Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 7 de junio de 2026

¿Flumen? ¿Aguas? ¿Rivus? ¿molendinum? ¿molinum? ¿piscaminis? ¿pesca?

 
 
Vamos a escribir sobre el agua. Ya sabemos que es físicamente imposible, pero en lo que estamos es en conocer los términos acuosos de Las Merindades, y cercanías, desde el latín al castellano. Ante todo, puntualizar que los hablantes del año 1000 no pensaban que estaban dejando de hablar latín y empezaban a hablar castellano. Eso se ve a posteriori. Hoy ocurre lo mismo: no nos percatamos de los pequeños cambios del idioma. Dicho esto, al tema.
 
Evidentemente no podemos encontrarnos con hablantes de ese tiempo por lo cual recurriremos a la documentación notarial de san Salvador de Oña (Oña, Burgos) datada entre los siglos IX y XIII. Este intervalo es un periodo de clara trasformación lingüística, aunque los hablantes no lo notaban, sobre todo en un mundo analfabeto y que escribía en latín (o eso creía). Esos documentos presentan la evolución y las pugnas entre palabras latinas -en su correcta acepción, no la de hispanoamericano- y las latinizaciones de elementos del futuro castellano. Y, encima, existen los problemas causados por las reescrituras de esos documentos que nos han llegado. Pongamos cómo ejemplo, por un lado, términos del latín medieval fijado y creado para un uso escrito como “molendinu” o “rivulu” y, por otro lado, a un léxico que mezcla voces del latín con otras de diverso origen que crearán el castellano pero que se insertan en los textos con un barniz latino: “molinu” o “arrogio”. No es tan raro, en zonas bilingües ocurre. En el caso del País Vasco vemos cómo los hablantes recurren a palabras de una u otra lengua para rellenar frases en la otra. Sin necesidad de que sean neologismos. Por ejemplo, “mugikorra” frente a la popular “mobila” para el teléfono móvil o “el móvil”. La que esto ejemplificaría, salvando las distancia, es un reconocimiento de que había una separación entre la lengua de la calle y el lenguaje oficial, culto, en latín hace unos mil años. Un latín no armonizado influido por las pautas aprendidas por el escribiente en su monasterio.

 
Nos fijaremos en las palabras relacionadas con el agua porque los ríos servían para delimitar las tierras o para ubicarlas. Toba, Tobalina, Tobera, Tobes, Tobillas… son nombres de lugares relacionados con la toba (piedra caliza, porosa, formada por la descomposición de la caliza al filtrarse el agua) o también “cueva”, roca asociada a sistemas fluviales y lacustres, característica del paisaje y de la arquitectura del Alto Ebro como ponen de manifiesto nombres como Tubilla del Agua. Incluso “Várcena” (tierra cultivada al lado del río) es una voz que, tanto en la documentación medieval como en la toponimia actual, responde a una forma propia de la mitad noroccidental de la Península, tal vez, de origen célta.
 
Respecto al léxico del agua de los textos de Oña, tenemos los frecuentes plurales “aquas/aguas” y del singular “agua” con valor genérico de corriente, natural o artificial, de agua de cualquier caudal y, también, de agua embalsada: “in aquas piscatorias” (1107), “atque decurssionibus aquarum” (1224), “alia terra ante el molino de Requexo inter amas aquas” (1129), “con su agua que á de ir por la casa que vós comprastes de don Pero” (1278). ¿A que entendieron mejor las últimas frases? Eso es una muestra de la evolución callada del idioma. Por cierto, para los latinistas, ¿Han visto que no usan los términos “Flumen” o “rivus”? “Flumen” parece emplearse para ríos específicos como en los casos siguientes: “tam in Ibero quam in Vesice vel in aliis fluminibus” (967); en “cañares VIIII qui sunt in flumine Ebro” (1011); “iuxta flumen quod vocitant Vesica” (1056); “in ripa flumins que vocitant río de Bena” (944). ¡Qué locura!
 
Otro término importante es “rivu” que, también, actúa como genérico para corriente de agua, sin que quede claro si mantiene siempre el sentido latino de arroyo o canal o si responde ya a la semántica de los romances hispanos: “río”. Además esta palabra se opone a “arroyo”. Lo vemos en las menciones de cursos de agua inespecífico: “Et in rivis, et in montibus et in pratis” (1096); “aliam terram que est ad fontem de Helzina, de rivo usque ad carreram” (1192). Por si fuera poco, “rivu” aparece en unos pocos textos con el nombre propio de un río introducido por “de”, de modo similar a “flumen”. Lo vemos en un documento de 822 donde dicen: “in rivo de Tirón” o “in rivo de Quintaniella”. Este uso es idéntico al del romance “río”, de hecho, veríamos una latinización del romance, particularmente visible en los topónimos, entendidos como una unidad (rivo + nombre propio), cuya naturaleza romance tiende a ser respetada por los amanuenses al redactar sus textos latinos. Volviendo al ejemplo contemporáneo: es cuando empleamos palabras inglesas en lugar de las castellanas, pero con la sintaxis del español. Algo así como “Whattappeando”.

 
La voz romance “río” hereda tanto el sentido de “rivu” como el de “flumen” en los contextos del latín de molinos, prados, pastos, ríos, aguas y cuando hablamos del nombre del río: “río de Úrbel” (1238) o “el río del Ebro” (1279). Y, claro, esto derivó en que “río” se añadiese a los topónimos como en “Riocandio” (1192) -que es Rucandio- o “Riodeisseras (Rioseras). En catalán el sentido moderno de “río” no aparece hasta el siglo XIII y en referencia a ríos de poca importancia, pues, en catalán arcaico “riu” designaba una corriente de agua modesta. Para los de mediana importancia se empleaba “flumaire” y los cursos importantes se designaban con el nombre del río solo (“no volíem passar Ebre”) o precedidos de “aygua”.
 
Añadiremos que muchos nombres parecen surgir de versiones cultas de “rivu” o “río” en topónimos que empiezan por “Ru-” conservadas por toda la mitad noroccidental de la península. En la provincia de Burgos tenemos, por ejemplo: Rubena, Rublacedo, Rucandio, Rupando (existe Pando en la zona, cerca de Noceco) o Rusalado (valle de Poza de la Sal). Estas designaciones con “Ru-” coinciden con el área de mantenimiento de “-u” final y, por tanto, con el área de “rivu/ríu” y también de “rigu”. El estudioso J.R. Morala en su obra “Los ríos y los paisajes” propone la relación con el término prerromano “arrugia” transformado. Así, en Oña figura “Rigu de Vena” (1096) o “Rigo de Vena” (1107) junto a “Río de Vena” (1215) que son la moderna “Rubena”.

 
Los lectores de esta bitácora que conozcan el eusquera se habrán percatado de la similitud entre “ru” y “ur”. Esta última voz significa, en castellano, agua. Hay diversos nombres de este posible origen tanto en Burgos como en Cantabria o Palencia debidos a la repoblación altomedieval y, desde luego, los de procedencia prerromana de más amplia extensión con las que el propio “ur” vasco estuviera relacionado. Tenemos el “Runa” que es el nombre antiguo del río que atraviesa Pamplona, el Arga. Julián Santano Moreno relaciona “Runa” con una raíz indoeuropea “er-: or-: r-” que alterna con diferente vocalismo en numerosos hidrónimos europeos. Pero hay ejemplos más evidentes en la provincia de Burgos como es el caso del río Úrbel que, en eusquera, significa agua negra u oscura (ur beltza) y que nace en Fuente Úrbel junto a Basconcillos del Tozo. ¿lo ven? Bas-con-ci-llos. ¿Y qué decir del río Rudrón? Que antes era río “Río Urón”. ¿Algo así como agua buena (Ur ona)? En un documento de Mijángos de 1258 figura un campesino llamado Juan Pérez de Urgaña (Urgaña que traduciríamos como como superficie del agua o sobre el agua).
 
Los viejos textos de Oña emplean para las corrientes de agua menos caudalosas las palabras “rivulu” y “arroyo” de forma imprecisa. “Rivulu” aparece en textos en latín –al menos en nuestra área, su uso parece exclusivamente escrito– y llega a solaparse con “flumen”. En italiano “rivulu” se ha convertido en rivolo (riachuelo). Por su parte “Arroyo” se emplea tanto en latín como en romance -castellano-, pero mantiene un significado estable porque “Rivulu”, por el contrario, posee el sentido de arroyo o también el de riachuelo como en “iusta rivulum que descendit de supra nominata Villa de Suso” (1102). “Arroyo” sería una corriente de mayor caudal que “rivu/río”. Lo vemos en este texto de 1129 referido a un afluente del río Molinar: “et uno maçanar enna Tova iuxta arroyo que discurrit de Val de Ulajo ad rivum maiorem”.

 
Dentro de la misma corriente -valga la broma dentro de este árido tema- tenemos las variantes castellanas de “rigo/rigu/riego” que son sinónimos de “flumen”, “rivu” o “río” como en “Rigo de Vena” (1107), “Rigu de Vena” (1096) o “In riego Béseca” (1011). Ese último ejemplo carece de la preposición para introducir el nombre del río que es una tendencia propia de la lengua hablada como vemos en la toponimia y en la actualidad: río Nela, Río Trueba…
 
La abundancia de agua implica asimismo la mención, en muchos textos, de terrenos de labor o pasto cercanos a los ríos y arroyos. Suelen ser tierras fácilmente inundables, pero muy fértiles, como “lama” o “nava”. Es el caso del par latino formado por el clásico “Palus, -disy por la forma metatética (que cambia fonemas) “padule”. Es, por otra parte, forma paralela a la que da en el vasco “Padura”. Y que significa laguna, charca, terreno pantanoso, tremedal –similar a “lama”– y que evolucionó en castellano hacia prado, terreno de pasto. “Palude” y “padule” alternan en proporciones variables en la documentación medieval del norte peninsular y así se certifica en las colecciones más cercanas cronológica y espacialmente a Oña.
 
Evidentemente la abundancia de agua en Las Merindades y cercanías facilitó en la alta y Plena Edad Media la instalación de numerosos molinos. Los textos de Oña no discriminan qué tipo de molinos eran, pero, debieron de ser molinos de rueda horizontal o rodezno–dadas las características de las corrientes de agua– y harineros, aunque se sabe que también sirvieron como batanes, lo que se justifica por las frecuentes referencias al cultivo del lino. Así, en los textos de Oña escriben tanto “molendinum” como “molinum” de origen latino, además del romance “molino/molin”: “et quarta pars in illum molendinum qui est de vicins, et omnem rem nostram” (1056); “terras, vineas, solares populatos et heremos, molinos, pratos et omnia que ad me ibi pertinente” (1199); “Enna tierra de illo molino de Malanda la quinta parte” (1144); o “de los huertos de Lahano fasta’l molín de Palacio” (1027).
 
Parece evidente que “molendinum” –que comenzó a registrarse tardíamente en el propio latín– fue un cultismo escrito que no se asentó en las lenguas romances. En Oña, “molendinum” aparecerá en la segunda mitad del siglo XI y será la forma latina predominante, aunque alterne con “molinum” y también con el propio término romance, que se intercala sobre todo en construcciones con la preposición “de”. En el caso de “molino” el isomorfismo con el oblicuo latino impide en ocasiones determinar la lengua en pasajes donde se mezclan latín y romance castellano. Llama la atención que los dos textos con datación más antigua del corpus oniense elijan “molinum”.

 
Pero, ¿qué era un “molinum”, “moledinum” o “molino”? Algunos ejemplos parecen aludir al edificio en sí, especialmente, en lo que se refiere “molendinum”: “illam terram que dicitur de Molendino Cremato” (1223) aunque bien podría tratarse de la simple instalación de las muelas; “Et in caput ipsis terre suam habet aream et unum solarem cum sua ferragine, et unum molendinum quod est faciendum” (1056). Esta acepción de “muela” como piedra del molino, o de maquinaria para la molienda, se deduce con más claridad de varios contextos romances, en los que se da cuenta de varios molinos dentro de un mismo edificio o se hace constar la situación del molino dentro de la construcción que lo contiene: “la parte que yo é en el molino que es cerca del uço de la casa” (1275) o  “el cual molino es en el río de Pisuerga, en la casa que á el obispo de Palencia dos molinos, e esta casa con sos molinos está cerca la parada antigua de los molinos de Pradiello. E este molino […] es en esta casa sobredicha el primero cabo del uço” (1277). Este uso de molino lo acerca al de la voz rueda. Aunque en la documentación de zonas al norte de Oña se distingue claramente entre “molino” y “muela”, por ejemplo, en un documento de Alfonso X relacionado con Vitoria a pesar de que en la zona vascófona “rueda” acabará adquiriendo el sentido “molino”. ¿Lo explicamos? Verán, en latín rueda se dice “rota” y en eusquera molino es “errota”. La procedencia parece evidente.
 
Más bien puede afirmarse que, en vista de que la distinción entre molino y rueda de molino parece general tanto al norte como en el centro de la provincia de Burgos, el uso genérico que de “molino” se hace en Oña –en tanto que hace referencia indistintamente a la muela, a la maquinaria, a los aparejos para la molienda o al edificio que los contiene– tendrá que ver más con un uso propio de los escribanos del monasterio que con un uso general en la zona. La imprecisión de un término genérico como molino, heredada de los propios textos latinos, irá quedando superada con la irrupción del romance en la escritura y la aparición de voces ya exclusivamente castellanas para designar el equipamiento y la infraestructura de los molinos.
 
El léxico romance asociado al molino se amplió con palabras relativas a las pesqueras o pequeños embalses destinados a asegurar un caudal adecuado para el trabajo de la rueda de moler: “pescarias” (1011) o “piscarias” (1096). El agua era retenida mediante la “presa” o represa, muro o azud: “los nuestros molinos que avemos en Mixangos enna presa de so Nofuentes, que es en el río de Nela” (1258). Dicha presa podía estar construida con terrones o “céspedes” cuyo acarreo formaba parte de las tareas comunales –“e los céspedes que solíedes levar a la presa, que los non levedes nunca por premia” (1266). Desde la pesquera el agua era conducida hasta el molino a través de un canal artificial, el “calce”, voz mencionada una única vez y en un texto relativamente tardío: “e de la otra parte el calce del molino de Farta Vieyas” (1278). El vocablo castellano primitivo Calce designó siempre un canal artificial y en particular el que lleva el agua a los molinos. La forma arcaica con “L” se mantuvo hasta el siglo XIII y se conserva aún en el eusquérico “kaltze” como cauce por donde baja el agua al saetín del molino.

 
Otra más. La voz “parada” que no se documenta en castellano antes del siglo XIII, parece referirse a agua embalsada, tanto a la retenida por la presa como a la del canal o cauce, antes de llegar al molino. No obstante, puede también identificarse con la propia presa o muro e, incluso, con el conjunto de molinos o aceñas situadas en la misma presa: “aquellos dos molinos que tenían que avían a aver para sí en aquella parada de los molinos de la presa de Pradiello” (1277); “con tales aguas, e con tal parada, e con tal presa” (1278).
 
En cuanto al arabismo “aceña” (açenia/azenna), aparece en los documentos de Oña a principios del siglo XIII y debe relacionarse con los grandes molinos de rueda vertical ya conocidos desde la antigüedad pero que son desarrollados por los árabes para el regadío. La primera cita corresponde a la creación de una aceña para el Monasterio de Rodilla: “illam terram que dicitur de Molendino Cremato […] et fundemus ibi aceniam ad opus monasterio Beate Marie” (1223). Posiblemente comenzaron a instalarse estos ingenios en zonas en las que podía aprovecharse la fuerza de las corrientes como el valle de Caderechas: “illa acenia quam feci in Cadrechias” (1229); “en la azeña de Aguas Candias” (1279). Si nos fijamos en este nombre de Aguas Cándidas vemos que el adjetivo presenta el sentido etimológico de blanco que se aprecia también en otros topónimos del corpus como Riocandio (Rucandio).

 
Siguiendo con el mundo del agua debemos fijarnos en las salinas. Cerca de Oña están Salinas de Añana y Poza de la Sal lo que se verá reflejado en el léxico de los documentos. Sin embargo, el hecho de que la regulación del comercio de sal no llegara hasta el siglo XII de la mano de la corona explica que las voces de este campo en el corpus sean mayoritariamente romances salvo en el documento del año 822 copiado en el siglo XIII al que se le dio un barniz latino para dotarlo de un aire de antigüedad: “XX et III airas in salinas, et suo puteo et ratione in illas fontes”. “Salinas” (1262) debiera entenderse como topónimo en relación con el Valle Salado de Añana y se usa en plural. Las “eras” son las superficies horizontales en las que la sal se obtiene mediante la evaporación de la salmuera: “cum sua hera ab omni integritate pro VIII morabetinis et VI toradas de sal” (1175-1181); “con las eras de la sal” (1277). La “muera” o salmuera se extrae, bien de manera natural de manantiales salinos –Salinas de Añana–, bien artificialmente disolviendo con agua dulce la roca salina –Poza-: “et comparavi similiter in pozo de Medianas tuam partem de te Pelagio de la muera” (1175-1181). Por cierto, aquí tenemos un testimonio romance dentro de un contexto latino.
 
Otro campo -quizá no sea la palabra más adecuada- del mundo del agua es el pescado. El consumo de pescado, de agua dulce y salada, fresco y en salazón, constituyó el sustento proteínico principal de los monjes, especialmente, en las épocas de ayuno, lo que queda de manifiesto en el propio léxico oniense. Destaca un uso genérico del romance “pescado”: “medio de trigo e medio de ordio, e I soldo pora pescado” (1239); “e si el pescado no nos diéredes a esta fiesta sobredicha, que nos pechedes XII moravedís” (1258). Paralelamente aparece el latino “piscamen” (pesca) en un texto de 1190: “damus tibi Micael Esquierdo portionem panis, et vini, et piscaminis et de omnibus cibis quantum uni ex infantibus”. No se diferencia si el pez es de agua dulce o de agua salada porque a la mesa de los monjes de Oña llegaban los pescados de mar de sus posesiones en la costa que se consumían frescos o conservados en salazones.


 
 
Bibliografía:
 
“Interferencias léxicas latinorromances: las voces del agua y de sus industrias en el norte burgalés (siglos X al XIII)”. Emiliana ramos Remedios.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, tenga usted buena educación. Los comentarios irrespetuosos o insultantes serán eliminados.