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domingo, 13 de septiembre de 2015

De diligencias, galeras y accidentes

Entramos hoy, a toda velocidad -es decir diligentemente- en el mundo del transporte decimonónico. Y de los accidentes de tráfico.

Típica diligencia del "Oeste"

¿Por dónde empezar?

Creo que trabajaremos primero la base, el terreno, vamos, los caminos. Aunque sea algo árido.

Los caminos del siglo XIX serán herederos de los principios aplicados a partir de 1750 -y de los numerosos vaivenes políticos-. Claro que antes de esa fecha había caminos, poco más que simples veredas (camino angosto para peatones y ganado), en las cuales se mejoraban algunos pasos difíciles, puentes y algunas obras de consideración. Eran trabajos pagados por los reyes, los pueblos o los señores territoriales con intereses en la comunicación. Y lo mismo para su conservación. Por supuesto, el personal tampoco era especializado.

Mapa de España S. XIX

En 1761 se emitió el primer decreto clasificando las carreteras generales, estableciendo las fuentes de financiación, y formulando algunas reglas fijas para su construcción y mantenimiento. Pero la falta de unidad en la Dirección, la escasez de conocimientos de las personas a quienes se encargan los trabajos junto a la dispersión competencial -como ahora- llevó a situaciones demenciales como hacer el puente por donde no pasaría el camino, y este quedaba sin puente en los puntos en que debía cruzar la vía el río.

Se intentaron ajustes administrativos y creación de secretarías para mejorar los caminos, con resultados muy dispares, y la desesperación de los ministros ilustrados de la época. De todas formas algún aspecto se mejoró gracias a ingenieros extranjeros o militares españoles.


La llegada del siglo XIX apuntó a la regeneración viaria y una mayor velocidad de ejecución. Se crea el Cuerpo de Ingenieros de caminos y canales pero no hay más dinero para carreteras. Tras el parón de la guerra de Independencia y el rencor de la reacción absolutista ("caminos" estuvo englobado en el Servicio de Correos) fue en 1816 cuando se procedió a mejorar la carretera de Madrid a Francia por Burgos, Aranda y Vitoria, cuyos trabajos no se terminaron hasta 1821. La necesidad de recuperar lo perdido por la guerra retrasó la actualización que, desgraciadamente, sufre un nuevo parón con la Primera Guerra Carlista y la parquedad de recursos, que provenían de los portazgos o peajes. Lo bueno es que se recupera la escuela de ingenieros de caminos.

Sin dinero no hay mantenimiento. Pero, además, este se ejecuta mediante el sistema de un peón caminero por legua. ¡El pobre escasa vigilancia y reparación podría hacer en su área! Eran sueldos perdidos casi por completo. Con los fondos restantes se atendía a la continuación de las obras pendientes, y se emprendían algunas nuevas, pero todo a pequeña escala.

Tras la guerra la cosa no mejoró dada la situación de quiebra de la hacienda del reino. Se buscaron fondos mediante nuevos impuestos y tasas, reducir costes mejorando el trabajo del peón caminero y vigilando al contratista.

Diligencia hacia 1830

Es evidente que una mejora del trasporte lleva a una mejora de la economía. Y que el transporte de bienes y persona por carretera podía ser un negocio rentable. Así vemos el proyecto de Buenaventura Roca y Compañía en el año de 1771 que no salió. Otro en 1788 con un coche-diligencia desde Madrid a Bayona por Valladolid y Burgos, en seis días durante el verano y algo más en invierno...tampoco salió.

En 1815 unos caleseros catalanes establecieron una Diligencia entre Barcelona y Reus. Esta vez salió bien gracias a que obtuvieron del Gobierno la facultad de trasportar la correspondencia pública afrontando así los costes fijos e inmovilizados del negocio. En 1821 planteará la línea de Madrid a Bayona por Somosierra. Como "Compañía de Reales Diligencias" estableció en 1829 la línea a Burgos. En 1832 la línea de Burgos por Valladolid se prolongó hasta Santander y se abrió hacia Vitoria y Tolosa. En 1840 llega a Bilbao.

Aviso de portes en Galeras

Terminado su privilegio surgieron más empresas interesadas en el transporte de pasajeros: "Lechuguina" en 1829 para la línea Madrid-Vitoria y que no vivió más allá de 1830; "Caleseros de Burgos", que desde el de 1828 hacia el servicio de galeras aceleradas entre Madrid y Burgos, prolongó dicha línea en 1829 hasta Vitoria y, en1830, hasta Bayona. "Caleseros de Burgos" explotó la ruta de Burgos a Valmaseda por Las Merindades y las de Bilbao a Vitoria y Vergara, cuyos servicios aguantaron hasta octubre de 1833.

Tras la primera guerra carlista resurge la "Compañía de Caleseros de Burgos" con la línea de Madrid a Bayona y otras viejas líneas. En 1840 recupera la Burgos-Valladolid, compitiendo con la "Compañía de maestros de Postas de Castilla". La que pasaba por Las Merindades hacia Valmaseda no la restableció.

Diario de Avisos de Madrid 29/08/1845

Así pues, ¡la gente viajaba! Y lo hacía en tal volumen que compensaba la existencia de varias empresas competidoras en el mismo recorrido y con diferentes velocidades según el vehículo: Galera o Diligencia.

Las galeras, en el XIX, seguían siendo las reinas de los caminos secundarios, donde no circulaban las diligencias. Nos enfrentamos a un carro grande, sólido, sin suspensión y con los lados forrados de estera. En su interior se ajustaban carga y pasajeros. El carro se techaba con una cubierta de hierro sujeto por aros de madera y cañas transversales. Es obvio que se usaba por los viajeros más humildes. Ante la competencia de las diligencias adoptaron un sistema acelerado mediante el cambio de los tiros de las caballerías de trecho en trecho.

Este medio de transporte se anunciaba en el "Diario de Avisos de Madrid" detallando su ruta, salida y "empresario". Tendremos a Antonio Velasco y Manuel Mena, Benito Porres, Ventura Ruizarena y, también, a José Pereda que harán la ruta Castro Urdiales, Valmaseda, Valle de Mena, Espinosa de los Monteros, Villarcayo, Burgos, Madrid y vuelta. La oficina solía estar en la posada donde descansaba el carretero (Posada Nueva en la calle Montera, Posada de la gallega en la misma calle, Posada de la Aduana en la calle de ese nombre...)

Diligencia española (zona de Cataluña)
Gran capacidad en dos niveles

Frente a la anterior tenemos la diligencia, a veces llamada góndola, que dominará los caminos entre 1816 y 1860 momento en que el ferrocarril muestre su poder y obligue a estas a recorridos ajenos al tren y a trayectos cortos y de enlace.

Los viajeros serán de todas las clases sociales pero discriminados por el precio del asiento contratado. ¿Claves del éxito? Su velocidad (Unos 100 km/día en 1816 a 200 km/día en 1854); comodidad del vehículo y del camino transitado; tarifas variables, en función del asiento y del tiro de animales, y descendentes con los años; organización comercial, con horarios y paradas fijas; sus paradores e incluso la previsión de indemnizaciones en caso de pérdidas y extravíos. Por ello consiguieron que se impusieran allí donde prestaban servicio.

Diario de avisos de Madrid 18/06/1854

Los periódicos indicaban la hora de llegada y salida a Madrid: La de Bayona (por Burgos) llegaba a las cinco de la tarde y salía... ¡A las seis de la mañana! ("Diario de Avisos de Madrid" 1844). Un año antes, este diario nos indica otro dato impresionante: la cadencia de las partidas y nos dice que la "Compañía de Diligencias Peninsulares" sale los días impares del mes y entra los pares.

Y todo este ir y venir de persona y bultos aumentó el riesgo de accidentes, quizá espoleados por la necesidad de acortar tiempos o por las características de las vías y por las particularidades del diseño de los vehículos, pensemos que las diligencias llegaban a tener hasta veinte plazas y un centro de gravedad alto.

Por ejemplo, en el puente de Jaca volcó una diligencia en 1863 ("La Correspondencia de España") o lo indicado por "La Posdata" el uno de noviembre de 1845, donde se relata que la que procedía de Bayona a Madrid volcó, en lo que hoy llamaríamos un punto negro, sin víctimas gracias a la pericia del Mayoral.

La Correspondencia de España 23/06/1861

Y, yendo ya al punto principal de esta entrada, el accidente de una diligencia en la zona de Bocos en 1854:

"Horrible desgracia. El día 13 (lunes 13/09/1854) ocurrió en la cuesta de Gayangos un suceso que dejó aterrados á cuantos le presenciaron. La diligencia de la carrera de Bilbao á Burgos subía la referida cuesta, cuando al bajar un repecho antes de la subida de Bocos, se encontró con una multitud de carros de bueyes, que obstruyendo el paso no dejaba lugar para que atravesara aquel carruaje. No pudiendo el mayoral que le conducía contener el ganado, se vio obligado por no chocar con los carros de bueyes á desviarse y salir de la caja del camino, y al penetrar nuevamente en él tropezó con una pila de piedra amartillada.

Con el violento choque saltó la aguja de su lugar, y el ganado, llevándose el juego de ruedas delantero, dejó la caja y el juego de ruedas trasero y volcó con ímpetu, cayendo sobre un árbol que estaba inmediato. La vaca iba muy cargada de gente, y un pasajero de ella, don Justo Santos, médico de Medina del Campo, quedó muerto en el acto; su hermano que se hallaba inmediato á él gravemente herido, y el mayoral tan estropeado, que para esta fecha ya habrá dejado de existir. Los demás viajeros sufrieron contusiones mas ó menos fuertes, pero ninguna de importancia.

Al llegar aquí no podemos menos de llamar la atención de la autoridad gubernativa, para que corrija con dura, pero severa mano, los abusos que a cada momento estamos denunciando, sobre el número de viajeros que llevan los carruajes en las vacas. Este abuso es causa que á cada instante tengamos que lamentar desgracias como la que ahora nos ocupa, y que pudieran evitarse fácilmente.

Dibujo de Escude de una diligencia entrando en Las Ramblas

Lo propio decimos con respecto á esos carros que interceptan el paso de los carruajes, verdaderos escollos que tienen que salvar frecuentemente, porque no hay autoridades bastante severas que impongan penas á los que contravienen á las leyes. Las multas y las prisiones son para estos casos muy buenos correctivos, y la experiencia tiene demostrado en todas partes, que con estos remedios se consiguen estupendos resultados". ("La España" del 19/09/1854)

"El Clamor Público" (16/09/1854) puntualizaba que la diligencia era de la compañía "La Castellana", ratificaba la muerte del médico (¡justo un médico en un accidente!), la agonía del mayoral y la situación del resto de pasajeros donde dos estaban graves y el resto con heridas leves.

Visto con nuestros ojos comprobamos que no hay nada nuevo bajo el sol.


Bibliografía:

Diario de Avisos de Madrid.
Diario Oficial de Avisos de Madrid.
Periódico EL CATÓLICO.
Periódico EL CLAMOR PÚBLICO.
Periódico EL ESPAÑOL.
Periódico LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA
Periódico LA ESPAÑA
Periódico LA ESPERANZA
Periódico LA POSTDATA.
Manual de diligencias
"Memoria sobre el estado de las obras públicas en España en 1856" Dirección Gral. de O.P.
"Los transportes de viajeros por carretera en la primera mitad del siglo XIX" por José I. Uriol Salcedo, Ingeniero de C. C. y P. Revista de Obras Públicas de octubre de 1983.





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