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lunes, 29 de abril de 2013

Los Judíos de Las Merindades.

¿Qué es un judío? Un español difícilmente puede contestar a esta pregunta. Pocos hemos tratado con uno y las imágenes de los nazis, de la religión o del poderoso ejército de Israel saltan en nuestra mente. En la serie “Doctor en Alaska” recurrían al tópico de tener un medico judío de protagonista. ¿Espartaco era judío? No, claro, pero cuantas veces ponemos la cara de Issur Danilovich Demsky, alias Kirk Douglas, a ese gladiador. Ciertamente, pocos hebreos viven entre nosotros pero hubo un tiempo en que la piel de toro se preciaba de gozar de ellos.

Kirk Douglas

Empecemos por el principio. Parece cierto que los primeros asentamientos judíos en Hispania tuvieron lugar tras la destrucción de Jerusalén por Tito el año 70. En el año 135 ya se encuentran epitafios y monedas en las excavaciones. Otro dato importante es la carta que san Pablo escribe a los romanos sobre su visita a Iberia, lo que puede indicar la existencia de comunidades judías en la Península. Básicamente en la costa Mediterranea.

Los judíos del periodo Romano debieron ser simples trabajadores, o incluso esclavos, y fueron medrando poco a poco en las ricas ciudades comerciales de la costa. La importancia de las comunidades judías era tal en el siglo IV que el Concilio de Elvira, Granada, se pronuncia en algunos de sus cánones contra ellos.

Es la primera vez que la Iglesia se preocupa por el peligro que los judíos representan para los nuevos cristianos que, con la convivencia, pueden judaizar. Las primeras invasiones bárbaras de la Península supusieron notables convulsiones tanto en la sociedad hispano-romana como en la judía. Los hebreos habían ido creando una tímida explotación agraria para subsistir, pero el enfrentamiento con la Iglesia se acentuó.

Con la invasión de España por los visigodos se produce una época de tolerancia del poder hacia los judíos. La monarquía arriana, pese a su inestabilidad política, será complaciente con sus súbditos judíos. Durante esta etapa, judíos y cristianos no se diferenciaban más que por su religión. Los judíos eran pequeños propietarios y se dedicaban al comercio, contando con la tolerancia de los visigodos.

De hecho, han llegado hasta hoy pruebas de la existencia de relaciones entre los judíos y cristianos. La frecuente prohibición de matrimonios mixtos nos delata lo habitual de esta práctica entre las diferentes comunidades religiosas. En los cánones del propio Concilio de Iliberis se dispuso la separación de la población hispano-romana de la judía, así como la prohibición expresa de contraer matrimonio (Pérez-Victoria, 1997:12). Bajo el nombre “De los Judíos”, el Capítulo XIV del III Concilio de Toledo prohibía a los hebreos tener esposas o servidumbre cristianas y ejercer oficios públicos. (Un 19,8% de nuestro ADN colectivo procede de hispano judíos)

Pero la conversión de Recaredo en el III Concilio de Toledo supone el comienzo de las persecuciones bajo la monarquía católica: Sisebuto expulsa a los judíos del reino, Egica los persigue y separa de los cristianos y Chintilla obliga a los judíos de Toledo a abjurar de los ritos y prácticas de su fe. Los niños judíos eran separados de sus padres para ser educados como cristianos. Y, Sisebuto inauguró la época de las persecuciones.


La invasión musulmana libero a los judíos de la opresión visigótica y, en ciertos casos, aquellos colaboraron en la guardia de castillos y ciudades. El gobierno árabe trajo una época de florecimiento para la judería local.

Hasta la caída del Califato son pocas las comunidades judías en los reinos cristianos. La salida de judíos de Al-Andalus se incrementa durante los siglos X y XI y el papa Alejandro II aconseja a los obispos que sea respetada la vida de los judíos. Las convulsiones que sufren los reinos Taifas empujan a los judíos hacia los reinos cristianos del norte. El fuero de Castrogeriz y luego el de Sepúlveda son de los primeros en reglamentar las condiciones de vida de los judíos.

Hay constancia de hebreos en Medina de Pomar casi desde su repoblación llevada a cabo por Alfonso VIII (1155-1214). Al amparo de los nuevos privilegios llegaron judíos y algunos extranjeros, fruto de la legislación promulgada en tiempos de Fernando I de Castilla que dejaba en suspenso las normas Visigodas contra los judíos, en teoría vigentes. Se buscaba así un marco de tolerancia y convivencia de cristianos y judíos en sus reinos.


¿Y porqué Medina de Pomar? Porque dista un día de Burgos y otro de Bilbao, siendo parada obligada de viajeros, trajineros y comerciantes. En Medina hubo depósito de mercancías foráneas y era puerto seco en cuya aduana se registraban las posibles mercancías del mar gravadas con el diezmo. Los muleros debían pasar por la calle del Rey (emplazamiento de la judería) en la que se pagaba portazgo. El nombre de algunas calles, cambiados a lo largo del siglo XIX, lo reflejaban: Herrerías, Platerías, Curtidores... apareciendo en ellas algún negocio judío.

Judío (Grabado s.XIX)

La primera cita segura de la presencia de judíos en Medina es de 1289 en que, junto con otros judíos de Briviesca, se cita a Mayor Abraham de Medino vendiendo ciertos bienes en Moscadero.

Pero no eran solo comerciantes, consta que los Velasco se servirían de judíos para el cobro de impuestos o para asuntos económicos de mayor envergadura. Pero los hebreos “mimaban” a los Velasco y, por ejemplo, en la distribución de lo que contribuían las aljamas de Castilla en 1291, la de Burgos entregaba a Sancho Velasco 1.000 maravedíes. Y las de Medina, Oña y Frías le pagaban otros 2.549 maravedíes. A su deudo, Ferrant Sánchez de Velasco, daban 570 maravedíes. ¡Era un no parar!

Los judíos de Medina y Oña disponían de capitales lo que les lanzó desde la marginalidad hasta ser un poder económico. Lógica consecuencia de servir a la casa Velasco y a los monjes benedictinos, pero siempre en actividades económicas.

Uno de los judíos más influyentes de la aljama medinesa fue don Yusaf al Nayi. Este acaudalado personaje, activo y hábil financiero, tuvo fama de mujeriego. Estuvo rodeado de criados, tanto judíos como cristianos, que le acompañaron en sus constantes viajes por toda España. Uno de los hechos más graves en los que se vio involucrado fue el "inducimiento y circuncisión de un hombre cristiano y otros crímenes deshonestos cometidos por los judíos" de la sinagoga de Medina de Pomar. La causa tuvo lugar en 1430 aunque los hechos habían ocurrido tres años antes. En realidad fue una encerrona contra el poderoso Yusaf al Nayi a quien se acusó de mantener relaciones ilícitas con mujeres cristianas y permitir el que Barcilay de Ribacardo circuncidara a cierto cristiano andaluz al que pusieron por nombre Raby Abraham.

La Alhama de Medina de Pomar.

En un principio la judería se halló extramuros del antiguo y más pequeño recinto amurallado. Al ampliarse éste a comienzos del siglo XV, la aljama fue recluida a un extremo junto al muro más occidental del nuevo recinto. Una puerta, antes llamada del Arco y hoy de la Judería, recuerda la salida sur de la calle Nuño Rasura (o antiguo barrio judío) que por entonces llevaba el nombre de calle del Rey y. tras la expulsión, se le conoció por calle Nueva. Según la sentencia pronunciada por el Condestable a fines del siglo XV, la judería era un verdadero "ghetto" casi prohibido para los cristianos quienes sólo podían entrar en algunas circunstancias y bajo ciertas condiciones.

Medina de Pomar 1961. Destacada la Judería.

Todas las casas hebreas se hallaron en esa calle ocupando al poniente el espacio dejado entre ella y las murallas. Las viviendas opuestas se distribuyeron entre esta calle y su pasarela del Mercado dando, seguramente, los tableros o tiendas judías a esta última aprovechando el pronunciado desnivel del terreno que posibilitaba su apertura a la altura del primer piso de las casa israelitas.

La judería medinesa, como cabeza de todas las del territorio, tuvo sinagoga propia precisándonos su emplazamiento un documento fechado en 1445. Se debió hallar cerca de la desaparecida puerta de San Andrés y entre las casas de la población judía adosadas a la muralla, ya que a menudo se habla de heredades situadas tras la Sinagoga y en contacto con el campo. Sin Embargo, los vecinos la sitúan actualmente en el lugar donde están las Escuelas profesionales, esto es, entre la calle de la judería y la del Mercado (hoy Laín Calvo) afirmación que don Fernando Suárez Bilbao, uno de los mayores expertos en la historia de los Hispanojudíos, no comparte.

Los judíos se ganaban la vida, en primer lugar, con el comercio gracias a la ventajosa situación geográfica del pueblo. Sabemos que Isabel de Castilla ordenó la revocación de las ordenanzas bilbaínas que prohibían comerciar a los judíos medinenses en la villa del Señorío de Vizcaya. La documentación recoge datos diversos sobre actos comerciales, denuncias de robo, etc.

Pero estamos hablando de los deicidas, de los judíos, que se les consentía con la esperanza de que viesen la luz de Cristo, y esto conllevaba el desprecio de todos, incluidas las autoridades locales. Comentemos el caso de Santo Maña que estaba en casa de Cid, otro judío, cuando, de pronto, entro el alcalde de Espinosa de los Monteros, Juan Ortiz, quien sin mediar palabra le dio una paliza, provocándole muchas heridas, a consecuencia de las cuales perdió la vista, teniendo que guardar cama durante al menos dos meses. Tras reponerse apelo al Consejo para solicitar un seguro, pero con escasa fortuna y tuvo que reiterar su petición porque tenía miedo de Juan Ortiz quien le amenazaba continuamente, alcanzando, por fin, la protección real. Los seguros reales respondían a la impotencia Real para otorgar justicia y de los judíos de poder alcanzada. Era una formula donde la seguridad personal primaba sobre la justicia. 


Puerta de la Judería. Finales S.XVI que sustituye a otra anterior.
Irónicamente no es de época medieval.



Aunque no solo eran perseguidos por el mero hecho de ser judíos, su faceta comercial se atacaba con la misma saña. El 8 de julio de 1488 los judíos Jaco Hayn y Hosua de Arroyuelo se quejaban ante el Condestable de varios excesos del regimiento medinés. En primer lugar (y al igual que ya había ocurrido en Burgos en 1485), de que se prohibía a las mujeres cristianas, tanto de Medina como de su comarca, ir a comprar a la judería. El señor de la villa ordenó se permitiese su entrada, pero acompañadas de su marido o padre. También se quejaban de querérseles hacer pechar más de lo debido y de que en caso de disputas entre cristianos y judíos se les encarcelaba a éstos sin oírseles previamente. Finalmente se quejaban de los regidores, en caso de pena, les hacían pagar más de 60 maravedíes, cosa que prohibió el Condestable.

Otras típicas actividades desarrolladas por los seguidores de Moisés eran e Préstamo y la recaudación de impuestos. Pero eran actividades también ejercidas por cristianos. Así, la primera vez que se les cita concediendo préstamos es en el año 1290 cuando el monasterio de Rioseco compraba diversas heredades en Horna a Sancha Álvarez por un valor de 150 maravedís. La venta fue "fecha en forma por pagar los judíos de Medina". Era entonces prestamero en Medina por D. Juan Núñez, Día Sánchez de Velasco.

Fuera de los tópicos, vemos que en Medina teníamos judíos que eran sastres, tejedores, curtidores, médicos, producían vino e, incluso, un platero. Las derramas y contribuciones que en 1474 entrega la judería medinesa son superiores al resto de las provinciales. Podríamos decir que gracias a su situación y a la protección, financieramente interesada, que les otorgaban los Velasco.

Finalmente, debemos hablar del cementerio. Según los documentos que nos han llegado, se situaría a la derecha de la carretera que de Medina va a Incinillas, cerca del monasterio de Santa Clara, hacia el final de la Revilla. Este punto fue reducto fusilero durante las Carlistadas y después "Cementerio Viejo", clausurado en 1900. Con ese historial difícilmente puede confirmarse nada.

Aljamas dependientes de Medina de Pomar.

Existían Aljamas importantes en Oña, Frías y, por supuesto, Medina de Pomar. Concretamente, de esta última, desde mediados del siglo XV, dependen, amén de las otras dos referidas, las aljamas de:

Ampuero (Santander): En 1379 el judío Santo Haín compraba, en nombre de los Velasco, una herrería y un molino en el valle del mismo nombre. A fines del siglo XV el comercio desde los Llanos de Castilla hacia los puertos del norte, a través de Ampuero, debía ser activo. Los mulateros se quejaron ante el Consejo Real de intentar el pueblo cobrarles peaje, cosa prohibida por pertenecer también a la Merindad de Castilla la Vieja. (¿Pero qué tamaño tenía la Merindad de Castilla la Vieja?)

Arroyuelo: Lugar del señorío del monasterio benedictino de Oña, a pesar de lo cual su aljama contribuyó con la de Medina. Cierto judío llamado Hosua de Arroyuelo figura como procurador ante el Condestable.

Espinosa de los Monteros: Una ley de las cortes de Burgos de 1379 prohibía cualquier percepción extraordinaria de los judíos "salvo que los judíos del lugar donde nos llegaremos que den a los monteros de Espinosa doce maravedís cada Tora, e que ellos que guarden los judíos que no reciban mal ni daño ni desaguisado". El privilegio sería renovado en adelante hasta que de nuevo lo hicieron los Reyes Católicos en 1477. Los mismos reyes extendían diez años después una carta de seguro a favor del judío medinés Santo Maña, amparándole contra los atropellos del alcalde de Espinosa que "le dio de palos e le arrastro por los cabellos e le dio de puñadas e con el pomo de su espada le dio ciertos golpes en la cabeza e en el rostro del e diz que llego dello a punto de muerte".


Tras un largo pleito los monteros conseguían en 1511 que se expulsara de la villa a los conversos "deseando conservar su antigua limpieza... Y que como los dichos convertidos son agora y esperan ser de aquí adelante personas caudalosas ... si era menester ellos darían fianzas bastantes y abonadas para les comprar sus haciendas por el justo precio". (Esta sería una de las primeras muestras de aquella obsesión de la pureza de sangre y los cristianos viejos) Unos años después el Emperador ordenaba "que los judíos y cristianos nuevos no pudiesen estar en la villa de Espinosa más de un día natural aunque fuese so color de vender mercaderías". Todavía en 1553 se habla de Hernando de Salinas, judeo converso que tuvo que abandonar el pueblo marchando a vivir a tierras del Pas (Santander), y en 1602 se recordaba en el pueblo a cierto judío llamado Vidal Falcón.

Puentearenas: Aprovechando el ventajoso emplazamiento del puente de Arenas, paso único, entonces, para salvar el Ebro en el valle de Valdivielso, se instaló allí una pequeña colonia judía como lo recuerdan los topónimos aplicados a un barrio, La Almojada, y a un prado denominado La Alfamía. A falta de lugar documentado en que hubiera aljama judía habría que reducirla con mucha probabilidad a Puentearenas aunque también se ha pensado que pudo radicar en el cercano lugar de Arroyo.

Queciles: Tuvo una pequeña colonia judía en este desaparecido lugar cercano a Medina, junto al actual pueblo del Vado. En 1489 uno de los judíos locales era acusado y prendado ante el alcalde de Medina con la lógica protesta del de Queciles a quien tocaba conocer la causa. En el pleito también se involucró a la fuerza a la aljama medinesa, como anexa a la suya que era. En octubre de dicho año Basy Lay, Rabi Jaco, Mose Abrayn y José Mayn acudían ante el Condestable. Este ordenó a la justicia medinesa devolver todos los bienes prendados a la aljama en concepto de derrama para seguir el pleito. Como no se obedeció, volvieron Mose Hace, Hace, Mayr Hayn y Mose Zazon a pedir la devolución de las prendas valoradas en 8.000 maravedíes. Así lo ordenó el Condestable al año siguiente siendo exigido su cumplimiento por los judíos Abraham Benjamín y Mose Zazon ante el Concejo local que, finalmente, se avino a ello.

Ribacardo: A medio camino entre Medina y Viillacayo, dentro del término de Villanueva de la Lastra, se halla la granja de Ribacardo, reducida hoya una casa fuerte que el pasado perteneció a una de las ramas del apellido Velasco.

Villasana de Mena: "Es éste (Villasana) un lugar murado en que habitan juntos y en paz judíos y cristianos" (Rosmithal). Es la primera cita de la presencia judía en este hermoso pueblo, capital del valle y del señorío de los Velasco. Su aljama se acrecentada con ocasión de la expulsión de hebreos de la cercana Valmaseda en 1487. En e mismo año los Reyes Católicos comisionaban a García López de Chinchilla para que informase acerca la acusación de ciertos judíos de Villasana de Mena contra las autoridades de Balmaseda que les expulsaron de esta villa y cometieron otras violencias. El historiador local, Bustamante Bricio, sitúa la judería "el barrio de la Industria o en las proximidades la parroquia de las Altices", esto es, en las afueras la villa.

La crisis de convivencia, la “Solución final” y la expulsión.

Hasta 1391 el ser judío solo tenía una connotación religiosa, por ello, los bautizados se integraban de pleno derecho entre los cristianos. Los documentos de la época, con relación a los hebreos, aclaran que “deben ser tolerados y sufridos”. Entendámoslo así: se tolera lo que no se quiere y se soporta lo que se tolera. Y esto no lleva, lo aseguro, a un convivencia ejemplar, en esta entrada hay claras muestras de la “simpática” relación interreligiosa. El populacho les tachó de sucios, cobardes, avaros, dominadores de la magia negra… El concilio de Letrán de 1215 ordenó que vivieran en barrios separados. Se les apartó en guetos y el apartado se convierte en desconocido.

EL Judío Eterno (Alemania 1940)

Las turbas de “matadores de judíos”, creadas en este caldo de cultivo, proliferaron por toda Europa. En Castilla fue el de 1391 el que ve desatarse las crueles e injustas matanzas que desde Sevilla cubre toda la península. Perecerán miles de judíos y otros muchos se convertirán al cristianismo bajo amenazas. Son los años de la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastámara y ambos bandos abusaron de la cuestión judía. Los de Trastámara decían que Pedro I era, en realidad, el hijo del judío Pero Gil, quien aprovechó la coincidencia en el natalicio para sustituir al bebé Real. Se le dio tal verosimilitud que a sus partidarios se les llamó “Emperejilados”.

Tras el horror quedaron pocos judíos, frente a su presencia anterior a 1391 y, con ello, su peso en la hacienda real cayó a plomo. Podríamos decir que, gracias a la turba, la iglesia ganó poder sobre los Reyes y estos perdieron independencia financiera frente a los Grandes magnates religiosos y civiles.

Pero la reducción de judíos, pobres y ricos, crean un nuevo grupo de odiados: Los conversos. La mayor parte de los Magnates que financiaban a los reyes se convirtieron, y el Rey, en justo pago, trasladó su protección a estos “nuevos cristianos”. El pueblo hizo algo similar y, en su imaginario, los conversos o marranos eran, también, sujeto de sus odios.

La presión antijudía se concretará en las predicaciones de Vicente Ferrer, la disputa de Tortosa entre judíos y cristianos, la Bula de Benedicto XIII contra los judíos o las predicaciones del arcediano Ferrán Martínez que fanatizan a las turbas que asaltan juderías. Frente a ellos tenemos a Abraham Bienveniste que llegó a la corte de Juan II en 1420, en el séquito de don Álvaro de Luna como financiero. Fueron las manidas Ordenanzas de Valladolid.

Tomás de Torquemada 

En 1476 se establece el Tribunal de la Inquisición en Sevilla. Siete años más tarde, fray Tomás de Torquemada es nombrado Inquisidor General. Las persecuciones habían producido una oleada de conversiones forzosas y la Inquisición actuó con dureza contra los conversos. Y acentuó la presión sobre los judíos: los hebreos eran obligados a escuchar las predicaciones de los dominicos en las sinagogas, tras lo cual se producían las conversiones.

Llegado enero de 1492 la Guerra termino y el 20 de marzo el inquisidor Torquemada presento el borrador definitivo a los Reyes y el 31 de ese mismo mes fue publicado en Granada donde vivían aun los soberanos. Muchos fueron los intentos de retrasar la decisión: algunos miembros de la alta nobleza que contaban con judíos entre sus arrendadores, y, sobre todo, los judíos.

Al bautizarse el rabino mayor Abraham Seneor junto con su familia, tomando el nombre de Fernando Núñez Coronel, Isaac Abravanel asumió la cabeza de la comunidad judía y trato de negociar una prorroga con los Reyes, para que los judíos pudieran permanecer más tiempo. Fue entonces cuando se creo la leyenda de cómo Torquemada acusó a los Reyes de dejarse comprar por treinta monedas como a Jesucristo. Lo cierto es que en unas cartas que el profesor Netanyahu ha encontrado en Roma, Abravanel afirma que Isabel, la Castellana, estaba dispuesta a dilatar la aplicación del famoso Decreto y fue Fernando, el Aragonés, el que, seguramente para que no le acusaran de protector de judíos, se ratifico en el cumplimiento estricto de aquel.

Isaac Abravanel
Como consecuencia del decreto de expulsión, salen a relucir diversos problemas entre judíos y otros vecinos de la villa de Medina de Pomar. Problemas extensibles a todas Las Merindades y a toda Castilla. En nuestro caso, con el fin de solucionarlos, Isabel y Fernando, comisionaron a Juan de Alvarado, alcalde de la fortaleza de Medina, para que resolviera con presteza ciertos pleitos, demandas y deudas entre cristianos y judíos.

Según Andrés Bernáldez, de Medina de Pomar y su tierra salieron trescientas casas que es un número considerable si lo comparamos con otras regiones de España.

Al entrar en el mes de junio las quejas por impagos mutuos aumentaron. La respuesta del Consejo fue siempre la misma tenían que cumplirse todos los plazos y debían liberarse a los judíos.

Cuando todo fracasó solo quedaba el duro camino del exilio. Seguramente los Soberanos pensaron que la mayor parte de los judíos se convertirían, pero no fue así. Los restos hispanojudíos se habían endurecido tras las matanzas de 1391 y se mantuvieron fieles a la ley de Moisés guiados por Abarbanel. Hubo que preparar el abandono de la tierra de sus mayores a toda prisa, en apenas cuatro meses, como una nueva pascua, por eso hubo muchos brotes mesiánicos, este ultimo sufrimiento tenia sentido porque el Mesías estaba al llegar.

El 9 de agosto no quedaba un solo judío vivo en los reinos de Isabel y Fernando.

El citado cronista Bernáldez, testigo directo de los acontecimientos lo recogió así en su crónica:

“Salieron de las tierras de sus nacimientos chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros, en asnos y otras bestias, y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno a los puertos que habían de ir; e iban por los caminos y los campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por do iban los convidaban al bautismo, y algunos, con la cuita, se convertían y quedaban, pero muy pocos, y los rabies los iban esforzando, y hacían cantar a las mujeres y mancebos y tañer panderos y adufos para alegrar a la gente, y así salieron de Castilla”.


La expulsión de los judíos de Sevilla (Joaquín Turina)


La política real basada en la unidad dinástica, el poder real y la unidad religiosa se apoyó en la Inquisición y en fray Tomás de Torquemada para conseguir la conversión de los judíos. Unos 100.000 judíos abandonaron España. Se distribuyeron principalmente por Grecia, Turquía, Palestina, Egipto y Norte de África. Sus descendientes son los sefardíes y su lenguaje, el ladino, una muestra de su pertenencia a las tierras de Hispania.


Al año siguiente de la expulsión, Juana Fernández de Amusco, moradora en el corral del monasterio de Santa Clara de la villa de Medina de Pomar, se dirigía la Consejo Real reclamando el pago de deudas de judíos.

En 1494, 1496 y 1498 constan donaciones Regias a los Condestables de los bienes y deudas dejados por los judíos en los lugares de su señorío. En este último año, los reyes ordenaban a los recaudadores de los bienes citados que permitieran a Bernardino Fernández de Velasco percibir las deudas que los mismos dejaron en sus Estados. Como se ve, la Casa de Velasco, fueron interesados protectores cuando les convenía y no menos aprovechados cuando se expulsa a los hebreos.
Escudo de Bernardino Fdez. de Velasco y Mendoza (1454-1512)


Bibliografía:

Las minorías Socio religiosas en la Castilla Vieja. (Fernando Suárez Bilbao) del libro “Las Merindades de Castilla Vieja en la Historia”.
La expulsión de los judíos y el retorno de los sefardíes como nacionales españoles. Un análisis histórico-jurídico Celia Prados García Universidad de Granada.
www.esefarad.com
Los judíos en la España Romana y Visigoda (Yitzhak Baer).






4 comentarios:

  1. Dice Vd.: " Ciertamente, pocos hebreos viven entre nosotros pero hubo un tiempo en que la piel de toro se preciaba de gozar de ellos."
    Bueno, personalmente, creo que éso de GOZAR es un poco exagerado. Ni siquiera D. Claudio mostraba la mínima simpatía por los hijos de Judá y el eximio poeta Gerardo Diego nos habla del "Judío Leví, perfil de maravedí".

    Efin.

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    1. ¿Qué quiere que le diga? Me parece interesante usar ese verbo por el efecto contradictorio que, al parecer, genera. Tampoco la tierra goza o piensa o tiene cariño a nada pero usamos expresiones de ese tipo. Por otra parte el factor Judío en el desarrollo de la España medieval existió, se aceptase o no, como existe el sustrato musulmán en nuestra forma de ser. Su expulsión, en el lejano 1492, redujo el empuje de España.

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  2. La expulsión de la masa hebraica, ¿"redujo el empuje de España"? ¡Por Dios¡. ¿en què basa Usìa tan aventurada y falsa de toda falsedad, afirmación? Siguiendo su extraño razonamiento, y teniendo en cuenta que ya habían sido expulsados con anterioridad de otros países europeos, tambi´´en dichos países habrìan "sufrido" tal reducción en su empuje, ¿o no? Mein Gott, no se puede ser tan correcto ¿no cree Vd? La expulsión fue inevitable aunque tardìa. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.
    ¡ A NOI ¡

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    1. Le recomiendo el artículo "Los judíos en la España medieval: de la tolerancia a la expulsión." de José Hinojosa Montalvo (Universidad de Alicante).

      https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2241826.pdf

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