Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


lunes, 29 de junio de 2015

Pio Baroja, una estampa del carlista Gómez y de Las Merindades.

Vamos a viajar en el tiempo -vaya novedad dirán ustedes-. Cierto. Este es un blog de historia pero lo que vamos a hacer es viajar doblemente en el tiempo. Viajaremos hasta 1935, antes de la última guerra civil, y allí saltaremos hasta 1836, durante la primera guerra civil del siglo XIX, para hablar del general carlista Gómez. Nuestro guía será don Pío Baroja que recorrerá los caminos junto al fotógrafo Marina y el chofer Juan.

Estampa. Febrero 1935

En cursiva estará el texto barojiano frente a las interpretaciones lebatenas.

"Una tarde del verano pasado en uno de mis callejeos por Madrid, encontré a Sánchez-Ocaña. Hablamos.
-¿Por qué no nos hace usted alguna cosa para ESTAMPA, don Pío?
-Hombre, yo no cultivo la actualidad periodística.
-Pues escriba algo que no sea de actualidad. Nuestros lectores seguramente no van a exigirle a usted que le haga una interviú a Miss España.
Me interesaba yo entonces por cosas y hombres del siglo XIX, y recordé a un célebre guerrillero carlista. -¿Le parece a usted bien la figura de Miguel Gómez, el general que tuvo en jaque a las fuerzas liberales durante cinco meses y veinticuatro días?
-¿Por qué eligió usted la figura de Gómez?
-Porque, poco conocido en España, donde no dejó escrito ni un solo documento, su fama traspasó las fronteras. Rusos, ingleses y alemanes estudiaron la expedición de Gómez como un acierto de táctica, y hasta se cuenta que Nicolás I de Rusia preguntaba con frecuencia a nuestros embajadores: ¿Qué se hizo del bravo Gómez?"

Don Pío siguió los pasos, en zigzag, de Gómez montado en uno de aquellos automóviles. Nosotros no haremos todo el camino (¡gracias a Dios!) solo el tramo de salida por Las Merindades...


"Dejamos Quejana y avanzamos por Mengaray a Arciniega, pueblo de más importancia y con ayuntamiento. Pasamos por una calle estrecha, con casas antiguas, con jardines, y vemos un hermoso torreón de piedra. A un viejo, que está en la puerta, le pregunto:

-¿Usted ha oído hablar de la guerra carlista?
-Sí.
-¿Y oyó contar que en este pueblo tuvo presos don Carlos, en la primera guerra civil (se refiere a la guerra 1833 a 1840), a unos generales carlistas?
-No; no lo he oído nunca.
-Entonces ¿no le sonará a usted el nombre de Gómez?
-¿Gómez? No; no me suena.

Dejamos Arciniega y entramos en el valle de Mena.

En Villasana nos detenemos un momento y consulto el mapa. Aquí cerca hubo un encuentro entre las tropas de Gómez y las del general Tello. Don Juan Tello mandaba las fuerzas acantonadas en el Valle de Mena. Al parecer, el ejército liberal estaba descontento: soldados y oficiales no cobraban sus pagas y los víveres eran de mala calidad. (Don Pío no se ajusta a la realidad histórica: Tello no se enfrenta en Mena a nadie, son Castañeda y Andéchaga que realizaba una labor de distracción).

Caballería carlista

El general en jefe había marchado a la línea de Zubiri, previniendo a Tello que si la expedición de Gómez se dirigía hacia la parte de Álava, fuese a reforzar al general Espartero, que estaba con la división en Vitoria, e indicando a éste que si la expedición marchaba hacia el Valle de Mena fuera en socorro de Tello. (Tampoco es lo correcto porque la División de Reserva de Tello debía cubrir esa zona y no dispararse a Vitoria, donde si estaba Espartero).

Cuando Tello supo, el 29 de junio, por la noche, que Gómez había llegado a Arciniega, avisó a Espartero. (Falso: Gómez no pasa por Arciniega, es Castor Andéchaga. Y las fechas tampoco son correctas. Este será un problema durante el artículo. No sé si las imprecisiones son fruto de una mala documentación o de simple dejadez irrelevante para lo que quiere contar). A las dos de la mañana del día 30, Tello salió de Villasana. Paso por Leciñana de Mena. Leciñana de Mena está a la izquierda de la carretera. A la derecha hay un barrio llamado laya. Me detengo a hablar con un hombre:

- ¿Usted ha oído hablar de que por aquí lucharon carlistas y liberales?
-Sí; he oído, pero yo era pequeño cuando la carlistada.
-¿Y de la guerra anterior?
-¿De la de los franceses ?
-No, de otra carlista que hubo antes.
-No; de esa no he oído nada.

Como ocurre hoy en día la guerra más reciente hace olvidar los detalles de las más viejas. En especial si han transcurrido casi 100 años y no hay una voluntad de mantener heridas abiertas u ofensas pasadas. Más aún si el lugar no es el correcto. Todo ello potencia la sensación de revisión ácida, despiadada, típicamente noventayochista -devaluadora y pesimista - de la historia de España en el siglo XIX.


Seguimos adelante y pasamos por Bercedo, que tiene una pequeña iglesia románica. A través de una puerta nueva, con una reja también nueva, se ve el arco de entrada. (Esta última frase no aparece en el artículo de ESTAMPA pero la representa una fotografía).

El año 1836, por junio, la división liberal y carlista, con Tello y Gómez, marchaban en columnas de una manera paralela por el Valle de Mena. Al llegar a Bercedo se avistaron las divisiones y desplegaron frente al pueblo de Baranda, con el pequeño rio Trueba entre las dos líneas. Las fuerzas de Gómez eran mejores y estaban mejor pertrechadas; las de Tello, inferiores en número y en calidad, pues tenía un regimiento de quintos, el Provincial de Túy, que no sabían manejar el fusil y no habían disparado un tiro. (Para todo este desatino les recomiendo Baranda-Revilla-Rivero 1836. Una importante batalla olvidada. Pero les indicaré que las tropas liberales doblaban a las carlistas).

El encuentro duró hasta el anochecer; se verificó en las cercanías de Baranda, la Colina y Las Rivas. Los carlistas dieron prueba de que tenían fuerzas bien preparadas. Entre los liberales hubo de todo. Al pasar el río los de Gómez, los quintos de Tuy se pusieron en fuga, arrojando las armas. El coronel del Provincial de Tuy, don Atanasio Alesón, quedó prisionero.

Siempre ha pasado lo mismo en España. El reaccionario ha sido reaccionario de veras, el liberal ha sido muchas veces liberal falso, de pacotilla. (Frase ausente del artículo de ESTAMPA).


De los liberales se lucieron Tello, el brigadier Castañeda y don Saturnino Abuin, alias el Manco, el antiguo teniente del Empecinado, hombre de gran valor y de gran audacia. (No sé si el término "lucieron" lo aplica con grandes dosis de ironía y burla o, sinceramente, pensó que brillaron militarmente. Cosa poco probable dado el perfil del texto).

Nos acercamos a Villasante con el objeto de ver el campo de acción de las dos columnas enemigas. Ha comenzado a echarse la bruma por los valles. Las nubes bajas no permiten ver las cimas ni aun las faldas de los montes. Tomamos hacía Espinosa de los Monteros. El general Tello se retiró a Espinosa, y no encontrando aquí municiones ni víveres, fue a Quintana de Soba. Cuando se apeó el general, llevaba veintidós horas a caballo, sin haber comido ni bebido.


Al marchar a Espinosa se despeja el cielo un momento y vemos a la izquierda del camino una serie de picos todos iguales. Un peón caminero nos dice que se llaman las Siete Gemelas. El fotógrafo Marina capta dos de estas gemelas en su placa.

Al llegar a Espinosa me siento en un banco de la plaza, en donde hay unas niñas.
-¿Cómo se llaman las chicas de Espinosa?- Les pregunto a las mayores del grupo.
-Nosotras no somos de Espinosa: somos de Bilbao.
-¡Bilbao! Mal pueblo.
-¡Sí, malo! El mejor.
-¿Seréis un poco maketas?
-Sí, mucho. Todas somos vascongadas.
-Pero no sabéis vascuence.
¡Que no! Más que usted.
-Eta zu?-me pregunta una de las chicas.
-Ni guchi.
-Yo no sé lo que quiere decir guchi.
-¿Cómo decís vosotras poco en vascuence?
-Guichi.
-Pues nosotros decimos guchi. Bueno, chicas. Hasta el año que viene.
-¿No tiene usted que hacer nada en el pueblo?-me preguntan.
-No. Soy un viajante que no tiene comercio.

Casona de Espinosa

Es paradigmático este diálogo donde se destilan una serie de valores cuanto menos llamativos actualmente. Por un lado se definen como "vascongados" en un uso alejado del que hoy se le asocia por el nacionalismo. Nos muestra las variaciones dialectales del euskera al presentarnos diferentes formas de pronunciar "gutxi" (con grafía actual). Destila superioridad y desprecio hacia aquellos que no comparten el humus vizcaíno-guipuzcoano con un uso alegre del término peyorativo creado por el PNV y Sabino Arana. Muestra una ya asentada corriente turística desde Bilbao gracias al ferrocarril de La robla -con estación en Espinosa de Los Monteros- hacia Las Merindades y el balneario de Gayangos. Y, cosas de la vida, contrasta con el actual ambiente de penetración del euskera y su santoral gracias a los descendientes de los que emigraron a Vizcaya para trabajar y que han vivido durante el gobierno autonómico de la constitución de 1978. Puede que estas ideas rondasen al presentar tres párrafos sobre la vasquidad (primero posible y luego cierta) del Valle de Mena.

Seguimos a Quisicedo, donde los carlistas, victoriosos de la acción de Baranda y Colina, estuvieron acantonados; pasamos por Argomedo.

Paramos en Argomedo, pueblo del valle de Mena (Error, es de la Merindad de Valdeporres), delante de una iglesuca, que se hallaba en la carretera. Él día, claro al comienzo, se va llenando de niebla, y no se ve a treinta pasos el contorno de la aldea. Aquella iglesia o ermita, tan pobre como pequeña, tenía delante un arco con un cubierto de tejas, y a ambos lados, dos pilastras, que limitaban la puerta, formada por seis listones, cual las barras de una reja. Desde ella advertí en la sombra una imagen de madera y ramilletes de flores y candeleros con velas. (Párrafo inexistente en ESTAMPA)


Al llegar a Soncillo, la niebla y la noche se nos echan encima y vamos envueltos en una bruma gris. Los focos del auto no sirven para marcar bien los límites de la carretera. Marchamos despacio durante varios kilómetros en medio de las tinieblas. Hace frío. Nuestro fotógrafo, que no lleva gabán, tirita.

El auto debe parecer un gusano de luz en la obscuridad de la noche.

-Sabe usted-le digo a Juan, nuestro chofer-que los amigos de Madrid dicen que esta excursión se podía hacer muy bien en enero o en febrero.
-En enero o en febrero-contesta él-hubiera habido que quedarse en el camino.

Al acercarse a Reinosa, la niebla se va desvaneciendo y se ven brillar las luces del pueblo. Entramos en la fonda y vamos al comedor y cenamos.


Anejos:

Fragmento sobre Mena

"Mena no debe ser palabra vasca. No sé de dónde procede esta voz. En los naturales del valle hay la idea de que antiguamente no pertenecían a Castilla, sino a Vizcaya. Esto parece que no está claro. El aspecto físico del valle tiene más de vasco que de castellano (¿Cómo? ¿Por qué no montañés o cántabro?). Confina con Vizcaya, con Álava y con Santander. Los montes que dominan este valle son el Ordunte o la Ordunte (según que se llamen el monte o lo peña) y algunos otros menos destacados. De los ríos del valle, el principal es el Cadagua, pero hay otros más pequeños: el Ordunte, el Ángulo y el Sienes. En el valle se ven todavía algunas casas y torreones más o menos destrozados.

El valle de Mena, por su aspecto y por su frondosidad, es un valle vasco. Parece que fue separado de Vizcaya a fines de la Edad Media. (Digamos que fluctuaba, como otras poblaciones, según las necesidades de los señores. Otro ejemplo de esto sería la incorporación tardía de las encartaciones a Vizcaya o Valdegovía, definitivamente hacia  1700 a Álava). Antiguamente se llamaba Maina, palabra que no suena a vasca. El valle se extiende paralelamente a la costa del Cantábrico y tendrá unos treinta a cuarenta kilómetros de extensión. El eje del valle de Mena es el río Cadagua, que baja desde la Sierra Salvada en arroyos y en cascadas, y después de recorrer el valle aparece cerca de Valmaseda, a reunirse con el Nervión.

El comienzo del valle está entre los montes de Ordunte y la Sierra Salvada. Ordunte es un monte vasco y la Sierra Salvada es una sierra castellana burgalesa. Ordunte tiene hayas y robles y helechos en abundancia. La Sierra Salvada, en sus alturas, está sin vegetación y presenta un aire severo y trágico. (Burda forma de volcar prejuicios a través de descripciones de un territorio: Vasco equivale a vergel y castellano a secarral. Encima falsos. Es triste que este guipuzcoano viaje con una mochila de prejuicios tan grande). Quizá los habitantes del valle de Mena presentan este mismo contraste del paisaje seco y del frondoso, pero yo no he conocido bastante gente del país para asegurarlo".


Pío Baroja, Periodista.

Pío Baroja y Nessi nació en San Sebastián el 28 de diciembre de 1872 en la calle Oquendo 6. Siempre creyó en la preponderancia de la raza frente a la cultura y la educación y esto se suele reflejar en su obras y artículos periodísticos. Él mismo decía que "en Cestona empecé a sentirme vasco y recogí este hilo de la raza que ya para mí estaba perdido".

Baroja se inició en las letras haciendo periodismo en La Voz Guipúzcoa, El Ideal y La Unión Liberal, de San Sebastián, y en periódicos madrileños como: Germinal, El Liberal, El Ideal, La Justicia, El País, El Globo... Algunas de sus novelas aparecieron primero como folletines de periódicos.

Entre sus antepasados, la línea de imprenta era bastante fuerte. Su bisabuelo, don Rafael Baroja, alternaba sus ocupaciones de boticario con la redacción del periódico La Papeleta de Oyarzun. Ayudado por sus hijos editó El Liberal Guipuzcoano y algunos números de La Gaceta de Bayona, que dirigía el abate don Sebastián de Miñano desde Francia.

Los hijos de don Rafael (Ignacio, Ramón y Pío) publicaron la Historia de la Revolución Francesa, de Thiers, en doce tomos, traducida por eI abate Miñano. Ricardo Baroja, tío de don Pío, fundó en San Sebastián El Urumea, del que fue director, redactor y cajista. En San Sebastián existió una Imprenta de Baroja. Don Serafín Baroja, padre del novelista, escribía en diarios donostiarras y llegó a ser corresponsal de El Tiempo, de Madrid.

Alejado durante muchos años del periodismo, Pío Baroja se vio obligado a alternar sus trabajos de novelista con colaboraciones en diarios españoles y sudamericanos, después de la última guerra civil y durante la segunda guerra mundial. Algunos de estos trabajos periodísticos aparecen en el tomo VI de sus Memorias, con el título de Reportajes, y en el tomo V de sus Obras Completas.

Baroja cultivó un periodismo demoledor, de gran probidad intelectual, valiente, pintoresco y agresivo, muy en consonancia con el espíritu revisionista y satírico de los escritores de la generación de 1898.

Baroja combatió el barroquismo inferior, la palabrería inútil y pomposa que infectaba la novela española a fines del XIX. Sacudió la hojarasca retórica grandilocuente y abrió el camino a un estilo recto y preciso, periodístico.








Bibliografía:

Revista "Estampa".
"Pío Baroja: técnica, estilo, personajes" Anales de la Universidad de Chile.
"La Expedición del General Gómez" Pío Baroja.
"¿Reconstrucción histórica o ficción? La Expedición de Gómez: Un ejemplo barojiano". Jacqueline Heuer

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