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domingo, 27 de septiembre de 2026

La Guardia Civil llega a La Vilga.

 
 
El despliegue de la Guardia Civil en la provincia de Burgos empezó en 1854, diez años después de su creación. La distribución de las comisarías fue paralela a las principales vías de comunicación: carretera Madrid-Irún; carretera de Valladolid; el camino de Santander; Bilbao a través del Valle de Mena; el eje Soria-Valladolid; y la carretera de León. Además, las cabeceras de los partidos judiciales, principalmente Sedano, Villadiego, Castrojeriz, Rosa, Salas de los Infantes y Medina de Pomar (cuando el partido judicial estuvo en esta ciudad).
 
Por su escasa población, La Vilga era custodiada por el cuartel de la Guardia Civil de Soncillo y el puesto de Cilleruelo de Bezana. Y, por si esto no era suficiente, el ferrocarril de La Robla podía acercar rápidamente más números de la Benemérita. Esto último, traducido para aquellos que no sean españoles, significa que podían acercar agentes (números) de la Guardia Civil (Benemérita). Todo fácil y sencillo para una zona rural. El problema es que el equilibrio se rompió cuando en La Vilga, en Arija, se instaló la “Cristalera Española” en 1906. Esta empresa construirá un pueblo junto a la fábrica a lo largo de veinte años. Para la construcción de la fábrica llegaron casi 500 trabajadores, que vivían hacinados en las pocas viviendas existentes en Arija y en los pueblos limítrofes.

 
Esos primeros años las edificaciones, calles y avenidas, y la delimitación de las fincas con estacas y alambres, recuerdan a los pueblos del oeste americano. Por primera vez había trabajadores, muchos trabajadores, que no trabajan para complementar sus ingresos agrícolas, sino que ser obreros era su única actividad. También vinieron numerosos emprendedores que instalaron sus comercios y locales en los terrenos aledaños a la fábrica. La industrialización llevó la población local desde unos treinta y nueve vecinos, todos habitantes del barrio de arriba, hasta unos cuatro mil habitantes si asumimos que había mil empleados según épocas, más o menos. La fábrica construyó casas de distintas categorías para los diferentes empleados (director, ingeniero jefe, jefes de departamento, encargados, administrativos, obreros, y finalmente jubilados), capilla, casa de Correos, cooperativa obrera, escuelas, cuartel de la Guardia Civil -nuestro protagonista-, estación de ferrocarril, plaza y quiosco de la música, y campos deportivos para fútbol y tenis. Se creaba así un mundo, una ciudad pequeña, en la que abundaban el dinero, los transeúntes e, inevitablemente, los conflictos.
 
Así, en mayo de 1906, a poco de comenzar las obras, el ayuntamiento solicitara la instalación de una casa cuartel. El alcalde de Alfoz de Santa Gadea, municipio al que pertenecía Arija, escribe el 30 de mayo de 1906 al ministro de la Gobernación:
 
“Excmo. Señor.
 
Don Cipriano herbosa alcalde Constitucional de Arija (provincia de Burgos) a V. E. respetuosamente expone: Que con motivo de haberse establecido en el término municipal de este pueblo una fábrica titulada “Cristalería Española” que da ocupación a obreros, hoy en la construcción de los edificios y mañana en el trabajo manual de la grande industria que representa la fabricación de lunas de cristal plano en todos los derivados, se hace indispensable para garantizar el buen orden del trabajo, y para atender a eventualidades relacionadas con el orden público, se cuente en un momento determinando con el auxilio de la Guardia Civil”.

 
La petición era avalada por Basilio Paraíso, propietario de la fábrica de espejos “La veneciana” de Zaragoza, y uno de los accionistas de “Cristalería Española”. Basilio era un político regeneracionista que había sido diputado unos años antes. Una nota interna del ministerio de la Gobernación fechada el 7 de junio de 1906 dice: “Don Basilio Paraíso recomienda que se establezca un puesto de la Guardia Civil en Arija (Burgos)”. También “Cristalería Española” envió un escrito al director general de la Guardia Civil. Lo acompañaron con el plano del “Proyecto de un edificio para el Puesto de la Guardia Civil en Arija” que era una casa de nueva planta con seis viviendas que la empresa ofrecía gratuitamente para casa-cuartel:
 
“Don Arsenio Brachotte, director Gerente de la sociedad anónima “Cristalería Española” hace constar, que, aunque en la instancia que el señor alcalde del pueblo de Arija (provincia de Burgos) hace al Excmo. señor ministro de la Gobernación solicitando puesto en Arija ofreciendo casa gratuita, esta se hará a costa de la sociedad según ofrecimiento hecho en carta particular al ayuntamiento; por lo que, para evitar entorpecimientos al valerse de intermediarios ofrece la sociedad directamente al Excmo. señor director General del Cuerpo de la Guardia Civil construir una casa de nueva planta según el plano adjunto, a reserva de aceptar si conviene las modificaciones que juzguen convenientes en el plano y cuya casa se empezará a construir tan pronto haya seguridad de que se establece el puesto, y una vez empezada, se procurará terminarla en el más breve plazo posible. Arija 25 de junio de 1906”.
 
Con todos estos apoyos que hacen cierto el refrán de que “quien tiene padrinos se casa”, la petición es rápidamente informada por el coronel subinspector de Burgos (9 de julio de 1906), y por la dirección General de la Guardia Civil (13 de julio). El documento remitido al ministro de la Gobernación sobre la petición del ayuntamiento es elocuente:
 
“Excmo. señor ministro de Gobernación: Pasada a informe del Coronel subinspector del décimo segundo tercio la instalación promovida por el ayuntamiento de Arija (sic) en la provincia de Burgos en solicitud de un puesto de este instituto lo emite manifestando que efectivamente en aquella localidad se construye una fábrica por la sociedad “Cristalería Española” que da ocupación a 380 obreros y que en el mes corriente se elevarán a 500, siendo en una mayoría del país, pero dada la proximidad a Bilbao por el ferrocarril de La Robla, la mayor parte han trabajado en dicho punto en donde se han avezado a la lucha con los patronos e infiltrado en teorías socialistas, razón por la que con frecuencia se declaran en huelga como lo prueba que en la actualidad existen en tal situación 180 obreros, habiendo ocurrido tres principios de huelga que terminaron por la pronta cesión de los encargados a las exigencias de aquellos; que una vez terminada la obra quedarán para funcionamiento de la fábrica de 250 a 300 obreros resultando difícil la cooperación de la fuerza en los primeros momentos pues el puesto más cercano dista 8 kilómetros y tiene a su vigilancia 27 pueblos en el que las exigencias del servicio hacen muchas veces imposible el auxilio que es requerido con frecuencia por el temor que abrigan los encargados de que se cumplan las amenazas que vagamente dan a entender los obreros: Que la situación topográfica de dicho Arija es a un extremo de la demarcación del puesto de Cilleruelo de Bezana y de la provincia distante tan solo dos kilómetros del primer pueblo de Santander, y que el director de la fábrica caso de establecerse el puesto construiría por su cuenta cediéndola gratis una casa para alojamiento de la fuerza según instancia y plano adjunto.

 
Por las razones apuntadas considera el indicado Coronel de acuerdo con el Jefe de la Comandancia que será muy conveniente el establecimiento del puesto que se pretende siempre que se aumente la fuerza de la Comandancia pues con la que hoy tiene asignada no es posible llevarlo a cabo por carecer de personal para ello y porque además se resentiría el servicio si se entresacase de otros el que hubiese de constituirlo, esto sin embargo de que el Gobernador Civil ha manifestado no encuentra inconveniente alguno en su instalación con la cual se garantizaría el orden y seguridad de las familias y obreros establecidos en el repetido punto.
 
En su consecuencia y de conformidad con el Coronel y primer Jefe citados tengo el honor de participarlo a V. E. cumpliendo lo adecuado en la R. O. de ese ministerio fecha 11 de junio próximo pasado y con devolución de las instancias y plano a la misma se acompañaban para la resolución que en su vista se digne estimar procedente.
 
Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid 13 de julio de 1906. Joaquín Sánchez Gómez”.

 
Solo era cuestión de tiempo que la petición del ayuntamiento de Alfoz de Santa Gadea -que no de Arija- y “Cristalería Española” fuera aprobada por el instituto armado. Esto se produce el 30 marzo de 1907, después de consultar al gobernador civil de Burgos para que confirmase que su creación no era contraria a “interés político alguno”. Aunque será en mayo o junio de 1908 cuando comience la actividad del puesto de la Guardia Civil en Arija.
 
¡Y tenía trabajo! No solo en asuntos de accidentes laborales o huelgas si no, también, en los clásicos asuntos contenidos por el Código Penal, que son los “interesantes” para la Guardia Civil. Sólo hay que rastrear un poco por las hemerotecas…
 
“Ha sido puesto a disposición del juzgado de Alfoz de Santa Gadea el peón de la fábrica de Arija Juan Pérez Peña, natural de Bustasur (Santander), que en la tarde del 20 del actual causó con un palo una herida leve en la sien derecha a su compañero de trabajo Herminio Pérez García, natural de Oviedo”. (27 de noviembre de 1906).
 
“Sobre las once de la noche del 24 del actual fue muerto a puñaladas en el pueblo de Arija, el vecino de Reinosa Servando Palacios, por los jóvenes Críspulo García Recio, natural de la provincia de Palencia, y Máximo Muño Ruiz, de Cañedo (Santander). Como cómplices fueron detenidos Mariano Carrera y José Carrera García, todos ellos trabajadores de la fábrica de Arija”. (28 de marzo de 1907). El 24 de marzo de 1908 se celebraba, en sedano, el juicio condenando a Críspulo a 13 años de reclusión y 2.000 pesetas de indemnización.

 
“La Guardia Civil de Cilleruelo de Bezana ha detenido a los hermanos Nicanor y Demetrio Callejo Puente, vecinos de Bentosur (Santander), por haber promovido un fuerte escándalo y amenazado de muerte a varios individuos en Arija”. (15 de noviembre de 1907).
 
“Leocadio García Pérez y su hijo Rafael, vecinos de Arija, fueron detenidos el día 4 del actual, por haber inferido con una botella varias lesiones en la cabeza, que fueron calificadas de pronóstico reservado, al vecino de Soncillo Domingo Bustamante y al de la fábrica de Arija, Bernabé Bustamante”. (7 de enero de 1908).
 
El 18 de abril de 1908 nuestro conocido Demetrio Callejo Puente fue detenido por disparar un arma de fuego, sin consecuencias. Sin consecuencias salvo que lo detuvieron, claro.
 
“En el pueblo de Arija fue herido el día 24 del corriente por dos trabajadores de una obra en construcción, Augusto Vandeput, de nacionalidad francesa, a quien produjeron dos heridas con un palo en la cabeza. Los agresores, llamados Mariano Rodrigo y Pedro Espeso, han sido detenidos”. (27 de mayo de 1908).
 
“Ha sido detenido Rufino Álvarez Corzo, de 13 años, natural de Oviedo y residente en el caserío de la fábrica “Cristalería Española”, de Arija, presunto autor del robo con fractura de 25 pesetas, en la morada de José Ruiz, residente en el mismo caserío”. (6 de julio de 1908).
 
“Han sido detenidos, a las diez de la noche del día 4 del actual, por la Guardia Civil de Arija, José y Marcos García, vecinos de Santa Gadea, autores del maltrato de palabra y obras a su convecino Eusebio Pérez, en la tarde del mismo día”. (7 de agosto de 1908).

 
Hay un plano de la primera planta de la casa cuartel fechado el 28 de junio de 1908 que modifica el proyecto anterior -de 1906-, cambiando la distribución del edificio, e incorporando una escalera interior, más adecuada para el clima de Arija que la prevista inicialmente. También se reduce el número de viviendas:
 
“El Jefe de la Línea de Espinosa de los Monteros autorizado para representar al estado en este acto y don Cipriano herbosa Fuentehodra, alcalde presidente del ayuntamiento de Santa Gadea en representación del mismo, y don Antonino André mayor de edad, con la capacidad legal necesaria para obligarse, vecino de Arija. Declara el segundo que el municipio ha adoptado en legal forma el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito y en las condiciones que el servicio exija a la fuerza de la Guardia Civil del puesto de Arija durante todo el tiempo que exista establecido y que en cumplimiento de dicho acuerdo ha convenido con don Antonino André subdirector de la fábrica, que en este pueblo tiene establecida la sociedad de “Cristalería Española” el arriendo del edificio propiedad de la mencionada sociedad sita junto a la estación para que lo ocupe gratuitamente todo el tiempo que exista establecido, con la distribución y dependencias de que conste y que son: en la planta baja sala de armas, patio o corral donde existen cinco leñeras y dos retretes, además hay dos habitaciones para Guardias casados, la una compuesta de dos habitaciones cocina y despensa, y la otra con tres habitaciones cocina y despensa, en el piso principal existen igualmente tres habitaciones compuestas de las mismas dependencias y en el segundo el desván hallándose corrientes y en perfecto estado las puertas y ventanas y sus cerraduras y cristales.
 
El expresado don Antonino como subdirector y representante de la sociedad Cristalería española acepta las anteriores condiciones y se obliga a ejecutar en el edificio un blanqueo interior y exterior cada año en los meses de abril o mayo y a la limpieza de los pozos negro siempre que sea preciso, y a proporcionar otro edificio si el reseñado dejara de reunir las condiciones necesarias en cuyo caso quedará nulo el presente contrato, así como si se suprimiese el puesto del instituto sin derecho la Compañía a reclamación alguna; y el Jefe de la Línea acepta la cesión que en los términos expresados hace el ayuntamiento, con la salvedad de que el estado no contrae obligación ninguna, firmando los tres otorgantes el presente documento a presencia de dos testigos en Arija a los quince días del mes de mayo de mil novecientos ocho”.

 
La apertura de la casa cuartel no erradicó el crimen en Arija -¡faltaría más!- y las acciones de la Guardia Civil siguió proporcionando noticias en prensa:
 
“Han sido detenidos por la Guardia Civil del puesto de Arija, los vecinos de Santa Gadea Francisco, Severiano y Domingo García Fernández y Santiago Fernández Alonso, presuntos autores de las heridas causadas a Felipe Ruiz Sainz, residente en san Vicente Villamerán. El hecho ocurrió en la tarde del 12 del actual”. (21 de octubre de 1908).
 
“La Guardia Civil de Arija da cuenta de que en la tarde del 26 del actual apareció en la poza-lavadero del pueblo de Quintanilla el cadáver de Luisa Saiz y Saiz de 40 años, viuda. Las gestiones practicadas por la benemérita para esclarecer este hecho, dieron por resultado el averiguar que por cuestión de celos riñeron la interfecta y Bernabela Ruiz Diez, de 42 años, casada, tirándola esta a la poza, y penetrando la Bernabela en el agua, sumergió a Luisa hasta ahogarla. Después de cometido el crimen huyó en dirección a Sedano, en cuyo punto parece ser tenía el propósito de presentarse al juez, cuando fue aprehendida por la Guardia Civil en la demarcación de Cilleruelo”. (27 de octubre de 1908).
 
“Ha sido detenido por la Guardia Civil de Arija, Anacleto Setién, de 35 años, vecino de Bimón (Santander), autor del robo de una cabra, sustraída el 22 del pasado diciembre a Celso Pérez, capataz de la línea férrea de La Robla a Valmaseda”. (2 de enero de 1909).

 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a Pantaleón Gallo, vecino de Población de Abajo (Santander), cuyo sujeto se hallaba reclamado por el juzgado de Reinosa”. (24 de marzo de 1909).
 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a los vecinos de Santa Gadea Eladio Fernández y Luis Pérez, cuyos sujetos apedrearon la casa del médico don Carlos Martínez, rompiendo los cristales de ventanas y balcones y causando desperfectos en el edificio”. (29 de marzo de 1909).
 
Y podríamos seguir hasta el cierre de la fábrica, pero con los que adjuntamos nos hacemos a la idea del trabajo fino que hacía la benemérita y lo necesario que era el puesto de Arija. Sobre todo, si tenemos en cuenta las huelgas de 1909 y 1916. Así, el 7 de julio de 1909, el periódico “La Correspondencia de España” publicaba: “Burgos, martes tarde. Ha regresado el gobernador, procedente de Arija, donde se había declarado una huelga de 269 obreros en una fábrica de lunas. Pedían aumento de jornal, que no les fue concedido por habérseles aumentado el descanso. El conflicto quedó resuelto. Han entrado al trabajo 250 obreros. El teniente coronel de la Guardia Civil quedó en Arija por si el resto de los obreros tratase de hacer algo”.
 
En 1916, con más de 700 obreros en la cristalera, el conjunto de los salarios superaba el millón de pesetas al año. Esto significaba un jornal medio por empleado de entre 3 y 4 pesetas al día, unas 100 pesetas al mes. La nueva fábrica, ¡y sus sueldos!, llevaban diez años atrayendo mano de obra de toda la comarca, y de zonas más alejadas de Palencia, Burgos y la provincia de Santander. Y, a pesar de ello, ese año hubo una nueva huelga en la “Cristalería Española”. En esta segunda huelga general, de casi dos meses, en la que llegaron a apagarse los hornos, quedó cuestionada la permanencia de la fábrica en Arija. Sepan que las condiciones de trabajo eran bastante duras: jornadas de casi doce horas.

Foto cortesía de Luis Ángel Martín Merino
 
El 29 de abril de 1928 se celebra el acto de constitución del ayuntamiento de Arija. La “tarjeta de estadística” del puesto de la Guardia Civil de Arija, de ese mismo año refleja que la población es ya de 1.800 habitantes. Aunque la población había crecido considerablemente con el desarrollo de la fábrica, la dotación del puesto era casi la misma que la que se estableció en 1908.
 
La proclamación de la república en 1931 enciende la mecha en el polvorín de Arija. Los trabajadores de la fábrica eran mayoritariamente del bloque republicano de izquierdas, y los comerciantes y empresarios estaban afiliados a partidos católicos y de derechas. Los resultados de las elecciones publicados en Diario de Burgos el 7 de julio de 1931 reflejan la desproporción entre ambos bloques. Teniendo en cuenta que cada elector masculino podía votar por seis candidatos, habrían votado a las derechas unos 80 varones, y a las izquierdas del orden de 368 hombres.
 
El intento de golpe de estado de izquierdas de octubre de 1934 que solo triunfó en Asturias también salpicó en Arija. Jesús Sainz Hierro es apuñalado en La Vilga, en el callejón de estanco (detrás de la cooperativa) el 7 de octubre de 1934. Falleció en Burgos diez días después. Se le considera como el primer muerto de Falange Española.

 
A los seis meses de este suceso, en abril de 1935, salta una reyerta a la salida de una taberna que termina con las vidas de Manuel Villapún, presidente de la Casa del pueblo, y de Félix Zamanillo, conserje de la misma. Manuel había sido el primer alcalde republicano de Arija, desde el 14 de abril de 1931 hasta noviembre de 1933, fecha en la que fue destituido por el gobernador civil de Burgos, que envió para ello a Arija un destacamento de la Guardia de Asalto.
 
Estos acontecimientos producen una gran alarma en la población. La empresa “Cristalería española”, el ayuntamiento gobernado por la derecha desde el 23 de julio de 1934, y el gobernador civil piden más agentes de la ley. Un informe del primer Jefe de la Guardia Civil, de 2 de junio de 1935, habla de ello:
 
“Llegado a conocimiento del Jefe que suscribe que el Director Gerente de la fábrica “Cristalería Española” con residencia en Arija, de esta provincia, se halla dispuesto a ejecutar las obras necesarias de ampliación en la Casa-cuartel que ocupa la fuerza del Instituto allí establecida, dirigí con tal motivo escrito al citado señor para venir en consecuencia de la forma que se había de sufragar el importe de tales gastos y obras, cuyo mentado señor en carta de fecha 29 del próximo mes pasado, manifiesta que el Consejo de administración le ha autorizado para efectuar las obras necesarias en la Casa-cuartel referida consistentes en dejarla en condiciones para habitar en ella diez guardias casados y cinco solteros.
 
El presupuesto de los trabajos en cuestión se eleva a la cifra de 43.000 pesetas, de las que la Sociedad contribuirá con un 60 por ciento o sean 25.800 pesetas, esperando que el Estado aporte el resto del 40 por ciento o sea 17.200 pesetas; terminadas las obras e instalada la fuerza el Estado deberá contribuir con una renta mensual por alquiler de la totalidad de la finca de 300,00 pesetas.

 
En la actualidad el puesto de Arija tiene dotación de siete individuos, si bien hasta la fecha sólo consta de una clase y cuatro Guardias; las obras a ejecutar son para dejar dicha Casa-cuartel en inmejorables condiciones de habitabilidad y defensa para un total de fuerza de quince hombres. Dada la situación político-social, tirantez de relaciones, rencillas y enemistades que existen entre ambos partidos y la frecuencia que en el mismo se suscitan conflictos de varias naturalezas, hace preciso que constantemente en él haya que mantener por término medio una o dos parejas concentradas lo que lleva consigo el gasto correspondiente para el Estado. Por lo que afecta a pluses de concentración, razones por las que el jefe que informa de acuerdo en un todo con el Excmo. Señor Gobernador Civil de la provincia, considera sería de gran utilidad y ventaja para el bien del servicio llevar a cabo las obras que proponen”.
 
Finalmente, la empresa se compromete a “realizar las obras de ampliación del actual Cuartel en la forma propuesta y conocida y completamente a su cargo”, renunciando también al alquiler. En cualquier caso, los conflictos entre bandos políticos en Arija continúan produciéndose, como queda reflejado en la prensa. esta noticia aparece publicada en “La vanguardia”, el jueves 24 de octubre de 1935:
 
“José Calle Abad, herido de gravedad. Colisión entre afiliados socialistas y fascistas. Un herido grave (Burgos, 23 de octubre de 1935). Por cuestiones políticas, bastante enconadas desde hace tiempo, entre elementos socialistas y fascistas del pueblo de Arija, se originó anoche, a la puerta de una taberna, una reyerta entre jóvenes de ambos bandos, saliendo a relucir armas blancas. A consecuencia de la riña, resultó herido de gravedad, con siete puñaladas en distintas partes del cuerpo, José Calle Abad, de 22 años. Los agresores, Guillermo Madrigal, de 21 años, y Florencio Cetino, de 19, huyeron después de cometido el hecho, perseguidos por la Benemérita y lograron desaparecer amparados por la oscuridad y por una tempestad de nieve. Como se recordará, en un año han muerto un fascista y dos socialistas en ésta”.

 
La fábrica de Arija cerró sus puertas en 1952, trasladando sus instalaciones a Avilés. Todos los edificios que levantó Cristalería Española fueron vendidos a la empresa “Arenas de Arija”, incluidos algunos del pueblo. Esta empresa era propiedad de la familia Delclaux, que explotaban la cantera de arena para utilizar esta materia prima en su fábrica de vidrio de Llodio. Algunas viviendas fueron adquiridas por particulares, como primera o segunda residencia.
 
El cuartel de la Guardia Civil se mantuvo operativo unos cuantos años más. En los años 1970 se cerró y el edificio fue adquirido por particulares, siendo reacondicionado para viviendas. Se eliminaron elementos característicos, como las almenas que remataban las esquinas del edificio en la última planta, techando la terraza. Este es el uso que sigue manteniendo hoy en día.
 
 
 
Bibliografía:
 
Periódico “Diario de Burgos”.
“Una casa cuartel de la Guardia Civil para una ciudad fábrica”. Josu Aramberri.
“La Guardia Civil en Burgos a través de la fotografía histórica”. Carlos Alfonso Chamorro Rodríguez y otros.
Periódico “La Vanguardia”.

domingo, 3 de mayo de 2026

¿De dónde viene tu nombre, Oña?

 
 
Son curiosas las palabras. ¿Qué nos lleva a llamar algo con un fonema o con dos? ¡A saber! Pero en nuestro entorno y dentro de Las Merindades hay nombres de este estilo: río Oja -en La Rioja-, río Oca -en Burgos- o nuestra protagonista: el pueblo de Oña. Esta población es conocida gracias al conde de Castilla Sancho García y de su esposa Urraca al decidir fundar un monasterio donde situar, como abadesa, a su hija Tigridia. Era el año 1011. Pero, ¿había una población allí antes de ese momento o fue fundada exnovo?

 
Lo digo porque, aunque la zona de Oña estaba apartada de la “vía aquitana” que comunicaba Astorga con el suroeste de la Galia y pasaba por Virovesca (Briviesca), teníamos cerca Salionca (Poza de la Sal). Oña, así, era paso obligado para, a lo largo del valle del río Vesga, llevar la sal hasta el Ebro y por el desfiladero de La Horadada a Trespaderne y la costa. En el desfiladero hay restos tardoromanos o visigodos (fortaleza de Tedeja) que podrían suponer un punto de control de época romana en esa vía. Carecemos de información sobre Oña hasta el siglo IX, en que los documentos conservados en las colecciones monásticas aportan algún dato. Pero es en el siglo X cuando la información se vuelve algo más densa y permite mayores precisiones.
 
Hay un documento de 967 que menciona el lugar de Sorroyo por referencia a un alfoz de Oña: “Imprimis trado memetipsa cum corpus simul et anima, deinde in alfoce de Onie uilla que uocitant Arroio de Sancti Fructuosi cum integritate”. Aunque se trata de una única cita, el texto apoya la idea de que a mediados del siglo X existía un distrito territorial cuyo centro era la villa de Oña. La cosa cambia con su elección como sede monástica al desgajar jurisdiccionalmente Oña del territorio circundante. A lo largo del siglo XI, el distrito se llamará Petralata, por su fortaleza principal, que se cita repetidamente en el período de ocupación navarra. Oña debió ser un pueblo pequeño, en una tierra accidentada y rodeado por otros similares como Penches o Tamayo. No se han hallado referencias a un monasterio en Oña entre los documentos conservados anteriores a 1011 y, de haber existido tales textos antes de la desamortización, los eruditos de época moderna se hubieran referido a ello. Seguro.

 
Retomemos el documento del año 967, donde se recogía el topónimo Oña, y la existencia de una villa de ese nombre. Bueno, eso de que “se recogía el topónimo Oña” diríamos que lo hace de forma “diversa”. La evolución del latín y la pronunciación de sus fonemas afectó a la forma en que escribían las palabras. Sobre todo, sin reglas ortográficas claras. En los documentos de compraventa de las tierras para el monasterio de Oña se observan ya formas diferentes como Honia, Onia, Onna, Onie, en el año 1011. Ongia y Hongea en el 1045; Onga, en el 1099; Unia, en el año 1103; y Onnia, 1148. Hay otras variantes como Honya u Hongia, pero la que se consolida en la lengua romance es Onna, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIII.
 
Pero, ¿de dónde procede el nombre? ¿Qué significa? La primera explicación la tenemos que buscar en Espinosa de los Monteros y en la leyenda de la Condesa Traidora. La Crónica Najerense (hacia 1160), que relata la historia, dice que el monasterio lo fundó el conde Sancho, donde fue enterrado: “Sepultus apud Onie monasterium, quod fecerat". En 1243, la “Historia de Rebus Hispaniae” del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, cuenta: "Tandem comes Sancius contriti cordis penitencia stimulatus, construxit monasterium ualde nobile quod Oniam nominavit, eo quod matrem uiuentem Mioniam more Hispanico appellabat". Hay una alusión a una tal Mionia, madre de Sancho García conde de Castilla que fue fundador del monasterio, como origen del nombre Oña. Pero no es hasta la “Primera Crónica General de España”, de Alfonso X (hacia 1290), cuando se extiende la leyenda de la condesa traidora asociada al nacimiento del topónimo. Dice la leyenda que la condesa, para entregar el señorío a Almanzor, y tras deshacerse con artimañas de su marido, quiso envenenar a su hijo, pero éste la obligó a beber primero del vaso que le ofrecía: “Et ella con aquel miedo, beuio el uino, et cayo luego muerta. Empos esto el conde don Sancho, con pesar et crebanto por que matara a su madre de aquella guisa, fizo por ende un monesterio muy noble, et pusol nombre Onna por del nombre de su madre […]” Argumentaban que la razón del nombre era que, en Castilla, llamaban Mioña a las señoras y que la condesa Sancha era tenida por señora en todo el condado de Castilla. Por ello, el conde quitó de ese apelativo el “mi” quedando como nombre del monasterio Oña.

 
En el siglo XV otras crónicas hacen referencia a esta historia. Mosén Diego de Valera dice en su “Crónica abreviada de España” que “et ovo este porque en aquel tiempo por madre dezían Oña”. En “Las bienandanzas e fortunas”, de Lope García de Salazar, se explica que: “E por el nonbre de aquella mala doña Sancha ovo nonbre aquel monesterio de doña Sancha, e por tienpo dexose el de Sancha e quedose el de doña, e así se llamó e llama Oña”. Vamos, una deformación de “doña” donde se perdía la “D”.
 
Aparte de que la leyenda es ficción el nombre de la esposa del conde Garci Fernández se llamaba Aba, nombre que fue cambiado equivocadamente por Oña en una traducción al romance de una escritura otorgada por el hijo de Fernán González. Además, ya hemos visto que Oña es un nombre que aparece antes de la fundación del monasterio.

 
Gregorio de Argáiz escribe, en 1675, que el topónimo Oña deriva del nombre de un prefecto romano llamado Publio Petronio, que estuvo en la zona durante la guerra con los cántabros: “[...] Aunque los tres emperadores, Julio Cesar, Octaviano, y Galba, estuvieron en España, y los tres passearon a las Provincias de Rioja y Bureba: el que más cierto es que dio nombre a este Valle y Villa de Oña, fue Publio Petronio, el Prefecto de Augusto Cesar, que viniendo de la guerra de Cantabria, entró por la Bureba, y por el dificultoso Valle de Oña (cuya entrada por los lugares de Pino, y de Castellanos, estava defendida de los Cántabros) y lo ganó con grande valor, porque subió por las espaldas de la Sierra, que llaman hoy la Mesa del Abad de Oña […]. Lo mismo al sitio donde baxó a poner sus tiendas, de llamarle Castra Petronia, que abreviado se vino a deslizar en Petronia, Pionia y vltimamente Oña”. El padre Argáiz desbarra al establecer la etimología del topónimo Oña, aunque manifiesta preocupación por aclarar el asunto.
 
Enrique Flórez, en 1772, recoge la denominación “Villa Omnia”, que aparece en una escritura de dotación del monasterio, para acercar la etimología de Oña a la palabra latina OMNIA (todo), aunque con dudas: “Acaso provino de allí Oña por la general fertilidad del valle, a quien atribuyeron el elogio de que allí nacía todo, Omnia, Onia, Oña”.

 
Juan del Álamo, en 1950, se muestra partidario de adscribir Oña al Euskera donde la voz “OIN” (pie), como “pie de monte”, encajaría con la situación topográfica de Oña. Otra lengua no indoeuropea, como la ibérica, es reivindicada por algunos autores como origen de Oña. Justo Pérez de Úrbel sugiere que el nombre está relacionado con la voz “ONI” (pie), que dice que es vasca o ibérica, participando así de la teoría del vasco-iberismo. En contra del origen eusquérico de Oña está la escasez de topónimos vascos en esta zona a pesar de que abundan en La Rioja y aledaños. Aunque estos son producto de la Reconquista y, por tanto, posteriores a la romanización. Además, Oña está incluida en el territorio que ocupaban los autrigones en el momento de llegar los romanos a la Península. Los autrigones eran un pueblo celta, que por el Este llegaba hasta el río Nervión, lo que se aprecia en los nombres del Oeste de Vizcaya y Álava que son de etimología celta, salvo los más recientes producto de la repoblación. Como apoyo hablaremos del origen celta del topónimo “Bureba” al descubrirse varias aras dedicadas al dios prerromano “Vurovius”. Es un teónimo encontrado también en Bélgica, en la demarcación de los antiguos Neruii, de donde vendría el nombre del río Nervión.
 
Siguiendo la teoría de Martín Sevilla Rodríguez, la forma céltica reconstruida ONNA (fresnos), que ha sobrevivido casi idéntica en el galés o el bretón y que procedería de la raíz indoeuropea “OS-”, podría ser el origen del topónimo Oña. En Asturias, el río Güeña aparece mencionado en un documento del siglo XII en la expresión “per flumine Onna”. Del mismo origen serían los topónimos “Bueña”, en Teruel, y “Güeñes”, en Las Encartaciones vizcaínas situadas a la izquierda del río Nervión. Hay autores que prefieren una etimología a partir de la voz precéltica ONNO, ONNA que sería un curso de agua o fuente. Se basa en la aclaración ONNO (numen) que aparece en un tratado antiguo de nombres galos.

 
Y… ¿en Oña hay manantiales, ríos o fresnos? Sí, sí y, seguramente, sí. Es un lugar propicio para los fresnos que son árboles de ribera, aunque hoy sólo los vemos replantados en el monasterio. Pero, en el momento de surgir Oña bien pudiera ser el fresno un árbol frecuente junto al río o a orillas de sus manantiales. Por otro lado, la toponimia relacionada con el fresno es muy frecuente en el norte de España (La Fresneda, Fresnedo, Fresnedilla, Lizarra (Estella), etc.). Todo esto hace pensar que el origen celta es el más probable para el topónimo Oña.
 

 
Bibliografía:
 
“Los nombres de lugar en Oña (Burgos): un caso de toponimia en el primitivo solar del castellano”. Eduardo Rojo Díez.
“Toponimia de Oña y Tamayo (Burgos) en el Catastro del marqués de la Ensenada (1751)”. Eduardo Rojo Díez.
“Amo a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
“Los orígenes de Oña y el estudio del territorio”. Francisco Reyes Téllez y Julio Escalona.
Toponimia Asturiana.
Revista “La Esfera”.
“Oña, apuntes para el recuerdo”. Asociación “El Colmillo”.
 

domingo, 1 de marzo de 2026

Aquel Azaña que pasó por Las Merindades en 1926.

 
 
Hablar de Manuel Azaña en estos tiempos es hablar de un personaje histórico elevado a los altares del siglo XX con numerosas obras que relatan sus dudas e inquietudes durante el periodo de la segunda república española y la guerra civil pero su vida política y cultural había empezado mucho antes. Artículos, libros, cartas y diarios dejaron muestra de sus pensamientos y experiencias. Y de su visita a Las Merindades, claro. Manuel Azaña, además de político y escritor, fue un amante de la historia de España -a pesar de ser de izquierdas, dirían algunos hoy-. Desgraciadamente, era un hombre empapado del derrotismo noventayochista.

 
El sentido histórico de Azaña era selectivo y solo le interesaba el pasado que sirviese para el futuro. Azaña le dijo a Valle Inclán, para quien había inventado el cargo de Conservador del Patrimonio Artístico Nacional: “(...) Les digo que soy opuesto a que se cometan actos de vandalismo, y que los escudos reales deben respetarse cuando tengan valor artístico, histórico o monumental; no es cosa de estragar la Puerta de Bisagra de Toledo arrancando el escudo de Carlos V, por ejemplo, ni de picar la fachada del Monasterio del Escorial, etcétera”. Tradición es, entonces, un elemento de Cultura. Y, como tal, el pasado hace del hispanismo, no la superioridad de raza en un credo sino lo mestizo como gesto triunfante, como lo antinacionalista. La cultura debe recuperarse y valorarse porque en ese pasado se fundan las bases políticas del presente. Lástima que los políticos de izquierda contemporáneos estén a favor de modificar símbolos por motivos electorales. Modificar el pasado al estilo “1984”.
 
Hoy en día, que vivimos en el tiempo de los correos electrónicos, los “güasaps” y los mensajes de audio, nos sorprende el tiempo en que la gente dedicaba horas a reflexionar y a remitir pensamientos y cuestiones, de su puño y letra, a amigos, familiares y correligionarios. De entre los dos últimos grupos destacaremos a Cipriano Rivas Cherif, cuñado y amigo. La relación epistolar entre estos dos hombres de letras, destacados en la vida española de 1920 a 1939, nos desnuda la mente de Azaña, el momento y su evolución política; la vida cultural española de la Dictadura de Primo de Rivera y de la Segunda República Española; los sucesos políticos de 1929 y 1930; los teatros de vanguardia de “El mirlo blanco” y “El caracol”; su vida en familia…

 
Pero, para lo que nos interesa, diremos que Manuel Azaña visitó Burgos en 1926 como vocal del tribunal de oposiciones a notarías convocado por el Ministerio de Gracia y Justicia. Para entonces, Azaña ya había abandonado el reformismo monárquico y abrazado el republicanismo.
 
Manuel Azaña (Alcalá de Henares, 1880 – Montauban, 1940) era doctor en Derecho. En 1910, entró en el cuerpo de funcionarios del Estado, con la categoría de auxiliar tercero, tras obtener el número uno en la oposición para ocupar esas plazas de la Dirección General de Registros y del Notariado, donde permaneció hasta 1931. En 1926, una reforma administrativa integró a los oficiales y auxiliares de la Dirección General de Registros en el Cuerpo Técnico de Letrados del Ministerio de Justicia, lo que ahora serían los Abogados del Estado. Azaña se convirtió en julio de ese año en uno de los oficiales jefes de sección de ese cuerpo de letrados. Unas semanas después, con ese cargo, se presentó en Burgos para integrar el Tribunal de Oposiciones de notarios. Poco antes de visitar Burgos, Azaña había recibido el Premio Nacional de Literatura.

 
Sabemos cosas de su viaje a Burgos gracias a cuatro cartas que escribió a Cipriano Rivas Cherif1 entre el 19 de septiembre y el 3 de octubre de 1926. Los folios de tres de ellas llevan el membrete del Gran Hotel Norte y Londres de la ciudad de Burgos, y otra el del Tribunal de Oposiciones a Notarías de Burgos. Vamos, que Manolo aprovechó papel del estado. ¡Cómo hace mucha gente hoy: aprovechar material de la empresa!

 
Azaña estaba agobiado por el apretado programa de actividades que le habían organizado sus anfitriones burgaleses, de los que dijo que eran todos “jurisperitos, jesuitófilos y patriotas”. Todos eran partidarios del dictador Primo de Rivera. Además de las actividades de ocio en la capital, lo llevaron de gira turística por pueblos. Una de las rutas transcurrió por la Bureba y Las Merindades. Que es la que nos interesa. Recorrieron Villarcayo, Medina de Pomar, Puentedey, Valdivielso, Poza de la Sal y Oña. Desgraciadamente sus cartas no eran una guía de viajes detallada por lo que no tendremos comentarios de todas las localidades que visitó.

 
De Puentedey dijo en su primera carta: “Puentedés (ejem), donde el río perfora una montaña y forma un túnel, sobre el que está un pueblecito notable. Era día de moda en Puentedés. Varias mozas sentadas en un ribazo tocaban el pandero. Los mozos jugaban a los bolos”. Recordemos que era septiembre de 1926. Pero sigamos con las impresiones que escribió: “Medina de Pomar es muy típico, muy antiguo, con un gran alcázar, casonas nobles, y calles angostísimas, y una plaza con gran balcón sobre una planicie. Tomé papeletas para la rifa de un ternero que allí estaba coronado de flores, y si me toca, te lo llevaré a Madrid para que juegues. […] Villarcayo es llano; ancho, claro, con cuatro o cinco casonas que nos anuncian Pereda”.

 
Pero la mayor parte de esa carta está dedicada a Oña y a los ocupantes del monasterio: “Lo más notable, así desde el punto de vista artístico, como del religioso y social, de esta excursión, fue nuestra parada en la gran jesuitera de Oña”. En 1926 estaban construyendo el ferrocarril Santander-Mediterráneo y los proyectos de las nuevas escuelas onienses y del cuartel de la Guardia Civil. Dicho esto, a Manuel Azaña el caserío de Oña no le pareció guay. “La antigua abadía de los benedictinos y el pueblecito, viejísimo, tiznado de humedad, yacen en lo hondo de una estrecha garganta, al parecer sin salida. Muy altas montañas, densas arboledas, luz escasa, forman un lugar silencioso y solemne”. En cambio, tuvo una opinión diferente sobre el Cubillo -la torre del reloj- y el antepecho donde están las estatuas de piedra del primitivo panteón de los condes y reyes relacionados con Oña. Además de considerar esplendoroso el sarcófago en alabastro del obispo López de Mendoza, en el interior de la iglesia de San Salvador alabó “La sillería ojival, deslumbradora, y los baldoquines del actual panteón de los condes, y las arcas funerarias, son lo mejor. Allí están enterrados no sé cuántos Sanchos y Sanchas, y alguna Urraca, anteriores al españolismo. Pinturas del siglo XV, que están pudriéndose, cubren el fondo del enterramiento”. La frase sobre los Sanchos es para enmarcar. ¿A qué llamaba españolismo?

 
Sobre la fachada del monasterio opinó que era “neoclásica y pesadota”. Y le desagradaron, también, las hornacinas y las esculturas que acogen a condes y reyes. Dedicó, eso sí, un tiempo a la observación e interpretación del conjunto: “Todos tienen poca hornacina o demasiada estatua. Todos están por eso encogidos, algo dobladas las rodillas, y adelantan el buche. Un conde Don Sancho mantiene una bola de piedra. Para símbolo del mundo me pareció excesiva ambición en un conde castellano, y traté de buscar mejor explicación. A cuatro pasos de la fachada está la bolera del pueblo. Los moros hacían muy buenas tiradas. Supongo yo que el conde, los días que repiquen gordo, el Corpus, la Ascensión, bajará de la hornacina, y con una bola de piedra hará la tirada de honor. Más que emblema de señorío sobre el mundo, es representación magnificada del juego de bolos”. Quizá Azaña hizo esa broma -porque la explicación a la bola era eso: una broma- viendo que la bolera estaba en lo que ahora son los Jardincillos, situados junto a la plaza de Sancho García, anteriormente plaza del Convento.
 
Debemos saber que en el verano de 1926 Manuel Azaña ya había abandonado el Partido Reformista, en el que militó desde 1913 y con el que trató convertirse en diputado. La ruptura no tuvo vuelta atrás después del golpe de Estado de Primo de Rivera, en septiembre de 1923, al que los reformistas de Melquiades Álvarez no se opusieron. Con este abandono desechó la idea de un régimen democrático dentro de la Monarquía y se deslizó hacia posiciones republicanas. Republicano y con “paquete”, y gordo, a los jesuitas. Paradójicamente, siendo un adolescente experimentó una fuerte conmoción religiosa tras oír predicar a un jesuita en su Alcalá natal. Pero dejó la práctica religiosa tras estudiar en el colegio de los padres Agustinos, hacia 1897, cuando tenía 17 años. A pesar de ello, en noviembre de 1929, se casó en la iglesia de los Jerónimos de Madrid con Lola Rivas Cherif, hermana menor de su amigo Cipriano.

 
Cuando se encontró con los jesuitas de Oña, los consideró unos intrusos ocupando la abadía benedictina: “Los jesuitas instalados en Oña son un insulto a la tradición. Se despegan enteramente del carácter del monumento. No se concibe el horrendo bonete de cuatro puntas sobre un fondo románico. Casas como Silos y Oña son para monjes de cogulla. El solo aspecto y los modales del jesuita excitan mi fanatismo. Con ningún otro clérigo me sucede eso. En Oña se ve más claro que en cualquier parte lo intrusos que son”. Palabras premonitorias de su posterior acción política cuando llegó al poder y disolvió, en territorio español, la Compañía de Jesús.
 
La antipatía de Azaña hacia los jesuitas incluía su universo estético. Manuel criticó las barbaridades de algunas de las reformas que habían ejecutado los jesuitas en el monasterio de Oña: “En el primer patio, revocado y pintado, han puesto una estatua del Corazón de Jesús, que será obra de algún maurista, porque es el rostro de Don Antonio, o de [tachadura] un pariente próximo suyo. En otro lugar [en el claustro romano o barroco] hay un San Luis Gonzaga de masa, dice el Padre Marcos, o sea de cemento, con manos y cara de mármol”.
 
En aquel momento había unos 250 jesuitas en Oña. Viendo el gran número de estudiantes de filosofía y teología que había en Oña, Azaña bromeó con el hecho de que Ortega y Gasset se quejara de que en España no había filósofos. Vio alguno de los estudiantes divirtiéndose en una barca dentro de los estanques de los jardines del convento, jugando al tenis o a los bolos. “Has de saber que los jesuitas, además de filósofos y teólogos, crían truchas. […] Los jesuitas no convidan a nada, ni menos a comer de aquellas truchas. Son para insignes huéspedes y para los enfermos. Uno de los notarios de mi séquito, se pasmaba de admiración ante los peces. Admira las truchas, no porque sean gordas, sino porque pertenecen a los jesuitas”. La poca hospitalidad de los jesuitas de Oña contrastó con la que recibieron Azaña y sus acompañantes en Villarcayo, donde el alcalde les obsequió con música y comieron truchas, perdices, bistés, asados y un plato de repostería indígena, que señala que llamaban “tortilla suprema”.

 
En otra breve carta, fechada en la misma Oña, el 12 de septiembre de 1926, Azaña también le envió el epitafio, con alguna variante, a un amigo de Alcalá de Henares, a José María Vicario, con este comentario: “Ante esta impresión fúnebre, medito en la brevedad de la vida, breve incluso en esta Santa Abadía”.
 
La impresión que se llevó de Burgos y su provincia se resume en este párrafo: “Toda la provincia de Burgos es un panteón, en ruinas. La capital no pasa de ser una gran sepultura, donde lo más vivo son los cangrejos, pero a mí se me antoja que los cangrejos se comen a los burgaleses, y darán fin de ellos”.
 
 
 
 
Bibliografía:
 
“Azaña en Burgos (1926): Impresiones de un notario que llegaría a presidente de la república”. Eduardo Rojo Díez.
“Manuel Azaña en Oña. El notario que detestaba a los jesuitas y fue presidente de la república”. Eduardo Rojo Díez.
“Los diarios de Manuel Azaña: a propósito del republicanismo”. Adriana Minardi.
“La historia en la obra de Manuel Azaña”. Feliciano Páez-Camino Arias.
 

domingo, 22 de febrero de 2026

Con estos mimbres construimos Las Merindades.

 
 
Bueno, Las Merindades y otras muchas zonas de España, se construyeron con los materiales que había en el territorio. Por lo menos hasta finales del siglo XIX. Además, la experiencia constructiva y la capacidad económica determinaba la selección de elementos. ¡Ojo! Y el coste del difícil transporte porque había gente que podía adquirir materiales en tierras más alejadas.
 
El primer género a conocer es el barro, aunque difícilmente encontraremos tapiales de este material en Las Merindades. Pero lo tenemos como argamasa de muros, como adobe en los tabiques interiores o dentro de los rellenos del entramado. También tenemos la arcilla, con diferentes durezas y calidades, como cerámica, baldosas de barro, ladrillos o tejas. En todo caso las empresas tejeras se instalaban en aquellos lugares donde la arcilla era de cierta calidad, pero ello no fue nunca obstáculo para que existieran hornos y tejeras en casi todos los municipios para el consumo local.

 
Seguimos con la madera. Imprescindible en la construcción de ayer y de hoy. Es elemento estructural, parte de los muros de entramado, de los forjados, como vigas de las cubiertas, en los encestados y como elemento sustentante vertical. La vemos en el solado de los pisos entablados y en la carpintería de puertas y ventanas. A veces hay tablones que cubren los muros y se documenta como tabique interno. Claro que dependerá de su disponibilidad. En Las Merindades se utilizó el haya, el roble, la encina, el quejigo y el pino tanto en la tablazón, como en la viguería, soportes verticales, solados, tablazón de tejados... De hecho, salía madera de Las Merindades hacia otras comarcas.
 
¡Piedra! En muros, cimientos, relleno en los entramados de madera o como material ligante transformada en yeso, cal o arena. Ocasionalmente la encontramos como pavimento en algunas plantas bajas en forma de canto rodado o enlosado, sobre todo en los zaguanes y cocinas. La arena, bien de río, mina o cantera, es uno de los componentes necesarios del calicanto -el cemento romano- utilizada como argamasa en muchos muros de mampuesto, sillarejo o sillería. La cal y el yeso se obtienen en hornos preparados al efecto y se preparan para cada obra.

 
La piedra para la construcción se obtiene de canteras distribuidas por todas Las Merindades. Había, y hay, numerosas canteras de caliza y arenisca que aportaron la piedra que, sobre todo a partir de finales del siglo XVII, se utilizará en la construcción. ¡Y, con los años, cada vez más! La arenisca o la caliza se utilizaba tanto para los aparejos de mampostería, sillarejo y de sillería como en los de emplenta o entramado para relleno.
 
Lo más habitual es que la piedra se trabaje y moldee a pie de obra. No hubo una producción “industrial” de piedra pese a que se tienda a crear sillares de medidas comunes. Los artesanos, unos con mayores conocimientos del oficio y de la técnica que otros, son hijos de su tiempo y su trabajo es fácilmente identificable. Sólo los ladrillos de tejera, tejas y demás elementos cerámicos, proceden de una producción en serie, con modelos similares a los actuales, pese a que en cada horno o tejera tuviesen sus propios moldes y modelos.

 
Un cuarto elemento será el hierro que se empleará desde el siglo XVII en las casas populares como elemento auxiliar. En algunos casos empleado como “cola de milano” de los sillares de las cadenas angulares, dinteles de las portadas y ventanas y aleros. Pero lo más habitual es tenerlo en verjas, rejas, balcones y en los herrajes de puertas y ventanas. En esta tierra la producción de hierro se localiza ante todo en el valle de Mena. En cada pueblo los herreros locales son quienes habitualmente realizan los balcones, las rejas, los goznes, los herrajes, las llaves y cerraduras siendo, en cada caso, una obra exclusiva y personal.
 
Vistos los materiales principales, porque seguro que alguien ingenioso ideó algo diferente para su construcción, nos fijaremos en las técnicas de edificación que se ejecutaron en Las Merindades. Las construcciones de tapial y adobe fueron raras dada la abundancia de piedra y madera. Al contrario de lo que ocurría con la técnica de la emplenta -o implenta- y el entramado. La emplenta es un encofrado que se rellena con reticulado, incierto, mampostería o sillarejo. Este material se aglutinaba con la argamasa. En las Merindades, la mayor parte de la arquitectura popular utiliza este tipo de muro, salvo en las hiladas de sillares angulares, los vanos y a veces los aleros.

 
El arquitecto romano M. Vitruvio Polion hace alusión a la emplenta con estas palabras “otra manera que tienen llamada emplentum, de que también usan los aldeanos. Para ella se trabajan los paramentos externos de las piedras, dejando los demás como salió de la cantera; y colocándolas alternativamente sobre las juntas, las van trabando y uniendo con el mortero. Pero los nuestros deseando brevedad levantan a plomo las dos caras del muro, cuidando sólo el exterior, y en el hueco del medio meten toda suerte de ripio y fragmentos con mortero, sin orden alguno ni travazón en las caras; de lo que vienen a resultar en estas obras tres cuerpos u hojas de pared, dos en las frentes y otra de relleno en el medio”. Así pues, la emplenta es la técnica que vemos en numerosos edificios de piedra de Las Merindades, unas veces en cuidado aparejo isódomo y otras pseudoisódomo, y con mayor frecuencia en sillarejo o mampostería, donde o bien los sillares más o menos trabajados hacen de encofrado o se utiliza unbo de madera, como a veces vernos en algunos testigos de los propios muros. Agujeros que muestran donde se fueron colocando los andamios y también del alcance de cada uno de los tajos y del encofrado.

 
Lo normal en muchos de nuestros edificios es que una parte de la fábrica siga la emplenta romana y que a partir del primero piso se trabaje con el entramado. Sólo en los edificios auxiliares el entramado se utilizó para todo el inmueble. Pero lo más habitual, creyendo de que así se evitaban humedades y se daba solidez a la construcción, es que la planta baja sea construida de emplenta y que la misma cumpla la función de zócalo. A veces vemos colocadas en ese muro, habitualmente totalmente verticales, elementos de madera que enlazan con la estructura superior, dando al conjunto de la caja una mayor solidez. Unas vigas, vamos. Tras este trabajo se enlucía la casa para protegerla de las inclemencias climáticas. Este revoque parece que se utilizó en Las Merindades desde la tardoantigüedad hasta el siglo XX. Es el adecuado para una zona húmeda como el norte de Burgos.

 
Los volados, relativamente frecuentes en Las Merindades, se dan sobre todo en los edificios que utilizan la emplenta y el entramado en su construcción. Ello es así porque se prolongan las vigas o viguetas de los forjados y sobre ellas se monta el volado. Los soportales más antiguos también se levantaron siguiendo este sistema constructivo.
 
La construcción en piedra, por su parte, tenía diferentes maneras. Son frecuentes los edificios de piedra con aparejo de mampostería y cadenas de sillares en los ángulos o marcos de los vanos. Pero es más habitual el muro de sillarejo o de cuidada sillería. Desde el punto de vista técnico y de la calidad constructiva estas últimas no son lo mejor, pero daban empaque a la casa y al propietario. Por lo que habitualmente las casas que presentan sillarejo y sillería corresponden a la élite local. En muchos casos los encargados de realizar estos trabajos son maestros canteros locales, algunos muy cotizados por haberse formado en “la ciudad”. En todo caso lo que ponen de manifiesto es la existencia de artesanos, canteros, albañiles y carpinteros, cualificados y que recibían importantes emolumentos por sus trabajos.

 
Tendríamos tres maneras de trabajar los muros de piedra: sin mezcla alguna, que llamamos piedra seca; otra con mezcla de barro; y otra con mezcla de cal y arena. El barro se utilizó en tiempos más antiguos y, tal vez desde el siglo XVIII, se utilizó solo en los edificios auxiliares. No es habitual que haya construcciones a hueso, colocando piedra sobre piedra, y las que conservamos son muros de cercados o construcciones auxiliares.
 
El tamaño de las piedras no excedía de lo manejable y no sobrepasaban el ancho del muro. Cuando se introducían piezas de mayor tamaño y longitud, que en ocasiones sobresalen, estas servían para dar mayor solidez al muro. En los muros de mampostería las piezas de mayor tamaño se colocaban abajo y su tamaño disminuye a medida que ascendemos en altura. Por lo general las fábricas de mampostería suelen estar revestidas con mortero para protegerlas. Eso sí, se dejaba a la vista las cadenas de sillares angulares o esquinazos, las jambas y dinteles de las puertas y ventanas cuando eran de sillería, los alfeizares y los aleros cuando eran de piedra. Además, en las partes de mayor debilidad estructural se colocaban piedras de mayor tamaño. Caso de vanos y puertas. Vemos que cuando hay una vano de luz amplia, sobre todo en los dinteles de las puertas, se suele colocar un dintel sobrepuesto de descarga. Este tipo de dintel suele ser de arenisca y rara vez la piedra es caliza. Además de este gran dintel en otras utilizan la forma adovelada y en ocasiones el arco de medio punto. En estos casos las dovelas son de formas redondeadas, sobre todo las calizas, pero lo más frecuente, sobre todo en la arenisca, es que utilicen dovelas pequeñas de tipo romboidal.
 

Es igualmente frecuente que, en los dinteles de las puertas o ventanas encontremos objetos simbólicos esculpidos, en huecorrelieve o en inscripciones. La temática de esta epigrafía suele ser la fecha de conclusión de la obra, a veces figura el matrimonio que la mandó hacer e incluso hay alguna invocación religiosa como: Jesús, María, José o el acróstico “JHS”. A lo anterior debemos añadir que a veces vemos una cruz, llaves, una custodia o jaculatorias. Detrás de todo ello se esconden las creencias, supersticiones y miedos populares sin olvidar el deseo de significarse socialmente. Esa religiosidad o superchería podemos llegar a encontrarla en edificios públicos esperando la protección contra los males invisibles y espíritus malignos.

 
Cuando entremos en la casa veremos que, por regla general, el suelo de la planta baja es el propio del terreno acomodado y preparado. Si es de roca se habrá labrado y si es de barro o arcilla se compacta lo más posible. Aunque en ambos casos el problema a resolver son las humedades. También podemos encontrar pavimentos compuestos por cantos rodados, enrollados o enlosados. Este tipo de pavimento de planta baja los localizamos, cuando existe, en los zaguanes o estancias auxiliares de alguna importancia como la cocina. Si hay estancias habitables en esta planta no es extraño que tengamos baldosa de barro.
 
Los forjados de las plantas son los elementos básicos de los techos y su forma está en función de las disponibilidades locales. En Las Merindades es común usar tablas o tablones clavados directamente sobre las vigas o viguetas del forjado como suelo o techo visto. Reconoceremos en ellos madera de castaño, sobre todo en las casas adineradas. También hay madera de haya, pero abunda, porque lo hay en estas tierras, el roble y el pino albar. Si la madera es de calidad y uniforme en lo que hace al grosor y longitud de las tablas, el solado es sólo de este material, sino sobre las tablas se coloca un pavimento que se compone de mortero de barro, de baldosa e incluso también se utiliza el ladrillo. A veces la albañilería completa a la madera rellenando los espacios entre las viguetas con rellenos de yeso utilizando un encofrado inferior para dar la forma que se retira una vez fraguado.

 
Lo más alto será el tejado, o cubierta, siempre inclinado. Por la forma de conformarse hay tres tipos realizados en madera: a la molinera, par y picadero y par e hilera, pero podemos encontrarlas entremezcladas. Estas formas de armar las cubiertas son las más sencillas. En el tipo de cubierta influye sin lugar a dudas el número de vertientes que tenga el edificio, la época en que se haga y la organización de la estructura sobre la que se levanta. Para los edificios auxiliares, de poca complicación estructural, lo normal es una cubierta a la molinera en la que los muros laterales son el apeo de las correas y cabrios que son el único elemento estructural. Es habitual que se apoye sobre ella la tabla o ramajes sobre los que se coloca la cubierta. Esta manera de resolver la cubierta es frecuente en casas estrechas con cubierta a dos aguas con una cumbrera transversal y otras secundarias y paralelas.
 
Otro de los sistemas utilizados es la cubierta de par y picadero. En este caso la cumbrera se sustenta por medio de muros o a través de una crujía a base de pies derechos que pueden apearse sobre una viga transversal que hace de tirante. Esta solución se suele dar en edificios que tienen un muro o punto de apoyo resistente. Se utilizará tanto en cubiertas a dos aguas como en las de tres o cuatro. No es muy habitual la cubierta de par e hilera en que la cumbrera, sustentada por pares unidos por un tirante.
 
Cuando la cubierta es cuatro aguas se utilizan apoyos centrales o simétricos que ayudan a formar la cubierta. Es bastante habitual que en los cabrios y vigas, dado que trasladan los empujes al exterior, encontrar tirantes de madera que triangulan las esquinas. Esta solución, según nos indican los técnicos, cuando las encontramos, es una señal de una etapa avanzada. En nuestra comarca la encontramos en casonas del siglo XVIII.

 
Pero hoy, la mayoría de las cubiertas de Las Merindades son de teja curva de cerámica. Las dimensiones varían de unas comarcas a otras y sobre todo se suele significar la teja de las cumbreras. En todo caso en la zona de Las Machorras aún se conserva la cubierta de lajas de piedra, testigo de una forma de cubierta que ha desaparecido en la arquitectura popular de Las Merindades.
 
La tabla de los tejados habitualmente se aislaba con barro, aunque también se utilizó el bálago, de hierba o paja según las zonas, y con mimbres o ramajes para que no resbale sobre la tablazón. Los bordes de los tejados, al igual que las cumbreras, se sustenta con cobijas ligadas con mortero e incluso puede darse el caso de que sólo haya cobijas donde más bate el agua. En Las Merindades las tejas van colocadas a canal y voladas en hiladas sucesivas y contrapeadas. De esta manera se forman también algunos aleros, aunque lo común es que estos se conformen a través de piezas de madera.

 
Frecuentemente se independizaba el alero de la estructura colocando canes a la distancia preferida siendo insertados en la fábrica y sujetos en los durmientes del muro o unidos como una pieza independiente. A veces el alero sólo puede constituirse por el volado de las vigas lo que obliga a apoyar sobre ellas otras piezas menores paralelas a la fachada para lograr un alero de cierta entidad. Las formas que presentan los canes de los aleros son muy variadas yendo desde el sencillo achaflanado de las piezas escuadras hasta unas formas y molduras más complicadas, en las que el artesano da rienda suelta a su imaginación y saber hacer.

 
Las rejas, habitualmente utilizadas en los huecos de la planta baja, son de una notable sencillez. Sólo encontramos obras de complicadas formas en las casas de mayor porte social. Tal vez donde mayor variedad haya sea en los petos de los balcones o solanas. Aquí encontramos barandillas de madera y de hierro. Las primeras están torneadas, en cuadradillo, o recortadas en tabla con figuras más o menos caprichosas. Será común en Las Merindades el empleo del barrote torneado y el remate de peto con forma. Los modelos suelen ser reproducciones de tiempos anteriores. Por lo que hace referencia al hierro, son tanto forjadas, las más antiguas y de hierro fundido las de los siglos XIX y XX.

 
El acceso a la vivienda se hará a través de un hueco amplio por el que puedan pasar las carretas y aperos y también las personas, por ello veremos una gran hoja o incluso dos, que presenta una parte central o lateral que se abre para el paso de las personas, dejando fijo el resto. La totalidad solo se abre cuando se necesita dar paso a objetos de gran porte. Cuando los vanos de las puertas son de menor tamaño lo normal es que tenga dos partes, dejándose abierta la superior en los momentos de buen tiempo para iluminar y ventilar. En los edificios destinados a pajares o almacenes, donde se precisa la entrada habitual de carros y carretas, lo normal es que tengan dos hojas verticales que se abaten hacia los lados. Lo bocarones o huecos para el acceso desde el exterior de la paja o hierba se ubican habitualmente en la planta superior y tiene una sola hoja de madera claveteada.
 
Las puertas de acceso a la vivienda son habitualmente de dos tipos por lo que respecta a su construcción: las claveteadas y las entrepañadas. Las primeras se conforman mediante un sólido armazón de madera sobre la que se colocan unos poderosos clavos que ofrecen al exterior una cabeza de mayor o menor tratamiento y trabajo. La imagen de estas puertas está tanto en la distribución y formas de los clavos como en la organización de las tablas. Suelen destacar los herrajes de las bocallaves. Las segundas se insertan en el armazón los entrepaños que pueden disponer de casetones. Un detalle de estas puertas es que en la parte inferior suelen tener un agujero, llamado gatera, que sirve para que entren libremente los gatos. Las maderas más utilizadas son el pino y el roble, aunque puede haber otras.
 
 
Bibliografía:
 
 
“Arquitectura popular en Las Merindades: aproximación al tema”. Félix Palomero Aragón.
Fototeca digital de España.
“Casas de la nobleza en Las Merindades y en la Bureba (siglo XVII). Datos para su estudio”. Lena S. Iglesias Rouco y María José Zaparaín Yáñez.