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lunes, 8 de abril de 2013

Sistema defensivo de Castilla (800 a 850)

Los reyes Astur-leoneses reconocían los problemas defensivos existentes en su flanco oriental. Los Castellanos cobraban el riego asumido en derechos y libertades. Ya se ha esbozado, Ordoño I reorganiza el sistema defensivo en la región buscando aminorar el efecto de las razzias. Es decir, los sistemas defensivos existían antes del rey Ordoño I y la batalla de Albelda (Clavijo) o la conquista de Amaya.



 
El profesor Jean Gautier-Dalché (1913-2010) aseguraba que las etapas de ocupación territorial en los reinos cristianos del norte se fundamentaban en la organización de un sistema defensivo paralelo al esfuerzo Real. Pero la parca documentación impide asegurar la disposición exacta de las defensas de la primera mitad del siglo IX. La arqueología no ha podido constatar la presencia de obras de fortificación levantadas por estas fechas lo que, por otra parte, no es óbice para presumir el funcionamiento de determinados recursos que, en mejores o peores condiciones, hubieran de permanecer dispersos por el paisaje. Con ello serán los continuos trabajos de campo los que completen, en lo posible, las lagunas.

En este sentido, Las Merindades de Burgos fueron frontera en las guerras Cántabras de Roma. Fortines y calzadas nos muestran el interés de los Cónsules republicanos y Emperadores por ejercer un dominio efectivo de esta zona. Tras ellos, los toscos Visigodos se esforzaron por mantener un nivel semejante de control frente a cántabros y vascones, lo que supondría una reutilización y conservación de la infraestructura romana dificultando la correcta datación de algunas estructuras.

Así, Fray Justo Pérez de Urbel aseguraba que los territorios colonizados en la primitiva Castilla entre los últimos años del siglo VIII y el 842 aproximadamente, estaban defendidos por una serie de fortalezas que dan su nombre al territorio:
  • Castrobarto, dominando las tierras de Losa y Villarcayo.
  • Torre de Tudela, al norte de Losa, en tierras alavesas.
  • castro de Villalba, en las alturas que separan los valles de Losa y Valdegovía.
  • Torre de Alcedo en Álava.
  • Castro Siero en la región alta del Ebro.
  • Castillos de Cuevarana, junto a Peñahorada, sobre una peña que domina el Vesga en su conexión con el Ebro, para impedir la entrada en Trespaderne y que, por tanto, defienden el curso del Ebro desde Valdenoceda hasta Miranda.
  • Castillo de Tetelia, en el término y peña de Tedeja, defendiendo el valle de Tobalina occidental.
  • Castillo de Mijangos, que completa la defensa del valle de Tobalina.
  • Castillo Monte Tesla, en el recinto interior de Valdivielso.
  • plazas fuertes de Frías y Lantarón, surgidas como desafío a las fortificaciones musulmanas de Pancorbo, vitales para cerrar la entrada a Castilla por La Rioja.
F. Javier Villalba en “Cuadernos de Historia Medieval (1999)” indica que la Torre de Tudela debería ubicarse en tierras burgalesas, en las proximidades de Santiago de Tudela, bien en Castrogrande, en el Pico del Fraile a una altitud de 1086 m., bien en El Fuerte a 583 m. Ambos gozan de buena visibilidad sobre el entorno. Además, el Becerro de las Behetrías registra un Tudela en la Merindad de Castilla Vieja.

El Castillo de Tetelia, junto con Peña de Tedeja, insiste el profesor Villalba, debería situarse en el pico denominado Castros en Cillaperlata, y por lo tanto, próximo al castillo de Mijangos y a Monte Tesla. Por último, los castillos de Cuevarana, quedaron ubicados por Fr. Justo junto a Peñahorada para defender la entrada a Valdenoceda. La distancia de más de 45 Km. entre ambos puntos y su otra función impidiendo la entrada en Trespaderne (alejado unos 20 Km. de Valdenoceda) con la circunstancia de tener que salvar el obstáculo de la Sierra de Tesla, aconseja relativizar esas localizaciones.

Refresquemos lo ya explicado, en año 800 consta, de forma fiable, la línea repobladora de Taranco, Agüera y Burceña. El documento existente retrotrae ese inicio una generación al indicar que los padres de los religiosos encargados de consagrar las iglesias indicadas en él se establecieron allí unos años antes (Y… ¿Quiénes son? Pues, Lebato y Muniadona). El asentamiento será estable, más por un freno de la actividad militar andalusí que por el músculo militar de los colonos. ¿Cómo lo sabemos? Empíricamente: La toma de Sotoscueva por los musulmanes en 838, campaña facilitada por la toma de Pancorbo que puso en manos ismaelitas una cuña entre los condados de Castilla la Vieja y Álava.

Nuestro documento recoge lugares de repoblación. Hemos de comenzar por Taranco, aldea en la que se consagra una iglesia a los santos Emeterio y Celedonio, y a partir de la cual se ocupa la zona circundante donde se levantarían otros lugares de culto. El diploma señala con detalle el área territorial de este primer enclave, cuyo dominio alcanzaría un área de unos dos kilómetros en torno a dicha localidad. Más adelante se consigna la reconstrucción de la ciudad denominada Área Patriniani en la que se levanta la iglesia de San Martín. La actual Agüera, unos kilómetros al Oeste de Taranco “in territorio Castelle”.

Se configura así una primera zona de ocupación cierta y convenientemente documentada, en la que la propia orografía jugaría un papel defensivo de primer orden. Los montes de La Peña actúan de formidable barrera natural que abraza sin fisuras al núcleo colonizador, al que únicamente se podría acceder por la pendiente que corona Bercedo. El espacio geográfico que es objeto de poblamiento en los albores del siglo IX pudo fijar una cierta cobertura defensiva en Castrobarto, si bien no consta documentalmente tal extremo.

Los sistemas de detección el esos días se basaban en el “Radar Óptico” y el “Perceptor acústico básico” (Ojos y oídos) Por eso, si establecemos un alcance visual de entre cinco y diez kilómetros en condiciones atmosféricas óptimas para detectar un movimiento de tropas (probado empíricamente) quedaría asegurada la cobertura, no sólo de la aproximación a la defensa natural que suponen los Montes de La Peña, sino incluso gran parte del sector occidental del valle de Losa. Y, como los antiguos no eran tontos, los núcleos de población que se establecen en esta primera fase colonizadora quedan estratégicamente al abrigo del parapeto montañoso, creando, en el acceso a la zona, un área sin habitar que sería la defensa más efectiva del núcleo colonizador.

Junto a Castrobarto existen otros posibles enclaves para observación. Nos referimos a Castrogrande, situado en el extremo de la Sierra de Carbonilla, al término de los Montes de La Peña, guardando la entrada desde el Sur por el río Jerea en dirección a Valmaseda. Esencial para la protección del flanco oriental de este primitivo asentamiento, cubriendo los puntos ciegos de Castrobarto y, sobre todo, para la inmediata conexión que tendrá lugar entre esta zona y el área de Valpuesta a partir de 804.

Por último, aún sin pruebas, no resultaría loco pensar en los montes de Ordunte como ubicación propicia de puntos de observación al cubrir visualmente el conjunto de asentamientos dependientes de Taranco.

De finales del año 804 contamos con dos diplomas referidos a la fundación de la iglesia de Valpuesta (el propio de la fundación y la confirmación de Alfonso II) en los que se consigna la exención de “castellería”, “anubda” y “fonsadera”. Recordemos que estas son obligaciones militares y nos obligan a preguntarnos la causa de la exención. ¿Será porque ya tenían otras obligaciones de este tipo?

La presencia de al menos un punto defensivo estable estaría fuera de toda duda. La localización concreta, no. Lo colocaríamos en las inmediaciones de una vía de comunicación (la calzada Valdegovía a Peniella). Los documentos más fiables establecen los límites originales del asentamiento con los siguientes puntos de referencia: en las inmediaciones de Valpuesta, desde Mioma a Pinedo y por Suma Peña hasta Villa Alta. De Molare a Cancellata y saliendo desde San Emeterio y Celedonio hasta la calzada que va a Valdegovía con las tierras circundantes al río Flumencillo.

El análisis del terreno permite señalar ciertos enclaves defensivos que pudieran corresponderse con las exenciones mencionadas más arriba. La fortaleza de Astúlez, en orden a la cercanía y máxima capacidad de control visual del asentamiento de Valpuesta, parece ser la más adecuada. Algo más al Sureste se localiza un Castro desde el que, sin duda, sería posible cubrir perfectamente el enclave repoblador.
Astúlez
Pero el núcleo original de la colonización de Valpuesta incluye todavía algunos territorios ubicados, según parece, en el término de Valverde de Miranda. Se toma posesión de Adtene o Pontacre haciendo mención de una Summa Penna o Peña Alta que empuja a pensar en los oportunos objetivos defensivos.

El diploma de Alfonso II informa de la iniciativa real por conectar Valpuesta con Burceña y Taranco a lo largo del territorio de Losa. Los lugares que nos permiten delimitar este área de influencia de Valpuesta han variado su nombre pero son fácilmente localizables en el territorio oriental de Losa, como Fresno y Calzada. La vigilancia de estas tierras que unen las dos comunidades religiosas pudiera haberse cubierto desde la fortificación situada a algo más de un kilómetro de Calzada.

Recordemos que a medida que se conquista un territorio es fundamental la protección, para organizar ataques, reorganizarse para contraatacar o, humildemente, defenderse. La retaguardia, las comunicaciones… todo eso que se cuenta en la películas. Esto se trabaja desde los últimos años del siglo VIII hasta el momento en que los andalusíes inician un programa militar para desarticular el, todavía, inmaduro asentamiento castellano. Esto obliga al reino Astur-leones a espabilarse, lo que culminaría cerca del 850 con la presencia de un “comes” de Castilla y una reestructuración defensiva mediante el reglaje del mecanismo de vigilancia preexistente.

Lo vemos en las crónicas, cristianas y musulmanas, que nos informan de diferentes operaciones militares Moras desde el 816 y a lo largo de unos veinte años. Pero será el año 822 cuando se pruebe la red defensiva desplegada por los colonos castellanos. Es la ofensiva de ‘Abd al-Qarim hacia Bardulia y Álava. Nos proporciona ‘Ibn Idhārī, entre noticias, seguramente infladas, de la catástrofe cristiana y algunos detalles toponímicos que permitieron reconstruir el curso de la operación.

La Bureba-Valpuesta-Orduña podría haber sido la línea seguida por las tropas de ‘Abd al-Qarim en su ofensiva, muy probablemente partiendo de Pancorbo. Otra posibilidad, desde el mismo punto de partida, sería la Vía romana de Salinas de Añana, Armentia y Herenchun, castigando de manera prácticamente exclusiva tierras alavesas. Se deja, con ello, a salvo las tierras de Valpuesta pese a la extraordinaria amenaza que representarían comunidades cristianas (llevaban ya dos décadas) en un territorio estratégico.

De todas formas, lo más importante de estas narraciones es el hecho de constatar la presencia de una red defensiva en el oriente castellano con anterioridad al 822, probablemente de escasos recursos, pero efectiva Cabría, así, preguntarse cuál fue la verdadera fuerza de las armas andalusíes. Aunque podríamos mirarlo por la relación, siempre presente, entre el coste y el beneficio de atacar zona montañosa o centrarse, en cambio, en la llanada alavesa.

Es probable, como ya hemos indicado, que el tipo de asentamientos observados por los musulmanes no les incitaran urgentemente a desalojarlos por la fuerza. De haberse desarrollado así los acontecimientos, el ejército de ‘Abd al-Qarim cometió un gran error, pues Castilla será punta de lanza en la lucha por el alto valle del Ebro y el avance hacia el Duero.

No es casualidad que precisamente por estos años asistamos a la ocupación, mucho más favorecida desde el trono, del sector occidental castellano. Bien pudiera tratarse de un mecanismo defensivo diseñado para proteger el Este del reino de León, pero que, en todo caso, ayudó de forma decisiva a la consolidación de Castilla como unidad territorial por cuanto supuso un innegable apoyo para los habitantes de los valles de Losa y Valdegovía.

Citaríamos, en esta “ocupación institucional”, el fuero de Brañosera (825) por Nuño Núñez y su avance hacia el sur en Zorita. ¡Adiós a la iniciativa privada en la repoblación!

La penetración musulmana del 822 hizo sentir a los castellanos la absoluta necesidad de obtener el control militar de Pancorbo, paso obligado para cualquier operación en los valles orientales recién ocupados, en poder de los repobladores desde una fecha incierta, según veremos más adelante. Pero, no por ello se frenó el sentamiento en Losa y Valdegovía, como muestran numerosos textos. Cronistas de ambos bandos ponen de manifiesto, no obstante, los movimientos entorno a Pancorbo que el 837 estaba en manos islámicas, el año anterior a la toma musulmana de Sotoscueva.

A pesar del teórico fracaso en el asunto de Pancorbo y de Sotoscueva, la realidad desde el punto de vista militar puede ser bien diferente. Si observamos la cobertura visual desde las numerosas fortalezas de la zona de ocupación cristiana, comprobamos como ésta afecta a todo el recorrido de acceso de las tropas musulmanas, seguramente a través del curso del Ebro hacia el Noroeste. De ese modo podemos llegar a la conclusión de que los efectos sobre los núcleos de población cristianos, fueron sensiblemente menores en virtud de tal dispositivo de vigilancia que si los mismos no hubieran contado con el recurso de un oportuno aviso. Lo que enlaza con la constancia de la repoblación cristiana.

Pero hablar de efectividad defensiva de los núcleos de Castilla la Vieja del Siglo IX es excesivo. Además, no hay fuentes. Debemos referirnos, por ello, a la potencialidad defensiva de los núcleos para su hipotética utilización de enclaves estratégicos, muchas veces omitidos en los documentos, pero presumibles, bien como restos materiales de fortaleza o torre de vigilancia, o gracias a los topónimos que sugieren su presencia. Ni siquiera tenemos certeza de la existencia de observadores ¿de Anubda? La única referencia la encontramos en la Crónica de Sampiro, que nos habla de “exploratores” cuya misión no parece quedar muy clara.

¿Son estos “exploratores” simples espías infiltrados en las líneas enemigas o, por el contrario, podemos pensar en auténticos observadores militares encargados de evaluar los movimientos de tropas? Aunque documentado en época posterior, J. Rodríguez nos acerca a la figura del “enaciado”, al que considera como un espía o corredor de noticias cuyo nombre pudiera derivar de “initiatus”.

Volvamos al Valle de Mena, su situación geográfica es privilegiada: abundante agua y clima apropiado para un desarrollo agrícola individualizado. Mena se apoya en dos coberturas defensivas que aseguran el control del territorio. Son las fortalezas de Castrobarto y Castrogrande cubriendo las posibles entradas al territorio desde el Sur y desde el Este respectivamente.
Castrobarto detectaría un movimiento de tropas en dirección a los asentamientos regidos por la iglesia de Taranco, pero su ubicación no le permitiría cubrir visualmente hacia el sur una distancia superior a los tres kilómetros en el tramo más generoso. Las formaciones montañosas que rodean el río Pucheruela y, sobre todo, los altos de Pelada, se lo impiden.

Quedan sin embargo perfectamente cubiertos las cotas más altas de los Montes La Peña, tanto en sus estribaciones occidentales como el las orientales, fundiéndose ya con la Sierra de Carbonilla. De esa manera, cualquier intento moro contra el valle de Mena sería detectado por esta fortaleza.

Vale, los tenemos localizados (pero tarde), ¿ahora qué? Damos en aviso a retaguardia. Pero es muy difícil, un jinete hasta el borde del monte que domina Mena, una hoguera… De ahí que rastreemos la zona en busca de un nuevo apoyo defensivo apto para cubrir esas labores de alerta e incluso para completar, con un nuevo foco, una eventual acción defensiva de la Corona. Suponemos dicho enclave en Castrogrande, cerca de Santiago de Tudela, en plena Sierra de Carbonilla, cuya mayor altitud sobre el terreno permite una cobertura visual mayor que Castrobarto.
Las áreas ocultas a los vigías de Castrogrande, son particularmente inaccesibles para las tropas musulmanas y, en todo caso, zonas discontinuas que tarde o temprano harían visible su presencia desde este enclave. Por otra parte las poblaciones de Taranco, Ordejón y Burceña, quedan a la vista de la fortaleza, si bien es verdad que en condiciones climáticas muy favorables, pero ello es algo que no ocurre desde la tradicional referencia defensiva de Castrobarto.

En una hipotética intervención desde el Sur que arrancara de las estribaciones de Sierra de Peñagobia y se dirigiera en dirección Nor-Noroeste hacia Montes La Peña, todo el recorrido de las tropas quedaría perfectamente bajo el control de la vigilancia cristiana, primero desde la fortaleza de Castrobarto, y una vez traspasados los Montes La Peña, bajo el influjo visual de Castrogrande.

Es por ello que la única alternativa para el ataque de estos núcleos repobladores, Valle de Mena y Valdegovía, sólo puede llevarse a cabo siguiendo el curso del río Nela para conectar con el Trueba y alcanzar así los más desprotegidos núcleos de Noceco y Agüera, desde donde sería posible más tarde coordinar un efecto sorpresa sobre la zona de Taranco. Un punto de observación en el relieve montañoso que se levanta unos kilómetros al sur de Espinosa de los Monteros, sería la única posibilidad de cobertura visual de esta línea de penetración, si bien es verdad que no nos consta la presencia de la misma, que, además, la toma musulmana de Sotoscueva en 838 (Ascendieron por el curso del Ebro, la Tesla, Villarcayo a Sotoscueva), parece descartar totalmente.
No consta que bajasen Bercedo. ¿Por qué? El sistema defensivo de esos valles sería mucho más efectivo de lo que cabría suponer a primera vista, no por su número, pero sí en orden a sus técnicas y capacidad defensiva… Salvo que supongamos que las torres de aviso buscaban solamente la evacuación de la población con su ganado y algunos enseres, permitiendo a los Moros la opción de un poco fructífero saqueo.

Una segunda hipótesis, considerar al río Jerea como vía de penetración hacia las repoblaciones dependientes de Taranco, ganaría puntos tras rastrear sobre el terreno la presencia de dos topónimos que sólo pueden sugerir una vigilancia del curso del río a partir de la propia confluencia del mismo con el río Nela. Siguiendo la dirección de un ataque militar a la zona, y por lo tanto opuesta al curso del río, encontramos un lugar llamado Castillo junto a La Prada. Unos kilómetros más al norte, en la Junta de Oteo, hay más restos.

Ambos enclaves cubren suficientemente el curso del río Jerea, y lo hacen por ambas márgenes. Uniendo estos con Castrobarto y Castrogrande, los núcleos originales de la repoblación castellano oriental contarían con un dispositivo adecuado en el que perfectamente podemos encajar la ausencia de noticias sobre ataques moros.

En fin, que el sector oriental del valle de Losa sirve de territorio intercomunicador entre Taranco y Valpuesta con un sistema defensivo que lo cubre frente a ataques andalusíes. La fortaleza de Astúlez sobre el río Omecillo, viene a ser la piedra de toque defensivo del monasterio de Valpuesta. Desde su situación cubre una extensa área del conjunto oriental del valle de Losa por una parte, y de las posesiones monásticas al noroeste de Valpuesta por otra (lugares como La Hoz, Pinedo, Los Pozos, Fresno, etc.).

Otras defensas de Valdegovía son Pontecerci y un lugar que todavía se le llama Castro. Ambos pudieran haber colaborado en unas tareas que, por lo demás, representan el único caso del que tenemos cierta información documental.

Los tres núcleos citados, que no excluyen otros señalados en ocasiones por distintos autores (Lantarón o Villalba) serían capaces de proporcionar los necesarios avisos para los repobladores de Valdegovía e, incluso, de articular despliegues milicianos para frenar algunos ataques menores. Recordemos que los árabes, una vez alcanzado el Ebro, podrían llegar a Valpuesta por el Omecillo o, más al Oeste, por el río Purón.

Internarse en estas zonas supondría una peligrosa situación que, seguramente, las tropas islámicas no estaban dispuestas a asumir frente a los beneficios que ofrecería Álava. Para el autor del estudio que da, parcialmente, soporte a esta entrada, F. Javier Villalba Ruiz de Toledo (Universidad Autónoma de Madrid), la historia de sistemática invasión musulmana de los valles septentrionales de Castilla con la obligada consecuencia de rendiciones de fortalezas, cautivos en Córdoba y tributos, no encajaría con el estudio de campo y la inserción de informaciones concretas en la misma. Otros resaltan la presencia de los Banu Qasí y las complejas relaciones políticas de la zona, las necesidades económicas y la prioridad de otros frentes más útiles como elementos que explicarían la inacción frente a Castilla la Vieja.

Por supuesto esta fue la situación hasta del 850 cuando el desarrollo de los acontecimientos políticos en el seno de los reinos cristianos y una asentada organización defensiva posibilitarán trasladar la frontera Astur-leonesa hasta Peña Amaya. Desde ese momento la progresión castellana será espectacular.

¡Y la contaremos!

Bibliografía:

SISTEMAS DEFENSIVOS DE LA CASTILLA PRIMITIVA (Siglos VIII-IX).
F. Javier Villalba Ruiz de Toledo (Universidad Autónoma de Madrid). Cuadernos de Historia Medieval Secc. Monografías, 2, 1999

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