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miércoles, 29 de enero de 2014

Nos vamos hasta el Duero (Fortificaciones de Las Merindades del 850 al 900).

La segunda mitad del siglo IX representa para aquella Castilla, y para todo el reino Astur, el inicio de la repoblación de forma organizada, o, al menos, algo más organizada. Se busca el Duero como nueva frontera en unos momentos en que las tropas andalusíes no les golpean.


Ordoño I
En el reinado de Ordoño I se levanta Asturias. Son años de relativa tranquilidad fronteriza, frente al ciclo anterior. Córdoba está patas arriba y esto permite a Ordoño avanzar hacia el sur. Hay algunos ataques moros en Castilla pero el grueso de las actuaciones asturianas se dirige contra los Vascones. Podríamos pensar que se sentía seguro, no solo porque los musulmanes no estaban al tema sino también por los sistemas de protección en Castilla. Y, ¿Por qué se alteraban los vascones? Entre las hipótesis que se han presentado para explicar esta sublevación podría estar el nuevo rey de Pamplona (fallece Iñigo Arista y le sucede su hijo García).

Nada raro, los vascones son incitados por García a sublevarse para tener ganancias territoriales. Pensemos que los moros habían dejado en paz a todos no solo a Asturias. Podría tener su lógica. Más difícil de explicar resulta la presencia en la zona de las tropas del futuro emir Al-Mundir en esas mismas fechas. ¿Querían sumarse al ataque contra Asturias, o por el contrario solo es una coincidencia? ¿Podría ser que los agarenos estuviesen, simplemente, ejecutando una nueva razzia sin que sus informadores les informasen?

Dios y la debilidad de los soldados mahometanos estaban con Ordoño y les derrota. Aunque no sabemos el lugar de la batalla es muy probable que ocurriera en las inmediaciones de Miranda de Ebro, es decir, junto al borde oriental de los reductos fortificados de Castilla y sobre el nudo de comunicaciones que, habitualmente, utilizaban los musulmanes en sus razzias sobre los asentamientos cristianos primitivos.

Se apunta que pudo ser en ese momento cuando se levantan nuevas fortalezas para una mejor defensa por la Sierra de la Tesla, avanzadilla de las posiciones ya consolidadas de Losa y Valdegovía. Serían puestos de observación para cubrir las “autopistas” de acceso que enmarcan las crestas de Sierra de la Tesla y los montes Obarenes.

Otra visión: teniendo en cuenta la presencia de las fortificaciones de Cuevarana, Frías, Tetelia, o Mijangos (Pérez de Urbel las estima levantados hacia el año 850 junto a Castrosiero y Lantarón), la razón de este salto podría ser la protección de una entrada al valle del Nela por el margen occidental de La Bureba, atravesando las hoces del río Oca en la fusión de las sierras de la Tesla con las de la Llana y Oña.



No solo eso sino que, como en el dicho de que cuando el gato duerme los ratones bailan -es decir, sin actividad militar cordobesa sobre la primitiva Castilla- se fundan nuevos núcleos de población. Eso sí, siempre bajo el amparo de un nuevo monasterio o la consolidación de fundaciones más antiguas. Vemos que en 852 tiene lugar, entre otras, la fundación del monasterio de San Martín de Herrán en el valle de Tobalina, territorio que ahora se hallaba bien protegido por esta nueva línea defensiva.

Aunque sin poder precisar el alcance de esta nueva etapa expansiva, no sería descabellado admitir que hasta el ataque de Musa ibn Musa al territorio castellano en 855, se procediera a la repoblación sistemática de los alrededores de Pontecerci, en el valle de Tobalina. Ese año abre una nueva etapa que culminará con dos acontecimientos de la máxima relevancia militar: la toma de Albelda y la repoblación, junto con otras plazas más occidentales, de Amaya.

La toma de Albelda no obedecería a una proyección defensiva asturiana en la vertiente oriental del reino. Lo que incita al monarca asturiano al combate será responder a la amenaza que representaba la construcción de esa ciudad por el recién nombrado gobernador de la Marca Superior: Musa. Albelda es un peligro para la supervivencia de las regiones de Álava y “los castillos”. Quizá animara a Ordoño la tensa relación que, en aquel momento, mantenían Musa y García Iñiguez de Pamplona, tío y sobrino respectivamente, causada por los dramáticos acontecimientos del 858 y el secuestro de García por los normandos.



¿Un moro y un cristiano parientes de sangre? Si. Pero centrémonos algo más en el caso y en la relación. Resulta verosímil que Musa, hijo póstumo de uno de los nietos del conde Casius, Musa ibn Fortún, se hubiese criado en Pamplona acogido por su hermano, a salvo de la enrarecida situación que atravesaba la Marca Superior, y que, por lo tanto, viera crecer a sus hermanastros, Iñigo y Fortún, fruto del nuevo matrimonio de su madre con el magnate vascón Iñigo y que serán los primeros representantes de los Arista de Navarra. Hijo del primero de ellos, García Iñiguez, conocería de cerca la profunda ambición de su pariente Musa. Así, tras el fabuloso rescate solicitado por los normandos al apresado rey navarro, este decidió prescindir de tan sólida y natural alianza.


Sea como fuere, Ordoño no puede ignorar la amenaza que Albelda significaba para la defensa de la marca oriental de Asturias. Pensemos que la construcción debió empezar hacia el 855 pero la ocasión llegó en 859 cuando, cruzando los montes Obarenes, llega a Albelda.

El rey de Asturias llegó, vio y venció. Fue la conocida e inexistente batalla de Clavijo. Procedo a la aclaración: En las crónicas de la época no hay referencia alguna a Clavijo, todas las menciones son posteriores. Pero dichas crónicas hablan de fuertes combates en el área, en Albelda, y que Ordoño I estableció su base en el Monte Laturce (donde la leyenda sitúa la batalla de Clavijo).

En Albelda hubo dos batallas a falta de una, la de 852 y, la que nos trae el tema, en 859. Pero el rey asturiano de aquellas batallas no era Ramiro, sino su hijo Ordoño I (850-866), y el jefe moro no era Abderramán II (792-852), sino Musa II, de los Banu Qasi, la poderosa familia hispanogoda conversa al Islam. La primera batalla la ganaron los musulmanes, exactamente como, según la leyenda de Clavijo, le ocurrió a Ramiro I cuando apareció por La Rioja. Pero la segunda la ganaron los cristianos, también como le ocurrió a Ramiro. Parece ser que lo que la leyenda condensa en veinticuatro horas de Ramiro I, fueron siete años.

La aplastante victoria de los astures pudo ser porque el gobernador de la Marca Superior infravaloró la capacidad ofensiva de los cristianos y llevó pocas tropas (desconocemos la envergadura de ambos ejércitos), o bien porque los de Ordoño I aplicaron la experiencia acumulada, sobre todo la de los contingentes castellanos.


Clavijo/Albelda mostró la debilidad de la Marca Superior y las dificultades internas del emirato en esos momentos y proyectan al reino asturiano hacia el sur (fortificación de enclaves más meridionales que desde Amaya trazan una línea en la que se alcanza las inmediaciones de Burgos) que le lleva a crear una red defensiva que apuesta ya por el control del paso de La Bureba.


Doble satisfacción para los habitantes de Las Merindades, por un lado se alejaba la frontera y, por otro, la derrota de Musa supone estabilidad para el régimen de Córdoba que tratará de frenar las aspiraciones asturianas por medio de grandes operaciones militares sobre las comunidades cristianas recién instaladas en las nuevas posiciones.


El abandono de la primitiva Castilla, nuestra zona, para presentarse en el valle del Duero nos describe la situación entre cristianos y musulmanes en los primeros años de la década de 860 cuando se pone en peligro el dominio inapelable de al-Andalus sobre el resto de Hispania. Por ello, una vez resueltos los problemas en Pamplona, Muhammad I se revuelve contra Ordoño I achuchándole en el flanco castellano. Además, la muerte de Musa le proporciona la sumisión de Huesca, Zaragoza y Tudela.


La zona tenía “vidilla” bélica y las crónicas recogen una serie de aceifas en esos años: 855 y 859 que provendrían de los Banu Qasi. Por ello suponemos que actuarían remontando el Ebro lo que nos dolería en Tobalina, Losa o San Zadornil. La de 863, conocida como la de los diecinueve condes muertos, que es probable que no fuera como los musulmanes contaron. Juan José García González entiende que “la mención de los castillos los años 853 y 855, ratificada el 863 por la cita de diecinueve comités/sahibs, conceptuables como señores de castillos y, por tanto, de distritos castelleros, promovidos por los nativos” 



En el verano de 865 se organizó la aceifa que ha dado en ser llamada “de la Morcuera” que tiene la peculiaridad de ser ilocalizable o, al menos, poseedora de recorridos diversos. La causa de este barullo son las fuentes musulmanas que no nos permiten ubicar los lugares referidos en la crónica del historiador musulmán Ibn Adhari:

“En el año 865 se hizo una nueva campaña contra Álava. Abd al-Rahman ben Muhammad comenzó por avanzar hasta el Duero, donde organizó las tropas que vinieron a unírsele de todas partes. De allí llevó su campo al Desfiladero de Paradiso, se apoderó de los cuatro castillos que le defendían, tomó cuanto contenían y los arrasó… Gracias a este método, no permaneció intacto ni uno solo de los castillos pertenecientes a Rodrigo, príncipe de Al-Qilá, a Ordoño, príncipe de Tuka, a Gundisalvo, príncipe de Burcha y a Gómez, príncipe de Mesaneka. Abd al-Rahman se dirigió enseguida contra Al-Mahalla, que era uno de los más grandes distritos que dependían de Rodrigo: arrasó todos los alrededores e hizo desaparecer hasta sus huellas”.

Aparte de que se lía con los cargos convirtiendo a todos en príncipes, que derrota Mohamed I (826-886), señalemos las distintas elecciones geográficas para desentrañar el problema de las denominaciones. Y es que los diferentes autores consultados están solo de acuerdo en que Mesaneka es Mijangos. (Cosas de la “retrogeografía constructiva”):
  • Lucien Barrau-Dihigo creía que ‘Abd al-Rahmān ibn Muhammad y el general ‘Abd al-Malik ibn al-‘Abbas se dirigieron hacia Briviesca desde el Duero donde comenzaron destruyendo cuatro fuertes allí instalados.
  • Claudio Sánchez-Albornoz creía que fue Amaya el primer objetivo de las tropas del emir, precisamente por la ventaja estratégica que sus alturas representaban, aunque admite que la fortaleza no es atacada. La ruta sugerida para alcanzar Amaya, parece inverosímil: Salen de Burgos, una ciudad que todavía no había sido fundada. Pero el capitán de Artillería Eduardo Oliver-Copons opinaba en su libro “El Castillo de Burgos” que ya en el año 865 había una fortaleza en Burgos.
  • Justo Pérez Urbel: Este gran autor, que como todos nosotros aúna aciertos y fracasos, dibuja en ataque desde Álava, identifica Al-Mallaha con Salinas de Añana, Burcha/Bordija con Bricia y Al-Markawiz con el desfiladero de la Morcuera. Pero… Bricia no es el paso natural para ir hacia el valle de Tobalina. Si el destino es cercano al Ebro lo normal es atacar desde la zona riojana.
  • Gonzalo Martínez Díez identifica Burcha con Baroja, zona entrada en Álava, con lo cual los moros harían una excursión a Mijango y vuelta a Salinas de Añana. Por supuesto, la batalla en La Morcuera. Esta teoría es rara porque si partimos de Baroja no nos vamos hasta Mijangos para luego atacar Salinas de Añana. En una aceifa, que buscaba rentabilidad económica, no se desanda así.
  • Roberto Fernández Ruiz, descubridor del castillo de Tedeja, ha desarrollado una teoría que para los que han recorrido Las Merindades tiene verosimilitud. Para él Burcha/Bordija sería Bricia, Al-Mallaha coincidiría con Salinas de Rosío y la salida no se haría por el abierto y suave desfiladero de La Morcuera sino por el agreste y más defendible desfiladero de la Horadada. El recorrido es coherente, transita por otras Salinas conocidas desde época romana y usa la calzada del valle de Losa. También porque la descripción final del desfiladero podría encajar con el de Trespaderne. Además, en una aceifa que el propio historiador musulmán llama contra Álava, no constarían ataques contra ciudades alavesas lo que hace flojear ciertos ajuste geográficos.
Hay otras muchas como la de Levi Provencal pero no vamos a agobiarnos porque todas giran en torno a estas áreas. Tengamos en cuenta, eso sí, que el emirato trataba de mantener la fidelidad de la Marca Superior tras la muerte de Musa, por lo que tendría poco sentido atacar los objetivos castellanos justamente por el flanco contrario. Basta con observar el mapa de control y vigilancia de los reductos castellanos en el momento de la expedición para darse cuenta de lo disparatado de afrontarla por el territorio mejor defendido y abandonando las posibilidades que ofrece el valle del Ebro tras la nueva situación política generada.

Entonces, ¿por qué insistimos en la Hoz de La Morcuera? Porque para volver hacia Córdoba desde Salinas de Añana, (¿Y si fuese Salinas de Rosío?) exigía el paso de los montes Obarenes con los Castellanos en Pancorbo. Por eso relatan las fuentes moras que atravesaron, algo más al este, Feddj el-Markwin, comúnmente identificado con la Morcuera. Un hermoso paso poco apto para la defensa que es custodiado por los guerreros del Conde Rodrigo, inferiores en número y que frenan la retirada agarena. Esta acción de retraso provoca un agujero en las reservas de soldados del reino Astur y altera la repoblación. ¡Leches! ¿Por qué lo hicieron? Quizá porque esperaban ganar dado en terreno. Dado OTRO terreno. ¿Entienden?

El príncipe Mohamed I en 866 vuelve a adentrarse en territorio castellano llegando hasta el valle de Mena. En las de 866 y 867 los moros se conformaron con llevar a cabo razzias de castigo. Pero la vida seguía y las fundaciones monásticas avanzaron, en entornos protegidos pero avanzaron. Surge San Juan de Orbañanos, en el valle de Tobalina y el rey, Ordoño I, dona a San Salvador de Oviedo cuatro fundaciones situadas Las Merindades: San Martín de Erfús (Agüera, Merindad de Montija), San Mamés (Santa Gadea, Alfoz de Santa Gadea), San Martín de Campo Redondo (Torme en Merindad de Castilla Vieja) y San Román del Cuerno (Quintanilla de San Román, Valle de Valdebezana)



Nueva crisis en al-Andalus que impide durante 15 años (reina ya Alfonso III) que las tropas musulmanas accediesen al reino por el flanco oriental. En la “paz” proliferan las fundaciones monásticas y repoblaciones. Según la datación de A. Ubieto, en el verano de 872 se procede a la dotación de varias iglesias en los valles de Losa y Tobalina.

Y más al oeste, seguramente al término de las batidas musulmanas por la ruta tradicional que bordeando el Ebro se dirigía a Sotoscueva, sabemos que se asienta definitivamente San Martín de Escalada. Sin duda la presencia de tropas cristianas en Amaya permitirían, desde el 860, acometer la repoblación de las estribaciones occidentales de la sierra de Tesla, consolidando así una ocupación castellana que cada vez es más estable.

Saltamos hasta el año 882 cuando el emir Al-Mundir (886-888) organizó un itinerario que le encaminó hacia el borde oriental de la monarquía asturiana. Contaba con el apoyo de Muhammad ibn Lope, hasta entonces aliado de Alfonso III (866-910), pero que entendió la resistencia de sus familiares aragoneses como un peligro potencial a sus intereses personales, y en consecuencia puso a disposición de los ejércitos de Córdoba sus efectivos militares de Toledo. Remonta el Ebro y se frena ante Cellórigo. Los años de calma habían permitido a los Castellanos una más eficaz defensa territorial y el ejército cordobés fue fácilmente rechazado. Las crónicas cristianas hablan de un claro rechazo al ataque. Aquí y en Pancorbo.



La entrada por los desfiladeros de los montes Obarenes estaba definitivamente cerrada para las tropas musulmanas, que nunca más volverían a intentar atravesarla. Por otra parte, la ruta tradicional de entrada en León siguiendo desde allí el valle del Ebro, pese a la sorpresa que le producía a Sánchez Albornoz, estaba ya en esos años suficientemente guarecida. Córdoba debió pensar que el control territorial que ejercían las fortalezas de Frías, Término, Poza de la Sal, Mijangos, Tetelia, Castrosiero y Moradillo, haría imposible su utilización.

Pero como a Rey muerto, Rey puesto, los moros se fijaron en la nueva frontera del reino de Asturias, o sea, Burgos y la fortificación castellana de Castrojeriz, para alcanzar desde allí Astorga. Al-Mundir sabía que las nuevas posesiones territoriales en Castilla, vinculadas al conde Diego Rodríguez, no contaban aún con la organización defensiva suficiente como para impedir una expedición a sus tropas. Nuño Núñez, encargado de la fortaleza de Castrojeriz, debe abandonarla tras el asedio musulmán, que encontró así el camino libre para dirigirse desde allí al encuentro de Alfonso III en León. Cuando el año siguiente se repitieron las operaciones prácticamente en el mismo orden que acabamos de ver, Castrojeriz había organizado su defensa eficazmente.

El Arlanzón marcó desde ese momento los confines de la Castilla que no volvió a conocer los ataques musulmanes en el futuro, el terror netamente andalusí desapareció de Las Merindades. Las únicas operaciones militares que se suceden desde entonces en el territorio de Álava y Al-Qila están relacionadas con las alianzas internas de la familia de los Banu Qasi aragoneses.



Bibliografía:

Sistemas defensivos de la castilla primitiva (siglos VIII-IX). F. Javier Villalba Ruiz de Toledo (Universidad Autónoma de Madrid)
Batallas en Las Merindades. Aitor Lizarazu Pérez y Felipe González López
Kitāb al-bayān al-mughrib fī ākhbār mulūk al-andalus wa'l-maghrib o Libro de la increíble historia de los reyes de al-Andalus y Marruecos) Ibn Idhari (Marrakech en torno a 1312).
El Castillo de Burgos por Eduardo de Oliver-Copons.
Dibujos de Justo Jiménez

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