Bueno,
Las Merindades y otras muchas zonas de España, se construyeron con los
materiales que había en el territorio. Por lo menos hasta finales del siglo
XIX. Además, la experiencia constructiva y la capacidad económica determinaba
la selección de elementos. ¡Ojo! Y el coste del difícil transporte porque había
gente que podía adquirir materiales en tierras más alejadas.
El
primer género a conocer es el barro, aunque difícilmente encontraremos tapiales
de este material en Las Merindades. Pero lo tenemos como argamasa de muros, como
adobe en los tabiques interiores o dentro de los rellenos del entramado. También
tenemos la arcilla, con diferentes durezas y calidades, como cerámica, baldosas
de barro, ladrillos o tejas. En todo caso las empresas tejeras se instalaban en
aquellos lugares donde la arcilla era de cierta calidad, pero ello no fue nunca
obstáculo para que existieran hornos y tejeras en casi todos los municipios
para el consumo local.
Seguimos
con la madera. Imprescindible en la construcción de ayer y de hoy. Es elemento
estructural, parte de los muros de entramado, de los forjados, como vigas de
las cubiertas, en los encestados y como elemento sustentante vertical. La vemos
en el solado de los pisos entablados y en la carpintería de puertas y ventanas.
A veces hay tablones que cubren los muros y se documenta como tabique interno. Claro
que dependerá de su disponibilidad. En Las Merindades se utilizó el haya, el
roble, la encina, el quejigo y el pino tanto en la tablazón, como en la
viguería, soportes verticales, solados, tablazón de tejados... De hecho, salía
madera de Las Merindades hacia otras comarcas.
¡Piedra!
En muros, cimientos, relleno en los entramados de madera o como material
ligante transformada en yeso, cal o arena. Ocasionalmente la encontramos como
pavimento en algunas plantas bajas en forma de canto rodado o enlosado, sobre
todo en los zaguanes y cocinas. La arena, bien de río, mina o cantera, es uno
de los componentes necesarios del calicanto -el cemento romano- utilizada como
argamasa en muchos muros de mampuesto, sillarejo o sillería. La cal y el yeso
se obtienen en hornos preparados al efecto y se preparan para cada obra.
La
piedra para la construcción se obtiene de canteras distribuidas por todas Las
Merindades. Había, y hay, numerosas canteras de caliza y arenisca que aportaron
la piedra que, sobre todo a partir de finales del siglo XVII, se utilizará en
la construcción. ¡Y, con los años, cada vez más! La arenisca o la caliza se
utilizaba tanto para los aparejos de mampostería, sillarejo y de sillería como
en los de emplenta o entramado para relleno.
Lo
más habitual es que la piedra se trabaje y moldee a pie de obra. No hubo una
producción “industrial” de piedra pese a que se tienda a crear sillares de
medidas comunes. Los artesanos, unos con mayores conocimientos del oficio y de
la técnica que otros, son hijos de su tiempo y su trabajo es fácilmente identificable.
Sólo los ladrillos de tejera, tejas y demás elementos cerámicos, proceden de
una producción en serie, con modelos similares a los actuales, pese a que en
cada horno o tejera tuviesen sus propios moldes y modelos.
Un
cuarto elemento será el hierro que se empleará desde el siglo XVII en las casas
populares como elemento auxiliar. En algunos casos empleado como “cola de
milano” de los sillares de las cadenas angulares, dinteles de las portadas y
ventanas y aleros. Pero lo más habitual es tenerlo en verjas, rejas, balcones y
en los herrajes de puertas y ventanas. En esta tierra la producción de hierro
se localiza ante todo en el valle de Mena. En cada pueblo los herreros locales son
quienes habitualmente realizan los balcones, las rejas, los goznes, los
herrajes, las llaves y cerraduras siendo, en cada caso, una obra exclusiva y
personal.
Vistos
los materiales principales, porque seguro que alguien ingenioso ideó algo
diferente para su construcción, nos fijaremos en las técnicas de edificación
que se ejecutaron en Las Merindades. Las construcciones de tapial y adobe
fueron raras dada la abundancia de piedra y madera. Al contrario de lo que
ocurría con la técnica de la emplenta -o implenta- y el entramado. La emplenta
es un encofrado que se rellena con reticulado, incierto, mampostería o
sillarejo. Este material se aglutinaba con la argamasa. En las Merindades, la
mayor parte de la arquitectura popular utiliza este tipo de muro, salvo en las
hiladas de sillares angulares, los vanos y a veces los aleros.
El
arquitecto romano M. Vitruvio Polion hace alusión a la emplenta con estas
palabras “otra manera que tienen llamada emplentum, de que también usan los
aldeanos. Para ella se trabajan los paramentos externos de las piedras, dejando
los demás como salió de la cantera; y colocándolas alternativamente sobre las
juntas, las van trabando y uniendo con el mortero. Pero los nuestros deseando
brevedad levantan a plomo las dos caras del muro, cuidando sólo el exterior, y
en el hueco del medio meten toda suerte de ripio y fragmentos con mortero, sin
orden alguno ni travazón en las caras; de lo que vienen a resultar en estas
obras tres cuerpos u hojas de pared, dos en las frentes y otra de relleno en el
medio”. Así pues, la emplenta es la técnica que vemos en numerosos
edificios de piedra de Las Merindades, unas veces en cuidado aparejo isódomo y
otras pseudoisódomo, y con mayor frecuencia en sillarejo o mampostería, donde o
bien los sillares más o menos trabajados hacen de encofrado o se utiliza unbo
de madera, como a veces vernos en algunos testigos de los propios muros. Agujeros
que muestran donde se fueron colocando los andamios y también del alcance de
cada uno de los tajos y del encofrado.
Lo
normal en muchos de nuestros edificios es que una parte de la fábrica siga la
emplenta romana y que a partir del primero piso se trabaje con el entramado.
Sólo en los edificios auxiliares el entramado se utilizó para todo el inmueble.
Pero lo más habitual, creyendo de que así se evitaban humedades y se daba solidez
a la construcción, es que la planta baja sea construida de emplenta y que la
misma cumpla la función de zócalo. A veces vemos colocadas en ese muro,
habitualmente totalmente verticales, elementos de madera que enlazan con la
estructura superior, dando al conjunto de la caja una mayor solidez. Unas
vigas, vamos. Tras este trabajo se enlucía la casa para protegerla de las
inclemencias climáticas. Este revoque parece que se utilizó en Las Merindades desde
la tardoantigüedad hasta el siglo XX. Es el adecuado para una zona húmeda como el
norte de Burgos.
Los
volados, relativamente frecuentes en Las Merindades, se dan sobre todo en los
edificios que utilizan la emplenta y el entramado en su construcción. Ello es
así porque se prolongan las vigas o viguetas de los forjados y sobre ellas se
monta el volado. Los soportales más antiguos también se levantaron siguiendo
este sistema constructivo.
La
construcción en piedra, por su parte, tenía diferentes maneras. Son frecuentes los
edificios de piedra con aparejo de mampostería y cadenas de sillares en los
ángulos o marcos de los vanos. Pero es más habitual el muro de sillarejo o de
cuidada sillería. Desde el punto de vista técnico y de la calidad constructiva
estas últimas no son lo mejor, pero daban empaque a la casa y al propietario. Por
lo que habitualmente las casas que presentan sillarejo y sillería corresponden
a la élite local. En muchos casos los encargados de realizar estos trabajos son
maestros canteros locales, algunos muy cotizados por haberse formado en “la
ciudad”. En todo caso lo que ponen de manifiesto es la existencia de artesanos,
canteros, albañiles y carpinteros, cualificados y que recibían importantes
emolumentos por sus trabajos.
Tendríamos
tres maneras de trabajar los muros de piedra: sin mezcla alguna, que llamamos
piedra seca; otra con mezcla de barro; y otra con mezcla de cal y arena. El
barro se utilizó en tiempos más antiguos y, tal vez desde el siglo XVIII, se
utilizó solo en los edificios auxiliares. No es habitual que haya
construcciones a hueso, colocando piedra sobre piedra, y las que conservamos
son muros de cercados o construcciones auxiliares.
El
tamaño de las piedras no excedía de lo manejable y no sobrepasaban el ancho
del muro. Cuando se introducían piezas de mayor tamaño y longitud, que en
ocasiones sobresalen, estas servían para dar mayor solidez al muro. En los
muros de mampostería las piezas de mayor tamaño se colocaban abajo y su tamaño
disminuye a medida que ascendemos en altura. Por lo general las fábricas de
mampostería suelen estar revestidas con mortero para protegerlas. Eso sí, se
dejaba a la vista las cadenas de sillares angulares o esquinazos, las jambas y
dinteles de las puertas y ventanas cuando eran de sillería, los alfeizares y
los aleros cuando eran de piedra. Además, en las partes de mayor debilidad
estructural se colocaban piedras de mayor tamaño. Caso de vanos y puertas. Vemos
que cuando hay una vano de luz amplia, sobre todo en los dinteles de las
puertas, se suele colocar un dintel sobrepuesto de descarga. Este tipo de
dintel suele ser de arenisca y rara vez la piedra es caliza. Además de este
gran dintel en otras utilizan la forma adovelada y en ocasiones el arco de
medio punto. En estos casos las dovelas son de formas redondeadas, sobre todo
las calizas, pero lo más frecuente, sobre todo en la arenisca, es que utilicen
dovelas pequeñas de tipo romboidal.
Es
igualmente frecuente que, en los dinteles de las puertas o ventanas encontremos
objetos simbólicos esculpidos, en huecorrelieve o en inscripciones. La temática
de esta epigrafía suele ser la fecha de conclusión de la obra, a veces figura
el matrimonio que la mandó hacer e incluso hay alguna invocación religiosa
como: Jesús, María, José o el acróstico “JHS”. A lo anterior debemos añadir que
a veces vemos una cruz, llaves, una custodia o jaculatorias. Detrás de todo
ello se esconden las creencias, supersticiones y miedos populares sin olvidar
el deseo de significarse socialmente. Esa religiosidad o superchería podemos
llegar a encontrarla en edificios públicos esperando la protección contra los
males invisibles y espíritus malignos.
Cuando
entremos en la casa veremos que, por regla general, el suelo de la planta baja
es el propio del terreno acomodado y preparado. Si es de roca se habrá labrado y
si es de barro o arcilla se compacta lo más posible. Aunque en ambos casos el
problema a resolver son las humedades. También podemos encontrar pavimentos compuestos
por cantos rodados, enrollados o enlosados. Este tipo de pavimento de planta
baja los localizamos, cuando existe, en los zaguanes o estancias auxiliares de
alguna importancia como la cocina. Si hay estancias habitables en esta planta
no es extraño que tengamos baldosa de barro.
Los
forjados de las plantas son los elementos básicos de los techos y su forma está
en función de las disponibilidades locales. En Las Merindades es común usar
tablas o tablones clavados directamente sobre las vigas o viguetas del forjado
como suelo o techo visto. Reconoceremos en ellos madera de castaño, sobre todo
en las casas adineradas. También hay madera de haya, pero abunda, porque lo hay
en estas tierras, el roble y el pino albar. Si la madera es de calidad y
uniforme en lo que hace al grosor y longitud de las tablas, el solado es sólo
de este material, sino sobre las tablas se coloca un pavimento que se compone
de mortero de barro, de baldosa e incluso también se utiliza el ladrillo. A
veces la albañilería completa a la madera rellenando los espacios entre las
viguetas con rellenos de yeso utilizando un encofrado inferior para dar la
forma que se retira una vez fraguado.
Lo
más alto será el tejado, o cubierta, siempre inclinado. Por la forma de
conformarse hay tres tipos realizados en madera: a la molinera, par y picadero
y par e hilera, pero podemos encontrarlas entremezcladas. Estas formas de armar
las cubiertas son las más sencillas. En el tipo de cubierta influye sin lugar a
dudas el número de vertientes que tenga el edificio, la época en que se haga y
la organización de la estructura sobre la que se levanta. Para los edificios
auxiliares, de poca complicación estructural, lo normal es una cubierta a la
molinera en la que los muros laterales son el apeo de las correas y cabrios que
son el único elemento estructural. Es habitual que se apoye sobre ella la tabla
o ramajes sobre los que se coloca la cubierta. Esta manera de resolver la
cubierta es frecuente en casas estrechas con cubierta a dos aguas con una
cumbrera transversal y otras secundarias y paralelas.
Otro
de los sistemas utilizados es la cubierta de par y picadero. En este caso la
cumbrera se sustenta por medio de muros o a través de una crujía a base de pies
derechos que pueden apearse sobre una viga transversal que hace de tirante.
Esta solución se suele dar en edificios que tienen un muro o punto de apoyo
resistente. Se utilizará tanto en cubiertas a dos aguas como en las de tres o
cuatro. No es muy habitual la cubierta de par e hilera en que la cumbrera,
sustentada por pares unidos por un tirante.
Cuando
la cubierta es cuatro aguas se utilizan apoyos centrales o simétricos que
ayudan a formar la cubierta. Es bastante habitual que en los cabrios y vigas,
dado que trasladan los empujes al exterior, encontrar tirantes de madera que
triangulan las esquinas. Esta solución, según nos indican los técnicos, cuando
las encontramos, es una señal de una etapa avanzada. En nuestra comarca la
encontramos en casonas del siglo XVIII.
Pero
hoy, la mayoría de las cubiertas de Las Merindades son de teja curva de
cerámica. Las dimensiones varían de unas comarcas a otras y sobre todo se suele
significar la teja de las cumbreras. En todo caso en la zona de Las Machorras aún
se conserva la cubierta de lajas de piedra, testigo de una forma de cubierta
que ha desaparecido en la arquitectura popular de Las Merindades.
La
tabla de los tejados habitualmente se aislaba con barro, aunque también se
utilizó el bálago, de hierba o paja según las zonas, y con mimbres o ramajes
para que no resbale sobre la tablazón. Los bordes de los tejados, al igual que
las cumbreras, se sustenta con cobijas ligadas con mortero e incluso puede
darse el caso de que sólo haya cobijas donde más bate el agua. En Las
Merindades las tejas van colocadas a canal y voladas en hiladas sucesivas y
contrapeadas. De esta manera se forman también algunos aleros, aunque lo común es
que estos se conformen a través de piezas de madera.
Frecuentemente
se independizaba el alero de la estructura colocando canes a la distancia
preferida siendo insertados en la fábrica y sujetos en los durmientes del muro
o unidos como una pieza independiente. A veces el alero sólo puede constituirse
por el volado de las vigas lo que obliga a apoyar sobre ellas otras piezas
menores paralelas a la fachada para lograr un alero de cierta entidad. Las
formas que presentan los canes de los aleros son muy variadas yendo desde el
sencillo achaflanado de las piezas escuadras hasta unas formas y molduras más
complicadas, en las que el artesano da rienda suelta a su imaginación y saber
hacer.
Las
rejas, habitualmente utilizadas en los huecos de la planta baja, son de una
notable sencillez. Sólo encontramos obras de complicadas formas en las casas de
mayor porte social. Tal vez donde mayor variedad haya sea en los petos de los
balcones o solanas. Aquí encontramos barandillas de madera y de hierro. Las
primeras están torneadas, en cuadradillo, o recortadas en tabla con figuras más
o menos caprichosas. Será común en Las Merindades el empleo del barrote
torneado y el remate de peto con forma. Los modelos suelen ser reproducciones de
tiempos anteriores. Por lo que hace referencia al hierro, son tanto forjadas,
las más antiguas y de hierro fundido las de los siglos XIX y XX.
El
acceso a la vivienda se hará a través de un hueco amplio por el que puedan
pasar las carretas y aperos y también las personas, por ello veremos una gran
hoja o incluso dos, que presenta una parte central o lateral que se abre para
el paso de las personas, dejando fijo el resto. La totalidad solo se abre cuando
se necesita dar paso a objetos de gran porte. Cuando los vanos de las puertas son
de menor tamaño lo normal es que tenga dos partes, dejándose abierta la
superior en los momentos de buen tiempo para iluminar y ventilar. En los
edificios destinados a pajares o almacenes, donde se precisa la entrada
habitual de carros y carretas, lo normal es que tengan dos hojas verticales que
se abaten hacia los lados. Lo bocarones o huecos para el acceso desde el
exterior de la paja o hierba se ubican habitualmente en la planta superior y
tiene una sola hoja de madera claveteada.
Las
puertas de acceso a la vivienda son habitualmente de dos tipos por lo que
respecta a su construcción: las claveteadas y las entrepañadas. Las primeras se
conforman mediante un sólido armazón de madera sobre la que se colocan unos
poderosos clavos que ofrecen al exterior una cabeza de mayor o menor
tratamiento y trabajo. La imagen de estas puertas está tanto en la distribución
y formas de los clavos como en la organización de las tablas. Suelen destacar
los herrajes de las bocallaves. Las segundas se insertan en el armazón los
entrepaños que pueden disponer de casetones. Un detalle de estas puertas es que
en la parte inferior suelen tener un agujero, llamado gatera, que sirve para
que entren libremente los gatos. Las maderas más utilizadas son el pino y el
roble, aunque puede haber otras.
Bibliografía:
“Arquitectura
popular en Las Merindades: aproximación al tema”. Félix Palomero Aragón.
Fototeca
digital de España.
“Casas
de la nobleza en Las Merindades y en la Bureba (siglo XVII). Datos para su
estudio”. Lena S. Iglesias Rouco y María José Zaparaín Yáñez.
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