El protagonista de esta tétrica historia es un
perfecto animal, una muestra de que el buenismo es una tontería –nadie es bueno
porque nosotros lo deseemos con todo nuestro corazón-, un psicópata y un
ladrón. Uno más de los que la historia, grande y pequeña, ha parido. Y este
nació y actuó en Las Merindades.
En Villabasil.
El individuo, nacido hacia 1907, era hijo de
Miguel Cereceda y Antonia Tobalina y cargó con el nombre de Félix. Sus padres
eran humildes labradores, pobres aunque la palabra hoy no sea políticamente
correcta. Desde niño se le quedaban las cosas pegadas a los dedos. Todo le venía
bien. Y, según algunas fuentes, tenía el apoyo de sus padres.
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Villabasil de Losa (Google) |
Al crecer, como era de esperar, la cosa no
mejoró. En su entorno se le evitaba dado su aspecto vulgar y carácter huraño. Cometía
los actos delictivos y le resultaba indiferente adoptar las medidas que
cualquier ladrón toma para evitar ser pillado.
Recién estrenada la edad adulta emigrará a la
Argentina para ejercer el oficio de carpintero aprendido gracias sus estancias
en diversas instituciones penitenciarias. Estuvo allá tres años. El viaje de
retorno lo hizo acompañado de un misterioso amigo desconocido, de un aparente
cambio de carácter –más sociable- y de una pistola –menos sociable-.
Poco se supo de aquel amigo… y de su mejoría de
talante. Los convecinos no se atrevían a denunciarlo. Un día de 1927 Félix entró
a robar en casa de la señora Rosario Tobalina Molinuevo, una viuda que había
puesto una cantina. Aprovechó que la gente estaba en la cocina jugando. Él
entró por la puerta trasera que daba a las cuadras, subió al primer piso y se
coló en la habitación de la señora Rosario. Buscó el dinero en los baúles donde
la viuda guardaba su ropa. No lo encontró. El tiempo corrió rápido y los
jugadores marcharon a sus hogares. Doña Rosario y su sobrina Julia Alonso
Puente, con la que convivía, se retiran a dormir en la misma cama. Es aquella
bajo la cual está Félix oculto.
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Capitán de la Guardia Civil (1922) |
Estando ambas acostadas oyen ruidos y murmuran
sobre ellos. El ladronzuelo coge su pistola argentina y dispara un tiro que
atraviesa la cama sin herir a ninguna. En la confusión generada sale Félix
corriendo y escapa por la ventana de la cocina. Cree que le han reconocido y se
refugia en el pajar del señor Paredes escondiéndose bajo la hierba allí
almacenada.
Un tiro y un hombre peligroso con pistola
desaparecido llevaba a una fácil conclusión: que Félix había disparado. El
vecindario da parte a la Guardia Civil de Quincoces de Yuso que inspecciona el pueblo.
Dentro no hay nadie. ¿En los alrededores? ¿En el pajar de Paredes? Los vecinos
están armados con bieldas –herramientas para cargar la paja- y las armas de
fuego de los somatenes y la Guardia Civil.
Cuando introdujeron las bieldas en los montones
de paja pincharon a Félix. Atado de pies y manos le encerraron en la Casa de Concejo
vigilado por los somatenes y vecinos que se hacían relevos para custodiarle. La
benemérita lo transportaría al día siguiente a Burgos. Durante la noche el
preso pidió que le dejaran salir a hacer sus necesidades fisiológicas y… ¡le
dejaron! Evidentemente en la nevada noche se fugó. No hizo falta mucho para
pillarlo. Solo seguir las huellas que dejaba en la nieve. La prensa se debió
hacer caso de este incidente y nos encontramos un breve donde nos informa que
la vista oral se produjo el 29 de agosto de 1927 en Villarcayo por los cargos
de disparo, lesiones y tenencia de armas.
La sentencia era conocida el día 2 de septiembre
de ese año:
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Diario de Burgos (02/09/1927) |
El hecho es que fue trasladado lejos. Villabasil
en paz. Hasta que el pieza volvió. Al parecer sus
antecedentes habían aumentado al estar cumpliendo condena de 12 años por
intento de homicidio en el reformatorio de Alcalá de Henares, según contaba el
periódico “La Región”. En este caso habría llegado al pueblo con libertad
provisional, o algo así. Según el periódico “La Nación” acababa de salir de
cumplir condena por asesinato frustrado. Les recuerdo que la disparidad en la
noticia era muy común.
Una de las cosas que consiguió Félix al volver en
mayo de 1933 fue que le rebautizaran como Felix "el Preso". Contaba el
señor Vicente al periódico “Crónica de Las Merindades” que su abuelo, también
llamado Vicente, solía ofrecer trabajo a Félix en su carpintería. Quizá pensaba
que así se reformaría. ¡Quiá!
La ocasión se presentará el día que Vicente, el
abuelo, marchó a Quincoces a por madera y a por dinero de su cuenta en el Banco
de Bilbao. Cuando volvió Félix no le quitó el ojo de encima hasta que descubrió
el lugar donde ocultaba el efectivo.
Al día siguiente, entendemos que el 25 de marzo
de 1933, Félix se fue al campo a trabajar al no haberlo en la carpintería. A
media mañana puso sus bueyes a la sombra para que descansaran, mientras, él, fue
al pueblo a hacer el otro “trabajillo”. Entró en la casa del señor Vicente y
saqueó el escondrijo. Pero saltó por la ventana equivocada ya que lo vio la
señora Paula Díaz Robredo de 25 años (otras fuentes, más probables, dicen 45
años) desde su casa que estaba situada enfrente de la del carpintero. Ella voceó amonestándolo.
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Guardia Civil (1931-1936) |
Félix fue corriendo a su casa, cogió el mayor cuchillo
que tenía y volvió hacia la casa de la señora Paula. Había que hacer algo al
testigo. La encontró pelando patatas. Le asestó 17 puñaladas por la espalda.
Pero bajando las escaleras para escapar se da de bruces con Jesusito, el hijo de
cuatro años de la asesinada, que venía de la escuela. Le agarra y le degüella
dejándole la cabeza colgando.
Coloca el cadáver del niño en la escalera y se
vuelve a su finca para terminar el trabajo con los bueyes y despistar a los
vecinos. La tragedia se reabrirá cuando el señor Constantino Llarena Ortega de
55 años, marido de Paula y padre del niño, entre en el zaguán de su casa y note
que no hay normalidad. Distinguió manchas de sangre. Llamó a su esposa y al no
escuchar respuesta subió a la cocina. A sus gritos de auxilio acudió el señor Paredes.
El pueblo estaba espantado. Incluso lo
aparentaba Félix. Para dar parte en el cuartelillo de Quincoces de Yuso se
organizaron unos voluntarios entre los que estaba Félix. Contaba el nieto de Silverio
Relloso -uno de los otros dos vecinos que salieron a dar aviso-, llamado José
Luis, que Félix les decía que tenía miedo a los que habían cometido los
crímenes porque pudieran salirles al camino.
El médico forense que hizo las autopsias decretó
suicidio tras asesinar a su hijo. ¡¡¡Increíble!!! Sí, porque era un ardid. Por
la tarde, en el cementerio, mostraron los cadáveres a Félix quien se desmayó. Le
detuvieron y, esposado, le llevaron al Juzgado de Villarcayo. Cuenta el nieto
del señor Vicente que, para recuperar lo que Félix le robó, le pidió al juez autorización
para visitar al preso en el calabozo de Villarcayo. Lo consigue. Félix hace
gestos de loco pero al ver a su ocasional patrón se calma y le escucha. "El
Preso" le dijo que los había escondido en el Arroyo de La Redondilla en
el terrero al lado de un árbol y le indicó la distancia y la profundidad del lugar
donde las podía encontrar. ¡Las encontró!
Estas monedas sucias permanecen en la familia
del carpintero.
Pasados un par de días es enviado a Burgos donde
es juzgado e ingresado en la cárcel de Valladolid (El periódico “La Vanguardia”
lo encarceló en Alcalá de Henares). A los dos años de estar en prisión se
comenta en todo el Valle de Losa y especialmente en Villabasil que se han
fugado 20 presos de dicha cárcel y entre ellos Félix Cereceda, "El Preso de
Villabasil"… Otra versión, siguiendo lo que publica el periódico “ABC”,
dice que lo internaron en el manicomio de Valladolid y que fue de este lugar de
donde se fugó.
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ABC (12/06/1935) |
¿Dónde fue? Retornó al Valle de Losa. ¿Por qué
estaban seguros los vecinos de esto? Se estaban reproduciendo los hurtos como
la desaparición de un traje de boda o un reloj de oro. Enseguida, avisaron de Oteo
que todas las noches ven fuego en la Peña Lérdano donde luego se supo que dormía
porque allí dejó abandonados parte de los objetos que había robado en el
pueblo.
Días después, el señor Damián, vecino de
Paresotas, le vio coger el tren de La Robla en Siones y se dio aviso al jefe de
la estación más próxima donde ya le estaba esperando La Guardia Civil de
Villasana de Mena. Era el 11 de junio de 1935. No se resistió a la detención.
Terminó en la misma cárcel de la que se fugó: Valladolid. Fiesta en Villabasil.
Algunas voces apuntaban que fue fusilado en la cárcel. Tal vez.
Como Dios escribe recto con renglones torcidos
en 1954 nos encontramos con un sacerdote llamado Félix Cereceda Tobalina.
¿Buscaría el Señor limpiar un nombre maldito?
Bibliografía:
Periódico “Crónica de Las Merindades”.
Periódico “Diario de Burgos”.
Periódico “Diario de la marina”.
Periódico “La mañana”.
Periódico “La región”.
Periódico “La Nación”.
Periódico “Ahora”.
Periódico “El Sol.”
Periódico “La Vanguardia”.
Dibujos GC de Delfín Manuel Salas Carmena.
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