Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


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jueves, 24 de agosto de 2017

Opiniones dejadas por el camino de Orduña a Berberana.


Hoy Seguiremos el camino que realizará el viajero Karl Friedrich Von Jariges desde Bilbao hasta Burgos para que él nos comente cómo vio su paso por la más vieja Castilla y nosotros hablemos del camino de herradura que enlazaba Orduña y Berberana. Karl nació en Berlín el 3 de setiembre de 1773, era hijo de un consejero de Magdeburgo y miembro de una familia aristocrática. Siendo niño murió su padre y la madre se volvió a casar con un rico comerciante -Plönies de Magdeburgo- que cuidó mucho la educación de Von Jariges.

Estudió en la Escuela de Comercio de su ciudad y luego en el monasterio de Bergen donde se hizo amigo íntimo de St. Schütze, quien escribiría su necrológica. Completó su formación en otras universidades y fue nombrado auditor de cámara de Berlín. Pero dimitió para dedicarse a la crítica literaria y a los idiomas.

Viajó por Suiza. Y, quizá animado por esta experiencia y por los contactos comerciales que poseía acometió en 1802 el viaje a España. Penetró por la frontera de Irún para reunirse en Bilbao con sus amigos von Vincke y Hecht quienes sacaban sus ovejas merinas de Castilla para Hamburgo por ese puerto. Conocedor del francés, inglés, castellano e italiano Karl aprovechó para publicar sus comentarios en las Revistas de Literatura de Jena y Leipzig. Tradujo, e imitó, novelas de esas lenguas y efectuó traducciones que publicó en Almanaques y Revistas. Así hizo con “Romances españoles” y la shakesperiana “Troilo y Cresida” impresas en Berlín en 1823; “El rey Lear” y “La Comedia de las equivocaciones” del mismo autor inglés en 1824 en Berlín y en la Biblioteca de bolsillo de Zwiekau de Sajonia.

"Bilbao" Braun Hogenberg 

Al final de su vida trabajó en la “Revista de literatura” de Weimar, dirigida por su amigo Schutze. Fue desterrado por sus críticas al teatro de Weimar. Amaba la soledad y era muy independiente y según su citado amigo, había nacido para la crítica. Murió el 22 de junio de 1826.

Como hemos dicho, Karl entró en España por Irún junto a otros viajeros cuyo destino era Madrid. En una balsa cruzó el río Bidasoa. Desde el primer momento notamos el perfil crítico de su carácter. Aunque podría pensarse que más que eso fuese racismo y supremacismo frente a lo hispano cuando deja caer perlas, ciertas por otra parte, como que “Entonces estábamos ya sobre suelo español, lo que todavía fue confirmado, cuando un grupo de media docena de Capuchinos, se cruzaron con nosotros”.

Pero no solo despelleja al nativo sino que guarda inquina para sus compañeros de viaje como cuando describe la inteligencia de dos damas francesas -culpables de su mismo delito- de la siguiente forma: “Pernoctamos nosotros en Orean (¿Orendain?) en una pequeña posada buena y muy limpia; la posadera y su hija comprendían muy bien la lengua Francesa y fueron tan amables que, durante la comida, nos dieron una pequeña lección de Castellano, de la cual mis dos compañeras de viaje, muy a la Francesa no comprendieron ni una sola palabrita; y sin embargo, una de ellas, quería instalar en Cádiz una sombrerería. Como ambas jóvenes señoras francesas encontraban todo lo Español malo e insoportable y, en su boca, París era siempre la tercera palabra, se puede deducir ya su total indiferencia respecto al idioma Castellano, del que sin embargo, no podían prescindir. Especialmente fueron objeto de sus burlas los frailes y los curas, y no se les ocurrió pensar que, hasta hace pocos años, su propia patria estaba completamente colmada de los mismos. Muchos clérigos que, durante la Revolución, se expulsaron, volvían ahora desde España a Francia”.

Aduana de Orduña

Von Jariges compartió el adusto carruaje hasta Vitoria. Desde allí hasta Bilbao fue en mula, porque el camino no era para coches. El escritor se cruzó con reatas de mulas que portaban mercancías por esos caminos de montaña. Eran los llamados caminos mulateros.

Pinta una imagen de los vizcaínos como pueblo alegre y despierto. Pero puntualiza que es fruto de un bienestar asociado a una serie de privilegios frente al resto de españoles. Tras explayarse en las virtudes de Bilbao, sus gentes y su comarca continuó solo, sin sus amigos, su viaje hacia el interior de España. Partió “a caballo” hacia el valle de Orduña. Pero esta montura resulta extraña en un viajero que, lógicamente, la habrá alquilado. Más normal hubiera sido alquilar una mula –como en su viaje desde Vitoria- que resulta más resistente. Tardó unas seis horas en llegar a Orduña.


Las alternativas a las que se enfrentaba para llegar a la meseta castellana eran varias porque los caminos de Bilbao a Burgos se presentaban en tres grupos o ramales:

  • Por Valmaseda (con aduana), Villasana de Mena y el desfiladero de los Hocinos.
  • Por la peña Angulo, Valle de Losa y el desfiladero de la Horadada.
  • Los caminos que atraviesan la Sierra Salvada: el del portillo del Aro, por Orduña y el que discurre entre San Pedro de Beraza y Dardoza. Estos son los caminos candidatos a ser el elegido por Von Jariges en especial, lógicamente, los que pasan por Orduña (con aduana).


Ascendió la peña que limita Vizcaya con Castilla Vieja –Las Merindades-. Cuenta en sus textos que el ascenso duraba una hora y era muy trabajoso. Y, ayer como hoy, compensaba el esfuerzo la magnífica vista: la llanura bien cultivada del valle, la pequeña ciudad de Orduña y las ásperas sierras de Vizcaya que se extienden hasta el mar.

Pero con esta descripción teníamos dos caminos que vamos a estudiar antes de seguir al ácido Karl monte arriba. Debemos adelantar que tanto el camino de Valmaseda como la vía de Orduña eran objeto de mayor atención e inversión en el mantenimiento de sus infraestructuras porque eran aduana para todos los productos que entrasen o saliesen del viejo Señorío y, por ello, canalizó una cuota importante del flujo comercial y humano entre Castilla y los puertos de Vizcaya. 



Claro que, desde Orduña, tenían “La Peña”: un escarpado roquedal de caliza que corre de Este a Oeste dentro de la Sierra Salvada. La elevación de este corte escarpado destaca desde largas distancias si se mira desde el Norte, aunque desde el Sur por la parte del valle de Losa se llegaba a la Peña suavemente, descubriendo allí una pronunciada y repentina caída de 600 m en un muy corto espacio de terreno, algo que actuó históricamente como una barrera difícilmente practicable para el comercio y el transporte de mercancías, y que obligó a adoptar, en todas las épocas, medidas extraordinarias para atravesarla en las mejores condiciones. Incluso fue límite natural de los ejércitos contendientes en las primera, tercera y cuarta guerras civiles recientes de España.

Los dos caminos escogidos eran:

  • La vía del paso de Goldecho que desde Pancorbo, Grisaleña, Briviesca, Monasterio de la Rodilla y Villafría hacia Burgos. Era un enlace con la ruta de Orduña a Bilbao. Se intentó convertirlo en camino carretero en los siglos XVI y XVII pero nunca se logró y siguió siendo utilizado solo por bestias y peatones.
  • El segundo camino serpenteaba desde Pancorbo a Berberana y Orduña por el paso de (la ermita de) San Bartolomé. Por cierto, Von Jariges no la llegaría a ver porque en 1764 –fecha de la mejora del camino- ya no existía. De hecho, se descubrieron sus cimientos. Esta era la vía principal de acceso a Vizcaya desde Castilla. Atravesaba Pancorbo, Santa Gadea, Puentelarrá, Bergüenda, Osma, Berberana, Puerto de San Bartolomé y Orduña camino de la capital vizcaína. También se le conocía como el de “la venta de Arbín”


Sobre el paso de Goldecho, o de Charlazo, diremos que constaba de una serie interminable de vueltas y revueltas que salvaban el fuerte desnivel de unos 600 m, que existía entre la ciudad de Orduña y el alto situado a algo más de 900 m. Era el paso que utilizaban los que llegaban por Bóveda y Valpuesta.


Tributariamente estos caminos eran una fuente de ingresos jugosa pero la contrapartida era el caro mantenimiento. Así, en 1553, por Carta Real de Carlos I se autoriza la construcción de un camino de Portugalete a Losa, pidiendo la ciudad que la nueva vía transcurra por la peña de Goldecho, pero “la escasez de recursos y la oposición de Álava, Guipúzcoa y Burgos”, lo hicieron imposible. Y, aunque las ventajas para la ciudad eran indudables, los daños provocados según algunos vecinos serían importantes, ya que si por ir en carros las lanas no se alojaban en la ciudad –de hecho ni pasarían por ella porque atajarían por Mendeica y Echegoyen-, esta no recibirá beneficio, pero se quedará con la molestia causada por las carretas castellanas, con los caminos deshechos y consumidos sus pastos, montes, sembrados y viñas. Sus dueños querrán además conducirlas en los mismos carros hasta Bilbao, sin descargar más que dos o cuatro sacas para pesarlas en la aduana, como suele hacerse para el pago de los derechos reales, lo cual “es muy factible por la facilidad de disponer el camino para carros desde esta ciudad a la villa de Bilbao, pues en el estado presente se llevaran lanas en carros hasta el convento de la Encarnación bordeando el rio”. Añaden que los comerciantes conseguirán con el tiempo, como alguna vez han intentado, que los derechos de las lanas que se pagan en las aduanas de Orduña, Vitoria y Valmaseda, lo hagan en la legua del agua y en tal caso no se dejarán las lanas en Orduña. Además siempre se dependerá de la voluntad de los mercaderes, de no alojar las lanas en la ciudad cuando tuvieren el navío próximo para embarcarlas.

Las partes más interesadas en el arreglo del camino viejo de Goldecho y en colaborar en su coste, son el Concejo de la Mesta, la Cabaña Real de Carreteros, la casa de Contratación y la villa de Bilbao, y los mercaderes de Segovia, Madrid, Cuenca y otras partes de Castilla. Orduña había traído los mejores maestros de las cercanías para que reconociesen la planta y condiciones de la obra y se rematase en el mejor postor. Enviaron repetidas veces sus comisarios a Bilbao y su casa de Contratación a solicitar su aportación. Respecto a la dificultad de la Peña de Goldecho, tan exagerada por Alava y Valmaseda, opinaban los de Orduña que no es comparable a la de Villalta y Ntra. Sra. de la Hoz, donde los temporales de nieve eran muy penosos.


Junto al de Goldecho estaba el paso de San Bartolomé. Este es el que empleamos hoy como camino de coches tras ligeros cambios en su trazado. Un sendero de mulas debía salvar desde Orduña el desnivel de unos 550 m hasta lo alto de la cresta a unos 850 m de altura, tras una continua sucesión de vueltas y revueltas que agotaban a bestias y hombres, una legua larga de permanente subida. En un pleito de 1494 entre la ciudad de Orduña y la villa de Villalba de Losa sobre términos y dehesas en la Sierra Salvada, se menciona “el camino real que ba de San Bartolome a Berberana”. Esta vía se consolidó como la principal vía de acceso a Vizcaya desde Castilla. Claro que debió ser porque los mercaderes de Burgos declararon en 1502 que transportaban la mayor parte de sus lanas por él. Una afirmación interesada para no contribuir a la reparación del camino de Laredo.

A pesar del gran obstáculo que suponía el paso de la Peña de Orduña, este camino contaba con la ventaja de que tal obstáculo era prácticamente la única dificultad pues el resto del camino discurría por terrenos suaves. La elección de la Peña de Orduña como paso, responde, según Arízaga y Martínez, a una obcecación de los bilbaínos por la vía directa, ya que con un simple rodeo se podía haber optado por soluciones más sencillas, como el camino por Unzá. Así, el desarrollo del puerto de Bilbao impulsará la conservación y mejora del puerto de montaña.

Caballo losino

Todos los itinerarios publicados mencionan este camino. Quizá Karl, Carlos, llevaba entre su equipaje un ejemplar de alguna guía reciente. Supongamos que en castellano o francés. Tal vez la obra de Matías Escribano que incluye en su Itinerario de 1758 esta vía, la de Campomanes de 1761 o “la Guía General de Postas” de Espinalt de 1785.

Entre los años 1567 y 1579, se produjo un primer intento por posibilitar el paso de carros apoyado tanto por los mercaderes, como por la villa de Bilbao y su Consulado. En Mayo de 1576 Alonso de Madrid, secretario del consulado de Burgos, viajó hasta la peña de Orduña para estudiar la situación y, también, se enviaron representantes a la Corte y se explicó que podría ser viable un camino ancho para dos carros pero que tendría un coste económico alto. Y dada esa limitación se proponía que fuese una “obra de interés general del reino” y no se pagase por Orduña o el Señorío de Vizcaya solo. A pesar de los esfuerzos realizados, esta actuación no se podrá llevar a cabo y habrá que esperar al siglo XVIII para que esto mismo se resuelva adecuadamente.



Itinerario de José Matías Escribano
referente a esta ruta

El éxito del camino de Guadarrama animó a los orduñeses a solucionar el problema de los carros por “La Peña”. Se movieron todos los resortes que se pudieron encontrar. Incluimos entre ellos la carta del Marqués de Viana al Marqués de la Ensenada (20/02/1873) donde abogaba por esta obra. Con esta misma fecha, el Ayuntamiento de Orduña envió también, al Secretario de Estado, un proyecto realizado por los maestros de obras D. Juan Bautista de Ibarra y D. Vicente de Muguira, quienes habían reconocido el referido camino.

Los maestros citados argüían el ahorro de las jornadas de camino y la fácil solución del obstáculo de San Bartolomé, que se podía resolver con el trazado de algunas curvas, a semejanza de lo realizado en el Puerto de Guadarrama, así como lo bien provistos de excelentes alimentos que estaban sus pueblos.

Con respecto al tramo hasta Berberana dicen: “Desde la ciudad de Orduña hasta la villa de Berberana, saliendo por el portal de San Francisco y Puente de la Torre, a la Peña Vieja de San Bartolomé, (usada desde tiempo inmemorial) siguiendo la Sierra Salvada, por el camino que llaman de la Lobera, 30.500 pies, cuyo coste, incluyendo el de la Peña y dar mejor latitud a dicho puente de la Torre, estimaron en 574.959 reales de vellón. Desde Berberana a Espejo de Osma, Santuario de Ntra. Sra. de Angosto, por la cercanía de la Venta Blanca, midieron 32.341 pies y su coste de 335.489 reales de vellón”.

Berberana (Las Merindades- Burgos)

Y, retomando las descripciones de Von jariges y su camino ascendente, nos dice que llegó a una venta situada en la subida, antes de coronar “la Peña”. No la identifica pero podría ser la “Venta de Arbín” que denomina –de forma secundaria- este camino o la “Venta de la Peña” según el itinerario de José Matías Escribano. Carlos la define como “posada pobre que asienta aislada cuyo vino y pan, a causa del viento agudo y doloroso, sin embargo, me dieron un bienvenido consuelo.” Allí descubrió Karl lo que era un porrón. Y sin salir de Vizcaya porque la posada a la que se refiere todavía estaba en el señorío.  

Una vez coronada la peña de Orduña estará tres horas atravesando las tierras del Valle de Losa en la zona de Berberana. En sus palabras: “A las tres horas desapareció la áspera y no cultivada superficie de la montaña y en el valle, sólo un poco más bajo, aparecieron de nuevo los campos frutales, antes de Osma, donde yo pernocté”. Los frutales solo aparecen poco antes de llegar al pueblo alavés de Osma, junto al límite con Burgos. No nos habla del lugar donde pasó esa noche por lo que vamos a conjeturar que pudo ser la “Venta del Monte” en la zona de Osma. Lo que si nos cuenta es que salió de Álava atravesando “el gran puente sobre el diminuto Ebro” y entró en Castilla la Vieja. Lo del río me sorprende y quizá, solo quizá, recordase el Omencillo y lo llamase Ebro. Con respecto al puente entiendo que se referiría al puente de seis ojos de Puentelará.

Tal vez parte de su despectiva imagen sobre Castilla esté relacionada con el incidente con un “aduanero” del límite foral que le revisó el portamantas y le cobró un duro por llevar algo de tabaco. Afirmó: “Ya este desagradable suceso me recordó que yo no me encontraba en la libre tierra de Vasconia y no había avanzado mucho en mi viaje, cuando eché de menos la música y el baile, las habitaciones más limpias y el vestido rico de ambos sexos; todo a mi alrededor, tanto las personas como la naturaleza, adquirió un aspecto austero y triste; era como si la vida se deslizara sólo en el mínimo necesario y que bajo los cuidados cotidianos, por la mera alimentación y vestido, hubiera muerto toda diversión y alegría. Casi dolorosa es la visión de las caras delgadas, casi negras por quemadas, con la mirada oscura de fuego y los cabellos negros como cuervos y capa morena y con petachos y las gorras oscuras (¿boinas?) que daban cierta clase de aspecto de bandidos”.

Recorrido (Google)

Tendrá en todo el relato al que he tenido acceso una visión muy positiva de los vascos y de las provincias exentas. Por oposición sus impresiones sobre Castilla son bastante decepcionantes. Puede que en ello pesasen sus prejuicios contra la, todavía, potencia católica. Para él “las Castillas se muestran mucho más severas y menos alegres, por el menor bienestar. Castilla no tiene el carácter suizo que es peculiar a los paisajes vascos y aunque otorgan en verdad en algunas comarcas (sobre todo en la Sierra del Guadarrama), paisajes sorprendentes y curiosos, sin embargo, es pobre en escenas realmente encantadoras o sublimes y el escaso cultivo en Castilla la Vieja con sus estepas inconcebibles que están cubiertas en seguida con arbustos y guijarros aumenta lo hostil y severo, que debe de ser chocante sobre todo para el viajero que viene de Bilbao y desagradable, pues las tierras que él acaba de dejar, eran risueñas y acogedoras. Para este rechazo contribuye no poco el clima distinto, el cual en especial en las partes montañosas es muy variable; así cuando en el llano asienta un bochorno opresivo, en las montañas corre sobre las alturas un viento frío, que se siente mucho y se extiende hasta los páramos. Además en este trayecto no son buenos los caminos, pues la calzada termina pronto y bastante lejos comienza de nuevo; ni los posaderos pertenecen a los buenos y algunas posadas no son otra cosa que la que proporciona solamente un techo”.


El alago sobre Castilla es de tipo lingüístico: “Como los castellanos hablan muy bien su lengua, es natural que a ellos muchos errores de la lengua que los vasco hablantes corrientes, cuando hablan castellano suelen efectuar, pueden servir a la hilaridad”. Como el vizcaíno de “El Quijote”.

En el segundo día del viaje, alcanzo Pancorbo.


Bibliografía:

Revista “Aztarnak”
“Caminos burgaleses: Los caminos del norte (siglos xv y xvi)” tesis doctoral por Salvador Domingo Mena
“Itinerario español” de José Matías Escribano.
“Apuntes para una historia del transporte en España” por José Ignacio Uriol.



Para saber más:

Caminos de Orduña (Ezagutu Urduna)



Anexos:

Itinerarios que mencionan este camino:
“Cosmografía” (1517) de Fernando Colón.
Repertorio de caminos (1546) de Pero Juan Villuga, se incluye con una variante entre Burgos y Monasterio de Rodilla que discurre junto a la venta de Hurones, coincidiendo con la Descripción ya mencionada de Fernando Colón y con las referencias que se harán en los itinerarios de 1576 y 1705 y en el viaje de Jouvin de 1672.
“Repertorio de Caminos” de Meneses (1576).
“Itinerario de Postas” (1608) de Ottavio Cotogno, lugarteniente del Correo Mayor de Milán.
“La Guía de caminos” (1674) publicada en francés, traducida por Pedro Pontón y publicada en España en 1705. Hubo reediciones como una de 1727.
“Guía de Caminos, para ir, y venir por todas las provincias de España, y para ir a Roma, partiendo de Madrid à Barcelona, por el camino más breve, que se halla a los Caminantes”, copia del Pedro Pontón.
“Itinerario de Caminos” de Matías Escribano (1758)
El Itinerario de Campomanes de 1761
“Guía General de Postas” de Espinalt (1785).



viernes, 30 de agosto de 2019

Verberana, el pueblo del final, o del principio. Y su poquito de Valpuesta.



Roma estuvo aquí. Curiosa afirmación cuando todos lo tenemos claro. Esta parte de Las Merindades, a escasos metros de Álava, tiene muestras de la presencia de la ley del imperio. Evidentemente, esta era un zona de amplios valles cerealistas. ¡Nada que ver con el occidente montañoso! Septentrión, con suelos no aluviales, malos para la agricultura extensiva y falto de villas romanas. Dicho.


Además por esta zona pasaron vías romanas que, desde la cuenca de Miranda, penetraba en Las Merindades por el Valle de Losa. Aquí se recoge uno de los varios topónimos “Las Calzadas”. Podríamos asumir que la vía se desdoblaría en el entorno de Berberana con un ramal por Losa y otra carrera hacia Orduña. Este camino quedó establecido posteriormente como el principal entre Orduña y Castilla, y posteriormente entre Bilbao y Madrid. Pero, además, una red de hospitales, alberguerías y ventas nos marcan una intrincada red de comunicaciones entre el mar por los puertos de La Sía y Los Tornos y la meseta a través del páramo de Masa y Berberana.

La zona de Berberana estaba, por ello, habitada durante Roma y, por supuesto, siglos antes. Pero, ¿desde cuándo está habitada como “Berberana cristiana y castellana”? Para ello tenemos que recurrir al chivato de la advocación religiosa que en Berberana debió ser San Cipriano. Este hecho nos situaría en el siglo X aunque bien pudo tener fundaciones de lugares aledaños de la población en periodos sucesivos.

Abramos el arco y fijémonos en Villalba de Losa, en su jurisdicción, diferente del Valle del mismo nombre, que nos aparece en 934 en la reja de San Millán. Esta población fue de realengo hasta finales del siglo XIV, aunque antes, con ocasión de las discusiones por el señorío de Vizcaya, se acordó que el rey daría a Lope -hijo de Diego López de Haro, el Intruso- las villas de Miranda y Villalba de Losa. Al intentar tomar posesión de ellas el año siguiente (1308) se opusieron los vecinos, aunque después tuvieron que ceder. En 1352 Villalba de Losa tiene jurisdicción real y son aldeas de ella los lugares de Barriga, Zaballa, Villodas, Mijala, Murita, Llorengoz, Teza, Villota, Berberana -¡aquí quería llegar!-, Villacián y San Llorente. Ya tenemos situada nuestra población.


Sobre el lugar de Berberana podemos indicar que en 1465 –según Ismael García Rámila- “Don Fernán Sánchez de Velasco, casado con Doña Mayor Gutiérrez de Olea, natural de Medina de Pomar. Fue Señor de Herramelluri, Río Tirón, Obilla y Villaescusa. Previa autorización real, de Juan II de Castilla, cambió su villa de Herramelluri, por la de Berberana, fundando, en ella, mayorazgo con sus vasallos solariegos, heredades y agregados, a favor y en cabeza de su hijo Día Sánchez de Velasco”. Aunque ya he comentado en la entrada BerberanaTower que este enmarañamiento familiar es bastante lioso.

Por otra parte, Julián García Sainz de Baranda nos cuenta que “la villa de Berberana fue realenga hasta que, por compra, paso a constituir señorío, en la casa de los Gil Delgado, que se titularon Condes de Berberana. Pagaba la villa a sus señores alcabala y martiniega y así continuaron hasta principios del siglo XVIII en que los vecinos pusieron pleito sobre ello a los Señores”.

Aparece Berberana, en 1591, como unidad independiente, si bien es cierto que en el Becerro de Behetrías no se cita como aldea de Villalba de Losa sino que se incluye en el encabezamiento de Aujala o Mijala para parte de los tributos, como lo que pudiera ser un agrupamiento fiscal y no jurisdiccional, hecho raro pero, obviamente, no inexistente.

Detalle del Becerro de Behetrías

En fin, dejémoslo correr y marchemos hacia temas más pedestres tales como las cosas de la vida y la hacienda de los humildes de este pueblo. Empezaremos por el año 1594 donde se sabe que en el pueblo vivían 60 vecinos pecheros y que, ya lo vamos a añadir, en Valpuesta eran 61. Un poco más: Berberana pertenecía al arciprestado de Losa y contaba con una pila –una iglesia- y setenta vecinos. Ya sé que no coinciden los datos. Pero no me pregunten por lo que no puedo llegar a saber. De hecho, Valpuesta tiene una iglesia y treinta vecinos. Lo dicho.

Tendremos que esperar unos 150 años para conocer la fotografía que hizo el catastro de la Ensenada de “Verberana”. Exactamente era el año 1753. Nos cuenta que el lugar es de señorío y que es propiedad de Rafael Gil Delgado, regidor perpetuo, y vecino de Burgos. Esto choca con lo que afirmaba arriba Julián García Sainz de Baranda salvo que los vecinos perdiesen ese citado pleito. ¡Él sabrá que era juez!

Mirando este catastro (al fin y al cabo un registro tributario) descubrimos la poca conciencia ecológica que tenían –no como nosotros- al haber una falta de árboles frutales en el pueblo. Gracias al cielo había veintidós colmenas donde destacamos a los dos mayores propietarios: diez colmenas pertenecían a Gaspar de Guinea y cuatro a Diego de Guinea.


Ningún vecino tenía yeguada ni ganado que pastase fuera del término municipal. Otra cosa es dentro. Así Juan de Guinea, beneficiado en este pueblo, tiene cinco yeguas, una vaca y cinco novillos; Gaspar de Guinea tenía nueve yeguas, dos potras, veintidós ovejas, diez corderos y nueve cabras; y un tercer Guinea -¡a saber si son parientes!- dos potras, treinta y nueve ovejas y más piezas de diferentes ganados. La relación amplia de vecinos y ganados nos deja constancia de su abundancia.

Y, hablando de vecinos, el número de estos es de treinta y dos que ocupan treinta y siete casas habitables frente a siete inhabitables. En una de aquellas estaría la taberna del pueblo que, seguramente, serviría a lugareños y transeúntes –arrieros, peregrinos, etc.-. La gestionaba Ana María de Gar(…). Lo que no había eran hospitales, conventos o cambistas. Sí tenían un cirujano, Esteban (…), un herrero y agricultor llamado Miguel Palacios, un pastor…y veintisiete labradores. Entre estos últimos tenemos a Cipriano de Guinea, Pascual de Guinea, José Díaz… y ningún pobre. Bueno, no nos olvidemos, había cuatro clérigos: Juan de Guinea, Manuel de Montoya, Juan y Francisco de Guinea. Todos vivían en el pueblo.


Desde el catastro de Ensenada la cosa se acelera y durante el siglo XIX abundan los estudios nacionales de información local. El primero en el que nos pararemos es el de Sebastián Miñano que nos dice que Berberana pertenece al partido y merindad de La Bureba. Nos informa que tiene 32 vecinos que representan a 145 habitantes. En este segundo lustro de la década de 1820 mantiene una parroquia y produce trigo, poca cebada, legumbres, avena y yeros (algarrobas). Distaban 17 leguas de la capital de la provincia. Pagaba de contribución 1.691 reales.

Hacia 1850 se publica el Diccionario geográfico de Madoz donde nos sorprenden con esto: “Despoblado en la provincia de Álava. Partido Judicial y jurisdicción de La Guardia (1 legua al oeste). Existía en 1366 y contaba 21 fuegos; en 1571, 10 vecinos y una parroquia. Hoy día no quedan más que las paredes de esta, y algunas ruinas de casas, ignorándose el motivo de su desaparición. Tenemos por tanto un despoblado en Álava”. ¿Sorprendente? Mucho porque no es nuestra Berberana.


Sobre nuestra Berberana dice que es del “partido judicial de Villarcayo (8 leguas). Situación: en una ladera al S. de la sierra que divide el valle de Ayala y es la que cruza de Asturias a Vizcaya, siendo su altura respecto al nivel del mar, de 2.820 pies. La combaten todos los vientos especialmente el Sur. Su CLIMA es sano, y las enfermedades más comunes (son) las propias al cambio de tiempo. Consta de 100 CASAS de 20 a 30 pies de elevación con piso alto, y las calles que forman están sin empedrar, sucias y poco cómodas. Hay casa de ayuntamiento, una torre de la propiedad del conde de Berberana, la cual sirvió de fuerte en la última guerra civil; escuela de primeras letras concurrida por 30 a 40 niños; una iglesia parroquial bajo el título de San Cornelio, servida por un cura párroco que provee el arzobispado de Burgos, en patrimoniales, y un sirviente; el cementerio en paraje bien ventilado que no perjudica a la salubridad pública, y dos fuentes de buenas y abundantes aguas para los usos domésticos.

El TÉRMINO confina: por N. Murita; por E. Osma (Álava); por S. Astulez, y por O. Hozalla. El TERRENO es arcilloso á la parte S. y delgado á la del N.; se divide en primera , segunda y tercera suertes, constando la una de 100 fanegas de sembradura, 150 otra y la última 250; hay algunos montes poblados de pinos y encinares: baña el término un riachuelo de curso perenne que se forma inmediato á la villa, y corre de N. á S. á incorporarse por Bergüenda (ahora rebautizada Bergonda), al Ebro: hacia el S. se encuentra un puente de piedra, y debajo á distancia de 200 varas, un molino harinero.


Los CAMINOS son de pueblo á pueblo, y pasa por medio de la villa el que de Burgos conduce á Orduña y Bilbao. La CORRESPONDENCIA la deja el correo que se dirige á Bilbao, PRODUCCIÓN: trigo, cebada, avena, yeros, titos, garbanzos, habas, patatas y hortalizas, ganado lanar, cabrío, vacuno, caballar y de cerda. INDUSTRIA: consiste en la arriería, dos fabricantes de herraduras y un molino harinero, y el COMERCIO en la exportación de ganados é importación de granos, vino y géneros de vestir. POBLACIÓN: 26 vecinos de catastro, 190 almas. CAP. PROD.: 340.010 reales. IMP.: 28.929. CONTR.: 4.338 Reales”.

Bueno, la tendencia del pueblo era acrecentar su población. Tenemos arrieros y servicios para caballerías y ganados, hosteleros y tejedores o modistas o similares. ¡Y maestro! El pueblo tiene una línea ascendente. Llegábamos a casi 200 habitantes que cubrían sus necesidades. El censo de 1877 nos desglosa la población diciéndonos que hay 203 varones y 245 hembras en el municipio.

Para 1881 el Anuario del Comercio nos da una población de 452 habitantes. Se enorgullecía de su maestro, Venancio Gómez Arranz, y su escuela. ¡No solo eso! Establecidos en la villa estaba un sofisticado plantel médico: como albéitar o veterinario tuvimos a Miguel Bernangoa y como cirujano –probablemente cirujano menor- a Agapito Ortega Sáez quién nos aguantó desde, al menos, 1879 hasta 1886.


En 1882 el anuario Riera nos detallaba, también de forma enciclopédica, de Berberana: “Villa con ayuntamiento, á la que se halla agregada la villa de Valpuesta, distante 11'1 km. Cuenta 455 habitantes y 139 edificios, entre habitados é inhabitados”. El incremento de la población creo que puede ser debida a la suma de los habitantes de Valpuesta y Berberana porque también nos detalla la distancia a Burgos de ambos pueblos (43 km y 90 km). No da un curioso dato electoral: “Corresponde á la prov. de Burgos, al segundo distrito de su partido judicial para las elecciones de diputados provinciales y al distrito de Miranda de Ebro para las de Cortes”. Nos recuerdan que la iglesia está bajo la advocación de San Cornelio (¿y San Cipriano?) y que forma parte del partido judicial de Villarcayo. Los caminos que les comunicaban eran vecinales y de herradura.

Sostenida por los fondos del municipio, disponen de una escuela de primeras letras destinada a todos los niños del pueblo. La mayor parte de los vecinos trabajan en el campo salvo oficios mecánicos y profesiones “más indispensables”. Nos dice que había 80 casas distribuidas en calles irregulares y de mal piso. Que tenía ayuntamiento, cárcel y una fuente abundante y de buena agua con la que se abastece el vecindario. Mejor porque el riachuelo colindante no daba para mucho.


El anuario Riere termina: “El terreno está formado por tierras arcillosas en la parte S. y por tierras delgadas en la del N. Las producciones consisten en granos, algunas hortalizas, legumbres y tubérculos; cría varias clases de ganado y diversas especies de caza”. Fin. Desde este año los anuarios nos informarán de que la estación de ferrocarril más próxima era Briviesca.

En 1887 el bueno del maestro Venancio es reforzado por la maestra Gregoria Ayala. Y descubrimos que en Orduña abrieron estación de tren ¡Solo once kilómetros de distancia! Berberana estaba ya en la era de la comunicación.

Ese año el alcalde era Esteban Garcinea; el secretario, Pedro Peña; el juez municipal, Valentín Ayala y el párroco Remigio Ruiz. ¿Y Valpuesta? Pues, su maestro era Juan Barrenengoa.


Para 1888 no hubo cambios pero si saltamos unos años, hasta 1894, vemos como los pequeños cambios derivan en grandes variaciones. Ahora el alcalde es Narciso Quincoces y Pedro Peña sigue como secretario. Pero tenemos a Matías Arbelas como juez municipal y a Bruno Gómez como fiscal. En el sector de la sanación de almas y en el de la sanación de bestias continúan el bueno de Remigio y de Bernangoa. Tristemente el Profesor Venancio Gómez vuelve a estar solo. Y aquí tenemos uno de las tradicionales disparidades de las publicaciones del siglo XIX. Comparen con la imagen adjunta:

 
Anuario Riera.

Valpuesta, ese año de 1894, tiene como párroco a Manuel Peña y como maestro a Ambrosio Castresana. El primer año del siglo XX (1901) todos seguían en su puesto.

En estos veinte años de fin de siglo XIX la población del municipio evolucionó desde los conocidos 448 contabilizados a 388 en 1902. Un bajón de 50 individuos. ¿Causas? La primera es pensar en un error en los datos –nada improbable- y después en el inicio de una paulatina despoblación dado que tienen el ferrocarril a 11 kilómetros y enseguida se llegaba a Bilbao.

Sea lo que fuese, y si fuese un problema o no, quien se enfrentaría a ello como alcalde fue Lucas Montoya aunque para 1905 volvió Matías Arbelas. Le acompañaban como fuerzas vivas del lugar Pascual Ramírez (Secretario); Agapito Salazar (Juez municipal); Juan Manrique (Fiscal) que en 1904 será sustituido por Félix Santa María y este en 1909 por Pascual Ramírez; Valentín Badillo (párroco)-en 1904 lo será Braulio Villaluenga-; Celso Ruiz (maestro); y Raimundo Martínez (Médico –que no cirujano-). Ramón Ramírez era el veterinario y conocemos dos personas de otras ocupaciones no agrícolas: Manuela Escudero en el papel de modista y Cayetano Florenciano como platero. En 1903 se les unirá Clemente Barquín con un negocio de tejidos.

En Valpuesta las fuerzas vivas estaban representadas por el párroco Pedro Pereda y la maestra Obdulia Martínez.


En 1904 se detalla mejor cuántos y cuáles eran los comerciantes de la población. Tal vez efecto del desarrollo económico, de la automoción o de las artes gráficas y la venta de revistas. En todo caso, aparecen como carpinteros Juan Ramírez y Tiburcio Vadillo; como vendedores de comestibles constaban la viuda de Gregorio Salazar -que, además, tiene un mesón-, Tiburcio Vadillo (¿pluriempleo?) y Clemente Varguín que no hay que confundir con Clemente Barquín y su tienda de tejidos; la herrería y cerrajería de Ignacio Fernández (en 1905 transmuta en Ignacio Castillo); y el zapatero Tomás Bustamante. Aparte de los que ya hemos citado como emprendedores en párrafos anteriores.

En 1905 el negocio de las modistas de Berberana eclosiona llegando a competir con la conocida Manuela las señoras Eusebia Quintana y Juana Ramírez pero esta última se cae del cartel en 1906.

Quizá por todo esto la población del municipio de Berberana asciende en 1906 a 329 almas sin contar las 82 de Valpuesta. Tendremos a Juan Montoya como juez municipal –sustituido en 1909 por Saturnino Quintana- y a Antonio Salazar como fiscal –sustituido en 1909 por Felipe Ramírez. Sigue aumentando la nómina de empleados y oficios diversos con la incorporación de Norberto Anuncibay como cartero y el estanco de Mariano Salazar.


En 1908 el cartero fue Alejandro Pérez que o bien coincide en nombre con el maestro o este redondeaba su sueldo con el reparto de cartas. Recordemos aquello de “pasar más hambre que un maestro de escuela”. La viuda de Gregorio Salazar desaparece –esperamos que porque se jubilase- y los negocios que esta llevaba los administrará Salazar y compañía. De hecho, los incrementa con una tienda de vinos. Por cierto, este año tiene consulta en Berberana el doctor en medicina Ángel Garaizabal.

El andar de un lugar a otro no debió gustarle a Alex Pérez porque en 1909 aparece como cartero Pedro Angulo. Quizá eso mismo le pasó al médico Ángel que es sustituido por Ignacio Herraiz. Las implacables leyes del mercado también tocaron el mundo de las modistas dejando solo a Eusebia Quintana y mostrándonos los principales contribuyentes del lugar: Matías Arbelas y Lucas Montoya. Nada raro, si se han fijado son quienes han ostentado los principales cargos públicos.

En Valpuesta tenemos a Pedro Pereda como sacerdote y a Crescencia Barcenilla como maestra. En 1911 será Valentina Díaz.


Vamos a dejar este avance detallado en 1911 porque hay suficiente distancia en el tiempo para que resulte atractivo. El alcalde fue Ciriaco Pérez, Pascual Ramírez como Secretario, Saturnino Quintana como juez y Felipe Ramírez como fiscal.

Como a muchos otros lugares la paulatina despoblación del siglo XX acrecentada con la guerra, el hambre y la industria vizcaína mermó el número de vecinos de Berberana, y de Valpuesta. Pasaron a tener, en 1950, 294 vecinos y 63 respectivamente con 67 y 11 viviendas en cada lugar. En 2011 había 72 vecinos en 30 hogares.

 
Evolución población municipio de Berberana.


Bibliografía:

“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar (1845-1850)” Pascual Madoz.
“Diccionario Geográfico, estadístico, histórico, biográfico, postal, municipal, militar, marítimo y eclesiástico de España y sus posesiones de ultramar” de Pablo Riera y Sans.
“Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal” por Sebastián de Miñano.
“Anuario Almanaque del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración”.
“Anuario Riera”.
“Indicador general de la industria y el comercio de burgos. (Marciano Velasco.)”
“EL VALLE DE LOSA NOTAS PARA SU HISTORIA” Julián García Sainz de Baranda.
“Censo de la población de España en 1877”
“Censo de la población de España en 1897”
“Censo de población de las provincias y partidos de la corona de Castilla en el siglo XVI”.
“Nomenclator de las ciudades, villas, lugares, aldeas y demás entidades de población de España formado por el instituto nacional de estadística con referencia al 31 de diciembre de 1950”.
“Historia del Condado de Castilla” Fray Justo Pérez de Urbel.
“Las Merindades de Burgos: Un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Arribas Magro.
“Poblados, Monasterios y Castillos desaparecidos en la provincia de Burgos”. Basilio Osaba y Ruiz de Erenchun.
“Del Burgos de Antaño”. Ismael García Rámila.