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domingo, 25 de octubre de 2026

Padrón de la Merindad de Castilla Vieja en 1705

 
 
Recibimos a Ricardo San Martín Vadillo para que nos hable del padrón de la Merindad de Castilla Vieja rastreado en el fabuloso archivo de la Merindad que tenemos en la plaza de Villarcayo. Cayó en sus manos la carpeta con signatura 327, Fondo Villarcayo, lo que le llevó a querer saber un poco más de aquellos vecinos de Villarcayo -una población administrativa que giraba en torno al Corregimiento- y del resto de la merindad.
 
Les dejo con él.
 
Mi curiosidad me llevó a solicitar el Padrón de ese año de 1775, pero no existe como tal; sí me proporcionó la archivera, María Arce Fueye, el padrón de 1705. Es de setenta años antes que el objeto de mi interés. No obstante, decidí estudiar, tanto el padrón de vecinos hijosdalgo como el general o de pecheros, para ustedes, los lectores de 7 MERINDADES

 
Se trata del documento en la carpeta con signatura 3185, Fondo Merindades. Son 55 folios en buen estado, con letra de calidad y de fácil lectura. Contiene los padrones de los siguientes pueblos: Villarcayo (fols. 1r-5r), Horna (fols. 5v-7v), Tubilla (fol. 7v-8v), ¿Horna? (fols.8v-10r), Bisjueces (fols. 10r-13r), Hocina (fols. 13r-14r), Casillas (fols. 14r15r), Villanueva Ladrero, hoy Villanueva la Blanca (fols. 15v-17r), Mozares (fols. 17r-19v), Campo (fols. 19v-21v), Otedo (fols. 21v-23v); Santa Cruz (fols. 23v-24v), Cigüenza (fols. 24v-27v), Remolino (fols. 27v-28r), Villalaín (fols. 28r-30v), ¿Villanueva de Ladrero? (fols. 31r-34r), Salazar (fols. 34r-37v), Escaño (fols. 37v-39v), Fresnedo (fols. 39v-41r), Torme fols. 42r-54v).
 
El padrón se realizó en Villarcayo el 19 de noviembre de 1704, por lo tanto, aún no había llegado el nuevo corregidor, don Bartolomé Martínez de la Fuente, nombrado por Real Provisión, que juró su cargo el 19 de mayo de 1705.
 
El primer folio está rasgado casi en su totalidad, pero ese hecho no impide su lectura. Tomo el encabezamiento: “En la villa de Villarcayo, a diez y nueue días del mes de nouiembre de mill setezientos y quatro, ante mi el escribano, parezieron el lizenziado don Pedro Gómez de las Bárzenas Santa y Ana, abogado de los Reales Consejos y juez empadronador por el estado de caualleros hijosdalgo desta villa y Miguel López, juez anssimismo nombrado por el estado Xeneral de ella...”

 
Era corregidor de las Siete Merindades de Castilla Vieja en ese momento el licenciado don Lucas de Solárzano y Rojas, al cual se le menciona como hijodalgo notorio. Otros cargos notables de Villarcayo en 1705 eran: el alcaide de la cárcel, don Francisco Díaz de la Torre; el general don Manuel de la Torre Angulo y su hijo, don Mauricio de la Torre Angulo, fiscal de la Audiencia de Santo Domingo de las Indias; don Miguel de la Torre Angulo; don Miguel, menor, regidor de la Merindad; don Juan Antonio Gómez Varona, hijo del capitán don Juan Gómez de Varona y de doña Catalina de Ezcaraiz, ambos ya difuntos; don Francisco Ruiz de Rebolleda; el licenciado don Diego de Arce, abogado de los Reales Consejos, regidor de Villarcayo; doña Clara de Valdivielso Olavarría; el capitán don Tomás de Arroyo; el licenciado don Esteban de Arroyo; don Manuel, don Joseph y doña María de Arroyo, mujer del dicho don Diego, hijos legítimos de don Juan Arroyo Vélez de Valdivielso, difunto y de doña Clara, hijosdalgo notorios; Tomás Ruiz de Rebolleda; don Juan Baltasar Varona; Felipe de Pereda y Antonio de Pereda, su hijo; el capitán de milicias don Joseph González de Cartes; el licenciado don Andrés Francisco González de Cartes, abogado de los Reales Consejos… ¡Una larga lista! ¡Conté unos treinta hidalgos notorios! En el padrón se mezclan hijosdalgo con pecheros (del estado general), por eso el recuento que hago es aproximado.
 
En Villarcayo cuento 64 vecinos, lo que daría un número de habitantes de unos 137 (en el censo se registran los cabeza de familia y con ellos sus esposas, hijos e hijas).
 
La mayoría de los habitantes son hijosdalgo, tan sólo encuentro quince habitantes bajo la calificación de pechero. Dado su corto número es fácil recoger sus nombres: Domingo González; María Martínez, viuda, “pechera no quantiosa” (de escasos recursos); Lorenzo Sobrino y sus hijos, Pedro y Rafael; Domingo Martínez y Bernabé, su hijo; Joseph Sarmiento; Francisca Sainz, “pechera no quantiosa”; Gabriel Sainz, criado, pechero; Lucas García; Miguel López, “por el estado general”; Gabriel Sainz; Andrés Bueno; y Pedro Martínez, “pechero no quantiosso”. Me llama la atención el caso de “Ángela de Sedano, su criada, hijadalgo notoria”. Es llamativo que se mezclen ambos términos: “criada” e “hijadalgo notoria”. Lo mismo sucede con “Joseph Gómez de las Bárzenas e Ysauel Sainz de la Torre, sus criados del dicho lizenziado don Pedro Gómez, hijosdalgo notorios”.

 
Si restamos esos quince habitantes pecheros al total de la vecindad nos da un número aproximados de 125 hijosdalgo. Aproximadamente de esos 137 habitantes, cuento unas catorce viudas.
 
En lo referente a profesiones y cargos se citan: corregidor, regidor, empadronador, general, caballero de la Orden de Santiago, capitán de milicias, abogado de los Reales Consejos, clérigo presbítero, cura, oficiales, bachiller, preceptor de gramática y escribano del Juzgado y Ayuntamiento. Recojo los nombres de algunos de ellos: don Diego de Arce, abogado de los Reales Consejos; capitán de milicias, don Joseph González de Cartes; don Andrés Francisco González de Cartes, abogado de los Reales Consejos; el licenciado don Pedro Ruiz de Bisjueces, abogado de los Reales Consejos y cura de la villa; don Juan y don Joseph de Guernica, militares; el licenciado don Juan Fernández de Sedano Salazar, clérigo presbítero; don Carlos Gutiérrez de la Peña, abogado de los Reales Consejos; Juan de Robledo, oficial del escribano del Juzgado; el bachiller don Pedro Ruiz Galaz, preceptor de gramática.
 
En varios de los pueblos del entorno de Villarcayo se recoge la profesión de “pastor”, por la importancia de la ganadería y el cuidado de los rebaños. En Campo censado a “Sidoro González, pastor, hijodalgo”. Echo en falta una profesión: médico, a veces nombrado como físico, otras cirujano, pero en este padrón no se nombra a ninguno; tampoco se nombra boticario. ¿A dónde iban en caso de enfermedad?, ¿Quién recetaba las medicinas para los enfermos?, ¿Quién las elaboraba? Al llegar al lugar de Campo sí encuentro un médico.

 
En Orna (Horna) se realiza el padrón el 20 de noviembre de 1704; se contabilizan 35 vecinos, que hacen un total de 74 personas. En Horna el número de pecheros y criados (estado general) es mayor: son 18; así pues, debía haber aproximadamente 56 hijosdalgo. Era cura beneficiado el licenciado don Joseph de Angulo.
 
En Tubilla había 9 vecinos, unos 18 habitantes, once de ellos eran pecheros.
 
En Bisjueces cuento 37 vecinos, equivalente a unos 77 habitantes. Observo que varios de ellos, aunque incluidos en el padrón, no están en el pueblo, sino que emigraron a las Indias (quiere decir en tierras de América, parte de la monarquía hispánica). El cura y beneficiado del lugar era el bachiller don Pedro López de Brizuela, hijodalgo; Andrea Fernández era su ama, también hijadalgo. El licenciado don Juan de Villate era medio racionero (clérigo que tenía asignada una “media ración”, similar a media paga).

 
En Ocina (Hocina) sólo había tres habitantes, pecheros. En Casillas estimo que se censaron unos diez vecinos, que pueden equivaler a 20 habitantes. Era cura beneficiado del lugar el bachiller don Juan Saravia, debían vivir con él Josefa Sainz Saravia, Catalina Gómez, Margarita Sainz y Francisco López, sobrinas y criados del cura. En Villanueva Ladrero (Villanueva la Blanca) contabilizo trece vecinos, unos 28 habitantes. En Mozares podemos considerar que había unos 16 vecinos, unos 34 habitantes. En Villacanes entiendo que censaron unos seis vecinos, examinado el padrón con detalle cuento 15 habitantes. En Santa Cruz había diez vecinos y el número de habitantes era 19.
 
En Campo anoto 18 vecinos, contados los habitantes resultan ser 50. Curiosamente aquí encuentro censado un médico: don Juan Ruiz de Pereda, dice el padrón “médico en Villa Ramil de Campos y rexidor general actual desta Merindad de Castilla Vieja, hijodalgo notorio”. No encuentro censado al cura beneficiado, pero sí a “María de Arenas, ama del presbítero y cura de dicho lugar, pechera”. En Otedo, hoy Granja de Otedo, contabilizo 18 habitantes. Dos de ellos estudiantes: Domingo López de la Peña y Valentín Marañón.


En Miñón veo que tenía un alto número de habitantes: 57. Diré que bastantes matrimonios tenían entre dos y cuatro hijos. Era cura beneficiado de Miñón el licenciado don Domingo Cortés, hijodalgo. Su criada (¿y hermana?) era Agustina Cortés, hijadalgo.
 
En Cigüenza estimo en 41 el número de vecinos y en 84 el número de habitantes (ese alto número de vecinos y habitantes entiendo se debe a su proximidad a Villarcayo). Era cura beneficiado de Cigüenza el licenciado don Diego Zorrilla. Y don Manuel Zorrilla era capitán.
 
En Incinillas debió haber 19 vecinos que podían equivaler a 38 habitantes. Hay un vecino, Martín de Burdeos, regidor de Incinillas, que tiene presentado pleito ante la Chancillería de Valladolid sobre pretender el estado de hijodalgo en la tierra de donde es natural. Era cura beneficiado del lugar el licenciado don Bernardo García de la Yedra, hijodalgo. Tenía por criado a Juana de Rámila, hijadalgo.
 
Remolino, ese padrón se firma en Villalaín el 20 de noviembre de 1704; ante el escribano compareció Andrés González, persona nombrada para hacer el padrón de este pueblo. Se incluye a sí mismo en el padrón, como pechero. Luego, empadronó a Juan Díez, pechero; Miguel García, pechero y con esos tres habitantes queda completado el padrón.

 
En Villaleín (Villalaín) cuento 61 vecinos y estimo, tras su recuento, en 137 el número de habitantes. Entre los apellidos puedo señalar al licenciado don Tomás de la Peña, capellán, hijodalgo; don Manuel de Angulo Isla, beneficiado; María Ruiz, ermitaña en Nuestra Señora del Torrentero, pechera y Teresa de Torrentero, niña expósita en dicha iglesia de Nuestra Señora de Torrentero. Los apellidos más repetidos son: Vallejo, de Escalante, de Bisjueces, de la Peña, de Bustamante, de Rámila, Angulo Isla, de Santa Cruz.
 
En Villanueva de Ladrero (¿repetido?) localizo 61 vecinos y calculo puede haber, de forma similar a Villalaín, unos 130 habitantes. Llaman mi atención estas personas: don Juan González de Pereda y don Juan Pedro Marañón Galaz, beneficiados del lugar (con criado); don Francisco Cotorro de Porras, teniente de corregidor de las Siete Merindades (casado con doña Clara González de Cartes); María Martínez, pobre de solemnidad, pechera; el licenciado don Juan Antonio López Borricón, cura del lugar de Otedo; el capitán don Joseph González de Cartes; don Joseph Fernández de Brizuela, caballero de la Orden de Alcántara, residente en la villa de Madrid, hijodalgo. Se repiten los apellidos Ruiz Cachupín, Ruiz de la Peña; Ruiz Cotorro; López Matarral; de Villate; López Borricón; y González de Cartes.

 
En Salazar parece haber 64 vecinos y podría haber contado con unos 134 habitantes. Me fijo en estos nombres: el licenciado don Carlos de la Peña Saravia, cura y beneficiado en ese pueblo; Andrés González, cura; el licenciado don Felipe Cortés Ordóñez Salazar, capellán del lugar; Silvestre de Irús Arceo, regidor y beneficiado de Villarcayo; Juan González de Artaza, hijodalgo.
 
En Escaño cuento 32 vecinos y estimo en 65 los habitantes. He aquí los nombres de algunos de ellos: el licenciado don Martín Martínez, cura del lugar. Un detalle que llamó mi atención: muchos habitantes son empadronados como criados y/o pecheros, pero casi la totalidad se describen como “pechero quantioso”, lo cual indica que, en efecto, pertenecían al estado general y no al de hijosdalgo, pero el calificativo de “quantioso” indica que tenían un cierto nivel de rentas e ingresos.

 
En Fresnedo hago recuento de vecinos y hallo 27 pudiendo alcanzar el número de habitantes a 58. Señalo algunos de ellos: el licenciado don Antonio Ruiz, cura beneficiado, hijodalgo; el licenciado don Domingo Martínez, beneficiado; Antonio Martínez, regidor.
 
El padrón de Torme está entre los fols. 42r y 51r. Me sorprende el número de vecinos: 84, esto supondría un número de habitantes cercano a los 200, lo cual no concuerda si lo comparamos con Villarcayo en el cual estimé haber 135 o 140. Por otro lado, en el padrón he visto dos cómputos de vecinos de Villanueva Ladrero, fols. 15v y 31r, para lo cual no tengo explicación. Me detengo en algunos de los vecinos de Torme: Juan Martínez Borricón, capellán del lugar; el también capellán, el licenciado Andrés Ortiz; el licenciado don Matías López de San Vicente, presbítero; otro capellán: el licenciado don Francisco de Irús Arce; el capellán de Nuestra Señora de la Lera (ermita que estaba adosada a las cuatro torres del palacio de la familia Torres), el licenciado don Pedro García Salazar; el bachiller Gregorio Alonso ¿Lirón?, presbítero; Felipe Martínez, regidor de Torme; Lorenzo Rodríguez, regidor; Francisco Rodríguez, escribano del lugar. Quizás esta proliferación de capellanes en Torme esté relacionada con la fundación de Pedro de Pereda, cura que fue de Torme y beneficiado de la iglesia de Villanueva de Ladrero, quien en 1596 fundó una memoria perpetua. En definitiva, en Torme se da una concentración de capellanías ligadas a memorias o fundaciones ligadas a familias nobles. Otros apellidos repetidos, sacados del padrón de Torme en 1705: Pereda, Borricón, Marañón, Galaz, Salinas, Guerra, Irús, Ondovilla, de la Peña, de San Pedro.
 
Los datos que daban los vecinos se presentaban ante el escribano Francisco Ruiz de la Peña y éste los inscribía en el padrón dando fe de la veracidad de los mismos.

 
Los folios 53, 54 y 55, contienen las apelaciones de Llorente Martínez de la Riba y Gregorio Martínez, vecino de Cigüenza (fols. 54 y 55). Llorente Martínez de la Riba, marido en segundas nupcias de María González, se había casado con ella hacía año y medio, son vecinos de Cigüenza. Llorente Martínez de la Riba Santa Cruz y María de Céspedes son padres de Llorente, nacido de legítimo matrimonio. El problema es que, aunque los vecinos de Cigüenza, conocen estas circunstancias no quieren reconocer la hidalguía de su hijo y le han asentado por el estado general, como pechero. Su hijo no puede protestar estos hechos debido a su pobreza, por lo caro que resultan los pleitos, reclama su padre en su nombre (fecha 07/05/1649). Me recuerda esta situación aquellos versos del hidalgo robando los restos de comida de su escudero en El Lazarillo de Tormes, Tratado III; el hidalgo lleva vestido de noble, pero carece de casi todo para comer y por lo tanto pasa tanto hambre o más que su criado.
 
El fol. 54r, nos habla de Gregorio Martínez, vecino de Cigüenza, y Felipe Martínez, natural y vecino de Burgos. Gregorio Martínez dice ser hijo legítimo de Llorente Martínez de la Riba y María González, difuntos, fueron vecinos de Cigüenza, y nieto de Diego Martínez y María de Céspedes. Felipe Martínez, hijo legítimo de Bernabé Martínez y María Varona y también nieto de Diego de la Riba y María de Céspedes, que fueron del estado noble, hijosdalgo; también fue noble de Villarcayo, su tío, Pedro de la Villa. Al igual que el anterior, los vecinos de Cigüenza no les reconocen el ser hijosdalgo y les sitúan en el estado general y no en el estado de la nobleza; solicitan ser incluidos como hijosdalgo en los próximos padrones. El tercer escrito es similar a los dos anteriores, pide ser incluido en el censo como hijodalgo. Fue presentado en Villarcayo el 15 de noviembre de 1712.

 
Queda con este artículo hecho un bosquejo de las gentes de Las Merindades de Castilla Vieja en 1705: una sociedad rural, constituida por muchos pequeños pueblos; con una escasa densidad de población; Concejos pequeños, de recursos limitados; una sociedad establecida básicamente en dos estamentos: el estado noble (los hijosdalgo) y el estado general. La pertenencia al estado noble implicaba no sólo una cuestión de alcurnia, de prestigio social, sino un derecho a exenciones tributarias (no entrar en ciertos repartimientos), así como la exención en levas y reclutamientos. Por otro lado, el estado general, constituido por los pecheros, pueblo llano, con menores recursos en tierras y rentas y sobre quien se aplicaban repartimientos y reclutamientos. Era una sociedad jerarquizada: de hidalgos con tierras y recursos económicos (aunque también recogemos algunos casos en este artículo de “hidalgos pobres”, por decirlo de forma castiza: “mucho don pero sin din”). Viudas, criados y jornaleros se integraban en esa categoría de pecheros. Una economía fundamentalmente basada en la agricultura (cultivo del trigo, cebada, habas, garbanzos, etc.) y la ganadería: reses lanares, de cerda y vacuno; junto con el aprovechamiento de los montes para pasto de ganado, provisión de leña y madera. Las moradas de las gentes estaban diferenciadas por la separación de los dos estamentos: casas y palacios acomodadas y amplias para los hijosdalgo, más humildes y sencillas para los pecheros, con alguna huerta adosada para ayudar a la economía familiar de subsistencia.
 
Villarcayo estaba creciendo y prosperando tras haber sido designada en 1560 como capital de las Siete Merindades. Además de agricultores y ganaderos había profesiones y gentes más acomodadas: miembros de la Junta Municipal: corregidor, regidores, escribanos y otros oficios como procuradores, oficiales de justicia, comerciantes y clérigos. Existían ferias y mercados donde se compraban y vendían bienes. Medina de Pomar seguía siendo villa de señorío de los Condestables.
 
En toda esta sociedad de comienzos del siglo XVIII la iglesia y la religión tenían una presencia e influencia notables: regían la vida cotidiana estando presente en bautismos, matrimonios y defunciones, fiestas, procesiones, rogativas, por esas funciones recibían ingresos junto con los diezmos, eran propietarios y administradores de diezmos, rentas, donaciones, censos y tierras; proliferaban los curas, capellanes, beneficiados, presbíteros, sacristanes, monjes, cofradías…

 
La sociedad se dotaba de enseñantes: maestros de primeras letras, preceptores de gramática, ya que una parte notable de aquella sociedad era iletrada. La sanidad estaba atendida por médicos, cirujanos, parteras, comadronas, boticarios...
 
Los documentos conservados en el Archivo Histórico de Las Merindades muestran la importancia concedida a la construcción de puentes, reparos de los mismos tras los daños producidos por las avenidas de los ríos (Ebro, Nela, Trueba, Trema, Jerea...), la conservación de caminos y calzadas, así como la mejora del tránsito por los desfiladeros de los Hocinos y la Horadada; existía un gran número de maestros canteros, sobre todo venidos de zonas de Cantabria, que se ocupaban de las obras de construcción y reparo de puentes, calzadas, iglesias, monasterios y casas nobles. Los caminos y calzadas eran frecuentemente transitados por arrieros, trajineros, comerciantes y mercaderes que transportaban mercancías de unas zonas a otras.


Con este artículo espero haber contribuido a mostrar el lienzo de aquellas Merindades de Castilla Vieja y sus gentes.
 
Creo que lo has conseguido, Ricardo.

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