Todos
los que peinamos canas recordamos el periódico “El Caso” con Margarita Landí y
otros periodistas que relataban la España negra, negrísima, de mediados del
siglo XX. Seguramente no todos los casos que aparecían en sus páginas se
resolvían. Pero, al menos, ellos realizaban su seguimiento porque la prensa
generalista iba olvidándose de los pocos incidentes fatales que relataban. Desde
siempre.
Tras
la lectura de muchos periódicos del siglo XIX hemos encontrado un ramillete de
referencia a actos criminales y muertes sucedidos en Las Merindades. De algunos
se sabe algo y de otros nada. ¿La causa? La noticia no tenía garra suficiente,
no había periodistas para seguir la noticia, censura, no se atrapó al culpable…
La
primera noticia la recogemos del periódico “El Popular” que hablaba de una
banda de salteadores en Salinas de Rosío el día 17 de agosto de 1846: “Estos
días ha aparecido una cuadrilla de siete ó ocho ladrones; no hay conformidad en
el número, ni tampoco en los que de ellos se han presentado con armas. Lo
positivo é indudable es, que en el monte del pueblo do Návagos, distante media
hora de esta villa, cogieron y apalearon á un pastor, por la resistencia que
les hizo a declarar quien era el más acomodado vecino”. ¿Siguieron por la
zona? ¿Hay muestra de nuevos asaltos? ¿fueron capturados? Silencio.
La
siguiente noticia necesita entender lo que son los “hermanos de armas” -los “Brothers
in arms” de aquella serie de televisión-: aquellos que luchan juntos en la
guerra o, en una versión más humilde, aquellos que hicieron el servicio militar
juntos. Se entiende que esos muchachos desarrollan un vínculo tan fuerte como el
de la sangre. ¡Cómo si fuesen hermanos de leche! Luchan juntos, viven juntos y
mueren juntos. Más aún si deben servir a la patria en tierras lejanas u
hostiles. Y no les digo nada si al vínculo de hermandad le añadimos la
consanguineidad. En este caso varios periódicos repitieron la noticia, que “La España”
hacía proceder de un remitente bribiescano.
El
nuevo observador 08/11/1852
En
este caso sí fueron capturados los asesinos. ¿Se dan cuenta que desconocemos el
nombre de todos? Y, si eso fuera poco, no sabemos cuando ni donde se realizó el
juicio. ¿Fue justicia militar o criminal? Diríamos que se juzgaron como civiles
al estar ya licenciados, pero… ¿Y si los militares pusieron sordina al tema
para no manchar su imagen?
Y
si hablamos de militares podemos fijarnos en este asesinato de un Guardia Civil
del puesto de Villasante que se produjo en junio de 1863. No sabemos el día
exacto pero fue antes del veintitrés, que es cuando se publica este breve: “Días
pasados fué muerto un guardia civil del puesto de Villasante, por un pasiego de
las cabañas de la Sía, término de Espinosa; según parece, el guardia con otro
compañero, trataron de prender al pasiego por una de las muchas fechorías que
tiene hechas: el pasiego salió corriendo por un prado y cuando saltó la pared
se parapetó detrás de ella y le pegó al guardia un balazo que lo atravesó, de
cuyas resultas murió, según dicen, en el acto. El pasiego parece que, aunque de
presencia despreciable por lo raquítico y ruin de su estatura, es pájaro de
cuenta, y ha sido encausado diferentes veces; es conocido con el mote de Foro;
la Guardia Civil de Medina, Villarcayo, Villasante y parte de los del puesto de
Valnera, están en su persecución y creo que lo capturen pronto porque bien
necesario es, pues un hombre que tiene ideas tan perversas y se encuentra en su
caso, será capaz de cometer cualquier atentado”.
En
este caso, al menos, tenemos un mote: “Foro”. Pero, también, una absoluta
despreocupación por el policía muerto. ¿Otra visión de la vida y la muerte?
Quizá
esa aceptación de la muerte fue modificada, levemente, con los años -y otra
guerra civil- porque para enero de 1887 empiezan a preocuparse por el nombre de
la víctima. El periódico “La Iberia” publicaba el fallecimiento -¿casual?- de Narciso
Martínez González.

Y,
ya que nos hemos salido del mundo del crimen, visitaremos un curioso incidente
que terminó en suicidio y del que se hicieron eco varios periódicos el cinco de
agosto de 1892: “Telegrafían de Burgos, diciendo que al regresar de Medina
de Pomar una familia que había ido a Oña para asistir á las fiestas de San Ignacio,
cayó del carruaje el hermano del diputado Sr. Arnaiz. El cochero, Alejo Val, no
detuvo á las mulas, sino que corriendo siguió con ellas á la carrera, por lo
cual una señora y dos señoritas que ocupaban el coche con intención de auxiliar
á don Valeriano Arnaiz, se arrojaron a tierra, sufriendo algunas heridas. El
coche sigue, no obstante, corriendo, y á los pocos momentos choca con un carro,
con tan mala suerte, que una yegua queda en el suelo herida. Ya no corre el
coche, pero si el cochero, que lo abandona todo y se va á dormir a la caseta de
un peón caminero. Ayer la Guardia civil trató de levantar la yegua y entonces
aparece el cochero, el cual dice que va por unas palancas para facilitar á
aquel animal la ascensión; pero apenas llega al puente de la Horadada se arroja
al río, donde pereció. Su cadáver no ha sido extraído”.
Otro
periódico anotaba que había “motivos para creer que el cochero estaba algo
perturbado”. ¿Por qué estaba perturbado? ¿Lo estaba antes de que se
desbocasen los caballos o fue a causa de este accidente? Más aún, ¿era miedo lo
que tenía?
Puente del cañón de La Horadada.
En
este caso ya tenemos varios nombres que alejan la noticia de un chascarrillo o un
relato de corrala. Identifican a Alejo Val, el cochero, del cual “La
correspondencia de España” nos dice que tenía 27 años y que se tiró al Ebro el
lunes, 1 de agosto de 1892. El día nueve publicaba la recuperación del cuerpo.
Como nota curiosa, “El católico Balear” incluía la noticia arriba transcrita el
día once de agosto. Cosas del periodismo del siglo XIX. Otro de los nombres que
aparece es Valeriano Arnaiz, hermano de un tal diputado Arnaiz. Valeriano solo
tiene importancia por ser hermano de Clemente Arnaiz y Ezquerra que la prensa titulaba
como “diputado”. Consultada la base de datos del Congreso de los Diputados del Reino
de España no consta este individuo. En otras fuentes ya lo presentan como “diputado
provincial” por la zona de Villarcayo y Miranda, con perfil independiente, al
menos desde 1891 y que falleció en junio de 1936. Es decir, formaba parte de la
Diputación Provincial de Burgos, de la que llegó a ser presidente. Quizá por
eso el bombo a esta noticia. Los poderosos Arnaiz estaban vinculados a Medina
de Pomar. Y, pensando mal, quizá por ese poder tuvo miedo el cochero de tal
forma que terminó suicidándose.
Ese
mes de agosto de 1892 también conoció un asunto más turbio, pero menos
sangrante y que terminó con una brillante acción policial que recogía “El
Papamoscas” el día siete:
Como
vemos el cura de Extramiana no necesitó quien le defendiese. Y casi ni el de
Quintanilla-Montecabezas que era diestro en la lucha aun teniéndose que enfrentar
a gente armada con revólveres y cuchillos.
Es
una pena la falta de los nombres de estos probos hombres de Iglesia, y el de
sus amas, pero la siguiente noticia incluye la identificación de su
protagonista: “en la noche del 21 trató de fugarse de la cárcel de
Villarcayo (Burgos), el preso José Díaz, no habiendo logrado su intento por
haberse apercibido el vigilante D. Prudencio Cifuentes”. Esta breve nota la
publicaba el periódico “La correspondencia de España” el 26 de octubre de 1894.
Nos pica la curiosidad por saber la razón de su detención y procesamiento. Por
cierto, bien por Prudencio.
Terminamos
este recorrido por la prensa truculenta del siglo XIX con un caso publicado el
3 de marzo de 1899:
¿Capturó
la Guardia Civil al criminal? Si nos fiamos del rumor que extendió “El
Papamoscas” del 9 de abril de 1899 debemos creer que sí pero… ¡no nos dan
nombre alguno!
Bibliografía:
“Diario
Oficial de Avisos”.
Periódico
“El correo militar”.
Periódico
“El siglo futuro”.
Periódico
“El popular”.
Periódico
“La España”.
Periódico
“El nuevo observador”.
Periódico
“La correspondencia de España”.
Periódico
“La Iberia”.
Periódico
“El clamor público”.
Periódico
“El Papamoscas”.
Periódico
“Diario de Burgos”.
Periódico
“El diario español”.
Periódico
“El genio de la libertad”.
Periódico
“El País”.
Periódico
“El Cantábrico”.
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