Recibimos
a Ricardo San Martín Vadillo para que nos hable del padrón de la Merindad de
Castilla Vieja rastreado en el fabuloso archivo de la Merindad que tenemos en
la plaza de Villarcayo. Cayó en sus manos la carpeta con signatura 327, Fondo
Villarcayo, lo que le llevó a querer saber un poco más de aquellos vecinos de
Villarcayo -una población administrativa que giraba en torno al Corregimiento-
y del resto de la merindad.
Les
dejo con él.
Mi
curiosidad me llevó a solicitar el Padrón de ese año de 1775, pero no existe
como tal; sí me proporcionó la archivera, María Arce Fueye, el padrón de 1705. Es
de setenta años antes que el objeto de mi interés. No obstante, decidí estudiar,
tanto el padrón de vecinos hijosdalgo como el general o de pecheros, para ustedes, los
lectores de 7 MERINDADES
Se
trata del documento en la carpeta con signatura 3185, Fondo Merindades. Son 55
folios en buen estado, con letra de calidad y de fácil lectura. Contiene los
padrones de los siguientes pueblos: Villarcayo (fols. 1r-5r), Horna (fols.
5v-7v), Tubilla (fol. 7v-8v), ¿Horna? (fols.8v-10r), Bisjueces (fols. 10r-13r),
Hocina (fols. 13r-14r), Casillas (fols. 14r15r), Villanueva Ladrero, hoy
Villanueva la Blanca (fols. 15v-17r), Mozares (fols. 17r-19v), Campo (fols.
19v-21v), Otedo (fols. 21v-23v); Santa Cruz (fols. 23v-24v), Cigüenza (fols.
24v-27v), Remolino (fols. 27v-28r), Villalaín (fols. 28r-30v), ¿Villanueva de
Ladrero? (fols. 31r-34r), Salazar (fols. 34r-37v), Escaño (fols. 37v-39v),
Fresnedo (fols. 39v-41r), Torme fols. 42r-54v).
El padrón se realizó en Villarcayo el 19 de
noviembre de 1704, por lo tanto, aún no había llegado el nuevo corregidor, don
Bartolomé Martínez de la Fuente, nombrado por Real Provisión, que juró su cargo
el 19 de mayo de 1705.
El primer folio está rasgado casi en su totalidad,
pero ese hecho no impide su lectura. Tomo el encabezamiento: “En la villa de Villarcayo, a diez y nueue
días del mes de nouiembre de mill setezientos y quatro, ante mi el escribano,
parezieron el lizenziado don Pedro Gómez de las Bárzenas Santa y Ana, abogado
de los Reales Consejos y juez empadronador por el estado de caualleros
hijosdalgo desta villa y Miguel López, juez anssimismo nombrado por el estado
Xeneral de ella...”
Era corregidor de las Siete Merindades de Castilla
Vieja en ese momento el licenciado don Lucas de Solárzano y Rojas, al cual se le
menciona como hijodalgo notorio. Otros cargos notables de Villarcayo en 1705
eran: el alcaide de la cárcel, don Francisco Díaz de la Torre; el general don
Manuel de la Torre Angulo y su hijo, don Mauricio de la Torre Angulo, fiscal de
la Audiencia de Santo Domingo de las Indias; don Miguel de la Torre Angulo; don
Miguel, menor, regidor de la Merindad; don Juan Antonio Gómez Varona, hijo del
capitán don Juan Gómez de Varona y de doña Catalina de Ezcaraiz, ambos ya
difuntos; don Francisco Ruiz de Rebolleda; el licenciado don Diego de Arce,
abogado de los Reales Consejos, regidor de Villarcayo; doña Clara de
Valdivielso Olavarría; el capitán don Tomás de Arroyo; el licenciado don
Esteban de Arroyo; don Manuel, don Joseph y doña María de Arroyo, mujer del
dicho don Diego, hijos legítimos de don Juan Arroyo Vélez de Valdivielso,
difunto y de doña Clara, hijosdalgo notorios; Tomás Ruiz de Rebolleda; don Juan
Baltasar Varona; Felipe de Pereda y Antonio de Pereda, su hijo; el capitán de
milicias don Joseph González de Cartes; el licenciado don Andrés Francisco
González de Cartes, abogado de los Reales Consejos… ¡Una larga lista! ¡Conté unos
treinta hidalgos notorios! En el padrón se mezclan hijosdalgo con pecheros (del
estado general), por eso el recuento que hago es aproximado.
En Villarcayo cuento 64 vecinos, lo que
daría un número de habitantes de unos 137 (en el censo se registran los cabeza
de familia y con ellos sus esposas, hijos e hijas).
La mayoría de los habitantes son hijosdalgo, tan
sólo encuentro quince habitantes bajo la calificación de pechero. Dado su corto
número es fácil recoger sus nombres: Domingo González; María Martínez, viuda, “pechera
no quantiosa” (de escasos recursos); Lorenzo Sobrino y sus hijos, Pedro y
Rafael; Domingo Martínez y Bernabé, su hijo; Joseph Sarmiento; Francisca Sainz,
“pechera no quantiosa”; Gabriel Sainz, criado, pechero; Lucas García;
Miguel López, “por el estado general”; Gabriel Sainz; Andrés Bueno; y Pedro
Martínez, “pechero no quantiosso”. Me llama la atención el caso de “Ángela
de Sedano, su criada, hijadalgo notoria”. Es llamativo que se mezclen ambos
términos: “criada” e “hijadalgo notoria”. Lo mismo sucede con “Joseph
Gómez de las Bárzenas e Ysauel Sainz de la Torre, sus criados del dicho
lizenziado don Pedro Gómez, hijosdalgo notorios”.
Si restamos esos quince habitantes pecheros al
total de la vecindad nos da un número aproximados de 125 hijosdalgo. Aproximadamente
de esos 137 habitantes, cuento unas catorce viudas.
En lo referente a profesiones y cargos se citan:
corregidor, regidor, empadronador, general, caballero de la Orden de Santiago,
capitán de milicias, abogado de los Reales Consejos, clérigo presbítero, cura,
oficiales, bachiller, preceptor de gramática y escribano del Juzgado y
Ayuntamiento. Recojo los nombres de algunos de ellos: don Diego de Arce,
abogado de los Reales Consejos; capitán de milicias, don Joseph González de
Cartes; don Andrés Francisco González de Cartes, abogado de los Reales
Consejos; el licenciado don Pedro Ruiz de Bisjueces, abogado de los Reales
Consejos y cura de la villa; don Juan y don Joseph de Guernica, militares; el
licenciado don Juan Fernández de Sedano Salazar, clérigo presbítero; don Carlos
Gutiérrez de la Peña, abogado de los Reales Consejos; Juan de Robledo, oficial
del escribano del Juzgado; el bachiller don Pedro Ruiz Galaz, preceptor de
gramática.
En varios de los pueblos del entorno de Villarcayo
se recoge la profesión de “pastor”, por la importancia de la ganadería y el
cuidado de los rebaños. En Campo censado a “Sidoro González, pastor,
hijodalgo”. Echo en falta una profesión: médico, a veces nombrado como
físico, otras cirujano, pero en este padrón no se nombra a ninguno; tampoco se
nombra boticario. ¿A dónde iban en caso de enfermedad?, ¿Quién recetaba las
medicinas para los enfermos?, ¿Quién las elaboraba? Al llegar al lugar de Campo
sí encuentro un médico.
En Orna (Horna) se realiza el padrón el 20
de noviembre de 1704; se contabilizan 35 vecinos, que hacen un total de 74
personas. En Horna el número de pecheros y criados (estado general) es mayor:
son 18; así pues, debía haber aproximadamente 56 hijosdalgo. Era cura beneficiado
el licenciado don Joseph de Angulo.
En Tubilla había 9 vecinos, unos 18
habitantes, once de ellos eran pecheros.
En Bisjueces cuento 37 vecinos, equivalente
a unos 77 habitantes. Observo que varios de ellos, aunque incluidos en el
padrón, no están en el pueblo, sino que emigraron a las Indias (quiere decir en
tierras de América, parte de la monarquía hispánica). El cura y beneficiado del
lugar era el bachiller don Pedro López de Brizuela, hijodalgo; Andrea Fernández
era su ama, también hijadalgo. El licenciado don Juan de Villate era medio racionero
(clérigo que tenía asignada una “media ración”, similar a media paga).
En Ocina (Hocina) sólo había tres
habitantes, pecheros. En Casillas estimo que se censaron unos diez
vecinos, que pueden equivaler a 20 habitantes. Era cura beneficiado del lugar
el bachiller don Juan Saravia, debían vivir con él Josefa Sainz Saravia,
Catalina Gómez, Margarita Sainz y Francisco López, sobrinas y criados del cura.
En Villanueva Ladrero (Villanueva la Blanca) contabilizo trece vecinos,
unos 28 habitantes. En Mozares podemos considerar que había unos 16
vecinos, unos 34 habitantes. En Villacanes entiendo que censaron unos
seis vecinos, examinado el padrón con detalle cuento 15 habitantes. En Santa
Cruz había diez vecinos y el número de habitantes era 19.
En Campo anoto 18 vecinos, contados los
habitantes resultan ser 50. Curiosamente aquí encuentro censado un médico: don
Juan Ruiz de Pereda, dice el padrón “médico
en Villa Ramil de Campos y rexidor general actual desta Merindad de Castilla
Vieja, hijodalgo notorio”. No encuentro censado al cura beneficiado, pero
sí a “María de Arenas, ama del presbítero
y cura de dicho lugar, pechera”. En Otedo, hoy Granja de Otedo,
contabilizo 18 habitantes. Dos de ellos estudiantes: Domingo López de la Peña y
Valentín Marañón.
En Miñón veo que tenía un alto número de
habitantes: 57. Diré que bastantes matrimonios tenían entre dos y cuatro hijos.
Era cura beneficiado de Miñón el licenciado don Domingo Cortés, hijodalgo. Su
criada (¿y hermana?) era Agustina Cortés, hijadalgo.
En Cigüenza estimo en 41 el número de
vecinos y en 84 el número de habitantes (ese alto número de vecinos y
habitantes entiendo se debe a su proximidad a Villarcayo). Era cura beneficiado
de Cigüenza el licenciado don Diego Zorrilla. Y don Manuel Zorrilla era
capitán.
En Incinillas debió haber 19 vecinos que
podían equivaler a 38 habitantes. Hay un vecino, Martín de Burdeos, regidor de
Incinillas, que tiene presentado pleito ante la Chancillería de Valladolid
sobre pretender el estado de hijodalgo en la tierra de donde es natural. Era
cura beneficiado del lugar el licenciado don Bernardo García de la Yedra,
hijodalgo. Tenía por criado a Juana de Rámila, hijadalgo.
Remolino,
ese padrón se firma en Villalaín el 20 de noviembre de 1704; ante el escribano
compareció Andrés González, persona nombrada para hacer el padrón de este
pueblo. Se incluye a sí mismo en el padrón, como pechero. Luego, empadronó a
Juan Díez, pechero; Miguel García, pechero y con esos tres habitantes queda
completado el padrón.
En Villaleín (Villalaín) cuento 61 vecinos y
estimo, tras su recuento, en 137 el número de habitantes. Entre los apellidos
puedo señalar al licenciado don Tomás de la Peña, capellán, hijodalgo; don
Manuel de Angulo Isla, beneficiado; María Ruiz, ermitaña en Nuestra Señora del
Torrentero, pechera y Teresa de Torrentero, niña expósita en dicha iglesia de
Nuestra Señora de Torrentero. Los apellidos más repetidos son: Vallejo, de
Escalante, de Bisjueces, de la Peña, de Bustamante, de Rámila, Angulo Isla, de
Santa Cruz.
En Villanueva de Ladrero (¿repetido?)
localizo 61 vecinos y calculo puede haber, de forma similar a Villalaín, unos
130 habitantes. Llaman mi atención estas personas: don Juan González de Pereda
y don Juan Pedro Marañón Galaz, beneficiados del lugar (con criado); don
Francisco Cotorro de Porras, teniente de corregidor de las Siete Merindades
(casado con doña Clara González de Cartes); María Martínez, pobre de
solemnidad, pechera; el licenciado don Juan Antonio López Borricón, cura del lugar
de Otedo; el capitán don Joseph González de Cartes; don Joseph Fernández de
Brizuela, caballero de la Orden de Alcántara, residente en la villa de Madrid,
hijodalgo. Se repiten los apellidos Ruiz Cachupín, Ruiz de la Peña; Ruiz
Cotorro; López Matarral; de Villate; López Borricón; y González de Cartes.
En Salazar parece haber 64 vecinos y podría
haber contado con unos 134 habitantes. Me fijo en estos nombres: el licenciado
don Carlos de la Peña Saravia, cura y beneficiado en ese pueblo; Andrés
González, cura; el licenciado don Felipe Cortés Ordóñez Salazar, capellán del
lugar; Silvestre de Irús Arceo, regidor y beneficiado de Villarcayo; Juan
González de Artaza, hijodalgo.
En Escaño cuento 32 vecinos y estimo en 65
los habitantes. He aquí los nombres de algunos de ellos: el licenciado don
Martín Martínez, cura del lugar. Un detalle que llamó mi atención: muchos
habitantes son empadronados como criados y/o pecheros, pero casi la totalidad
se describen como “pechero quantioso”, lo cual indica que, en efecto, pertenecían
al estado general y no al de hijosdalgo, pero el calificativo de “quantioso”
indica que tenían un cierto nivel de rentas e ingresos.
En Fresnedo hago recuento de vecinos y hallo
27 pudiendo alcanzar el número de habitantes a 58. Señalo algunos de ellos: el
licenciado don Antonio Ruiz, cura beneficiado, hijodalgo; el licenciado don
Domingo Martínez, beneficiado; Antonio Martínez, regidor.
El padrón de Torme está entre los fols. 42r
y 51r. Me sorprende el número de vecinos: 84, esto supondría un número de
habitantes cercano a los 200, lo cual no concuerda si lo comparamos con
Villarcayo en el cual estimé haber 135 o 140. Por otro lado, en el padrón he
visto dos cómputos de vecinos de Villanueva Ladrero, fols. 15v y 31r, para lo
cual no tengo explicación. Me detengo en algunos de los vecinos de Torme: Juan
Martínez Borricón, capellán del lugar; el también capellán, el licenciado
Andrés Ortiz; el licenciado don Matías López de San Vicente, presbítero; otro
capellán: el licenciado don Francisco de Irús Arce; el capellán de Nuestra
Señora de la Lera (ermita que estaba adosada a las cuatro torres del palacio de
la familia Torres), el licenciado don Pedro García Salazar; el bachiller
Gregorio Alonso ¿Lirón?, presbítero; Felipe Martínez, regidor de Torme; Lorenzo
Rodríguez, regidor; Francisco Rodríguez, escribano del lugar. Quizás esta
proliferación de capellanes en Torme esté relacionada con la fundación de Pedro
de Pereda, cura que fue de Torme y beneficiado de la iglesia de Villanueva de
Ladrero, quien en 1596 fundó una memoria perpetua. En definitiva, en Torme se
da una concentración de capellanías ligadas a memorias o fundaciones ligadas a
familias nobles. Otros apellidos repetidos, sacados del padrón de Torme en
1705: Pereda, Borricón, Marañón, Galaz, Salinas, Guerra, Irús, Ondovilla, de la
Peña, de San Pedro.
Los datos que daban los vecinos se presentaban ante
el escribano Francisco Ruiz de la Peña y éste los inscribía en el padrón dando
fe de la veracidad de los mismos.
Los folios 53, 54 y 55, contienen las apelaciones
de Llorente Martínez de la Riba y Gregorio Martínez, vecino de Cigüenza (fols.
54 y 55). Llorente Martínez de la Riba, marido en segundas nupcias de María
González, se había casado con ella hacía año y medio, son vecinos de Cigüenza.
Llorente Martínez de la Riba Santa Cruz y María de Céspedes son padres de
Llorente, nacido de legítimo matrimonio. El problema es que, aunque los vecinos
de Cigüenza, conocen estas circunstancias no quieren reconocer la hidalguía de
su hijo y le han asentado por el estado general, como pechero. Su hijo no puede
protestar estos hechos debido a su pobreza, por lo caro que resultan los
pleitos, reclama su padre en su nombre (fecha 07/05/1649). Me recuerda esta
situación aquellos versos del hidalgo robando los restos de comida de su
escudero en El Lazarillo de Tormes,
Tratado III; el hidalgo lleva vestido de noble, pero carece de casi todo para
comer y por lo tanto pasa tanto hambre o más que su criado.
El fol. 54r, nos habla de Gregorio Martínez, vecino
de Cigüenza, y Felipe Martínez, natural y vecino de Burgos. Gregorio Martínez
dice ser hijo legítimo de Llorente Martínez de la Riba y María González,
difuntos, fueron vecinos de Cigüenza, y nieto de Diego Martínez y María de
Céspedes. Felipe Martínez, hijo legítimo de Bernabé Martínez y María Varona y
también nieto de Diego de la Riba y María de Céspedes, que fueron del estado
noble, hijosdalgo; también fue noble de Villarcayo, su tío, Pedro de la Villa. Al
igual que el anterior, los vecinos de Cigüenza no les reconocen el ser hijosdalgo
y les sitúan en el estado general y no en el estado de la nobleza; solicitan
ser incluidos como hijosdalgo en los próximos padrones. El tercer escrito es
similar a los dos anteriores, pide ser incluido en el censo como hijodalgo. Fue
presentado en Villarcayo el 15 de noviembre de 1712.
Queda con este artículo hecho un bosquejo de las
gentes de Las Merindades de Castilla Vieja en 1705: una sociedad rural, constituida
por muchos pequeños pueblos; con una escasa densidad de población; Concejos
pequeños, de recursos limitados; una sociedad establecida básicamente en dos
estamentos: el estado noble (los hijosdalgo) y el estado general. La
pertenencia al estado noble implicaba no sólo una cuestión de alcurnia, de
prestigio social, sino un derecho a exenciones tributarias (no entrar en
ciertos repartimientos), así como la exención en levas y reclutamientos. Por
otro lado, el estado general, constituido por los pecheros, pueblo llano, con
menores recursos en tierras y rentas y sobre quien se aplicaban repartimientos
y reclutamientos. Era una sociedad jerarquizada: de hidalgos con tierras y
recursos económicos (aunque también recogemos algunos casos en este artículo de
“hidalgos pobres”, por decirlo de forma castiza: “mucho don pero sin din”).
Viudas, criados y jornaleros se integraban en esa categoría de pecheros. Una
economía fundamentalmente basada en la agricultura (cultivo del trigo, cebada,
habas, garbanzos, etc.) y la ganadería: reses lanares, de cerda y vacuno; junto
con el aprovechamiento de los montes para pasto de ganado, provisión de leña y
madera. Las moradas de las gentes estaban diferenciadas por la separación de
los dos estamentos: casas y palacios acomodadas y amplias para los hijosdalgo,
más humildes y sencillas para los pecheros, con alguna huerta adosada para
ayudar a la economía familiar de subsistencia.
Villarcayo estaba creciendo y prosperando tras
haber sido designada en 1560 como capital de las Siete Merindades. Además de
agricultores y ganaderos había profesiones y gentes más acomodadas: miembros de
la Junta Municipal: corregidor, regidores, escribanos y otros oficios como
procuradores, oficiales de justicia, comerciantes y clérigos. Existían ferias y
mercados donde se compraban y vendían bienes. Medina de Pomar seguía siendo
villa de señorío de los Condestables.
En toda esta sociedad de comienzos del siglo XVIII
la iglesia y la religión tenían una presencia e influencia notables: regían la
vida cotidiana estando presente en bautismos, matrimonios y defunciones,
fiestas, procesiones, rogativas, por esas funciones recibían ingresos junto con
los diezmos, eran propietarios y administradores de diezmos, rentas,
donaciones, censos y tierras; proliferaban los curas, capellanes, beneficiados,
presbíteros, sacristanes, monjes, cofradías…
La sociedad se dotaba de enseñantes: maestros de
primeras letras, preceptores de gramática, ya que una parte notable de aquella
sociedad era iletrada. La sanidad estaba atendida por médicos, cirujanos,
parteras, comadronas, boticarios...
Los documentos conservados en el Archivo Histórico
de Las Merindades muestran la importancia concedida a la construcción de
puentes, reparos de los mismos tras los daños producidos por las avenidas de
los ríos (Ebro, Nela, Trueba, Trema, Jerea...), la conservación de caminos y calzadas,
así como la mejora del tránsito por los desfiladeros de los Hocinos y la
Horadada; existía un gran número de maestros canteros, sobre todo venidos de
zonas de Cantabria, que se ocupaban de las obras de construcción y reparo de
puentes, calzadas, iglesias, monasterios y casas nobles. Los caminos y calzadas
eran frecuentemente transitados por arrieros, trajineros, comerciantes y
mercaderes que transportaban mercancías de unas zonas a otras.
Con este artículo espero haber contribuido a
mostrar el lienzo de aquellas Merindades de Castilla Vieja y sus gentes.
Creo que lo has conseguido, Ricardo.
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