Nos
trasladamos a la capital de uno de nuestros municipios-valle: Manzanedo.
Estamos cerca del Ebro, con un caserío apiñado entre el cual nos encontraremos
la iglesia. Esta población se integra en el siglo X dentro del alfoz de Arreba
pasando más tarde a la merindad de Castilla Vieja, según lo recoge el Becerro
de las Behetrías. Este nos informa que Mançaneda era un lugar solariego de Nuño
y de Pedro Fernández de Velasco. En el lugar tenían también propiedades el abad
de San Martín de Elines (Cantabria) y el monasterio cisterciense de Rioseco.
Centrándonos
ya en la iglesia vemos que es un templo de sustrato románicos a pesar de las
modificaciones góticas y posteriores. Se conservan románicos el ábside, la
portada, la espadaña y el muro sur. La espadaña está rematada en cruz, con tres
huecos, dos campanas y un campanillo. Tiene a un costado los restos de un reloj.
La primitiva nave románica ha sido muy alterada; se cubre actualmente con
bóvedas de crucería, de varios nervios y en cuatro partes, que parecen del
siglo XIV. Se le ha añadido también una segunda nave por la parte norte. María
del Carmen Arribas nos informa de que, aunque la titular es Nuestra Señora, en
el Inventario Arqueológico se la denomina de San Esteban.
La
portada, la entrada, se ubica a los pies del templo constando de tres
arquivoltas de medio punto que descansan sobre jambas en ángulo. La decoración
que tuvo está prácticamente perdida, salvo en la parte de la línea de imposta
-saliente o hilada en voladizo-, donde vemos un tallo que se va ondulando y
abriendo en forma de flores de cinco pétalos, todo muy estilizado y labrado en
bajorrelieve. Sobre la portada quedan dos canecillos, uno de los cuales se
decora con una cabeza de animal.
Conserva
prácticamente íntegro el ábside románico, con presbiterio y capilla absidal
abovedados con cañón y horno. El acceso a cada uno de ellos se hace mediante
sendos arcos de medio punto que se apoyan en sus respectivas columnas.
Horizontalmente
el ábside va dividido en dos cuerpos cuyo remate superior son dos molduras de
cuarto de caña lisas. El cuerpo inferior va decorado con arquerías ciegas de
medio punto, dos en cada lado del presbiterio y siete en el tramo curvo. Las
dos del lado norte desaparecieron al abrirse la puerta de la sacristía,
mientras que tres de la capilla absidal permanecen ocultas tras el retablo
mayor.
Destacan ante todo por su esbeltez y elegancia, mucho más notorias aquí que
en otros ábsides próximos (Crespos y San Miguel de Cornezuelo), que también las
tienen. El borde de estas arcadas lleva moldura de medio bocel -moldura convexa
lisa- en todos los casos, excepto en el primer arco del ábside y en los dos del
presbiterio sur que llevan moldura de cuarto de caña con bezantes lisos o en
forma de flor. Cómo información complementaria, un bezante es una figura heráldica
redonda, llana y maciza de metal. La rosca de todos estos arcos va decorada con
flores estrelladas enmarcadas en círculos ligeramente rehundidos y labradas a
bisel. El mismo tipo de flor, aunque más grande, aparece sobre el muro en el
centro de algunos de estos arcos, a modo de tímpano.
Aunque
desde el punto de vista iconográfico sus capiteles son muy poco variados,
técnica y compositivamente hay entre ellos grandes diferencias. Sus
proporciones son alargadas y esbeltas, al igual que el conjunto de las arcadas,
y vienen a resaltar los elementos que las decoran. Éstos son hojas que,
partiendo de la parte superior del fuste, suben hasta la parte superior del
equino (Moldura convexa, característica del capitel dórico o jónico, situada
entre el ábaco y el collarino). Algunas hojas son de sencilla estructura, formas
convencionales y antinaturalistas, modeladas en bajorrelieve.
Las
hojas de uno de los capiteles del muro sur del presbiterio son diferentes a las
demás: son un doble cuerpo, elevadas a distinta altura, curvándose de
diferentes formas. Esta diferencia se resalta por una labra distinta en la que
se señala cuidadosamente todo el entramado de las hojas y se festonean sus
bordes, empleándose para ello la técnica a bisel con abrasivos. En estas hojas la
luz actúa con toques ligeros y los valores de sombra son numerosos.
A
pesar de la poca variedad temática que presenta la ornamentación de este
templo, muchos de sus capiteles merecen ser destacados por su elegancia e
incluso algunos por su calidad de labra, que los sitúa muy cerca de los
capiteles vegetales de Ahedo del Butrón.
El
templo parece que podría ser obra de los mismos maestros que trabajan en los
otros de la misma escuela como San Miguel de Cornezuelo, pero los capiteles de
las arcadas del ábside son más cercanos al estilo se Silos. La arquitectura parece
de mediados del siglo XII pero el relieve de los capiteles ya es bastante más
tardío.
La
pila es románica, de copa lisa con borde moldurado y base circular. El retablo
mayor es clasicista, sencillo. Hay una santa, gótica, con libro. Sus libros
parroquiales dan comienzo en el año 1579. En su interior se encuentra el Museo
de Arte Sacro del Valle de Manzanedo.
Bibliografía:
“Amo
a mi pueblo”. Emiliano Nebreda Perdiguero.
Románico Digital “Iglesia
de Nuestra Señora de la Asunción”. Texto: MI -Planos: JGP-Fotos: PLHH.
“El
Valle de Manzanedo. El Valle de Mena”. María del Carmen Arribas Magro.
Web “Las Merindades”.
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