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miércoles, 23 de octubre de 2013

Quincoces de Suso: el "hermano" muerto.

Hoy hablaremos de un pueblo desaparecido: Quincoces… de Suso. Aunque hoy en día son términos en desuso, las palabras Yuso y Suso significaban 'hacia abajo' (Del lat. Deorsum) y de arriba o arriba (Del lat. sursum, sussum) que implicaba que la existencia de un Suso podía asociarse a un Yuso.

Iglesia de Quincoces de Suso

No solo el “apellido” diferencia a estas poblaciones sino también que Yuso vive y Suso es un pueblo muerto desde hace unos 65 años. Era una aldea escondida entre las tierras altas del Valle de Losa y, aún hoy, cuando tenemos el mundo a un golpe de ratón, no aparece en Google maps. Su localización es: Latitud: 43.0164820º y Longitud: -3.2434620º. Es decir, a 3 Km. de Quincoces de Yuso y a 7 de Oteo de Losa, a orillas de un escarpado meandro del Jerea y en una depresión entre montañas calcáreas, en una de las cuales se encuentra la cueva del agua, que surte a Quincoces de Yuso.

El pueblo del que hablamos tiene restos de la edad del bronce y se ha llegado a suponer que podría existir ya en 1189 cuando las aldeas cercanas de Relloso, Baro y San Miguel son citadas como donaciones al Monasterio de los Obarenes.

Pero la primera aparición específica es del Becerro de Behetrías, siendo señorío de Pero Fernández y de Fernando Sánchez de Angulo (Siglo XIV) y, quizás, sean de esta época las pinturas de su iglesia de San Esteban.

En el Catastro de la Ensenada aparece Quincoces de Suso como uno de los 17 pueblos que conformaban la Junta de Oteo y como lugar de realengo por lo cual estaba sujeto al corregimiento de Villarcayo y allí se pagaban los tributos reales.

A medidos del s. XVIII vivían en Suso un total de cuatro vecinos y una viuda, todos los cuales distraían su vida trabajando buenas fincas de secano (recogían: trigo, cebada, habas, arbejas, titos, avena y comuña), árboles de fruto (Hayas, robles, manzanos, nogales) y cuidando de una pequeña ganadería compartida con otros municipios (Bueyes de labranza, vacas y yeguas de cría, caballos de tiro, novillos, cerdos, carneros, ovejas, cabras y castrones). En estas fechas tenía seis casas habitables que poseían, cada una, su propio horno de pan. Había tres cabañas para conservar las mieses de agosto y un puente sobre el río Jerea. Puente que servia a sus vecinos para pasar a la iglesia ya las fincas del otro lado del río y que era costoso al tenerse que reparar muy a menudo por las avenidas del invierno. Existió un molino harinero de dos ruedas que molía tres meses al año rentado a un vecino de Perex, Francisco López, con una renta de 60 reales.


Policromía Quincoces de Suso

El diccionario de Madoz (1845) describía así este pueblo:

“Datos de la localidad: En la provincia, diócesis, audiencia territorial y ciudad de Burgos (17 leguas), partido judicial de Villarcayo, ayuntamiento de la Junta de Oteo. Situación á orillas del río Jerea, en la carretera de Cervera de río Pisuerga á Vizcaya; su clima es frió, pero sano. Tiene 18 Casas; iglesia parroquial (Sta. María) [Suso era San Esteban que dependía de Santa María de Yuso] servida por un cura; cementerio en paraje ventilado y buenas aguas potables. Confina con Raro y Quincoces de Yuso [distante ¾ de hora]. El Terreno es de mediana calidad y lo fertilizan algún tanto las aguas del Jerea. Los caminos son locales, excepto el mencionado de Cervera de Río Pisuerga. La correspondencia se recibe de la capital del partido. Producción: granos, legumbres, pastos y leña; cría ganado y alguna caza. Población: 18 vecinos, 67 almas Cap. Producción: 26.400 reales Imp: 2,281”.
El asunto de la confusión de la advocación de la parroquia de Quincoces de Suso podría haberse causado por la unión que había, a efectos eclesiásticos, entre Suso y Yuso como se ve en el breve publicado en “La Esperanza” en 1866:

“Para el curato de las iglesias unidas de Santa María de Quincoces de Juro y la Invención de San Esteban de Quincoces Suso, á, D, Cesáreo Sainz y Rodríguez”


La Esperanza 1866

Comparando el catastro de Ensenada y el Madoz vemos un crecimiento de la población pero en el “Indicador General de la Industria y el Comercio de Burgos” de 1894, aunque se mantiene un número similar de vecinos solo había 29 habitantes lo que lleva a pensar que, ya en esos años, los jóvenes habían buscado mejores pagos. Lo que no casa muy bien (o puede que sea efecto de la inercia de la administración) con las continuas ofertas y vacantes de puestos de maestros y maestras que se producían en el lugar. En el “Boletín de primera enseñanza” se publica el concurso de 1903 donde se ofrecía puesto de maestra o maestro mixto con unos haberes de 625 pesetas, uno de los mas altos (¡igual porque el lugar no era demasiado bueno!). En Septiembre de 1903 aparece publicado que obtiene el destino don Antonio Palacios García. En septiembre de 1904 “El Papa-moscas” publicaba que se otorgaba en propiedad a don Cándido Guinea Baró la plaza de maestro en Quincoces de Suso, tomando posesión antes del 17 de septiembre de ese año y abandonando la escuela de Lastras de la Torre. Mucho trajín para un pueblo con pocos niños. ¿Escapaban los maestros de un pueblo sin “calidad de vida”?

En 1905 el “Anuario Riera” habla de 33 habitantes de hecho y 32 de derecho. En esta publicación no se refleja ningún elemento más frente a la detallada descripción de los poderes en Quincoces de Yuso.

Hacia 1941 vivía un matrimonio mayor quienes, tras pasar el ciclón que provocó el incendio de Santander, utilizaron las tejas de la iglesia para recomponer su tejado. Desde entonces, la iglesia, que ya no tenía mobiliario ni imagen alguna, comenzó su lenta marcha hacia la ruina, pese a sus magníficas pinturas, y sus campanas fueron bajadas a Quincoces de Yuso. Aunque bien mirado, llevaba años sin celebrar grandes ceremonias como bautizos (ult. 1923), bodas (ult. 1926) o defunciones (ult. 1919).

El pueblo murió antes de la llegada de los adelantos del siglo XX. Incluso el agua del cercano río se llegaba a perder en verano para lo cual las casas del pueblo disponían de aljibes en roca para almacenar el agua de lluvia. Sistema, por cierto, muy difundido entre los losinos.

Tras su abandono, el pueblo, salvo la iglesia, fue vendida a vecinos de Quincoces de Yuso (¿Justicia poética?) quienes lo revendieron a un particular alavés que lo convirtió en tierra de pastos (pues no, no fue justicia poética).


Biografías:

Pascual Madoz Ibáñez (Pamplona 1806/Génova 1870) político español del siglo XIX. Licenciado en derecho por Zaragoza. Exiliado en Francia entre 1830 y 1832 aprovechó para estudiar la geografía y la estadística. Regresa gracias a la amnistía de la regente María Cristina de Borbón y fija su residencia en Barcelona. Es allí donde, a principios de 1833, esta al frente de las oficinas del “Diccionario Geográfico Universal. En 1834 bosqueja su Diccionario Geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (el Madoz) que culminará en 1850.

Pascual Madoz

En 1843 encabeza una coalición contra el regente Espartero. Tras la Vicalvarada de 1854 fue nombrado gobernador de Barcelona. Luego diputado y presidente de las Cortes. Después, ministro de Hacienda presentando una ley de desamortización que logró aprobar. La “Gloriosa” le hace gobernador de Madrid; Renunció; Se opuso al gobierno provisional; Votó a favor del Duque de Aosta como rey de España y partió en su busca. Es en este viaje cuando muere.



Bibliografía:

“Los Pueblos del Silencio” de Elías Rubio Marcos.
Anuario-Riera. 1905, nº 1, página 1.280
Boletín de Primera Enseñanza de la provincia de Salamanca Año XXXI Número 26 - 1903 septiembre 15
El Papa-Moscas periódico satírico
La Época
La Esperanza.
Wikimedia Commons

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