Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


miércoles, 31 de julio de 2024

GR 99: un paseo de verano.

  
No se lo creerán, pero, antiguamente, la gente andaba para ir de un lugar a otro y no como actividad lúdica o deportiva. Hubo un tiempo en que nuestros pueblos estaban comunicados por caminos solo válidos para peatones y caballerías y, raramente, por carreteras.

 
El actual senderismo es una actividad deportiva muy saludable que apenas tiene peligros y se puede practicar toda la vida ajustando el paseo al individuo. Recuerden que el recorrer caminos con contacto con la naturaleza y el aire libre es sano y rentable económicamente. Esto lo dice un informe de Turespaña sobre turismo de montaña que situaba al senderismo en el primer lugar entre las actividades preferidas del turista que elige una zona rural para sus vacaciones.

 
Esta actividad, para llegar a lo que es ahora, pasó por una serie de fases:
 
  • En la primera, clubes y asociaciones excursionistas de toda España (sobre todo en regiones como Cataluña o el País Vasco), “abrieron” muchos kilómetros de senderos con itinerarios marcados con piedras para evitar despistes a montañeros. Digo montañeros porque eran para personas expertas capaces de hacer frente a ciertas dificultades físicas o técnicas.
  • La segunda fase da comienzo al popularizarse entre los españoles los deportes de montaña y otras actividades al aire libre, como consecuencia de la bonanza económica y de una querencia por lo natural. Más o menos por entonces se acuñó el concepto de turismo rural como oposición al turismo el sol y playa.
  • La última fase se caracteriza por la participación de promotores públicos tratando los caminos como un elemento más del patrimonio cultural. Se busca favorecer la economía del medio en el que se interviene sacando provecho de que cada día hay más turistas con ganas de desgastar “la suela de los zapatos” ya sean locales o llegados para retarse a recorrer un camino.
 
Y, es que, caminos rurales, senderos de ribera, caminos de sirga, vías pecuarias, vías verdes, etc. constituyen hoy un patrimonio que merece la pena conservar y divulgar por sus valores culturales, estéticos, sentimentales y, por supuesto, también económicos.

 
Y, esto, nos lleva al camino GR 99 que recorre el río Ebro de principio a fin. Este GR fue promovido por el Ministerio de Medio Ambiente (o como se vaya llamando sucesivamente) con las características propias de los Caminos Naturales, integrando los dos códigos en los soportes de señales. Comienza en Cantabria en el paraje de Fontibre, enclave del nacimiento del río cuyo nombre deriva del romano Fontes-Iberis (Fuentes del Ebro) y termina a orillas del Mediterráneo. Su longitud es de 1.287`32 kilómetros y atraviesa, en 42 etapas, las Comunidades Autónomas de Cantabria, Castilla y León, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón y Cataluña.

 
Nos centraremos en un tramito de la etapa séptima de este camino que discurre por la margen derecha del río dejando en la orilla opuesta la localidad de Rioseco. Haremos un veraniego y relajado recorrido visual desde Incinillas al puente del Aire atravesando la garganta de los Hocinos, gracias a las pasarelas ancladas a la roca. O con ese atractivo. Puestos en marcha, la N-232 y Granja Hocina se apreciarán en la orilla izquierda. Después, el GR 99 cruza por un bello bosque de quejigos bojes y otras variedades de ribera. Todo ello acompañado del frescor y el arrullo de las aguas. Finalmente llega hasta el citado puente del Aire y al merendero que es el fin de nuestro paseo. Este tramo es de difícil acceso y tránsito no siendo recomendable para personas con movilidad limitada, ciclistas o cochecitos de niños y nos llevará algo más de una hora.


La hoz, encajada en las sierras de Tudanca y la Tesla, configura un paisaje singular, gracias a su relieve, riqueza botánica y biológica. No en vano ha sido declarado Zona de Especial Protección para la Aves (ZEPA), y en ella se puede avistar sobrevolando el cielo o aposentadas en sus roquedos, una buena nómina de especies: águilas reales, buitres leonados o alimoches, entre otras muchas. Siempre y cuando tengan la oportunidad de verlas.
 











 
Bibliografía:
 
 
“Caminos naturales. Caminos con guion”. Dioni Serrano. Redactor jefe de la revista Grandes Espacios. Editorial Desnivel.
“El valor añadido de la naturaleza”. Joaquín Fernández. Periodista ambiental.
“Camino natural del Ebro GR99”. De la serie Caminos Naturales.
 
 
 

lunes, 15 de julio de 2024

Los Fdez. Cadiñanos de Nofuentes.

 
 
Paseando por el pueblo de Nofuentes nos encontramos con este caserón, próximo a la iglesia, en el que destaca su escudo y su estado de conservación. Tenemos una fachada donde se nota la modificación de la entrada eliminando un arco de medio punto que terminó convertido en unas puestas bajas. Salvo las ventanas, con buena piedra tallada formando un encuadre a la ventana en la planta noble, la fachada es de cal y canto. Las esquinas también son de buena labra. Posee moldura bajo alero que recorre todos los paños del edificio de tres altura y tejado a cuatro aguas.

 
Las armas allí representadas eran las de los Fernández de Cadiñanos y sus alianzas familiares. Está timbrado por un casco con penachos, acompañado por cuatro cabezas humanas. Completan el adorno una cartela de rollos, lambrequines, cascabeles y dos cabezas de león, una a cada lado de la punta. El campo del escudo está dividido en cuatro cuarteles:
 
  • Una cadena puesta en banda y sobre ella dos perros pasantes, el de la parte superior mirando a la diestra y el de la inferior, invertido, y mirando a la siniestra. En jefe tres cruces puestas en faja: Armas de Cadiñanos.
  • En el superior derecha -según lo miramos-, una barra. A su diestra, cinco estrellas de ocho puntas, puesta una en el cantón diestro y las cuatro restantes en posición de barra. A su siniestra cinco flores, puestas, una, dos y dos.
  • Un árbol con un perro pasante a su tronco, cebado y contornado, y en la punta un grifo, contornado.
  • Una barra engolada en boca de dragones acompañada de tres estrellas de ocho puntas, a cada lado. En la bordura general una cadena.

 
Según consta en el testamento de Carlos Fernández de Cadiñanos, el doctor Lucas Fernández de Cadiñanos, canónigo de la Metropolitana Iglesia de la ciudad de Burgos, fundó un mayorazgo en fecha que no se precisa pero que debió ser en el siglo XVII. El heredero fue Lucas Antonio Fernández de Cadiñanos posible sobrino del canónigo. Lucas Antonio Fernández de Cadiñanos, cuya fecha de nacimiento desconocemos, casó con Antonia Vélez Angulo y fue padre de Carlos, Bernarda, Margarita, Manuela y de Tomás.
 
De Carlos Miguel Fernández de Cadiñanos y Vélez Angulo desconocemos su lugar de nacimiento, pero sabemos que era el regidor cuando se realizó el Catastro del marqués de la Ensenada en Nofuentes. Matrimonió con Vicencia Núñez de la Cantera, hija de Juan Francisco Núñez de la Cantera y de Angela Alonso de Celada, vecinos de Moneo. De este matrimonio fueron los siguientes hijos: Vicencia Antonia, Carlos Miguel (bautizado el 17 de febrero de 1702), Ventura Manuel -que fue beneficiado en Barruelo-, Angela Micaela, Juana, José Canuto -beneficiado en Nofuentes y citado en el Catastro de 1852-, Salvador, Clemente Andrés -nacido en 23 de noviembre de 1718-, Matías, Aniceto Antonio -nacido el 18 de abril de 1722- y Francisco Julián.

 
Clemente Andrés Fernández de Cadiñanos y Núñez de la Cantera casó con Manuela Sáez de Espiga y fueron padres de Dionisio -que fue cura beneficiado en Mijangos- y de Manuela. Aniceto Antonio Fernández de Cadiñanos y Núñez de la Cantera, hermano de Clemente, heredó el mayorazgo y se casó con Josefa Fernández Villarán, hija de Baltasar Fernández Villarán y de María García, vecinos de Cebolleros. Fueron padres de: Nicolás (03/09/ 1748), Paula Juana, Isidra, Ulpiana, Miguel, María Josefa y Martina. Este matrimonio fue vecino de Mijangos.
 
Carlos Miguel Fernández de Cadiñanos fue el sucesor en el mayorazgo, Entiendo que puede ser el citado Miguel hijo de Aniceto Antonio. Carlos se casó con Clara Ordoño Rosales, hija de Leonardo Ordoño Rosales y de Clara Irús Arcedo, que eran vecinos de Medina de Pomar. Carlos y clara fueron padres de Francisca e Isabel Antonia, que murieron niñas, y Manuela Antonia, nacida el 24 de diciembre de 1738.
 
Manuela Antonia Fernández de Cadiñanos y ordoño casó con Juan López del Campo, hijo de Pedro López del Campo y de Agustina García, vecinos de Cadiñanos. De este matrimonio nacieron Luis, que nació en Cadiñanos, Agustina Josefa y Justa Rufina. Luis López del Campo y Fernández de Cadiñanos desposó a María de la Calleja, hija de José de la Calleja y de María de Miera, vecinos de Quincoces. De esta unión nacieron Ciriaco, Isabel Cecilia, Luis, Manuela Justa, Eusebio y Pascual (17 de mayo de 1800).

 
Pascual López del Campo y de la Calleja casó dos veces; la primera con Policarpa Fernández de Villarán, hija de Eusebio Fernández de Villarán, natural de Cebolleros, y de Eulalia Ruiz de Trechuelo. De esta unión nacieron Lino, el 23 de septiembre de 1825, y Eustaquio. De su segundo matrimonio con María López de Castro, hija de Pablo López de Castro y de Apolonia de Celada, vecinos de Mijangos, nacieron, Francisco, Leonardo Zacarías, Fulgencio y Luis.
 
Lino López del Campo y Fernández de Villarán casó con Casilda García, hija de Gregorio García y de Ignacia de la Peña, vecinos de Pradolamata y fueron padres de Paula López del Campo García, nacida el 15 de enero de 1856.
 
 
 
 
 
Bibliografía:
 
“Blasones y linajes de la provincia de Burgos. V. Partido judicial de Villarcayo”. Francisco Oñate Gómez.
Catastro del marqués de La Ensenada.