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lunes, 19 de septiembre de 2016

La escuela del jándalo León de Argüeso.


Todos nos hemos acercado alguna vez hasta el pantano de Arija. Hemos visto el lago, el campanario saliendo de las aguas y la playa. Pero quizá en esa excursión no nos acerquemos al centro de la población, bueno a uno de sus barrios, al más alejado de la estación de tren, de la playa y de la fábrica. Aunque seguro que cuando se dirijan al barrio de la estación verán a lo lejos las ruinas de un edificio que, por su altura, destaca sobre el resto de casas.

León de Argüeso

¿Qué es eso? ¿Qué estamos viendo? Son los restos de las escuelas construidas por León de Argüeso. ¿Que quién es este señor? Podría decirles que alguien que está cayendo en el olvido en Las Merindades y que ahora es de otro lugar… al que llegaremos.

Trasladémonos al año 1810 durante una guerra abierta en varios frentes: españoles contra españoles y españoles contra franceses; ingleses contra franceses; y guerrillas contra franceses. Y todos ellos viviendo sobre el terreno. A costa de los pueblos y comarcas.

Sanlúcar de Barrameda (cortesía de Fotos y postales antiguas de Sevilla)

La salida económica estaba al sur donde los ingleses comerciaban libremente con Cádiz y, desde esta ciudad, hacia el interior de la península y hacia América. El protagonista de esta historia partirá cuando mejore el tiempo y atravesará un país en guerra. Será una gran aventura para un chaval de 9 años, si nos atenemos a la fecha de nacimiento que da la historiadora Ana Gómez Díaz-Franzón: 1801.

Fijémonos un poco más en este joven valiente: León de Argüeso y Argüeso. Es uno de los seis hijos de Manuel de Argüeso e Isabel de Argüeso. Hidalgos. Los otros son Melchora, Manuel, María, Francisco y francisca. Esta familia procede de Campoo de Suso con mayorazgo en la, actualmente sumergida, población de Quintanilla de Valdearroyo. A finales del siglo XVI se traslada el mayorazgo a Arija. Entre las diversas ramas de la familia encontramos –y esto es importante para la historia- jándalos en la zona de Cádiz.

Sanlúcar de Barrameda (cortesía de Fotos y postales antiguas de Sevilla)

Un jándalo es un emigrado a Andalucía que retorna a su tierra. En 1775 figura en Sanlúcar de Barrameda (según archivo de Indias) otro arijano llamado Juan de Argüeso, hijo de Miguel Argüeso y María Fernández. Era criado de un comerciante de vinos que exportaba a América vinos y aguardientes. ¿Un pariente? Probablemente. Si la fecha de nacimiento arriba dada es la correcta podríamos pensar que León marchó en busca de, o llamado por, un pariente; que –lógicamente- no marcharía solo; y que, por ello, nunca tuvo el deseo de emigrar a América. O puede ser una fecha de nacimiento equivocada porque tampoco la fecha de defunción coincide con la de otros autores. Personalmente me fio de la de defunción que sale en el libro sobre los bodegueros de Sanlúcar de Barrameda: 1880.

Arribará a la zona gaditana con la vendimia -¡tres meses en llegar a Jerez!-. Su estación final fue Sanlúcar de Barrameda. La población estaba tomada por las tropas francesas y formaba parte del cerco a Cádiz. Su rey era José I. Bueno, hasta agosto de 1812.

Debemos dejar caer una pregunta en este punto. ¿Era normal que un niño marchase al sur o es que León era de otra pasta? Miren, la inmigración procedente de La Montaña (Santander, Las Merindades, norte de Palencia y aledaños) en la bahía de Cádiz ya en el último tercio del siglo XVIII eran el 29`5% de la inmigración a la zona.

(Cortesía de Arija.es)

Los montañeses procedían, en la mayoría de los casos, de poblaciones pequeñas y de los valles, empotrados en las montañas de la cordillera cantábrica, que se extienden desde Asturias y Santander hasta las estribaciones de los Pirineos. La escasez de tierra y la relativamente alta densidad de población son los factores que explican estos desplazamientos, sobre todo de campesinos y artesanos desde el siglo XVI.

Los acomodados podían llegar hasta los virreinatos americanos. Los demás se quedaban por la zona: El Puerto de Santa María, Jerez, Sanlúcar de Barrameda o San Fernando. Montañeses que, desde el principio, monopolizaron el comercio de comestibles y bebidas, abriendo tabernas y almacenes de ultramarinos o abacerías, que solían quedar anexos en un mismo establecimiento. Los capitales los diversificaban en otros sectores como navieras, comercio ultramarino o el vitivinícola.

Situación actual (2016) del edificio del colegio de la
Fundación León Argüeso

La norma de la emigración norteña era la modesta de tipo familiar que llegaba con escasos recursos y bajo el patrocinio de algún familiar, paisano o amigo comerciante ya establecido en la bahía de Cádiz. Trabajaban a su lado para terminar independizándose y abriendo nuevos negocios. Pensemos que cuando el rico comerciante necesitaba ayuda en las tiendas de su clan escribía a los padres respectivos dándoles las instrucciones necesarias para que, aprovechando el viaje de vuelta de algún criado que había ido de permiso, viniera bajo su custodia. Y esto pudo ser el auténtico viaje de León de Argüeso. Nada de la épica de un muchacho cruzando solo una España en guerra en busca de la fortuna andaluza o ultramarina.

Fachada

Con esa coyuntura León encontró trabajo en un comercio que durante las 24 horas daba servicio a todos los transeúntes que llegaban y partían en cuanto era posible hacia las Américas. Es decir: fue “chicuco”. Tras aprender el oficio durante cinco años, -y ya con Fernando VII en el poder- creó su propia tienda llamada "Almacén del Reloj"(en la calle Bolsa). Vendía clavos, mantas, queso, alpargatas y levitas. Para entenderlo pensemos en las actuales tiendas de chinos de nuestras ciudades con la familia viviendo en el comercio. Pues él igual.

Desde el negocio de los coloniales añadió algunas actividades portuarias y, lo que sería su riqueza: una bodega. Vemos que actuaba aplicando el sistema de los del norte. Adquirió unas viejas soleras y la bodega "San José", en el callejón de Santo Domingo. Con ello debía comprar tierras para no depender de la uva de los demás. Parece ser que también ejerció el oficio de prestamista.

Placa sobre la puerta

Dado el bajo nivel de vida de una España destrozada por la guerra, la perdida de capitales de los virreinatos independizados y la situación de ciudad portuaria de Sanlúcar lo mejor era orientar el producto hacia Cuba. La Habana era la ciudad española más rica del momento. Gracias a este mercado, en 1822 crea las bodegas de Argüeso.

Un gran industrial que -vayan a saber por qué- permaneció soltero y sus bienes los heredarán sus sobrinos (Algunas referencias dicen tres y otras dos). De hecho, uno de ellos, Juan de Argüeso participaba en la dirección de la empresa. A la muerte de León (1878 unos o 1880 los más) el negocio y su cuantiosa fortuna recayeron en dos sobrinos: Juan y Francisca. De ahí viene la leyenda que refleja el escudo de la actual bodega " Herederos Argüeso" con las siglas "J y F".

Puerta de las escuelas

Argüeso no fue un visionario. Constatamos que desde finales del siglo XVIII, ante la pujanza industrial y comercial de los vinos de Jerez muchos montañeses se habían animado a invertir en el negocio. Un vino que ofrecía enormes posibilidades de beneficios en el mercado internacional. Eso sí, tuvieron el reconocimiento de la sociedad como conocedores del sistema de soleras y expertos en la manipulación del vino y las botas y desempeñaron una labor muy importante, hasta el punto que investigaciones recientes tienden a afirmar que fueron ellos, no ingleses y franceses, quienes transformaron el sector del vino y la realidad social de las ciudades del área del Jerez.

Vale. Ya conocemos la vida de una saga de vinateros sanluqueños vinculados con Arija. Y me dirán: ¿Y el edificio en ruinas? ¿Qué tiene usted que contarnos sobre el edificio?

Ventanas donde se aprecia la cantería y la decoración.

Para entender el edificio, y la fundación, debemos comprender la situación de la educación en España en la segunda mitad del siglo XIX. La crisis, la necesidad de reconstrucción del país y la guerra que padeció España frenaron los ímpetus liberales en el proceso de escolarización. Veremos un lento aumento del número de escuelas con el lastre de un modelo de escolarización basado en la asignación de la enseñanza elemental –coste y gestión- a los ayuntamientos y la configuración del aula como unidad organizativa. Lo que nos dice esto es que ayuntamientos pobres conllevan escuelas pobres o inexistentes.

León buscará paliar este problema en su terruño. Mandó construir y pagó, dotándolo, el colegio y la fundación educativa asociada. El 23 de Noviembre del año 1871 se crean los estatutos de la Fundación con una clara inclinación de cultura humanística y religiosa para todos los niños y niñas de Arija y sus pueblos limítrofes. Las obras se extienden hasta 1891. No lo vio don León que ya había fallecido. Por ello la placa de la fachada es un remedo de lápida.

Cubierta

Hay publicada la idea de que el colegio se construyó en una huerta de los antepasados de León. Podría ser. Existen próximas casas de fechas anteriores a 1800. Y esto justificaría su construcción en el centro del pueblo y no fuera.

Hubo una escuela anterior, que funcionó desde 1888, en un edificio cercano a las actuales ruinas. Lo que vemos hoy no hace justicia al edificio levantado hace más de cien años. Un colegio que contrastaría con las construcciones aledañas por el uso de buena piedra sillería –que todavía se mantiene firme-, planta rectangular y tres pisos con buhardillas utilizables. El centro de la fachada está ligeramente resaltado, rematado en escalones y con una veleta con cruz de hierro. Los aleros eran de madera de roble; las ventanas de madera, con terminación de piedra en sus alfeizares; escaleras de roble; y artesonados en techo raso de yeso, algo nuevo en la época. Los techos de las diferentes plantas tenían tres metros de altura. La construcción se inició en 1890 y duró 6 años.

Pared oeste con las marcas del paso del tiempo

Es la mejor muestra del estilo historicista en la zona. El edificio estaba dotado de vivienda, aulas, salones, capilla y dormitorios para unos cuarenta alumnos. Un Vicario iba a ser el educador permanente del Colegio. Su presidente, el Arzobispo de Burgos, y miembro permanente para vigilar el correcto funcionamiento, el Cura Párroco de Arija.

Fue inaugurado para el curso 1896 a 1897. En esas fechas se construía la fábrica de vidrio en el Barrio de Abajo. Era otro disparo económico para Arija tras el ferrocarril. Por ello, el centro llegó a tener en algún curso hasta 60 alumnos. Límite físico, no de peticiones de ingreso.

Interior.

Había dos Vicarios, el Cura párroco de Arija impartía también clases. Hasta el histórico cura-párroco de Llano, Don Bernabé, iba dos días a la semana al Colegio de Arija. Don Bernabé era de Santa Gadea y estuvo de cura-párroco 64 años en Llano.

El centro seguirá activo hasta los años sesenta del siglo XX. ¿Causas de la decadencia? La despoblación, la llegada de las escuelas públicas, el desinterés de los patronos y la perdida de la conexión con la tierra de sus antepasados…

Detalle de la primera planta

El edificio no solo fue escuela: se empleó como acuartelamiento durante la guerra civil y como seminario después de 1940. Dos cursos se realizaban en el Colegio de Arija. Cada curso pasaban 30/40 niños por sus aulas. Eran los dos primeros cursos del Seminario de Burgos.

Jardín y puerta de la finca.

Hoy todo está hundido. Falló una parte del tejado que terminó afectando a una viga maestra. Hundido el tejado, su peso aplastó los cuatro niveles del colegio. Hoy todo el interior está amontonado confundiéndose aulas y dormitorios.

La finca donde está el Colegio es amplia y acotada con un muro de piedra. Todo el terreno está de césped. La valla se mantiene bien, salvo la parte delantera que ha sido expoliada. La verja ya no existe, ha desaparecido.


El viernes 1 de diciembre de 2006 se subastó la finca y el edificio del Colegio.


Alumno de este colegio fue Manuel Fernández Navamuel quien después de superar los cursos de Arija, fue a Madrid y allí completó una brillante carrera universitaria y política. Era de Santa Gadea de Alfoz.




Bibliografía:

“MONTAÑESES EN LA BAHÍA GADITANA” por María del Carmen Cózar Navarro.
“Historia de la educación en España y América” por la fundación Santa María.
“Arija” por José Fernández Arenas.
“LEON DE ARGÜESO, UNA VOLUNTAD DE HIERRO” por Jesús Fernández Navamuel.
“Linaje de los Argüeso” por Carlos Argüeso Seco.


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