Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 1 de febrero de 2026

George Woodberry un Húsar que ayudó a Las Merindades y atacó la monarquía hispánica en Venezuela.

  
Debemos viajar a la católica irlanda de 1759 para asistir al nacimiento del decimonoveno Regimiento de Dragones Ligeros con el conde de Drogheda como coronel y muchos de los soldados reclutados en esa isla. En 1763 se le cambió el numeral por el decimoctavo y en 1766 por el de cuarto regimiento. El 1769 recuperara el numeral decimoctavo. Estuvo tres décadas acantonado en Irlanda pero durante la Guerra de la Convención sirvió en la isla de La Española y, luego, en la Expedición Helder a Holanda, luchando en Bergen en 1799.

 
No cambiará en número de regimiento, pero sí su nombre: en 1805, pasó a llamarse Regimiento de Dragones Ligeros Irlandeses del Rey en honor al rey Jorge III; y en 1807, se llamará ya regimiento de húsares. Durante la Guerra de la Independencia de España luchó en Sahagún (1808), Benavente (1808), La Coruña (1809), Burgos (1812), Morales (1813), Vitoria (1813), Sorauren (1813), Orthes ( 1814) y Toulouse (1814). Al año siguiente, participó en Waterloo (1815) antes de unirse al Ejército de Ocupación de Francia. En 1821 el regimiento fue disuelto.
 
Evidentemente en esta bitácora hablamos de esta unidad británica porque cabalgó por Las Merindades, y con ella, George Woodberry que fue autor de unos diarios de la guerra. Y, si son seguidores de este blog, tampoco fue el único que escribió uno. Estos diarios fueron publicados íntegramente en 1896 por Georges Helie en francés que abarcaba desde enero de 1813 hasta julio de 1815.

 
Aquellos que han estudiado estos textos se sorprendieron al encontrarse que había dos versiones. Recuérdenlo. De todas formas, el estilo de escritura de George es fluido y ordenado mostrando que fueron escritos por alguien formado y que, además, era un escritor y narrador talentoso. Las entradas del diario son frescas y despejadas, con visión retrospectiva; divertidas, pero a menudo brindan la verdad sin adornos, tal como él la vio. A pesar de que comenzó a escribir a regañadientes, pronto se convirtió el diario en una fuente de consuelo para él y dejó de ser una tarea. Y, quizá, los conservó con vistas a publicarlos.
 
George Woodberry afirmaba haber nacido el 13 de abril de 1792 y consideraba Worcester su hogar. Es casi seguro que procedía de la familia Woodberry. Su abuelo George fue bautizado en Pershore, cerca de Worcester, y se casó con Hannah Mills en Claines el 22 de enero de 1760. Nuestro George era hijo de la siguiente generación de George Woodberry, que se casó con su madre María (de soltera Pitman), en Claines el 18 de julio de 1786. Pero no hay registros del bautismo de George en 1792.

 
Tampoco sabemos cómo hizo dinero su familia, aunque, el padre de George fue un amigo cercano del teniente general Sir John James Hamilton, primer baronet (1755-1835) de Woodbrook que era un oficial respetado y experimentado de la Honorable Compañía de las Indias Orientales. Se supone que el padre hizo su dinero comerciando con el lejano oriente, pero no sería miembro de la Compañía de las Indias Orientales, ya que no se lo puede encontrar en sus registros. La idea del comercio familiar está respaldada por la declaración de George de que su hermano mayor William había muerto en Surinam el 19 de agosto de 1809 y no parece haber servido en la Marina Real.
 
George Woodberry se unió al ejército, un poco tarde para alguien que comenzaba una carrera militar, ya que tenía veinte años cuando fue nombrado alférez en el décimo Regimiento de Infantería (North Lincolnshire) el 16 de enero de 1812, en sustitución de otro alférez que había renunciado a su cargo. ¿Por qué George comenzó su carrera militar tan mayor y por qué eligió un regimiento de Lincolnshire? Misterio. Aunque bien puede haber tenido algo que ver con el hecho de que un teniente coronel John Potter Hamilton, posiblemente pariente del citado general James Hamilton, estaba sirviendo allí. Por supuesto, George había comprado este rango, el precio reglamentario era entonces de 400 libras esterlinas, lo que no era una cantidad pequeña en ese momento y demuestra que claramente provenía de un entorno adinerado.

 
No sabemos si George se incorporó al décimo Regimiento de Infantería, porque entonces servía en el Mediterráneo, dado que no tardó en pasarse al más elegante decimoctavo Regimiento de Dragones Ligeros (Húsares) como corneta el 9 de abril de 1812, bajo el mando de R. Greville, que había sido ascendido. George volvió a comprar este puesto, el precio reglamentario para un corneta en un regimiento de caballería de línea era de nada menos que 735 libras esterlinas, aunque habría recuperado 400 libras esterlinas con la venta de su insignia en la infantería. Como vemos algo alejado de esa imagen de militares profesionales que los anglosajones se construyen.
 
El registro de George en el Regimiento de Húsares le hace nacer en Worcester, que tenía 21 años y que medía 1`75 metros de altura. Habiendo servido sólo ocho meses en los húsares, apenas tiempo para completar su entrenamiento de equitación, compró un puesto de teniente el 10 de diciembre de 1812, en el regimiento de Samuel Greathead, que se había retirado. Esta compra le habría costado la suma de 997 libras y 10 chelines, aunque habría recibido 735 libras de vuelta por la venta de su puesto de corneta.

 
Los costes de convertirse en oficial de caballería eran astronómicos: se necesitaba un corcel, un segundo caballo y un caballo de carga, talabartería, uniformes de gala y de ordinario, un sable de caballería ligera curvado modelo 1796 y pertrechos, así como un equipo de campamento adecuado para que un joven caballero pudiera ir de campaña. Sin contar los necesarios sirvientes hablaríamos de unas 458 libras esterlinas. Por tanto, el padre de George habría desembolsado más de 60.000 euros de hoy para obtener su grado de teniente. Quizá esta sea una de las razones por las que los ingleses actuaron como lo hicieron en la tierra de sus aliados: el dinero. Un teniente cobraba 164 libras esterlinas y 5 chelines al año cuando se calculaba que un oficial necesitaba una asignación -en nuestro caso de su padre- de no menos de 500 libras esterlinas al año para mantener el nivel que se esperaba de un oficial subalterno.
 
El 1 de enero de 1813, al parecer de mala gana, comenzó a escribir el diario cuando el regimiento salió desde Brighton para unirse al ejército de Portugal. ¿Por qué escribía un diario? La respuesta obvia sería que era común que un oficial llevara un diario, casi con toda seguridad para fijar los recuerdos y leerlo y leérselos a su familia en años posteriores. En el caso de George existe el hecho inusual de que han existido dos versiones del primer volumen que van desde enero a septiembre de 1813, aunque la que se usó para la traducción francesa parece haberse perdido junto con los diarios que continuaron hasta 1815. ¿Por qué dos copias? Solo puede ser porque había prometido enviar una copia de su diario a casa, posiblemente en lugar de escribir cartas, ya que hay pocas pruebas en su diario de que alguna vez les escribiera, aunque a menudo menciona que escribía a su novia en Inglaterra y, por supuesto, a su contable. Las sutiles diferencias entre los textos de las dos versiones se deberían a una ligera censura porque no repite algunos encuentros con mujeres o suaviza las descripciones de algunas de sus travesuras, pero a veces también cambia ligeramente sus declaraciones, probablemente basándose en un conocimiento más completo de un incidente ocurrido en un momento posterior.

 
Como decíamos, a principios de 1813, George llega a Lisboa, donde el regimiento estaba con otros dos de húsares para unirse al Ejército del Duque de Wellington que estaba invernando a lo largo de la frontera portuguesa. Con la primavera el ejército anglo-portugués marcharía a España para continuar la guerra y arrasar tierras y franceses. E industria. Y rapiñar.
 
El ejército de nuestros “aliados” británicos desbordaba optimismo porque había llegado la noticia de que Napoleón había perdido su “Armée” en Rusia ese invierno y los franceses estaban reduciendo sus efectivos en España para compensar las pérdidas en el norte. Ese ejército avanzará derrotando a los franceses. A mitad de junio de 1813 los húsares del decimoctavo regimiento, procedentes de Burgos, llegan a Las Merindades. Su camino será por el páramo de Masa, por el camino del pescado. Pasarán por Cernégula, Puente Arenas, Los Hocinos, Horna y Medina. Allí estará el teniente de húsares George Woodberry. Y sus impresiones y experiencias escritas en sus diarios:

 
[…] Burgos, que para mí pesar sólo vi a tres kilómetros de distancia, es la capital de Castilla la Vieja, y algunos escritores dicen que es la Bravum de Tolomeo. Por mucho tiempo fue el asiento de la monarquía castellana, pero el emperador Carlos V transfirió esta dignidad a Madrid. Burgos, sin embargo, está todavía considerada como la segunda ciudad en España, en dignidad e importancia antigua [...]”. En la otra versión leemos: “El famoso convento de la cartuja de Miraflores se encuentra cerca del lugar de nuestra última acción”.
 
“Cernégula. Lunes 14 de junio [de 1813]. La carretera siguió por inmensas llanuras de montaña [...] Estábamos todos muy cansados al llegar aquí, después de haber marchado por lo menos ocho leguas. Esta aldea, con una luz bonita, está al pie de un alto monte [...] La otra versión nos dice: “La ruta continuó a través de grandes montañas y llanuras durante ocho millas hasta este hermoso pueblo, que se eleva al pie de una alta montaña, y estaba a su vez a dos mil pies sobre el nivel del mar”. Vemos que, aquí, las variaciones son mínimas.

 Horna

“Orne [Horna]. Martes 15 de junio. Poco después de las cuatro marchamos hacia este lugar, y descubrimos que estaba todavía más lejos que el de ayer, al ser nueve leguas. La carretera por las cinco primeras leguas va por un llano. Después llegamos a un paso tremendo formado por elevadas montañas [...] Aquí llegamos a Puente Arenas y pasamos el Ebro por un bonito puente. Ahora teníamos que ir por otro desfiladero por el que discurre el río. Es imposible imaginar un escenario más terriblemente salvaje que este estrecho paso entre los montes. El escenario es de lo más hermoso [...] Después de dejar el río llegamos a un hermoso valle rodeado de altas montañas, y que está ricamente adornado con campos de cereal, árboles frutales y corrientes transparentes [...] Agarré un cordero de un rebaño en la orilla del camino, lo maté al estilo húsar, con mi espada, y lo dividí con Mr. Barrett del decimoquinto de húsares. Cené aparte y pienso que no he disfrutado más una comida en mi vida. Me duele el corazón por la desafortunada infantería, a la que vi pasar hoy marchando, tanta gente tirada en la cuneta, sin poder dar un paso más. Es imposible para los pobres muchachos marchar de treinta a cuarenta millas dos días seguidos [...]”. Cómo hemos comentado las dos versiones que hay de los diarios tienen diferencias: “Partimos esta mañana a las cuatro de la mañana para Horna, un viaje de nueve leguas. Hemos visto a las columnas enemigas moverse por la llanura en dirección a Miranda de Ebro, donde cruzan el río, y donde me entero de que han tomado posición. Ellos estuvieron anoche a ocho leguas del río, y nosotros a cinco. Estuve con Barrett, del decimoquinto de Húsares, a campo a través. Tomamos un cordero de un rebaño, lo tratamos a la manera de los húsares, con el sable, lo descuartizamos y tuve una parte de él para mi cena, que me pareció muy buena. Me duele el corazón por los desafortunados soldados de infantería ¡Hay algunos tirados a un lado del camino! Es imposible que los pobres diablos hagan marchas de treinta o cuarenta millas dos o tres días seguidos en un clima tan caluroso. Pero Lord Wellington quería hacer que el ejército cruzara el río hoy. ¡Solo Dios sabe lo que puede suceder mañana!”
 
“Torres, cerca de Medina, el miércoles 16 de junio. Esta mañana marchamos a las cuatro a Medina, donde la brigada paró casi tres horas por órdenes [...] Fui a Medina y compré varías cosas para añadir a mi almacén de campaña, eso es, coñac, jamón, higos, nueces, etc. Es un pueblo muy antiguo. Tiene tres iglesias y un hermoso castillo romano [ejem], que le da un noble aspecto al lugar. También tiene muchas mujeres hermosas, a quienes vi en sus ventanas muy bien vestidas de negro. Las mujeres son de tez más clara por lo general, y mucho más hermosas que las portuguesas. Parecen encariñadas de nuestros ingleses. En mi opinión son muy parecidas a las mujeres de mi país, y las aprecio más por eso. Estamos acampados en un bosque de robles, encantadoramente situado en las orillas del Trueba, como medio kilómetro de la aldea de Torres, una aldea abandonada, debería de haber dicho, ya que no queda en ella media docena de habitantes, aunque hasta hace poco estaba habitada por 350 personas. Actualmente está en un estado ruinoso. Los restos de su antiguo estado se ven claramente por las ruinas de varias casas muy excelentes [...] Fumar es un pasatiempo favorito entre todo tipo de hombres en España. Aparte del placer que produce, ellos estiman que previene contra enfermedades resultantes del frío y la humedad de las noches de este país”.

 
Miramos ahora la otra versión de sus diarios: “Esta mañana, marcha sobre Medina, donde la brigada hizo un alto de tres horas para esperar órdenes. Fue enviado a esta ciudad el decimoprimero, decimosegundo, decimocuarto, y decimosexto de dragones ligeros; tercero y cuarto de dragones de la guardia; los dos regimientos de la Guardia y los Azules; el Regimiento de Húsares Alemanes; y nuestra brigada: décimo, decimoquinto y decimoctavo Regimientos. Ayer por la mañana, el enemigo ofreció batalla al general Hill, que la rechazó porque sólo tenía quince mil hombres, mientras que los franceses tienen cuarenta y cinco mil. He ido a Medina y he comprado, para completar mis provisiones de campaña, aguardiente, tocino, higos y nueces. Vi mujeres muy atrevidas en sus ventanas, vestidas de negro muy coquetamente; generalmente son muy rubios y mucho más hermosos que las portuguesas. Parece que les gustan mucho los ingleses, y se parecen mucho a las mujeres de mi país; las admiro aún más. Vivaqueamos en un bosque de robles deliciosamente situado a orillas del Trueba y a un cuarto de milla de Torres”. Vemos que en esta versión se acentúan las referencias militares y es, un poco, más atrevida en las descripciones de mujeres. Desde aquí sólo veremos una de las versiones, pero nos será suficiente.
 
 “San Lorente, jueves 17 de junio. El camino estaba en mal estado hoy. Más de mil hombres están acampados a cuatro millas de nosotros. Ahora estamos haciendo el servicio de puestos de avanzada. Los enemigos están en Vitoria con gran fuerza. Se retiraron de Burgos a placer, pensando que tenían a todo el ejército inglés en su retaguardia, y sólo cuando supieron que nosotros habíamos marchado por su flanco se retiraron con toda la prisa posible. Creo que mañana recogeremos a los rezagados y que tal vez podamos hacer frente a algún cuerpo de ejército francés. Mi amigo Smith es el joven más irlandés que he conocido. En este momento, cuando todos los soldados tienen que dar ejemplo, creo que está muy equivocado. Su distancia de la señora Smith puede ser la causa de esto, pero tal motivo no es aceptable para un húsar. Algunos de los guerrilleros españoles están vestidos ropas y sombreros franceses y los otros con viejos uniformes ingleses”. ¿Qué insinúa sobre el irlandés Smith? ¿Lo escribiría en la otra versión?

San Llorente
 
“Desde una campa frente a Berberana, viernes 18 de junio. Hablamos al final de la mañana. Pensamos ir hasta Vitoria, pero cuando llegamos frente a Villa Albia [Villalba de Losa], nosotros, el general Graham, nos enfrentamos al enemigo, que defendió una aldea y un paso durante casi una hora, y luego se retiró en desorden a Vitoria, pisándole los talones nuestra infantería. Como el país es montañoso, la caballería se vuelve inútil y hoy pasaremos a la retaguardia. Después de haber recorrido casi cuatro horas, durante las cuales llovió sin parar, llegó la orden de vivaquear donde pudimos encontrar agua y forraje. Nuestro campamento está debajo de una colina alta en el valle. entre Villa Albia y Berberana, cuartel general de Lord Wellington”.
 
“Sábado, 19 de junio. Al no haber recibido ninguna orden de marcha, seguimos sin información. No tenemos árboles que nos cobijen. El ejército español ha comenzado a pasar cerca de nuestro campamento a las dos de la madrugada y a las once sigue marchando, pero la lluvia me ha impedido ir a verlo. He visto al general español Ballesteros. Es un hombre guapo que parece tener sesenta años. Su estado mayor estaba compuesto por una docena de oficiales bien montados y bien vestidos. Vi a una tropa guerrillera vestida así: una pelliza de húsares y un collar con el penacho (perteneciente al séptimo), un par de calzones franceses de felpa escarlata y botas de salvavidas”.

 
Este fue el último comentario sobre Las Merindades y desde Las Merindades. Llegará a la batalla de Vitoria y a Francia, será herido en Mendionde (País Vasco francés) en un enfrentamiento con la caballería francesa mientras Wellington avanzaba. George, Jorge, tras bautizarse en la Iglesia Católica y abandonar la tierra de Napoleón, retornará a su patria. En 1818 se retiró del ejército inglés y se estableció en Trinidad para aliviar su reumatismo. Llevaba en su pecho la Medalla de Waterloo. En la isla hizo amistad con William White, amigo de Simón Bolívar. En una carta entre ambos, White recomendó a Woodberry, quien deseaba luchar contra la Corona Española. Bolívar, en carta del 29 de septiembre de 1818, lo acepta. A finales de ese año llegó George a Guayana, donde se enroló, recibió el despacho de teniente coronel y fue transferido a artillería. Entre el 15 de julio y el 5 de agosto de 1819, Rafael Urdaneta llevó a cabo una expedición armada en las provincias orientales de Venezuela, con voluntarios extranjeros en su mayoría. George Woodberry tomará parte en ella atacando la plaza realista de Barcelona. Por diversas razones los mercenarios proporcionados por la corona británica se amotinarán siendo licenciados y organizando una división con parte de esas tropas. Al mando estará el coronel Fridental y como mayor tendremos a nuestro George. En noviembre de 1819 es nombrado jefe del estado mayor de la Legión Británica. En noviembre de 1820 lo encontramos como jefe de Estado Mayor de la Guardia en carácter interino. En 1821, el teniente coronel Woodberry será nombrado Jefe de Estado Mayor de la Tercera División. En 1823 era Jefe del Estado Mayor del general Páez.

 
George, como en la Guerra de la Independencia española, escribirá un segundo diario que va desde el 25 de noviembre de 1820 en Sabana Larga hasta el 14 de junio de 1821 en Barquisimeto. Se casará y tendrá familia en Venezuela donde se retira de la vida militar. Al fallecer es enterrado y su cadáver es posteriormente trasladado de cementerio, pero sus restos desaparecen.
 
 
Bibliografía:
 
“Tras las huellas del coronel George Woodberry”. Carlos Pérez Jurado.
“Carlos Eloy Demarquet y George Woodberry, dos voluntarios extranjeros de grata recordación”. Héctor Bencomo Barrios.
“Viajeros por Las Merindades”. Ricardo San Martín Vadillo.
The Gareth Glover Collection
National Army Museum.
Diarios de George Woodberry.
Arre Caballo!
 
Para saber más:
 
Arre Caballo!
 
 

domingo, 7 de abril de 2024

Gregorio, el desconocido laureado menés.

 
 
Hoy intentaremos conocer algo de la vida de Gregorio Conde y Ortiz de Taranco que nació en Villasana de Mena en 1792. Nada hay publicado sobre su infancia ni su familia, pero debieron tener “posibles” porque el muchacho seguía estudiando con dieciséis años. Es entonces, diciembre de 1808, cuando abandona sus estudios de tercer año de Filosofía para ingresar como soldado distinguido en el Batallón de Estudiantes de la Real Universidad de Toledo. Por tanto, debemos suponer que estaba estudiando en esa ciudad. ¿No les decía que era una familia con posibles económicos?

Villasana de Mena
 
El Batallón fue creado por profesores de esa universidad en agosto de 1808. Inicialmente fueron seiscientos hombres distribuidos en cuatro compañías con oficiales y suboficiales profesionales extraídos del ejército. Al batallón podían incorporarse alumnos y profesores. Los alumnos gozarían de beneficios académicos que incluían ser aprobados por el tiempo que debieran destinar a la Milicia Nacional junto al Batallón. En la retirada a Sevilla de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, el batallón de voluntarios les escoltó llegando a esa ciudad hacia el 17 de diciembre. Dicha junta se formó en septiembre de 1808 en Aranjuez y fue un órgano que ejerció los poderes ejecutivo y legislativo durante la ocupación napoleónica de España. Lo componían representantes de las juntas que se habían formado en las provincias españolas. De Sevilla partiría a la Real Isla de León en enero de 1810.
 
Este batallón de Toledo fue el embrión de la Academia Militar de Sevilla. Para que comprendamos la calidad de los integrantes de la unidad de Gregorio estaba el futuro Regente de España durante la minoría de edad de Isabel II y líder del Partido Progresista Baldomero Espartero.


Conde y Ortiz de Taranco fue ascendido a sargento segundo en 1809. El avance francés empujó al Ejército de Extremadura -donde estaba integrado el Batallón de Estudiantes de la Real Universidad de Toledo- a la isla de León. Será el momento en que nuestro menés fuese transferido al Regimiento de África. En 1810 asciende a subteniente. El 5 de marzo de 1811 tomó parte en la batalla de Chiclana y, a continuación, en la defensa de la isla de León, en la expedición y desembarco en Almería, en el ataque a la Venta del Baúl (Granada) y, en el mes de diciembre, en el sitio y fractura de la línea de Valencia formando su unidad parte del segundo ejército de la derecha español. Su suerte se terminará en enero de 1812 cuando capituló la ciudad ante el mariscal francés Suchet y a Gregorio lo trasladaron a un campo de prisioneros en Francia.
 
El avance de los reinos coaligados hacia Francia y el derrumbe del estado napoleónico permitió a Gregorio fugarse en febrero de 1814 y unirse al ejército aliado ruso. A su regreso a España se reincorporó al ejército con el empleo de subteniente de su antiguo Regimiento de África. Entre octubre de 1816 y junio de 1820 defendió la plaza de Ceuta. De ahí pasó a la Península al Regimiento Provisional de la Princesa. En 1823, a las órdenes del mariscal de campo Juan Downie Forrester -un escocés que vino con Wellington y que fue ascendido por Fernando VII- Gregorio defendió, en Sevilla, las vidas de la Familia Real frente al gobierno del “Trienio Liberal”. Fue apresado en el Real Alcázar; se fugó; y participó, el 13 de junio, en el levantamiento de Sevilla en apoyo del Rey y contra el régimen constitucional. Formó parte de la turba del día 16 en el ataque del puente de Triana contra las tropas del liberal general López Baños.

 
Y tras analizar estos años de la vida de Gregorio y rastrear la prensa nos encontramos a un Gregorio Conde que, en 1821, firma un documento a favor del gobierno como miembro del Regimiento de África. Tras las firmas de muchos militares el texto terminaba: “Lagrimas de ternura derramamos al ver el puro y desinteresado patriotismo de todos los ciudadanos militares; ¡facción liberticida confúndete en el polvo, ó huye de un suelo en donde no se oye más grito que el de constitución ó muerte!” ¿Seguía en el regimiento de África y no en el de la Princesa? ¿Mutó de constitucionalista a absolutista en tres años? ¿Era un militar acomodaticio? ¿Había varios Gregorios Conde?
 
Lo digo porque en Jimena de la Frontera (Cádiz) hubo un levantamiento liberal el uno de agosto de 1824. Conde y Ortiz de Taranco, al mando de seis hombres, arrolló a los antifernandinos y los dispersó. ¿Fue recompensado? ¡Claro! Obtuvo la Cruz de San Fernando de primera clase. Un año más tarde le sería permutada por la Cruz de segunda clase laureada. En diciembre de ese año ingresó en el tercer Regimiento de Granaderos de la Guardia Real de Infantería con el empleo de capitán. Una carrera meteórica a la sombra del poder de la década ominosa.
 
Tras la muerte de Fernando VII, y a pesar de su perfil absolutista, como otros muchos militares se mantuvo fiel a la reina regente y luchó contra los carlistas en la guerra de 1833 a 1840. No sé si se mantendría en el último regimiento mencionado por tres razones: no parece probable que la Guardia Real fuese al frente de guerra; la regente y sus cortesanos mantendrían alejado de ciertos puestos a un “persa”; y le situamos en la retirada de Hernani a San Sebastián, el 13 de mayo de 1835, cuando se le concedió el empleo de primer comandante y la Cruz de segunda clase, laureada, que le sería concedida por Real Orden de 30 de diciembre de 1844, una vez superado el obligado juicio contradictorio. Vemos un Gregorio Conde combatiendo en territorio foral contra los carlistas en la zona de Arroyabe el 31 de agosto de 1836. El texto da a entender que estaría encuadrado en una de las siguientes unidades: regimiento de infantería de San Fernando, el tercero ligero y el de la Reina.

 
Siendo primer comandante graduado de coronel y estando en situación de retirado en Madrid, por Real Orden de 17 de marzo de 1845, se le concedió una pensión de 10.000 reales anuales por estar en posesión de dos Cruces laureadas. Tendría, entonces, unos 53 años. Siguiendo el rastro de la prensa nos encontramos un militar homónimo que cobra del Tesoro Público de Madrid por los servicios prestados en la fecha de 1856. En este caso, de ser nuestro hombre, tendría 64 años de edad que no resultaría extraña.
 
No hemos encontrado la fecha de su muerte ni su estado civil ni si tuvo descendencia.
 
 
 
 
 
Bibliografía:
 
Real academia de la Historia.
Diario Oficial de Avisos de Madrid.
Periódico “El español”.
Periódico “El eco del comercio”.
Periódico “El espectador”.
Gaceta de Madrid.
 
 
 

domingo, 22 de octubre de 2023

Las cartas de guerra del Coronel Frazier.

 
Estamos en una trepidante persecución por parte del duque de Wellington, nombrado por la regencia, el 22 de septiembre de 1812, como Generalísimo de los Ejércitos Españoles. Para que vean que no solo con Fernando VII fueron miopes históricos los de Cádiz. Casi todos los generales patrios lo aceptaron salvo Ballesteros, comandante en jefe del cuarto ejército -el de Andalucía-, que fue depuesto por la regencia y deportado a Ceuta. Arturo Wellesley -duque de Ciudad Rodrigo, Grande de España, portador de la Gran Cruz de San Fernando y de la Orden del Toisón de Oro- al mando de un heterogéneo ejército de ingleses, portugueses, alemanes y españoles fue limpiando de franceses las tierras de Portugal y de la España peninsular. Algunos dirán que también limpiaron otras muchas cosas.

Augustus Simon Frazer
 
Uno de los oficiales de este conglomerado sometido a los ingleses era Augusto Simón Frazer quien era coronel de la Royal Horse Artillery o Artillería real montada. Inglés, por supuesto. Este caballero nació el 5 de septiembre de 1776 en Dunkerke, su padre era Andrew Fraser, coronel del cuerpo de Ingenieros y su madre Charlotte Darnfold. Con 14 años entró en la Royal Military Academy de Woolwich, donde el 18 de septiembre de 1793 alcanzó el grado de teniente en el Real Regimiento de Artillería.
 
En enero de 1794, como teniente del tercer Regimiento de guardias, participó en la campaña contra los franceses en Flandes bajo el mando del duque de York. En mayo de 1795, regresó a Inglaterra y fue destinado a la Royal Horse Artillery. Participó en la expedición al norte de Holanda, capitán en 1806 y comandó la Royal Horse Artillery en la invasión de Buenos Aires. En 1811, con la misma competencia con que él y los demás ingleses habían atacado los Virreinatos españoles atravesaron a sangre y fuego la península Ibérica en su lucha contra los franceses. En ese momento ya era comandante de la artillería a caballo del ejército británico, participando en las batallas de Salamanca, Burgo de Osma y Vitoria. Un inglés más centrado en el bien de su Corona. Nada memorable para nosotros si no fuese porque dejó escritas unas memorias sobre la “Peninsular War” -nuestra “Guerra de la Independencia”- publicadas por su esposa en 1859 Emma Lynn. Y por ellas sabemos que su unidad pasó por Las Merindades.

Real artillería montada
 
Describamos la situación del avance inglés y español en esos momentos. El día 11 el general Álava envió desde el cuartel general de Melgar de Fernamental un pequeño destacamento a Longa, que se encontraba en el valle del Nela, más allá del Ebro. Recalquemos que este río debía ser atravesado por las columnas de Wellington. Nada fácil en un ejército tan voluminoso y por un terreno tan escabroso. Se trataba, pues, de alcanzar el centro de Las Merindades antes que los franceses bloqueasen los accesos a través del Ebro. Tras el combate del río Hormaza, los ejércitos del rey José iniciaron su repliegue hacia La Bureba la noche del 12 de junio. Al objeto de poder reunir víveres se dispersaron delante del desfiladero de Pancorbo, con la intención de volverse a concentrar tan pronto como atacara Wellington.
 
Las cuatro columnas aliadas principales marcharon hacia el noreste para cruzar el Ebro por tres pasos diferentes. Alcanzaron el río el 14 de junio; al día siguiente, cuando la mayor parte de la fuerza lo había cruzado o estaba a punto de hacerlo, la caballería francesa envió unas patrullas de reconocimiento y descubrió la maniobra de Wellington. El alto mando imperial supuso, por ello, que las columnas aliadas se dirigían hacia Bilbao para seguir desbordando las posiciones francesas.

Infantería española
 
Recojamos en este punto las experiencias de Augusto Simón Frazer tras la voladura del castillo de Burgos y el abandono de esta ciudad por José Bonaparte -José I- el 13 de junio de 1813. En concreto partimos desde los párrafos escritos el 15 de junio a las 14:00 horas.
 
“Reanudo mi relato inacabado. Escribo ahora desde Valdenvieda (¿Valdenoceda?), un pueblecito situado junto al Ebro, en un valle rebosante de frutales y maíz. Marchamos esta mañana poco después del amanecer, y hemos pasado por un país muy abierto y salvaje. El camino desciende hacia el Ebro a través de un abismo rocoso entre dos montañas; al principio parecía tembloroso, y me pareció peor que ninguno de los que había visto: pero nunca podré contar nada parecido a una historia conectada si no vuelvo a nuestra visita a Burgos el día 13”. Que nosotros nos la saltamos. Anotemos también que los nombres de las poblaciones son un problema porque este coronel no se preocupó de anotarlos correctamente y los refleja, literalmente, como le suenan. Eso sí, el valle rebosante de frutales y maíz es, evidentemente, el Valle de Valdivielso. No lo cuenta, pero entendemos que quizá conociese Puente Arenas y El Almiñé al descender por el camino del Pescado, ruta de la Sal o calzada de El Almiñé.

Puente Arenas
 
Sigamos: “Salimos de Burgos a eso de las tres y nos dirigimos lo más aprisa que pudimos a Villadiego, adonde llegamos a eso de las siete, muy contentos de haber visto la roca en la que, como dijo Bonaparte, se habían estrellado las fortunas de la última campaña. Ayer pasé un día muy agradable en casa del mariscal Beresford. Tuvimos una excelente cena, servida en una soberbia vajilla. La mesa del mariscal es considerada la mejor del ejército; según nos han dicho, está provista por la Regencia de Portugal. Nuestro grupo era de ocho personas, y nada podía ser más agradable.
 
Todavía no he cruzado el Ebro, pero me he contentado con mirarlo. Las tropas se agolpan ahora en el desfiladero; un caballo cayó por el precipicio y murió (Debemos entender que habla del cañón de Los Hocinos). Hubo tal alboroto de cañones, dragones, infantería y equipajes que parecía que había vuelto el caos. En medio de la confusión nos entretuvimos viendo a los hombres subirse a los cerezos, de los cuales encontramos todo a la vez con un gran número. Nunca hubo transición más rápida; todo sobre rocas y estéril, todo en el valle exuberancia y abundancia. Si se dan cuenta hoy en día el cambio entre el páramo de Masa y el valle de Valdivielso produce la misma sensación.

Iglesia de Valdenoceda
 
Cuando veníamos anoche de casa del mariscal (entiendo que se refiere a Beresford de Villadiego), nos encontramos con el mayor Buckner, de la artillería, que acababa de llegar al ejército. Una persona recién llegada es como un hombre caído de las nubes, así que le di a Buckner una cama, y le puse en camino esta mañana hacia San Martín, en cuyo puente la tercera división de infantería cruzará hoy el Ebro. Estamos cerca del Puente Arenas; mañana veremos a todo el ejército en la orilla izquierda del Ebro”. San Martín de Humada podría ser un lugar donde envió a Buckner si no fuese porque está algo alejado del cauce del Ebro. Tampoco San Martín de Porres. ¿Quizá es la advocación de un pueblo? Puente Arenas tiene la de Santa María hoy. O ¿quizá San Martín de Elines en Valderredible? ¡Ni loco! También podría referirse a San Martín de Hoz de Valdivielso, o de Panizares, o de Quecedo o de Quintana de Valdivielso que están en este valle. Aunque, seguramente, se refiere al barrio de Valdenoceda tal y como apuesta Ricardo San Martín Vadillo y señala María del Carmen Arribas Magro. Además, es la población aledaña a Los Hocinos, cerca de Puente Arenas y parece un destino lógico.

Los Hocinos
 
La carta LIV la escribió desde Medina de Pomar el 16 de junio de 1813. Empieza declarando que “nunca hubo un valle tan romántico como en el que estuvimos ayer (Valdivielso); nuestra marcha de hoy acaba de sacarnos de él. Después de escribir ayer di un largo paseo con Dickson. No puedo imaginar nada más hermoso; lo habría llamado el valle feliz si mi esposa, mis hijos y otros amigos hubieran estado allí. Vemos que el paso del Ebro se hizo sin problemas y que las cartas no parecían estar destinadas a su esposa. Éstos no estuvieron, pero rosas, madreselvas y mirtos perfumaron nuestros pasos; habas, guisantes y legumbres de todas clases, en profusión. El valle tiene una legua y media de longitud, y contiene catorce aldeas. Está limitado a ambos lados, y casi en ambos extremos, por escarpadas montañas. Salimos de Valdenoreda -Valdenoceda, evidentemente- esta mañana poco después de las cuatro. Enviamos el equipaje antes, para pasar por el puente antes de que se llenara de tropas, y vadeamos el río en una parte donde es muy rápido. A lo largo de una legua, nuestro camino discurrió junto al río, que atraviesa un barranco formado por los más audaces riscos, cubierto en muchos lugares de árboles y arbustos tan exuberantes que uno no puede menos de preguntarse cómo pueden crecer allí. Los Hocinos.
 
En este momento he ido a ver pasar a la primera división. Es parte del cuerpo de Graham, y no la había visto últimamente. Los hombres tenían buen aspecto. Las curiosas figuras de la dama y otros seguidores, de todas las divisiones, son indescriptibles. No pude evitar observar que la única cara sonriente que pasaba era la de una niña de tres o cuatro años; la niña estaba atada a un asno con una cuerda, y se divertía jugando con el extremo de la misma.

Medina de Pomar
 
Por primera vez en la Península he oído hablar bien de los franceses; 4.000 de ellos estuvieron aquí (Medina de Pomar) la semana antepasada; un hombre de aspecto respetable me acaba de decir que el general francés al mando (D'Aroux le llamaba) era un hombre excelente, y que había puesto centinelas en todas las casas de vino, y mantenía a las tropas en orden. Aquí había tres generales y una división. La mayoría de las casas estaban cerradas cuando entramos, y todos los rostros parecían tristes. Mi alojamiento es en una casa deshabitada; estaba cerrada, pero la mujer de la casa me trajo la llave, y fue muy cortés. Poco sabemos del enemigo en este momento, por extraño que parezca, no estamos seguros de quién comanda su ejército: si el mariscal Jourdan o el General Cazan; José Bonaparte es, por supuesto, el comandante nominal, pero meramente nominal.
 
El enemigo está indeciso, sus planes parecen desconcertados por nuestro repentino avance. Sabemos que está angustiado por las provisiones. Todo el maíz seco del pequeño valle que dejamos hoy (Valdivielso) ha sido llevado a Breveisca (Lease “Briviesca”). El país adyacente probablemente ha sido igualmente drenado. Creemos que Miranda y Vitoria serán abandonadas por falta de provisiones, y es posible, si podemos avanzar rápidamente, que Pampeluna (Pamplona) no reciba una guarnición por falta de suministros. Sabemos, por una carta interceptada, que el enemigo tiene grandes temores a causa de Pampeluna (Pamplona), y que sus dificultades con respecto a los suministros son muy graves; nuestros propios suministros pueden ser limitados, aunque esperamos que se pueda establecer una comunicación abierta con Santander, a sólo catorce leguas de aquí (El cálculo de esta distancia es errónea si, como supongo, emplea la legua imperial de 4`8 km.). La Guerrilla de Longa, con 4.000 hombres, está cerca; Mendizabel también lo está. Espoz y el Empecinado están en Aragón; los dos últimos se han visto obligados a retirarse rápidamente. Se dice que una de las columnas de O'Donnel (de 15.000) viene del lado de Madrid; tal es nuestra situación actual. Parte de nuestro ejército ha sufrido privaciones parciales, pero nunca ha carecido de pan más de uno o dos días, y estos casos han sido raros, y posiblemente han ocurrido más por falta de previsión que de medios de transporte. La calle (de Medina de Pomar) bajo mi ventana está atestada de mulas, y hay ruido y bullicio suficientes para trastornar la cabeza más sensata... Adieu”.

 
No terminó ahí sus referencias a Las Merindades, sino que su carta LV estuvo también fechada en nuestra comarca. Casi a la salida de la misma porque fue en Berberana el 18 de junio de 1813 y a las 21:00 horas. Procedamos:
 
“Hemos estado completamente ocupados desde el mediodía hasta las 7 p.m., y una tarde más fría rara vez se produce en noviembre en Inglaterra; viento del norte, con lluvia ocasional. Marchamos esta mañana desde San León (¿San Pantaleón? Vemos que no nos cuenta al detalle sus movimientos como si de un diario se hubiese tratado. Lo cual resulta una pena porque nos deja sin contar su desplazamiento desde Medina de Pomar hacia San Pantaleón de Losa. ¿Visitó Medina? ¿Subió a ver el Atlante de San Pantaleón? ¿Por qué caminos pasó?), y pensamos en poco más que tomar nuestros cuarteles tranquilamente aquí, pero el enemigo debe necesariamente disputar el punto, y mostrando cerca de 16.000 hombres, nos obligó a tomarnos la molestia de hacerle retroceder. Los franceses son compañeros galantes y realmente hacen bien su parte (¡Anda que no es engreído en inglesito!). El asunto de hoy fue cerca de Osma (una población de Álava junto a Berberana), a una milla y media. Hubo muchos disparos, pero pocas pérdidas por ambas partes. La primera vez que vimos al enemigo, cerca de Osma, volvió a la carga, mostrando seis escuadrones y otros tantos batallones, pero de repente regresó con extrema vivacidad y se convirtió en atacante a su vez. Esto fue probablemente para descubrir nuestra fuerza; sin embargo, no nos encontró de ninguna manera dispuestos a girar, y se retiró de nuevo. Nuestra división ligera fue destacada esta mañana temprano para tratar de cortar el paso a algunos batallones enemigos que regresaban a través de las montañas hacia Espejo. 

Tumba de Augustus Frazier

La división se encontró con tres batallones cerca de Villa Neuva (¿?), a media legua de Espejo: cargó contra un batallón, tomó unos 200 prisioneros y el equipaje de los otros dos batallones. Ni los detalles de este asunto, ni los del nuestro de hoy, se conocen claramente en este momento, pero escribo por si no tengo otra oportunidad. En efecto, sospechamos que el marqués enviará una relación de su paso por el Ebro. Orduña es nuestra por las operaciones de hoy; nuestro movimiento para mañana no se conoce todavía”.
 
 
Bibliografía:
 
“Cartas de Sir Augustus Simon Frazer, KCB, comandante de la artillería real a caballo durante la Campaña Peninsular y Waterloo”. Publicadas por su esposa.
Historia militar de San Sebastián.
Real Academia de la Historia.
“En vísperas de la Batalla: estrategias y planes operativos”. José Pardo de Santayana. Sobre la batalla de Vitoria.
“Viajeros por Las Merindades”. Ricardo San Martín Vadillo.
“Las Siete Merindades de Castilla Vieja. Valdivielso, Losa y Cuesta Urría”. María del Carmen Arribas Magro.
 
 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Perseguido por “robapán”.

 
La Guerra de la Independencia española, dentro del ciclo de las guerras napoleónicas, propició la aparición de un formato literario que llamaríamos “memorias de soldados” que recogían sus impresiones sobre nuestra primera guerra patria del siglo XIX. Claro que salpimentado con anécdotas y observaciones acerca de las tierras y gentes donde éstos se desarrollaron. Bien es cierto que no son relatos históricos porque, este género tiene su buena cantidad de imprecisiones. Distinguiríamos, por ello, dos tipos de viajeros: los “notariales” que se limitan a dar testimonio de lo que ven o creen haber visto; y los “turistas” que confunden adrede lo que han visto con lo que, consciente o subconscientemente, hubieran deseado ver.

 
Un factor que nos dejan las “memorias de soldados” es las muestras de camaradería entre ellos. Un camarada era un miembro conocido de unidad militar, del batallón, de la sección… Era el elemento básico de solidaridad entre la tropa. Más profundo era el “fellow”, un compañero-amigo, a quien se le podía confiar la vida. La amistad se originaba al cobijo de la vida cotidiana en los campamentos o en las largas y difíciles marchas a través de los caminos y montes de la Península: compartir enseres habituales, raciones de alimentos, compartir el ocio y conversaciones, las guardias y salidas vivaqueras. Y la fidelidad religiosa, en especial católicos británicos, a modo de lazo de defensa mental dentro de sus propias filas.
 
Incidimos en “el reparto de la comida”, donde lo más frecuente en el inicio de una amistad duradera era el reparto voluntario entre hombres de confianza de los alimentos que tenían. Al respecto, las raciones reglamentarias dentro del Ejército Británico eran abundantes, pero poco apetitosas, monótonas y no muy nutritivas. Estaban basadas en grandes cantidades de un tipo de galleta de cereal, combinadas con legumbres y hortalizas. Además, los productos de mejor capacidad nutritiva iban a parar a los hombres de graduación y rango más altos, con las consecuentes derivaciones en cuanto a vigor y capacidad de aguante en lo cotidiano y, posteriormente, en situaciones de combate de la tropa. El rancho fraguaba amistades dado que son múltiples los casos de soldados veteranos ofreciendo algún trozo de pan de centeno, galletas de cereal o incluso trozos de carne a los soldados novatos que no solían preservar bien sus alimentos. También encontramos amistades surgidas en la obtención de alimentos o en la información de localización de huertas o establos. Paralelamente hemos de reseñar que, si bien el Ejército Británico se autoabastecía con sus propias viandas (siendo prácticamente las únicas fuerzas armadas mínimamente eficaces en tal tesitura logística), en cuanto existía escasez entre las tropas la reacción inmediata era doble: la compra y el saqueo, bien de granjas y huertas, bien de poblaciones civiles enteras.

 
Por supuesto, había otros factores que aunaban amistades como el alcohol, el cuidado de los enseres de los compañeros, el compartir guardias de regimiento o batallón mientras los compañeros descansaban -que, además se hacían en pareja-, o el redistribuirse el peso durante las marchas (con casi 45 kilos de macuto a las espaldas, entre provisiones, enseres y munición).
 
Todo esto lo podemos ver reflejado en la traducción de la obra “Portrait of a soldier” del Private Edward Costello, del nonagésimo quinto de Rifles:
 
“Tras algunas escaramuzas y cañoneos (los franceses) prosiguieron su retirada hacia Burgos. A la mañana siguiente nos sobresaltó una tremenda explosión, que en un principio indujo a muchos de nuestros hombres a pensar que se trataba de un terremoto, hasta que comprobamos que se debió a la explosión de una mina, con la que los franceses habían destruido el castillo y algunos de las obras de la localidad de Burgos.

 
El 16 de junio (de 1813) pasamos por el bonito y pequeño pueblo de Medina de Pomar, y acampamos al otro lado de él, cerca de la orilla de un gran río (¿Río Trueba? ¿Río Nela?). En esta marcha sufrimos mucho por la deficiencia de suministros de la comisaría, como raciones que rara vez recibimos. Yo y uno o dos más, con unos pocos centavos, decidimos partir a escondidas, ya que no se nos permitió movernos de nuestro campamento, y comprar pan en un pequeño pueblo que vimos al otro lado del río, que vadeamos sin ser vistos, y entramos en el pueblo. Allí, sin embargo, la alarma de la gente se hizo muy grande ante nuestra aparición, y no queriendo aparentemente tener ningún trato con nosotros, pidieron un precio inmenso por el pan. Irritados por esta conducta y empujados por el hambre, tomamos un pan cada uno y arrojamos el precio habitual en el país. Al ver que estábamos todos totalmente desarmados, porque ni siquiera teníamos nuestras armas individuales (fusil y bayoneta), la gente empezó a protestar contra nosotros y tuvimos que correr por nuestra seguridad. Hicimos esto, llevando los panes con nosotros, hasta que fuimos alcanzados por algunos campesinos de pies ligeros armados con cuchillos y garrotes. Puesto que nuestras vidas estaban en peligro por el pan tan caro obtenido, nuestro grupo recurrió a las piedras para defenderse. "Muerte a los perros ingleses". “Matad a los perros ingleses”, era el grito generalizado de los españoles, mientras blandían sus navajas. Evidentemente, estaban a punto de precipitarse sobre nosotros, por lo que mis propias aventuras personales y las de mis compañeros, con toda probabilidad, se habrían terminado en el acto, cuando varios hombres de los regimientos 43 y 52, pertenecientes a nuestra división, volvían corriendo, como nosotros, tras buscar comida entre los españoles.

 
Apenas habíamos escapado del ataque de los españoles y llegamos a la orilla del río, cuando el general sir Lowry Cole se acercó al galope con parte del estado mayor, que de hecho podría denominarse la policía del ejército. "¡Hola! ustedes, bribones saqueadores de la división ligera, ¡deténganse! " fue la orden del general, mientras se levantaba las gafas que usaba de la sien. Nos quedaba un único recurso, que era zambullirnos en el río, que en esa parte era muy profundo, y cruzar a nado con el pan entre los dientes. Nos lanzamos de inmediato, cuando Sir Lowry, en un tono agitado, que honraba su corazón, gritó: “¡Vuelvan a la orilla, hombres, por el amor de Dios, se ahogarán! Vuelvan y no les castigaré ". Pero los temores del general eran innecesarios; pronto salimos en el otro lado.
 
Al llegar a nuestro campamento nos encontramos con que habían pasado lista varias veces y que nos habían puesto “ausentes sin permiso”; pero tuvimos la suerte de escapar con una leve reprimenda.
 
No puedo dejar de hacer aquí algunas observaciones con referencia a los hombres que componían nuestro batallón en la Península. El lector podrá imaginarse que aquellos hombres, que tenían la costumbre de buscar comida después de un día de marcha, no eran más que soldados indiferentes. Permítame, con algunas pretensiones del nombre de un veterano, corregir este error e informar al lector, que estos fueron los mismos hombres cuya valentía y atrevimiento en el campo excedieron con creces los méritos de sus camaradas más tranquilos en el cuartel.

 
Se podría decir que nuestros hombres, durante la guerra, se componían de tres clases. Uno era celoso y valiente hasta la devoción absoluta, pero que, además de sus "deberes de lucha", consideraba como un derecho una pequeña indulgencia; la otra clase apenas cumplía con su deber cuando estaba bajo la mirada de su superior; mientras que el tercero, y me alegra decirlo, el más pequeño con mucho, eran merodeadores y cobardes, su excusa era la debilidad por falta de raciones; se arrastraban hacia la parte trasera y rara vez se les veía hasta después de que se había librado una batalla…”
 
Vale, ya hemos visto lo que hace este muchacho hambriento en Medina de Pomar. Pero, ¿Quién es este soldado? Es Edward Costello, del nonagésimo quinto regimiento de rifles del ejército británico, nació en Mountmellick (Irlanda) en 1788, se unió a la Milicia de la Ciudad de Dublín en 1805 y al primer batallón del regimiento comentado en 1808, con veintiún años, mientras era zapatero. Su batallón se embarcó en mayo de 1809 rumbo a la Península Ibérica. Su compañía estaba al mando de Pete O'Hare, el capitán principal del primer Batallón, por lo que pronto estuvo en la lucha. En marzo de 1810 participó en la escaramuza de Barba del Puerco, donde cuarenta y tres soldados del nonagésimo quinto mantuvieron a 600 infantes ligeros franceses durante media hora antes de ser reforzados. Fue herido en la Acción del Río Coa en julio del mismo año.

 
En 1812 sobrevivió al asalto de Ciudad Rodrigo y Badajoz y fue galardonado con la medalla de regimiento "Esperanza Desamparada". Al final de la guerra, debió haber estado con el 2/95 o el 3/95, ya que el 1/95 -el suyo- no estuvo presente en la Batalla de Orthez. Recibió la Medalla de Servicio General Militar con 11 broches: Busaco, Septiembre 1810; Fuentes d'Onor, Mayo 1811; Ciudad Rodrigo, Enero 1812; Badajoz, Abril 1812; Salamanca, Julio 1812; Vitoria, Junio 1813; Pirineos, Julio 1813; Nivelle, Noviembre 1813; Nive, Diciembre 1813; Orthes, Febrero 1814; Toulouse, Abril 1814.
 
También estuvo en la campaña de Waterloo de 1815. En la Batalla de Quatre Bras estaba en el acto de apuntar a unos escaramuzadores franceses cuando una bola golpeó su dedo en el gatillo, arrancándolo y girando el gatillo a un lado. Su batallón perdió más hombres el 16 de junio que el 18 de junio en la batalla de Waterloo. Regresó con su batallón a Waterloo y luego continuó hacia Bruselas, donde finalmente le curaron la herida.

 
El 26 de mayo, Costello fue ascendido a cabo, rango que mantuvo hasta su baja del ejército en 1819. Se reenganchó en 1836, cuando se alistó como voluntario, a los 47 años, en la Legión Auxiliar Británica de la Reina Isabel II, combatiendo en la Primera Guerra Carlista. Fue nombrado teniente y reclutó a 500 veteranos de la Guerra de Independencia como regimiento de fusileros del séptimo de Infantería Ligera. Una vez en España, fue ascendido a Capitán. A los pocos meses de su llegada a España volvió a ser herido e, inválido, retornó a Inglaterra. Por este servicio fue galardonado con la medalla de la Legión Británica en España 1835-1836. Dos años más tarde obtuvo un puesto como Yeoman Warder en la Torre de Londres -el conocido Beefeater-, cargo que ocupó hasta su muerte en 1869 a la edad de 84 años.
 
La autobiografía de Edward Costello se encuentra entre las mejores escritas por la tropa. “Adventure of a Soldier” se publicó en 1841, pero una gran parte, compuesta poco después de su regreso de la Guerra Carlista, apareció por primera vez en forma serializada en el United Service Journal de Colbourn de 1839-1840 como las Memorias de Edward Costello. Una segunda edición del libro se publicó en 1852.

 
El regimiento donde luchó Edward, el nonagésimo quinto de rifles, era una unidad de las que hoy llamaríamos “de élite” que vestía un característico uniforme verde oscuro adornado con cuero negro, alejado de las tradicionales casacas rojas inglesas. Costello comentó que “me encantó la apariencia elegante de los hombres con su uniforme verde”. Claro que esta peculiaridad en sus colores los llevaba a recibir “fuego amigo”. Pero lo que destacaba de este regimiento no era su uniforme -un primer intento de camuflaje- sino su entrenamiento, tácticas y dirección. Fue la plasmación de la experiencia de las guerras americanas (Guerra Francesa, Guerra de los Siete Años y la Revuelta de sus colonias americanas) donde las tácticas de sigilo, puntería y formaciones abiertas tenían mucho peso en la guerra.
 
Actuando sobre esta experiencia y recibiendo la aprobación del duque de York (el jefe del ejército británico), el coronel Coote Manningham estableció un “Cuerpo Experimental de Fusileros” en 1800 en Horsham Camp, Inglaterra. Este regimiento se formó tomando tropas de los otros regimientos del ejército. Más tarde, este método fue reemplazado por el método tradicional de reclutamiento en las tabernas. En la Guerra de Independencia la misión de esta unidad fue enfrentarse a los escaramuzadores franceses y evitar que estos se enfrentaran a las líneas británicas. Armados con el rifle corto calibre 62 Baker, con miras para 90 a 250 metros y más precisión que los tiradores franceses armados con fusiles. Como los franceses, los soldados de este regimiento tenían la misión de eliminar en las batallas a los oficiales franceses, suboficiales, tambores (que estaban acostumbrados a transmitir órdenes) y artilleros. Los fusileros formaban una pantalla frente a los campamentos del ejército para detectar ataques sorpresa. Los fusileros fueron entrenados para disparar detrás de la cubierta en posiciones de pie, de rodillas, boca arriba y boca abajo. Sin embargo, la velocidad de disparo de un rifle era de un disparo por minuto frente a los tres disparos por minuto de un mosquete. La razón de la recarga lenta fue que los fusileros usaban una bola parcheada que tenía que ser golpeada por el orificio para asegurar que el proyectil encajara firmemente en el cañón.

 
Sin olvidar la bayoneta de 59 centímetros de largo que estaba fijada al costado de la boca del arma. La longitud de la bayoneta se utilizó para compensar la longitud más corta del rifle. El peso de la bayoneta de la espada hizo que el rifle fuera pesado en la boca y afectó la puntería del arma. El uso práctico de la bayoneta era cortar leña, trinchar carne y limpiar la maleza para acampar. El fusilero tenía una caja de cartuchos para llevar 52 cartuchos, una bolsa de bolas para 30 bolas sueltas, un cuerno de pólvora para contener la pólvora finamente molida, morral (bolsa de pan), cantimplora y mochila. La mochila británica resultó tan incómoda durante la marcha que los fusileros buscaron las mochilas francesas y las utilizaron siempre que fue posible.
 
Con todo esto pueden hacerse una composición clara de lo que fue Edward Costello y su bagaje cuando salía corriendo de Medina de Pomar hacia la vega escapando de los enfadados habitantes del lugar.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Memorias de guerra y crónicas de viajeros, dos visiones de la Guerra de la Independencia y de Andalucía”. Marion Reder Gadow y Pedro Luis Pérez Frías.
“Los Hombres de Wellington: “Amigos en el Averno”. La amistad, conjunto emocional de supervivencia entre las tropas británicas. España y Portugal, 1808-1813”. José Gregorio Cayuela Fernández.
“Viajeros por Las Merindades”. Ricardo San Martín Vadillo.
“Portrait of a soldier”. Private Edward Costello, 95th Rifles.