Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 12 de febrero de 2017

Villa Baranda, una historia singular.



Hoy cedemos este espacio a José Antonio San Millán Cobo un gran divulgador de la ciencia y la cultura en nuestra comarca. Ha sido director del programa “Huellas en el tiempo” de Radio Espinosa Merindades en el que, a lo largo de ocho años, hemos podido ensanchas y redescubrir el pasado y el presente de –como le gusta decir a él- Las Montañas de Burgos.


Reparte su vida entre ser guía turístico de la montaña de burgos, bloguero y colaborador en diferentes publicaciones como “Crónica de Las Merindades”, “Diario de Burgos”, “revista cultural Velliga” y, por no ser pesado, otras varias.

Y tras esta rápida presentación les invito a sorprenderse con la leyenda y la magia que dejan escapar estas centenarias –sólo centenarias- piedras espinosiegas:

Villa Baranda:

Lo primero agradecer a mi amigo Lebato la oportunidad que me brinda de aparecer en su blog, que siempre he dicho, y no es por hacerle la pelota, que es uno de los mejores (por no decir el mejor), blog de Historia de Las Montañas de Burgos. Hace ya bastante tiempo, después de una comida con amigos relacionados con el mundo de la historia del Norte de la provincia, me sugirió que escribiera algo sobre este edificio que hoy os traemos aquí.

Hace años que vengo preguntándome por la historia de este viejo caserón de la Calle el Progreso de Espinosa de los Monteros. Lo cierto es que la historia es cuando menos curiosa, y espero que les guste.


Como ya saben Espinosa de los Monteros es la población con más monumentos catalogados de la Provincia de Burgos, después de la capital, claro está. Esto hace que nuestro casco histórico sea un bello conjunto de torres, palacios, iglesias y casonas, cada una con una historia bastante interesante.

Villa Baranda es una jovencita en comparación de otros edificios históricos de la población. Se sitúa en la “Calle del Progreso” abierta para que hubiera una vía más ancha y cómoda hasta la Estación de tren. Recordemos que el Ferrocarril Hullero, el de Bilbao a la Robla, abrió su primer tramo desde Espinosa de los Monteros hasta Valmaseda allá por el año de 1892 y un par de años más tarde se inauguró la línea completa. En aquellos años, el tren era el progreso, y que una población tuviera su estación lo significaba todo. Por esa razón la calle donde se asienta la casa se llama “Calle del Progreso”.


Nuestro protagonista se llama D. Juan Ángel Sainz de Baranda y Fernández-Garón (Nacido el 30 de Marzo de 1869). Fue agregado diplomático del Ministerio desde el 1 de febrero de 1896, y tuvo varios destinos; en la embajada cerca de su Santidad; en Buenos Aires; en Berna; en Bogotá; en Tánger y en Washington. En su currículo, figuró también que fue caballero de la Orden de Isabel la Católica; Medalla de plata de Alfonso XIII; Oficial del Salvador, de Grecia; Caballero de Cristo, de Portugal; Ídem del Águila Roja, de Prusia; Ídem de Leopoldo, de Bélgica. Además de licenciado en Derecho y Académico Profesor de la Real Jurisprudencia y Legislación.

Alrededor de 1895 Don Ángel Sainz de Baranda, estaba casado con Doña Aurora Mollá, una rica Cubana. Aprovechando la llegada del ferrocarril mando construir, junto a su hermano Manuel, toda la hilera de casas de esa mano, quedándose el número 17, la conocida como Villa Baranda, para servir de hotel.

Don Ángel, que sufría desde la infancia ataques epilépticos, era un hombre con clase y con muy buena presencia. Su hermano pequeño, Don Manuel, ejercía de abogado. Fue el padre de Elisita Sainz de Baranda, quizás más fácil de conocer por los espinosiegos.


Creo que, con tanto Sainz de Baranda, queda claro el porqué del nombre de la casa. Según Don Ángel Villasante Ortega, el apellido Sainz de Baranda se crea a finales del S. XVI en Espinosa de los Monteros por el casamiento de un tal Manuel Sainz con Isabel Baranda, estos tuvieron un hijo al que llamaron Manuel y que unió para siempre los dos apellidos formando uno compuesto. Pero quizás el Sainz de Baranda más famoso, aunque solo sea por la estación de metro de Madrid fue don Pedro Casto Sainz de Baranda Gorriti, este sí que era madrileño, pero era hijo de un señor de la Merindad de Montija, más concretamente de Quintanaedo, de donde procedía su familia.

Pero bueno, dejemos los parentescos y las familiaridades para otra ocasión y volvamos a “Villa Baranda” y su historia. Por el libro “Los Monteros de Espinosa” de Rufino Pereda podemos saber algo más de los Sainz de Baranda, y dice lo siguiente: “D. Ángel Sainz de Baranda, de relevantes dotes de inteligencia y bondad, acaudalado propietario y notable miembro de la carrera diplomática, a la cual honra con sus conocimientos”.

Don Ángel Sainz de Baranda, fue desde 1904, por el fallecimiento de D. Manuel Villasante Ballesteros, tutor de Don Hipólito Villasante Sainz de Baranda, último Montero de Guarda de Cámara y Servicio de los Reyes. Aparte de ser parientes tenían gran amistad y compartían temporadas veraniegas en San Sebastián, donde veraneaba Alfonso XIII. Los periódicos de la época nos indican que conferenciaba con Su Majestad asiduamente.


Al parecer, la idea de los hermanos de que el edificio se transformara en un hotel, nunca llego a buen puerto. Sobre la fortuna de esta familia, creo que quedara despejada cuando os cuente un par de cosas. No debió de ser una fortuna corriente.

Se cuenta que fueron de los pocos españoles que se embarcaron en el Titanic, un barco de lujo que les llevaría hasta Nueva York. Al parecer el día 14 de abril de 1912, al chocar el transatlántico con un iceberg, D. Ángel se dio cuenta de que no había botes salvavidas para todo el mundo. Así que ni corto ni perezoso bajo al camarote con su mujer y se vistió de señora y así salvaron la vida antes de su hundimiento. (Aún no he encontrado las pruebas históricas que lo atestigüen pero, ya saben, “se non è vero, è ben trovato”). Lo que si sabemos, por el periódico El Liberal, es que el día 4 de abril de 1912 D. Ángel presentaba su dimisión como secretario de la legación diplomática en Washington.

El matrimonio de Don Ángel y Doña Aurora tuvo un hijo llamado Álvaro, y este se fue a enamorar de una señorita que respondía al nombre de Dolores (Muy apropiado en el caso que nos ocupa). Cuentan que no debió de caerles en gracia a los padres del novio (quizás vieron algo que no les acababa de convencer). El caso es, que para intentar disuadir a su hijo de tan ciego enamoramiento, D. Ángel lo invito a acompañarle a dar una vuelta al mundo. Si, si, han leído bien, una vuelta al mundo. Sé que hoy en día todo el mundo conoce a alguien que ha hecho algo así. Pero quiero que se sitúen en la época. Son los años 20, y la gente normalmente no se iba de viaje de novios (mucho menos de placer), en el mejor de los casos, en nuestra zona podían ir a Bilbao o a Burgos, si tenían familia allí… bueno, debieron de tener bastante dinero, ya que los viajes no eran tan baratos y sencillos como ahora.


Volviendo al viaje, lo primero que hizo D. Álvaro a su llegada fue ir a ver a Dolores. Al parecer el viaje no sirvió para quitarle de la cabeza el enamoramiento. Poco tiempo después pide la mano de la novia y se casan. Su viaje de novios fue a París, donde coinciden con otra pareja de españoles recién casados. La cosa se empieza a complicar, porque en la ciudad de la Luz, Dolores engaña a su marido con el español que había conocido en París.

El caso es que a su vuelta a Madrid, a sus padres sigue sin convencerles la niña, y observan que las relaciones matrimoniales de su hijo no funcionan todo lo bien que debieran, por lo que decidieron pagar a su chófer para que hiciera las veces de detective privado y de esta forma saber qué es lo que hacía su nuera.

No tardaron mucho en dar resultado sus pesquisas. De forma fortuita el chófer encontró unas cartas destinadas a Dolores, con remitente del español con el que habían coincidido los recién casados en Paris. Las cartas finalmente, fueron abiertas por Don Álvaro, que comprobó por sí mismo que eran misivas de amor hacia su esposa, descubriendo que desde casi el día de la boda, había estado engañándole.

En todo este tiempo, ya habíamos cambiado de régimen político y la forma de gobierno era la República. El marido despechado solicito sin tardanza la separación matrimonial, y con las pruebas que presento, se la concedieron de inmediato.


D. Álvaro pasaba grandes temporadas en Espinosa, y fue en esta Villa donde le sorprendió la Guerra Civil en el mes de Julio de 1936. De alguna manera consiguió volver a Madrid y atravesar los frentes. Una vez allí fue fácil para Dolores denunciar a su ex-marido como simpatizante de ideas monárquicas, siendo este encarcelado. Fue ella misma quien visitó a D. Álvaro en el presidio donde lo habían encerrado para suplicarle que si retiraba la demanda de separación ella misma le libraría de la cárcel gracias a sus “muy buenas” relaciones con la República. Pero la respuesta de D. Álvaro fue tajante: “Dolores, prefiero morir que volver contigo”.

Días después cogieron a Don Ángel Sainz de Baranda, su padre, merodeando por los alrededores de la cárcel y lo encarcelaron con su hijo. Poco después ambos fueron fusilados en Paracuellos del Jarama, a unos 20 km de Madrid. Padre e hijo figuran en libro de las Checas de Madrid.

No son estas las únicas historias curiosas relacionadas con Villa Baranda. ¿Han oído hablar de la Enferma de Montecillo? ¿No? Pues quizás debieran, porque es una historia bastante famosa. Les voy a hacer un pequeño resumen, y les voy a recomendar un libro muy interesante y fácil de leer, si aún no se creen lo que les voy a contar (No tienen por qué hacerlo, y quizás deban dudar e investigar por su cuenta).


La historia comienza en 1896 (si se acuerdan, es la misma época en la que se empezó a construir Villa Baranda). A escasos kilómetros de Espinosa de los Monteros, más concretamente en Quintana de los Prados (Población que ya ha tenido una entrada en este blog y que pueden consultar aquí nació Amalia Baranda, una mujer que con el paso del tiempo llego a ser conocida como la Enferma de Montecillo, por trasladarse sus padres a esta población de la Merindad de Montija, muy cerquita de Quintana de los Prados.

En 1918 Amalia empezó a estar enferma, una enfermedad muy particular y que duraría hasta su fin. Tenía por aquel entonces 23 años. Su mal le impedía comer y tampoco podía beber. Durante el resto de su vida, hasta que murió en 1936, estuvo en esta situación (Aquí, algunos dejarán de leer, pensando que me he vuelto loco, solo los más valientes continuarán la lectura).

El asunto es bastante complejo para resumirlo en unas líneas, por lo que os invito a que leáis el libro de Juan José López Núñez titulado “La pregunta número siete”. También publicado en este blog.

Cuando el médico de Espinosa, Manuel Gutiérrez, la atendió en las primeras veces, intento todo lo que estaba en su mano, incluso llego a pensar que no comía por una especie de ataque de ansiedad, todo fue en vano.

Comenzó el calvario de viajes a diferentes hospitales, Madrid, Burgos, Bilbao, Zaragoza, y en ellos se sucedían una serie de operaciones y pruebas muy dolorosas para Amalia. Se conservan análisis médicos de la enferma, análisis de sangre, de orina, en la que se aprecian valores elevados de ciertos elementos que no deben de estar así en una persona sana. Algunos de ellos provocarían la muerte en cualquiera de nosotros. La Real Academia de Medicina emitió un informe de más de 80 páginas, para acabar concluyendo que ellos no se pueden explicar cómo podía seguir viva.

Fueron 18 años los que esta mujer paso sin comer (entiendo su cara de incredulidad, nos ha pasado a todos). Lo único que tomaba al día era una inyección de Phosphorrenal y el Cuerpo de Cristo, ya que todos los días escuchaba misa (postrada en su cama). El phosphorrenal, como inyectable según su análisis químico tendría un poder calórico de 1,5 Kcal. Y un ser humano encamado necesita mínimo 800 Kcal. para el mantenimiento de sus funciones. Por lo que los lectores que al leerlo creían que ya tenían la respuesta a su milagrosa supervivencia… lo siento, no se la he dado.


A estas alturas alguno se preguntará porque les cuento todo esto y qué relación tiene con Villa Baranda. Muy sencillo. En esa época el Doctor Manuel Gutiérrez tenía alquilado para él y su familia la segunda planta de tan notable edificio. En 1936 días después de estallar la Guerra Civil y quedar el Frente Norte establecido a escasos metros de Montecillo, con el consiguiente peligro que eso conllevaba para la enferma, el Doctor decidió trasladarla a su propio domicilio, Villa Baranda, donde la podría atender mejor. Amalia llego bastante enferma y no duro mucho, apenas unos meses. Así es que esta mujer nació en Quintana de los Prados en 1896 y murió en Espinosa de los Monteros en 1936 a la edad de 40 años. De los cuales 18 estuvo enferma sin poder comer ni beber.


En la actualidad Villa Baranda es el esqueleto de tiempos mejores, una ruina aún orgullosa, que acabara tirando la nieve o el viento. Un verdadero lujo para la época en la que se construyó, y que lo seguiría siendo hoy en día si se le pusiera remedio a la ruina que la atenaza por dentro, y también por fuera.

Bibliografía:

“El Ferrocarril Hullero de la Robla a Valmaseda”. Pedro Fernández Díaz-Saravia (2003)
“Los Monteros de Espinosa”. Rufino Pereda Merino. (1917)
“La familia Baranda y Sainz de Baranda”. Ángel Villasante Ortega. (2012)
“La pregunta número siete”. Juan José López Núñez. 2016
Periódico “El Imparcial”. 8-XI-1911
Periódico “El Mundo Grafico” 10-III-1926
Periódico “El Liberal” 4-IV-1912.
Periódico “Heraldo de Madrid” 7-XI-1911
Periódico “La Correspondencia de España” 4-IV-1912
 “Huellas en el Tiempo”. Programa cultural de Radio dedicado a las Montañas de Burgos;
1) Plazas de las Merindades 1 y 2 (Con Rodolfo Gutiérrez-Solana)
2) El tren de la Robla (Con Iván Marañón)
3) Palacios y arquitectura de Espinosa (Con Rodolfo Gutiérrez-Solana)
4) La Enferma de Montecillo (Con Juan José López Núñez)




1 comentario:

  1. Muy interesante. Gracias a los dos. Estaría bien que pasó en Villa Baranda desde el 36...

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