Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 10 de noviembre de 2024

La amante “montera” del Fénix “pasiego”.

 
 
Lope de Vega y Carpio fue lo que definiríamos hoy en día como… ¡un pichabrava! De acuerdo, no parece un término adecuado. Lo sustituiremos por los de un libertino, un conquistador… y un gran literato. Se le conocen numerosas amantes -extramatrimoniales- y, por supuesto, sus dos esposas.

 
No todos sus romances tuvieron el mismo peso en su corazón y, por tanto, en la historia de este autor y de la literatura castellana. Tenemos a María de Aragón; Elena Osorio, casada con el actor Cristóbal Calderón; Antonia Trillo de Armenta; Jerónima de Burgos que fue madrina del bautismo de Lope Félix, uno de los hijos que el poeta tuvo con Micaela de Luján; Lucía de Salcedo, alias “la loca de Nápoles”; Marta de Nevares Santoyo; varias amantes desconocidas más; y, por supuesto, Micaela, o Michaela, de Luján.
 
Todas las biografías de Lope describen a Micaela, -o Camila Lucinda, Lucinda Serrana o solo Lucinda- como de una belleza extraordinaria, pero inculta o analfabeta incapaz de firmar en documentos notariales. De este hecho se ha deducido que Micaela de Luján debió de ser ignorante y actriz mediocre. Algunos destacan que Lope sólo resaltaba su apariencia física: sus ojos azules, sus cabellos, sus manos blancas...
 
"Belleza singular, ingenio raro,
fuera del natural curso del cielo,
Etna de amor, que de tu mismo hielo
despides llamas, entre mármol Paro.
Sol de hermosura, entendimiento claro,
alma dichosa en cristalino velo,
norte del mar, admiración del suelo,
émula al sol, como a la luna el faro;
milagro del autor de cielo y tierra,
bien de naturaleza el más perfecto,
Lucinda hermosa en quien mi luz se encierra:
nieve en blancura y fuego en el efecto,
paz de los ojos y del alma
dame a escribir, como a penar, sujeto".
 
Cristóbal Suárez de Figueroa, en su libro “Plaza universal de todas ciencias y artes” la coloca entre las mejores actrices de su momento. Lope no solo exaltó su belleza, sino que ponderó su inteligencia con epítetos como: “ingenio raro” y “entendimiento claro”, que hablaba “con palabras tan graves y prudentes que es gloria oíllas, (…) con vivo ingenio y tono regalado”. Además, si era analfabeta, ¿cómo se aprendía los textos a recitar? Signo de su ferviente amor, Lope anteponía en la firma de sus escritos una “M” mayúscula, “porque es uso en corte usado, cuando la carta se firma, poner antes de la firma la letra del nombre amado”. La última vez que aparece esa “M” en la firma de sus obras es el 18 de abril de 1608, en la comedia “La batalla del honor”.

 
Nuestra dama era de unos treinta años, dicen que de apariencia aniñada, cuando se conocieron Lope y ella en Toledo, según se deduce de unos versos de “Serrana Hermosa”. Lope rondaba los treinta y siete años. La fecha de ese encuentro se fija en la víspera de la Asunción, el 14 de agosto de 1599, según Américo Castro:
 
“cuando Amor me enseñó la vez primera
de Lucinda en su sol los ojos bellos,
y me abrasó como si rayo fuera”
 
 
El encuentro pudo producirse con motivo de alguna representación que la compañía en que actuaba Micaela de Luján realizara en el Mercado de la Fruta de Toledo. Dicen los lopistas que las composiciones dedicadas a Lucinda se cuentan entre las mejores de la lírica española y que dejó huella en la obra de Fénix de los Ingenios. Señala Américo Castro, además, que personajes con el nombre de Lucinda y caracterizados como serrana se reiteran junto a Belardo, que representa a Lope, en las comedias de esos años, por ejemplo, “Las pobrezas de Reinaldos”, “Los tres diamantes” o “Lucinda perseguida”.

 
Los inicios de Micaela en la profesión teatral datan de 1594, cuando entró en la compañía de Alonso de Cisneros junto con su marido, el actor y representante Diego Díaz de Castro, para actuar, encargarse del cobro de las entradas y aderezar los teatros para las representaciones. Estarían hasta que en 1596 su marido dirigiese su propia compañía. Esta formación es con la que participaría en las fiestas del Corpus de Segovia de 1598. Lope, a pesar de esta relación con Micaela, contrajo matrimonio en Madrid el 25 de abril de 1598 con Juana de Guardo, mujer vulgar, hija de un rico abastecedor de carnes que nunca hizo efectiva la dote que había prometido a su hija.
 
Micaela y Diego tuvieron dos hijas -Agustina y Dionisia-. La relación con Lope de Vega se inició tras la muerte de la primera esposa de este, Isabel, en 1594. Aunque, al parecer, Micaela había sido protagonista de algunos versos del Fénix en 1593. Hacia 1600 o 1601 Micaela se trasladó a Sevilla con su marido, mientras que Lope vive entre Toledo y Madrid junto con su esposa. Sin embargo, no tardó mucho Lope en seguir a Lucinda y, al año siguiente, fue a vivir a Sevilla con Micaela, cuyo marido se había marchado a Perú. Quizá la distancia fue la mejor cura para una infección de cuernos.
 
Micaela seguía trabajando como actriz de la compañía de Baltasar de Pinedo y representó obras, en 1602, en Sevilla y Granada y participó en las fiestas del Corpus de la capital hispalense. Se desvincularía de esta compañía cuando se trasladó a representar a Córdoba. Al parecer, Micaela ya nunca más volvió a trabajar como actriz profesional.

 
En octubre de 1603 nació en Sevilla Félix, hijo de la actriz y de Lope de Vega. Poco después Micaela recibió la noticia de que su marido había fallecido ese verano en Perú y en enero de 1604 llevó a cabo los trámites necesarios para obtener la tutela de sus hijos y poder administrar sus bienes y los de su difunto marido, un proceso burocrático en el que Lope de Vega actuó como su fiador. En julio Micaela se marchó a vivir a Toledo, donde Lope convivió con su esposa y visitaba a su amante. Con este motivo, arrienda, en agosto de 1604, una casa en el barrio de San Justo para su mujer legítima, que está a punto de dar a luz, y otra en el cercano barrio de San Lorenzo para vivienda de Micaela y sus hijos.
 
Hacia mayo de 1605 nació Marcela y, en enero de 1607, nació Lope Félix de Vega Carpio (el único reconocido como hijo de Lope y Micaela en la partida de bautismo dado que la esposa del autor residía en Toledo y el bautizo fue en Madrid). Fueron padres también de Ángela, Mariana, y Félix. Los preferidos del escritor fueron Marcela (1606) y Lope Félix (1607) quizá porque fueron los supervivientes.
 
La relación amorosa entre los dos llegó a su fin hacia 1608, última fecha en la que se hallan testimonios literarios de la relación de Lope con Micaela. Al fallecer Juana de Guardo en 1613 Lope llevó a su casa a Marcela (con ocho años) y a Lope Félix, los dos hijos más pequeños de Micaela de Luján. Marcela permaneció con su padre hasta 1622, en que entró en el vecino Convento de las Trinitarias Descalzas ganando fama de gran escritora. Por su parte, Lope Félix tras haber probado suerte en la poesía participando en el certamen que se realizó con motivo de la beatificación de san Isidro en 1620, cambió las letras por las armas y en 1621 siguió al marqués de Santa Cruz, hijo del ilustre Álvaro de Bazán. Luchó contra holandeses y turcos, pero, fascinado por la riqueza, abandonó las armas y se embarcó en una expedición a la isla Margarita, en la costa de Venezuela, famosa en aquel tiempo por su pesquería de perlas. El barco naufragó y el hijo de Lope se ahogó.
 
Hay sospechas de que una Micaela Luján seguía viviendo en 1612 en Toledo, en la parroquia de San Miguel, porque en su libro de difuntos aparece que “Micaela Luján, sola, que vive en el callejón de Córdoba…” El documento revela que esta Micaela Luján tenía una criada negra de nombre Elvira, cuya hija muere el 24 de septiembre de 1612, por lo que Micaela hace una donación para la compra de ornamentos fúnebres destinados al sepelio. Cuando la carrera como actriz de Micaela era ya un recuerdo del pasado, era todavía evocada por Suárez de Figueroa en su Plaza universal (1615) como una de las prodigiosas “mujeres en representación” que España había tenido.

 
Hemos podido esbozar la vida de esta amante, concubina o querida de Lope de Vega, pero, de entre todo lo dicho, no hemos dado a conocer el lugar de nacimiento de la muchacha. Que es la razón para referirnos a Micaela de Luján en una bitácora sobre Las Merindades. Este dato ha generado polémicas culturales por siglos. Las opciones son varias y muchos apoyan la idea de que nació en las estribaciones manchegas de Sierra Morena. También lo sitúan en Membrilla (Ciudad Real) o Madrid.
 
El origen manchego parte de un poema titulado “Serrana hermosa”, escrito a modo de epístola autobiográfica en un viaje de Lope de Sevilla a Toledo en 1602:
 
Llegué, Lucinda, al fin, sin verme el sueño
en tres veces que el sol me vio tan triste,
a la aspereza de un lugar pequeño
a quien de murtas y peñascos viste
Sierra Morena, que se pone en medio
del dichoso lugar en que naciste.
 
Los partidarios de esta opción la hacen venir al mundo en el entorno del Viso del Marqués al estar en la antesala del puerto de Despeñaperros. Pero hay pegas: dicho puerto se abrió en el siglo XVIII, por lo que Lope transitaría por el Camino Real de Sevilla a Madrid que pasaba por Almodóvar del Campo y atravesaba Sierra Morena por la zona de Fuencaliente. N habría razón para deducir lo deducido de ese poema. Una pena. O no.
 
José María de Cossío Martínez-Fortún (1892-1977), escritor y académico de la Real Academia Española, conjeturó, en 1928, que la, patria de Micaela pudo ser Espinosa de los Monteros, en Las Merindades. ¿Por qué? Por un pasaje de “Los esclavos libres”:
 
Belaida: ¿De dónde eres?
Lucinda: Española.
Bel.: (…) ¿De qué parte?
Luc.: De Castilla.
Bel.: ¿De qué lugar?
Luc.: De Espinosa de los Monteros.
Zarte: Es villa por sus hidalgos famosa.
Bel.: ¿Tienes padre?
Luc.; Un capitán.
Bel.: ¿De qué apellido?
Luc.: Luján.
 
¡Más claro: agua! ¿Alguna duda? Bueno, podemos decir que esta alusión explícita se halla en una obra de ficción donde el personaje de Lucinda encarna la hidalguía castellana y, por lo tanto, se le adorna con la raigambre de la villa hidalga por excelencia. El carácter de ficción es lo que hace que Espinosa pierda peso frente a la versión manchega incluida en un contexto autobiográfico.

 
¡Oigan! que Cossío no era un indocumentado porque su discurso de entrada en la R.A.E. el 6 de junio de 1948 se tituló “Lope, personaje de sus comedias”. La única forma de conciliar “Serrana Hermosa” con “Los esclavos libres” es suponer que, si bien había nacido en la Mancha, su patria familiar era Las Merindades. Quizá algo similar a lo que había sido la historia de Lope de Vega cuyos padres eran de Carriedo (Cantabria) y él había nacido en Madrid porque su padre se había escapado del hogar en una aventura amorosa. Su madre lo siguió a la Corte donde se reconciliaron. Lope recordará sus orígenes en numerosas de sus obras y -¡quién sabe!-, podría haber sido esta comunión de orígenes familiares otro de los factores que le hubiera atraído de Micaela Luján.
 
 
 
Bibliografía:
 
 
Casa Museo de Lope de Vega.  
“Las mujeres de Lope de Vega”. Tatiana Domínguez.
“Real Academia de la Historia”.
Periódico “ABC”.
“Reseña sobre “Los dos Quijotes” de Justo García Soriano””. Juan Bautista Avalle Arce.
“La vida amorosa de Lope de Vega”. José F. Acedo Castilla.
“Roteiro o Século de Ouro en Madrid”. Francisco Juez Juarros.
“Lope y La Montaña”. José María de Cossío Martínez-Fortún.
 
 
 

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