Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 6 de septiembre de 2026

Villarcayo en 1775

 
 
Recuperamos esta semana al egregio Ricardo San Martín Vadillo para que nos haga partícipes de su más reciente investigación sobre parte del pasado de Villarcayo donde conoceremos la villa a través de las actas de 1775. Reconozco que siempre es un placer leerle:
 

Para todos aquellos amigos con los que compartí infancia y juventud en Villarcayo, sus nombres permanecen indelebles en mi memoria”.
 

Un verano más he pasado mañanas y tardes en el Archivo Histórico de Las Merindades. Desde aquí expreso mi agradecimiento a María Arce Fueye por su forma de atenderme y facilitarme mi labor investigadora.

 
La carpeta con signatura 327, Fondo Villarcayo, del año 1775, fue una agradable sorpresa; no esperaba que contuviese tal número de noticias curiosas e interesantes sobre el río Nela, Villarcayo y sus gentes.
 
Es un legajo bien conservado, con tinta de buena calidad y perfecta nitidez. En su interior hay varios folios escritos en letra de imprenta con Reales Cédulas sobre temas diversos: ordenanza de reemplazos del ejército, ordenanza de levas, órdenes para fomento de la industria del pueblo o recogimiento de vagos y mal entretenidos. Leo en su portada: “Libro de Acuerdos de el Ayuntamiento de esta villa de Villarcayo y su Junta Municipal de Propios y ramos arrendables de la misma. Escribano: Esteban Rodríguez Galaz”. En la parte superior de esa portada el escribano recogió esta invocación religiosa: “Jesús, María y José. Año de 1775”. Con letra posterior va escrito: “No tiene quenta alguna”.

 
El primer documento tiene como protagonista al maestro de cantería y carpintería, Mateo Fernández, del lugar de Manzanedo, que presenta el presupuesto de reparaciones que eran necesarias para solucionar los daños tras la crecida del río Nela (3 de junio 1775). Sabemos que Mateo, y Benito Varona, trabajaron como “perito nominado de oficio” en 1770. En ese momento Benito tenía 50 años y Mateo 42 años. Estos datos están contenidos en la Ejecutoria de un pleito entre Cidad de Ebro y Manzanedillo. Estos maestros canteros identificaron mojones, examinaron paredes nuevas y determinaron la capacidad de tierras sembradas.
 
Con relación a la crecida del río Nela se escribía:
 
Yo, Mateo Fernández, vezino del lugar de Manzanedo, maestro de cantería y carpintería, respecto el cargo y mandato de los señores de la Junta Municipal de esta villa de Villarcaio para que reconozca los daños que en la puente de ella y otros sitios y gouierno de su común y término, que los diez y nuebe y veinte y veinteiuno del prósimo pasado (19, 20 y 21 de diciembre de 1774) hicieron las grandes auenidas del río Nela, zenaga y arroios que pasan por él y reconocido uno y otro se halla[n] de precisa composición los sitios y parages siguientes, con el coste que deue tener cada uno. Puentes: Lo primero, resulta que deuajo del puente y orilla del arco, a descalfado los cimientos de la cepa por uno y otro lado como un estado de profundo, que considera para su recalzo y relleno y empedrado de entre arco y arco para su permanencia, tener de costo mil quinientos reales (1.500 rls.). Estacada: Ygualmente, considera tener de costo el desfalco que ha hecho el río Nela en el término que llaman Olmo Caído, para hacer su estacada o fuerte de piedra, para que las aguas no se vaian a la villa, en siete mil y trescientos reales (7.300 rls.). Y también se reconoció el descalfo (sic) que hizo la cenaga delante de la casa donde vía [vivía] Josef Fernández, veredero, maestro de a caballo, y considera tener de costo para su relleno y empedrado, trescientos y cinquenta reales (350 rls.). Ygualmente, se reconocieron varios pedazos del empedrado de la Plaza y calzada que va a la yglesia y considera necesario para su composición ochocientos reales (800 rls.). De manera que considera precisas las cantidades que deja espresadas para su composición, que hacen nuebe mil nouecientos y cinquenta reales (9.950 rls.) y así lo declaro según mi entender y sauer y mi conciencia me dicta y para que conste lo firmo en esta dicha villa de Villarcaio, a tres de junio de mil setezientos setenta y cinco”.

 
Aquí nos encontramos con un maestro de cantería y carpintería de la zona (Manzanedo), es de suponer que adquirió su arte trabajando previamente a las órdenes de otros maestros canteros de renombre y amplios conocimientos. Segundo, quedan patentes los destrozos que el río Nela y las ciénagas circundantes a Villarcayo causaban. Para contener las crecidas del Nela tan sólo se contaba con una estacada, sita en el término de Olmo Caído (¿dónde pudo localizarse tal lugar?), quiero pensar que no lejos de la actual zona de baños, lo que conocemos cómo las piscinas naturales. Tercero, existía un único puente (¿a dónde conducía?) del cual no se da nombre ni ubicación, parece que era de un solo ojo porque se habla “del arco”, en singular. Cuarto, el Nela en 1775, sin medidas serias de contención llegaba, en sus crecidas, hasta la Plaza y la iglesia de Santa Marina. El mencionado Josef Fernández, cuya casa estaba junto a una ciénaga, descrito como “veredero, maestro de a caballo”, era un correo, un encargado de llevar despachos de un lugar a otro a caballo. Ese dato nos habla de la conexión del Ayuntamiento de Villarcayo con otros lugares, indudablemente la Corte de Madrid, de donde se recibían y se llevaban despachos oficiales. Todo ello nos aporta unas pinceladas valiosas sobre cómo era Villarcayo en ese tercer tercio del siglo XVIII.

 
No menos interesante por su valor humano es lo contenido en la doble cuartilla siguiente. La letra es clara, nítida, se ha conservado intacta después de 251 años. Muestra los intereses y preocupaciones personales de Santiago Sarmiento, mayordomo y criado del corregidor: don José García de Leca y Bernal (no se le identifica por su nombre) o del teniente de regidor, podía ser don Juan de Dios González. He aquí ese breve documento: “Señor: Santiago Sarmiento, mayordomo y criado de vuestra señoría, hace presente ser incompatible el travajo de tal con el salario de quatro ducados anuales [44 reales, es decir, 1.496 mrs., salario ciertamente muy bajo, mínimo] que bien considero no hay para zapatos, por lo qual, suplica rendidamente se sirva vuestra señoría añadir aquello que contemple merece tal oficio y faena, en que recivirá merced de tal ilustre villa. Villarcayo, enero, 4, de 1775. De vuestra señoría rendido criado: (firma. Santiago Sarmiento). (Abajo: Ilustre villa de Villarcayo)”. Esa expresión de “no hay para zapatos”, podría ser equivalente a la actual de “no tengo ni para pipas”.
 
En el fol. 4r, con fecha 4 de enero de 1775, letra con tinta de peor calidad, pero perfectamente legible, se nombran todos los integrantes del Ayuntamiento; no había corregidor nombrado en ese momento o posiblemente se hallaba ausente, actuaba como teniente de regidor decano y síndico general de Las Merindades, don Juan de Dios González; se llamaba a cabildo mediante toque de campana, era procurador síndico del común -interesante figura institucional- Benito Díaz Saravia; el Ayuntamiento lo componían 22 representantes del estado de hijosdalgo, más tres personas del estado general y hombres buenos. Se vio un despacho por el cual se ordenaba hacer padrón de los vecinos en 1775 que, de encontrarse nos permitiría conocer los nombres de todos los vecinos en ese año; se nombra como empadronador del estado noble a Manuel Fernández y por el estado general y hombres buenos a Manuel Martínez, ambos vecinos de Villarcayo.

 
El siguiente acta nos lleva al 23 de febrero de 1775. Se recoge por el escribano la queja de algunos vecinos de que el cortador del matadero o carnicería no había querido dar sebo a ninguno de los moradores. Fue llamado al Ayuntamiento por el teniente de regidor y se le ordenó que trajese las llaves de la carnicería. El cortador se negó diciendo que “no quería ni tenía qué hazer en dicha carnezería” el procurador síndico y que era su obligación cuidar de los abastos públicos; don Antonio Bustillo dijo que “se cuiden y celen entre los demás abastos de el de carnizería”, pidió que se vigilase que lo que se vendía en la carnicería tuviese la calidad adecuada y a los precios estipulados. Como se produjo votación al respecto, los diferentes integrantes de la reunión expresaron sus pareceres personales al respecto.
 
Entre las ordenanzas recogidas, con letra de imprenta, llama mi atención, por haberlas visto antes en el AMAR, Archivo Municipal de Alcalá la Real, las referidas a vagos y mal entretenidos. Está impresa en Aranjuez, a 7 de mayo de 1775, es una orden del rey Carlos III, por ella se ordena la leva y como medios para ese alistamiento forzoso “prender y detener los vagamundos, ociosos y mal-entretenidos [...] vagos y ociosos aprehendidos, que fuesen hábiles, y de edad competente para el manejo de las armas, se mantendrán en custodia y sin prisiones [...] en la clase de vagos son comprehendidos, todos los que viven ociosos, sin destinarse a la labranza o a los oficios, careciendo de rentas de que vivir.

 
El acta del 31/03/1775, trata de la invasión de ciertos parajes por ganados mayores, menores y cerdos en los lugares de Villacomparada de Rueda. Son el brezal de Peras Albas y el de San Pedro e incluso en los barbechos “haziendo con estta entrada bastantte daño, pues la executtaron por los panes [trigales] y sembrados que hauía en aquellos sittios [...] que pasen a el regimiento y vezinos de el dicho pueblo de Villacomparada y le requieran se abstenga de que sus pastores se yntromettan con sus beredas en los sittios y parajes que se haga daño y perjuizio a los panes [...] y la misma ynsumizión hagan a el pueblo de Santta Cruz...
 
Viene a continuación el acta del 25/04/1775. Ese día se reunieron -¡interesante!- “en el juego de bolos” de la villa de Villarcayo. Esto me recuerda que, en el siglo XVII, por retarse a jugar bolos en el Soto de la bolera de Villarcayo, los regidores de Mozares, Campo, Torme y Miñón y no asistir a una reunión del Concejo se les impuso una multa de 200 maravedís (Bolos tres tablones). Según el difunto Manuel López Rojo lo mismo les sucedió a los regidores de Escaño, Escanduso, Tubilla y Cigüenza.
 
Se acuerda que “en el tiempo de los fruttos”, es decir, de la recolección, hubiese persona que tocase las campanas cuando había nublados “así de noche como de día nieblas y a las mañanas y medio día de cada vno”. Se sacaron esos puestos a remate y se nombró a Domingo Fernández de Cambarro y Francisco de Regulez, “en quatro fanegas de pan, por mitad trigo y centteno”. Los salarios se podían pagar en dinero -ducados, reales o maravedís- o en trigo, cebada o centeno.
 
Se habló también de que para San Juan de junio (indicaremos que era costumbre fijar esa fecha para el comienzo y final de los contratos, arrendamientos, etc.) se remate el mesón y abacería de la villa por tres años, pero el mayordomo dice que nadie ha hecho “postura” (puja); se acordó, entonces, dejarlo en suspenso hasta otra Junta y fijar avisos al público informando de tal arrendamiento del mesón.

 
Asimismo, se tomaron medidas para que los ganados y caballerías no dañen los “panes”, los sembrados, lo cual ha causado altercados entre los vecinos, se contraten guardas y a quien lo incumpla se le imponga pena de cuatro reales. “Se les permitte a los vezinos que las tengan o las quieran tener, el pasto de los oteros, su camino para hir a él de paso, sin detttenerse...” Estas prevenciones se mantendrán hasta que estén todas las sementeras cogidas y cosechadas.
 
Si antes vimos que una de las reuniones de los representantes del Concejo se celebró en el juego de bolos, ahora vemos otro lugar: En la villa de Villarcayo y su portal de la Casa de Justizia, fronttero a la Plaza pública...”. Aquí se celebró la reunión de la Junta municipal del día 30 de abril de 1775. Vuelve a tratarse del alquiler del mesón; en esta ocasión se presenta Manuela González, viuda, para hacer su puja “y puso dicha casa mesón, su surttido y albazería, por el tiempo de tres años que han de dar principio a correr desde primero de julio benidero de estte presentte año y fenezer en el fin de el de junio de el año que bendrá de mill setezientos setenta ocho, vajo obligazión de afianzar a sattisfazión de estta Juntta en la cantidad de nobezienttos y cinquentta reales de vellón (950 rls.) que ha de dar y pagar en cada vno a el thesorero que es o fuere de estta dicha villa…
 
Saltamos a la breve acta del 14 de mayo. En ella apuntaron que se reúnen en Junta los representantes del común y dan por bueno y aprobado el padrón que se ha elaborado de vecinos de Villarcayo y su anejo Quintanilla (entiendo, Quintanilla Socigüenza).

 
En otro acta de una reunión de cabildo del 21 de junio de 1775, se reúnen “en la villa de Villarcayo y sala consistorial” (con lo que vemos así, al menos, tres lugares de reunión). Ese acta nos da noticia de los daños materiales que las crecidas del río Nela causaban en Villarcayo y sus alrededores: “Y así congregados por ante mí el escribano (Esteban Rodríguez Galaz) se hizo presente cómo en virttud de las crecidas de el río Nela, que pasa por las ymediaciones de estta dicha villa y cenagas que también lo hazen, hauían sido motibo de poner los sottos de tal calidad que los bueyes de labranza no se pueden manttener en ellos por causa de la mucha arena que les a dejado, en cuio supuestto para empartte remediar estte daño por algunos días hera combeniente se pasase a esttar con el regidor y vezinos de el lugar de Tubilla para que en los monttes y parajes que tiene abundanttes conceda su permiso y lizencia para que se deje tener en ellos dichos bueyes de labranza, pues por ello se le dará lo que parezca combenientte según el tiempo que permanezcan [...] también dicho regimiento de estta dicha villa haga que las bigas y leña que ha traído dicho río y esttá en los términos de ella se recojan...
 
Al no haber o estar ausente el corregidor en ese momento, era alcalde presidente el regidor decano don Pedro de la Peña Saravia, y tenientes de regidor don Ignacio Saravia, y don Bruno Fernández. Se llamaba a cabildo “con aviso antedía y toque de campana”; a las nueve de la mañana comenzó esta reunión del 9 de julio de 1775 a la que asistieron: Ignacio Saravia Rueda, teniente de regidor, Felipe Ruiz de Revolleda, Antonio Guernica, Julián Fernández, Alejo Cotorro, Manuel Díaz Saravia, Marcos Francisco de Iteza, Domingo Pereda, Joseph Varona, Manuel Fernández, Manuel Domingo Lope, Juan Rodríguez, Joseph Fernández, Manuel Fernández de la Lastra, Juan Antonio Ruiz de la Peña, Apolinario de Torres, “todos vezinos de estta villa por el estado de hijosdalgo”. Y por el general y hombres buenos: Simón y Francisco Martínez, Santiago Sarmiento. Era síndico general de Las Merindades de Castilla Vieja, don Luis de Salazar, regidor.

 
El acta de 09/07/1775 recoge los siguiente: “la carrera de sotto de Andino se quería, por ebitar los daños que hiziesen los bueyes, se arrendase para segar, y hecho cargo este Ayuntamiento, acordó se pazca con todo cuidado sin dañar los panes con pasttores de el mejor celo en ebittarlos y por la mañana quando bayan a arar suelten en el sittio donde esttén dicha carrera y cenaga y arroyos que hay sin hazer daño en los sembrados, vajo de que el que no lo hiziese se les castigue por el regimiento según corresponde”. Ese término de “carrera de soto de Andino”, luego citado como “carrera y cenaga y arroyos”, me resulta de difícil comprensión. Tal vez se refiera a una franja de terreno para paso de los bueyes.
 
En el acta del día 10 de agosto de 1775, recoge un avecindamiento. Se trata de la solicitud de don Agustín Bautista de Villota, natural de la villa de Medina de Pomar, que solicita se le reciba como vecino de Villarcayo, del comercio de la carrera de Yndias, en la ciudad de Cádiz, pedía se le admittiese por vezino de estta dicha villa de Villarcayo y al goze de el esttado de caballeros hijosdalgo que le correspondía, para lo que exibió su poder especial...” Por su parte los integrantes de la Junta aceptaron su petición y se le recibió como nuevo vecino.
 
Estamos ya a 10 de septiembre de 1775 y su acta vuelve a incidir en los destrozos causados por el río Nela en sus avenidas: “... se dio a enttender por el dicho regimientto cómo el cargado (?) executtado frente la casa de doña Josepha Gómez, saliendo a el juego de bolos, con las abenidas de la cenaga y los exidos (?) entre los arcos de la puentta [¿puente?] nezesitaban prontto reparo y composizión, en cuio supuesto se acordó que dicho regimiento y procurador síndico den su disposizión con puntualidad de hazer dicho reparo, que quede con la mejor seguridad y permanenzia para ebitar maior daño que el que ha padezido y puede sobrebenir...

 
Una puntualización sobre la figura del “procurador síndico” en Las Merindades de Castilla Vieja. Diré que en los Libros de Actas del Archivo Municipal de Alcalá la Real (Jaén), (A.M.A.R.) hay cientos de textos y noticias referidas al “síndico personero” o “procurador general del común”. Sin embargo, “procurador síndico”, en Las Merindades, y “síndico procurador”, en Alcalá, no son la misma figura jurídica, hay algunas diferencias entre ellos: la terminología es similar pero no las funciones: el procurador síndico en Las Merindades actuaba como representante de una jurisdicción supramunicipal, la Merindad, mientras que en Alcalá era un cargo dentro de gobierno municipal. Así pues, en Villarcayo y el resto de Las Merindades, el procurador síndico actuaba como defensor y valedor de los intereses colectivos de la Merindad y sus habitantes. Sí que era común la duración del cargo: un año, tanto en Las Merindades como en Alcalá. La función principal del procurador síndico en Las Merindades era “defender los derechos, acciones y pertenencias de Las Merindades”, para ello: presentaba reclamaciones y denuncias, hacía peticiones, representaba a Las Merindades ante particulares y organismos, defendía privilegios y derechos, reclamaba ante repartimientos dictados, incluso frente a órdenes dictadas por el rey.
 
Dicho esto avanzamos hasta el acta del 10 de octubre que contiene nuevas referencias a posteriores avenidas y daños en propiedades del común, en esta ocasión resultaron afectados los arcos del puente; para arreglar esos destrozos el rey concedió una facultad: “facultad que se hauía conferido para la composizión y reparo de el desfalco hecho por las abenidas en los arcos del puente por el cimientto y dio [¿río?] cerca de el Orno, se hauía formado la quenta de gastos hechos en ello y jornales de oficiales y para su pago se hauía hecho el libramiento [...] setenta y tres reales y catorze maravedís...

 
En diciembre tenemos un primer acta del día tres. Se trata del arrendamiento de las tabernas, peso, horno y parrado, todas propiedad del común, pero no se presentó nadie que hiciese oferta de arrendarlas, por lo cual se estableció día para un próximo remate.
 
Esa segunda subasta se celebró en sesión del 10 de diciembre de 1775, -¡por cierto, parece que todas las reuniones de la Junta se celebraban en domingo!-fue presidida por el teniente de regidor decano don Pedro de la Peña Saravia. Se volvieron a sacar a remate las tabernas de la villa y el horno de cocer pan, ambas de los propios. El horno del pan se remató en Manuela González, viuda, por 16 ducados cada año, como lo había tenido hasta ese momento. Luego salió a remate el afialdama (palabra que debe estar relacionada con el verbo “afieldar”, poner una balanza en fiel). En definitiva, se refiere al fiel del peso y peso quintalero de la villa y tras varias pujas se dio por rematado para el año de 1776 en 1.150 reales en Domingo Fernández Cambarro, como mejor y último postor. También se sacó a remate el surtido del aguardiente, de buena calidad, que se deberá vender al precio que estipule la Junta, separado del de vino blanco y tinto, “sin que ympida que qualquiera vezino o abittantte pueda tomar de los pasiegos v otros que de paso vengan por esta villa a benderlo vna azumbre media o quarttillo para el remedio de sus casas y en esttos términos, pacttos y condiziones precedidas las ceremonias acostumbradas // y la de dar por medida a dos quarttos la menor...” Se dio por rematado en Julián Peña, vecino de la villa, en 500 reales. Otro remate sacado a subasta fue el barrido de la Plaza, que se adjudicó a Josef Fernández, en 48 reales. Respecto al surtido de las tabernas de Villarcayo “así de vino blanco y tintos de la Naba, Ribera y Valdivielso, no hubo quien diese más que diez mill reales por Juan Rodríguez [...] que no se admittió”. Se sacaron a remate siete olmos entresecos que el Nela se había llevado y derribado, el mejor postor fue Josef Fernández, en 40 reales.
 
En sesión del 17 de diciembre de 1775, se reúnen para volver a rematar ciertos servicios controlados por la Junta de propios de Villarcayo: sale a concurso de nuevo el surtido de vinos de la taberna de la villa “así de binos blancos de la Naba, como de la Ribera de Aranda, vno y otro de buena calidad, que además de su costte y portte en la madre y traída de ella a esta dicha villa, se le ha de poner y cargar lo que por real ynsttruzión de su magestad le coja [...] además a de tener taberna separada de vino de Baldibielso, de buena calidad, [...] que ningún vezino pueda bender canttareado de cuba alguna que tenga más que de las cubas de su cosecha de Baldibielso de las que traiga de tierra de la Naba [...] a de ser obligado a dar a cada vezino o abittante vn cánttaro o medio para algún día de las festibidades señaladas de esta dicha villa...” Se remató en Benito González, de Villarcayo, en 776 reales cada año.

 
El último folio de este documento tan interesante y pleno de datos sobre aquel Villarcayo de 1775, está dedicado a la elección de oficios y cargos para el cercano 1776. En la sala consistorial se reunieron el día 26 de diciembre de 1775, ahora sí, ya presididos por el licenciado don José García de Leca y Bernal, corregidor de las Siete Merindades de Castilla Vieja. Se dieron los votos:
 
  • Primero se votó para elegir tres regidores, hecho el recuento por el procurador síndico y vecinos resultaron elegidos: don Manuel Díaz de Saravia, don Juan de Dios González y don Eduardo de Andino, los cuales reunidos con el corregidor eligieron los regidores para 1776: don Josef de Varona, don Eduardo de Andino; para procurador síndico salió elegido don Alejo Cotorro de Porras.
  • Prosigue el documento: “Por fabriquero maiordomo de fábrica de la gloriosa Santa Marina, de la yglesia parroquial a don Agustín Bauptista de Villota, vezino de esta dicha villa”, como su teniente se eligió a Manuel Antonio Saravia, su cuñado. Aquel “fabriquero mayordomo” era el administrador de los bienes de fábrica de la iglesia de Santa Marina. Dato importante y curioso para señalar el interés de los vecinos por ayudar y participar en la conservación y administración de la iglesia del pueblo.
  • Se votó también el cargo de “coletor” (colector o recolector) de Bulas de la Santa Cruzada (recuerdo de niño, años 1956 o 1957, que mi abuela me mandaba con el dinero a comprar las bulas, para poder comer carne en Semana Santa, a la cercana casa del cura, don Jacinto).
  • Asimismo, se votaron los cargos de “siseros” (recolectores de las sisas, impuestos indirectos cargados sobre ciertos productos: vino, aceite, carne, jabón, etc.), fueron elegidos Manuel Ruiz de Rebollar y Manuel Fernández. Como apreciadores de los daños del campo se eligió a Julián Fernández y Marcos Francisco de Cieza.
 
Espero haber contribuido con este documento a un mejor conocimiento de este momento (1775) de la historia de mi pueblo natal. De igual modo, a que los lectores de 7 MERINDADES disfruten de tan sabrosos e interesantes datos sobre la historia de Villarcayo y sus gentes.
 
Gracias, Ricardo.

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