Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 12 de marzo de 2017

Pirámide de los italianos, ¿Damnatio memoriae?

  
Sí, hablaremos de la pirámide de El Escudo. “¿Pirámide?” –Me dirán. Sí, pirámide. Y, es cierto que cualquiera podrá decirnos que las hay en Egipto, en Centroamérica y, rizando el rizo, en Roma. Pero pocos dirán que hay una pirámide escalonada en Las Merindades. Una obra de veinte metros de altura en un lugar que ya es atractivo por su valor paisajístico: la antigua llanura de La Vilga y el actual pantano del Ebro, por cierto, construido en época franquista.


Es un edificio rompedor por su estilo, por su localización y por el momento en que se construyó. Es uno de esos casos en los que el proyectista necesitaba la arquitectura atípica para transmitir su idea. ¿Qué idea quería transmitir con la Pirámide de los italianos?

Vayamos por partes. La pirámide, simbólicamente, es “de lo más”: Enlace entre el mundo terrenal y el celestial; representación de la capacidad de ser dioses por parte de los hombres al construir una montaña; materialización del conocimiento matemático; y de la astrología, amén de la astronomía, porque, generalmente las cuatro caras están orientadas a los cuatro puntos cardinales con la puerta de entrada situada hacia el este, como evidente simbolismo de su esperanza en una vida nueva.

La de El Escudo, casi marcando el límite interprovincial, no tiene nada que ver con las históricas pero, quizá, sí buscó parte del simbolismo de aquellas. Fue construida para enterrar y conmemorar a los caídos italianos que lucharon en la zona norte de España -incluida la batalla del Puerto de El Escudo pero no solo los de El Escudo- durante la Guerra Civil Española y que estaban distribuidos por los cementerios de varias provincias: Vizcaya (141), Cantabria (616) y Castilla Norte (153). Les añado que el total de los italianos muertos en España fue de 3.414 hombres, sin contar desaparecidos y heridos muertos tras regresar a Italia.

Fotografía de Guglielmo Sandri (Archivo Provincial de Bolsano)

No solo era hacer un cementerio llamativo sino impactante también, piensen que en los movimientos de masas los muertos se convierten en mártires (o héroes de la patria), trofeos de la causa o pruebas de su fuerza y en la enrarecida atmósfera de los funerales, el dolor se convierte en entusiasmo político. Lógicamente, los cementerios de los mártires deben ser más que lugar de recuerdo para sus allegados. Ya no son de sus deudos porque su pérdida fue por “la causa” (la revolución proletaria, fascista, el Reich de los mil años, la fe religiosa, la liberación del “pueblo X”, la cruzada…) y este acto de abnegación lleva a que el lugar sea un espacio para el recuerdo y la conmemoración… colectiva, popular, que tiene sus fechas icónicas. En inglés se llama “remembrance day” y es cuando se afirma ante los restos que nunca serán olvidados. Su recuerdo es la medida de su heroísmo y muestra de gratitud de los que les recuerdan.

La víctima ascendía a los cielos, a la otra vida, y desde allí vigilaba. Ellos estaban así presentes mientras perviviese su recuerdo en los vivos, quienes al recordarles y homenajearles no les olvidan jamás. Los hombres pasan, pero su ejemplo queda entre los vivos que les admiran y recuerdan sus obras y epopeyas.

Vista del pantano del Ebro desde el cementerio de los italianos

Todas las revoluciones lo hacen, lo necesitan. Pero suelen destacar esos sistemas dictatoriales, autocráticos y nacionalistas para quienes la memoria es un fin y un instrumento de gobierno. Destacaremos como maestros en el empleo de las conmemoraciones del pasado a la Alemania nazi, la Italia fascista y la URSS. Franco fue bajando el pistón a lo largo de su régimen. En la España de hoy es difícil ver estas demostraciones pero, podrían servirnos de ejemplo, la Diada en Cataluña y la entrega de flores ante un “caído” por la causa de 1714 a pesar de morir años después. Y en menor medida las arengas en los días de Aberri Eguna o de los Comuneros en Villalar.


En estos movimientos se exige a los representantes de todas las áreas de la vida pública que comparezcan un día determinado ante el cenotafio y depositen sus coronas: las fuerzas armadas, la iglesia, los veteranos de guerra, los representantes diplomáticos... Es toda una grandiosa afirmación de la unidad y la solidaridad de los vivos para con los muertos y un acto de memoria colectiva. Este esfuerzo por mantener viva la memoria, intenta reconstruir un pasado en el que la verdad y la mentira suelen ir de la mano; los recuerdos suelen ser engañosos porque la memoria inventa, arregla, modifica, actualiza el pasado y estos actos crean una visión muy subjetiva de la historia, dificultando a los asistentes la necesaria depuración y contraste con la realidad histórica. Vamos que se puede manipular el pasado y al pueblo a un mismo tiempo.

¿Y para ese ejercicio de control social era necesaria la forma de pirámide? ¡¿Qué les respondo?! Si escuchamos a algunos nos dirán que esa edificación es un claro mensaje masón porque el triángulo era un recurso de la masonería y la representación tridimensional del triángulo (símbolo de la luz). Además, con el vértice hacia arriba, simboliza el fuego y de la virilidad. Masculinidad y bizarría (Valentía). Pues vale. Ahora seguimos en serio.


Asumamos que las exaltaciones fúnebres del fascismo italiano en España adoptarán los estilos y modos de la España vencedora. Algunas de sus realizaciones (Monumento del Puerto del Escudo) recuerdan obras y proyectos de la arquitectura española conceptualista, como la de Luis Moya y su Pirámide no realizada, dedicada también a los muertos; así como otra de Goya, tampoco llevada a cabo, dedicada a los muertos de la guerra de la Independencia. Mamaban la concepción y diseño del proyecto de los diferentes estilos faraónicos. Fíjense que el Valle de los Caídos es una típica tumba escavada.


¿Cómo era este arte fascista? Pues, con demasiados monumentos conmemorativos a los difuntos, obeliscos o monolitos, cruces funerarias, capillas votivas, inscripciones y pinturas murales. Era una arquitectura votiva y expiatoria que buscaba fijar en piedra la retórica de estos regímenes. También era una arquitectura de espacios amplios para las grandes manifestaciones, homenajes y desfiles de los primeros años de postguerra. Un homenaje funerario, con los caídos voluntarios de un país hermano delante, lleno de símbolos, himnos, banderas, monumentos y discursos con fuerte lenguaje militar y religioso, era de lo más efectivo para adoctrinar a las masas.

Vista aérea Pirámide de los Italianos año 1946

Nuestro Mausoleo italiano respondió a las intenciones políticas del momento, teniendo la grandeza de los monumentos antiguos que desafían al tiempo, al olvido. Surgía un lugar de meditación y de reposo para las generaciones futuras y de admiración para el visitante. Pero no se crean que esto es cosa de fachas, estoy seguro que, si hubiese ganado la II República Española, hubiera habido un monumento similar para las Brigadas internacionales, un tipo “mausoleo de Lenin”. Piensen que hablamos de monumentos que conmemoran la victoria sobre un adversario político, y para nuestro caso: un enemigo de la fe cristiana y de los nuevos valores occidentales. Se construyó un lugar de peregrinación, un sitio histórico, en la línea del Valle de los Caídos.

Vista aérea Pirámide de los italianos año 1956

Para el momento de la guerra civil de 1936-1939 el gobierno fascista italiano ya tenía experiencia en estas “perfomances” con hormigón. En 1934 proyectó un sagrario militar para los llamados “mártires de la Revolución Fascista italiana”. El diseño estaba firmado por el arquitecto racionalista Giuseppe Samoná. Lo concibió como un templo dentro de un templo, con unos volúmenes austeros, como había sido austero el sagrario erigido según el diseño de los racionalistas Adalberto Libero y Antonio Valente en 1932 para la Exposición de la Revolución Fascista que celebraba el décimo aniversario de la Marcha sobre Roma. Era una sala circular y en la oscuridad reinante resplandecía sobre la pared el lema “Presente”, bien iluminado desde el fondo, para semejar la irradiación lumínica de las almas de los mártires. Igual que en la pirámide de El Escudo.


Con toda esta disquisición no me he dado cuenta de que hemos llegado ante la puerta del parque. Les propongo que lo imaginen en su esplendor. El acceso se realizaba a través de una verja de hierro, entre dos grandes fasces de cemento. En la calle de entrada estaban las 270 lápidas recuperadas de los cementerios donde estuvieron inicialmente enterrados los legionarios. Un duro trabajo porque, indico, había 236 localidades con tumbas del CTV. Por cierto, para la tarea de reagrupamiento de los cadáveres, así como en la atención espiritual, intervinieron los Padres Capuchinos y los franciscanos, que eran los encargados espirituales de las tropas italianas en España.

Entrada a la Pirámide de los italianos 2016

Cementerios. ¿Se han parado a pensar en esos cementerios que marcaban el avance de los italianos? Todos ellos eran cementerios militares, cementerios de soldados italianos con al menos cinco tumbas de soldados, pero dentro de un cementerio municipal. En las cruces de sus tumbas solía aparecer el lema fascista “Credere, Obbedire, Combattere”, recordando que habían encontrado la muerte tras la obediencia ciega a sus ideales fascistas. Pero había otras frases como las que los más viejos leyeron en las tumbas de los soldados enterrados en Villarcayo: “Scese per me l’ultima sera nella speranza di un domani migliore per te, o Spagna!”, “Dieron sus vidas defendiendo el patrimonio espiritual común a entrambos pueblos” y “Aquí yacen 95 legionarios italianos caídos en heroica lucha por el triunfo de Cristo y del alma hispana. Los años no marchitan la gloria ni el amor que guardan estos despojos”.

Foto de Guglielmo Sandri (Archivo Provincial
de Bolsano)

La batalla de El Escudo disparó el número de soldados italianos fallecidos y enterrados en la zona. Destacaremos los 95 que estuvieron en Villarcayo; los 28 del balneario de Corconte; el de Ollas; los 8 de Argomedo; los 23 de Cabañas de Virtus; el de Castrobardo; los 26 de Oña; los 7 de Quintanatella; el de Quintanilla de Pienza; los 95 de Santelices; el de Torme; los 8 de Soncillo; los dos de Villalaín; el de la Ctra. Soncillo-Cubillo; los cuatro de Castillo de Bezana; el de Cigüenza; y las 17 aisladas de Corconte.

Las exhumaciones fueron llevadas a cabo por el Sargento Petrozzi a partir del 13 de agosto de 1941 en zonas de Valladolid, Soria, Santander, País Vasco, Navarra y Burgos. 93 cadáveres de la zona de Valladolid-Soria y 291 de los restantes lugares. Total: 384 cuerpos inhumados. No fue difícil porque, previsoramente, los soldados habían sido enterrados con una botella que conservaba las chapas de identificación. Una curiosidad sobre estos muertos: uno era un argentino de la provincia de Buenos Aires.

Foto de Guglielmo Sandri (archivo Provincial de Bolsano)

Concretando, el diseño, el dinero y la dirección fueron italianas y la mano de obra prisioneros republicanos locales, dicen que unos cincuenta. Según el historiador Dimas Vaquero, el excombatiente teniente de ingenieros licenciado Attilio Radic realizó un proyecto de homenaje a los caídos en esta batalla y el centurión capellán capuchino fascista Pietro Giovanni Bergamini fue el director de los trabajos en la primavera de 1939. Radic supo recoger las esencias de los sagrarios fascistas italianos, reflejarlas en este cementerio y monumento del Puerto de El Escudo. Las obras deberían estar ultimadas antes del día 24 de mayo de 1939. El monumento fue inaugurado el día 26 de agosto para coincidir con la caída de Santander.

Diseño original de la Pirámide de los italianos.

Desde lo alto del monte, los muertos estarían vigilantes y “presentes” como ejemplo de su sacrificio por una nueva España. Attilio Radic eligió una pirámide, monumento funerario por excelencia, en el que la luz tendría un papel importante cuando atraviesa el hueco vacío de la cruz, como un símbolo de la gloria en el sacrificio, y la oscuridad de su cripta representará el silencio imperturbable de los que allí descansan, rodeados de un ejército de mártires que reposan sobre la llanura exterior.


Siguiendo la mejor tradición “pirámidica”, los cuatro vértices de la base coinciden con los puntos cardinales, y la puerta está situada al este, hacia el camino de entrada y el amanecer (renacer). Claro que su estructura no es de bloques de piedra sino del más recio hormigón. Sus 18 niveles están revestidos de piedra caliza y representarían las distintas cotas del puerto.

La puerta es identificada por la gran “M” que la encuadra y que parece un homenaje a Benito Mussolini, aliado del Generalísimo, pero –para los especialistas- es sólo un indicador de Moritorio (cementerio en italiano) o Monumentum. El proyecto tenía diseñado rematar la pirámide con una estatua de la Victoria alada con escudo, arco triunfal y ornamento con fasces.


En la parte posterior, la gente ha amortizado parte del material constructivo, lo que hace parcialmente ilegible la original inscripción en latín que se grabó al inaugurar la pirámide:


SCUTUM ENSE FRACTUM IBI CONFREGIT POTENTIA SARTUUM SCUTUM GLADIUM ET BELLUM. El escudo fue roto (por la espada) allí quebró la fuerza de los arcos, el escudo, la espada y la guerra.


Sobre el dintel de la puerta, bajo la “M” hubo otra inscripción que decía: "AL CADUTI LEGIONADI", a los legionarios caídos.

Cuando se desacralizó y abandonó la pirámide la puerta fue tapiada. Aunque se la encontrarán abierta. Tras esta abertura verán la primigenia puerta metálica que daba paso a la estancia circular rematada con una cúpula semiesférica que, gracias a su ojo y las dos cruces vaciadas exteriores, permite la entrada de luz natural iluminando las palabras “presente, presente, presente”, lema originario del fascismo italiano. Enlazaba con la idea de que “dalla croce come la gloria dal sacrificio”. Parece ser que al pasar revista y nombrar a un soldado caído, el resto del pelotón respondía con esta palabra. (Atención: no entren solos a la cripta al ser un edificio en ruinas).


Dentro hubo un altar de mármol. Sobre las cuatro paredes fueron recogidos los 360 “loculi” (20x20x60 cm) con unas pequeñas lápidas individuales con el grado, nombre del caído, unidad a la que pertenecía y fecha de su muerte. En doce tumbas fueron depositados los restos de 12 oficiales, únicos que estaban enterrados en el interior, junto al Cónsole Alberto Liuzzi (de origen judío), en la pequeña cripta, y en ella también estaban anotados los nombres de los que fallecieron. El resto, 372 soldados, permanecían enterrados en el exterior, en el recinto de forma circular.


El gran Elías Rubio Marcos, cronista de la provincia, entrevistó a Félix López Hernando que fue el vigilante del cementerio desde 1946 hasta 1975. En los últimos noventa era el único vecino del pueblo de El Escudo aunque había nacido en Venta Nueva. “El primer día que los italianos tiraron hacia aquí desde La Maza nos mataron un cerdo y nos destrozaron la casa: “Franco paga”, nos dijeron”. Y la paga fue que, después de acabada la guerra encontró un puesto de trabajo como conserje del panteón de El Escudo. Le nombró el consulado de Italia en Santander con un sueldo de 500 pesetas de la época y seguridad social.

Camino de acceso a lo largo del cual se encontraban
las diferentes lápidas de las primeras tumbas de los caídos

Félix mantenía limpio el panteón y se lo enseñaba a las visitas que venían desde Italia. Para una correcta identificación la embajada le había entregado un libro con los nombres de los soldados, el regimiento y el batallón al que pertenecían. Como conserje asistió a las misas de difuntos que anualmente se celebraban. Cada dos años asistía el embajador de Italia en España. (¿Recuerdan lo dicho sobre no olvidarles?).

Vista aérea del cementerio hacia 1973

Cuando aparcamos en la explanada de acceso y vemos la entrada sin las letras (“Aquí reposan en la gloria los legionarios italianos caídos por la causa de España y su civilización”) ni las grandes columnas con sus correspondientes hachas fascistas poco podemos imaginarnos que este monumento llegó a ser visitado por el conde Ciano, yerno de Mussolini, y ministro de exteriores de Italia. Hubo todo un despliegue para aquel acto. Previamente pasó el General Gambara, agregado militar de la embajada italiana, por la zona de combate, la pirámide de El Escudo y los cementerios de donde se habían extraído los cadáveres de los voluntarios. En la prensa se hablaba de la obra como “un colosal osario, de forma piramidal, donde han de quedar encerrados en su día, los restos de los 400 legionarios italianos enterrados en distintos cementerios de esta provincia y que cayeron en la conquista de Santander. La puerta está formada por una enorme “M”, inicial del apellido del Duce, y dentro, cerrada por una magnífica Cruz de hierro, que sirve de cancela. En el interior hay tantos nichos pequeños como restos de legionarios caídos se guardan en ellos. Las paredes, severamente trazadas, contienen por tres veces la palabra “Presente”. Demasiada exageración pero refleja la importancia que daban al monumento.


Ciano llegó a las once menos cinco de la mañana del 13 de julio de 1939 en una caravana de cien vehículos acompañado del Ministro de la gobernación, Serrano Súñer, el Gobernador Civil, Marqués de la Eliseda, el Alcalde de Santander, Emilio Pino y el general López Pinto, jefe de la sexta región militar. Allí esperaba el General Gambara, las autoridades locales y muchachas ataviadas con el traje típico regional montañés. El conde recibió explicaciones y detalles del monumento por parte del capellán Bergamini.

Periódico AZUL

Tras la visita Ciano se dirigió a Corconte (también en Burgos) y depositó una gran corona de laurel con la inscripción “El ministro de Asuntos Exteriores de Italia a los legionarios caídos”. En el trayecto se habían unido a la comitiva el Gobernador Civil de Burgos junto al jefe de la Guardia Civil y el Secretario de Orden Público. Ya en el balneario de la localidad le esperaban el alcalde, el presidente de la Diputación, el jefe Provincial de Falange Tradicionalista y de las JONS, organizaciones del Movimiento, autoridades locales, doscientos camisas negras de ambos sexos de los fascios de Vigo, Bilbao, San Sebastián y Santander y numeroso público, siendo nuevamente interpretados los respectivos himnos nacionales. Allí se incorporaron el Ministro de Defensa Nacional, Se rezó un responso a cargo del capellán del CTV, que todos siguieron arrodillados, finalizando el acto con la revista a las tropas que rindieron honores.


Con el tiempo la pirámide perdió a tan egregios visitantes y eran los familiares de estos soldados caídos los que se acercaban a visitar los restos de aquellos idealistas. Hasta el accidente de la “curva de los italianos” (19/05/1971) cuando un autobús del ejército de tierra se despeña por un barranco causando una docena de muertos y múltiples heridos.

ABC  (30/05/1971)

Ese accidente, los costes y el cambio de ciclo histórico que se produciría en España decidieron la exhumación de los cuerpos. En 1975 se metieron en cajas de zinc y unos se repatriaron (268) y otros se llevaron a la Torre-Osario de Zaragoza (104), la torre de la iglesia de San Antonio de Padua que es un Sacrario Militare Italiano construido para albergar los restos de los combatientes italianos caídos en la Guerra Civil Española. Este lugar es propiedad del gobierno italiano y es tierra italiana. De esta manera se evitarían posibles profanaciones, se facilitaría la visita de sus familiares al estar todos agrupados en un mismo lugar, y su mantenimiento resultaría más barato.

La Vanguardia (Española)

Cuando vayan a ver este conjunto –no solo la pirámide- sientan cómo conjugaban el carácter arquitectónico con fines conmemorativos y la muerte. Era un templo que formaba parte del nuevo discurso artístico franquista, en el que sólo era válido el arte útil, definido como un arte con fuerte capacidad de proyección ideológica y de inserción en el Estado.

Vista aérea año 2014

Estamos acabando este artículo sobre la pirámide de los italianos, un lugar que sobrecoge y que nos despierta los profundos temores hacia la muerte y nos predispone a la comunicación con “el otro lado”. Tengámoslo claro: es un cementerio vaciado, como hay muchos, como el nuevo parque de Villarcayo donde los críos juegan. Será por la forma de pirámide o porque la guerra impregnó el entorno, no sé, pero este mausoleo abandonado es lugar propicio para buscar psicofonías.


Si tienen interés en esta parte del tema el programa de Iker Jiménez, con nula precisión histórica y geográfica, les abrirá a esa vertiente del asunto. Reconocen que ellos no obtuvieron psicofonías en la pirámide frente a otras personas que habían grabado palabras como “¡Atrápalo!”


Vayamos y abandonemos este prado comunal que se convirtió en cementerio y que ha vuelto a ser prado comunal. Si el Valle de los Caídos fue, y es, el símbolo de los soldados de Franco que murieron en la guerra civil, el Puerto del Escudo tuvo un significado similar para los italianos, era el monte de los caídos en España.


El Mausoleo del Puerto del Escudo respondió a las intenciones políticas del momento. Hoy en día fascistas y antifascistas han dejado su colorida señal en los muros del monumento.



Bibliografía:

“Arquitecturasin memoria” Blog  por Maider Beldarrain Calderón
“CREDERE, OBBEDIRE, COMBATTERE, fascistas italianos en la Guerra Civil española”, de Dimas Vaquero. Edit. Mira 2007
“Burgos en el recuerdo 2” de Elías Rubio Marcos.
Programa de televisión “Cuentos en la Bruma: Recuerdos de una guerra (21/01/2017)”.
Programa de televisión “Cuarto Milenio”.
Periódico “ABC”.
Periódico “La Vanguardia española”.
Periódico “Imperio”.
Periódico “El diario montañés”.
Centro de documentación de la imagen de Santander.
Periódico “Diario de Zamora”.
Archivo provincial de Bolsano. Fotos de Guglielmo Sandri.
Fototeca digital del Ministerio de Fomento.
Periódico “Azul, diario de las F.E.T. y de las J.O.N.S”
"La participación italiana en el Frente Norte. La batalla de Santander (Julio-Agosto 1937)" por José Luís García Ruiz.


Anexo:

Desde Sigüenza, donde estaba su mausoleo hasta finales de los años sesenta fueron traídos los restos del general (Console) Alberto Liuzzi, condecorado con la medalla de Oro póstuma y que tiene su placa en solitario en el Sacrario Militare de Zaragoza. Fue, de entre todos los soldados italianos enterrados en la pirámide, el de mayor graduación y cuya placa figuraba en solitario en el primer rellano. Alberto Liuzzi había nacido en 1898, ingresando en la Escuela de Oficiales de Complemento, y estando destinado en los “alpini” durante la primera guerra mundial fue condecorado por dos veces con la Cruz de Guerra. Se licencia en el año 1920 con el grado de teniente e ingresaría en el Partido Fascista, pasando a la Milizia con el grado de Centurione, ascendiendo hasta alcanzar el grado de Cónsule Generale. Llegó a participar en la guerra de Abisinia y se alistó como voluntario para la guerra civil española. A España llegaría a principios de 1937, participando ya en la batalla de Guadalajara. Muere el 12 de marzo de 1937, junto a otros oficiales, a causa de un bombardeo aéreo republicano, cuando en un coche se desplazaba hacia la localidad alcarreña de Trijueque durante los trágicos días de la batalla de Guadalajara.







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