es)


lunes, 21 de noviembre de 2016

Lobos políticos y la lobera de Villabasil

  
El mundo animal fue durante la Edad Media una herramienta muy útil en la transmisión de mensajes políticos. No se sorprendan porque también los había aunque no exactamente iguales a los nuestros. Se ejecutaban a través ciertos instrumentos con los que ofrecían sugestivas imágenes de la realidad política, apoyados, además, en la alegoría, la metáfora y la comparación.

Un lobo con piel de cordero

La imagen del animal servía como un vehículo para atribuir -con sentido positivo o negativo- sus rasgos a un personaje concreto y, simultaneamente, para expresar profecías políticas y religiosas o instruir al gobernante en la contemplación de la virtud.

La sociedad medieval acentuó a partir del siglo XIII el empleo de animales para la representación política. Los actuantes se aprovechaban de la simbología y la moralización atribuida al animal empleado. Andar con un lobo ayudaba a que al líder se le asociase a las características de ese animal. O gracias a la sátira y la burda comparación física, atacarlo. Vamos, no era lo mismo ser motejado de lobo, zorro o león, en masculino o femenino ni a favor o en contra.

Dicha tradición, para fines políticos, se valoraba –o quizá se valora hoy- según ciertos indicadores:

  • Riqueza y versatilidad, en tanto que los animales no sólo eran capaces de encarnar valores morales o físicos concretos, de una forma clara y precisa a pesar, todo sea dicho, del significado diverso y ocasionalmente ambivalente que tenían ciertos animales, transmitiendo mensajes claros de carácter positivo o negativo; desde la vertiente eclesiástica la figura animal podía ser objeto de interpretaciones alegóricas, aportando nuevas perspectivas en la aproximación a ésta.
  • Atribución de rasgos negativos a ciertos animales, los cuales acabarían por adquirir un sentido grotesco y burlesco que es útilmente aprovechado como arma política.
  • Presentación de los animales en un sistema de corte jerárquico hábilmente adaptado por las monarquías. Así el león, el águila, el pavo real o el basilisco surgieron como encarnación del ideal regio. Dichos animales se caracterizarían por el pretendido temor despertado entre el resto de los animales, trasunto de la idea de autoridad real y de la noción de ira regia, al que se añadieron algunos matices basados en la simbología de la realeza - por ejemplo, la pelambre del león, a modo de corona - y en la interpretación simbólica de sus costumbres.
  • Capacidad de los animales para el establecimiento de paralelismos entre el universo político y religioso.
  • Amplia difusión de la tradición animalística, al margen de ambientes cultos, a través de la tradición folclórica, el arte o la enseñanza catequética.


La cuestión es saber cómo se producía esta identificación cuando no se disponían de los medios de promoción existentes hoy. Bien, debemos acudir a los recursos de la representación. ¿Qué es eso? Los instrumentos arriba apuntados: ceremoniales, literarios, iconográficos y simbólicos.

Asurbanipal cazando un león

Los recursos ceremoniales tenían diversos aspectos pero se trabajaría mucho con la asociación indirecta (pasearse con un lobo de la correa, pintarse con uno, etc.), la connotación, la alegorización y el uso directo de la imagen de la bestia, a través de la adopción de rasgos animales por el rey o por el noble (o villano) de turno. Los Reyes Católicos o Juan II disponían de animales cerca de ellos. ¿Recuerdan el episodio del león recogido en el Cantar de Mío Cid?

Todo eran mostrar el dominio que tenían los monarcas o los señores sobre la naturaleza, sobre las bestias y, por tanto, sobre las personas. Muestra de divinidad.


Por su parte, el desprestigio del rival político recurrió a algunos animales para difamar y humillar. Señalemos, como ejemplo, el asno como montura de condenados por la justicia. La crítica al poder encontró en la imagen animal un poderoso instrumento en el que confluían nociones como el desprestigio. En dicha crítica al poder fue fundamental la existencia de un conjunto de animales a los que para la tradición medieval eran negativos, en algunos casos con un matiz sardónico añadido. Dentro del elenco animal, los lobos pasaron a convertirse en la bestia por excelencia, debido a su asociación con la excesiva codicia y ésta con la nobleza.

No podemos olvidar el empleo de la sátira como arma política. La imagen animal tuvo una presencia importante en la invectiva más gruesa proferida hacia ciertos personajes de Castilla, con un fin de escarnio y ridiculización, a través de la equiparación de éstos con animales concretos en base a una pretendida relación de similitud entre ambos.

Solían centrarse en los rasgos físicos más específicos –fealdad, altura y peso- o rasgos morales de fuerte impacto dentro del código caballeresco, como el miedo –generalmente haciendo referencia a aves o al zorro, que se esconde en la madriguera- o la saña -fundamentalmente a través de referencias al león, al lobo o al perro-. Ruy Díaz de Mendoza era descrito como una “osa colmenera”, a causa de su abundante vello.

Junto a la identificación directa de un personaje concreto con un animal en virtud de algún rasgo físico o moral, cabe señalar el interés por sugerir dicha condición animal a través de la referencia a los espacios habitados por los diferentes personajes objeto de la sátira: una osera, una buitrera, una madriguera, una lobera, una raposera, o una porquera.

Además de esta crítica individual y particular, cabe señalar que a la sátira animal no escaparon algunos grupos de poder, como los regidores, los privados, los vasallos del rey o ciertas facciones de la nobleza. Todo en el marco de enfrentamientos personales o clasistas.

La animalización del contrincante político no sólo tenía un mero fin de desprestigio. La propia etiqueta de “bestial”, que tenía implicaciones de carácter religioso, buscaba, de una forma más o menos explícita, negar la condición humana y cristiana al otro.


Los Recursos Retórico-Literarios: mediante los bestiarios, los “exemplarios” o las enciclopedias. La elección de los animales respondía a sus connotaciones negativas o positivas, cuando no a otros matices específicos (nobleza, fortaleza, engaño, realeza, codicia, etc.). Los “malos” estaban reflejados a través de animales carroñeros o depredadores, como leopardos, lobos, mastines, osos, jabalíes, raposas, perros, águilas rateras, halcones, azores, buitres o cuervos; y los “hombres buenos” a través de animales herbívoros como carneros, ovejas, corderos, cabras, liebres, conejos o palomas. ¿Han visto Zootropolis? ¿Quién es el protagonista? Los animales antropomorfos poseen las características que asociamos a su especie: El león es alcalde (remedo de rey) y los lobos son una manada fiel de trabajadores nocturnos. ¿Y las ovejas? Como ven todavía aplicamos esos esquemas.


La alegoría animalística de dimensión política se difunde en Castilla a mediados del siglo XIV, para desarrollarse durante el reinado de Juan II y alcanzar una difusión manifiesta en el reinado de los Reyes Católicos.

El tercer grupo de recursos eran los iconográfico-Emblemáticos. Vamos la heráldica de la que ya hemos hablado. Y el cuarto los Recursos Simbólicos donde la posesión de leones y otros animales exóticos en las casas de fieras, fue uno de los símbolos por excelencia del poder. Y objeto de regalo diplomático. O Cazados y exhibidos en las estancias de representación, a manera de trofeos de caza, símbolo del ocio de la nobleza y de su poder.

La dimensión simbólica incluiría además la creación de genealogías míticas en las que tendrían participación ciertos animales. Claro que eso es más de germanos y escandinavos que de castellanos.

De castellanos era cazar lobos, no descender de ellos.


Y para cazar lobos es para lo que se construyó la lobera de Villabasil que está en la ladera sur del monte Peñalba (Montes de La Peña). Se sitúa o situaba porque se encuentra en muy mal estado. Permanece el foso pero gran parte de las paredes y las dos cabañuelas que poseía se encuentran derruidas.


Debemos fijarnos en ese foso porque es de gran profundidad (3`25 m) y una forma prácticamente circular (5`18 m x 5`83 m). Está rematado en su parte superior por piedras dispuestas en alero hacia el interior. Todas estas características nos llevan a pensar en que podría haberse empleado esta lobera para una doble función: la caza del lobo y la caza del… oso. Este último animal estaría mucho más extendido de lo que está hoy. José A. Valverde reconoce que las loberas se empleaban para esta caza doble al menos hasta el siglo XVII. López de Guereñu entendía lo mismo. En Lagrán (1688) se menciona la caza mediante el sistema de “corrida y ojeo” y en 1590 se comenta que “después de caído se les había salido” lo que confirma que cazaban al oso dirigiéndole a un hoyo. Entonces, si se trataba de un oso, el hoyo permanecía descubierto durante la batida y, en su interior, se colocaría un animal a modo de cebo.


El espesor medio de las paredes es de noventa centímetros y su longitud es de 331 metros para la norte y de 221 metros para la sur. Un total de 552 metros de muros. Se calcula que fue construida entre los siglos XVI y XVII.


Si tienen interés por verla debe ir a Villabasil y ascender por un camino hormigonado en dirección a la ermita de Nuestra Señora de Establado. Tomen una pista que deja la ermita a la derecha y alcanzarán un pozo de agua con forma de media luna. ¿Perdidos? Espero que no. Desde allí sigan un caminito que, ascendiendo hacia la izquierda, se interna en el monte. Deberán encontrarse –si todo va bien- con un sendero con marcas amarillas que conducen hacia el Portillo del Lérdano. Será la señal de que todavía no se han perdido. Ignórenlo y continúen hasta un pinar que, una vez atravesado, lleva a un hayedo donde está la lobera.



Bibliografía:

“Anotaciones al libro de la montería del rey Alfonso XI” José A. Valverde.
“Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos)” Judith Trueba Longo.




viernes, 15 de julio de 2016

Blasones, lobos y loberas. (La lobera del Toyo)


La Heráldica –el escudo de armas-, primeramente un diferenciador, evolucionó para mostrar elementos de la identidad, el carácter y la historia del que lo portaba. Por ello, cada uno de los componentes que forma el escudo de armas tiene un significado. Símbolos compuestos a partir de muchos elementos: figuras geométricas, antropomorfas, vegetales o edificios, entre otras. Nosotros nos fijaremos hoy en las Figuras zoomórficas.

Lobo acechante y uñado de sable

Estas representaciones surgían porque la cultura medieval no disponía de las capacidades necesarias para reproducir en el escudo la figura de su poseedor y la mentalidad tampoco de la época lo hubiera aceptado. Aunque se admitía la figura humana entre los ornamentos exteriores del escudo, como tenante o como cimera, blasonarse con una figura humana, dentro del escudo, era propio de la heráldica religiosa o de la de artesanos y comerciantes. Claro que, en esta iconografía –principalmente española-, el cuerpo humano aparece sustituido por partes del mismo: un brazo, mano o el corazón.

En cuanto a los animales, en la edad media había por doquier. A elegir. Pero estas gentes recurrieron a los Bestiarios (narraciones moralizantes en las que los distintos animales tenían las mismas virtudes y pasiones que los hombres, viviendo en una sociedad regida por el león). El hombre medieval veía a los animales tanto como seres, beneficiosos o perjudiciales, como símbolos del bien y del mal en una interpretación antropomórfica del mismo. Lo que sirvió para lucir en sus blasones.

Escudo de la Villa de Bilbao

El bestiario europeo (lobos, osos, zorros, jabalíes, perros, serpientes, águilas, halcones, cuervos, abejas...) se vio enriquecido por nuevos animales, unos reales (leones, panteras, elefantes...) y otros fabulosos (grifos, unicornios, dragones...), todos ellos convertidos en símbolos de diferentes virtudes y pasiones, por lo que su representación gráfica se encontraba estereotipada y a veces tenía muy poco parecido con su figura natural.

Gracias a lo arriba explicado la fauna heráldica, inicialmente limitada a unos pocos animales tomados generalmente de las enseñas militares preheráldicas, se fue incrementando paulatinamente a lo largo de toda la Edad Media, especialmente por la aparición de las armas parlantes (Aquellas composiciones, escudos de armas y blasones, que incorporan una figura o pieza cuya denominación alude al apellido del linaje o al topónimo de lo que se representa), mucho más abundantes en animales que en otras figuras heráldicas, y por la extensión de la heráldica entre las clases nobiliarias.

Tendencia que sería más intensa según las diferentes épocas hasta estabilizarse a finales del siglo XVII en el 25% de los escudos heráldicos, si bien presentaba importantes variaciones según las zonas geográficas.

Escudo de Vizcaya

Dispondríamos, en la heráldica española, de cuatro amplias tipologías:
A) Animales Terrestres: son aquellos que pueblan las tierras. Son los que más encontramos.
B) Animales Voladores: son aquellos que pueblan los cielos.
C) Animales Acuáticos: son aquellos que pueblan las aguas.
D) Animales Quiméricos: son aquellos que solo existen en la imaginación.

Como estamos hablando de lobos –o lo estaremos en breve- nos centramos en los animales terrestres que podríamos encuadrarlos en seis grupos: el León, rey de los animales terrestres, y los Felinos; los Animales Salvajes como el Lobo y los demás animales autóctonos; los Animales Silvestres como la Ardilla o el Castor; los Insectos; los Animales Exóticos; y los Animales Domésticos.

Centrado el terreno de juego nos fijamos en el lobo. En la heráldica hispana era un animal violento y atrevido, elegido de Apolo y luego de Marte (dios de la guerra romano). En sentido activo el lobo representa al guerrero esforzado, cruel con sus enemigos, a los que nunca da cuartel, y siempre listo para la acción, lo que se manifiesta por su posición acechante. Mientras en su aspecto pasivo de lobo desollado o con solo su cabeza, resulta ser un trofeo de caza y simboliza el triunfo sobre malhechores o traidores al reino que han sido vencidos.

Lobo de azur acechante y cebado

El diseño del lobo en nuestra heráldica está más presente que en el resto de Europa. La tenemos como figura principal, cuando no única en el campo del escudo, y por su fiereza natural suele ser dibujado con gesto agresivo y las fauces abiertas, mostrando la lengua, la pata delantera derecha alzada, las orejas enhiestas, y el rabo largo, ancho y extendido en toda su longitud, cuya punta cae hacia el suelo. ¿Bonito, no? Para darnos un baño de cultura heráldica les diré que esta posición se denomina en heráldica francesa como “pasant”, lo que ha hecho que muchos heraldistas españoles la hayan traducido literalmente por “pasante”, equívoco término pues en España los únicos pasantes son los becarios de los despachos de abogados. Atención, aquí lo correcto sería llamarlo “acechante”, por recordar la posición de acecho a su presa que adopta un perro de caza bien adiestrado al oler la presencia de una posible pieza. Esta posición se da en el 90% de los escudos con lobos localizados en España.

Situación de la lobera del Toyo

Generalmente el lobo se dibuja de cuerpo entero y macho, pues solo en raras ocasiones aparece dibujada la hembra y sus lobeznos, o bien solo la cabeza de éste, cortada y sangrante en gules, lo que en heráldica se denomina mufle. Su esmalte es normalmente el sable, con el que se pinta todo su cuerpo con la única excepción de la lengua que ha de ser siempre de gules. En ocasiones se emplea también el gules para colorear sus garras, sus dientes, su lengua o su sexo, diciéndose entonces “uñado”, “fierezado”, “lampasado” o “vilenado”. También puede presentar su piel manchada de gules, en representación de las desolladuras que recibe como animal vencido, lo que se dice “escorchado”.

Si bien puede aparecer en el escudo un lobo solo lo más común es que venga dibujado por parejas (50%), en general ambos se dibujan corriendo y puestos el uno sobre el otro, lo que también se denomina “escachantes”; diciéndose “contrapasantes” cuando caminan en dirección contraria el uno del otro.

Curiosamente –y más si, como es el caso, si hablamos de loberas- la representación del lobo en forma de cabeza cortada (mufle), como trofeo de caza, es rara en la heráldica hispana.

Detalle de la lobera del Toyo

Una variante del lobo acechante es aquel lobo que lleva un cordero en las fauces, lo que se dice “cebado”. Mientras que otra es el lobo acosando una presa. Excepcionalmente se lo puede pintar arrojando fuego por las fauces o “flameante”, o bien con el cuello alzado hacia el cielo y el hocico estirado, lo que en heráldica se denomina “aullante”.

Raro será que lo veamos corriendo y no caminando. Y podemos encontrarnos al lobo parado y atado al tronco del árbol por una cadena, lo que se dice “arrestado”. También hallamos al lobo aprisionado por un cepo o “atrapado”. Excepcionalmente el lobo puede aparecer alzado sobre las dos patas traseras, rampante, pero para los lobos se dice “arrebatado”.

Al lobo lo vemos a menudo junto a un árbol con lo que se resalta la simbología de este animal, combinándola con lo representado por el árbol: Con ello se recuerda, del linaje que así se blasona, su notoriedad e importancia surgidos de propio esfuerzo, habiendo ganado sus tierras a los moros con la fuerza de su espada y posteriormente defendido su solar y patrimonio frente a sus enemigos que los acosaban como lobos furiosos. Normalmente se trata de un solo lobo que se dibuja resaltado o atravesado por delante del tronco del árbol, mientras que si fuera una pareja lo normal es que ambos vayan acechantes en la misma dirección, el uno resaltado al tronco y el otro dibujado por detrás del tronco. Además, si está pasante a un árbol, recuerda su condición de Gobernador de una plaza que sacó de sitio. ¿Recuerdan el escudo de Vizcaya? El histórico no el inventado por Sabino Arana.


La presencia de este recurso heráldico es muy abundante pero no está uniformemente distribuido encontrándonos zonas muy ricas en lobos, como Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, y comunidades escasas en Lobos como Cataluña, Baleares y Valencia.

Si se encuentran ante un escudo y tienen dudas sobre el animal representado recuerden que el lobo se diferencia del zorro porque lleva la cola alzada y del perro, porque el lobo es mucho más fiero y la figura del perro se suele representar con la forma característica de los galgos. Y si está policromado sepan que, generalmente, la figura es del esmalte sable o azur.

Esos colores significan algo más que un hermoso contraste. El azur (color azul) simboliza a Venus -el aire- y las cualidades de justicia, obediencia, lealtad, piedad y prudencia, con la obligación al servicio y protección de la Agricultura ante su Soberano y Patria. Y el color negro –sable- era el símbolo del pudor, la discreción y la prudencia.


Pero toda la magia de este animal, todo el magnetismo que con el que se empapaban los escudos y la heráldica medieval no servían de nada frente al daño económico que producía en las tierras ganaderas del norte. Había que eliminar a la bestia cuando aparecía en Las Merindades. Para ello, entre otros métodos, se empleaban las loberas.

Hoy nos fijaremos en la lobera del Toyo. Esta hermosa pieza arqueológica se encuentra en una ladera del monte comunal del mismo nombre (Toyo) cuya propiedad es compartido por Río de Losa, San Llorente y Villaluenga.

Los que accedan a ella se la encontrarán en muy mal estado de conservación fruto de la descuidada tala de los pinos dentro y fuera de la construcción.

Croquis de la lobera del Toyo

Las paredes son de piedras pequeñas y ripio –material de relleno diverso- y presentan un espesor medio de 70 cm, una altura de 2`30 m y una longitud de 695 metros para el lado norte y de 318 metros para la pared sur. Puede que a alguno de ustedes le suenen estas otras medidas de 705`90 metros y 405`20 metros que recogió el alavés Félix Murga en su trabajo sobre loberas de Álava y Burgos. Da igual. En ambas paredes nos encontramos con portilleras: dos en la pared norte (2`7 metros y 3 metros de anchura) y una en la pared sur (2`7 metros de ancho).

El foso tiene una forma regular de 4`48 metros por 3`53 metros aproximadamente con una profundidad de 1`50 metros. Destacamos que en el borde de salto hay tres palos de unos 40 cm que podrían tener como finalidad soportar el parapeto de bardado que impedía que el lobo viese la trampa. En el cono que forman las paredes de la lobera están los restos de dos cabañuelas.


La lobera se construyó entre los siglos XVII a XVIII y en las batidas participaban vecinos de pueblos del valle de Losa, de Hozalla, Mambliga, Fresno de Losa, San Llorente, Villaluenga, Río de Losa y de los alaveses Basabe, Bóveda, Pinedo, Mioma y Quintanilla.


Bibliografía:

“Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos)” de Judith Trueba Longo.
“ANÁLISIS DE LAS CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA HERÁLDICA GENTILICIA ESPAÑOLA Y DE LAS SINGULARIDADES HERÁLDICAS EXISTENTES ENTRE LOS DIVERSOS TERRITORIOS HISTÓRICOS HISPANOS”. Tesis doctoral de Luís Valero de Bernabé y Martín de Eugenio.
Revista Kobie.
Blog “Dibujo heráldico”.
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