Muchos
se sorprenderán al conocer que en Castro Valnera existió un glaciar. Cierto que
el relativo aislamiento geográfico de esta zona ha motivado que, salvo algunos
estudios geológicos generalistas del siglo XIX escritos por los pioneros de la
investigación geológica en España, los trabajos al detalle comenzaron con la
tesis doctoral de Mengaud (1920) que estudió los niveles inferiores del Castro
Valnera, visibles en el entorno de la vertiente cántabra del Puerto de las
Estacas de Trueba.
Clemente
Sáenz (1935) evidenció la importancia del glaciarismo de los Montes de Valnera
y, poco después, Raymond Ciry, de la Universidad de Dijon, dedicó varias
páginas y fotografías de su tesis doctoral (1939) al entorno del Castro Valnera.
Describe el abrupto escarpe hacia Cantabria y la vertiente castellana con suave
inclinación hacia el Sur Este estableciendo seis niveles: margas con Plicatula
sp. -un género de moluscos bivalvos-; y, sobre ese, tres niveles de areniscas y
dos niveles de calizas intercalados entre los paquetes de areniscas. Estas
serían las Calizas de Las Machorras en el nivel más alto, que coronarían Peña
Lusa, y las Calizas del Castro, bien visibles en el propio Castro Valnera y La
Cubada.
A
mediados del siglo XX ya son habituales los trabajos geológicos sobre nuestro
sector de la Cordillera Cantábrica. En 1959 resurgen las referencias a las
altas cumbres calcáreas de los Montes de Valnera, del Aptiense (la quinta edad
del Cretácico inferior) cantábrico de facies marina. Estos paquetes se
originarían en una “transgresión marina que penetró en forma de golfo, dando
lugar a sedimentos calizos y margosos alternados con areniscas, conjunto de
facies litoral o de mar poco profundo”. La sucesión de entradas y salidas
del mar creó alternancia estratigráfica y un clima relativamente cálido que propiciarían
la formación de las calizas orgánicas y grandes arrecifes típicos de la zona. También
se hace referencia a las fallas en tijera del valle del Trueba y del
Curro-Valnera que levantan diferentes bloques del macizo.
Ese
año -1959- Pierre Rat, geólogo francés también de la escuela de Dijon,
realizaba su tesis doctoral resaltando que tanto las calizas como los aportes
detríticos podían haberse depositado a la vez en esta zona. “Déntrico” es un
patrón que tiene forma de una mano extendida donde cada afluente de los ríos
principales equivale a cada dedo de las manos. Es uno de los tipos de patrones
de drenajes fluviales más común que existen.
En
1962, el geólogo alemán Franz Lotze valoró el glaciarismo del Grupo del
Valnera, no sólo en lo referente a las lenguas glaciares que descenderían por
los valles cantábricos del Miera, Asón y Gándara, sino insistiendo en el
modelado glaciar del valle del Trueba y afluentes, así como en sus depósitos de
piedras acumuladas por un glaciar que llegarían hasta Espinosa de los Monteros.
A
su vez, el francés Jean Hazera publicaba los depósitos asociados al cauce del
río Trueba aguas abajo de Espinosa de los Monteros, así como del Cerneja que
evidenciarían dos sistemas morfogenéticos diferentes. Su tesis doctoral,
publicada en 1968, abarcaba buena parte de Vizcaya, la parte oriental de
Cantabria y el borde septentrional de la provincia de Burgos. En ella describe
las morreras del Trueba, tanto el terminal del propio Espinosa de los Monteros,
como los laterales de sus afluentes principales.
El
geógrafo burgalés José Ortega Valcárcel (1974) detallaba los aspectos más
importantes de Las Montañas de Burgos, incidiendo también en la geografía
urbana de la zona. Desde la Universidad de Bilbao, actual Universidad del País
Vasco, los geólogos Victoriano Pujalte y Joaquín García Mondéjar, realizaron
sus tesis doctorales sobre el estudio de la Cuenca Vasco-Cantábrica. Incluidos
los Montes de Valnera.
Los
estudios sobre el glaciarismo del Valnera se intensificarían con Enrique
Serrano, quien ya en sus primeros trabajos (1995, 1996) demostró haber
recorrido y estudiado la zona, así como cartografiado sus elementos
geomorfológicos. Enrique Serrano destacaba la excepcionalidad de que las
lenguas glaciares alcanzaran los 750 metros en la vertiente meridional del
Trueba, tras una lengua glaciar de unos 13 kilómetros, cuando la cumbre más
elevada del Valnera tiene 1.718 metros de altitud. Es decir, tendríamos un
glaciar surgido a baja altura. En 2007 aparecen publicados dos trabajos
centrados en la utilización de las prospecciones geofísicas (catorce sondeos
eléctricos verticales y tres perfiles sísmicos de refracción) para detectar las
cubetas de sobreexcavación, modeladas por el hielo, del fondo del valle del
Trueba, que posteriormente se rellenaron de sedimentos. En base a su estudio, llegaron
a determinar las tres últimas fases de avance del glaciarismo del Valnera por
la artesa del Trueba. En los últimos años, el equipo de Serrano ha continuado
con los trabajos en torno al valle del Trueba y Castro Valnera, referenciando
las cubetas glaciokársticas de El Bernacho, El Curro y cursos del Trueba y
Lunada, así como huellas de abrasión glaciar por todo el entorno. También ha
aportado las primeras dataciones para las turberas asociadas a dos de las fases
glaciares estudiadas, que implicarían que el máximo avance de los hielos fue hace
40.000 o 60.000 años.
Serrano
y Gutiérrez (2002) explican el glaciarismo del Valnera por un “ambiente
oceánico hiperhúmedo” que conllevaría una sobrealimentación nival por lo
que con unas temperaturas medias moderadamente frías (entre 0 y 1ºC) en cotas
altas, las lenguas descenderían extraordinariamente.
Por
lo que se refiere al número de glaciaciones hay disparidad de criterios entre
los autores que investigaron Castro Valnera. Así, Obermaier (1914) y Lotze
(1962) hablan de huellas de dos glaciaciones, mientras F. Hernández-Pachecho
señala, en alguna ocasión, también restos de dos y en otras, incluso, de tres.
Del mismo modo, existen trabajos donde únicamente se menciona una única glaciación.
Con anterioridad, Sáenz García (1935) había señalado un pequeño foco glaciar
cuaternario, en Castro Valnera. Vamos que ni los de ayer ni los de hoy se ponen
de acuerdo.
En
dos trabajos de Lotze sobre Castro Valnera presupone la existencia de un gran glaciar,
cuya área de neviza, de unos 30 kilómetros cuadrados, se extendería desde el
Puerto de las Estacas hasta el collado de Tramasquera por las laderas
meridionales y surorientales del macizo de Valnera que culmina a la escasa
altitud de 1.707 metros. Este glaciar poseería varios flujos al norte, hacia
las cabeceras de los valles del Miera y del Gándara, así como al sur, hacia uno
de los afluentes del Trueba. La lengua principal del gran glaciar, con 11 kilómetros
de desarrollo, sobrepasaría el actual núcleo de Espinosa de los Monteros (a 770
m), donde Lotze marca la presencia de arcos morrénicos en una posición que
coincide con algunos de los depósitos definidos por Hazera.
El
amplio glaciar de Castro Valnera habría existido, para Lotze, hace 200.000 años
y finalizaría hace 140.000 años, mientras que se habría reducido a algunos
circos en la glaciación würmiense (periodo que comenzó hace unos 110 000 años y
finalizó alrededor del 9700 a. C), cuyas huellas serían las morrenas colgadas
correspondientes. De ello deduce Lotze unos límites nivales que serían los más
bajos de la Península Ibérica y de todo el mediterráneo durante el Pleistoceno.
Es, por ello, una auténtica singularidad geográfica cuya importancia radica en que,
con unas cumbres moderadas, de entre 1.500 y 1.700 metros, donde durante la
última glaciación la lengua glaciar meridional del valle del Trueba alcanzaba
los 13 kilómetros de longitud y los 750 metros de cota.
Más
cosas sorprendentes ante lo que conocemos, o creemos conocer, de los glaciares:
en la zona alta del macizo glaciar del valle del Trueba sobresale la ausencia
de circos glaciares, lo que se interpreta como un gran domo glaciar del que
partirían sucesivas lenguas divergentes. En cabecera el modelado se caracteriza
por las pendientes suaves derivado de la escasa impronta de una amplia
acumulación de hielo de poca potencia. Hacia el sur se desarrolla la artesa
glaciar del Trueba: un valle en forma de “U” de 8 kilómetros de longitud
rellenada de sedimentos glaciares que finaliza en la depresión de Espinosa de
los Monteros, donde se localiza el complejo morrénico frontal. La artesa
glaciar se articula en cubetas y umbrales, las primeras rellenas por tres
unidades sedimentarias, la inferior glaciolacustre, la intermedia con sedimentos
(till) y la superior con relleno de abanicos aluviales y depósitos fluviales.
En la porción media de la citada artesa está el complejo morrénico frontal de
Bárcena, y en los márgenes del valle se suceden los complejos morrénicos de
obturación lateral que señalan el espesor máximo del hielo durante el
Pleistoceno.
A
su vez, el complejo morrénico frontal en donde está Espinosa de los Monteros, forma
un amplio anfiteatro donde resaltan cuatro arcos que corresponderían a cuatro situaciones
del glaciar. También se conservan restos en torno al polideportivo que
corresponderían a otra morrena más antigua. A un momento posterior, de
retroceso del glaciar, corresponderían los dos arcos morrénicos de Bárcenas.
Las
cuatro situaciones del glaciar habrían creado cuatro terrazas. La terraza uno
es una pequeña superficie plana que alcanza los 771 m al S.E. del
polideportivo. La terraza dos está representada por retazos aislados que se
prolonga hasta aguas abajo de la Venta de Montija. Esta terraza se trata de los
restos de una plana proglaciar que distribuiría los materiales de las morrenas
en un amplio sector entre Espinosa y la Venta de Montija. La terraza tercera es
la terraza principal, por ser la más extensa y continua, y en este nivel se
sitúa la población de Espinosa de Los Monteros. Y la terraza cuarta es de
origen fluvial que se caracteriza por el dominio absoluto de los cantos
redondeados. Este nivel presenta continuidad aguas arriba hasta el sector de
las Machorras, donde está ampliamente representada, configurando el fondo del
valle prácticamente en toda su amplitud. Constituye una fase de acumulación
claramente postglaciar, en relación con los conos de deyección que invaden el
fondo del valle.
Dicho
de otro modo, los expertos han establecido, en el Trueba, una fase de Máxima
expansión (fase Espinosa-Polideportivo), seguido de una fase de retroceso que
permitirá el relleno glaciolacustre del valle glaciar y la deposición de la
unidad inferior, y un posterior reavance señalado por el till, hasta posiciones
cercanas a las de máxima extensión glaciar que genera los arcos morrénicos
sucesivos y más voluminosos (Fase de Espinosa-Los Cuetos). Durante esas fases,
una lengua glaciar de 8 km de longitud alimentada por un domo glaciar de aprox.
30 km2 y moderada altitud (< 2000 m s.n.m.) ocupó la artesa y generó el
complejo morrénico frontal del Trueba, que finalizaba a 750 m. Aguas arriba, se
ubica la morrena frontal de Bárcena, una fase de avance y equilibrio (Fase de
Bárcena), con una lengua glaciar de 5 km de longitud ocupando la artesa
alimentada por un domo glaciar en cabecera.
Es
notoria la potente acumulación de till, sedimentos de origen glaciar, existente
entre la carretera de acceso a las pistas de esquí y la del Puerto de Lunada,
que ha sido explotada como gravas para las obras del entorno inmediato a la
estación y pistas citadas. En algunos puntos de los Montes de Valnera son reconocibles
las huellas de la abrasión glaciar, tanto por las formas pulidas y redondeadas propias
de la fricción del hielo sobre el sustrato rocoso, como por las estrías
características que dejan sobre la roca los bloques arrastrados por el glaciar.
Algunos de los lugares donde se aprecian con más nitidez son en El Curro o en
Valdescaño en la margen izquierda del Trueba, poco antes de Las Machorras.
En la Montaña Pasiega se han
correlacionado cuatros fases glaciares Pleistocenas. Al máximo avance glaciar
(F-I), le sigue una fase de reavance y equilibrio caracterizada por ser muy
pulsadora (F-II), una fase de retroceso y estabilización glaciar alojada en el
interior de la montaña en un periodo de reducción y desaparición de los domos
de hielo (F-III) y finalmente, un periodo glaciar menor (F-IV), de glaciares de
circo en condiciones topoclimáticas favorables.
Bibliografía:
“Algunos
problemas de morfología glaciar en la España atlántica”. E. Martínez de Pisón y
M. Arenillas Parra.
“El
complejo morrenico frontal del valle del Trueba (Espinosa de los Monteros,
Burgos)”. Serrano Cañadas, E.
“Marco
geográfco y geológico de los Montes de Valnera (Espinosa de los Monteros,
Burgos)”. Miguel Ángel Martín Merino, Francisco Ruiz García, Ana Isabel Ortega
Martínez, Alfonso Benito Calvo.
“Fluctuaciones
glaciares pleistocenas y cronología en las Montañas Pasiegas (Cordillera
Cantábrica)”. Serrano, E.; Gómez Lende, M.; González Trueba, J.J.; Turu, V.;
Ros, X.
Programa
“Huellas en el Tiempo” sobre el glaciar de Espinosa de los Monteros con Enrique
Serrano Cañadas.
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