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domingo, 7 de mayo de 2017

San Francisco Extramuros de la villa de Medina de Pomar


Un poco de historia. Trasladémonos al siglo XII, o al XIII, cuando los monasterios más pequeños que dependían de las grandes abadías se suprimen, secularizan o adscriben a otros. Será el momento de las nuevas órdenes mendicantes que, por su misma constitución centralizada y jerárquica, podían ponerse al servicio del Papa eficientemente. Eran órdenes que renunciaban, teóricamente, a poseer benes raíces y primaban el vivir de las limosnas. Como la de los franciscanos.

San Francisco por Zurbarán.

Tradicionalmente se fija la vista de San Francisco de Asís a Hispania a finales de 1213 o inicio de 1214 para predicar en tierra de moros. Afortunadamente optó por visitar el sepulcro de Santiago Apóstol. Su orden se asentará oficialmente aquí en 1217. Y ninguna orden religiosa tendrá tanta presencia en nuestro territorio: 30 conventos de franciscanos desperdigados por toda la actual provincia de Burgos y más de una docena de monasterios de monjas. En Burgos valía el aforismo: “Por fraile o por hermano, todo el mundo es franciscano”.

Para Julián Sainz de Baranda el convento franciscano de Medina de Pomar debió existir desde principios del siglo XIV. Fray Francisco de Gonzaga (General de la orden 1579-1587) dedujo, a partir de los epitafios en sus claustros, que fue fundado en el año 1323. Así lo hace constar en su Cronicón titulado “De origen Seraphicae Religionis Franciscanae. Tertia pars. Prov. Cantabriae (Roma 1587)”. Un elemento que lo empujaba un poco más hacia el pasado era el testamento de Sancha García, mujer de Sancho Sánchez de Velasco, fechado el año de la era de 1359 (mejor 1321) en Burgos ante Pedro Fernández, en el que manda se entreguen después de su muerte “a los frailes de Medina de Pumar cuatrocientos maravedises” y que se encontraba en el archivo de Santa Clara.

Monasterio de San Francisco de Medina (Cortesía Rte. el Molino) 

Señalar que la custodia de Vitoria tuvo desde el siglo XIV los conventos de Medina de Pomar y Miranda de Ebro. El nuestro aparece mencionado en una merced o privilegio de Fernando IV, el Emplazado, (1285-1312) del 5 de junio de 1306 por la que el rey concede del tesoro real 200 Mrs. de sal de las salinas de Rosío. La contrapartida era celebrar en su iglesia determinados sufragios por sus antepasados y su prosperidad.

En el año 1274 dice otro documento “et que nos dedes lo medio trigo (ut lo medio) ordio al abbat de Medina”. Tendría que referirse al de San Francisco pues no se conoce ningún otro convento por este tiempo en Medina de Pomar. Su construcción probablemente se comenzaría algo más tarde que la catedral de Burgos. El hecho de que nos consta que el ábside fue casi cuadrado en vez de poligonal marca su antigüedad.

La fecha de su fundación es, sin embargo, bastante anterior a la arriba citada. En un documento de reconocimiento por parte de Fortún (o Fortín) Pérez -donde se procede al reconocimiento de la iglesia de San Salvador de Baranda como parroquia dependiente de Oña- dado el domingo 3 de julio de 1272 se dice: “Rogamos a Fray Pedro Mathe, guardiano de los frayles menores de Medina de Pumar que ponga su sello pendiente en esta carta. Yo Roy Sanchez escrivano público en Medina, Don Martin Pérez de Santa Cruz (…)”.

La vida y la muerte eran algo cotidiano en la sociedad medieval. Por ello resulta llamativo que Pedro de Berrio, fraile de este nuestro convento, solicitase al Papa Martín V (año 1427) la gracia de que los componentes de la comunidad eligiesen libremente a su confesor y que pudiesen ser absueltos de sus pecados en el trance de la muerte. Puntualicemos que este fraile se encontraba en Roma en esas fechas y que estaba sin un duro porque no podía satisfacer las tasas de esa merced.

Vista aérea del monasterio en 1946

El edificio que constituyó el convento fue de proporciones tales que permitió albergar una comunidad de 40 frailes y se construyó en dos periodos. La iglesia, más antigua, pertenecería al siglo XIV y, quizás, la portada y ábside a su final. La portada la forma un arco ojival con adornos de grumos y adornos tetrafoliados con tres escudos sobre sí: el de Castilla y León, el de los Velasco, y el tercero tiene en su campo una sencilla cruz, de familia desconocida.

Vista actual de los restos supervivientes

Las bóvedas del templo fueron de nervadura sencilla y poseían grandes contrafuertes que todavía hoy pueden apreciarse. En el lado norte se adosó un pórtico neoclásico. La ojiva de las ventanas era muy apuntada quizá resto de un gótico primitivo y, en el ábside, ventanas con parteluz y trilóbulos. Como templo franciscano, la iglesia era sencilla en su ornamentación.

El interior del templo era de una sola nave de arquería ojival y crucería sencilla. Fuera de la zona del altar era compuesta. Pequeñas capillas se abrían en sus muros y de la capilla mayor fueron patrones la familia de Arce Zorrilla. El coro era amplio y descansaba en un arco escarzano, de fecha muy posterior, y obra del siglo XVII situado sobre la puerta de entrada. El pavimento de la iglesia fue arrancado de su sitio el año 1852 vendiéndolo sus dueños para la construcción de la fábrica del Rosario en el barrio de Pomar.

Detalle.

En el hueco central de su altar mayor se hallaba la imagen de la Concepción y, escoltándola, las de San Buenaventura y San Pedro de Alcántara que se llevaron a la parroquia de Santa Cruz. La de Buenaventura (Juan) de Fidanza –Obispo, cardenal, santo y místico franciscano que vivió entre 1218 y 1277- lleva hábito franciscano, largo roquete sosteniendo en una mano la pluma y en la otra la representación de un templo sobre un libro, atributos ambos de Doctor de la iglesia. La del segundo, San Pedro de Alcántara, se muestra representado con hábito de la orden franciscana y sobre él larga esclavina sosteniendo con la mano izquierda una gruesa y nudosa cruz de su altura. Ambas esculturas son de mayor tamaño que el natural, apareciendo sus cabezas adornadas con el cerquillo propio de la orden.

Foto de Guglielmo Sandri (Cortesía Archivo Bolzano)

La parte destinada a convento, fue de gusto clásico y su fachada data de finales del XVII; sus habitaciones daban a patios cuadrados y se ascendía a los pisos por una sencilla escalera de piedra. Quienes sabían –y conocieron la iglesia- convinieron en que la iglesia era anterior al convento. Su fachada, por los restos de decoración que conservaba, pudo pertenecer al final del siglo XIV. Hay pocas fotos conocidas sobre este templo con un destino peor que el de haber sido derribado. Resaltaremos las del fotógrafo Guglielmo Sandri quién recorrió Las Merindades con los legionarios italianos que apoyaron a Franco en la guerra civil de 1936 a 1939.

Hoy nadie podría imaginar que este fue un convento de gran influencia en la vida de Medina de Pomar. Nos lo dicen los “Libros de caja de obras pías del convento de San Francisco extramuros de la villa” que abarcan el periodo que va desde el año 1600 hasta la desamortización. Participaba, e influían, en la vida ciudadana. Lo vemos cuando Inocencio VI (1352-1362) confirma la fundación de Santa Clara dice “et conditiones cum ministro Provinciae Castellae Ordinis Santi Francisci fuerunt”. Es decir, las condiciones de la fundación del renombrado convento de Medina se hicieron de acuerdo con el provincial de los franciscanos. Intervinieron continuamente en los asuntos de familia de los Velasco y de ellos recibieron los primeros privilegios que se conservan. Nos ha llegado la información de que en el centro de la bóveda del convento de San Francisco tuvieron un escudo.


Por tanto, el convento de San Francisco de Medina fue muy importante durante los primeros siglos de la edad moderna. Fue el noviciado y colegio máximo de su orden, con sus cátedras de Filosofía y Teología, lo que hizo que, seguramente, sus Superiores le dieran amplitud y regulares formas –hoy estúpidamente perdidas- desde el siglo XVI. Mirando el espectral solar que es hoy no podemos imaginarnos lo que fue el Convento: claustros amplios y largos, patios regulares y cuadrados, habitaciones numerosas y bien orientadas, huerta grande y regada… Todos los símbolos de un convento y centro docente importante.

Quizá por todo esto ya el siglo XV el Archivo Vaticano nos ofrece una visión de los recelos y discrepancias entre el clero secular y los frailes a causa del modo distinto de entender “el trabajo pastoral”. Los curas seculares (los curas de misa y beneficio) de Medina veían en los franciscanos una amenaza a sus derechos parroquiales (a sus fuentes de ingresos), sobre todo los de entierros. El litigio entablado duró, al menos, 70 años sin que hiciesen efecto las bulas de Gregorio XI, Benedicto XIII y Clemente VI. Si bien, fueron muchas las bulas a favor de los religiosos de Medina para pacificar los ánimos y hacer respetar los derechos de los frailes, éstas no eran acatadas por el clero de la villa. En el fondo, era la cuestión económica (funerales, entierros, administración de sacramentos y otros emolumentos) la que impedía el acuerdo.

Guglielmo Sandri 1937

Asumamos que los franciscanos de Medina tenían muy buenos valedores porque ya existía en 1367 una Carta Real expedida a favor del convento emitida por Enrique II. Hacia 1450 Don Pedro Fernández de Velasco se indignó con Fray Lope de Salinas, un franciscano morador en ocasiones del convento y que tuvo una gran influencia en la fundación de conventos. Se le acusó de excesos, siguiéndosele un proceso. Hacia 1463 es llamado a Medina de Pomar para consuelo espiritual del Condestable. Llegó enfermo y murió el 24 de febrero de este mismo año. Los Condes ordenaron fastuosas exequias y le sepultaron en su panteón de Santa Clara.

Era tan conveniente la relación entre franciscanos y Velasco que estos fundaron, hacia 1585 y por bula de Sixto V, un convento de franciscanos en su villa de Frías.


La influencia del convento de franciscanos de Medina de Pomar era tal que les permitía mediar entre clanes. Durante las luchas entre los Fernández de Velasco y los García de Salazar “(…) trataron treguas por los frayles de Sant Francisco. fueronse cada uno a sus tierras”. (Dicho por Lope García de Salazar).

Los predicadores de San Francisco de Medina de Pomar eran reclamados por el corregimiento de la Villa de Villarcayo para que publicasen los sermones en las Dominicas y fiestas de Cuaresma y demás funciones públicas, obligándose a enviar bestias que los trajesen y a hospedar al predicador en casa decente y particular. El predicador de San Francisco que iba para Cuaresma y el día de San Roque cobraba doce reales diarios.

Por su parte Torme también les reclamaba y por todas sus fiestas y rogativas, el Concejo daba a los curas 31 reales vellón, siendo obligación del Concejo asistir y mantener a los predicadores del Convento de San Francisco cuando venían a predicar los tres sermones de tabla que tenía el pueblo que eran: uno en una dominica o fiesta de Cuaresma, otro en septiembre que llamaban del trigo y otro en Adviento.


Los de este convento también buscaron participar en asuntos seglares, como ocurrió en 1488, cuando junto con la abadesa de Santa Clara solucionan las consecuencias de un puente derruido en Medina. Claro que hubo casos en que se excedían y eran obligados a replegarse. Por ejemplo en 1648 cuando el Marqués del Fresno tuvo que obligarles en nombre del Condestable, que se encontraba de gobernador en Milán, a cumplir las capellanías en Santa Clara. Esta tensión, como ya hemos señalado para los curas seglares, con otros establecimientos religiosos de Medina venía de largo. Años antes se habían enfrentado con el Cabildo de Santa Cruz a causa de las deudas y prerrogativas que el convento no quiso reconocer. El cabildo tuvo unos gastos extraordinarios y se arruinó. Acudió a pedir ayuda al Arzobispo Don Luis de Acuña (1457-1495). “El obispo apoyó económicamente al Cabildo para dar un buen ejemplo de firmeza frente a los abusos corrientes del clero regular, más poderoso.” (García Sainz de Baranda).

El P. Guardián de este Convento era sustituto de los Censores de la fundación Villota en su ausencia y enfermedades o no aceptación de alguno de ellos.


Los frailes de este Convento tenían adquirida una servidumbre de paso, a través de las huertas y cuadrillas, para poder ir a cumplir sus deberes religiosos a la parroquia del Rosario y al Convento de Santa Clara: la primera seguía paralelamente el curso del regato, que sale de la huerta del Convento y atravesando el camino del Pinar y metiéndose por heredades, terminaba en el campo de la Virgen, y el otro, penetraba por las cuadrillas y seguía el curso del arroyo Barbadillo, hasta la Ponteja del camino del Rosario a Santa Clara. Es decir, tenían caminos privados para no ser molestado hasta su destino.

Hemos visto pinceladas del poder que atesoraban estos frailes y su convento. Nos queda aprender sobre su caída y desaparición física.


Bibliografía:

“Apuntes históricos sobre la ciudad de Medina de Pomar” por Julián García Sainz de Baranda.
“Medina de Pomar. Como lugar arqueológico y centro de turismo de Las Merindades de Castilla-Vieja” por Julián García Sainz de Baranda.
“Arquitectura de Medina de Pomar”. Inocencio Cadiñanos Bardecí.
“Apuntes descriptivos, históricos y arqueológicos de la Merindad de Valdivielso” por Luciano Huidobro Serna y Julián García Sainz de Baranda.
“Villarcayo y la Merindad de Castilla-Vieja (boceto para su historia”. Julián García Sainz de Baranda.
Catastro de Ensenada.
“Medina de Pomar. Cuna de Castilla” Inocencio Cadiñanos Bardecí, Emilio González Terán, Antonio Gallardo Laureda.
“Guglielmo Sandri en Las Merindades. La guerra civil tras la cámara del teniente italiano” Dip. Provincial de Burgos.
“Las Merindades de Castilla Vieja en la historia” Coordinador Rafael Sánchez Domingo.
Fototeca digital del Ministerio de fomento.
Archivo de la Provincia autónoma de Bolzano Alto Adige (Italia).



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