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domingo, 19 de abril de 2026

Bombas sobre Las Merindades… rojas. (II)

 
 
La sesión anterior visitamos el frente de Santander en la zona de El Escudo. En esta recorreremos las otras dos zonas de Las Merindades que estuvieron en zona republicana: el Valle de Mena y la Merindad de Montija.
 
El Valle de Mena es un municipio de 263 kilómetros cuadrados que limita con Vizcaya y Álava. Y con Cantabria. Son 126 núcleos de población y el municipio esta atravesado por la carretera de Bilbao a Reinosa y por el ferrocarril de La Robla (Bilbao-León), que fueron sus ejes de comunicación a lo largo del siglo XX. Traducido: Bilbao estaba muy cerca y Burgos muy lejos. El Valle de Mena fue controlado por las milicias republicanas de la provincia de Santander, por la Columna Villarías que, procedente de Santoña, cruzó el puerto de los Tornos y ocupó la mitad norte de la Merindad de Montija y el Valle de Mena. El frente quedó estabilizado en Villasante de Montija y las alturas de la Sierra de la Peña, dominadas por los sublevados.

 
En Villasana las autoridades republicanas habilitaron un hospital en el edificio del llamado Asilo-Hospital de Villasana, a la salida del pueblo, al cual posteriormente se incorporó el colegio San José, de las monjas. Aunque el frente menés apenas registró incidencias, los republicanos organizaron un sistema de vigilancia antiaérea para avisar de la presencia de aviones, como quedó reflejado en las actas municipales en marzo de 1937: “Se acuerda encargar a Macario Fernández la adquisición y colocación de una campana, un disco o un carril sonoros de aviso al vecindario a la aparición de aviones enemigos”.
 
“De aviación no me acuerdo que bombardearan, una temporada fuimos a Artieta al colegio, una vez viniendo de Artieta en una furgoneta un avión nos tiró una ráfaga, ya se acabó la escuela y no fuimos más, porque era peligroso, no sé si nos tiraría a dar, pero se acabó la escuela”.
 
“Una vez vino un avión de Bilbao que le llamaban
"El Abuelo" vino a bombardear La Peña, yo creo que fue el día de Reyes [6 de enero de 1937], un tiroteo ahí en Montija, fuimos medio pueblo [Villanueva de Mena] al monte a ver qué pasaba, era un ataque de la República contra los nacionales, todo el día hasta las cinco o seis de la tarde, que salieron unos aviones y unos bombazos, lo del "Abuelo" fue otro día, vino y marchó, porque enseguida vino un caza [franquista]”.

Bombardeo en Villasana de Mena.
 
La precaria alarma aprobada por el ayuntamiento fue instalada en el monte conocido como Gurugú, situado al norte de Villasana, desde donde Macario hacía sonar un raíl para avisar al vecindario de la presencia de aviones. El 7 de abril de 1937 se acometió la construcción de algunos refugios en Villasana: “Se acuerda por unanimidad la construcción de un refugio contra aviones en la huerta sita frente al Ayuntamiento y, una vez terminada la obra, el arreglo de los ya existentes en el pueblo”. Y en junio se acordó remunerar a Macario su labor preventiva: “Se acuerda pagar diez pesetas diarias a Macario Fernández por los días que estuvo de vigía de aviación”. No sabemos si Macario prosiguió la vigilancia después de esta fecha, pero lo cierto es que una semana después del último acuerdo reflejado en las actas tuvo lugar el bombardeo del casco viejo de Villasana de Mena por una escuadrilla de la aviación italiana, hecho que causó importantes daños materiales y asustó a los vecinos, aunque al parecer no registró víctimas mortales y solo heridos leves, según los testimonios orales recogidos en el Valle de Mena en 2010: “El bombardeo fue el 15 de junio de 1937 a las once y media de la mañana, el 13 es aquí fiesta, San Antonio, me acuerdo que fue el tercer día de fiesta, yo creo que fueron seis aviones, tres y tres, venían en esta dirección [de oeste a este, muy probablemente desde Villarcayo o Burgos]. Tiraron una bomba en el convento, otra cayó en una huerta. El convento primero lo usaron de cárcel y luego estuvo de cuartel de los milicianos... Cayó otra en el hospital de sangre, que era colegio de niñas dirigido por las monjas, y en varias casas, en la casa de los Ruigómez estaban los altos mandos de los milicianos... En total, no sé si fueron ocho bombas, no eran muy grandes, hacían huecos de un metro y medio por un metro de diámetro, pero tiraron tres casas. No sé si hubo muertos, decían que si en el convento murió algún miliciano… del pueblo resultaron algunos con raspaduras, es lo único que se comentó. Yo era un chaval, tenía 15 años, pero me acuerdo bien”.

 
“En Villasana y en Bercedo tiraron bombas, en el convento de Villasana tiraron casi medio convento, pero no mataron a ninguna monja, eran de clausura. había muchísimas. [En realidad las monjas fueron llevadas a Vizcaya al poco de comenzar la guerra convirtiéndose dichos edificios en alojamiento de tropa y hospital de sangre] Decían: ¡A tal hora van a venir los aviones! Nos llevaban a una galería en el monte [de Villanueva], era de tierra, de las minas, una galería que tenía veinte o treinta metros de larga, todos para allí adentro, allí nos metíamos todos los chavales. Debajo de una casa hicieron también dos refugios, uno a cada lado, para meterse los vecinos, tenían cuatro sacos de tierra de cincuenta kilos, cae una piña de los pinos y lo hunde...”.
 
“Íbamos a una cueva [de Villanueva] porque bombardearon en Villasana, otros se metían en un arroyo, estábamos trillando y venían los aviones, mi padre y un vecino no tenían miedo, nunca dejaron de trillar. En Villasana vinieron tres aviones a bombardear, fue por junio, más alante...”.

Bombardeo en Cadagua de Mena.
15/06/1937
 
Tal vez el mismo día, o en otras fechas, por testimonios orales sabemos que en Vivanco también murió una vecina de Arceo con su hijo a causa de la aviación: “Cuando venían aviones nos marchábamos a refugiarnos en los arroyos, salíamos todos de casa. Aquí en Vivanco cayeron varias bombas, mató a una de Arceo, estaban en la labranza. Iría corriendo a algún sitio, no sé cómo se llamaba”. Esa información fue completada: “Aquí [en Vivanco] murieron dos vecinos al caer las bombas, cayeron 3 o 4 bombas, y mataron a una madre y un hijo de Cantonad, la mujer de Matías y un hijo. Matías luego se fue a Arceo, yo creo que se apellidaba Reigadas. Aquí había una alcantarilla debajo de la carretera, primero nos metíamos allí, nos llamaba mi abuela: “¡Que viene la aviación!”. Bajábamos corriendo al río. Luego mi padre y unos cuantos hicieron unos refugios donde el río, ahí mismo, han estado muchos años, en un terraplén grande hicieron un tipo de cueva, lo empezaron por las dos partes con la cosa de unirlas [las dos galerías] pero no llegaron a pasar de una a otra, ahí lo dejaron, lo hicieron los vecinos de aquí, mi padre entre ellos, luego se marcharon al frente y no los terminaron".
 
“En Ungo vinieron los aviones y tiraron unas bombas a la orilla del río, allí había un refugio de toba, pero aquel día no había nadie, solían bajar allí los vecinos, pero aquel día no les dio tiempo. Si llegan a bajar, allí quedan. ¡Hicieron unos agujeros! La burra mía allí toda reventada, las tripas, cayó a la parte abajo del pueblo, de mi casa a donde cayeron las bombas había cincuenta metros. Había unos de Ungo que estaban en La Peña [con los nacionales], se conoce que informaron para que no dieran a su casa”.

Cueva refugio de Noceco
 
Los italianos realizaban bombardeo por sorpresa, sin escolta, dada la proximidad de las líneas. Probaron en Mena el bombardeo fraccionado actuando sobre tres puntos de su geografía: Cadagua, Vivanco y Villasana de Mena. La acción se inició a las doce y duró quince minutos. Los tres aparatos Savoia SM-81 dejaron en cada sitio un tercio de su carga destructiva. En el bombardeo de Cadagua falleció Andrea Martínez Gómez, de 65 años, a causa de las heridas de la metralla. Consta que lanzaron 24 bombas de 50 kg.
 
En el bombardeo de Vivanco hizo aparición cierta nubosidad. El comando XXI Stormo BT, al mando del capitán Simini, voló en formación de cuña, con una distancia de setenta metros entre cada aparato a una cota relativa de 1.400 metros. Los aparatos que participaron fueron el N4 al mando del capitán Simini, capo de la escuadrilla; el N5 del teniente Villa y el N1 del sargento teniente Villa.

 
Por último, se bombardeó la capital del valle, Villasana, aunque el ataque resultó ligeramente desviado a la derecha y no logró del todo su objetivo destructivo. Se lanzaron 3.500 kg de bombas repartidas en tres objetivos. El error de tiro se repitió en varias de sus acciones de bombardeo a lo largo de la línea encartada de defensa republicana, minimizando, por desvío, su poder destructivo.
 
Tras el bombardeo de Villasana del 15 de junio de 1937 y la caída de Bilbao el 19 de ese mismo mes, numerosos vecinos del Valle de Mena huyeron hacia Santander al temer la inminente llegada de las tropas franquistas, que ocuparon Balmaseda el 29 de junio y llegaron hasta el límite provincial en El Berrón.
 
Sin embargo, el avance franquista en el frente vizcaíno se detuvo el 6 de julio de 1937, no tanto por la resistencia republicana en la zona como por el inicio de una contraofensiva republicana en el frente de Madrid que daría lugar a la batalla de Brúñete. Franco se vio obligado a enviar urgentemente fuerzas desde el norte y el frente vizcaíno quedó estabilizado un mes y medio, periodo en el que los republicanos lanzaron algunos ataques sobre la ermita de San Roque del monte Colicha y otros lugares sin conseguir romper el frente. Finalmente, el 14 de agosto las tropas rebeldes rompiendo el frente en los sectores de Reinosa y El Escudo.

 
El 20 de agosto, las fuerzas de la División 52 de Villarías recibieron la orden de abandonar sus posiciones en el Valle de Mena en previsión de una posible ofensiva en tenaza que pudiera coparles, como había sucedido en Valderredible. Se replegaron a los montes de Ordunte, desde El Cabrio y Zalama hasta Burgüeño, pero el domingo 22 se les ordenó nuevamente abandonar para acudir a defender Torrelavega, amenazada por el avance de las Brigadas de Navarra por el Besaya.
 
Mientras tanto, el mismo domingo 22 las tropas de la primera Brigada de Castilla entraron en el valle sin resistencia, incluida su capital, Villasana, y al día siguiente completaron la conquista del valle ascendiendo hasta Irús por un lado y marchando sobre los montes de Ordunte por otro, para caer el martes 24 sobre el vecino Valle de Carranza (Vizcaya), ya totalmente derrumbado el frente republicano.

Vivanco de Mena.
 
Con relación a la zona de la Merindad de Montija. Es un municipio de cien kilómetros cuadrados, situado en el extremo noreste y compuesto de dieciocho entidades locales y tres barrios (El Crucero, El Ribero y Villasorda). Bercedo, por su parte, es una de las localidades más destacadas, y la más estratégica por cruzarse allí la carretera N-629 de Burgos a Santoña, con la que comunica Bilbao con Reinosa. Además, la zona norte de la merindad es atravesada por el ferrocarril de La Robla (Bilbao-León). En 1930 la población era de 2.964 habitantes, en su mayor parte dedicados a la agricultura y la ganadería, aunque en Bercedo y Villasante también había diversos servicios a lo largo de la carretera nacional.
 
El frente quedó estabilizado en donde hoy están las instalaciones de la ITV. Así los pueblos montijanos de la mitad sur de la Merindad quedaron bajo control de las tropas sublevadas de Burgos y las milicias de Falange, incluyendo la Centuria Montañesa y la Centuria Menesa, formadas con derechistas huidos de Cantabria y el Valle de Mena respectivamente.

Villasante de Montija 
tras ser bombardeado
 
Villasante fue primera línea del frente durante los trece meses de la contienda en Las Merindades, hasta que las tropas republicanas se retiraron hacia Santander. En Bercedo y Villasante se produjeron algunas muertes de civiles debidas a los disparos realizados desde las posiciones franquistas en la Sierra de la Peña que domina todo el valle. Entre ellas, la niña Concepción Muñoz Fernández, vecina de Villasante de 12 años, que resultó alcanzada por un obús cuando se encontraba en casa con su madre dando de comer a los animales, siendo herida gravemente en la columna vertebral; fue trasladada urgentemente a Santander y murió en un quirófano de la Casa de Salud Valdecilla. Dos hermanos de Bercedo murieron igualmente en circunstancias similares, como nos relató Juan Manuel López Cano, hijo de una de las víctimas: “Aquí [en Bercedo] estaban los rojos hasta Villasante, entre Villasante y El Crucero estaba el frente, pero en La Peña estaban los nacionales que llamaban. A mi madre le llegó una bala perdida. Estaba haciendo las camas y una bala la mató, murió en Valdecilla a los 25 días. Y otro hermano, Ramón, murió en Agüera de un bombardeo de aviación, le mató donde el puente, cayó una bomba y le mató, era tío mío”. Las víctimas fueron Casilda Cano Mena, de 57 años y madre de seis hijos, que murió en el hospital santanderino el 25 de septiembre de 1936, y su hermano Ramón Cano Mena, de 52 años, que murió en Agüera de Montija el 4 de octubre de 1936 por metralla de bombardeo.
 
Ese mismo mes, el 27 de octubre de 1936, falleció también en Agüera el joven Jacinto Mena Ortiz, de 25 años, a consecuencia de otro bombardeo de la aviación franquista. Para prevenir al vecindario de la llegada de los aviones se dispuso vigilancia en el campanario de la iglesia de Bercedo. Así lo relata Pilar Ezquerra Cano: “Tiraban desde La Peña, pusieron sacos terreros protegiendo la carretera hasta el puente para proteger. Tocaban la campana de la iglesia cuando venía la aviación y se metían unos en la alcantarilla de la carretera y otros en la Cueva del Molino, también había cañonazos, esos eran los nacionales, tiraban desde La Peña y desde El Crucero, diecisiete casas se quemaron en un día... Venía mucho la aviación, ¡en el cruce de la estación había unos torcones!” Por su parte, Ángeles Ezquerra Cano recuerda que “había un soldado de guardia en el campanario de la iglesia [de Bercedo], cuando veía venir a la aviación tocaba la campana y la gente se refugiaba, unos en la alcantarilla y otros en la Cueva del Molino”. Los campanarios eran el lugar natural para vigilar como dijo Emiliano Baranda Gómez: “A la salida del pueblo [de Agüera] hicieron un refugio, una C con dos bocas, cogía todo el pueblo, una cosa de llamar la atención. Había un vigilante con una campana, cuando asomaban los aviones por la peña [de Losa] avisaba y todo el mundo al refugio”.

 
Ya en el verano de 1937, Agüera y Bercedo sufrieron bombardeos de aviación que causaron la destrucción de numerosas casas, lo que dio lugar a que estos pueblos montijanos fueran evacuados y sus habitantes trasladados a la vecina Cantabria, como recordaba Emiliano Baranda: “Aquí [en Agüera] bombardeó la aviación y quemaron veintidós casas, por eso tuvieron que evacuar el pueblo. Nos llevaron a Soba, muchos se quedaron en las cabañas del Ventorrillo [puerto de los Tornos], nos acogieron muy bien en Soba, pero muy bien. Estuvimos en Santayana, allí solo había leche y castañas, las cocían y lo pasaban, el cuerpo necesita más que líquido, solo con leche… En la casa donde fuimos lo habían pasado muy mal de hambre, yo venía todas las semanas [a Agüera] a por harina y la llevaba otra vez a Soba, que allí faltaba, allí no sembraban, era todo cuesta, se llevaba la tierra el agua [...].
 
El 13 de julio de 1937 cinco SM-81 bombardearon las trincheras del puerto de Los Tornos. Ese día de bombardeo falleció Ricardo Ruiz Pereda, vecino de Agüera, casado, cuatro hijos, caminero, que no quiso dejar el pueblo cuando sus vecinos fueron evacuados al Valle de Soba y murió entre Agüera y San Pelayo. Tenía 60 años.

 
Pilar Ezquerra Cano recuerda la evacuación de Bercedo: “Nos dijeron que teníamos que salir, yo salí con mi padre a Villar de Soba con las ovejas y un carro lleno de muebles, el 4 de agosto [de 1937] se quemaron las casas, salimos un poco antes, de aquí a Villar de Soba, otros se fueron a Fresnedo, cada uno donde tenía alguna amistad. Nos acogieron muy bien, eran buena gente, nosotros llevábamos una talega de harina, con eso hacíamos pan, allí estuvimos hasta que se terminó la guerra [en realidad hasta la caída de Santander a finales de agosto de 1937]. A su vez, Cándida Aostri Pereda rememoraba que “nos llevaron a San Miguel de Aras [Voto, Cantabria] a un rebaño de niñas, nos tuvieron allí en un convento, primero estuvimos en el Palacio de Nava [de Ordunte, Valle de Mena], y después por el monte a San Miguel de Aras. Nos llevaron los de Villarías, a los niños que no teníamos los padres en casa, los de mi casa estaban en Soba en casa de unos pasiegos, mi padre fue desde Soba a buscarnos a San Miguel de Aras para traernos ya de vuelta a casa, el pueblo [Bercedo] estaba quemado, aquí se quemaron diecisiete casas”.
 
El ejército republicano concentró tropas en Villasante puesto que era la línea del frente. M. Garda, general de división aérea, decidió enviar al Comando 21 Stormo BT con tres aparatos S-79 a bombardear Villasante y Bercedo el 6 de junio de 1937. Sobre el plan inicial de lanzar 50 bombas de 100 kg de peso, el número se redujo a treinta. El día permanecía cubierto, por lo que no se realizaron fotografías ni se produjo actividad antiaérea. La acción se realizó por sorpresa y no se acompañó de protección de cazas.

SM-79
 
El 4 de agosto se atacó Bercedo, Quintanilla, Villasante y la cota 786. La casa de Rogelio Villasante Arroyo que tenía alquilada en Villasante desapareció al ser quemada o bombardeada. Albino Fernández Monte, vecino de Bercedo, casado, seis hijos, labrador, debió resultar herido en algún bombardeo de aviación o artillería sufrido en Bercedo, porque falleció en el Hospital de la Bien Aparecida (Ampuero, Cantabria) el 7 de agosto de 1937. Tenía 76 años.
 
En la madrugada del lunes 23 de agosto se produjo la retirada de las últimas tropas republicanas que permanecían en suelo burgalés, en Montija y Valle de Mena retirándose hacia Cantabria, con lo que el frente burgalés desapareció definitivamente y la guerra terminó en esa provincia.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Viento Fuerte del norte”. Javier de la Colina Aranceta, Javier de la Colina Menéndez y Fernándo Obregón Goyarrola.
“El bombardeo aéreo como atributo de la guerra total: la población de la retaguardia sublevada como objetivo de guerra del gobierno republicano”. Juan Boris Ruiz Núñez.
“Los Romeo RO-37 Bis en la Guerra Civil (I parte)”. Juan Arraez Cerdá.
“República, Guerra Civil y Postguerra en Espinosa de los Monteros y Merindades de Montija, Sotoscueva y Valdeporres (1931-1950)”. Fernando Obregón Goyarrola.
“República, Guerra Civil y Postguerra el Valle de Mena (1931-1955)”. Fernando Obregón Goyarrola.
 
 

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