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viernes, 5 de agosto de 2016

Hidalgos de las Merindades (I): "Espinosa de los Monteros, muchas torres y pocos dineros"

Hidalgos. Una palabra que nos evoca, en el mejor de los caso, a “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y su locura. Pero un hidalgo era más, mucho más, sobre todo si era de Las Merindades.


Vayamos por partes -exactamente dos si me permiten la broma- para conocer a este grupo social que existió durante cerca de mil años.

Lo primero es conocer la palabra que expresa esta idea tan variable: fijos dalgo, fidalgos, hijosdalgo, hijos de algo y la clásica hidalgos. Puede haber, al menos, tres orígenes del término: la posible procedencia latina con “italcos” asociado a los derechos de los pueblos itálicos; la procedencia goda donde el hijo del godo no pagaba impuestos; Y la procedencia castellana fijada en las partidas alfonsinas.

Las Partidas de Alfonso X, concretamente la Ley 34, título XXI de la Partida segunda dice que la hidalguía “es nobleza que viene a los omes por linaje” y la consideraba mayor y más preciada, cuanto más antigua y más indefinida era la línea de progenitores, que se distinguieron por sus méritos y servicios al Estado. Traducido: por sangre. Y, claro, junto a esta distinción venían los honores que tenían efectos prácticos.


En este punto puede que les salte en la cabeza el término “infanzón”. Era lo mismo que hidalgo pero en Castilla y León cayó en desuso aunque no en Navarra y Aragón. Ambos hablan de nobles sin título. Baja nobleza, vamos. Exactamente por debajo de los Caballeros (tanto de hábito como simples).

Baja, pero deseada. Conviviendo hidalgos y pecheros y disponiendo de privilegios sólo los primeros el deseo de sumarse al grupo favorecido por parte de los que cargaban con el sostenimiento de la república gracias a sus impuestos era inevitable. Esa tensión y voluntad de segregación se muestra en los empadronamientos, las informaciones de hidalguía, la separación en las casas de concejo y hasta en la posición en la iglesia.

Pero, ¿era para tanto la tensión existente? Sí. Podríamos decir que a partir del siglo XVI la hidalguía en Castilla se reserva para la nobleza de rango inferior, carente de derechos jurisdiccionales y con escaso nivel económico y relieve social. Eran como los pecheros pero que no pagaban impuestos. Y la situación empeoró en el siglo XVII, y en el XVIII.


Otra de las razones para la tensión era el, parece ser, alto número de hidalgos que, por cierto, no era uniforme en todos los reinos de España. Castilla tenía más hidalgos que Aragón, por ejemplo. En 1541 teníamos 108.000 hidalgos; 134.223 en 1591; y para Domínguez Ortiz eran 137.000 hidalgos, dentro de una población de 1.294.995 vecinos en la Castilla del siglo XVI. Puntualizaré que no se distribuían de forma uniforme por el reino sino en función de la Reconquista y a los avatares políticos del s. XIV y XV.

En la franja norteña, Cantabria, Las Merindades y regiones colindantes, casi todos son hidalgos. ¡Son la mitad de los que hay en toda la Península! ¡Y no como los vizcaínos y guipuzcoanos que lo son por el fuero sin tener que probar razones! Claro que aquí no veremos grandes y rimbombantes títulos. A medida que bajemos al sur esta proporción se invertirá. De ello se deduce que en el Norte no se considera la hidalguía un hecho socialmente relevante. En el Sur son pocos y están bien situados mientras que en la zona central son numerosos, pero minoría respecto a la población total, y no tienen grandes posesiones, aunque se empeñan en marcar las diferencias con el pueblo llano. De esa situación intermedia derivarán muchos de los problemas del hidalgo y su imagen literaria.


Es por lo dicho que la mayoría de los hidalgos norteños viven en el campo y cultivan sus tierras o ejercen sus industrias sin perder la categoría de noble. Habitan en, pequeñas comunidades y a veces aislados en granjas donde vive una sola familia y es hidalga. El colmo de esta situación serán los hidalgos vascos. Por ello, el decreto de Carlos II donde aclaraba que la hidalguía era compatible con el comercio y la artesanía nos resulta poco menos que irrelevante en Las Merindades.


Pero en estas merindades y gracias a las cuentas tomadas en Villarcayo en 29 de Septiembre de 1592 ante el escribano de Las Merindades, Blas de Olavarría por los Contadores Pedro Díaz de la Peña y Pedro de Villamor tenemos ciertas cantidades aclaradoras. Vemos que los vecinos de la comarca sumaban 3.743. El adjunto cuadro muestra un desglose entre hidalgos y pecheros por zonas. Verán que faltan los aforados de Cuesta-Urria y de Losa que sostenían pleito con las merindades sobre si debían contribuir con ellas. Eran Vizcaínos.



Una fuente adicional será el censo de Floridablanca que nos chivará la composición de la población entre 1785 a 1787 y cercana al fin del modelo (1830). En todo el reino había 480.589 hidalgos de un censo de 10.268.150 vecinos. Que no nos dice mucho pero si algo. Y en Castilla Vieja eran 275 vecinos hidalgos que, si estimamos un multiplicador familiar de 2.11 –como en Vizcaya- tenemos 582 hidalgos de entre 73.890 personas. Un 80%. ¡Pues casi hidalguía universal!

Tal vez las cifras sobre Castilla resulten incomparables (que no se pueden comparar) por lo que les diré que en otros países de “nuestro entorno” la nobleza era: 1% en Inglaterra, 2% en Francia y 3% en Rusia.

Recapitulemos, ¿qué tenemos hasta ahora? Un grupo de personas y sus familias con un privilegio antiguo obligada a evolucionar, aun sin quererlo. Tras las necesidades de la Reconquista y, aunque en un principio el rey no podía crear hidalgos, las guerras civiles en Castilla de finales del siglo XIV y en el XV empujaron a los soberanos a ennoblecer a diestro y siniestro para reclutar partidarios. Incluso uno de los reyes del periodo debe su sobrenombre a esta práctica: Enrique II "el de las mercedes". Estas se hicieron crónicas, rematándolo los Reyes Católicos en la guerra civil contra la Beltraneja y la toma de Granada, en que el número de concesiones de privilegios de hidalguía fue considerable.

Enrique II de Castilla

Con Carlos I se prohíbe la concesión de nuevas hidalguías, intentando devolver a éstas el carácter de sangre. La causa fundamental debió ser la protesta de las Cortes y los concejos, que veían disminuir el número de pecheros frente a las cargas impuestas al municipio. Los concejos no cesaban de embarcarse en largos y costosos pleitos para evitar el aumento de hidalgos. Este rey revocará algunas concesiones, pero, en general, se confirmarán la mayoría de los privilegios concedidos anteriormente.

Desde este momento, las necesidades financieras de la Corona llevarán a ésta a vender títulos, como vía de mantenimiento del tesoro. La profusión de concesiones de hidalguía será menor, no obstante, favoreciendo a la alta nobleza con la concesión de altos títulos y primándoles en los altos cargos.



En este mundo cambiante ¿Qué les quedaba a los hidalgos? Tenemos unas personas que, tras la pérdida de sus medievales funciones bélicas impuesta por las necesidades nuevas del ejército moderno -caducidad del combate individual, importancia de la infantería, creación del ejército real y no señorial con elementos del estado llano-, y expulsados de los cargos relevantes les queda solo la honra. Honra maravillosamente dibujada por nuestra literatura del Siglo de Oro. Con lo que volvemos al Quijote o al hidalgo del “Lazarillo de Tormes”.

El hidalgo se encuentra emparedado entre la alta nobleza y el pueblo llano. Pero seguía siendo una salida del opresivo mundo de los pecheros. 

Sigamos con muestra descripción. En Castilla la Vieja –no Castilla Vieja o Las Merindades- en los siglos XVI y XVII, la mayoría de los hidalgos apenas poseía su escudo de armas, y como dice Elliott lo "esculpían en las fachadas de sus casas, en las iglesias, las tumbas, los conventos, con una profusión propia de un mundo en el que la heráldica era la clave indispensable para todas las sutilezas de la situación social".

Torre de los Azulejos de Espinosa de los Monteros

El refranero nos confirma la idea de que el poder se asocia más a la riqueza que a la sangre: "Pobreza no es vileza, más deslustra la nobleza", o también "Espinosa de los Monteros, muchas torres y pocos dineros", proverbio muy concreto de nuestra villa que en el siglo XVI tenía censados 531 vecinos, de los cuales 524 eran familias hidalgas, y siete clérigos. Pero podría ser por pura envidia hacia el privilegio de la vigilia real.

Quizá por esa situación de angustia económica o, por no exagerar, de vida de clase media y media baja, nos encontremos pleitos como el seguido entre hidalgos y pecheros en 1585, sobre el porte de trigo al puerto de Santander, mandado por el Corregidor de Palencia García de Girón. En este pleito se hace constar la afirmación del procurador de parte Pedro de Castillo que “todos o la mayor parte de los vecinos de Las Merindades estaban en nombre y posesión de hijosdalgos, los cuales eran los más ricos y hacendados que en pueblos de 40 o más vecinos no había sino uno, dos o tres o a veces ningún pechero y que había merindades, como la de Losa que constaba de más de mil vecinos que todos eran hijosdalgos y no había ningún labrador”.

Estampa del siglo XVI

No solo eso. Se dispone del testimonio del escribano de Laredo, Francisco Antonio González, de que Don Antonio de Escalante vecino de dicha villa, en virtud de la orden expedida por Don García de Araciel del Consejo de S. M. en el Supremo de Guerra y Castilla y cometida al Gobernador de las cuatro villas de la Costa, pasó con asistencia de dicho escribano a hacer vecindario a Las Merindades, con distinción de estados de todos los vecinos sacerdotes, viudas y menores de 15 años en adelante. Y resultó haber en Las Merindades, en 1711, 1.885 vecinos que desglosados nos daban:

1.734 hidalgos, incluidos 117 sacerdotes.
151 vecinos, de ellos 45 sacerdotes del común.

Vamos, que no sería eso de la hidalguía universal de los Vizcaínos, pero casi. Casi porque los pecheros, los vecinos del común, eran los que asumían todos los tributos personales. Por ello peleaban, pleiteaban, por disminuir las prerrogativas y exenciones de los nobles y repartir mejor las cargas. Se alteraban al ver que los hidalgos estaban exentos del pago de pechos aunque tenían que contribuir a repasar las cercas o muros, fuentes y puentes de los pueblos en que morasen; no podían ser encarcelados por deudas civiles, excepto las que procedían de delito o de tributos reales; no podía trabarse ejecución en la casa del hidalgo ni sus armas y mulas a no ser por débitos reales; estaban exceptuados del tormento; no podía condenárseles a desdecirse de la injuria que hubieran hecho a otro; tenían obligación de usar pistola de arzón cuando iban a caballo y llevar traje decente; no podían renunciar a las preeminencias del estado, sino en caso de ser presos, ni se podía penetrar su casa; y no podían ser condenados a muerte afrentosa en horca. Para colmo, sus viudas disfrutaban de estas ventajas siempre que no se casasen con un pechero.


Incluso había un curioso privilegio que era el de los hidalgos de devengar quinientos sueldos eran los que por fuero inmemorial tenían derecho a cobrar 500 sueldos como satisfacción de las injurias que se les hacían, en lo que parece ser una reminiscencia del antiguo derecho visigodo a recibir compensaciones económicas por no aplicar la Ley del Talión.


Bibliografía:

“Apuntes de Nobiliaria y nociones de Genealogía y Heráldica”. Instituto Luis de Salazar y Castro, Ediciones Hidalguía, 1984.
“La Hidalguía en las Merindades antiguas de Castilla”. Julián García Sainz de Baranda.
“Los hidalgos en la España de los siglos XVI y XVII: una categoría social clave” Bartolomé Bennassar Perillier (universidad de Toulouse-le Mirail).
Censo del Conde de Floridablanca.
Diccionario R.A.E.
Novísima recopilación de las leyes de España.
Revista “Folklore.
Censo de Pecheros de Carlos I de 1528.

Para saber más y mejor:




Anexos.

Tipos de hidalgos.
1. Hidalgos notorios de solar de vengar 500 sueldos a Fuero (5). Son los de origen más antiguo. A veces el solar de su propiedad da nombre a la familia (los Lara, los Guzmán, los Ávila, los Córdoba...).
2. Hidalgos de sangre, son los hijos o nietos de los que tienen ya la hidalguía. A veces no se les considera como tal si no demuestran varias generaciones anteriores con tal condición.
3. Hidalgos de privilegio, son los que reciben de los reyes este privilegio, por servicios prestados a la Corona.
4. Hidalgos de ejecutoria. Se denominaba así a los que litigaban y obtenían confirmación de hidalguía. Era la confirmación de una posesión anterior de hidalguía, previa demostración de ello.
5. Hidalgos de gotera o de canales adentro, son los que no han podido demostrar la hidalguía más que en ellos y en su padre. Gozan de hidalguía en su lugar de residencia, pero no fuera de él.

Definición diccionario R.A.E.

Para Ricardo Sáez hay cuatro tipos de hidalgos:
De solar conocido: su nobleza no se pone en tela de juicio y son los de más prestigio. Son del norte y poseen casa blasonada.
Notorios: su nobleza es aceptada por su nombre. Por la memoria social.
De Ejecutoria: Su nobleza se probaba gracias a documentos. Eran la ejecutoria sellada por una de las chancillerías del reino. Les resultaba humillante tener que mostrarlos para demostrar su nobleza.
De privilegio: aquellos que lo eran por algún servicio prestado al reino.


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