Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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jueves, 19 de junio de 2014

¡Viva S.M. el Rey de España!

Desde el 1006 los Monteros de Espinosa, hijos de Las Merindades, guardaron con lealtad el sueño de los reyes de Castilla y luego de España.

Aunque no siempre...
 
Carlos I 

Al inicio del reinado de S.M. Carlos I hubo riesgo de que el cuerpo de Monteros de Espinosa llegase a su fin ante el deseo, del Rey o de sus acompañantes, de estar rodeado de Flamencos. Los Monteros ofendidos reclamaron la confirmación de sus anteriores derechos y privilegios. Lo hicieron en Barcelona (no esperaron ni a que llegase a Castilla) presentando 19 testigos. Mostraron que los Monteros poseían el privilegio, uso y costumbre de guardar la persona del Rey desde que se acostaba hasta que se levantaba teniendo siempre abierta la puerta de su Cámara para atender a sus llamamientos. Cuando estaba el Monarca enfermo, lo guardaban también por el día. Tenían a su cargo el cuidado y vigilancia de los Reales Palacios y casas donde el Rey durmiese para lo cual conservaban en su poder durante la noche las llaves de dichos edificios.

Las Cortes de Valladolid de 1518 instaron al Emperador a que guardase los privilegios y derechos del Cuerpo acerca de la Guarda de su Real persona, por ser antiguo y por interesar a la lealtad de España, obteniendo del Emperador la contestación de que "mandaría ver los privilegios y proveería lo que fuere en justicia y razón de su servicio y Casa". nuevamente insistieron en su petición y recibieron la misma respuesta.

Dudoso. ¿Era porque S.M. Carlos I pensaba en Alemania o por presiones de los Flamencos? Da igual, se consiguió que Guillermo de Croy, Obispo de Cambray y sucesor de Cisneros en la silla de Toledo, que ejercía el cargo de Canciller del Reino, prometiese en nombre del Rey que éste juraría todas las leyes, privilegios y buenos usos y costumbres, pero que no juraría en particular el Capítulo en que solicitaban no dar oficio ni beneficio a extranjero. Tras duras controversias compareció el Rey, el Domingo 7 de Febrero de 1518, y juró todos los capítulos que le pedían las Cortes y entre ellos el de 1511 ya referido.

El rey expidió, cinco días antes de su embarque, y en la misma Coruña una Real Carta en la que concedió la confirmación de los derechos y privilegios de los Monteros en lo tocante a guardar su Real Persona, dispensándoles de acompañarle en su viaje a Alemania por la diversidad de costumbres, y mandándoles que guardasen la persona del Gobernador de Castilla y Navarra que él dejase durante su ausencia como si fuese él mismo y comprometiéndose a que sigan guardando su Persona a su regreso a España, en la misma forma y con los mismos derechos y obligaciones con que lo hicieron hasta el presente con sus Augustos antecesores.

Pero partió tras el imperio y los flamencos al mando en Castilla la liaron. La junta comunera redactó unas Ordenanzas en uno de cuyos capítulos se prescribe que "ni su Alteza ni sus sucesores traigan a estos Reinos, Flamencos ni naturales de otra Nación para su servicio ni para Guarda de su Real Persona en sustitución de los Monteros de Espinosa, cuya lealtad es bien probada". Estuvieron en Tordesillas con S.M. Juana y también cuidaron al príncipe Carlos, el hijo de Felipe II, y enfermo mental.

Llegó S.M. Felipe V que les uniformó y la tranquilidad siguió hasta S.M. Fernando VII. Durante esta guerra los monteros no tuvieron gran trabajo: S.M. Fernando VII estaba en Francia y S.M. José I Bonaparte se rodeó de franceses.

Los pretendientes carlistas dispusieron de sus Monteros, al menos S.M. Carlos V (por ejemplo, Ulpiano Angulo Vivanco, Santiago Conde Pelayo y Juan Nep. Cabo en 1839), pero la mayoría continuaron con S.M. Isabel II hasta que en 1868 llega un golpe de estado. Ese mismo año, en octubre, un decreto del gobierno provisional declara la supresión de los Monteros de Espinosa.

Amadeo I y María Victoria


El gobierno de Prim decide dar la Corona a S.M. Amadeo de Saboya quien, al pisar suelo español, quiso dar forma a un cuerpo especial para la custodia y guarda del Soberano, denominado “Cuerpo de Guardias del Rey”. Se publicó el decreto el 3 de febrero de 1871. Este Cuerpo tenía a su cargo el servicio interior de Palacio y la custodia del Rey.

Y en este periodo algunos monteros prefirieron a S.M. Carlos VII (el carlista) como es el caso de Rufino Pereda Merino, el autor del más renombrado libro sobre los monteros (en el cual se obvia los deslices del siglo XIX), que adoptó junto a su padre ese rey por amor a la monarquía y odio a la república. Pidió el perdón en 1888 mientras trabajaba como secretario de juzgado en Espinosa de los Monteros.

Desde 1871 y hasta la entronización de S.M. Alfonso XII "la Corporación de Monteros de Espinosa permanece retraída y mantiene su vida en suspenso, queriendo testimoniar de este modo su leal adhesión y su inquebrantable afecto hacia el legítimo estado de cosas que derrocaron las tempestades revolucionarias y sostener a la vez una muda pero elocuente protesta contra las diversas situaciones que dominaron en el país después de aquel luctuoso hecho", por usar las palabras de Rufino Pereda.

Uniforme Montero de Espinosa
(Cortesía del Blog Montañas de Burgos)


Con la vuelta de la Casa de Borbón quedó rehabilitado el Cuerpo en sus funciones por medio de la R. O. de 12 de Marzo de 1875, en la que se disponía se e reconstituyese el Cuerpo con 12 individuos. Aunque empezaron a velar el sueño del rey el 16 de enero de ese año. Muestra de su agradecimiento es la carta que se remitió a la Augusta Madre del Rey que dice así:

A S. M. la Reina Doña Isabel:

«Señora: El Real Cuerpo de Monteros de Espinosa de Guarda y Cámara, Primera Guardia de los Reyes; P. A. L. R. P. de V. M., al felicitarla con el entusiasmo heredado en los novecientos años de su historia, por el plausible motivo de la inmediata festividad del Santo Patrono de los grandes Alfonsos Españoles, habida en este suelo clásico por el amor a sus Reyes, desde la gloriosa vuelta del Augusto y Excelso Hijo de V. M. Don Alfonso XII, no cumpliría con lo que debe a sus más preciadas obligaciones, sino manifestase a su Augusta Ama y Señora, que al besar las Reales manos del Rey N. S. y de su Alteza la Serenísima Señora Princesa de Asturias en la forma que lo viene haciendo desde la época de los Condes de Castilla sin interrupción alguna, solo experimentó el dolor y grande de no haberlo verificado también a S. M. el Rey Don Francisco de Asís y demás Augusta Real Familia, nacida al abrigo y durante el ejercicio de esta Real Guardia, de índole y carácter tan acentuadamente Español, es decir: amante de sus Reyes.

»Por lo mismo séale lícito a este Real Cuerpo, desear y hacer fervientes votos al Cielo por el regreso también lleno de gloria de V. M. y de toda su Augusta Real Familia al suelo de su Patria, a la dicha y bienestar de estos dos Augustos Hijos, así como de toda la gran Nación Española, que no es feliz, que no lo será mientras este grande acontecimiento no se realice.

»Señora, dígnese V. M. aceptar la reverente expresión de nuestra veneración, leal adhesión y profundo respeto, sirviéndose al mismo tiempo ser el conducto para llevar estos sentimientos a S. M. el Rey Don Francisco de Asís, a S. M. la Reina Madre Doña María Cristina y Augustas Infantas embellecidas con todo linaje de gracias, y a quienes veló este Real Cuerpo en su tierna infancia. Madrid 20 Enero tíe 1876.—Señora A. L. R. P. de V. M.—Los Diputados, Valeriano Madrazo Escalera, Manuel Fernández de Villa, Ángel Merino de Porras, Secretario».

Alfonso XII


La respuesta de S.M. Isabel II fue:

«París 26 de Enero 1876.—Sres. Diputados del Real Cuerpo de Monteros de Espinosa.—Nunca son más gratas las memorias de la Patria querida, que cuando se respira lejos de ella, y nada hay más tierno en la desgracia causada por la ingratitud de los menos, que el recuerdo de los buenos y la memoria de los leales. Vosotros ¡me rodeasteis como a mis antepasados y cual rodeáis hoy a mi amado hijo Don Alfonso XII, y yo como él y como todos los Reyes de España tuvimos por almohada vuestra lealtad, y por muro vuestros pechos nobles. Vuestra leal felicitación que tanto me agradó, es una sencilla corroboración de vuestro constante proceder y una seguridad firmísima de que las antiguas tradiciones de Castilla que representáis, han de ser conservadas por vosotros al lado de ese hijo de mi alma, ¡Ojalá España conservase incólumes sus tradiciones y creencias!

»Os recuerdo con placer y profunda gratitud; mi Madre como mi familia, os saludan y agradecen en el alma las leales protestas de los guardadores fieles de nuestras personas y de las tradiciones de la Casa de los Condes de Castilla.

»Y dándoos gracias por todo, y rogándoos que como guardasteis el mío, veléis el sueño de nuestro amado Rey, tengo un gran placer en saludaros y reconocer vuestra nunca desmentida lealtad. Vuestra afectísima. Isabel de Borbón.—Sres. Don Valeriano Madrazo, Manuel J. de Villa y Ángel Merino de Porras.—Madrid».

El cuerpo continuará hasta la salida de España de S.M. Alfonso XIII cuando el nuevo régimen surgido tras unas elecciones municipales lo disuelve. Durante esos años la protección del jefe de estado se completó con una unidad de caballería llamada “Escuadrón de Escolta Presidencial". Tras ella, Franco que creó su casa militar (cómo si él fuese un rey), la guardia mora y eso. Pero la vigilancia exterior de su residencia la cumplía la Guardia Civil.

Cuando S.M Juan Carlos I es proclamado Rey de España se crea la Casa de S.M. El Rey, por Real Decreto 2942/75 de 25 de noviembre. Por Orden de 31 de diciembre de 1975, se crea el Regimiento de la Guardia Real, a base del antiguo Regimiento de la Guardia de Su Excelencia el Jefe del Estado. Pero no parecía que hubiese prisa por recuperar una institución como los Monteros de Cámara.

El R.D. 1954/79 crea las tres unidades representativas de los tres ejércitos:

  • Por el Ejército de Tierra: la compañía “Monteros de Espinosa”, homenajeando al longevo cuerpo de guardia real.
  • Por la Armada: La Infantería de Marina de la “Mar Océano”.
  • Por el Ejército del Aire, la escuadrilla “Plus Ultra”.



Por ello, ahora que se entroniza a S. M. Felipe VI no nos encontraremos con las obligaciones que tuvieron los viejos Monteros de Espinosa de acompañar el regio cadáver hasta el Escorial y certificar que el Rey era Su Majestad (Don Juan Carlos ha decidido abdicar) ni les veremos velando el sueño del nuevo Rey de España.

S.M. Felipe VI


Bibliografía:

"Los Monteros de Espinosa. Mil años de historia" Adriano Gutiérrez Alonso, F. Javier Peña Pérez, Félix Castrillejo Ibáñez, Pilar Calvo Caballero, Cristina Borreguero Beltrán.
"Los Monteros de Espinosa" de Rufino Pereda Merino.
Página de la Guardia Real.
Gaceta de Madrid.
Montañas de Burgos Blog.






2 comentarios:

  1. Amigo Lebato, a mi también me ha gustado mucho tu artículo; muy ameno y con datos muy interesantes. ¡Enhorabuena.!
    Y disculpa que no haya pasado antes, llevaba casi una semana con el ordenador averiado.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Amigo Manuel, las disculpas que me ofrece no se las puedo aceptar porque no hay nada de que disculparse.

      Un abrazo.

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