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miércoles, 22 de agosto de 2018

Y esta casa, ¿Cómo es que tiene estos contrafuertes? La “parroquia” de San Vicente.



Nos desplazamos a la bella población de Torme para hablar de iglesias desaparecidas. Ante todo les diremos que la iglesia de San Martín fue siempre la iglesia parroquial de Torme "onde todos, clérigos y legos, diezmaban y primiciaban". En cambio, la protagonista es la “parroquia” de San Vicente pero… en un pueblo pequeño no solemos tener varias parroquias. ¿Qué pasó? Pues que los vecinos de Torme, a principio del siglo XIV, "descontentos con el Cabildo de Burgos, patrón de su iglesia parroquial, desampararon la iglesia de San Martín y tomaron por parroquia la ermita de San Vicente, existente en el mismo lugar de Torme, en la que pusieron pila bautismal, con la oposición del patrono y del abad D. Martín”. Esta “machada” fue condenada por el juez del obispado en 1309. Con lo cual la iglesia, o ermita, debió ser anterior al siglo XIV.

Iglesia de San Martín.

El cambio había sido a un lugar popular entre los residentes. Aquí se reunía habitualmente el Concejo de Torme. ¿Por qué? Porque la parroquia de San Martín estaba apartada del pueblo y el portal de la ermita de San Vicente era más céntrico. Añadamos que la iglesia parroquial era pequeña y que los vecinos preferían invertir en mejorar la ermita de San Vicente. Los responsables eclesiásticos oyeron a los vecinos de Torme y se les ordenó, tras sentencia, que volvieran a “soltar la mosca” en la iglesia de San Martín, a pesar del rechazo de los vecinos. Estos estaban disgustados ante la falta de voluntad del Cabildo en remediar la pobreza y estrechez de la iglesia.

Las quejas de los vecinos de Torme por esta resolución llegaron hasta el Papa quien insiste en que recen en San Martín y “desanparen la otra hermita de Sant Viceynte”. Además fijaba que se pagasen “a la eglesia de Sant Martín los diezmos e las primicias de los dos annos pasados e las ofrendas o la estimación sobredicha de los tres mili maravedís en que fue puesto; e condepnolos en las costas, derechos, e retengo en mí la tasación dellas..." (Con la Iglesia habían topado).

Ermita de San Vicente.

La polémica no se paró aquí y existen documentos de 1547 donde los vecinos se quejaban de la pequeñez de la iglesia parroquial de San Martín y pedían que se reformase tanto esta como la ermita de San Vicente. Vemos que jugaban a ambos palos. Incluso argumentaban que era más barato trabajar sobre San Vicente que sobre la parroquia: “todo el ayuntamiento hará lo posible por ser igual que en San Martín en San Vicente porque por estar más cerca será mejor cumplida y sobre ello y viéndolo en persona largamente les hablaría que negociaremos y prometemos”.

Así, previamente al alargamiento de la iglesia de San Martín, y para emplear esta ermita como iglesia mientras se realizaban las obras en la parroquia, tuvieron lugar las obras y ensanche en la ermita de San Vicente que se pedían por parte de los vecinos.

Ermita San Vicente (Detalle)

Con anterioridad al año 1547 la ermita de San Vicente disfrutó de capellanías. De la primera de la que tenemos noticias es la que fundó el Bachiller D. Juan de Barahona, clérigo, posiblemente por ser de su propiedad. Posteriormente hacen lo mismo en 1598, Diego López de Pereda y su mujer Petronila de Arredondo. Estas capellanías originan pleitos entre los clérigos de los pueblos cercanos que estimaban tener derecho a alguna parte de ellas. Entre los sacerdotes que se creían perjudicados, al no ser tenidos en cuenta en su disfrute, estaban: El Beneficiado de Fresnedo Don Lucas de Herús; Don Juan de Pereda Beneficiado de Villacomparada, y Don Pedro de Pereda y Miguel Diez, curas de Torres. Estos sacerdotes, el 22 de octubre de 1598, llegan a un acuerdo sobre el arrendamiento y disfrute de ciertos solares y otros bienes y beneficios, tocantes a las capellanías de San Vicente.


En el año 1698 se nombra nuevo capellán de la ermita de San Vicente de Torme y en ese nombramiento vemos lo importante que eran los dineros y las razones de las discusiones entre clérigos y los acuerdos entre clérigos: "A nueve días del mes de Enero del año de mil e seiscientos noventa y ocho se nombró capellán de la ermita de San Vicente de Torme a D. Gabriel de Pereda, capellanía que en dicha ermita fundó el Bachiller Juan de Barona de 50 misas y otras dos en dicha ermita por los fundadores Diego López de Pereda y Petronila de Arredondo mis padres y las limosnas de dichas dos misas y esto queda y paga el Licenciado Gabriel por convertirse en el beneficiario que paga dicha ermita y capellanía y las otras 50 misas ha de cobrarlas de Francisco de Irás con la renta de dos solares que están en los términos de las Quintanas, de siete fanegas de pan de renta de trigo y cebada y ha de aplicar dichas misas por los fines y intenciones que tuvo el fundador de la ermita, solares y capellanía y de poner con ello cera y oblación a dicha ermita."

La ermita disponía para su servicio de una caja de madera dibujada, donde estaba el Santísimo; de una tabla larga encima del altar mayor, donde se decía misa; manteles; una ara; un frontón pintado; un cajón con sus cajones y llaves para poner los manteles; un banco de respaldo; dos redes de alambre para las ventanas de dicha ermita contra las abejas; unos corporales; un cáliz y una patena de plata; vasos para el vino y el agua; varios purifícadores; un paño de seda para el cáliz; una casulla con su estola y manípulo de sempiterna morado y lo de en medio colorado con guarniciones amarillas; un alba de lienzo con sus puntas y amito; dos cíngulos; un misal con sus registros; un atril para dicho misal; unas hornacinas de madera para el altar; y una campanilla pequeña. Todo ello se guardaba en la ermita para el servicio religioso.


Pero no nos creamos que los oficios en San Vicente eran continuos porque tras reparar y ampliar la iglesia parroquial de San Martín, en los siglos XVI-XVII, no se permitió a nuestra ermita actuar como parroquia. Se empleaba para las misas que, por designación de las distintas capellanías, se decían en ella. En el año 1791 fue Patrona de la ermita de San Vicente la familia de Los Peña, figurando Antonio de la Peña. Patronato que sobre ella continuó hasta el comienzo del siglo XIX.

Con la guerra de la Independencia llegaron los franceses que se instalaron en Torme cubriendo el paso desde el valle de Espinosa de los Monteros a la llanura de Villarcayo y Medina. Aquí permaneció un destacamento de caballería que empleó como establo la ermita de San Vicente.


Amén de establo fue alhóndiga y camareta de soldados. Tras la victoria la ermita quedó en un estado deplorable. No volvió a abrirse al culto y se abandonó. Cuando se vendió en 1844 su estado se reflejó en el documento de venta: "Sépase, por esta pública escritura de venta real y perpetua enajenación, cómo yo, Dn. Antonio de la Peña natural del pueblo de Salazar y vecino de la villa de Salinas de Rosío; otorgo que vendo y doy en venta real por juro de Eredad desde ahora para siempre jamás a Bicente Ruiz Cotorro y su mujer María Fernández, vecinos del lugar de Torme para que sea para ellos, sus hijos y derecha representación a la vez el sitio, paredes y tejado arruinado de una Hermita titulada de S. Bicente radicante en el dicho pueblo de Torme y sitio que se nombra Las Heras, la cual surca por Cierzo hera de los Erederos de José Marañón, Solano hera de Carlos Miejimolle y por Ábrego casa del mismo Carlos y Manuel Irús, vecino de Castro y aquellos del referido Torme, Regañón casa de Andrés de Pereda de la misma vecindad, servidumbre en medio y también casa de Mateo de Pereda, vecino del mismo pueblo; cuya hermita que ha sido y es de mi pertenencia, libre de toda carga y por tal la vendo con todas sus entradas y salidas, cuyas costumbres, derechos y servidumbres en precio de quinientos reales vellón que ahora de presente me dan y entregan en buenas monedas de horo y plata que he sumado y pasado a mi poder y cómo, satisfecho, otorgo carta de pago y finiquito en forma a favor de los compradores Bicente y María y confieso que la hermita no vale más cantidad que los dichos quinientos reales y no reclamar más por el buen sitio y sus escombros..."


Como se ve en este documento, la ermita, en este año de 1844, es propiedad de Antonio de la Peña, que es quien la vende, sin conocerse cómo llegó anteriormente a su poder ni en qué fecha. ¿Quizá en una previa desamortización?


Bibliografía:

“Torme en la Merindad de Castilla la Vieja” Pedro María López Andino.



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