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domingo, 10 de septiembre de 2017

El balneario de Corconte (Las Merindades, por poco pero Las Merindades).


Esta semana nos vamos a tomar las aguas en un balneario de los clásicos y, a diferencia de las otras veces que hemos tocado el tema, este sigue en funcionamiento. De hecho, es el último balneario de Burgos. Aunque en guías del siglo XIX, e incluso del siglo XX, figuraba como de la provincia de Santander. En fin. Lo que no sigue en funcionamiento es un conjunto de edificaciones situadas en la otra margen de la carretera a Reinosa. Está solo.

Pantano del Ebro

Al circular por esta carretera nos encontramos con un robusto edificio de principios de los años veinte y cercano al pantano del Ebro de cuya avaricia se libró por poco. Solitario, como si su aislamiento fuese parte de las virtudes salutíferas de sus aguas.


La leyenda cuenta que un carretero de los que hacían el camino entre Reinosa y el puerto de Santander decidió “jubilar” uno de sus caballos dejándolo en aquellos parajes. Tiempo después descubrió que la bestia había recuperado vigor tras beber las aguas de un desconocido manantial. La realidad habrá sido más prosaica, seguro. Su antiguo nombre era el de “Fuente Salada” y emergía a una temperatura de 10-11 grados celsius en la ya inexistente llanura de la Vilga o Virga. Surge con un caudal que ha oscilado entre 100 y 450 litros/minuto. Más datos: el agua de Corconte es un agua de mineralización débil; brota en condiciones extremadamente puras y asépticas; a una altura de 837 m; Contiene en hasta 24 elementos, que hacen de ella un marcado agente terapéutico. Esta agua se recomendaba para Herpetismo, escrofulismo, litiasis renal, Arenillas, cálculos vesicales o cistitis crónica. Son unas aguas que están caracterizadas por el predominio de iones sodio y, hechas pruebas en días posteriores a la ingesta, se percibía una reducción de urea en sangre y orina.

El pantano desde los jardines

Con estos mimbres se buscó atraer a los “agüistas”. ¿Quiénes? Los que transitaban por zonas termales en busca de una curación a una enfermedad –real o imaginaria-. Un individuo que necesitaba alimentarse, vestirse, trasladarse y divertirse. En Corconte, además, obligado al no haber nada en el contorno.


Pero esa perspectiva es muy de finales del siglo XIX porque en el siglo XVIII pocos balnearios disponían, siquiera, de edificaciones especializadas para los baños. Fue en ese tiempo cuando se manifiesta el interés del estado por el control de la sanidad, lo que afectó también a los balnearios, ya que reglamentó su actividad. En 1816, durante el reinado de Fernando VII, se redactó el primer Reglamento de Aguas y Baños Minerales al que siguieron otros que regularon la intervención de los médicos con competencia y autoridad en los asuntos concernientes a los balnearios.


Esta importancia económica y social del balneario hizo que los arquitectos más prestigiosos intervinieran en la construcción de las principales casas de baños. Esta situación se disparó durante la época isabelina (Isabel II tomaba las aguas en Ontaneda) gracias a las sucesivas desamortizaciones que liberaron zonas termales en manos del clero y de los municipios; la progresiva industrialización y mejora de los transportes; y los conocimientos médicos del momento. Surgirán nuevos proyectos de construcción o de renovación de los balnearios existentes donde invierte capitales la burguesía urbana.


Si nos fijamos en Corconte descubrimos que sus aguas ya eran reconocidas a finales del siglo XVIII y que en 1850 recibía numerosos enfermos de Santander, Burgos, Palencia, Valladolid y León.


Y, es que, en la España de 1851, se estimaba en 60.000 los enfermos que habían acudido a balnearios y en más de 30.000 la cantidad de acompañantes distribuidos entre los casi ochenta y cinco balnearios con dirección médica. En 1892, los 152 balnearios abiertos en ese año llegaron a albergar a 150.000 agüistas.

En esta ola se había subido nuestro manantial “fronterizo” que de propiedad del pueblo de Corconte pasó a manos de un particular –entiendo que en alguna de las desamortizaciones decretadas- que lo vende en 1878 a una sociedad de Santander, propiedad de Francisco Martínez Conde. Adquiría un modesto establecimiento que le obligaría a invertir en su mejora.


Se diseñan varios edificios: una galería con doce habitaciones situadas a derecha e izquierda, destinadas a cuartos de baños, aparatos hidroterápicos; un depósito de aguas; y la fuente. Cada cuarto de baño tuvo una pila alimentada de agua natural y caliente, además, dos de estas habitaciones fueron destinadas a baños locales y duchas de diferentes formas como un baño familiar capaz para seis individuos y destinado a clases humildes. También se dispuso una sala de inhalaciones.


Para la fonda se creó un edificio de tres pisos que comunicaba con la galería. Los pisos superiores disponían de cincuenta y cuatro habitaciones dobles; en el piso bajo estaban situados el comedor, salón de reuniones y lectura, la administración y la cocina principal. Seguido de la fonda había otro edificio destinado a aquellos que solo reservaban la habitación. Para ellos estaba la tienda del otro lado de la carretera, junto a la cochera.

Área del primitivo hotel

Ese mismo 1878, en un folleto, se clasificaba las aguas "como clorurado sódicas, sulfurosas, frías de variedad ferruginosa". Empleadas ingeridas o en baño para "combatir las enfermedades de las vías urinarias, artritismo, cólicos nefríticos, diabetes, arenillas, ácido úrico y cálculos". Demostrar y controlar la calidad de las aguas, "eminentemente diuréticas" como rezaba su eslogan, se convierte en una necesidad imperiosa. También aquí se resalta el respaldo de médicos de prestigio, como el Dr. Gregorio Marañón. Diremos a favor de los propietarios que desde 1880 existió un laboratorio en la galería. Señalaremos algunos de los directores médicos del balneario: Tomás Peña (1885), Remigio Rodríguez Sánchez (1888); José Morales (1890); T. Santos Revuelta (1917); o Barrado Herrero (1922).


El señor Martínez Conde sabía que un manantial de calidad reconocida junto a la construcción de un buen balneario con instalaciones hidroterápicas y hoteleras bien equipadas, amén de ciertas condiciones de clima y situación atraían una clientela acomodada y un alto volumen de negocio.


Pero no solo eso. El centro debía estar bien comunicado. Por ello se informaba en los catálogos y panfletos de cuáles eran las estaciones de ferrocarril cercanas -del Norte de Reinosa, donde paraba el tren rápido Madrid-Santander; Bilbao-Valmaseda-La Robla, en Soncillo-; del buen estado de la carreteras; y de la existencia de servicio diario de coches. Dos horas se tardaba en realizar en coche de caballos aquellos 24 Kms. de Corconte a Reinosa en el citado 1878.


Con el cambio de siglo se consolida un nuevo tipo de usuarios que no eran necesariamente enfermos y que surgía gracias a los cambios sociales del momento, a la aparición del veraneo, a la mejora de los tendidos ferroviarios y a la adecuación y modernización de las instalaciones hidroterápicas. Recordemos que las guías ferroviarias referían los balnearios de sus zonas, las formas de llegar y la temporada de baños. Por ejemplo, en 1917 una de ellas fijaba la temporada de Corconte entre el 15 de junio y el 15 de septiembre y en 1931 del uno de julio al treinta de septiembre.

Capilla del Balneario

¡Y entra en escena un nuevo propietario! El actual balneario surge gracias a Juan Correa López, pudiente empresario santanderino con intereses navieros. Su esposa, doña Blanca, recorría balnearios por Europa para mejorar su salud y la recuperó en la casa de baños de Corconte que hemos descrito arriba y que parecía no ajustarse a las necesidades del siglo XX. Ante esta situación en 1890 se levanta el primero de los edificios del actual balneario y se busca colocarlo entre las preferencias de los agüistas porque la competencia es mucha. El máximo número de establecimientos balnearios en funcionamiento en España se produjo entre los años 1885 y 1920. Por ello, las empresas explotadoras mejoran sus servicios para proporcionar actividades atractivas que permitirán aumentar y consolidar la asistencia de los agüistas.


En el parque del balneario de Corconte dispusieron dos pistas de tenis, un campo de croquet, frontón, tiro y una bolera montañesa. La cuadra propia alquilaba caballos para pasear o para hacer excursiones. En el interior del Gran Hotel se dispuso sala de billar, sala de conciertos, cinematógrafo, salones de fiestas, peluquería... La vajilla inglesa y la cubertería de plata estaban presentes en las mesas. Una orquesta tocaba en el comedor durante los almuerzos; por la noche, al concluir la comida, se pasaba al salón y los músicos amenizaban veladas y fiestas.


Los agüistas pudientes que se movían con enseres y criados y pasaban largas temporadas en los balnearios. ¡Que le pregunten al presidente Maura por Corconte! Pronto hubo que ampliar el centro y en 1920 se levantó el palacio de piedra en estilo regionalista que hoy observamos. El Gran Hotel de Corconte se levantó según planos de Valentín Ramón Lavín del Noval y se inaugura en 1922. Las más de cien habitaciones se dotan de "confort moderno": electricidad, agua corriente caliente y fría, y algunas habitaciones con baño. Un día de estancia con pensión completa costaba 24 ptas. por persona. Tiene capilla y el nuevo edificio queda adosado al viejo "hotel de la Fuente", relegado ahora a hotel de segunda que cuesta 13 ptas. por persona y día. En el pueblo de Corconte, casas particulares alojan a "clases más modestas", percibiendo de 5 a 9 ptas. por persona. Se nota el clasismo imperante en aquellos tiempos.

Es entre los años 1922 y 1936 cuando Corconte alcanza su época dorada. Al otro lado de la carretera se sitúa la vivienda del encargado; el personal temporal llega de los pueblos de alrededor.


Los clientes de relieve abundaban. Durante sus estancias en Santander, Alfonso XIII visitaba ocasionalmente Corconte. Don Antonio Maura y su esposa Constanza pasaron más de 25 veranos, llegando a celebrarse aquí consejos de ministros.

La Guerra Civil dejó el balneario de Corconte muy cerca del frente. Y, como en muchas otras partes de España, la rabia, el odio y la falta de la ley se desató con toda su crudeza. La primera víctima de ello fue Sanjurjo, "el hijo de". Todo empezó el 19 de julio, a media tarde. En el balneario teníamos 18 Guardias Civiles más la pareja de servicio. En la madrugada siguiente llegó un grupo de milicianos para analizar la situación y, más tarde, aparecieron varios camiones repletos de milicianos desde Reinosa. Los comandaba Miguel Aguado Cadelo, jefe de la Guardia Municipal local, y su lugarteniente, un guardia de seguridad apodado "el Andaluz".


Mientras negocian la rendición de los Guardias Civiles, el capitán Justo Sanjurjo Jiménez, vestido de uniforme, se fuga hacia territorio nacional. Lo capturan en la bifurcación de la carretera hacia Santander. Lo montan en un coche y se lo llevan hacia Reinosa. Cuando pasa frente al Balneario, el capitán se arrojó del coche hiriéndose en la cabeza. El médico trató de curarle con la mayor lentitud posible para dar tiempo a que se marcharan los milicianos y facilitarle la fuga pero esperaron al paciente. Los milicianos se negaron a su evacuación al Hospital Valdecilla de Santander (era perder la presa). Junto a su esposa, Concepción Comyn, fue trasladado al Hospital de Reinosa. Ella permaneció detenida en un hotel de la población.


El periódico “El día de Palencia” comentó que el herido permaneció hospitalizado durante quince días hasta que Enrique Anaya (¿quién?) lo asesina. Informado del asunto el comandante de la plaza, el teniente Jambrina del Cuerpo de Asalto, informa a sus superiores. Se exhuma el cadáver y se encuentran tres balazos: dos en la cabeza y uno en el pecho.


Dicho esto, volvemos al edificio. Fue saqueado pero su propietario lo reabrirá el mismo 1939. El primer año de la guerra, como habrán entendido, lo pasó en el lado republicano ejerciendo de Cuartel General de diversas unidades. Y de blanco de los llamados Nacionales. Caído el frente Norte lo ocuparon los italianos que colocaron un cementerio de sus soldados. Por lo menos no devino en hospital de sangre o sanatorio. El mayor destrozo lo hizo un general del C.T.V. italiano que se encaprichó de una de las monumentales chimeneas que decoraban los salones y la envió a Italia.

Balneario de Corconte con tropas italianas

Debemos señalar también el paso por el lugar de Guglielmo Sandri quien, formando parte de los voluntarios italianos, fotografió muchos de los lugares en que estos estuvieron, incluido el balneario de Corconte. Su legado forma parte del archivo de Bolzano Alto Adige en Italia.

Cementerio de Italianos

Gracias a Dios Corconte no acabó convertido, tras la guerra, en un convento, seminario, abandonado y arruinado o –peor- hospital de tuberculosos. Ya no se podían mantener esos grandes balnearios. Serán las botellas de “agua de Corconte” las que ayudaron en los tiempos duros a mantener la casa de baños. Pensemos en la calidad medicinal del líquido que estaba en las farmacias,  que fue declarada de Utilidad Pública en 1883 y que se llegó a vender en Cuba, México y Filipinas. Como dato curioso, o pintoresco, diremos que el precio neto de venta al público, de una botella en 1942 de un litro era de 1`90 pesetas y el importe del envase a reintegrar solo 0`80 pesetas. ¡Como para no reciclar!

Menú firmado por Ciano

El 13 de Julio de 1939, el conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, fue agasajado con una comida en el balneario de Corconte cuando vino a la inauguración del cementerio de italianos del puerto de El Escudo.

Salón del balneario

En la posguerra el balneario comienza a decaer, aunque mantiene su nivel de lujo; como curiosidad, se puede mencionar la estancia de las nietas de Franco acompañando a un familiar. Se mantienen ciertas normas (una pareja de la Guardia Civil hace guardia en verano), pero la orquesta se reduce a un pianista.


El pantano del Ebro alterará el paisaje y el clima pero se salva el edificio y parte de su finca. Ahora tenía playa. Por los pasillos pueden encontrarse fotos del antiguo hotel, de vehículos y bañistas, de los visitantes destacados; menús, etiquetas y botellas antiguas, cartas autógrafas de los doctores Marañón y Cifuentes, del conde Ciano, el plano de Lavín del Noval…

El presidente Maura entre amigos en Corconte

Hoy sigue perteneciendo al mismo grupo familiar que hace casi cien años.


Dedicado a Zoe, Ana y Aitor. 

Bibliografía:

“Balnearios y aguas termales en Campoo” por Encarnación-Niceas Martínez Ruiz en Cuadernos de Campoo.
“Una parada en el tiempo” en Cantabria negocios por José Ramón Esquiaga.
“Historia de los balnearios en España. Arquitectura - patrimonio – sociedad” por Josep Sánchez Ferré (Arquitecto asesor del ministerio de fomento).
“Burgos en el recuerdo 2” de Elías Rubio Marcos.
www.Webnovias.com
www.Balneariosconencanto.net
www.Abalnearios.com
Historia de la psicofarmacología, Volumen 1
www.Balneariodecorconte.es
Boletín Oficial de la provincia de León.
Guía descriptiva de los caminos de hierro del norte de España.
Memorias de las aguas minero-medicinales españolas (siglos XIX y XX)” de Juan Antonio Méndez Aparicio.
Periódico “El Globo”
“Las aguas minerales y las enfermedades” por el doctor Isaías Bobo-Díez.
“Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria” por José Gutiérrez Flores y Enrique Gundín de la Lama.
Periódico “El día de Palencia”.
Periódico “La Voz”
“El metabolismo de la urea bajo la influencia de ciertas aguas minerales” tesis doctoral de Francisco García-Bermejo Luna (1929).
“Guglielmo Sandri en Las Merindades. La guerra Civil tras la cámara del teniente italiano” de Carlota Martínez Sáez y otros.
“Relaciones entre el patrimonio y el desarrollo turístico. Burgos 1900-1939”. Tesis doctoral de Montserrat Espremans Baranda.
Archivo Provincial de Bolzano.



Para saber más:






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