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domingo, 30 de agosto de 2026

Torre de los Monteros o el palacio del marqués de Legarda.

 
 
Nos desplazamos a la población de Espinosa de los Monteros para observar a una de sus casonas señoriales: la “torre de los Monteros”. Anotaremos que que la abundancia de restos históricos coloca este pueblo a la altura de la capital de la provincia.

 
Este edificio es también conocido como la “torre del marqués de Legarda” o la de “Valanto”. Son identificadores procedentes de la tradición popular y se asientan en los nombres de diferentes dueños, ciertos o supuestos. El conjunto está formado por una Torre defensiva, con patio amurallado en su parte delantera y puerta de acceso de gran tamaño. Hay que agradecer que hoy esté cerrado con un pequeño portón de hierro que, aunque afea, permite ver este patio. En los últimos años ha sido restaurada y consolidada para conservarla. Entendemos que no era una torre aislada, sino que con ella se englobarían un conjunto de edificaciones de los siglos XIV y XV, que sufren alteraciones en épocas posteriores o desaparecieron.

 
La Torre es rectangular con remate en almenas y garitones en los ángulos que parecen de época barroca. Ambos elementos resultan más recursos estéticos que defensivos y se encuentran bajo un tejado a cuatro aguas. Son formas evidentes de una Casa-Torre. Los garitones están prolongados hasta el suelo en toda la longitud de la esquina como un refuerzo de esta. Esta situación sólo la vemos en tres de ellas. La no prolongación de la otra nos dirige a pensar que bajo ella hubo construcciones. Los muros son compactos y alternan en su construcción la sillería (cubos, almenas y huecos) y la mampostería o sillarejo. 


Apenas encontramos vanos significativos a no ser añadidos con posterioridad a su fábrica primera. La puerta principal de la torre es de arco apuntado y sobre ella, centrado en la fachada, se encuentra la salida a una ventana abalconada de incierta fecha. No se ven trazas de la existencia de vigas que sustentasen un posible balcón en la fachada por lo cual, entendemos que pudo ser sólo esa ventana con barandilla.

 
En todos los paños hay ventanas aparentemente colocadas sin orden ni concierto. Algunas están a una altura que eliminan la capacidad defensiva de la casa torre. En este sentido hay diferencia en el color, el deterioro y la piedra empleada en alguna de ellas que hacen pensar en que son fruto de alguna restauración. Incluso las hay que tienen un ligero trabajo decorativo. En la fachada posterior, protegida por un patio que impide acercarse, hay una alta ventana con alfeizar que, sospechosamente, rompe la línea de almenas.

 
Al patio, amurallado hasta media altura con mampostería, se accede por una puerta ornamental del siglo XVII o XVIII, toda ella de cantería en el exterior, enmarcada por dos cubos, abiertos en el interior, con saeteras en forma de cruz y remate almenado con cornisa, que llevan sendos escudos en su parte superior. 


Entre ellas tenemos dos columnas clásicas con los lisos fustes ligeramente ensanchados en su centro, y asentadas sobre elevados plintos que flanquean la entrada. Las columnas sujetan un dintel de entablamento liso. Encontramos casetones en el intradós del dintel. Destaca la cornisa con un remate cúbico adornado con jarrones con bolas. Tras estos está un frontón con cintas talladas que encuadran el escudo heráldico de quienes encargaron la obra. Se ha querido ver en esta portada una evocación a la puerta de la Bisagra toledana diseñada por Alonso de Covarrubias el siglo XVI.

 
En ese patio delantero nos encontramos los restos de unas construcciones de planta cubiertas con teja de una época indeterminada pero que evidencian una pobre factura alejada de la de la torre. 


Las últimas restauraciones han rejuntado en un plano inclinado las piedras sueltas que delataban el nacimiento de muros o paredes. El arranque, desde esta pared a la derecha de la portada, es doble. Es decir, de la esquina derecha de la torre nacían dos gruesos muros que, quizá, cerraban otro inmueble a la derecha de la portada y no un patio en el actual jardín o huerto cerrado. 


Si nos fijamos encontramos en su centro otra ventana geminada y una amplia puerta de acceso que podría avalar esta hipótesis. O no. 



Si continuamos por ese lado vemos el cuarto paño de la torre con ventanas y una moderna puerta de salida, pero lo que destaca son las marcas de un tejado a dos aguas entre dos ventanas de arco de medio punto. Se ve una prolongación del tejadillo hacia la derecha según nuestro punto de vista. ¿Qué era?

 
El edificio fue construido en el siglo XIV como casa torre. En el libro “Los Monteros de Espinosa” escribe Rufino que “se tiene por cierto que perteneció a los Marqueses de Legarda ostentando en su portada el escudo de armas de esta noble familia”. Pertenecer no quiere decir construir. Y, ¿Cuándo fue de los Legarda? Pues, en principio, no tengo ni idea. Eso sí, es una buena ocasión para conocer este linaje a ver si sacamos algo en claro.
 
En su origen, el título de Legarda estuvo vinculado al linaje de Salcedo que tenía su solar en la villa de Valmaseda (Vizcaya). Al parecer, Mencía Ortiz de Salcedo y Zúñiga casó a comienzos del siglo XV con Hurtado Díaz de Mendoza, señor de Legarda. Su heredero, Lope Hurtado de Salcedo, señor de Legarda, se instalará en la villa alavesa de Legarda, un importante nudo de caminos entre el Valle del Ebro y Bilbao. El primer dato con rigor histórico es que Diego de Urrutia, señor de la Casa y Torre de Valmaseda, casó con Catalina Hurtado de Salcedo, hermana del señor de Legarda, en algún momento en el tránsito al siglo XVI. Su hijo Juan de Urrutia Mendoza y Salcedo, señor de la Casa y Torre de Valmaseda, todavía no aparece intitulado como señor de Legarda. Esto quizá se debiese a que por entonces el señorío de Legarda lo ostentaba Diego Hurtado de Salcedo. De la unión entre Juan de Urrutia y María Sáez (o Sanz) de los Llanos nació Juan Hurtado de Salcedo y Sáez de los Llanos, que ya figura como señor de Legarda y también de las Casas de Salcedo y Urrutia, caballero de la Orden de Alcántara y corregidor de la ciudad de Ávila. Juan Hurtado casó con Casilda de Velasco y Hierro, siendo padres de Francisco Hurtado de Salcedo y Ortiz de Velasco (1594-1649), señor de Salcedo y Legarda.

 
El señorío de Legarda se transformó en marquesado por Real Despacho de 30 de noviembre de 1664, concedido a Antonio Hurtado de Salcedo, Mendoza, Sierralta y Ortiz de Velasco (1625-1680), señor de Legarda y Mendoza, XIII señor de Salcedo y La Jara, y señor de la Casa de Úrria. Antonio nació en Valmaseda el 19 de mayo de 1625, había servido a Felipe IV en las guerras contra Francia y en la recuperación de Nápoles durante el levantamiento de Masaniello del año 1647, lo que probablemente facilitó su nombramiento como caballero de la Orden de Santiago ese mismo año. Este levantamiento fue una revuelta napolitana contra los impuestos del virreinato. A su regreso de Italia, y hasta 1664, Antonio Hurtado de Salcedo vivió en Sevilla donde fue pintado por Bartolomé Esteban Murillo.

 
Una vez que Antonio Hurtado de Salcedo fue elevado a marqués de Legarda en 1664, fue también nombrado secretario del rey Felipe IV, por lo que es de su-poner que se trasladase a Madrid para estar cerca del soberano y de su Corte. Y de los Monteros de Espinosa. Por pensar en posibles vinculaciones con Las Merindades. El marqués se casó con María Francisca de Coterillo Ortega Calderón. Los marqueses tuvieron cuatro hijos, continuando la línea del marquesado la primogénita Bernarda Hurtado de Salcedo Mendoza (1660-1689), II marquesa de Legarda desde la muerte de su padre. Su consorte, Luis de Peralta (cuyo blasón suele tener un Grifo) y Cárdenas, con quien casó en 1680, fue además segundo vizconde de Villahermosa de Ambite, Caballero de la Orden de Alcántara y miembro del Consejo de Hacienda. También fue Veedor General de Flandes y corregidor de Antequera.
 
El 12 de junio de 1687 nació Juan José Peralta Cárdenas (1687-1754), también nombrado como Juan José Peralta Salcedo o Juan José de Peralta Cárdenas Salcedo Guzmán, III marqués de Legarda. Contrajo matrimonio el 10 de diciembre de 1718 con Teresa Vivanco Olaso (1701-1773), hija de José de Vivanco Angulo y de Antonia de Olaso Angulo. Y estos apellidos, sin otra información, también podrían proceder de Las Merindades: Vivanco, Angulo… Su primogénita fue Antonia Javiera de Peralta Cárdenas y Salcedo (1719-1803), IV marquesa de Legarda. Contrajo matrimonio en 1736 con José Manuel Esquivel Ribas y Verástegui. En 1745 tuvieron su primer hijo, Ignacio de Esquivel, que sucedió en el título nobiliario.

 
Ignacio de Esquivel y Peralta (1745-1814), V marqués de Legarda, accedió al título en 1803. Casó con Manuela Isidra de Navarrete Lisón Ladrón de Guevara y Ponferrada y fueron padres de Álvaro José de Esquivel Navarrete quien murió en 1800. Tras la muerte de Ignacio el título fue transmitido a su nieto Antonio María de Esquivel.
 
Antonio María de Esquivel Verástegui (1801-1860), VI marqués de Legarda accedió al marquesado en 1814. Su hijo Julián Esquivel, senador por la provincia de Álava en el año 1872, heredó el título nobiliario. El VII marqués de Legarda fue el senador Julián Esquivel y Ruiz de Pazuengos (1822-1881) y su sucesor fue su hermano José (ca.1835-1895) que, también, murió sin descendencia. El marquesado recayó entonces en Antonio Fernández de Navarrete y Hurtado de Mendoza (1859-1936), IX marqués de Legarda, que provenía de la línea de Antonia Esquivel y Navarrete (1778-1849), otra de las hijas de Ignacio de Esquivel Peralta y de Manuela Isidra de Navarrete Lisón, V marqueses de Legarda. Su heredero fue Francisco de Paula Fernández de Navarrete y Rada (1889-1960), X marqués de Legarda.




 
Por eso la ostentación de los tres escudos idénticos de la portada sólo nos dicen quién encargó la misma, siempre y cuando el desgaste de estos nos permita una justa interpretación.
 
El escudo tres veces repetido está compuesto de tres cuarteles:
 
  • Primer cuartel: fondo de azur con castillo de tres torres en plata y, en sus almenas, guerrero armado con espada desnuda en la mano diestra y una rodela en la siniestra. Un castillo que representa la grandeza y la fuerza para proteger a los demás y un hombre con espada que representan la justicia. Para algunos trabajos estas son las armas de Vivanco.
  • Segundo cuartel: en el centro una estrella de ocho puntas, de azur, con una bordura de ocho flores -¿rosas?- y una segunda bordura ajedrezada de, suponemos, gules y plata. Unas armas parecidas a las del apellido Ortiz. Aunque los Ortiz de Espinosa de los Monteros parece que tenían un león rampante con bordura de ocho rosas rojas.
  • Cuartel de la parte inferior: elaborado grifo pasante sobre cinco haces de brezo. Empuña una espada. Es un animal mitológico que está asociado a la fuerza y la vigilancia y, en este caso al llevar una espada, con la justicia. Podría ser una variación de las armas del apellido Angulo que posee los cinco haces de brezo. Pero ¿el Grifo? Hay fuentes que lo asocian al apellido Haro. Otras publicaciones indican que “Angulo” sería un apellido representado con un grifo. Y Rufino Pereda cuenta que las armas de este apellido eran “escudo partido en dos con un virol de gules; en el cantón diestro cinco róeles de sinople puestos en santor y en el cantón siniestro cinco manojos de brezos de sinople atados con cintas de gules y puestos de igual modo; los dos cantones o cuarteles tienen el campo de oro. Los róeles significan que fueron escogidos entre otros en igualdad de nobleza; el campo de oro significa virilidad y nobleza, y los cinco brezos el ataque singular a los moros hecho por el capitán Angulo”. Por lo que vemos, es difícil decantarnos. De todas formas, estamos ante algo curioso porque, además de escaso en Castilla, el grifo aparecía en posición rampante.
 
El escudo principal, inclinado hacia la izquierda, está rematando por un yelmo mirando a la derecha con extenso penacho y celada bajada y adornado con lambrequines y cascabeles. La inclinación del escudo no significaba bastardía, sino que fue un recurso estilístico que se llamaba “a la valona” y que llegó a la corona de España durante el siglo XVI.

 
Vale, entonces, los escudos presentan la alianza entre los apellidos Vivanco, Ortiz y Angulo. ¿Quizá fueron encargados por José de Vivanco Angulo y Antonia de Olaso Angulo? Pero, ¿El Ortiz? ¿Tal vez un error de interpretación por Olaso? O ¿estaba vinculado a Mencía Ortiz de Salcedo? Nos falta información.
 
Eso sí, Rufino Pereda Merino afirma que las armas heráldicas de la portada corresponden al marqués de Legarda. Y él vivía en la Corte por lo cual algo sabría.
 
 
Bibliografía:
 
“La ruta heráldica de Espinosa de los Monteros”. Proyecto Aldaba.
“Blasones y linajes de la provincia de Burgos. V. Partido judicial de Villarcayo”. Francisco Oñate Gómez.
“El fondo del marquesado de Legarda en el archivo histórico de la nobleza (Toledo)”. Efrén de la Peña Barroso y José Francisco Guelfi Campos.
“Los Monteros de Espinosa”. Rufino Pereda Merino.
“Figuras heráldicas. Su significado”. Editorial NILO industrias gráficas y Velmont Productions.
“El Grifo en la Heráldica Española”. Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio.
Historia hispánica.
“Aula activa de la naturaleza. Espinosa de los Monteros”. Félix Palomero, Magdalena Ilardia, Francisco Reyes, Jesús Sánchez, Andrés Vilalmanzo, Julio Escalona, Ezequiel Merinero, Miguel A. Ocaña, Isabel Corullón.
 

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