Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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sábado, 15 de agosto de 2026

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Manzanedo.

 
 
Nos trasladamos a la capital de uno de nuestros municipios-valle: Manzanedo. Estamos cerca del Ebro, con un caserío apiñado entre el cual nos encontraremos la iglesia. Esta población se integra en el siglo X dentro del alfoz de Arreba pasando más tarde a la merindad de Castilla Vieja, según lo recoge el Becerro de las Behetrías. Este nos informa que Mançaneda era un lugar solariego de Nuño y de Pedro Fernández de Velasco. En el lugar tenían también propiedades el abad de San Martín de Elines (Cantabria) y el monasterio cisterciense de Rioseco.

 
Centrándonos ya en la iglesia vemos que es un templo de sustrato románicos a pesar de las modificaciones góticas y posteriores. Se conservan románicos el ábside, la portada, la espadaña y el muro sur. La espadaña está rematada en cruz, con tres huecos, dos campanas y un campanillo. Tiene a un costado los restos de un reloj. 


La primitiva nave románica ha sido muy alterada; se cubre actualmente con bóvedas de crucería, de varios nervios y en cuatro partes, que parecen del siglo XIV. Se le ha añadido también una segunda nave por la parte norte. María del Carmen Arribas nos informa de que, aunque la titular es Nuestra Señora, en el Inventario Arqueológico se la denomina de San Esteban.

 
La portada, la entrada, se ubica a los pies del templo constando de tres arquivoltas de medio punto que descansan sobre jambas en ángulo. La decoración que tuvo está prácticamente perdida, salvo en la parte de la línea de imposta -saliente o hilada en voladizo-, donde vemos un tallo que se va ondulando y abriendo en forma de flores de cinco pétalos, todo muy estilizado y labrado en bajorrelieve. Sobre la portada quedan dos canecillos, uno de los cuales se decora con una cabeza de animal.

 
Conserva prácticamente íntegro el ábside románico, con presbiterio y capilla absidal abovedados con cañón y horno. El acceso a cada uno de ellos se hace mediante sendos arcos de medio punto que se apoyan en sus respectivas columnas. 


Horizontalmente el ábside va dividido en dos cuerpos cuyo remate superior son dos molduras de cuarto de caña lisas. El cuerpo inferior va decorado con arquerías ciegas de medio punto, dos en cada lado del presbiterio y siete en el tramo curvo. Las dos del lado norte desaparecieron al abrirse la puerta de la sacristía, mientras que tres de la capilla absidal permanecen ocultas tras el retablo mayor. 


Destacan ante todo por su esbeltez y elegancia, mucho más notorias aquí que en otros ábsides próximos (Crespos y San Miguel de Cornezuelo), que también las tienen. El borde de estas arcadas lleva moldura de medio bocel -moldura convexa lisa- en todos los casos, excepto en el primer arco del ábside y en los dos del presbiterio sur que llevan moldura de cuarto de caña con bezantes lisos o en forma de flor. Cómo información complementaria, un bezante es una figura heráldica redonda, llana y maciza de metal. La rosca de todos estos arcos va decorada con flores estrelladas enmarcadas en círculos ligeramente rehundidos y labradas a bisel. El mismo tipo de flor, aunque más grande, aparece sobre el muro en el centro de algunos de estos arcos, a modo de tímpano.

 
Aunque desde el punto de vista iconográfico sus capiteles son muy poco variados, técnica y compositivamente hay entre ellos grandes diferencias. Sus proporciones son alargadas y esbeltas, al igual que el conjunto de las arcadas, y vienen a resaltar los elementos que las decoran. Éstos son hojas que, partiendo de la parte superior del fuste, suben hasta la parte superior del equino (Moldura convexa, característica del capitel dórico o jónico, situada entre el ábaco y el collarino). Algunas hojas son de sencilla estructura, formas convencionales y antinaturalistas, modeladas en bajorrelieve.

 
Las hojas de uno de los capiteles del muro sur del presbiterio son diferentes a las demás: son un doble cuerpo, elevadas a distinta altura, curvándose de diferentes formas. Esta diferencia se resalta por una labra distinta en la que se señala cuidadosamente todo el entramado de las hojas y se festonean sus bordes, empleándose para ello la técnica a bisel con abrasivos. En estas hojas la luz actúa con toques ligeros y los valores de sombra son numerosos.

 
A pesar de la poca variedad temática que presenta la ornamentación de este templo, muchos de sus capiteles merecen ser destacados por su elegancia e incluso algunos por su calidad de labra, que los sitúa muy cerca de los capiteles vegetales de Ahedo del Butrón.

 
El templo parece que podría ser obra de los mismos maestros que trabajan en los otros de la misma escuela como San Miguel de Cornezuelo, pero los capiteles de las arcadas del ábside son más cercanos al estilo se Silos. La arquitectura parece de mediados del siglo XII pero el relieve de los capiteles ya es bastante más tardío.




La pila es románica, de copa lisa con borde moldurado y base circular. El retablo mayor es clasicista, sencillo. Hay una santa, gótica, con libro. Sus libros parroquiales dan comienzo en el año 1579. En su interior se encuentra el Museo de Arte Sacro del Valle de Manzanedo.



Bibliografía:
 
“Amo a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
Románico Digital “Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción”. Texto: MI -Planos: JGP-Fotos: PLHH.
“El Valle de Manzanedo. El Valle de Mena”. María del Carmen Arribas Magro.
Web “Las Merindades”. 
 

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