Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 27 de septiembre de 2026

La Guardia Civil llega a La Vilga.

 
 
El despliegue de la Guardia Civil en la provincia de Burgos empezó en 1854, diez años después de su creación. La distribución de las comisarías fue paralela a las principales vías de comunicación: carretera Madrid-Irún; carretera de Valladolid; el camino de Santander; Bilbao a través del Valle de Mena; el eje Soria-Valladolid; y la carretera de León. Además, las cabeceras de los partidos judiciales, principalmente Sedano, Villadiego, Castrojeriz, Rosa, Salas de los Infantes y Medina de Pomar (cuando el partido judicial estuvo en esta ciudad).
 
Por su escasa población, La Vilga era custodiada por el cuartel de la Guardia Civil de Soncillo y el puesto de Cilleruelo de Bezana. Y, por si esto no era suficiente, el ferrocarril de La Robla podía acercar rápidamente más números de la Benemérita. Esto último, traducido para aquellos que no sean españoles, significa que podían acercar agentes (números) de la Guardia Civil (Benemérita). Todo fácil y sencillo para una zona rural. El problema es que el equilibrio se rompió cuando en La Vilga, en Arija, se instaló la “Cristalera Española” en 1906. Esta empresa construirá un pueblo junto a la fábrica a lo largo de veinte años. Para la construcción de la fábrica llegaron casi 500 trabajadores, que vivían hacinados en las pocas viviendas existentes en Arija y en los pueblos limítrofes.

 
Esos primeros años las edificaciones, calles y avenidas, y la delimitación de las fincas con estacas y alambres, recuerdan a los pueblos del oeste americano. Por primera vez había trabajadores, muchos trabajadores, que no trabajan para complementar sus ingresos agrícolas, sino que ser obreros era su única actividad. También vinieron numerosos emprendedores que instalaron sus comercios y locales en los terrenos aledaños a la fábrica. La industrialización llevó la población local desde unos treinta y nueve vecinos, todos habitantes del barrio de arriba, hasta unos cuatro mil habitantes si asumimos que había mil empleados según épocas, más o menos. La fábrica construyó casas de distintas categorías para los diferentes empleados (director, ingeniero jefe, jefes de departamento, encargados, administrativos, obreros, y finalmente jubilados), capilla, casa de Correos, cooperativa obrera, escuelas, cuartel de la Guardia Civil -nuestro protagonista-, estación de ferrocarril, plaza y quiosco de la música, y campos deportivos para fútbol y tenis. Se creaba así un mundo, una ciudad pequeña, en la que abundaban el dinero, los transeúntes e, inevitablemente, los conflictos.
 
Así, en mayo de 1906, a poco de comenzar las obras, el ayuntamiento solicitara la instalación de una casa cuartel. El alcalde de Alfoz de Santa Gadea, municipio al que pertenecía Arija, escribe el 30 de mayo de 1906 al ministro de la Gobernación:
 
“Excmo. Señor.
 
Don Cipriano herbosa alcalde Constitucional de Arija (provincia de Burgos) a V. E. respetuosamente expone: Que con motivo de haberse establecido en el término municipal de este pueblo una fábrica titulada “Cristalería Española” que da ocupación a obreros, hoy en la construcción de los edificios y mañana en el trabajo manual de la grande industria que representa la fabricación de lunas de cristal plano en todos los derivados, se hace indispensable para garantizar el buen orden del trabajo, y para atender a eventualidades relacionadas con el orden público, se cuente en un momento determinando con el auxilio de la Guardia Civil”.

 
La petición era avalada por Basilio Paraíso, propietario de la fábrica de espejos “La veneciana” de Zaragoza, y uno de los accionistas de “Cristalería Española”. Basilio era un político regeneracionista que había sido diputado unos años antes. Una nota interna del ministerio de la Gobernación fechada el 7 de junio de 1906 dice: “Don Basilio Paraíso recomienda que se establezca un puesto de la Guardia Civil en Arija (Burgos)”. También “Cristalería Española” envió un escrito al director general de la Guardia Civil. Lo acompañaron con el plano del “Proyecto de un edificio para el Puesto de la Guardia Civil en Arija” que era una casa de nueva planta con seis viviendas que la empresa ofrecía gratuitamente para casa-cuartel:
 
“Don Arsenio Brachotte, director Gerente de la sociedad anónima “Cristalería Española” hace constar, que, aunque en la instancia que el señor alcalde del pueblo de Arija (provincia de Burgos) hace al Excmo. señor ministro de la Gobernación solicitando puesto en Arija ofreciendo casa gratuita, esta se hará a costa de la sociedad según ofrecimiento hecho en carta particular al ayuntamiento; por lo que, para evitar entorpecimientos al valerse de intermediarios ofrece la sociedad directamente al Excmo. señor director General del Cuerpo de la Guardia Civil construir una casa de nueva planta según el plano adjunto, a reserva de aceptar si conviene las modificaciones que juzguen convenientes en el plano y cuya casa se empezará a construir tan pronto haya seguridad de que se establece el puesto, y una vez empezada, se procurará terminarla en el más breve plazo posible. Arija 25 de junio de 1906”.
 
Con todos estos apoyos que hacen cierto el refrán de que “quien tiene padrinos se casa”, la petición es rápidamente informada por el coronel subinspector de Burgos (9 de julio de 1906), y por la dirección General de la Guardia Civil (13 de julio). El documento remitido al ministro de la Gobernación sobre la petición del ayuntamiento es elocuente:
 
“Excmo. señor ministro de Gobernación: Pasada a informe del Coronel subinspector del décimo segundo tercio la instalación promovida por el ayuntamiento de Arija (sic) en la provincia de Burgos en solicitud de un puesto de este instituto lo emite manifestando que efectivamente en aquella localidad se construye una fábrica por la sociedad “Cristalería Española” que da ocupación a 380 obreros y que en el mes corriente se elevarán a 500, siendo en una mayoría del país, pero dada la proximidad a Bilbao por el ferrocarril de La Robla, la mayor parte han trabajado en dicho punto en donde se han avezado a la lucha con los patronos e infiltrado en teorías socialistas, razón por la que con frecuencia se declaran en huelga como lo prueba que en la actualidad existen en tal situación 180 obreros, habiendo ocurrido tres principios de huelga que terminaron por la pronta cesión de los encargados a las exigencias de aquellos; que una vez terminada la obra quedarán para funcionamiento de la fábrica de 250 a 300 obreros resultando difícil la cooperación de la fuerza en los primeros momentos pues el puesto más cercano dista 8 kilómetros y tiene a su vigilancia 27 pueblos en el que las exigencias del servicio hacen muchas veces imposible el auxilio que es requerido con frecuencia por el temor que abrigan los encargados de que se cumplan las amenazas que vagamente dan a entender los obreros: Que la situación topográfica de dicho Arija es a un extremo de la demarcación del puesto de Cilleruelo de Bezana y de la provincia distante tan solo dos kilómetros del primer pueblo de Santander, y que el director de la fábrica caso de establecerse el puesto construiría por su cuenta cediéndola gratis una casa para alojamiento de la fuerza según instancia y plano adjunto.

 
Por las razones apuntadas considera el indicado Coronel de acuerdo con el Jefe de la Comandancia que será muy conveniente el establecimiento del puesto que se pretende siempre que se aumente la fuerza de la Comandancia pues con la que hoy tiene asignada no es posible llevarlo a cabo por carecer de personal para ello y porque además se resentiría el servicio si se entresacase de otros el que hubiese de constituirlo, esto sin embargo de que el Gobernador Civil ha manifestado no encuentra inconveniente alguno en su instalación con la cual se garantizaría el orden y seguridad de las familias y obreros establecidos en el repetido punto.
 
En su consecuencia y de conformidad con el Coronel y primer Jefe citados tengo el honor de participarlo a V. E. cumpliendo lo adecuado en la R. O. de ese ministerio fecha 11 de junio próximo pasado y con devolución de las instancias y plano a la misma se acompañaban para la resolución que en su vista se digne estimar procedente.
 
Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid 13 de julio de 1906. Joaquín Sánchez Gómez”.

 
Solo era cuestión de tiempo que la petición del ayuntamiento de Alfoz de Santa Gadea -que no de Arija- y “Cristalería Española” fuera aprobada por el instituto armado. Esto se produce el 30 marzo de 1907, después de consultar al gobernador civil de Burgos para que confirmase que su creación no era contraria a “interés político alguno”. Aunque será en mayo o junio de 1908 cuando comience la actividad del puesto de la Guardia Civil en Arija.
 
¡Y tenía trabajo! No solo en asuntos de accidentes laborales o huelgas si no, también, en los clásicos asuntos contenidos por el Código Penal, que son los “interesantes” para la Guardia Civil. Sólo hay que rastrear un poco por las hemerotecas…
 
“Ha sido puesto a disposición del juzgado de Alfoz de Santa Gadea el peón de la fábrica de Arija Juan Pérez Peña, natural de Bustasur (Santander), que en la tarde del 20 del actual causó con un palo una herida leve en la sien derecha a su compañero de trabajo Herminio Pérez García, natural de Oviedo”. (27 de noviembre de 1906).
 
“Sobre las once de la noche del 24 del actual fue muerto a puñaladas en el pueblo de Arija, el vecino de Reinosa Servando Palacios, por los jóvenes Críspulo García Recio, natural de la provincia de Palencia, y Máximo Muño Ruiz, de Cañedo (Santander). Como cómplices fueron detenidos Mariano Carrera y José Carrera García, todos ellos trabajadores de la fábrica de Arija”. (28 de marzo de 1907). El 24 de marzo de 1908 se celebraba, en sedano, el juicio condenando a Críspulo a 13 años de reclusión y 2.000 pesetas de indemnización.

 
“La Guardia Civil de Cilleruelo de Bezana ha detenido a los hermanos Nicanor y Demetrio Callejo Puente, vecinos de Bentosur (Santander), por haber promovido un fuerte escándalo y amenazado de muerte a varios individuos en Arija”. (15 de noviembre de 1907).
 
“Leocadio García Pérez y su hijo Rafael, vecinos de Arija, fueron detenidos el día 4 del actual, por haber inferido con una botella varias lesiones en la cabeza, que fueron calificadas de pronóstico reservado, al vecino de Soncillo Domingo Bustamante y al de la fábrica de Arija, Bernabé Bustamante”. (7 de enero de 1908).
 
El 18 de abril de 1908 nuestro conocido Demetrio Callejo Puente fue detenido por disparar un arma de fuego, sin consecuencias. Sin consecuencias salvo que lo detuvieron, claro.
 
“En el pueblo de Arija fue herido el día 24 del corriente por dos trabajadores de una obra en construcción, Augusto Vandeput, de nacionalidad francesa, a quien produjeron dos heridas con un palo en la cabeza. Los agresores, llamados Mariano Rodrigo y Pedro Espeso, han sido detenidos”. (27 de mayo de 1908).
 
“Ha sido detenido Rufino Álvarez Corzo, de 13 años, natural de Oviedo y residente en el caserío de la fábrica “Cristalería Española”, de Arija, presunto autor del robo con fractura de 25 pesetas, en la morada de José Ruiz, residente en el mismo caserío”. (6 de julio de 1908).
 
“Han sido detenidos, a las diez de la noche del día 4 del actual, por la Guardia Civil de Arija, José y Marcos García, vecinos de Santa Gadea, autores del maltrato de palabra y obras a su convecino Eusebio Pérez, en la tarde del mismo día”. (7 de agosto de 1908).

 
Hay un plano de la primera planta de la casa cuartel fechado el 28 de junio de 1908 que modifica el proyecto anterior -de 1906-, cambiando la distribución del edificio, e incorporando una escalera interior, más adecuada para el clima de Arija que la prevista inicialmente. También se reduce el número de viviendas:
 
“El Jefe de la Línea de Espinosa de los Monteros autorizado para representar al estado en este acto y don Cipriano herbosa Fuentehodra, alcalde presidente del ayuntamiento de Santa Gadea en representación del mismo, y don Antonino André mayor de edad, con la capacidad legal necesaria para obligarse, vecino de Arija. Declara el segundo que el municipio ha adoptado en legal forma el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito y en las condiciones que el servicio exija a la fuerza de la Guardia Civil del puesto de Arija durante todo el tiempo que exista establecido y que en cumplimiento de dicho acuerdo ha convenido con don Antonino André subdirector de la fábrica, que en este pueblo tiene establecida la sociedad de “Cristalería Española” el arriendo del edificio propiedad de la mencionada sociedad sita junto a la estación para que lo ocupe gratuitamente todo el tiempo que exista establecido, con la distribución y dependencias de que conste y que son: en la planta baja sala de armas, patio o corral donde existen cinco leñeras y dos retretes, además hay dos habitaciones para Guardias casados, la una compuesta de dos habitaciones cocina y despensa, y la otra con tres habitaciones cocina y despensa, en el piso principal existen igualmente tres habitaciones compuestas de las mismas dependencias y en el segundo el desván hallándose corrientes y en perfecto estado las puertas y ventanas y sus cerraduras y cristales.
 
El expresado don Antonino como subdirector y representante de la sociedad Cristalería española acepta las anteriores condiciones y se obliga a ejecutar en el edificio un blanqueo interior y exterior cada año en los meses de abril o mayo y a la limpieza de los pozos negro siempre que sea preciso, y a proporcionar otro edificio si el reseñado dejara de reunir las condiciones necesarias en cuyo caso quedará nulo el presente contrato, así como si se suprimiese el puesto del instituto sin derecho la Compañía a reclamación alguna; y el Jefe de la Línea acepta la cesión que en los términos expresados hace el ayuntamiento, con la salvedad de que el estado no contrae obligación ninguna, firmando los tres otorgantes el presente documento a presencia de dos testigos en Arija a los quince días del mes de mayo de mil novecientos ocho”.

 
La apertura de la casa cuartel no erradicó el crimen en Arija -¡faltaría más!- y las acciones de la Guardia Civil siguió proporcionando noticias en prensa:
 
“Han sido detenidos por la Guardia Civil del puesto de Arija, los vecinos de Santa Gadea Francisco, Severiano y Domingo García Fernández y Santiago Fernández Alonso, presuntos autores de las heridas causadas a Felipe Ruiz Sainz, residente en san Vicente Villamerán. El hecho ocurrió en la tarde del 12 del actual”. (21 de octubre de 1908).
 
“La Guardia Civil de Arija da cuenta de que en la tarde del 26 del actual apareció en la poza-lavadero del pueblo de Quintanilla el cadáver de Luisa Saiz y Saiz de 40 años, viuda. Las gestiones practicadas por la benemérita para esclarecer este hecho, dieron por resultado el averiguar que por cuestión de celos riñeron la interfecta y Bernabela Ruiz Diez, de 42 años, casada, tirándola esta a la poza, y penetrando la Bernabela en el agua, sumergió a Luisa hasta ahogarla. Después de cometido el crimen huyó en dirección a Sedano, en cuyo punto parece ser tenía el propósito de presentarse al juez, cuando fue aprehendida por la Guardia Civil en la demarcación de Cilleruelo”. (27 de octubre de 1908).
 
“Ha sido detenido por la Guardia Civil de Arija, Anacleto Setién, de 35 años, vecino de Bimón (Santander), autor del robo de una cabra, sustraída el 22 del pasado diciembre a Celso Pérez, capataz de la línea férrea de La Robla a Valmaseda”. (2 de enero de 1909).

 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a Pantaleón Gallo, vecino de Población de Abajo (Santander), cuyo sujeto se hallaba reclamado por el juzgado de Reinosa”. (24 de marzo de 1909).
 
“La Guardia Civil de Arija ha detenido a los vecinos de Santa Gadea Eladio Fernández y Luis Pérez, cuyos sujetos apedrearon la casa del médico don Carlos Martínez, rompiendo los cristales de ventanas y balcones y causando desperfectos en el edificio”. (29 de marzo de 1909).
 
Y podríamos seguir hasta el cierre de la fábrica, pero con los que adjuntamos nos hacemos a la idea del trabajo fino que hacía la benemérita y lo necesario que era el puesto de Arija. Sobre todo, si tenemos en cuenta las huelgas de 1909 y 1916. Así, el 7 de julio de 1909, el periódico “La Correspondencia de España” publicaba: “Burgos, martes tarde. Ha regresado el gobernador, procedente de Arija, donde se había declarado una huelga de 269 obreros en una fábrica de lunas. Pedían aumento de jornal, que no les fue concedido por habérseles aumentado el descanso. El conflicto quedó resuelto. Han entrado al trabajo 250 obreros. El teniente coronel de la Guardia Civil quedó en Arija por si el resto de los obreros tratase de hacer algo”.
 
En 1916, con más de 700 obreros en la cristalera, el conjunto de los salarios superaba el millón de pesetas al año. Esto significaba un jornal medio por empleado de entre 3 y 4 pesetas al día, unas 100 pesetas al mes. La nueva fábrica, ¡y sus sueldos!, llevaban diez años atrayendo mano de obra de toda la comarca, y de zonas más alejadas de Palencia, Burgos y la provincia de Santander. Y, a pesar de ello, ese año hubo una nueva huelga en la “Cristalería Española”. En esta segunda huelga general, de casi dos meses, en la que llegaron a apagarse los hornos, quedó cuestionada la permanencia de la fábrica en Arija. Sepan que las condiciones de trabajo eran bastante duras: jornadas de casi doce horas.

Foto cortesía de Luis Ángel Martín Merino
 
El 29 de abril de 1928 se celebra el acto de constitución del ayuntamiento de Arija. La “tarjeta de estadística” del puesto de la Guardia Civil de Arija, de ese mismo año refleja que la población es ya de 1.800 habitantes. Aunque la población había crecido considerablemente con el desarrollo de la fábrica, la dotación del puesto era casi la misma que la que se estableció en 1908.
 
La proclamación de la república en 1931 enciende la mecha en el polvorín de Arija. Los trabajadores de la fábrica eran mayoritariamente del bloque republicano de izquierdas, y los comerciantes y empresarios estaban afiliados a partidos católicos y de derechas. Los resultados de las elecciones publicados en Diario de Burgos el 7 de julio de 1931 reflejan la desproporción entre ambos bloques. Teniendo en cuenta que cada elector masculino podía votar por seis candidatos, habrían votado a las derechas unos 80 varones, y a las izquierdas del orden de 368 hombres.
 
El intento de golpe de estado de izquierdas de octubre de 1934 que solo triunfó en Asturias también salpicó en Arija. Jesús Sainz Hierro es apuñalado en La Vilga, en el callejón de estanco (detrás de la cooperativa) el 7 de octubre de 1934. Falleció en Burgos diez días después. Se le considera como el primer muerto de Falange Española.

 
A los seis meses de este suceso, en abril de 1935, salta una reyerta a la salida de una taberna que termina con las vidas de Manuel Villapún, presidente de la Casa del pueblo, y de Félix Zamanillo, conserje de la misma. Manuel había sido el primer alcalde republicano de Arija, desde el 14 de abril de 1931 hasta noviembre de 1933, fecha en la que fue destituido por el gobernador civil de Burgos, que envió para ello a Arija un destacamento de la Guardia de Asalto.
 
Estos acontecimientos producen una gran alarma en la población. La empresa “Cristalería española”, el ayuntamiento gobernado por la derecha desde el 23 de julio de 1934, y el gobernador civil piden más agentes de la ley. Un informe del primer Jefe de la Guardia Civil, de 2 de junio de 1935, habla de ello:
 
“Llegado a conocimiento del Jefe que suscribe que el Director Gerente de la fábrica “Cristalería Española” con residencia en Arija, de esta provincia, se halla dispuesto a ejecutar las obras necesarias de ampliación en la Casa-cuartel que ocupa la fuerza del Instituto allí establecida, dirigí con tal motivo escrito al citado señor para venir en consecuencia de la forma que se había de sufragar el importe de tales gastos y obras, cuyo mentado señor en carta de fecha 29 del próximo mes pasado, manifiesta que el Consejo de administración le ha autorizado para efectuar las obras necesarias en la Casa-cuartel referida consistentes en dejarla en condiciones para habitar en ella diez guardias casados y cinco solteros.
 
El presupuesto de los trabajos en cuestión se eleva a la cifra de 43.000 pesetas, de las que la Sociedad contribuirá con un 60 por ciento o sean 25.800 pesetas, esperando que el Estado aporte el resto del 40 por ciento o sea 17.200 pesetas; terminadas las obras e instalada la fuerza el Estado deberá contribuir con una renta mensual por alquiler de la totalidad de la finca de 300,00 pesetas.

 
En la actualidad el puesto de Arija tiene dotación de siete individuos, si bien hasta la fecha sólo consta de una clase y cuatro Guardias; las obras a ejecutar son para dejar dicha Casa-cuartel en inmejorables condiciones de habitabilidad y defensa para un total de fuerza de quince hombres. Dada la situación político-social, tirantez de relaciones, rencillas y enemistades que existen entre ambos partidos y la frecuencia que en el mismo se suscitan conflictos de varias naturalezas, hace preciso que constantemente en él haya que mantener por término medio una o dos parejas concentradas lo que lleva consigo el gasto correspondiente para el Estado. Por lo que afecta a pluses de concentración, razones por las que el jefe que informa de acuerdo en un todo con el Excmo. Señor Gobernador Civil de la provincia, considera sería de gran utilidad y ventaja para el bien del servicio llevar a cabo las obras que proponen”.
 
Finalmente, la empresa se compromete a “realizar las obras de ampliación del actual Cuartel en la forma propuesta y conocida y completamente a su cargo”, renunciando también al alquiler. En cualquier caso, los conflictos entre bandos políticos en Arija continúan produciéndose, como queda reflejado en la prensa. esta noticia aparece publicada en “La vanguardia”, el jueves 24 de octubre de 1935:
 
“José Calle Abad, herido de gravedad. Colisión entre afiliados socialistas y fascistas. Un herido grave (Burgos, 23 de octubre de 1935). Por cuestiones políticas, bastante enconadas desde hace tiempo, entre elementos socialistas y fascistas del pueblo de Arija, se originó anoche, a la puerta de una taberna, una reyerta entre jóvenes de ambos bandos, saliendo a relucir armas blancas. A consecuencia de la riña, resultó herido de gravedad, con siete puñaladas en distintas partes del cuerpo, José Calle Abad, de 22 años. Los agresores, Guillermo Madrigal, de 21 años, y Florencio Cetino, de 19, huyeron después de cometido el hecho, perseguidos por la Benemérita y lograron desaparecer amparados por la oscuridad y por una tempestad de nieve. Como se recordará, en un año han muerto un fascista y dos socialistas en ésta”.

 
La fábrica de Arija cerró sus puertas en 1952, trasladando sus instalaciones a Avilés. Todos los edificios que levantó Cristalería Española fueron vendidos a la empresa “Arenas de Arija”, incluidos algunos del pueblo. Esta empresa era propiedad de la familia Delclaux, que explotaban la cantera de arena para utilizar esta materia prima en su fábrica de vidrio de Llodio. Algunas viviendas fueron adquiridas por particulares, como primera o segunda residencia.
 
El cuartel de la Guardia Civil se mantuvo operativo unos cuantos años más. En los años 1970 se cerró y el edificio fue adquirido por particulares, siendo reacondicionado para viviendas. Se eliminaron elementos característicos, como las almenas que remataban las esquinas del edificio en la última planta, techando la terraza. Este es el uso que sigue manteniendo hoy en día.
 
 
 
Bibliografía:
 
Periódico “Diario de Burgos”.
“Una casa cuartel de la Guardia Civil para una ciudad fábrica”. Josu Aramberri.
“La Guardia Civil en Burgos a través de la fotografía histórica”. Carlos Alfonso Chamorro Rodríguez y otros.
Periódico “La Vanguardia”.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Bergaza, la Peña del Mazo y el mundo altomedieval con vistas

 
 
Encontraremos la Peña del Mazo al noreste del pueblo de Pajares tras avanzar por una cómoda pista. El yacimiento ocupa una meseta, de unos cien metros cuadrados en pendiente, y la pared sur de un espigón rocoso que forma parte de la Sierra de Arcena. La pared norte es un cortado vertical inaccesible de unos cincuenta metros. Este tipo de hábitat enrocado es fruto de la inestabilidad producida por el derrumbe del estado en el Imperio Romano Occidental y, posteriormente, por los ataques musulmanes a la Castella Vetula de los primeros siglos altomedievales (siglos VIII hasta primera mitad del XI). Llegada la calma se abandonará la Peña del Mazo y los residentes descenderán al valle.

 
A unos 200 metros se encontraba Bergaza, que hoy es un despoblado, y que se documenta en 1193 en una pesquisa durante el reinado de Alfonso VIII a través de su iglesia dedicada a San Juan, que era un monasterio con funciones de parroquia en la Alta Edad Media. Relata Argaiz que el monasterio de San Juan estaba situado entre Vergara y Plágaro y que pertenecía a San Millán de la Cogolla. En 1278 Gonzalo Pérez de Bergaza hizo de testigo en una pesquisa sobre las heredades que tenía el monasterio de Vadillo en Zangandez. Se vuelve a documentar en 1410 cuando Catalina Pérez, su hija y su yerno venden un solar de casas tejadas y otras heredades en el lugar de “Vergasa” por 30.000 maravedís. Con el tiempo quedó una ermita denominada primero de San Esteban y luego de San Justo, desaparecida definitivamente en 1724.

 
El yacimiento de la Peña del Mazo fue parcialmente excavado en la década de los setenta por el equipo de arqueólogos de Alberto del Castillo. Entre los años 2004 y 2005 se analizó casi toda la peña, unos 4.500 metros cuadrados por Aratikos Arqueólogos.
 
Sabiendo todo esto vamos a acércanos a la Peña del Mazo. Por el camino observamos claramente, en la pared sur, dos oquedades superpuestas a las que se accederá a través de una rudimentaria escalera tallada. Algunas dataciones de radio carbono dicen que esta peña estuvo ocupada desde principios del siglo VI y hasta mediados o finales del siglo VIII. Aunque otros trabajos indican dos fases de ocupación con diferentes actividades durante cada una de ellas. Un periodo en la tardo-romanidad (siglos IV-V), a la cual corresponden siete tumbas y dos estancias semirrupestres al noroeste y noreste del roquedo; y otra época altomedieval (siglos VIII-XI) en la que tenemos una iglesia parcialmente rupestre y la necrópolis de lo alto del promontorio.

 
Respecto a las oquedades excavadas en la pared sur, la inferior tiene tres metros de boca, 2`5 metros de profundidad y 1`5 metros de altura y en su interior se han documentado siete tumbas excavadas en la roca, tres de ellas cubiertas de sedimento. La cuevilla superior tiene dos metros de boca, uno de profundidad y uno y medio de altura. Estos dos habitáculos de la pared sur podrían vincularse a la existencia de grupos de eremitas o de solitarios anacoretas que pudieron servir a la posterior instalación de comunidades monásticas o establecimientos religiosos rurales de mayor envergadura, ya que es muy común la presencia de cámaras talladas en la roca junto a iglesias construidas. Uno de los habitáculos tiene una clara función sepulcral lo que no presupone que originariamente fuese un cementerio. Pudo ser un lugar de oración aislado y privado y al cabo del tiempo, posiblemente en la etapa de mayor auge de la necrópolis de la roca superior, ser reutilizado como panteón. Esta es la opinión que defiende la mayor parte de los estudiosos que han afrontado este tema. La cuestión es saber para quién estaban reservadas estas sepulturas. ¿Para personajes destacados dentro de la vida social o religiosa de esta comunidad? Estas oquedades se conectaban con la zona superior del farallón mediante unas escaleras talladas en la roca.
 
Tenemos claro el momento de la primera ocupación tardo-romana al encontrarse abundantes restos arqueológicos en los niveles de abandono y en los derrumbes asociados a un marcado corte de la roca en el sector noroeste de la peña. Son restos de tejas romanas y cerámica a torno común vistos en otros yacimientos de los siglos IV y V. Consta una estancia que aprovecha las diferencias de cota y las oquedades de la roca para tallar un corte longitudinal, muy marcado, de 250 cm de longitud y 18 cm de altura que sigue la pendiente natural de la peña (Referencia: UE 116). El resto de la estancia queda definida por la pared natural, irregular y menos precisa, que tiende a cerrar una estancia rectangular con unos dos metros cuadrados de superficie. En el sector oriental de este recinto, aprovechando que la base rocosa está más elevada, se documenta una zona de habitada presidida por un hogar dado el sedimento gris de composición cenicienta y los abundantes fragmentos de cerámica común. En el sector oeste de la estancia, a una cota más baja, hay cinco piedras alineadas, bloques grandes y sin desbastar, paralelo al corte que define la estancia rupestre. Mide 140 cm de longitud y que sería la hilada de base de un murete de dicho recinto.

 
Este habitáculo tiene otro seguido que aprovecha una amplia y profunda grieta natural. Las paredes de esta fosa son irregulares y asimétricas y la base apenas tiene superficie, pero en algún punto pueden intuirse repicados muy superficiales que posiblemente se hicieron para regularizar la pared. Diríamos que fue un espacio auxiliar al primero. No se conserva el alzado de los muros, pero supondremos que esta construcción excavada en parte estuvo recrecida con piedra en la zona del zócalo, ya que en la sucesión de derrumbes documentado en este sector abundan los bloques de arenisca sin desbastar.
 
En alguno de los depósitos sedimentarios tardo-romanos hay cerámica, tejas y ladrillos triturados. Su presencia por otros sectores de la peña permite interpretar otros cortes rupestres como dependencias domésticas de este periodo. Tal sería el caso de la referencia del mapa de Aratikos UE 129, situado en el sector Noreste, el más elevado de la peña, dado que fue una zona muy alterada por la necrópolis medieval.

 
Un caso similar plantea otra explanación de gran envergadura en torno a la referencia del mapa de Aratikos UE 104. Aquí se documenta un amplio corte angular rupestre que delimita una superficie amplia, diáfana y perfectamente nivelada; en origen tal vez superaba los treinta y dos metros cuadrados y llegaba hasta el mimo borde de la peña, pero ha sufrido un deterioro progresivo y ahora es difícil determinar su perímetro. Se documentan varios hoyos para encajar vigas a lo largo de toda la base interna del corte. Se trata de los únicos restos visibles de una estructura que pudo tener alzado de madera. Sus dimensiones, la ausencia de cualquier vestigio de carácter doméstico y su emplazamiento –el más destacado de toda la peña junto al borde sur-, nos permiten plantear que tal vez fuera una construcción para ejercer el control de este sector del valle en época tardo-romana. ¡La famosa Turris! Una turris semirrupuestre que contralaría un paso (meatus) que ascendería la Sierra de Arcena Y que dominaría visualmente casi todo el valle de Tobalina. En época medieval se tallaron varias tumbas aprovechando que se la superficie ya estaba nivelada.

 
A este primer momento de ocupación hay que asociar las siete tumbas de lajas –las únicas de estas características en todo el yacimiento- documentadas en el extremo noroeste, en la parte baja de la plataforma, en el mismo ámbito donde se ha documentado la estancia doméstica con hogar. Sólo en esa zona permite excavar tumbas de estas características. Además, se ha comprobado que cuando se abandonó esa estancia se aprovechó parcialmente para colocar alguna de las tumbas. Están construidas con una o ambas paredes de lajas hincadas de canto, aunque, algunas tienen la base de la pared tallada en la roca y después se recrece mediante una sucesión de lajas colocadas en horizontal que pueden estar calzadas con fragmentos de teja. En tres fosas la cabecera está delimitada por una teja curva entera de gran envergadura (la imbrex) hincada en vertical que sobresaldría de la tumba a modo de lápida. Es muy posible que las otras hayan perdido este elemento identificativo ya que se documentan fragmentos de teja de similares dispersos por todo este espacio. El eje de estas piezas está recorrido por una o varias líneas onduladas y paralelas realizadas con dedos. Además, algunas sepulturas también presentan un fragmento de teja curva para cerrar los pies de la fosa. Por último, también es muy cuidado el sistema de “orejeras” -tejas o lajas de piedra- que permiten mantener la posición forzada de la cara del inhumado mirando en dirección este, hacia la salida del sol. Hecho comprobado gracias a la abundancia de restos humanos encontrados en las fosas de las diferentes épocas estudiadas en la Peña del Mazo.

 
Podemos pensar que, tras esta primera ocupación romana tardía, un sector de la peña se transforma en cementerio. Y como tal asociado a un templo que se mantendrá en época medieval. Pero, la existencia de ese templo no implica una ocupación continuada desde el Imperio. Eso sí, las poblaciones que hubo en el Valle de Tobalina durante época romana estuvieron siempre asociados a recintos militares, normalmente de pequeño tamaño, que se instalaban en puntos estratégicos para control del territorio, de las vías de comunicación y de los recursos naturales. Será en un momento posterior cuando estos establecimientos se despojan de su carácter militar para convertirse en aldeas estables. Lo que comentábamos en el inicio de la entrada.
 
En la fase de ocupación altomedieval tenemos estructuras construidas y excavadas en la roca que avalan una ocupación posterior a la tardo-romana. La iglesia es la principal protagonista. Conserva en pie la base de todo su perímetro y se distinguen dos tipos de fábrica. Además, los distintos rebajes, entalles y subestructuras de su interior son indicadores de transformaciones en su estructura.

 
Ante nosotros tenemos una planta inicial cuadrada con una superficie interna de dieciséis metros cuadrados y acceso en el muro sur. Antes de levantar los muros se repica todo el perímetro y sobre esta superficie nivelada se alzan las paredes construidas con grandes lajas de arenisca. Muy posiblemente solo se empleó piedra en el zócalo y, para el resto, tapial o madera. Dentro se marcan dos espacios separados por un escalón. Así el santuario está al este, con la base repicada en la roca y sobre elevado respecto a la nave. En él destaca un bloque macizo, bajo y estrecho integrado en el propio muro testero. El hoyo que aparece en su parte frontal serviría para encajar un poste con el que tener un apoyo más estable para el altar y conseguir mayor amplitud y altura en la mesa. La posición del altar implica que el oferente solo podía oficiar de espaldas a los fieles. Por otro lado, los dos hoyos laterales colocados en una posición más avanzada permitirían encajar el poste de sujeción de sendas cancelas, diferenciando y reservando de esta manera el santuario del resto del templo.
 
En una segunda etapa este cuerpo original se alarga hacia el oeste y hacia el norte dando lugar a una nave rectangular de mayor capacidad (medidas internas: 4 x 6 m). Sus muros eran de ochenta centímetros de anchura construidos mediante el sistema de doble paramento con relleno de ripio. El muro testero se coloca sobre la base del muro del edificio anterior y el resto directamente sobre la roca. En acceso anterior se ciega y se traslada al extremo oeste de ese muro sur. Avanzan el altar que coincidiría con el encaje situado más adelante, tangente y centrado respecto escalón que antaño separaba la nave del santuario. Se trataría de un altar de mesa que permite oficiar de cara a los fieles. Al analizar las proporciones del templo se observa que dicho hoyo queda descentrado y, sin embargo, coincide perfectamente con el eje central del primer edificio. A pesar de las numerosas huellas y entalles que circundan todo el templo, se duda sobre la existencia de un pórtico.

 
La ampliación del templo pudo producirse por el incremento de la población, adecuación de la iglesia a la liturgia romana o algún fallo constructivo que obligara a una reestructuración de la planta que afectó a la organización de los espacios litúrgicos. Posiblemente la mayoría de los cambios se producen en un mismo momento y, como hipótesis, dicho momento fue tras la obligatoriedad de cambiar la liturgia mozárabe por la romana (Concilio de Burgos, año 1080. Bajo el reinado de Alfonso VI). Podríamos asociar el templo primitivo -la pequeña aula de 16 metros cuadrados-, a la fase tardo-romana, hacia el siglo V, ya que las tumbas de lajas necesariamente tendrían que estar vinculadas a un lugar de culto. Pero la mayoría de los estudiosos asumen que la evangelización en Las Merindades empezaría en los siglos VI y VII. ¿Entonces?
 
Quedan restos constructivos de un edificio de grandes dimensiones (rectángulo de unos quince metros cuadrados) adosado a los pies del templo. La base del muro occidental de la iglesia no presenta ninguna apertura y, por tanto, hay que suponer que no había comunicación directa entre ellos, a no ser que fuera en altura.

 
Las tumbas altomedievales encontradas se distribuyen por toda la superficie de la peña, casi 4.500 metros cuadrados en el que se documentan 103 sepulturas, las siete de lajas ya analizadas y el resto excavadas en la roca, aunque existen indicios de haber empleado mampuestos para completar la estructura en algunas. Curiosamente, las tumbas más alejadas del templo en dirección este son más complejas. Esto hace suponer que el periodo de ocupación de la necrópolis dentro de esta fase altomedieval fue amplio. Las sepulturas excavadas son: 8 rectangulares; 46 en forma de bañera; 41 antropomorfas; y una de difícil interpretación. Las cabeceras son cuadradas en 52 tumbas, rectangulares en 9, redondeadas en 27, con forma de herradura en 4 e inidentificable en otras cuatro. Han sido asignadas treinta y una a adultos, veintiocho a jóvenes, treinta y siete a infantes y dos sin determinar. Aparentemente la población adulta e infantil en el asentamiento era muy similar, lo que resulta anormal porque, aunque la tasa de mortandad antes de alcanzar la madurez era elevada, siempre había un dominio claro de las tumbas adultas. Las noventa y seis fosas excavadas se distribuyen por casi toda la superficie del farallón. Sin embargo, destacan dos zonas de concentración: el extremo occidental de la plataforma y extremo oriental, lo que contrasta con lo habitual en las necrópolis rupestres conocidas donde el área sepulcral es más intensa en el espacio inmediato al templo.

 
Para finalizar, disfruten del recogimiento y paz que produce este asentamiento y de la libertad de perder la miranda en el horizonte. Quizá eso fue lo que mantuvo, durante varios siglos, este lugar habitado. Y ha permitido el descanso tranquilo de aquellos cristianos que nos podrían contar cómo eran Las Merindades en aquellos años.
 
 
Bibliografía:
 
“Intervención arqueológica en el yacimiento La Peña del Mazo, Pajares (Valle de Tobalina, Burgos). Campañas de 2004 y 2005”. Aratikos Arqueólogos, S.L.
www.lasmerindades.com
“Las Merindades de Burgos: Un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
Blog  “Conoce Atapuerca”. 
Blog “Necrópolis medievales excavadas en la roca”. 
Blog “Tierras de Burgos”.
“Estudio arqueológico del Desfiladero de La Horadada: La transición entre la tardorromanidad y la Alta Edad Media (SS.V-X D.N.E.)”. José Ángel Lecanda.
“Valpuesta y Berberana. El Valle de Tobalina. Medina de Pomar y sus aldeas. Villalba de Losa y su vez. Frías y sus arrabales”. María del Carmen Arribas Magro.
“Eremitorios rupestres en la comarca de Las Merindades (Burgos)”. Judith Trueba Longo.
 
 
 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Ladrones de tumbas.

 
 
¡Cómo nos gustan las historias de ladrones de tubas! Recuerdo leer con placer “El ladrón de tumbas” de Antonio Cabanas o alguna de las novelas de la serie sobre Egipto de Christian Jacq pero nunca imaginé que esas historias podrían vivirse en Las Merindades. Y no, no estoy hablando de domingueros armados de detectores de metales que descontextualizan hallazgos de escaso valor monetario para engrosar estúpidas colecciones privadas.

 
Debemos desplazarnos hasta el año 1707 cuando se abrió una causa penal contra los agricultores Domingo López; Manuel Zorrilla y su esposa María Ruiz de Andilla; Simón Fernández y María Zorrilla, su mujer; Bernardo Fernández, hijo de los anteriores; y contra Ángela Galaz que se jactaba de ser zahorí en Medina de Pomar. Pero una zahorí que no parecía estar especializada en encontrar corrientes de agua para hacer pozos sino -según la RAE- en “encontrar cosas”. La señorita Galaz ya tenía fama en Medina de Pomar de encontradora de tesoros.
 
¿Cómo conocemos este asunto? Gracias a los documentos del archivo de Villarcayo que se han salvado del hambre de roedores y de la estulticia de humanos que sólo veían papeles viejos para la chimenea. Una pena porque hoy estos vetustos combustibles son vistos como verdaderas joyas. Y, también, gracias a la concejala del ayuntamiento de Villarcayo, Rosario Martínez, que transcribió este proceso. Se lo debemos agradecer, y mucho, porque la letra del escribano que completó los legajos es difícil, muy difícil, de interpretar.
 
Aquellos eran años de guerra civil por mor del testamento de Carlos II (1661-1700) -el hechizado- que entregó España a la dinastía Borbón que ya gobernaba en Francia. En ese entorno, Manuel Zorrilla, vecino de la Roza de Bocos, en un viaje a Medina de Pomar el 29 de septiembre de 1706, les propuso a sus vecinos José González y Domingo López reunirse con Ángela Galaz en Medina de Pomar para convencerla de utilizar sus artes de zahorí para entrar a la cueva crecida de Hondo, un lugar cuya ubicación hoy desconocemos. José González no se atrevió y no quiso sumarse a la aventura a pesar de necesitar el dinero.

 
El uno de noviembre de 1706, o fecha próxima, Manuel Zorrilla trajo a Ángela desde Medina de Pomar. Esta estuvo en Bocos una semana o así. Una muestra de que intentaba que la muchacha pasase desapercibida fue que, en contra de su comportamiento habitual, Manuel intentó alejarse de sus vecinos cuando salía con sus bueyes. Quizá porque se paseaba con la zahorí por distintos lugares para marcar dónde podría haber tesoros. Seguro que tenían en mente las leyendas de las cuevas de los moros o los tesoros escondidos por los judíos expulsados en 1492. Al parecer, en el término de Casares encontraron una pila llena de perlas después de varias noches abriendo tumbas y dejando huesos humanos a la intemperie. Supongo que escogieron el lugar por los enterramientos más que por las capacidades sobrenaturales de Ángela. Debemos puntualizar que esas tumbas habían sido “descubiertas” recientemente al ser un terreno agreste, lleno de malas yerbas e inútil. Un argumento para afirmar que habían encontrado esa pila de perlas era que, sino no hubieran levantado sepulturas ni huesos “porque de estos no necesitaban”. Pura contradicción.

Pila bautismal visigoda
 
Después de encontrar la pila de perlas se reunieron Domingo López, Bernardo Fernández, Manuel Zorrilla, María Ruiz y Ángela Galaz en casa de Simón Fernández para buscar la forma de traer la pila. Dijo Bernardo Fernández que lo hicieran con un carro porque la pila pesaba mucho. Los demás no estaban de acuerdo porque, decían, eso costaría mucho. De esta reunión dedujeron durante el juicio que todos eran igualmente partícipes en el delito. Poco se imaginaban que “el toribio”, tocando las campanas de la iglesia, había visto luz a deshoras en la casa de Simón. Y lo contaría.
 
Finalmente, trajeron la pila de perlas -¿en carro?-  a Bocos. ¿Por qué cogieron toda la pila y no solo las perlas? Porque, lo más seguro es que, las perlas no estarían “dentro” de la pila bautismal sino decorándola y les resultaría más cómodo y seguro romperla en la casa de alguno de los implicados y no en un descampado. La existencia de una pila bautismal implicaba que hubo un templo. En este sentido, algunos investigadores adscriben la iglesia de Casares a San Andrés. En el proceso judicial no se indica de qué material estaba hecha la pila, ni su tamaño, ni su peso. O no lo hemos descifrado o se lo comieron los roedores. Se supone que sería grande cuando era necesario un carro para transportarla. Eso sí, se dice que la llevaron a Villarcayo a casa de José Gómez de Escalante. ¿No la llevaban a Bocos? ¿Por qué no se procesa a José?

Necrópolis de Casares 
(Cortesía de Condado de Castilla)
 
Pero no solo expoliaron ese lugar. Les debió resultar tan fructífera la aventura de Casares que estuvieron en una tumba en Santa Centola una noche mucho antes de amanecer como corroboraron varios testigos. Uno de ellos era José González, aquel vecino que estuvo con Manuel y Domingo en Medina de Pomar, que vio luz en Santa Centola desde Salazar. De hecho, cuenta otro de los testigos que cuando vio una luz donde la ermita de la santa “causándole pavor porque no se atrevió a irla a registrar y no se duda que era por manifestar tesoros porque de otra suerte a tales horas no hubiera luz”. Vio una luz, no a ellos.
 
Una precisión sobre Santa Centola y es que no se está refiriendo a la famosa ermita de Valdelateja sino que se hablan de un despoblado actual en Campo pero a cincuenta metros del límite con La Quintana de Rueda. Hoy está casi olvidada esta ermita cuya advocación se generaliza en el siglo IX. Si lo visitan, sin detector de metales, es un yacimiento arqueológico datado en la Baja Edad Media. Curiosamente al año siguiente de la profanación de los de Bocos se produjo la habitual visita diocesana anotándose que debían reparar la pared en que estaban las campanas y arreglar la puerta. Dependía de la parroquia de San Juan de Campo.

Fuente Google
 
Sondearon, también, una granja de religiosos de San Bernardo según declaración de Antonio Saravia (31 años) -Yerno de Simón- que recibió la información por parte del Licenciado Álvarez, antiguo Capellán en Medina de Pomar y, en aquel momento, cura beneficiado en otra villa. Dijo el licenciado Álvarez, que Simón Fernández, Domingo López, Manuel Zorrilla y Bernardo Fernández habían ido a una granja de los religiosos del Monasterio de Rioseco que llaman Zelada con Ángela Galaz -¡muchacha que era sobrina de dicho sacerdote!- y de allí fueron a la ermita de San Cristóbal. Antonio preguntó al cura Álvarez si los de Bocos habían encontrado algo y este respondió que habían cavado en varios lugares y que le llevaría a verlo. Las dotes de la zahorí se emplearon, a su vez, en la sierra de La Tesla; en aquella cueva “muy honda” no localizada; y en la villa de Villarías, siempre de noche. Evidentemente, en todos estos lugares actuaron como un elefante en una cacharrería.
 
La aventura en La Tesla les entretuvo durante cuatro días, que fueron los que una yegua de Simón Fernández estuvo desaparecida, y en Villarías sólo pudieron estar una noche porque los lugareños pusieron guardas y ya no volvieron más allí. Para justificar la falta de la yegua, por si se lo preguntan, Simón dijo que el pastor la había extraviado. Pero, es que, también faltó esos días Simón según testimonio de Gregorio de Rueda. Aunque peor fue el testigo Antonio Saravia que había oído decir a José González que una criada de Simón Fernández había oído que estando en su casa junto a Manuel Zorrilla, Bernardo Fernández y Domingo López habían hablado de cómo traer una pila y Bernardo dijo que en un carro a lo que Manuel Zorrilla dijo: “¡Calla, hombre, que cantará y nos oirán!”. Antonio Saravia siguió “piando” y confesó haber oído a María Zorrilla, mujer de Simón Fernández, que había llevado a su casa a Ángela y escondido cinco reales de a ocho en plata y, preguntándola, le dijo que no los había hallado.
 
Por otra parte, los saqueos de tumbas alto medievales no les debió generar mucho beneficio porque no había ajuares abundantes. Así que entendemos la respuesta de Manuel Zorrilla a Antonio cuando yendo para su casa una noche y siendo preguntado cómo iba la caza del tesoro respondió aquel: “Calla, hombre, que la fortuna ha sido contra nosotros, que no ha aparecido cosa alguna”. Lo raro de esta conversación es que, si todo era tan secreto, ¿cómo es que Antonio sabía del tema y, si era así, por qué se subraya que los implicados lo llevaban con mucho secretismo?

 
Uno de los testigos que hablaron con el alcalde de Bocos, Manuel de Pereda, para el proceso aseguró que, una noche, de la casa de Simón Fernández salió gente con un tizón de lumbre metido en una olla y María Zorrilla su mujer dijo: “No vayáis por donde casa de Gaspar de Balmaseda porque ha de ladrar la perra y hacer ruido”. Entre esa gente se indicaba que estaba la zahorí. Vemos así que trataban de que sus vecinos no sospechasen, pero ¿qué iban a hacer cuando mostrasen la riqueza fruto de las perlas? Gregorio de Rueda (51 años), vecino de Bocos, dijo que había oído a Antonia López que una noche por los Santos de 1706 habían salido a deshoras de casa de Simón Fernández este, Bernardo Fernández y Manuel Zorrilla a quienes acompañaba Domingo López con un tizón de lumbre. Otro testigo dijo que “había oído a Antonia López, mujer de Bernardo García, que viniendo para su casa desde la del Mesón a horas extraordinarias había visto por el Día de los Santos [de 1706] que salieron de casa de Simón Fernández embozados y con un tizón de lumbre metido en una olla y que después se había atrevido a decírselo a su marido”. Como se lee fuentes directas.
 
Otros testigos señalaron que en una cueva llamada “del raposo”, localizada cerca del lugar donde se descubrieron las sepulturas, se habían cometido actos inmorales. Ya, pero, ¿cuáles?
 
¿Cómo se les descubrió el pastel para las autoridades? No nos lo deja claro, pero uno de los testigos, Toribio de 64 años, sin parentesco con los acusados, dijo “haber ido a sallar unas avenas y reparó sobre lo cavado y descubierto de sepulturas antiguas y vio al principio de la peña unas que estaban con huesos al parecer de hombres y desde la acordanza en el sitio que llaman de Casares nunca vio se labrase ni cultivo, que puede ser por ser una peña y que el lugar era terreno abierto y pasto común”.

 
Solo sabemos que se celebró un juicio por estos hechos. El acusador, fiscal, fue Pedro García de Llanos que tenía el cargo de justicia de Bocos. Se les acusaba de haber roto sepulturas antiguas en el término de Casares, de haber sacado una “pila llena de perlas”, de haber ido a Santa Centola, la Tesla, a una cueva muy honda, a una granja de los religiosos de San Bernardo, a la villa de Villarias de noche… donde causaron grandes destrozos. Para la acusación -usaremos el término fiscalía- los testigos eran personas honradas, buenos cristianos, temerosos de Dios y de sus conciencias y nunca mentían. Pues vale, tío. Pero la defensa recusaba a Pedro García porque “es émulo y enemigo declarado de mis partes y tal se reconoce de las declaraciones de mis testigos que concluyen haberle oído decir en público que habría jurado en falso en esta causa”. Durante el proceso Domingo López, Manuel Zorrilla y Bernardo Fernández estuvieron presos en la cárcel.

Embargo a Manuel Zorrilla
 
Los acusados fueron condenados a pena de prisión y embargo de bienes, aunque la defensa siempre argumentó que sus defendidos eran inocentes y que los testigos habían calumniado, pidiendo la liberación de los acusados. En un escrito del 9 de abril de 1707 firmado por un abogado apellidado Saravia Rueda, se dice que las partes aceptan lo favorable y niegan lo demás. Con la información sumarial pide revocar el auto de prisión y el embargo de bienes por defecto y que se deje libres a sus representados Manuel Zorrilla, Domingo López y Bernardo Fernández porque “las costas y gastos y larga prisión se les han seguido a mis partes muchos daños en sus labranzas los que les estiman en más de cuatrocientos ducados […] que desde luego ponen en demanda […] que piden que sean condenados los autores de la calumnia y porque además de esto protesto en nombre de mis partes”. La defensa insistió que la mala labor del fiscal se reflejaba en que los acusados no tendrían que haberlo sido en razón del “provecho no poseso”. Algo así como que no habían hallado nada que les diese beneficio alguno.
 
Manuel Zorrilla lo pasó mal después de la sentencia teniendo que dejar sus tierras de labranza y pasar a ser jornalero. Sus bienes no fueron suficientes para el pago de la multa enfrentándose a varios acreedores. Además, debió vender lo que podía para sobrevivir al día a día y pagar su defensa. Simón Fernández se la juró a su yerno y vio cómo se ponían a la venta algunos de sus bienes para cubrir la sanción.

Embargo de Domingo López
 
Por último, ¿Qué fue de la pila bautismal de las perlas? Y, ¿Cómo es que había perlas en ese humilde yacimiento? Era algo raro porque las piedras preciosas y las perlas tenían una importancia destacada en las joyas medievales. No solo embellecían, sino que tenían poderes mágicos y curativos. El uso de piedras preciosas y perlas en las joyas era un privilegio de los ricos y poderosos, y a menudo simbolizaba el favor divino y la autoridad terrenal. Las perlas se consideraban un símbolo de pureza y a menudo se asociaban con la Virgen María. Además, eran especialmente populares para collares, pendientes y como adorno de la ropa. Quizá adornaron la pila con las perlas obtenidas de las cuentas de un rosario. Quizá.
 
O quizá nunca existió esa pila de las perlas y todo fue un proceso kafkiano en el que unos aprendices de Indiana Jones perdieron sus ilusiones, su libertad y su patrimonio.
 
 
 
Bibliografía:
 
Periódico “Crónica de Las Merindades”.
“Las Siete Merindades de Castilla Vieja. Castilla Vieja, Sotoscueva, Valdeporres y Montija”. María del Carmen Arribas Magro.
Documentos del archivo de Villarcayo.
Transcripción de los Documentos del archivo de Villarcayo por Rosario Martínez.
Condado de Castilla.