Debemos
aterrizar en el 5 de abril de 1571, año de la batalla naval de Lepanto, cuando
se firmaban en Berlanga las capitulaciones matrimoniales de Francisco Tomás de
Borja Centelles y Juana de Velasco ante el escribano Diego López de Espinosa. Los
partícipes eran el condestable Íñigo Fernández de Velasco y Tovar (1520-1585) y
Francisco Juan Roca, deán de Gandía y canónigo de la Metropolitana de Valencia,
en nombre del Duque de Gandía, Carlos de Borja y Castro (1550-1592), hijo del
canonizado Francisco de Borja y Aragón. Lo que se dice dos pesos pesados de la
política en los reinos de España. La fecha de la boda se fijó seis meses
después de la llegada de la dispensa de Roma porque Juana era hija de Ana Ángela
de Aragón y Guzmán (1525-1589), pariente de los Borja. El matrimonio estrecharía
más los vínculos -y los intereses- de estos dos poderosos clanes nobiliarios. Finalmente,
las bodas se realizarían en octubre de 1572. Casó a Francisco y Juana el
patriarca de Antioquía y arzobispo de Valencia, Juan de Ribera.
El
duque de Gandía cedía a su hijo el título de marqués de Lombay y una serie de
tierras y rentas asociadas a ese marquesado. A su vez donaba a la futura
marquesa, como aumento de dote, 32.500 ducados, cuya renta gozaría mientras viviese.
Francisco entregó a su prometida 500 libras en moneda valenciana para gastos de
ayuda de cámara, que serán 1.000 en el momento de efectuarse el enlace. Por su
parte, Juana de Velasco llevará de dote 65.000 ducados, de los cuales recibirá
6.000 ducados en joyas, alhajas y otros objetos de valor y 2.000 ducados en moneda,
dentro de los ocho días posteriores al de la boda. El resto de la dote se
repartió: 4.000 ducados en ajuar y vestidos y 53.000 ducados hipotecando bienes
y haciendas de los estados del Condestable.
Ningún
problema porque sabemos que los Velasco tenían fortuna y poder. O igual no. El
problema era que no disponían de liquidez para cumplir el acuerdo. No eran como
el Tío Gilito y su almacén de monedas y billetes. Las cosas no funcionaban -ni
funcionan- así. Muchos de los bienes estaban incluidos en un mayorazgo del cual
no se podían enajenar o hipotecar. E, incluso, no se podía suplicar licencia al
rey para ello.
Se
consiguió que se enterase Felipe II -no se “suplicó”- y este, “sin verse
obligado a ello”, firmó en Madrid, el 26 de junio de 1571, una cédula real permitiendo
hipotecar, por una vez y como excepción, bienes del mayorazgo. Impuso la
obligación de levantar las cargas lo antes posible. La firmó, también, el
secretario del rey, Juan Vázquez de Salazar; la escribió el doctor Velasco y es
registrada por Jorge Olalde de Vergara. Juan, hijo y heredero de la casa de
Velasco y hermano de la desposada autorizó, con su firma, estas hipotecas. La
tasación fue hecha ante el escribano, y encargado de los negocios del
Condestable, el briviescano Diego de Bañuelos el 28 de abril de1572 en Madrid. Fueron
nombrados diversos tasadores para diferentes tipos de elementos: para los
vestidos y hechuras de oro y plata, Juan Navarro, Gregorio López y Benito Sáez
que eran sastres; y para los bordados Diego Ramírez -que bordó el ajuar y
vestido de Juana-, Lucas de Burgos y Juan de Zaragoza, bordadores todos ellos.
El
inventario nos permite conocer los bienes y su valor. Tenemos, entre otras
prendas: una saya de tela de oro encarnada bordada en canutillo de plata
valorada en 300 ducados con 442 Reales y medio; saya, capote y ropa de raso
pardo bordado en canutillo de plata, prensado el canutillo, se tasa en 8.758 reales
y medio; una basquiña de tela de plata bordada con dos rayas de terciopelo
blanco con canutillo de oro 1.682 reales y medio; dos jubones de telilla de oro
y plata de Milán 616 reales; o ropa de damasco carmesí con pasamanos y alamares
de oro por 780 reales. La lista concluye con dos sombreros: uno encarrujado
bordado de oro y plata de canutillo por 11.250 maravedíes y otro bordado de
azabache con plumas negras por 6.000 maravedíes. Las joyas, y objetos de plata,
fueron numerosas: sesenta puntas de cristal guarnecidas de oro, valorado en 155.662
maravedíes; collar de diamantes y rubíes con una esmeralda grande y unas
arracadas de oro y con seis diamantes y dos pinzantes de perlas que costaba
93.750 maravedíes; sortijas, botones, cruces y cadenillas; y, sobre todo, una
silla de montar en plata con sus gualdrapas para mula y otra para cuartago (un
caballo de mediana alzada). Toda la plata y las joyas sumaban 295.245 maravedíes.
Esta valoración la acepta Francisco de Borja, marqués de Lombay, y son testigos
Sancho de Viedma y Carvajal, el doctor Pérez, alcalde mayor, y el contador
Gabriel de Godoy, Nicolás de Barrientos, criado del contestable, vecinos de
Berlanga. No lo especifica la fuente, pero suponemos que, cuando se refiere a
Berlanga, es Berlanga de Duero.
¿Mucho
por una boda? Quizá. Pero piensen que Francisco Tomás futuro VI duque de
Gandía, era el heredero de los títulos nobiliarios más importantes de España,
que tenía grandeza de primera clase desde 1520. Y sería un aliado político de
los Velasco en La Corte.
Francisco
Tomás y Juana fueron padres de:
- Carlos
Francisco de Borja Centellas y de Velasco (1573-1632), el heredero.
- Íñigo
(1574-1622), maestre de campo en Flandes (donde en 1606 obtuvo una dramática
victoria contra las tropas rebeldes del conde Mauricio) y castellano de
Amberes, se casó con Hélène d’Hénin-Liétard.
- Francisco
(nacido en 1575), franciscano en el convento de San Roque de Gandía.
- Gaspar
(1580-1645), primado de España y arzobispo de Sevilla, cardenal, virrey de
Nápoles, miembro del Consejo de Estado y embajador en Roma.
- Baltasar
(1586-1611), obispo y virrey de Mallorca.
- Melchor
(1587-1645), caballero de San Juan de Jerusalén y comendador de Aliaga, del
Consejo de Guerra y capitán general de las Galeras de España, se casó con
Leonor de Recalde.
- Juan,
quien nació en 1589 y murió, de niño, siendo ya caballero de Santiago.
- Magdalena,
quien se casó con su primo Íñigo Fernández de Velasco y Tovar (conde de Haro).
- Catalina,
clarisa en Gandía.
En
1576 el apoderado de los marqueses de Lombay, Bernardo de Trincado, concierta
un préstamo con el convento de Santa Clara de Briviesca de 4.000 ducados. La
garantía fue una hipoteca sobre la dote de la marquesa que estaba garantizada
por los 53.000 ducados que gravaban, con facultad real, el mayorazgo de Velasco
y de manera particular el palacio de Burgos y los juros, égidas, pastos,
tierras y alcabalas, pecho y derechos en Briviesca, Cerezo, Haro y Belorado. ¡Otra
vez problemas de liquidez en un Velasco! El poder para permitir a Trincado hacer
esta operación está extendido en la casa palacio de los condestables de
Villalpando, ante Francisco de Mayorga, escribano de la citada villa. Y lo
firman Francisco de Borja y Juana de Velasco. Los réditos, 810.294 maravedíes, se
pagarían en tercios: el primero en 1 de enero de cada año, el segundo el 1 de
mayo y el tercero el 1 de septiembre. La escritura se firma en Briviesca ante
Pedro de Aguirre, escribano y actúa en nombre de las clarisas Diego de Urna,
donado del convento, que exhibe poder otorgado por la abadesa Mencía de
Salazar. Cuando los Velasco levantaron las deudas por este enlace quedó
olvidada esta deuda de 4.000 ducados y sus réditos sin pagar.
Ochenta
y dos años después -repito: ¡Ochenta y dos años después!- , Miguel de Yanguas,
en nombre de la abadesa y monjas de Santa Clara, pidió al alcalde mayor que
obligase al condestable a pagar los intereses atrasados. Algo así como lo que
hacen los políticos de nuestro país con la deuda: pasarlo a nuestros nietos. Y
no pagarlas. Evidentemente, se originó un largo pleito que fue fallado a favor
de las clarisas por la Real Chancillería de Valladolid. Apeló el condestable Íñigo
Melchor Fernández de Velasco y Tovar y vuelve a perder el caso debiendo realizar
el pago de los intereses. Años después, muriendo el siglo XVII, la casa de Velasco
devuelve los 4.000 ducados del principal del préstamo, concluyendo así un
enojoso problema que nació con las dificultades económicas que pesaban sobre Francisco
Tomás de Borja Centelles y Juana de Velasco y cuyas salpicaduras alcanzaron
casi un siglo.
Ellos
se libraron de pagar.
Bibliografía:
“Una
página olvidada de la historia de los Condestables”. Jesusa de Irazola.
PARES.
Portal de archivos españoles. Ministerio de Cultura.
Real
Academia de la Historia. Historia Hispánica.
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