Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 22 de octubre de 2023

Las cartas de guerra del Coronel Frazier.

 
Estamos en una trepidante persecución por parte del duque de Wellington, nombrado por la regencia, el 22 de septiembre de 1812, como Generalísimo de los Ejércitos Españoles. Para que vean que no solo con Fernando VII fueron miopes históricos los de Cádiz. Casi todos los generales patrios lo aceptaron salvo Ballesteros, comandante en jefe del cuarto ejército -el de Andalucía-, que fue depuesto por la regencia y deportado a Ceuta. Arturo Wellesley -duque de Ciudad Rodrigo, Grande de España, portador de la Gran Cruz de San Fernando y de la Orden del Toisón de Oro- al mando de un heterogéneo ejército de ingleses, portugueses, alemanes y españoles fue limpiando de franceses las tierras de Portugal y de la España peninsular. Algunos dirán que también limpiaron otras muchas cosas.

Augustus Simon Frazer
 
Uno de los oficiales de este conglomerado sometido a los ingleses era Augusto Simón Frazer quien era coronel de la Royal Horse Artillery o Artillería real montada. Inglés, por supuesto. Este caballero nació el 5 de septiembre de 1776 en Dunkerke, su padre era Andrew Fraser, coronel del cuerpo de Ingenieros y su madre Charlotte Darnfold. Con 14 años entró en la Royal Military Academy de Woolwich, donde el 18 de septiembre de 1793 alcanzó el grado de teniente en el Real Regimiento de Artillería.
 
En enero de 1794, como teniente del tercer Regimiento de guardias, participó en la campaña contra los franceses en Flandes bajo el mando del duque de York. En mayo de 1795, regresó a Inglaterra y fue destinado a la Royal Horse Artillery. Participó en la expedición al norte de Holanda, capitán en 1806 y comandó la Royal Horse Artillery en la invasión de Buenos Aires. En 1811, con la misma competencia con que él y los demás ingleses habían atacado los Virreinatos españoles atravesaron a sangre y fuego la península Ibérica en su lucha contra los franceses. En ese momento ya era comandante de la artillería a caballo del ejército británico, participando en las batallas de Salamanca, Burgo de Osma y Vitoria. Un inglés más centrado en el bien de su Corona. Nada memorable para nosotros si no fuese porque dejó escritas unas memorias sobre la “Peninsular War” -nuestra “Guerra de la Independencia”- publicadas por su esposa en 1859 Emma Lynn. Y por ellas sabemos que su unidad pasó por Las Merindades.

Real artillería montada
 
Describamos la situación del avance inglés y español en esos momentos. El día 11 el general Álava envió desde el cuartel general de Melgar de Fernamental un pequeño destacamento a Longa, que se encontraba en el valle del Nela, más allá del Ebro. Recalquemos que este río debía ser atravesado por las columnas de Wellington. Nada fácil en un ejército tan voluminoso y por un terreno tan escabroso. Se trataba, pues, de alcanzar el centro de Las Merindades antes que los franceses bloqueasen los accesos a través del Ebro. Tras el combate del río Hormaza, los ejércitos del rey José iniciaron su repliegue hacia La Bureba la noche del 12 de junio. Al objeto de poder reunir víveres se dispersaron delante del desfiladero de Pancorbo, con la intención de volverse a concentrar tan pronto como atacara Wellington.
 
Las cuatro columnas aliadas principales marcharon hacia el noreste para cruzar el Ebro por tres pasos diferentes. Alcanzaron el río el 14 de junio; al día siguiente, cuando la mayor parte de la fuerza lo había cruzado o estaba a punto de hacerlo, la caballería francesa envió unas patrullas de reconocimiento y descubrió la maniobra de Wellington. El alto mando imperial supuso, por ello, que las columnas aliadas se dirigían hacia Bilbao para seguir desbordando las posiciones francesas.

Infantería española
 
Recojamos en este punto las experiencias de Augusto Simón Frazer tras la voladura del castillo de Burgos y el abandono de esta ciudad por José Bonaparte -José I- el 13 de junio de 1813. En concreto partimos desde los párrafos escritos el 15 de junio a las 14:00 horas.
 
“Reanudo mi relato inacabado. Escribo ahora desde Valdenvieda (¿Valdenoceda?), un pueblecito situado junto al Ebro, en un valle rebosante de frutales y maíz. Marchamos esta mañana poco después del amanecer, y hemos pasado por un país muy abierto y salvaje. El camino desciende hacia el Ebro a través de un abismo rocoso entre dos montañas; al principio parecía tembloroso, y me pareció peor que ninguno de los que había visto: pero nunca podré contar nada parecido a una historia conectada si no vuelvo a nuestra visita a Burgos el día 13”. Que nosotros nos la saltamos. Anotemos también que los nombres de las poblaciones son un problema porque este coronel no se preocupó de anotarlos correctamente y los refleja, literalmente, como le suenan. Eso sí, el valle rebosante de frutales y maíz es, evidentemente, el Valle de Valdivielso. No lo cuenta, pero entendemos que quizá conociese Puente Arenas y El Almiñé al descender por el camino del Pescado, ruta de la Sal o calzada de El Almiñé.

Puente Arenas
 
Sigamos: “Salimos de Burgos a eso de las tres y nos dirigimos lo más aprisa que pudimos a Villadiego, adonde llegamos a eso de las siete, muy contentos de haber visto la roca en la que, como dijo Bonaparte, se habían estrellado las fortunas de la última campaña. Ayer pasé un día muy agradable en casa del mariscal Beresford. Tuvimos una excelente cena, servida en una soberbia vajilla. La mesa del mariscal es considerada la mejor del ejército; según nos han dicho, está provista por la Regencia de Portugal. Nuestro grupo era de ocho personas, y nada podía ser más agradable.
 
Todavía no he cruzado el Ebro, pero me he contentado con mirarlo. Las tropas se agolpan ahora en el desfiladero; un caballo cayó por el precipicio y murió (Debemos entender que habla del cañón de Los Hocinos). Hubo tal alboroto de cañones, dragones, infantería y equipajes que parecía que había vuelto el caos. En medio de la confusión nos entretuvimos viendo a los hombres subirse a los cerezos, de los cuales encontramos todo a la vez con un gran número. Nunca hubo transición más rápida; todo sobre rocas y estéril, todo en el valle exuberancia y abundancia. Si se dan cuenta hoy en día el cambio entre el páramo de Masa y el valle de Valdivielso produce la misma sensación.

Iglesia de Valdenoceda
 
Cuando veníamos anoche de casa del mariscal (entiendo que se refiere a Beresford de Villadiego), nos encontramos con el mayor Buckner, de la artillería, que acababa de llegar al ejército. Una persona recién llegada es como un hombre caído de las nubes, así que le di a Buckner una cama, y le puse en camino esta mañana hacia San Martín, en cuyo puente la tercera división de infantería cruzará hoy el Ebro. Estamos cerca del Puente Arenas; mañana veremos a todo el ejército en la orilla izquierda del Ebro”. San Martín de Humada podría ser un lugar donde envió a Buckner si no fuese porque está algo alejado del cauce del Ebro. Tampoco San Martín de Porres. ¿Quizá es la advocación de un pueblo? Puente Arenas tiene la de Santa María hoy. O ¿quizá San Martín de Elines en Valderredible? ¡Ni loco! También podría referirse a San Martín de Hoz de Valdivielso, o de Panizares, o de Quecedo o de Quintana de Valdivielso que están en este valle. Aunque, seguramente, se refiere al barrio de Valdenoceda tal y como apuesta Ricardo San Martín Vadillo y señala María del Carmen Arribas Magro. Además, es la población aledaña a Los Hocinos, cerca de Puente Arenas y parece un destino lógico.

Los Hocinos
 
La carta LIV la escribió desde Medina de Pomar el 16 de junio de 1813. Empieza declarando que “nunca hubo un valle tan romántico como en el que estuvimos ayer (Valdivielso); nuestra marcha de hoy acaba de sacarnos de él. Después de escribir ayer di un largo paseo con Dickson. No puedo imaginar nada más hermoso; lo habría llamado el valle feliz si mi esposa, mis hijos y otros amigos hubieran estado allí. Vemos que el paso del Ebro se hizo sin problemas y que las cartas no parecían estar destinadas a su esposa. Éstos no estuvieron, pero rosas, madreselvas y mirtos perfumaron nuestros pasos; habas, guisantes y legumbres de todas clases, en profusión. El valle tiene una legua y media de longitud, y contiene catorce aldeas. Está limitado a ambos lados, y casi en ambos extremos, por escarpadas montañas. Salimos de Valdenoreda -Valdenoceda, evidentemente- esta mañana poco después de las cuatro. Enviamos el equipaje antes, para pasar por el puente antes de que se llenara de tropas, y vadeamos el río en una parte donde es muy rápido. A lo largo de una legua, nuestro camino discurrió junto al río, que atraviesa un barranco formado por los más audaces riscos, cubierto en muchos lugares de árboles y arbustos tan exuberantes que uno no puede menos de preguntarse cómo pueden crecer allí. Los Hocinos.
 
En este momento he ido a ver pasar a la primera división. Es parte del cuerpo de Graham, y no la había visto últimamente. Los hombres tenían buen aspecto. Las curiosas figuras de la dama y otros seguidores, de todas las divisiones, son indescriptibles. No pude evitar observar que la única cara sonriente que pasaba era la de una niña de tres o cuatro años; la niña estaba atada a un asno con una cuerda, y se divertía jugando con el extremo de la misma.

Medina de Pomar
 
Por primera vez en la Península he oído hablar bien de los franceses; 4.000 de ellos estuvieron aquí (Medina de Pomar) la semana antepasada; un hombre de aspecto respetable me acaba de decir que el general francés al mando (D'Aroux le llamaba) era un hombre excelente, y que había puesto centinelas en todas las casas de vino, y mantenía a las tropas en orden. Aquí había tres generales y una división. La mayoría de las casas estaban cerradas cuando entramos, y todos los rostros parecían tristes. Mi alojamiento es en una casa deshabitada; estaba cerrada, pero la mujer de la casa me trajo la llave, y fue muy cortés. Poco sabemos del enemigo en este momento, por extraño que parezca, no estamos seguros de quién comanda su ejército: si el mariscal Jourdan o el General Cazan; José Bonaparte es, por supuesto, el comandante nominal, pero meramente nominal.
 
El enemigo está indeciso, sus planes parecen desconcertados por nuestro repentino avance. Sabemos que está angustiado por las provisiones. Todo el maíz seco del pequeño valle que dejamos hoy (Valdivielso) ha sido llevado a Breveisca (Lease “Briviesca”). El país adyacente probablemente ha sido igualmente drenado. Creemos que Miranda y Vitoria serán abandonadas por falta de provisiones, y es posible, si podemos avanzar rápidamente, que Pampeluna (Pamplona) no reciba una guarnición por falta de suministros. Sabemos, por una carta interceptada, que el enemigo tiene grandes temores a causa de Pampeluna (Pamplona), y que sus dificultades con respecto a los suministros son muy graves; nuestros propios suministros pueden ser limitados, aunque esperamos que se pueda establecer una comunicación abierta con Santander, a sólo catorce leguas de aquí (El cálculo de esta distancia es errónea si, como supongo, emplea la legua imperial de 4`8 km.). La Guerrilla de Longa, con 4.000 hombres, está cerca; Mendizabel también lo está. Espoz y el Empecinado están en Aragón; los dos últimos se han visto obligados a retirarse rápidamente. Se dice que una de las columnas de O'Donnel (de 15.000) viene del lado de Madrid; tal es nuestra situación actual. Parte de nuestro ejército ha sufrido privaciones parciales, pero nunca ha carecido de pan más de uno o dos días, y estos casos han sido raros, y posiblemente han ocurrido más por falta de previsión que de medios de transporte. La calle (de Medina de Pomar) bajo mi ventana está atestada de mulas, y hay ruido y bullicio suficientes para trastornar la cabeza más sensata... Adieu”.

 
No terminó ahí sus referencias a Las Merindades, sino que su carta LV estuvo también fechada en nuestra comarca. Casi a la salida de la misma porque fue en Berberana el 18 de junio de 1813 y a las 21:00 horas. Procedamos:
 
“Hemos estado completamente ocupados desde el mediodía hasta las 7 p.m., y una tarde más fría rara vez se produce en noviembre en Inglaterra; viento del norte, con lluvia ocasional. Marchamos esta mañana desde San León (¿San Pantaleón? Vemos que no nos cuenta al detalle sus movimientos como si de un diario se hubiese tratado. Lo cual resulta una pena porque nos deja sin contar su desplazamiento desde Medina de Pomar hacia San Pantaleón de Losa. ¿Visitó Medina? ¿Subió a ver el Atlante de San Pantaleón? ¿Por qué caminos pasó?), y pensamos en poco más que tomar nuestros cuarteles tranquilamente aquí, pero el enemigo debe necesariamente disputar el punto, y mostrando cerca de 16.000 hombres, nos obligó a tomarnos la molestia de hacerle retroceder. Los franceses son compañeros galantes y realmente hacen bien su parte (¡Anda que no es engreído en inglesito!). El asunto de hoy fue cerca de Osma (una población de Álava junto a Berberana), a una milla y media. Hubo muchos disparos, pero pocas pérdidas por ambas partes. La primera vez que vimos al enemigo, cerca de Osma, volvió a la carga, mostrando seis escuadrones y otros tantos batallones, pero de repente regresó con extrema vivacidad y se convirtió en atacante a su vez. Esto fue probablemente para descubrir nuestra fuerza; sin embargo, no nos encontró de ninguna manera dispuestos a girar, y se retiró de nuevo. Nuestra división ligera fue destacada esta mañana temprano para tratar de cortar el paso a algunos batallones enemigos que regresaban a través de las montañas hacia Espejo. 

Tumba de Augustus Frazier

La división se encontró con tres batallones cerca de Villa Neuva (¿?), a media legua de Espejo: cargó contra un batallón, tomó unos 200 prisioneros y el equipaje de los otros dos batallones. Ni los detalles de este asunto, ni los del nuestro de hoy, se conocen claramente en este momento, pero escribo por si no tengo otra oportunidad. En efecto, sospechamos que el marqués enviará una relación de su paso por el Ebro. Orduña es nuestra por las operaciones de hoy; nuestro movimiento para mañana no se conoce todavía”.
 
 
Bibliografía:
 
“Cartas de Sir Augustus Simon Frazer, KCB, comandante de la artillería real a caballo durante la Campaña Peninsular y Waterloo”. Publicadas por su esposa.
Historia militar de San Sebastián.
Real Academia de la Historia.
“En vísperas de la Batalla: estrategias y planes operativos”. José Pardo de Santayana. Sobre la batalla de Vitoria.
“Viajeros por Las Merindades”. Ricardo San Martín Vadillo.
“Las Siete Merindades de Castilla Vieja. Valdivielso, Losa y Cuesta Urría”. María del Carmen Arribas Magro.
 
 

domingo, 27 de junio de 2021

Las Merindades se le “hace bola” a Bessières

 
 
Debemos remontarnos al lejano 1811 cuando –según nuestra mitología política- los españoles luchaban con todo lo que podían contra el invasor francés que tenía secuestrado al legítimo rey Fernando VII. El cuadro general de la situación a principios de 1811 tenía varios vectores: la necesidad de refuerzos por parte del Mariscal André Masséna en Portugal; la distribución de las tropas imperiales del centro peninsular con 275.313 soldados; la ubicación de los patriotas con seis ejércitos -Cataluña, Valencia, Murcia, Cádiz, Extremadura y Galicia- que sumaban unos 110.000 hombres; y el inglés Wellington cuidando sus 110.000 combatientes británicos y portugueses. Y de sus intereses.

Disposición de Guerrillas y unidades francesas al inicio de 1811 en noreste
 
Como vemos el año empezaba con los franceses dominando el centro y con más soldados. Sus desventajas, porque todos sabemos que perdieron, eran la cantidad de soldados destinados a cubrir retaguardia y líneas de suministros y la falta de unidad de mando. Entiendan que la unidad de mando era fundamental para aprovechar la ventaja estratégica de disponer del centro peninsular al permitir desplazar rápidamente unidades desde un frente a otro. Y si esto fuera poco estaba la pelea entre Napoleón y su hermano José a causa de la creación de los Gobiernos Militares del norte de España que dependían directamente de Francia y el deseo del emperador de pacificar la península a sangre y fuego –y pasándole la factura a los españoles- frente a la voluntad de pacto de su hermano. ¿Conclusión? Las tropas francesas encabronaban al paisanaje y las acciones amistosas de José desequilibraban el golpe militar e irritaban a los mariscales de Napoleón que reaccionaba con acciones agresivas que torpedeaban la política de José.
 
Claro que estas ineficiencias eran compensadas por las torpezas del lado español: irrecuperable desgaste militar; población agotada y empobrecida por la guerra; falta de recursos dado lo reducido del territorio controlado y al alejamiento de las colonias americanas; y tensión política del proceso constituyente por el régimen de libertad de imprenta.

 
Napoleón, para unificar el mando en el norte de España, creó el Ejército del Norte. Buscaba suprimir situaciones como que cada gobernador general sólo persiguiera a las guerrillas dentro de los límites de su territorio, lo que impedía que los brigantes fueran aniquilados a pesar de la enorme desproporción entre los efectivos franceses y los de la resistencia española. Longa, por acercarnos más a nuestra zona, actuaba en un espacio dividido entre los gobiernos militares cuarto (provincias vascas y Santander) y quinto (Burgos). Como jefe de este nuevo ejército fue nombrado el mariscal Bessières, duque de Istria, que ya había operado en Burgos. Controlaría –es un decir- el tercer Gobierno Militar de Navarra, el cuarto de las provincias vascas y Santander, el quinto de Burgos, Aranda y Soria, el sexto de Valladolid, Palencia, León, Benavente, Toro y Zamora, el Principado de Asturias y la provincia de Salamanca. Lo haría con 57.702 hombres y 8.783 caballos organizados en seis divisiones (dos de ellas de la Guardia Imperial) una brigada de caballería ligera, la Legión de Gendarmería a caballo –unidades de caballería de línea que destacaron en Astorga y Cuidad Rodrigo- y unidades estacionadas en los diversos gobiernos.

Bessières, duque de Istria,
 
La Guardia Imperial era lo más granado de la Grande Armée, una unidad de élite con divisiones de infantería y de caballería. ¡Un ejemplo a seguir por el ejército! En sus inicios eran un cuerpo protocolario. La infantería de la Guardia raramente era usada en combate pero la caballería era lanzada en gloriosas y renombradas cargas.
 
La caballería ligera empleaba caballos ágiles y veloces. Tenían sables curvos para herir con el filo en la lucha individual y se empleaba en las fases preliminares de los combates y durante la persecución. Los cazadores empleaban la carabina y la pistola en sus misiones de exploración, mientras que los húsares preferían el arma blanca y solían desempeñar tareas de enlace y explotación del éxito.

 
Este ejército debía ocupar unos 86.000 kilómetros cuadrados, pacificarlos y mejorar el control de la ruta Madrid-Olmedo-Valladolid-Irún de 430 km y de sus ramificaciones con Portugal y Aragón. Y esto no era nada sencillo. Les explico: España y Portugal, grandes potencias imperiales, eran metrópolis pobres según los estándares continentales tanto económica como agrícolamente. Únicamente si un Ejército se trasladaba con gran rapidez podría subsistir en estas tierras. Si esta limitación se ve ayudada por la red de caminos, poco desarrollada, y la topografía montañosa de la cornisa cantábrica, tenemos a las tropas marchando por las mismas rutas –esquilmadas- una y otra vez. Y los brigantes, o guerrilleros, que cortaba los abastecimientos no solo de hombres sino también de animales.
 
Si esto fuera poco, Bessières estaba obligado a crear un “muro cantábrico” contra las incursiones de la marina británica y los cuerpos españoles que ésta desembarcaba periódicamente mediante unas treinta guarniciones entre Avilés y el Bidasoa. Sin olvidar que tenía que proteger Asturias y el Reino de León al norte del Duero contra el sexto ejército español de Galicia y los portugueses de Silveira. No solo eso sino que serviría como apoyo al Ejército de Portugal. ¿A que ahora parecen pocos su sesenta y pico mil soldados?

 
Bessières sabía que cumplir todo era algo harto difícil al tener unas fuerzas escasas tanto en cantidad como en calidad. Salvo la división Bonet que actuaba en Asturias. Los años de guerra habían hecho mella en el ejército Imperial. Muchos oficiales no vigilaban la disciplina y el entrenamiento de sus soldados. Existió un el constante deterioro de la calidad de las tropas francesas en España a pesar, o como consecuencia, del aumento de la recluta con este destino que cubría plazas de cualificados veteranos muertos.
 
Para cubrir las vías de comunicación este Mariscal de Francia diseñó una red de guarniciones y puestos de etapas separados unos 30 km entre sí. Y unidades para escoltar a los emisarios, correos y convoyes. Traducido: la Intendencia francesa aprendió a funcionar en cooperación con las tropas para conseguir suministros. Por hacer paralelismos con el presente estos puestos serían como los destacamentos aislados del Afganistán Soviético que eran abastecidos por helicópteros. Ningún mando francés ignoraba el impacto que tenía en sus hombres el permanecer en un lugar poco conveniente o inhóspito más tiempo del necesario. Para que todas estas unidades cumpliesen con su cometido era necesaria una trama de columnas móviles para acopio de víveres (faltaban más de cien años para que se inventase algo parecido al helicóptero) y cobro de contribuciones. Si en 1809 habían bastado unos 50 hombres por columna, en 1811 ya se necesitaban varios centenares, en 1812 las columnas se debían constituir por 800 o 1.000 hombres.

 
El mariscal Bessières buscó reducir la tensión con los españoles mediante medidas de clemencia. Buena idea pero… tarde. Entiendan que había que alimentar la maquinaria de la guerra, de una manera o de otra. Se exigió a España una contribución con la que el Ejército Imperial adquiriese lo que precisase o… permitirle saquear y procurarse su subsistencia. Lo que nunca hace un ocupante es cubrir los gastos de la ocupación con su dinero porque convierte esta en una carga de la que se beneficia ¡el país ocupado! Además, en 1810, las finanzas del Imperio se tambaleaban, y Napoleón decidió que España, que hasta entonces había procurado la alimentación –es un decir- del Ejército de ocupación, abonase además los sueldos.
 
En febrero de 1811 en Ejército del Norte Imperial trasladó 6.000 hombres de la Guardia Imperial de Burgos a Valladolid, lo que mejoraría la situación patriótica en Las Merindades. Para abril de 1811 había 8.000 infantes, y 2000 caballos entre Burgos, Aranda y Soria y el total de Bessières eran 24.500 bayonetas y 3.520 sables (unos 9.000 combatientes menos que a principios del año). El mariscal tenía un dilema: si se dispersaba para ocupar el territorio y cubrir las líneas de comunicación no era suficientemente fuerte en ningún punto para poner en aprietos a la guerrilla, si se reunía en varias columnas potentes capaces de amenazar seriamente a las fuerzas insurrectas, perdía el control de las comunicaciones y la población, dejando libres extensos territorios donde otras partidas se podían instalar. Sólo permaneciendo en las poblaciones más importantes de forma continua conseguían las fuerzas ocupantes someter a los habitantes. Pero, si no estaban los imperiales, las partidas podían castigar o amenazar a los colaboracionistas. Problema, problemón.

Villarcayo
 
A la dispersión general de fuerzas en pequeños núcleos había que añadir que cada una de esas unidades tenía que destacar pequeñas guarniciones a una serie de poblaciones cercanas quedando el núcleo principal de fuerzas aún más reducido.
 
A diferencia de las fuerzas ocupantes que a lo largo de los primeros meses de 1811 redujeron su presencia en las provincias del tercero, cuarto y quinto gobiernos militares, la guerrilla fue incrementando su fuerza. En las provincias vascas los guerrilleros que allí operaban no pasaban en aquellas fechas de 4.000, incluyendo la fuerza de Longa que actuaba también fuera de esa área. En la actual Cantabria actuaba Campillo. Más al oeste encontraba su territorio Herrero. Al sur y suroeste del feudo de Longa, por los llanos y sierras burgaleses y riojanos, operaban Amor y Salazar. Por la tierras de Palencia cabalgaban Tapia y Padilla, y hacia el suroeste de Las Merindades la guerrilla del cura Merino. Cuevillas se movía por toda aquella región sin un santuario fijo. En los límites con Soria se estaba organizando una fuerza bien instruida y disciplinada el brigadier Durán. Longa disponía de una partida de casi mil hombres, un tercio de ellos de caballería. Amén de un servicio de información sobre el Camino real a la altura de Miranda de Ebro para vigilar las idas y venidas de los soldados franceses.

 
El 7 de enero de 1811 aparecieron en Villalaín los soldados y la mujer de Bartolomé Amor que vinieron a instalarse en Villarcayo y se hicieron cargo de la vigilancia por aquel lugar. Bartolomé Amor había nacido en Revenga de Campos, provincia de Palencia. Al principio de la guerra era soldado en las milicias provinciales de Burgos y tenía experiencia en campaña: participó en la batalla de Gamonal y, tras la derrota, formó parte de la guerrilla de Porlier donde actuó como su sargento mayor. En este momento disponía de su propia partida que actúa por las provincias de Burgos, La Rioja y Soria.
 
Las discrepancias o la descoordinación o ¡Vayan a saber! entre Longa y Amor permitió que 150 lanceros franceses llegaran hasta la misma plaza de Villarcayo matando a siete hombres de Longa y llevándose 53 caballos. Seguramente fuesen unidades de caballería ligera, cazadores o lanceros, que realizaban misiones de descubierta. Enterado el jefe guerrillero local marchó con algunos jinetes y con toda la infantería disponible en persecución de los lanceros: Su caballería les alcanzó entre Villalaín e Incinillas.

Valdenoceda
 
Desgraciadamente allí estaban otros 150 lanceros imperiales que se acercaban en apoyo de los que atacaron Villarcayo. Esto permitió que los caballos ya quedasen fuera del alcance de los españoles. Aun así se persiguió a las tropas de Napoleón hasta Puente Arenas. El combate no sería sencillo porque, a pesar de la pérdida de calidad de las tropas francesas, la caballería solía vencer a las pobres tropas montadas españolas y sus oficiales mantenían un buen control sobre sus tropas y las dirigían acertadamente en las batallas.
 
Al anochecer llegó allí también la infantería de la partida que mantuvo una intensa lucha. Me temo que los franceses escaparon con los caballos. No sé. Me lo dice que no consta su recuperación. Aunque también lo reconoció Longa en un oficio al general Mariano de Renovales unos días después. En una rápida operación la guerrilla había perdido casi un veinte por ciento de sus monturas a favor de los franceses.

Puente Arenas
 
Pero los imperiales no siempre se lanzaban a combatir en operaciones de descubierta. Cuando de Vitoria salieron columnas de 400 y 500 hombres contra la guerrilla de Francisco de Longa este debió replegarse a Cantabria porque, el 20 de enero, los imperiales ocuparon los puntos de paso sobre el Ebro: 300 soldados en Frías cerrando el paso por su puente y 400 cubrían Trespaderne y el puente del cañón de la Horadada. 
 
Y ya que estaba por La Montaña –antiguo nombre de la zona- Longa decidió atacar la guarnición de 150 hombres de Cabezón de la Sal. Era el 26 de enero de 1811. ¿Recuerdan lo de los destacamentos aislados de Bessières? Eso facilitó las acciones de la guerrilla. Al caer la guarnición de Cabezón de la Sal, que era la principal de la provincia al oeste de Torrelavega, las otras próximas quedaron en una situación muy precaria y con dificultad para recibir refuerzos. El día 30 Longa atacó la guarnición de Comillas, compuesta por unos 40 hombres, encerrados en una casa-colegio. Ya no le fue tan fácil porque los franceses de la comarca se organizaron para hacerle frente y pidieron refuerzos.

 
En Burgos y Vitoria empezaron a concentrarse inmediatamente tropas imperiales para acudir en socorro de las guarniciones de la Montaña. La mayor parte de la fuerza se dirigió hacia Santander y Torrelavega para una vez allí actuar de común acuerdo. Al saber que Longa se hallaba en Molledo se preparó el siguiente plan: tres columnas subirían de norte a sur por los valles de Toranzo al este, Besaya directamente a Molledo y Cabuérniga al oeste, mientras una cuarta columna bajaría desde Reinosa. El clásico embolsamiento. No salió bien, claro. A pesar que se calculó en 7.000 hombres el número de tropas francesas que acudieron La Montaña. Longa había interceptado el 7 de febrero cerca de Torrelavega un correo francés del coronel Lauriber al general conde Dorsenne en que se detallaban el plan para cazar a la partida de Longa en Molledo.
 
Para escapar del cerco, Longa, dejó 50 hombres distribuidos por el valle de Cabuerniga que era donde se había refugiado del acoso imperial con la orden de mantener encendidas numerosas hogueras y retener a la población local para que el enemigo creyera que la guerrilla seguía allí. Los demás salieron hacia Soncillo esperando que los retrasados se les uniesen al día siguiente. Desde allí se dirigirían reunidos hacia Medina de Pomar. Longa, en 21 horas, bajo la lluvia y la nieve, llegó a Soncillo. Los 50 hombres que habían quedado en el valle de Cabuérniga se reunieron, al amanecer, en Cabezón de la Sal donde fueron sorprendidos y atacados por una columna francesa.

Soncillo
 
Una vez reunida la partida en Soncillo, ésta se dirigió a su cuartel general en Medina de Pomar y Villarcayo. La noche del 12 de febrero, al poco tiempo de haber llegado a su feudo, el ya teniente coronel Longa recibió la noticia de sus espías de que habían llegado a Soncillo, en persecución de la guerrilla, 1.600 franceses y que de Reinosa habían salido otros 80 lanceros y 800 de infantería que se encontraban en Manzanedo. ¿Qué hizo Longa quien estaba en Moneo? Decidió lanzar su caballería para frenar a los franceses y dar cobertura a la infantería para que se retirase sin peligro.

 
Los franceses ocuparon por unos días Villarcayo y Medina de Pomar. Y hasta allí llevaron a dos oficiales de Longa que habían cogido prisioneros en Cabezón de la Sal: Dionisio Álvarez y Mateo Fernández de Arenas. Les ahorcaron, uno en Medina de Pomar y el otro en Villarcayo. Se ensañaron sobre ambos, pues a uno le atravesaron con una espada de parte a parte antes de ascenderle al patíbulo y al otro le dieron primero un balazo en el vientre. Se recalcó que no se les dejaba confesarse como tortura psicológica para ellos y los testigos de la ejecución.
 
A principios de marzo una fuerza de 2.000 hombres avanzó en tres columnas para expulsar a la guerrilla de Las Merindades y las zonas cercanas de Álava y Vizcaya. Reocuparon Medina de Pomar, Villarcayo, Valmaseda, Arceniega, Orduña, Berberana y Salinas de Añana. Por un rato.
 
Puente de Frías
 
 
 
Bibliografía:
 
“Francisco de Longa. De guerrillero a general en la guerra de la independencia”. José Pardo de Santayana y Gómez de Olea.
“El Ejército Imperial en la Guerra de la Independencia. Napoleón sin gloria (II)”. Jesús Maroto y Miguel Ángel Martín Más.
“El fracaso de Napoleón en España”. Teniente coronel Madelín del Ejército Francés.
 
 
Para saber más:
 
 
 
 

domingo, 24 de enero de 2021

Los Velasco se van a la guerra… comercial.


Los Velasco, condestables de Castilla, dominaban amplios territorios del norte del reino incluyendo Las Merindades. Si nos ponemos puristas podemos decir que no eran patrimonio suyo al ser mayoritariamente de realengo pero… –digamos- las mangoneaban.

Medina de Pomar

Por ello, los hidalgos de la comarca consiguieron que un magistrado procediese a hacer una pesquisa consultando archivos e interrogando a testigos presentados por ambas partes. Había que saber por qué los Velasco detentaban esa capacidad de mangoneo. La conclusión fue que dichos “testigos no saben dar rrazon, nin se pudo averiguar por que titulo o preuillegio los señores de la casa de Velasco han tenido o tienen para llebar las dichas merindades, y poner merinos y llebar los derechos”. Que quiere decir que tenían el poder de hecho y no de derecho. Que mandaban por sus… y percibiendo las alcabalas, pechos y el portazgo que cobraban en Medina de Pomar, y nombrando además la justicia, algo que correspondía a la Corona, quedando Las Merindades supeditadas a los gravámenes y dependencia jurisdiccional de dicho Señor.

Vamos, que ejercían la ley cual sheriff de Nottingham y cobraban tasas varias. Con relación al primer punto no tenemos nada que decir… aquí. Para el segundo indicaremos una breve relación de fuentes monetarias:

  • Por un lado, estaban los peajes y portazgos que eran derechos que se debían pagar al propietario de un camino o puente por su uso. Eran cobros causados por antiguas reparaciones y construcciones de caminos y que, una vez finalizadas, se seguían cobrando. En eso de impuestos temporales para toda la vida no hemos cambiado. Los argumentos que se empleaban ante las protestas de los contribuyentes iban desde ser derechos inmemoriales a derechos que los señores, jerarquías e instituciones eclesiásticas o concejos poseían por el solo hecho de transitar por territorios de su jurisdicción.
  • Por otro, los “diezmos de la Mar de Castilla” que eran los derechos aduaneros que la Corona percibía sobre las mercaderías importadas y exportadas a través de los puertos cantábricos y los puertos secos de Vizcaya y Álava (Valmaseda, Orduña y Vitoria). El gravamen solía ser el diez por ciento de su valor. Estos diezmos se desprendieron del Patrimonio real en 1469, enajenados por Enrique IV de Trastámara a favor de Pedro Fernández de Velasco, cuya familia conocía su valor y los pretendía desde hacía tiempo.
  • Otra de las fuentes de ingreso de la Casa del Condestable vinculadas al comercio eran las poblaciones de su propiedad: en el camino de Laredo poseían las villas de Puente-Arenas, Quecedo de Valdivielso, Valdenoceda, Bisjueces, Medina de Pomar, Agüera, Valle de Soba, Ampuero, Limpias, Colindres y Laredo controlando, prácticamente, todo el tráfico de la ruta; en la vía por el puerto de Angulo tenían Riocerezo, Extramiana y Quincoces de Yuso; en el de Bilbao por Orduña les pertenecían Berberana, Murita y Villalba de Losa; y hacia Santander estaban Arreba y Cilleruelo de Bezana.
  • Un cuarto ingreso asociado al comercio era la “atracción” de ese tráfico cuando discurría por lugares no sujetos a su autoridad. Pero no piensen que era mediante ingeniosas campañas de publicidad. Era, más bien, algo así como… como una retención. En 1515 el procurador de los viandantes deja constancia en un pleito contra el Condestable que “algunos vesynos de la villa de Medina de Pumar e portazgueros del condestable de Castilla, desde diez años… poderosamente mano harmada con favor del dicho condestable, han fecho e cometydo contra los mulateros de las dichas merindades… e de otras partes, muchas fuerças e violençias en espeçial entre Quintanahedos e Barzena e Gayangos, Enzinillas e las ventas de Baldemera, que estan en los dichos caminos rreales, llevandolos por fuerça sus personas e mulos e mercaderias a la dicha villa de Medina Pumar”.
  • El puro y duro chantaje.


Espinosa de los Monteros

El poder –legítimo e ilegítimo - que el Condestable ejercía le condenó a pleitear habitualmente con la ciudad de Burgos, la de Santander, Bilbao, los mulateros, la Universidad de Burgos, los habitantes de las Merindades... ¿Y eso? Pues, porque Íñigo Fernández de Velasco y su parentela exprimían los caminos con descaro e impunidad evidente cobrando portazgos independientemente de que las poblaciones de los mulateros estuviesen exoneradas.

Para ello trabajaron desde su posesión de Medina de Pomar y la mole de sus torres que se dejaban ver a lo lejos. Adquirieron la villa por concesión de Enrique II en noviembre de 1369 y, en seguida, instaron –obligaron- a que pasasen por la población los mulateros y empezaron a cobrar, como hemos dicho, a los que tenían exenciones reales. En junio 1380 se pronuncia sentencia a favor de Laredo, tras el pleito interpuesto por la villa contra Hernando García y Ruy García, portazgueros de Medina de Pomar que actúan en nombre del Velasco, para que no se cobre portazgo a los vecinos de Laredo y les devuelvan las prendas que les han tomado por estar exentos.

En agosto de 1383 Juan I dice que Pedro Fernández de Velasco sigue cobrando portazgo a los vecinos de Laredo, por lo que confirma la sentencia y Provisión anteriores y ordena su cumplimiento. No se le hace ni caso. El Rey manda en marzo de 1386 una Provisión a su camarero mayor, Juan Fdez. de Velasco –hijo de Pedro Fernández de Velasco-, al guarda y mayordomo mayor del camarero, al concejo y a los que recaudan la renta del portazgo en Medina, porque… ¡Siguen cobrando a los de Laredo! En la provisión exige, también, que devuelvan doblado lo recaudado con sus costes. ¿Obedecerían los señores de Medina de Pomar? ¿Permitiría esa chulería su amistad con la Corona? (No respondan porque es un pregunta retórica)

En marzo de 1496 los Reyes ordenan al presidente y oidores de la Audiencia y Chancillería, que sentencien en un pleito pendiente entre la villa de Santander, por una parte, y Bernardino Fernández de Velasco y el concejo de Herrera de Pisuerga, por otra, “sobre rrason de çiertos mulos e rroçines e sal que a la dicha villa de Santander dis que fue tomada” en dicha villa de Herrera. ¿Tomada? Robada, más bien. Y lo siguiente que nos tenemos que preguntar es: ¿Tenía fuerza para hacerlo? Sí. Porque lo hacía. Claro que al no ser legal terminaba el asunto en incordiante pleitos que muchos no podían, o no se atrevían, a afrontar…


En 1499 se decide reparar el camino de Burgos a Laredo. Se pedirá que aporten las localidades por las que pasa y las asociaciones como la Universidad de Mercaderes de Burgos, la cofradía de los mulateros, las ventas y mesones del camino e incluso el abad del monasterio de Rioseco. También Medina de Pomar, a pesar de que se diga que “no ay camino del aderezar por estar rreparados en las puentes della, ni tanpoco ay en ella mulateros ni mesones donde la cojan mulateros”, por el provecho que se espera obtener si pasan los carros, se asignan a la villa 5.000 mrs. más otros 5.000.

Pero llama poderosamente la atención que al Condestable “no se le rreparte cosa alguna, porque por doquiera que las mercaderias salgan, le an de pagar sus diezmos e ninguna cosa leba que salgan por vn puerto que por otro”, cuando es el principal beneficiado del tráfico por este camino. ¡¿Estamos tontos?! En absoluto. Es solo una frase vacía de las que escuchamos hoy a diario en los medios de comunicación y que, si no la pensamos, suele colar porque los ingresos de los Velasco dependían del tráfico que se realiza por los caminos que se pretenden reparar, así como los portazgos, que benefician directamente a Bernardino Fdez. de Velasco (1454-1512). ¿Entonces? Que el señor de Medina de Pomar ha presionado y utilizado su poderosa influencia.

La prueba palpable de que ese argumento era falso se ve en su relación con el concejo de Santander. Vemos que en abril de 1535 el alcalde de Santander dice a los concejos de Amusco, Aguilar, valle de Ordejón, Pie de Concha y valle de Buelna, que los oficiales del Condestable impiden la descarga en Santander de las naos procedentes de Flandes desviándolas a otros puertos. Si lograban descargarlas, al no tener albalaes (documento autorizador del paso), las guardas les cobran portazgos en los lugares del camino, estando libres. Por ello, entre Santander y Pedro Fdez. de Velasco y Tovar hay un pleito para que este, como señor de los diezmos de la mar, permita que las mercaderías que a la villa llegaren sean guiadas por ella, debiéndose obtener información a fin de probar “como antiguamente se solían cargar e descargar en el puerto... de Santander, las sacas de lana de los mercaderes de Burgos que yban para Flandes e Françia e otras partes, e los fardeles de paños, e lienços, e otras mercaderias que se trayan e descargaban de rretorno... lo qual se guiaba e llebaba desta dicha bylla”, y no por otras partes.

Frías

Completaba su argumentación el alcalde de Santander que esas mercancías eran desviadas a los puertos de Bilbao y Laredo mermando el ingreso al Tesoro Real ya que desde el tiempo de los Reyes Católicos habían pasado por Cartes o por el valle de Buelna mulos, rocines y acémilas que procedían de Santander, donde habían pagado el diezmo al dezmero y rentero de los Reyes, que les daba los albalaes correspondientes. Vamos, que a los Velasco no les paraba ni el rey. O el rey le dejaba actuar así.

En agosto de 1549 se alcanza un acuerdo entre los contendientes y se acuerda que el Condestable Pedro Fdez. de Velasco y Tovar permitiese la salida de las mercaderías que descargasen cinco naos de Santander. Claro que el procedimiento consistía en que el capitán de cada nao deberá pedir licencia al diezmero del Condestable para descargar las mercaderías que, registradas por él, expedirá el albalá o cédula de guía. Esas mercancías deberían ir después a Cilleruelo de Bezana o a Herrera de Pisuerga, para que sean registradas y se comprueben sus albalaes. Aquí se les darían cédulas de paso, pagando los derechos correspondientes. Creo que el que ganaba era el Condestable. No sé, lo parece.

Medina de Pomar

Aunque daba igual. Menos de diez años después, en agosto de 1555, Santander propone dar libre la guía, pero bajo el compromiso de la Universidad de Burgos de que guiarían sus mercaderías de retorno por dicho puerto. La villa de Santander indica las razones “que se presumen, porque el condestable no quiere dexar guiar las mercaderias por Santander, y los probechos y daños que dello se syguen”, que son entre otras, que de “Santander a Çilleruelo ques del condestable, no ay lugar suyo ni de Çilleruelo a Burgos, porque todos los demas son del Rey y de otros señores, y guiando las mercaderias por Laredo e Vilbao, los mas de los lugares que ay de alli a Burgos son del condestable y en ellos gastan las biandas, pagan portazgos y derechos, y de todo el benefiçio se goza en su tierra”.

Pero estas estrategias de presión eran también aplicadas en otras zonas de Las Merindades donde los Velasco tenían mayor presencia. Así, sus oficiales de Villasana trataban de impedir el paso de los mulateros por el “camino de la Ordunte”, obligándolos a desviarse por la citada Villasana. Los mulateros alegaban que nunca se les había cobrado u obligado a pasar por Villasana. Los Reyes mandan al concejo de Villasana y al merino de Mena que dejen a los mulateros transitar libremente por este camino. Bien, vale, no creo que el Condestable se asustase.

Villasana de Mena

Pero si esto no fuese suficiente contra el comercio los poderosos –no solo los Velasco de Las Merindades- se cobraban deudas contraídas por residentes en un pueblo o el concejo de este en el primero que pasaba por sus tierras siempre y cuando residiese en la población en cuestión. Suena retorcido pero lo explicaremos con un ejemplo de Las Merindades.

En febrero de 1497 Mencía Fernández, vecina de Espinosa de los Monteros, dijo a los Reyes que cuatro vecinos de Espinosa tenían en fieldad las alcabalas de la villa de los años 1493, 1494 y 1495, estando obligados a pagarlas al condestable de Castilla y al monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar por estar en ellos situadas, e indica que los merinos de Medina y de la merindad de Castilla Vieja, por mandato de su alcalde y a petición del recaudador del Condestable, le tomaron unas mulas con sus aparejos viniendo del valle de Tobalina, y las vendieron en Medina de Pomar para pagar los mrs. que debían esos vecinos de Espinosa. Mencía Fernández requirió al merino de Espinosa, para que vendiese los bueyes y vacas tomados de los fieles para pagar los mrs. debidos al Condestable y monasterio y con ello recuperar sus mulas, pues ella no estaba obligada a pago alguno, pero el merino no lo quiso hacer y sus mulas se vendieron con los aparejos, que podrían valer 15.000 mrs. con más de 13.000 mrs. por los daños causados, por lo que pidió a los Reyes que el corregidor de la merindad de Trasmiera provea de remedio con justicia, mandándole que apremie al merino a que le pagase las mulas y sus aparejos o los dichos 15.000 mrs. mas las costas causadas.


Situaciones como la señalada calentaban el ambiente social fomentando una inquina hacia los Velasco que buscaba una chispa para explotar. Saltemos hasta la revuelta de junio de 1513, cuando las guardas de Medina de Pomar exigían que unos mulateros pasasen por esa villa para pagar el correspondiente portazgo. Cuando estas guardas “husando de la dicha posesyon, querian prender los que yban descaminados, se juntaron a rrepique de canpana mas de dosyentos honbres e armados de dibersas armas, fueron tras las dichas guardas e que lo que peor es y digno de mayor castigo, que juntos los dichos mulateros en el dicho escandalo e asonada, acordaron de ahorcar a las dichas guardas (…)” Aunque al final se libraron de colgar de una soga muestra el desparpajo de los criados del Condestable que sabíanse respaldados por “la justicia”. Para Joseph Pérez, estos incidentes favorecieron el levantamiento Comunero en Las Merindades. Al final se impuso, nuevamente, el Condestable sobre una población hostil.

Y ¿cómo justificaba el Condestable esa “obligación” de pasar por la capital de sus posesiones en Las Merindades? Pues mediante el manido argumento de que era “por previllejios antiguos husados e guardados de tienpo ynmemorial… a todos e qualesquier mulateros e biandantes que vienen de otros puertos comarcanos, y salen por los puertos de Sandrinyesto e la peña de Mena y puerto de Haya e por la peña de Angulo, son hobligados a yr y pasar por dentro de la villa de Medina de Pumar, porquel camino rreal que sale de los dichos puertos, va a la dicha villa, en la qual esta de tienpo ynmemorial aca, casa de aduana y guarda sobre los diezmos de la mar pertenesçientes a su alteza y al [Condestable] en su nonbre”.

Villarcayo

Cambiarán las cosas a partir del fallecimiento de Pedro Fdez. de Velasco y Tovar el 10 de noviembre de 1559. Felipe II, que no es un Trastámara, aprovechará esta circunstancia y tomará la iniciativa para recuperar su autoridad sobre Las Merindades y, con el apoyo de estas, rescatar el oficio de Justicia y Alcalde mayor de ellas y los diezmos de la mar.

Con este acto se terminaba un tiempo en que una familia actuaba controlando impuestos reales y poder jurisdiccional. Sorprendentemente eso significó la pérdida de unos dineros que se desparramaban en buena parte por Burgos y el hinterland al norte de la misma, con ramificaciones señoriales que llegaban hasta el cantábrico, en la costa de la actual región de Santander y con múltiples conexiones familiares –insertas dentro del sistema señorial de parientes mayores y menores– que se extendían por buena parte de la montaña cantábrica, Vizcaya y Álava. Vale que era un dinero para beneficio de los Velasco pero se quedaba por la zona.



Bibliografía:

“El Buen Conde de Haro (Don Pedro Fernández de Velasco II). Apuntes biográficos. Testamento y edilicios”. Cesar Alonso de Porres Fernández.
“Caminos burgaleses: los caminos del norte (Siglos XV y XVI)”. Tesis de Salvador Domingo Mena.
“Poder señorial, espacio fiscal y comercio: los diezmos de la mar, las rutas comerciales burgalesas y la casa de Velasco (1469-1559). Ensayo de interpretación de un proceso secular”. Luis Salas Almela.


domingo, 20 de octubre de 2019

Nos vamos de Feria y mercado (II)



En la anterior entrada hablábamos de las generalidades de los mercados durante los mil últimos años en Las Merindades. Ahora –y durante dos entradas- nos fijaremos en algunas peculiaridades de los mercados, y ferias, de las principales poblaciones de nuestra comarca.

Empecemos con las de esta:

Frías

Fue una de los grandes mercados de Las Merindades. Estaba claro porque esta urbe controló el paso del Portillo de Busto y el puente románico sobre el Ebro. Por estos lugares pasaba el camino que seguía por Herrán hasta Orduña sobre lo que había sido una antigua calzada romana. En 1202 Alfonso VIII concedía en su fuero un mercado diario o “azog” a celebrar en lo alto de la Muela y el de los sábados en el collado.

Con el tiempo se invertirá esta celebración y aquel lugar será denominado en adelante plaza de los Granos y el de abajo, plaza del Mercado como todavía sigue haciéndose. En el desarrollo del fuero, el rey garantiza la paz del mercado, pero no señala un día fijo pues, seguramente, lo dejaba a conveniencia de los lugares del contorno. El obispo Fernando confirmó el privilegio del mercado que celebraban Pancorbo, Oña y Frías, en lunes, jueves y sábado respectivamente.


Fue ratificado por el Rey Sancho IV hacia el año 1285, al conceder varias “absoluciones” a los habitantes de la “muela in fridas pro máximo labore quem ihi sustinent ascendendo e deseendendo con rebus suis” por el grandísimo trabajo que allí soportan subiendo y bajando con sus cosas, dispuso que se hiciese otro mercado cada sábado.

La plaza del Mercado, sita "en el collado" bajo el roquedo del castillo es, realmente, un ensanchamiento de la única calle que asciende hasta lo alto de la ciudad. Alargada, quebrada e irregular con soportales en uno de los lados, se halla en el centro de la población. En un principio aquel punto no estuvo amurallado. Un punto a su favor es que estaba pegado al barrio judío. En 1529, el Condestable ordenaba que para "noblesçimiento de la dicha mi çibdad y muela della que todos los ofiçios, así de carneçería y pescadería y panaderas e otras tyendas de bastimentos estén dentro de la muela de la dicha mi çibdad y no fuera". Solo se permitiría alguna tienda fija abajo para abastecimiento de vecinos y caminantes. Posiblemente todo ello para un mejor control fiscal.

El mercado más solemne, como ya hemos dicho, tuvo lugar los sábados, después ampliado también a los miércoles. Este último dejaría de celebrarse en el siglo XVIII. La plaza de Granos o de los Toros es la que se extiende frente a la iglesia de San Vicente y era la que se ocupaba para las ferias. Además de su comunicación a través del arco de la Cadena, en el pasado debió de estar mejor comunicada por la puerta de Medina y, especialmente, por el Postigo que allí desemboca.


Amparado y alentado por los duques de la ciudad, que cobraban altas tasas en este mercado, se redistribuían granos para las Montañas como lo recuerda cierta pragmática de Carlos I cuando habla de "todo el pan...traído a vender a esta ciudad de Campos y Bureba y de otras partes".

En las ordenanzas de fines del siglo XV, se citan como géneros venidos de fuera habas, cabritos, sal, fruta, vino, pesca, leña y hierro. En dichos días se instalaban quincalleros, pañeros, pasiegos y hortelanos. El mercado se animaba aún más los días cercanos a la Navidad, y entonces los puestos de venta se extendían por la calle de la Cadena hasta ocupar la plaza del Ayuntamiento. Los forasteros procedían, incluso, de lugares lejanos como la Bureba o Valdegovía.

Las ferias se celebraron los días de Todos los Santos (primero de noviembre) y al finalizar el mes, el día de San Andrés. La fecha fue cambiada en el siglo XVI. Efectivamente, en 1523 escribía el regimiento al Condestable: "En esta cibdad ay uso y costumbre de ayer dos ferias en ella en cada un año, la una en el segundo dia de Pasqua de Çinquesma y la otra por el dia de Nuestra Señora Santa María de Setiembre". Se le pedía que fueran francas y que cada una durase cinco días pero, sobre todo que, como la de Pascua caía en mala época, cuando no había trigo que vender por lo que no acudían mercaderes y tratantes, que fuese trasladada al día de Todos los Santos, como así se hizo.

Los caminos que explicaban el nacimiento y prosperidad de Frías, trajeron su ruina tras su marginación y abandono. Desde 1728 pierde la capitalidad del valle de Tobalina. Después el antiguo camino de Orduña es desviado por Pancorbo y Berberana. Al otro lado es construido el camino de Bercedo, que pasaba por Villarcayo…


El intento de Frías de recuperar cierto protagonismo con una nueva vía que diera salida al vino de la Rioja desde Gimileo a Santander, pasando por la ciudad, quedará inacabado, lo que resultó mortal para sus ferias y mercados.

En 1824 se aseguraba que la venta anual de granos ascendía a unas 4.200 fanegas de trigo, 600 de cebada, 400 de centeno, maíz y legumbres. De las de trigo mencionadas, no llegaban a una tercera parte las traídas por forasteros seglares, perteneciendo todos las demás a conventos y fábricas de las iglesias de Frías, Tobalina, Bureba y Cuesta Urria. En cambio, no se comercializaba el vino por que estaba protegiendo su chacolí de mala calidad, vedando el paso al foráneo. Esta política resultó una verdadera obsesión para los ediles.

El cobro de las correspondientes alcabalas se arrendaba, en el arriba citado año, por un monto de 2.500 reales "del producto e cuarto de fanega...y por cada caballería que se introduce en la plaza de los Toros donde se celebraba el mercado...según avido y es costumbre".

Medina de Pomar

Medina ocupa un punto intermedio entre Burgos y los puertos cantábricos, lo que la convirtió en centro comercial, de intercambio y de descanso. Como en el caso de Frías, su acertado emplazamiento explica, en buena parte, la prosperidad de sus mercados y ferias.

La marginación vendría con la construcción del camino de Bercedo, por Villarcayo. Aunque en Medina hubo, antes, otras dos causas de su declive comercial: la desaparición de la aljama judía y la pérdida de la capitalidad de las Merindades. Si recurrimos a Julián García Sainz de Baranda veremos que este autor “sangraba por la herida”: “Las Merindades y su capitalidad Villarcayo, aspiraban a convertirse no sólo en capitalidad política, sino también económica de la comarca, y al efecto dieron contra Medina de Pomar, por tener en aquella fecha ferias y mercados muy concurridos”.


Lo que es cierto es que el desarrollo de sus mercados y ferias presenta dos etapas muy claras: desde la concesión de un mercado en el fuero hasta la segunda mitad del siglo XVI, en que se celebran en exclusiva en la villa, y desde 1562 en que Villarcayo eleva al Consejo del Reino una solicitud para obtener un mercado franco semanal y dos ferias francas cada año. Lo consigue en una provisión del Consejo de 31 de julio de 1.571. Quedará únicamente una parte para Medina.

La mención del mercado en el fuero da a entender que venía celebrándose desde bastante antes. Tuvo lugar los jueves, como aún sigue haciéndose hoy. Después también el lunes que, a fines del siglo XVI, pasará a Villarcayo. Desde la Edad Media su almud (media fanega) será la medida oficial de la comarca. La populosa colonia judía y mora tendrá mucho que ver con los mercados y ferias de la localidad. Los Velasco que "tenían Las Merindades en encomienda poniendo justicia y llevando las alcabalas y los demás aprovechamientos como suyos" fueron los más interesados en que siguieran celebrándose en Medina de Pomar.


Desde mediados del siglo XIII, Medina de Pomar se convierte en el beneficiario del activo comercio lanero y de cualquier otro tipo entre Burgos y el Cantábrico oriental. Poco después es cuando aparecen los judíos atraídos por este comercio. En adelante se les citará en toda clase de actividades, especialmente con productos textiles importados de Francia y como abastecedores de la meseta a través de Medina de Pomar. Aquí se redistribuyó, también, el vino de la Rioja y Aranda hacia el norte, sobre todo en el siglo XVII "por estar la dicha villa de Medina de Pomar en tan buena comodidad para los Puertos y para la correspondencia de otros mercados". Desgraciadamente ese factor geográfico también lo tendría Villarcayo.

En las ordenanzas de 1495 mandaba el Condestable, "amonesto, requiero e mando a los mercaderes e marchantes...que tratan en comprar e vender mercaderías de paños e sedas e lienzos e ganados mayores e menores e pan e vino... mirar mucho en que los precios a que vendieren...sean moderados e razonables, por manera que no sean excesivos e injustos", lo que nos manifiesta los géneros más comercializados, así como la preocupación por el control de los precios.


Desde 1409 a 1668 el archivo de los duques guarda decretos y provisiones sobre celebración de ferias y mercados. Medina también celebró cinco ferias desde antiguo. En las ordenanzas de 1481, se prevenían los posibles daños ocasionados por los ganados traídos a la villa especialmente cerdos, bueyes, rocines y carneros. Se les prohibió entrar a pacer en los rastrojos.

Con el traslado de la capitalidad a Villarcayo, comienzan los problemas. Esta consigue que el mercado y ferias oficiales de Las Merindades pasen a ella. Los días de mercado eran en ambas villas los mismos a pesar de haber pedido el Condestable que en Villarcayo se celebrase los sábados. Al no conseguirse en ésta el éxito apetecido por la competencia de Medina, comienzan agrios enfrentamientos.

Medina defendió sus derechos ayudada por el Condestable quien percibía altos ingresos de sus ferias y mercados que ascendían, según los vecinos, a 200.000 maravedís anuales. El pleito de Las Merindades comenzó en 1624 solicitando que fueran suprimidos el mercado y feria de Medina, pues no pagaban impuestos y eran celebrados sin permiso real. Lo más seguro es que los impuestos que se pagaba se lo quedaban en la casa de Velasco. La villa alegó que venían teniendo lugar desde tiempo inmemorial y que no eran francos sino que se pagaban impuestos. El Consejo dictó auto en 27 de junio de ese año, prohibiendo las ferias y mercados que se hacían sin licencia, mandándose pregonar este auto en Medina de Pomar. La ciudad de Medina interpuso recurso de súplica que fue rechazado mediante un auto del 23 de julio de 1624.


Se ordenó suspenderlas pero los medineses no hicieron caso. Maltratando al escribano y alguacil encargados de la notificación y publicación por el corregidor de Reinosa que era el comisionado para entender del asunto. El consejo, con fecha del tres de abril de 1625 mandó cumplir lo dispuesto.

Indudablemente, estaba muy arraigada la costumbre y era mucho el interés de su celebración. Los vecinos denunciaron que "el deseo de la parte contraria es destruir la dicha villa de Medina quitándole el antiguo comercio". Villarcayo respondió introduciendo una feria más.

Según don Julián, los de Villarcayo no se contentaron con tener dos ferias y un mercado e introdujeron otra feria más y un mercado los jueves. Esto hubo de empujar a Bernardino Fernández de Velasco a querellarse lo que –siguiendo lo escrito por Julián G. Sainz de Baranda- acobardó a los de Las Merindades y transigieron celebrando en Madrid, el 7 de julio de 1.628, escritura de transacción ante el escribano Diego Fernández de Tapia. Comparecieron por la Villa de Medina de Pomar y su jurisdicción el señor de Medina y duque de Frías y Condestable de Castilla y por Las Merindades Pedro de Velasco, Conde de la Revilla y Jerónimo Antonio de Medinilla y Porres en virtud de poder que les confirieron el 21 de febrero de 1628, ante el escribano Pedro López de Cartes.


Desde 1628 Medina obtuvo permiso para celebrar tres ferias al año: la Ascensión, (en lugar del Corpus), Santa Marina (elegida por los vecinos) y San Miguel de septiembre. Pero al coincidir la Ascensión casi con San Miguel de mayo de Villarcayo, hubo problemas. Se firmó una concordia entre el Ayuntamiento general de la siete Merindades y el Condestable de Castilla por la que quedaron las ferias que hoy tiene Medina y las que se hacen en Villarcayo, para Las Merindades.

La aduana de los diezmos del mar que estaba en Medina, pasó a Villarcayo en 1561 aunque, en 1628, fue instalada definitivamente en Villasante.

Con el acuerdo anterior la paz se mantuvo durante cuarenta largos años. ¿Quién rompió el acuerdo? Para unos Villarcayo y para otros Medina. Lo cierto es que Las Merindades presentaron demanda en 1667 –o 1668- contra Medina y el Condestable insistiendo en que los mercados de esta eran francos, contraviniendo las leyes del Reino; que la escritura de transacción era nula, porque su objeto no era lícito. Contestó Medina probando que nunca fueron sus mercados ni ferias francos sino introducidos por costumbre inmemorial; que las justicias de Las Merindades, usando de su poder e influencia, ejercían presión sobre los trajinantes, arrieros y mercaderes, obligándoles a ir a Villarcayo y pregonando en este pueblo y fijando edictos en mesones y sitios públicos de otros lugares, haciendo constar que no había ferias y mercados en Medina de Pomar y sí sólo en Villarcayo, donde había buen pasaje, y por último para atraer a los mercaderes y trajinantes a ellas, Las Merindades, con perjuicio de la Real Hacienda, los hacían francos, no cobrando por sus transacciones derecho alguno. Perspicazmente, Medina no comentaba que cuando los Velasco eran más fuertes ellos presionaban a los comerciantes para que recabasen en su ciudad.


Un auto de 13 de agosto de 1670 amparó a Medina en sus derechos y en la posesión en que estaba de celebrar sus tres ferias y el mercado del jueves a condición de pagar los derechos de alcabalas y demás impuestos a la Real Hacienda. (Entonces, ¿Era cierto que no los pagaban?). Los Velasco apelaron pero el auto fue confirmado el 19 de octubre de 1670.

El diccionario de Madoz comenta que “se celebran 3 ferias anuales y un mercado semanal en los jueves”.


Mercadillo (Valle de Mena)

El Valle de Mena, que tiene un pie en Vizcaya y una mano en Cantabria, es así desde hace mucho. En el año 1600 los valles de Mena y Tudela se ajustaban en lo tocante a la medida del celemín, al patrón de Arciniega "que es el mercado más cercano y a donde tratamos y comunicamos siempre". Además, informaban que no había patrón de media fanega porque en el valle no existía mercado. ¡No había mercado!

(Fuente Google)

En 1745 los de Mena se enfrentaron a los de Gordejuela porque éstos les exigían un real por cada cabeza de ganado que llevaban a su feria, en razón de pastos, porque nunca se había hecho. El Fiscal advirtió que si no existiese el correspondiente privilegio, no podía cobrarse dicho real. Al no aparecer, se le impusieron 200 ducados de multa y se le ordenó que no volviera a cobrarlo. Gordejuela alegó que en otras ferias, como en Quejana, también se exigía dicho impuesto. Pero el que estuviese libre de pecado que tirase la primera piedra porque el valle de Mena gravaba con un real a cada caballería de carga y a cada carro que pasaba por su tierra en razón de portazgo y calzadas.

En 1817 el vecindario solicitaba permiso para tener un mercado los viernes en Mercadillo "para el fomento de la agricultura, tráfico, yndustria y fábricas de este valle". Los testigos lo apoyaron pues era valle de gran extensión, que se componía de 52 pueblos, más el pequeño valle de Tudela y la villa de Villasana, que hasta hacía poco habían sido de señorío (del monasterio de Santa Clara de Medina y los Velasco). Sus vecinos se dedicaban a la agricultura, ganado, tráfico de vinos y granos y fábricas de hierro. No había mercado y los más cercanos se encontraban en Gordejuela, Arciniega, Valmaseda, Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar y Villarcayo que les quedaban muy lejos y con muy malos caminos. El de Valmaseda tenía lugar los miércoles y sábados "donde no se permite pesar y vender trigo ni otros granos hasta después de las dos de la tarde" por lo que tenían que volver de noche a sus casas expuestos a robos.

Villasana de Mena

Estos últimos se opusieron a la concesión, pues se les haría mucha competencia al encontrarse Mercadillo a tan solo dos leguas de distancia. Al Fiscal le parecía muy ventajoso el establecimiento del nuevo mercado porque se cometían muchos fraudes a la Real Hacienda al tener que acudir los de Mena a Valmaseda, recordemos, ¡villa de una provincia exenta! Allí se usaban distintas medidas y pesos, lo que también acarreaba otras desventajas. Villasana pidió que tuviera lugar en ella por tener mayor población y disponer de plaza espaciosa y céntrica, mientras que Mercadillo "no merece siquiera el nombre de aldea". En 1818 era concedido a este último pueblo, tras pagar 150 reales por derechos.

En 1825 el ayuntamiento del valle solicitaba poder celebrar dos ferias, la primera desde el día 28 de agosto hasta el 31 de mismo y la segunda los mismos días del mes de octubre "para que se realice el comercio de ganados vacunos y demás en beneficio y utilidad común y principalmente de los labradores de que se compone esta jurisdicción e inmediatas comarcas". Los vecinos se dedicaban, en su mayor parte a la agricultura, cría de ganado de todas las especies y al sostenimiento, giro y manejo de nueve ferrerías o fábricas de hierro, siendo su producción notable y necesitando extraerse a otros lugares. Su finalidad era allegar fondos para el desempeño de más de 70.000 reales que tenía de deuda y que había gastado en 220 uniformes de los voluntarios realistas y su armamento.

Se consultaron las ventajas e inconvenientes a Espinosa de los Monteros, Medina, Arciniega y Valmaseda. Esta expuso que hacía unos años el valle había conseguido licencia para celebrar un mercado semanal y ahora se pedían ferias. El mercado ya había desaparecido y lo mismo ocurriría con las ferias. Había muchas en los contornos que solían durar unos 15 días, desde junio a septiembre, que proveían de todo lo necesario. La cercanía de Mena a ellas explicaba el fracasado mercado que le había sido concedido. Medina de Pomar también fue contraria: "Como reducido y en gran parte montuoso…no produce granos ni cría más ganado que los precisos para su sustento". El hierro que fabricaba no se vendía ni en las ferias ni en los mercados, pues se compraba directamente en las propias ferrerías para transportarlo al interior de Castilla o llevarlo a los puertos cantábricos y exportarlo. Mercadillo era muy pequeño para celebrar allí alguna feria pues contaba tan solo con 4 o 5 casas, sin parroquia ni cura. Su concesión traería "trastornos y perjuicios a las demás ya establecidas". Espinosa, por el contrario, opinó que si el Real Consejo no accediese a las dos ferias, que al menos le concediese una "por contemplarse precisa y de absoluta necesidad, pagando derechos reales de todo el ganado, excepto el caballar que nada tiene que pagar".


El valle de Mena se defendió alegando que las ferias y días propuestos no coincidían con los pueblos mencionados. El mercado había fracasado por los revoltosos tiempos recientemente sufridos. Mercadillo era el centro del valle en donde residía el alcalde mayor y asistencia de médico, botica y tienda. También mesón, taberna y carnicería, y un "tinglado hecho para el antiguo mercado que podría aprovecharse".

El Intendente de Santander fue favorable, añadiendo el Fiscal que la existencia de 52 pueblos en el valle era suficiente motivo para concederlo. Estaban muy alejados los pueblos que lo contradecían, además de exagerar los inconvenientes. En 1828 se accedió a la petición. Hubo que pagar 1.200 reales por la gracia. Durante la guerra carlista, como consecuencia de un ataque en 1835, ardieron la casa de Ayuntamiento y demás edificios públicos de la capital del valle de Mena (Mercadillo). Se pensó en reconstruirlos, pero no se hizo y fue trasladada la capitalidad a Villasana. En ello tuvo mucho que ver el que esta última villa era una población mucho mayor, mejor dotada y, sobre todo, el que ya había cesado su condición de lugar de señorío. Con ello también le fueron traspasados el mercado y ferias de Mercadillo.

Oña

Si releemos lo dicho sobre Frías veremos que esta población tiene uno de los mercados más antiguos de la actual provincia de Burgos. También fue concedido por Alfonso VIII en 1203, celebrándose los jueves. Comenzó, efectivamente, a tener lugar pero, contra la voluntad del abad y por interés de Cornudilla (La Bureba), al poco lo trasladaron a esta última. De nuevo, con autorización real, en 1215 el abad devolvía su mercado a Oña al mismo tiempo que suprimía el de la cercana Cornudilla. La concesión se hizo a petición del concejo local quien tuvo que pagar al abad 170 maravedíes por la confirmación.


Les aviso que el mercado de Oña fue a menos con el paso de los siglos. Quizá para buscar algunos excedentes, a fines del siglo XV la villa se especializaba en la producción de hortalizas y frutas que sabemos se llevaban a vender a Burgos pues tenían fama de muy buena calidad hasta el punto de que ¡con ellas regaló el abad al emperador en su viaje hacia Yuste! Son buenos tiempos para este mercado a nivel comarcal. Su masa vendida ascendía, en 1579, a 170.000 maravedís y en 1562 a 202.460 maravedís. ¿El milagro? El monasterio. Era un importante consumidor y, a la contra, poseía grandes excedentes provenientes de las muchas rentas de su rico patrimonio. Tenía, también, una clientela asegurada con la presencia de los vasallos de tierras de Castilla y de la Bureba.

Además del citado mercado, por entonces también celebraba una feria el día de San Pedro. La crisis económica de fines del siglo XVI y la peste que llegaba poco después, dieron al traste con el mercado y feria de Oña. Sabiendo que un mercado podría reactivar la economía local se solicitaba en 1818 la renovación del permiso. "Constando la gran población y riqueza que tuvo en lo antiguo y la grande estimación que hicieron de su situación, terreno frondoso, comodidades, los señores reyes...con un tribunal a prevención de los pueblos de la Bureba y de Cuesta Urria...". Era un pueblo con abundancia de granos, legumbres, ganados de la Bureba, tierra de Burgos y Rioja y las moderadas cosechas de Castilla la Vieja y lo mucho que de todo esto necesitaba la costa del mar y, también, por los efectos que podría tener la construcción del camino real que se estaba haciendo por Bercedo.

Oña disponía de tres espaciosas plazas para celebrar un mercado; buenas calles; por su centro pasaba la carretera real a Laredo; cómodas posadas; terreno fértil, especialmente en fruta y hortalizas; paso de pescados; muchos arrieros en los pueblos del contorno; y ganados que traían a vender los montañeses. . "Consta asimismo que fue pueblo comerciante con calle de judíos, la que se conserva y que su única dedicación era el comercio". Se preguntarán entonces cuál fue la razón de que no se transformara en un mercado “importante”. La antigua feria, de 16 días, se veía especialmente concurrida el 1 de junio, San Íñigo, a quien se tenía mucha devoción


Se insistía que Oña no podía estar sin mercado "a causa del crecido número de toda especie de granos que tiene en sus trojes el monasterio donde podían comprar los de la costa del Mar y Castilla la Vieja así como de las cosechas de la Bureba". Los habitantes del fértil suelo de esta última tenían necesidad de vender sus ganados, legumbres y granos.

No había feria ni mercado más que los celebrados en Poza, Trespaderne y Frías. No perjudicaba a Poza ni Frías por encontrase "en caminos extraviados". La primera, además, se dedicaba a la sal. Tampoco dañaba a Medina de Pomar ni a Villarcayo. La mayor oposición vino de Trespaderne. El Fiscal opinó que debía concedérsele. Así se hizo en el mismo año. Pagó 150 reales. "por haberse servido el Consejo conceder facultad para celebrar mercado en ella los martes de cada semana".

También tuvo una feria de 16 días continuos a últimos de mayo y primeros de junio y, más recientemente, se celebraron otras en marzo y octubre.


Bibliografía:

“Villarcayo y la Merindad de Castilla la Vieja”. Julián García Sainz de Baranda.
“Mercados y ferias en la provincia de Burgos”. Inocencio Cadiñanos Bardecí.
“Apuntes históricos sobre la ciudad de Medina de Pomar” por Julián García Sainz de Baranda.
“Historia de la ciudad de Frías” por Agustín Villasante.
“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”. De Pascual Madoz.