En
1839 continuaba la guerra civil, una de tantas, entre isabelinos y carlistas. Las
partes contendientes avanzaban a buena velocidad hacia la decadencia política.
El carlista Rafael Maroto Yserns (1783-1853) luchaba por su supervivencia política
y física, y el liberal Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro
(1793-1879) todavía buscaba un lugar donde golpear a las tropas del
pretendiente, sin prisa ante el espectáculo que le ofrecían sus oponentes.
Baldomero entendía que la solución, ante la dificultad de ocupar el resto de los
territorios vasco y navarro, verdadero corazón del carlismo, era devastar el
territorio enemigo obligándoles a rendirse. De esta visión saldrán la decisión de
expulsar a la zona carlista a las familias que tenían hijos sirviendo con Carlos
María Isidro, el endurecimiento del bloqueo a esa región y “la orden general
de incendiar las mieses”.
Baldomero Espartero
Espartero,
dentro de esta estrategia, descartó el ataque frontal y optó por dirigirse
contra un flanco vulnerable del enemigo escogiendo la provincia de Santander. Atacando
por este lado cortaba cualquier plan carlista de expandirse en dirección a
Asturias. Esperaba, así, que Maroto aceptase el combate para afianzarse, el
carlista, en el poder o, si perdía, “encender la tea de la discordia a
proporción de sus reveses y nuestros triunfos”, ya que los opositores a Rafael
Maroto lo atacarían.
Rafael Maroto y su hija.
El
objetivo y el desarrollo de la operación fue ampliamente divulgado por la
prensa del momento. ¡¡¡¿qué?!!! Por ejemplo, el periódico “El Guirigay”
comentaba: “BURGOS 30 de marzo. Según los preparativos que se hacen se
intenta atacar el fuerte de Ramales que no dejará de costar sangre preciosa. Lo
cierto es que se están aumentando los utensilios para el hospital de Oña, y
desde Vitoria se han mandado todos los necesarios para 900 hombres y sin que
falte nada”. Lo de guardar secreto no parecía lo importante. O, quizá, se
deseaba que Maroto no pudiese rechazar el combate. Eso sí, por su parte los
carlistas explicaban cómo estaban protegiendo los fuertes de Ramales: “Santoña
3 de abril. Por fin, después de vencidas no pequeñas dificultades, lograron ya
colocar los rebeldes en su fuerte de Guardamino, sobre el pueblo de Ramales,
los cuatro cañones que llevaron de los fundidos en el valle de Guriezo. Dos son
de á 8 y dos de á 12 y el acto de su colocación la solemnizaron con salvas y
otras demostraciones de regocijo, manifestándose muy satisfechos de ella, y
resueltos, según ellos decían, á defender aquellos puntos contra las fuerzas
todas de Espartero, que se decía entre los mismos no tardaría en venir á
atacarlos. También por aquí han corrido rumores de esto último con referencia á
cartas de Las Merindades de Castilla, en donde parece que se aprestan camas,
para hospitales, y raciones de pan para la tropa”. Vemos que ambas partes
alardeaban de su futura victoria. ¡Incluso se sabía dónde estaban los generales
en cada momento! ¡Y por los periódicos! En esta berrea se publicaba que el tres
de abril el general Rafael Maroto con ocho o diez batallones durmió en Zúñiga
camino de la llanada alavesa dirección la actual Cantabria. Aunque los cacareos
liberales no eran menos: “Escriben de Burgos con fecha 6 de abril: La
tercera división compuesta de dos batallones de guías, dos de Mallorca y dos de
Borbón, pasaron ayer, según se dice, por Pancorbo en dirección á Las
Merindades. También lo hizo la división de la Guardia Real, y esperaban al
general Espartero. Asegúrase que las fuerzas reunidas para atacar á Ramales
ascenderán al número de 17.000 hombres de infantería”. ¿Les parece
suficiente dispersión de los planes? Pues esto no paraba. Y eso que no había
redes sociales ni teléfonos móviles: “Logroño 8 de abril. Ayer han salido
cuatro piezas de batir de grueso calibre, con dirección á Ramales, hoy se están
cargando cerca de un millón de cartuchos de fusil que llevaban en esta tarde el
mismo rumbo; todos estamos con vivos deseos de que el ejército emprenda su
movimiento hacia aquella parte haber [sic] si de una vez (como
esperamos) se destruye aquel fuerte”.
Evidentemente,
con esta acumulación de medios militares por parte de los Cristinos es normal
que se publicase la víspera de la última noticia -7 de abril- esta columna: “Nótase
entre los facciosos grande actividad de unos días á esta parte, singularmente
en el camino real que conduce de Laredo á Ramales. El 2 tenían cuatro compañías
en Ampuero y mayores fuerzas en Reines, Gibaja, Ramales y La Nestosa, bajo las
órdenes de Castor [Andéchaga], dicen que entre ellos se hallaba el
quinto batallón de Vizcaya que viene en relevo del séptimo que pasaba á
BaImaseda; han colocado ya algunos cañones en el fuerte de Guardamino”. Me
da que en esta guerra los espías no fueron muy útiles. ¡No había secretos que
guardar!
Así
lo vemos en esta noticia fechada en Villarcayo el ocho de abril: “El gran
número de raciones de todas clases que diariamente se almacenan en este punto,
los efectos de sitio que se apartan sin cesar, y la aproximación á esta parte de
la línea del cuartel general del Excmo. señor conde de Luchana con bastantes
fuerzas, anuncian que en breve darán principió las operaciones militares sobre
la línea enemiga, operaciones cuyos resultados serán gloriosos para las armas
nacionales, porque así lo anuncian todas las probabilidades y el vivo
entusiasmo de las tropas y la desmoralización en que han caído los enemigos á
resultas de sus escisiones. Los planes de nuestro general son impenetrables, y
el primer punto que se atacará no lo conocemos; pero sea Ramales ó Balmaseda,
sucumbirá ante las masas de los soldados de la patria, siguiéndose á la
reconquista de cualquiera de esos dos puntos, muchos bienes para el país y
otras glorias para las armas de la nación. La vanguardia de las tropas que
vienen hacia este punto debió: dormir anoche en Oña, y es probable que lleguen
muy pronto [a Villarcayo], empezándose el momento las operaciones. Maroto
con motivo de los insinuados preparativos, salió también de Estella, y
aproximándose á esta línea, permanece observando los movimientos del ejército,
y es seguro que sabiendo el imponente aparato que presentan nuestras fuerzas
templará si piensa en su difícil posición, y en los males que puede acarrearle
una derrota, que destruirá el crédito adquirido en su partido con las
estrepitosas escenas de que ha sido causante”. Aquí confirmamos que la
divulgación de las operaciones tenía un fin amedrentador y que, quizá, sí eran
necesarios los espías para discernir si, al final, el objetivo era Valmaseda.
Aunque,
para nosotros, los periódicos son una utilísima fuente de información -siempre
que fuese cierta y corroborada por los cada vez más necesarios espías- que nos
ilumina sobre el movimiento de tropas, entre otras cosas: “Oña 11 de abril.
El general Ribero con un batallón del tercer regimiento de la G. R. de
infantería permanece en esta [Oña] y se cree pase hoy ó mañana á
pernoctar á Quintana. La artillería, de grueso calibre salió ayer de esta para
Villarcayo. Los regimientos de la Guardia Real de infantería siguen acantonados
desde ayer en esta, Cereceda, Condado, Quintana , Valdenoceda, y Encinillas. Se
espera de un momento á otro al señor conde de Luchana con el resto del ejército”.
Esta noticia se veía reforzada por la siguiente: “Logroño 12. En este
momento que son las diez de la mañana se está preparando el cuartel general
para salir (según voces) con dirección á Villarcayo. Quiera Dios no sea como la
ida á Estella. La facción en número de 20 batallones y con bastante artillería
se prepara para proteger á Ramales. Por nuestra parte tenemos buenos repuestos
de efectos de boca y guerra, y solo nos falta algún metálico para que todo sea
completo; sin embargo, nos prometemos felices resultados, porque el soldado
está deseoso por batir al enemigo”. Nada ha cambiado desde 1839: propaganda
aderezada con un poco de información veraz. Para el 18 de abril Espartero ya
estaba en Villarcayo y la artillería pesada llegó un par de días después.
Las
tropas Isabelinas se colocaban el 13 de abril en los “puntos inmediatos á Ramales,
y permanecen acantonadas en Oña y pueblos comarcanos. Hoy han salido de está [Burgos]
más carros de municiones con destino á Villarcayo, y son inmensos los víveres
acopiados en el mismo para la subsistencia del ejercitó, que ha de operar por
aquel territorio. Estamos deseosos de ver abierta la campaña, pues hace buen
tiempo y el soldado lo mismo come estando quieto que atacando al enemigo”.
Además, cuando ataca, nos encontramos con la ventaja de que hay menos bocas que
alimentar.
Si
esta cascada de noticias buscaba poner nervioso a Rafael Maroto parece que lo
estaba consiguiendo porque mandó que todas las partidas que actuaban
independientes se uniesen a los batallones y sólo los aduaneros obrasen
independientes. El nueve de abril partió de Valmaseda camino de Ramales para
analizar la situación. Los carlistas también estaban acumulando munición y
víveres allí.
“BOCOS
19 de abril. El Sr. general en gefe de este ejército sigue en Villarcayo con su
lúcido estado mayor y escoltas. El Sr. Rivero con su cuartel general
divisionario se trasladó á ese pueblo en el día de ayer desde Medina de Pomar.
Todo el ejército se halla acantonado en todos estos pueblos, y se dice será
revistado dentro de breves días por el general en gefe. En el reconocimiento
hecho por el Sr. conde de Luchana en el alto de Los Tornos la mañana del 17 del
actual, no ocurrió más novedad que la de haberse tiroteado parte de las fuerzas
que le acompañaban con algunos aduaneros facciosos que estaban á la parte de La
Nestosa, y que dejaron el campo al momento, y pudo S. E. enterarse con todo
detenimiento de los puntos contiguos á Ramales. De resultas de este
reconocimiento ha mandado construir en el mismo alto de Los Tornos un gran
reducto y habilitar la carretera que conduce a Ramales que se halla llena de
cortaduras. El Sr. Castañeda con su brillante división es el destinado para
proteger estas obras que creemos difieran por algunos días las operaciones”.
El
17 abril, por tanto, la avanzada del ejército de Baldomero Espartero se pone en
movimiento marchando desde Villarcayo al puerto de Los Tornos, en el límite de
la provincia de Burgos con la de Santander. Este ejército Llevará como jefe de
Estado Mayor a Leopoldo O'Donnell y cuenta con la división de la Guardia, que
sigue mandando Ribero, con siete batallones de esta y cuatro de la Provincial;
la tercera división, de Francisco de Paula Alcalá, con dos batallones de cada
uno de los regimientos de Mallorca, Guías -ya llamados de Luchana- y Borbón,
más el Provincial de Pontevedra; la cuarta de Castañeda, con el segundo del Rey
y de Extremadura, el primero del Infante y de Voluntarios de Aragón, y los
Provinciales de Jaén, Chinchilla, Murcia, Betanzos, Oviedo y Ciudad Rodrigo;
caballería, con los Húsares de la Princesa y Borbón, de línea, y más de cincuenta
piezas de artillería (la prensa las reduce a treinta). Además, se habla de la
presencia del batallón franco de leales meneses. Los carlistas disponen de ocho
batallones: quinto de Navarra, tercero y séptimo de Vizcaya, quinto de
Guipúzcoa, primero de Castilla y los dos cántabros. Además de otros nueve que
llegan apresuradamente una vez que se define la ofensiva sobre Ramales y no
Valmaseda.
Los
carlistas no disputaron el terreno a Espartero. Lo habían sembrado de
obstáculos, en forma de cortaduras, algunas de las cuales alcanzan hasta 96
pies de longitud, 24 de ancho y 15 de profundidad. Así lo explicaba una nota
periodística: “Según comunicación del general en jefe del ejército del Norte
fecha en Villarcayo el 19 del actual resulta que el día anterior practicó un
minucioso y detenido reconocimiento sobre las obras y demás obstáculos que los
rebeldes han opuesto en el camino de Los Tormos á Ramales para impedir las
operaciones que se emprenden sobre la izquierda de nuestra línea. Dicho
general, en jefe había tomado las disposiciones necesarias para vencer los
medios de oposición que empleaba el enemigo, mandando al mismo tiempo construir
un reducto para proteger las comunicaciones. Según los movimientos de los
batallones facciosos es de presumir que Maroto trate de defender con empeño los
puntos fortificados”. Aparte del baile de fechas debemos fijarnos en la
insistencia sobre la técnica para afrontar las barreras. Era preciso arreglar
la situación para que la artillería avanzase. Eso sí, la prensa seguía
especulando sobre las tropas que tendría Maroto y lo que haría con ellas: “[…]
se asegura que Maroto con 15 batallones, 600 caballos y alguna artillería de
lomo y batalla se dispone a proteger sus fortificaciones presentándonos algunas
veces batalla. Otros que se creen mejor informados, afirman que Villareal con
estas fuerzas es el encargado de proteger sus fortificaciones mientras que
Maroto se ha dirigido á Álava y Navarra con objeto de atacar nuestra línea y
plazas fuertes, ya sea para llamar la atención del ejército hacia aquella
parte, ya para sacar las ventajas posibles del desamparo en que ha quedado una
gran parte de nuestra línea. Me inclino á creer esto último. De todos modos,
opinó que, si los rebeldes se defienden con tesón, va á costar mucha sangre la
toma de los indicados fuertes”.
La
marcha del conde de Luchana de Villarcayo no significó que dejaba de ser
importante para el combate. Así partieron de sus almacenes 150.000 raciones de
campaña hacia la línea del frente.
Francisco de Paula Van Halen
Pero,
volviendo a la ruta por Los Tornos, los carlistas habían talado y cortado en pequeños
trozos los árboles próximos a las barreras para evitar que fuesen utilizados en
las reparaciones. Lo hicieron tan bien que hasta el 23 de abril no lograron
abrir la ruta. En Lanestosa se encontraron más zanjas que tuvieron que
rellenar. Después de practicar varios reconocimientos, Espartero decide forzar
el boquete que lleva a Pernales, lo que le obliga, el 27 de abril de 1839, a
atacar las alturas del Mazo y del Moro. Al día siguiente Maroto admite la
pérdida. Este día, los liberales, avanzaron tropezando con nuevas cortaduras
que hubo que habilitar el día siguiente.
Del
1 al 6 de mayo, más zanjas, barreras de árboles, grandes peñascos desprendidos
deliberadamente de las alturas, y un temporal de lluvia frenaron a Espartero.
Baldomero aprovechó para construir un puente sobre el río Soba, así como
baterías para la artillería pesada que había quedado en Los Tornos, y que se le
incorpora. Por fin, a las seis de la mañana del 8, se inicia el bombardeo
contra Ramales y sus casas fuertes. El pueblo fue incendiado y abandonado de
inmediato, pero Simón de la Torre Ormaza y Cástor Andéchaga, que tenían el
mando local, disputaron acremente la fortificación y el terreno en torno a
ella, hasta que, casi arrasada por el cañoneo, la evacúan, tras prenderle
fuego. Cinco compañías de Guías de Navarra se lucieron cubriendo el repliegue.
El
9 de mayo, Espartero ataca la fortificación de Guardamino. El bombardeo
cristino duró dos días, bajo la lluvia y sin efectos, como admite Baldomero y
ratifica su contrario: “ni los más de 1300 disparos de cañón que el enemigo
hizo ayer, ni un número superior que ha hecho hoy, han causado efecto alguno en
nuestro reducto”. Los liberales lanzan, el 11 de mayo, un asalto “elevándose
en orden gradual desde la altura de Guardamino y, diestramente enlazadas sus
trincheras, enfilaban los fuegos por los costados, frente y espalda de la
entrada por donde fue preciso emprender el ataque”. Ataque que, como todos,
no se ajustó al plan y obligó al conde de Luchana a lanzarse a una carga a
fondo que causó la muerte del coronel que la mandaba, la mitad de los granaderos
y de los coraceros y heridas a los caballos de casi todos los edecanes de
Espartero. Secundada por el ataque de varios batallones dirigidos por O'Donnell
lograron batir al enemigo, que se retiró en desorden perseguido por los fuegos
de una batería de montaña. Muchos se ahogaron en el puente de Gibaja. A partir
de entonces, Guardamino quedaba aislado. Esa noche se preparan las baterías
contra esa posición carlista. Pero, antes de que amanezca el día siguiente,
capitulan los carlistas quedando libre la guarnición para volver a sus filas,
con el compromiso de que Rafael Maroto entregarían un número igual de
prisioneros liberales.
Las
fuerzas liberales, que inicialmente duplicaban a las de los carlistas, llegaron
a cuadruplicarlas al mantener Maroto en reserva, sin llegar a emplearlos, a ocho
de sus diecisiete batallones. Esto sumado al hecho de haber ordenado capitular
a los defensores del fuerte de Guardamino, que defendía el comandante carlista
Carreras, antes de haber sido atacados y cuando se encontraban física y
moralmente dispuestos a defenderse hasta el último extremo, hizo que el general
carlista fuera acusado de complicidad con Espartero, pese a que se les hubieran
explotado en el combate de Ramales varios cañones mal fabricados en Guriezo.
El
1 de julio, Baldomero Espartero se convertiría en duque de la Victoria,
desmesurado premio que no dejó de suscitar críticas. Y el pueblo re renombrará
como Ramales de la Victoria. Por lo que se refiere al Ejército carlista del
Norte, Ramales será su última batalla importante. A partir de entonces solo
tendrá ante sí cuatro meses de lenta agonía, poblados de conspiraciones y de
motines, hasta llegar a su final.
Bibliografía:
“El
ejército carlista del norte (1833-1839)” Julio Albi de la Cuesta.
Periódico
“El Guirigay”.
Boletín
Oficial de la provincia de Palencia.
Boletín
Oficial de Valladolid.
Boletín
Oficial de Guadalajara.
Boletín
Oficial de Segovia.
Boletín
Oficial de la Provincia de Zaragoza.
“Anales
del reinado de doña Isabel II”. Javier de Burgos.
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