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domingo, 22 de febrero de 2026

Con estos mimbres construimos Las Merindades.

 
 
Bueno, Las Merindades y otras muchas zonas de España, se construyeron con los materiales que había en el territorio. Por lo menos hasta finales del siglo XIX. Además, la experiencia constructiva y la capacidad económica determinaba la selección de elementos. ¡Ojo! Y el coste del difícil transporte porque había gente que podía adquirir materiales en tierras más alejadas.
 
El primer género a conocer es el barro, aunque difícilmente encontraremos tapiales de este material en Las Merindades. Pero lo tenemos como argamasa de muros, como adobe en los tabiques interiores o dentro de los rellenos del entramado. También tenemos la arcilla, con diferentes durezas y calidades, como cerámica, baldosas de barro, ladrillos o tejas. En todo caso las empresas tejeras se instalaban en aquellos lugares donde la arcilla era de cierta calidad, pero ello no fue nunca obstáculo para que existieran hornos y tejeras en casi todos los municipios para el consumo local.

 
Seguimos con la madera. Imprescindible en la construcción de ayer y de hoy. Es elemento estructural, parte de los muros de entramado, de los forjados, como vigas de las cubiertas, en los encestados y como elemento sustentante vertical. La vemos en el solado de los pisos entablados y en la carpintería de puertas y ventanas. A veces hay tablones que cubren los muros y se documenta como tabique interno. Claro que dependerá de su disponibilidad. En Las Merindades se utilizó el haya, el roble, la encina, el quejigo y el pino tanto en la tablazón, como en la viguería, soportes verticales, solados, tablazón de tejados... De hecho, salía madera de Las Merindades hacia otras comarcas.
 
¡Piedra! En muros, cimientos, relleno en los entramados de madera o como material ligante transformada en yeso, cal o arena. Ocasionalmente la encontramos como pavimento en algunas plantas bajas en forma de canto rodado o enlosado, sobre todo en los zaguanes y cocinas. La arena, bien de río, mina o cantera, es uno de los componentes necesarios del calicanto -el cemento romano- utilizada como argamasa en muchos muros de mampuesto, sillarejo o sillería. La cal y el yeso se obtienen en hornos preparados al efecto y se preparan para cada obra.

 
La piedra para la construcción se obtiene de canteras distribuidas por todas Las Merindades. Había, y hay, numerosas canteras de caliza y arenisca que aportaron la piedra que, sobre todo a partir de finales del siglo XVII, se utilizará en la construcción. ¡Y, con los años, cada vez más! La arenisca o la caliza se utilizaba tanto para los aparejos de mampostería, sillarejo y de sillería como en los de emplenta o entramado para relleno.
 
Lo más habitual es que la piedra se trabaje y moldee a pie de obra. No hubo una producción “industrial” de piedra pese a que se tienda a crear sillares de medidas comunes. Los artesanos, unos con mayores conocimientos del oficio y de la técnica que otros, son hijos de su tiempo y su trabajo es fácilmente identificable. Sólo los ladrillos de tejera, tejas y demás elementos cerámicos, proceden de una producción en serie, con modelos similares a los actuales, pese a que en cada horno o tejera tuviesen sus propios moldes y modelos.

 
Un cuarto elemento será el hierro que se empleará desde el siglo XVII en las casas populares como elemento auxiliar. En algunos casos empleado como “cola de milano” de los sillares de las cadenas angulares, dinteles de las portadas y ventanas y aleros. Pero lo más habitual es tenerlo en verjas, rejas, balcones y en los herrajes de puertas y ventanas. En esta tierra la producción de hierro se localiza ante todo en el valle de Mena. En cada pueblo los herreros locales son quienes habitualmente realizan los balcones, las rejas, los goznes, los herrajes, las llaves y cerraduras siendo, en cada caso, una obra exclusiva y personal.
 
Vistos los materiales principales, porque seguro que alguien ingenioso ideó algo diferente para su construcción, nos fijaremos en las técnicas de edificación que se ejecutaron en Las Merindades. Las construcciones de tapial y adobe fueron raras dada la abundancia de piedra y madera. Al contrario de lo que ocurría con la técnica de la emplenta -o implenta- y el entramado. La emplenta es un encofrado que se rellena con reticulado, incierto, mampostería o sillarejo. Este material se aglutinaba con la argamasa. En las Merindades, la mayor parte de la arquitectura popular utiliza este tipo de muro, salvo en las hiladas de sillares angulares, los vanos y a veces los aleros.

 
El arquitecto romano M. Vitruvio Polion hace alusión a la emplenta con estas palabras “otra manera que tienen llamada emplentum, de que también usan los aldeanos. Para ella se trabajan los paramentos externos de las piedras, dejando los demás como salió de la cantera; y colocándolas alternativamente sobre las juntas, las van trabando y uniendo con el mortero. Pero los nuestros deseando brevedad levantan a plomo las dos caras del muro, cuidando sólo el exterior, y en el hueco del medio meten toda suerte de ripio y fragmentos con mortero, sin orden alguno ni travazón en las caras; de lo que vienen a resultar en estas obras tres cuerpos u hojas de pared, dos en las frentes y otra de relleno en el medio”. Así pues, la emplenta es la técnica que vemos en numerosos edificios de piedra de Las Merindades, unas veces en cuidado aparejo isódomo y otras pseudoisódomo, y con mayor frecuencia en sillarejo o mampostería, donde o bien los sillares más o menos trabajados hacen de encofrado o se utiliza unbo de madera, como a veces vernos en algunos testigos de los propios muros. Agujeros que muestran donde se fueron colocando los andamios y también del alcance de cada uno de los tajos y del encofrado.

 
Lo normal en muchos de nuestros edificios es que una parte de la fábrica siga la emplenta romana y que a partir del primero piso se trabaje con el entramado. Sólo en los edificios auxiliares el entramado se utilizó para todo el inmueble. Pero lo más habitual, creyendo de que así se evitaban humedades y se daba solidez a la construcción, es que la planta baja sea construida de emplenta y que la misma cumpla la función de zócalo. A veces vemos colocadas en ese muro, habitualmente totalmente verticales, elementos de madera que enlazan con la estructura superior, dando al conjunto de la caja una mayor solidez. Unas vigas, vamos. Tras este trabajo se enlucía la casa para protegerla de las inclemencias climáticas. Este revoque parece que se utilizó en Las Merindades desde la tardoantigüedad hasta el siglo XX. Es el adecuado para una zona húmeda como el norte de Burgos.

 
Los volados, relativamente frecuentes en Las Merindades, se dan sobre todo en los edificios que utilizan la emplenta y el entramado en su construcción. Ello es así porque se prolongan las vigas o viguetas de los forjados y sobre ellas se monta el volado. Los soportales más antiguos también se levantaron siguiendo este sistema constructivo.
 
La construcción en piedra, por su parte, tenía diferentes maneras. Son frecuentes los edificios de piedra con aparejo de mampostería y cadenas de sillares en los ángulos o marcos de los vanos. Pero es más habitual el muro de sillarejo o de cuidada sillería. Desde el punto de vista técnico y de la calidad constructiva estas últimas no son lo mejor, pero daban empaque a la casa y al propietario. Por lo que habitualmente las casas que presentan sillarejo y sillería corresponden a la élite local. En muchos casos los encargados de realizar estos trabajos son maestros canteros locales, algunos muy cotizados por haberse formado en “la ciudad”. En todo caso lo que ponen de manifiesto es la existencia de artesanos, canteros, albañiles y carpinteros, cualificados y que recibían importantes emolumentos por sus trabajos.

 
Tendríamos tres maneras de trabajar los muros de piedra: sin mezcla alguna, que llamamos piedra seca; otra con mezcla de barro; y otra con mezcla de cal y arena. El barro se utilizó en tiempos más antiguos y, tal vez desde el siglo XVIII, se utilizó solo en los edificios auxiliares. No es habitual que haya construcciones a hueso, colocando piedra sobre piedra, y las que conservamos son muros de cercados o construcciones auxiliares.
 
El tamaño de las piedras no excedía de lo manejable y no sobrepasaban el ancho del muro. Cuando se introducían piezas de mayor tamaño y longitud, que en ocasiones sobresalen, estas servían para dar mayor solidez al muro. En los muros de mampostería las piezas de mayor tamaño se colocaban abajo y su tamaño disminuye a medida que ascendemos en altura. Por lo general las fábricas de mampostería suelen estar revestidas con mortero para protegerlas. Eso sí, se dejaba a la vista las cadenas de sillares angulares o esquinazos, las jambas y dinteles de las puertas y ventanas cuando eran de sillería, los alfeizares y los aleros cuando eran de piedra. Además, en las partes de mayor debilidad estructural se colocaban piedras de mayor tamaño. Caso de vanos y puertas. Vemos que cuando hay una vano de luz amplia, sobre todo en los dinteles de las puertas, se suele colocar un dintel sobrepuesto de descarga. Este tipo de dintel suele ser de arenisca y rara vez la piedra es caliza. Además de este gran dintel en otras utilizan la forma adovelada y en ocasiones el arco de medio punto. En estos casos las dovelas son de formas redondeadas, sobre todo las calizas, pero lo más frecuente, sobre todo en la arenisca, es que utilicen dovelas pequeñas de tipo romboidal.
 

Es igualmente frecuente que, en los dinteles de las puertas o ventanas encontremos objetos simbólicos esculpidos, en huecorrelieve o en inscripciones. La temática de esta epigrafía suele ser la fecha de conclusión de la obra, a veces figura el matrimonio que la mandó hacer e incluso hay alguna invocación religiosa como: Jesús, María, José o el acróstico “JHS”. A lo anterior debemos añadir que a veces vemos una cruz, llaves, una custodia o jaculatorias. Detrás de todo ello se esconden las creencias, supersticiones y miedos populares sin olvidar el deseo de significarse socialmente. Esa religiosidad o superchería podemos llegar a encontrarla en edificios públicos esperando la protección contra los males invisibles y espíritus malignos.

 
Cuando entremos en la casa veremos que, por regla general, el suelo de la planta baja es el propio del terreno acomodado y preparado. Si es de roca se habrá labrado y si es de barro o arcilla se compacta lo más posible. Aunque en ambos casos el problema a resolver son las humedades. También podemos encontrar pavimentos compuestos por cantos rodados, enrollados o enlosados. Este tipo de pavimento de planta baja los localizamos, cuando existe, en los zaguanes o estancias auxiliares de alguna importancia como la cocina. Si hay estancias habitables en esta planta no es extraño que tengamos baldosa de barro.
 
Los forjados de las plantas son los elementos básicos de los techos y su forma está en función de las disponibilidades locales. En Las Merindades es común usar tablas o tablones clavados directamente sobre las vigas o viguetas del forjado como suelo o techo visto. Reconoceremos en ellos madera de castaño, sobre todo en las casas adineradas. También hay madera de haya, pero abunda, porque lo hay en estas tierras, el roble y el pino albar. Si la madera es de calidad y uniforme en lo que hace al grosor y longitud de las tablas, el solado es sólo de este material, sino sobre las tablas se coloca un pavimento que se compone de mortero de barro, de baldosa e incluso también se utiliza el ladrillo. A veces la albañilería completa a la madera rellenando los espacios entre las viguetas con rellenos de yeso utilizando un encofrado inferior para dar la forma que se retira una vez fraguado.

 
Lo más alto será el tejado, o cubierta, siempre inclinado. Por la forma de conformarse hay tres tipos realizados en madera: a la molinera, par y picadero y par e hilera, pero podemos encontrarlas entremezcladas. Estas formas de armar las cubiertas son las más sencillas. En el tipo de cubierta influye sin lugar a dudas el número de vertientes que tenga el edificio, la época en que se haga y la organización de la estructura sobre la que se levanta. Para los edificios auxiliares, de poca complicación estructural, lo normal es una cubierta a la molinera en la que los muros laterales son el apeo de las correas y cabrios que son el único elemento estructural. Es habitual que se apoye sobre ella la tabla o ramajes sobre los que se coloca la cubierta. Esta manera de resolver la cubierta es frecuente en casas estrechas con cubierta a dos aguas con una cumbrera transversal y otras secundarias y paralelas.
 
Otro de los sistemas utilizados es la cubierta de par y picadero. En este caso la cumbrera se sustenta por medio de muros o a través de una crujía a base de pies derechos que pueden apearse sobre una viga transversal que hace de tirante. Esta solución se suele dar en edificios que tienen un muro o punto de apoyo resistente. Se utilizará tanto en cubiertas a dos aguas como en las de tres o cuatro. No es muy habitual la cubierta de par e hilera en que la cumbrera, sustentada por pares unidos por un tirante.
 
Cuando la cubierta es cuatro aguas se utilizan apoyos centrales o simétricos que ayudan a formar la cubierta. Es bastante habitual que en los cabrios y vigas, dado que trasladan los empujes al exterior, encontrar tirantes de madera que triangulan las esquinas. Esta solución, según nos indican los técnicos, cuando las encontramos, es una señal de una etapa avanzada. En nuestra comarca la encontramos en casonas del siglo XVIII.

 
Pero hoy, la mayoría de las cubiertas de Las Merindades son de teja curva de cerámica. Las dimensiones varían de unas comarcas a otras y sobre todo se suele significar la teja de las cumbreras. En todo caso en la zona de Las Machorras aún se conserva la cubierta de lajas de piedra, testigo de una forma de cubierta que ha desaparecido en la arquitectura popular de Las Merindades.
 
La tabla de los tejados habitualmente se aislaba con barro, aunque también se utilizó el bálago, de hierba o paja según las zonas, y con mimbres o ramajes para que no resbale sobre la tablazón. Los bordes de los tejados, al igual que las cumbreras, se sustenta con cobijas ligadas con mortero e incluso puede darse el caso de que sólo haya cobijas donde más bate el agua. En Las Merindades las tejas van colocadas a canal y voladas en hiladas sucesivas y contrapeadas. De esta manera se forman también algunos aleros, aunque lo común es que estos se conformen a través de piezas de madera.

 
Frecuentemente se independizaba el alero de la estructura colocando canes a la distancia preferida siendo insertados en la fábrica y sujetos en los durmientes del muro o unidos como una pieza independiente. A veces el alero sólo puede constituirse por el volado de las vigas lo que obliga a apoyar sobre ellas otras piezas menores paralelas a la fachada para lograr un alero de cierta entidad. Las formas que presentan los canes de los aleros son muy variadas yendo desde el sencillo achaflanado de las piezas escuadras hasta unas formas y molduras más complicadas, en las que el artesano da rienda suelta a su imaginación y saber hacer.

 
Las rejas, habitualmente utilizadas en los huecos de la planta baja, son de una notable sencillez. Sólo encontramos obras de complicadas formas en las casas de mayor porte social. Tal vez donde mayor variedad haya sea en los petos de los balcones o solanas. Aquí encontramos barandillas de madera y de hierro. Las primeras están torneadas, en cuadradillo, o recortadas en tabla con figuras más o menos caprichosas. Será común en Las Merindades el empleo del barrote torneado y el remate de peto con forma. Los modelos suelen ser reproducciones de tiempos anteriores. Por lo que hace referencia al hierro, son tanto forjadas, las más antiguas y de hierro fundido las de los siglos XIX y XX.

 
El acceso a la vivienda se hará a través de un hueco amplio por el que puedan pasar las carretas y aperos y también las personas, por ello veremos una gran hoja o incluso dos, que presenta una parte central o lateral que se abre para el paso de las personas, dejando fijo el resto. La totalidad solo se abre cuando se necesita dar paso a objetos de gran porte. Cuando los vanos de las puertas son de menor tamaño lo normal es que tenga dos partes, dejándose abierta la superior en los momentos de buen tiempo para iluminar y ventilar. En los edificios destinados a pajares o almacenes, donde se precisa la entrada habitual de carros y carretas, lo normal es que tengan dos hojas verticales que se abaten hacia los lados. Lo bocarones o huecos para el acceso desde el exterior de la paja o hierba se ubican habitualmente en la planta superior y tiene una sola hoja de madera claveteada.
 
Las puertas de acceso a la vivienda son habitualmente de dos tipos por lo que respecta a su construcción: las claveteadas y las entrepañadas. Las primeras se conforman mediante un sólido armazón de madera sobre la que se colocan unos poderosos clavos que ofrecen al exterior una cabeza de mayor o menor tratamiento y trabajo. La imagen de estas puertas está tanto en la distribución y formas de los clavos como en la organización de las tablas. Suelen destacar los herrajes de las bocallaves. Las segundas se insertan en el armazón los entrepaños que pueden disponer de casetones. Un detalle de estas puertas es que en la parte inferior suelen tener un agujero, llamado gatera, que sirve para que entren libremente los gatos. Las maderas más utilizadas son el pino y el roble, aunque puede haber otras.
 
 
Bibliografía:
 
 
“Arquitectura popular en Las Merindades: aproximación al tema”. Félix Palomero Aragón.
Fototeca digital de España.
“Casas de la nobleza en Las Merindades y en la Bureba (siglo XVII). Datos para su estudio”. Lena S. Iglesias Rouco y María José Zaparaín Yáñez.
 

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