Son
curiosas las palabras. ¿Qué nos lleva a llamar algo con un fonema o con dos? ¡A
saber! Pero en nuestro entorno y dentro de Las Merindades hay
nombres de este estilo: río Oja -en La Rioja-, río Oca -en Burgos- o nuestra
protagonista: el pueblo de Oña. Esta población es conocida gracias al conde de Castilla
Sancho García y de su esposa Urraca al decidir fundar un monasterio donde
situar, como abadesa, a su hija Tigridia. Era el año 1011. Pero, ¿había una
población allí antes de ese momento o fue fundada exnovo?
Lo
digo porque, aunque la zona de Oña estaba apartada de la “vía aquitana” que
comunicaba Astorga con el suroeste de la Galia y pasaba por Virovesca
(Briviesca), teníamos cerca Salionca (Poza de la Sal). Oña, así, era paso
obligado para, a lo largo del valle del río Vesga, llevar la sal hasta el Ebro
y por el desfiladero de La Horadada a Trespaderne y la costa. En el desfiladero
hay restos tardoromanos o visigodos (fortaleza de Tedeja) que podrían suponer un
punto de control de época romana en esa vía. Carecemos de información sobre
Oña hasta el siglo IX, en que los documentos conservados en las colecciones
monásticas aportan algún dato. Pero es en el siglo X cuando la información se
vuelve algo más densa y permite mayores precisiones.
Hay
un documento de 967 que menciona el lugar de Sorroyo por referencia a un alfoz
de Oña: “Imprimis trado memetipsa cum corpus simul et anima, deinde in
alfoce de Onie uilla que uocitant Arroio de Sancti Fructuosi cum integritate”.
Aunque se trata de una única cita, el texto apoya la idea de que a mediados del
siglo X existía un distrito territorial cuyo centro era la villa de Oña. La
cosa cambia con su elección como sede monástica al desgajar jurisdiccionalmente
Oña del territorio circundante. A lo largo del siglo XI, el distrito se llamará
Petralata, por su fortaleza principal, que se cita repetidamente en el período
de ocupación navarra. Oña debió ser un pueblo pequeño, en una tierra
accidentada y rodeado por otros similares como Penches o Tamayo. No se han
hallado referencias a un monasterio en Oña entre los documentos conservados anteriores
a 1011 y, de haber existido tales textos antes de la desamortización, los
eruditos de época moderna se hubieran referido a ello. Seguro.
Retomemos
el documento del año 967, donde se recogía el topónimo Oña, y la existencia de
una villa de ese nombre. Bueno, eso de que “se recogía el topónimo Oña”
diríamos que lo hace de forma “diversa”. La evolución del latín y la
pronunciación de sus fonemas afectó a la forma en que escribían las palabras. Sobre
todo, sin reglas ortográficas claras. En los documentos de compraventa de las
tierras para el monasterio de Oña se observan ya formas diferentes como Honia,
Onia, Onna, Onie, en el año 1011. Ongia y Hongea en el 1045; Onga, en el 1099;
Unia, en el año 1103; y Onnia, 1148. Hay otras variantes como Honya u Hongia, pero
la que se consolida en la lengua romance es Onna, sobre todo a partir de la
segunda mitad del siglo XIII.
Pero,
¿de dónde procede el nombre? ¿Qué significa? La primera explicación la tenemos
que buscar en Espinosa de los Monteros y en la leyenda de la Condesa Traidora. La
Crónica Najerense (hacia 1160), que relata la historia, dice que el monasterio
lo fundó el conde Sancho, donde fue enterrado: “Sepultus apud Onie
monasterium, quod fecerat". En 1243, la “Historia de Rebus Hispaniae”
del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, cuenta: "Tandem comes
Sancius contriti cordis penitencia stimulatus, construxit monasterium ualde
nobile quod Oniam nominavit, eo quod matrem uiuentem Mioniam more Hispanico
appellabat". Hay una alusión a una tal Mionia, madre de Sancho García
conde de Castilla que fue fundador del monasterio, como origen del nombre Oña. Pero
no es hasta la “Primera Crónica General de España”, de Alfonso X (hacia 1290),
cuando se extiende la leyenda de la condesa traidora asociada al nacimiento del
topónimo. Dice la leyenda que la condesa, para entregar el señorío a Almanzor,
y tras deshacerse con artimañas de su marido, quiso envenenar a su hijo, pero
éste la obligó a beber primero del vaso que le ofrecía: “Et ella con aquel
miedo, beuio el uino, et cayo luego muerta. Empos esto el conde don Sancho, con
pesar et crebanto por que matara a su madre de aquella guisa, fizo por ende un
monesterio muy noble, et pusol nombre Onna por del nombre de su madre […]”
Argumentaban que la razón del nombre era que, en Castilla, llamaban Mioña a las
señoras y que la condesa Sancha era tenida por señora en todo el condado de
Castilla. Por ello, el conde quitó de ese apelativo el “mi” quedando como
nombre del monasterio Oña.
En
el siglo XV otras crónicas hacen referencia a esta historia. Mosén Diego de
Valera dice en su “Crónica abreviada de España” que “et ovo este porque en
aquel tiempo por madre dezían Oña”. En “Las bienandanzas e fortunas”, de
Lope García de Salazar, se explica que: “E por el nonbre de aquella mala
doña Sancha ovo nonbre aquel monesterio de doña Sancha, e por tienpo dexose el
de Sancha e quedose el de doña, e así se llamó e llama Oña”. Vamos, una
deformación de “doña” donde se perdía la “D”.
Aparte
de que la leyenda es ficción el nombre de la esposa del conde Garci Fernández
se llamaba Aba, nombre que fue cambiado equivocadamente por Oña en una
traducción al romance de una escritura otorgada por el hijo de Fernán González.
Además, ya hemos visto que Oña es un nombre que aparece antes de la fundación
del monasterio.
Gregorio
de Argáiz escribe, en 1675, que el topónimo Oña deriva del nombre de un
prefecto romano llamado Publio Petronio, que estuvo en la zona durante la guerra
con los cántabros: “[...] Aunque los tres emperadores, Julio Cesar,
Octaviano, y Galba, estuvieron en España, y los tres passearon a las Provincias
de Rioja y Bureba: el que más cierto es que dio nombre a este Valle y Villa de
Oña, fue Publio Petronio, el Prefecto de Augusto Cesar, que viniendo de la
guerra de Cantabria, entró por la Bureba, y por el dificultoso Valle de Oña
(cuya entrada por los lugares de Pino, y de Castellanos, estava defendida de
los Cántabros) y lo ganó con grande valor, porque subió por las espaldas de la
Sierra, que llaman hoy la Mesa del Abad de Oña […]. Lo mismo al sitio
donde baxó a poner sus tiendas, de llamarle Castra Petronia, que abreviado se
vino a deslizar en Petronia, Pionia y vltimamente Oña”. El padre Argáiz desbarra
al establecer la etimología del topónimo Oña, aunque manifiesta preocupación
por aclarar el asunto.
Enrique
Flórez, en 1772, recoge la denominación “Villa Omnia”, que aparece en una
escritura de dotación del monasterio, para acercar la etimología de Oña a la
palabra latina OMNIA (todo), aunque con dudas: “Acaso provino de allí Oña
por la general fertilidad del valle, a quien atribuyeron el elogio de que allí nacía
todo, Omnia, Onia, Oña”.
Juan
del Álamo, en 1950, se muestra partidario de adscribir Oña al Euskera donde la
voz “OIN” (pie), como “pie de monte”, encajaría con la situación topográfica de
Oña. Otra lengua no indoeuropea, como la ibérica, es reivindicada por algunos
autores como origen de Oña. Justo Pérez de Úrbel sugiere que el nombre está
relacionado con la voz “ONI” (pie), que dice que es vasca o ibérica,
participando así de la teoría del vasco-iberismo. En contra del origen
eusquérico de Oña está la escasez de topónimos vascos en esta zona a pesar de
que abundan en La Rioja y aledaños. Aunque estos son producto de la Reconquista
y, por tanto, posteriores a la romanización. Además, Oña está incluida en el
territorio que ocupaban los autrigones en el momento de llegar los romanos a la
Península. Los autrigones eran un pueblo celta, que por el Este llegaba hasta
el río Nervión, lo que se aprecia en los nombres del Oeste de Vizcaya y Álava que
son de etimología celta, salvo los más recientes producto de la repoblación.
Como apoyo hablaremos del origen celta del topónimo “Bureba” al descubrirse varias
aras dedicadas al dios prerromano “Vurovius”. Es un teónimo encontrado también
en Bélgica, en la demarcación de los antiguos Neruii, de donde vendría el
nombre del río Nervión.
Siguiendo
la teoría de Martín Sevilla Rodríguez, la forma céltica reconstruida ONNA (fresnos),
que ha sobrevivido casi idéntica en el galés o el bretón y que procedería de la
raíz indoeuropea “OS-”, podría ser el origen del topónimo Oña. En Asturias, el
río Güeña aparece mencionado en un documento del siglo XII en la expresión “per
flumine Onna”. Del mismo origen serían los topónimos “Bueña”, en Teruel, y “Güeñes”,
en Las Encartaciones vizcaínas situadas a la izquierda del río Nervión. Hay
autores que prefieren una etimología a partir de la voz precéltica ONNO, ONNA que
sería un curso de agua o fuente. Se basa en la aclaración ONNO (numen) que
aparece en un tratado antiguo de nombres galos.
Y…
¿en Oña hay manantiales, ríos o fresnos? Sí, sí y, seguramente, sí. Es un lugar
propicio para los fresnos que son árboles de ribera, aunque hoy sólo los vemos
replantados en el monasterio. Pero, en el momento de surgir Oña bien pudiera ser
el fresno un árbol frecuente junto al río o a orillas de sus manantiales. Por
otro lado, la toponimia relacionada con el fresno es muy frecuente en el norte
de España (La Fresneda, Fresnedo, Fresnedilla, Lizarra (Estella), etc.). Todo
esto hace pensar que el origen celta es el más probable para el topónimo Oña.
Bibliografía:
“Los
nombres de lugar en Oña (Burgos): un caso de toponimia en el primitivo solar
del castellano”. Eduardo Rojo Díez.
“Toponimia
de Oña y Tamayo (Burgos) en el Catastro del marqués de la Ensenada (1751)”.
Eduardo Rojo Díez.
“Amo
a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
“Los
orígenes de Oña y el estudio del territorio”. Francisco Reyes Téllez y Julio
Escalona.
Toponimia
Asturiana.
Revista
“La Esfera”.
“Oña,
apuntes para el recuerdo”. Asociación “El Colmillo”.
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