Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 20 de mayo de 2018

San Pedro de Tejada: Canecillos, capiteles y retablo.



En esta entrada veremos la tercera parte sobre San Pedro de Tejada en la que hablaremos de algo que ya no podemos ver allí y de algo que está a la vista. Empezaremos por lo que no está.

En la cabecera del templo observamos el interior del ábside con bóveda de horno y adorno de ventanas y arquerías ciegas. Los viejos visitantes disfrutaron del retablo gótico de pintura española, con fondos de oro en algunas de sus tablas, e imágenes de Santos y evangelistas de técnica dura y áspera expresión. Para ajustarlo en el ábside no dudaron en cercenar el ajedrezado y parte de los capiteles.

Ábside (Cortesía del blog Tierras de Burgos)

Disponemos de una descripción del retablo contenida en la obra “Apuntes descriptivos histórico arqueológicos de la Merindad de Valdivielso”:

“El retablo mayor, único que resta, es de madera de roble, dorada, de estilo gótico de mediados del siglo XV, y de escuela burgalesa en cuanto a la arquitectura. Era de los llamados de batea, en forma de arrabáa; pero ha perdido sus bandas en su mayor parte, donde se ven pintados escudos reales de Castilla y León y de la casa de Velasco, alternando con vástagos y flores. Lo forman seis finas agujas, unidas entre sí por una imposta de caladas bojas, que le divide en dos cuerpos. El primero se adorna con cinco tablas pintadas, de más de medio metro de altas, protegidas por calados doseletes dorados, que figuran, comenzando por la izquierda, a San Pablo, San Andrés, los Santos Juanes (Evangelista y Bautista); en el centro, Jesucristo, resucitado, apoyándose en un globo, bendiciendo y teniéndole el manto dos ángeles; a continuación, San Mateo y San Judas, Santiago el Menor y otro en que, por estar borroso, no se distingue su atributo.

El segundo contiene cuatro tablas apaisadas en torno al dosel central que protege la imagen de San Pedro, sobre labrada repisa, dorada y policromada, excelente. Los asuntos en ella representados son: La Misa de San Gregorio, en que Jesucristo se le aparece y le acompañan dos acólitos: uno, incensando, y otro, alumbrando; la Presentación de San Pedro ante el Pretor, el mismo apóstol resucitando a una joven en presencia del tribunal y dos santos obispos.


Corona el retablo el escudo de Castilla y León, lo cual es una prueba de su anterioridad al reinado de los Reyes Católicos. Sobre él se alza la efigie del Redentor, crucificado, al que acompañan las de la Virgen y San Juan. Van bellamente policromadas, y la actitud dolorosa de San Juan nace que creamos es anterior al retablo, lo mismo que el crucifijo.

Tanto la parte escultórica, que ostenta las galas de la fastuosa ornamentación gótica de la escuela de Gil de Siloé, como la pictórica, debida a la escuela formada en Oña, aún no estudiada, que se distingue por su brillante colorido y buen dibujo, aunque adolece de algunas imperfecciones, como la escuela flamenca, que imitó, por ejemplo, la posición de las piernas, son muy dignas de estima”.


Sobre este retablo el investigador Julián García Sainz de Baranda en un estudio sobre este altar, publicado en “El Castellano” de Burgos en 20 de enero de 1921, entendía que era un retablo de segunda mano hecho de retales de otras obras y traído desde Oña. Sí que presentaba cierta falta de unidad; la parte inferior contaba ocho apóstoles; y el panel central era de diferente pincel. De hecho para colocarlo hubieron de romper algunos ajedrezados y capiteles, tal y como se puede ver aun observando el hueco dejado por el retablo.

El Museo de Burgos lo adscribe al maestro de Oña Fray Alonso de Zamora. Para Luciano Huidobro Serna pertenecía a la escuela de Gallegos, pintor salmantino, que debió trabajar para el Monasterio de Oña. En fin, la clásica falta de unanimidad en torno al arte. El retablo se articula en nueve tablas pintadas distribuidas en dos pisos y cinco calles y a la escultura del santo titular -San Pedro-. Este, como cabeza de la Iglesia, ocupa la central en el segundo piso. Lo datan a principios del siglo XVI. Más joven de lo que opinaba Luciano Huidobro. Sabemos que lo mandó colocar el abad de Oña Fray Alonso de Madrid y que fue entre el 1506 y el 1512.


La arquitectónica del retablo, chambranas, guardapolvos y doseles, se ha perdido y el Calvario (lo fechan en el siglo XIII) que lo remataba se exhibe en el Museo Frederic Marés de Barcelona, donde fueron a parar muchas piezas de patrimonio burgalés después de la Guerra Civil.

Las tablas del retablo se llevaron a Madrid en 1963, donde fueron restauradas en la Casona del Buen Retiro, y finalmente han acabado, por fortuna, en el Museo de Burgos.

Calvario
Finales del siglo XIII - principios del siglo XIV
Talla policromada
Iglesia de San Pedro de Tejada (Burgos)
Cortesía de Museo Federico Marés 

Pero ante la ausencia del retablo podemos disfrutar del hueco dejado por este. Incluidos sus “trabajos” de adaptación. Da igual, fijémonos en el Ábside donde tenemos un tramo de arquerías ciegas, que sirven para dar más importancia y amplitud al sector. Actualmente se aprecia el grueso modillón y las columnas cilíndricas sobre bases áticas, coronadas por capiteles rudimentarios, mascarones, volutas y ajedrezados. En el ábside se abren tres ventanas que lo iluminaban. Una imposta ajedrezada corre por encima de las mismas. Las ventanas están flanqueadas de columnas cilíndricas, con capiteles toscos, sin guardapolvo. En una de ellas hay un pequeño relieve de la Adoración de los Santos Reyes, muy encalado. Parece del siglo XIII.

Cortesía de Monestirs.cat

Si miramos los capiteles de los pilares –para algún autor son de influencia Sasánida- el primero, a la izquierda, parece “representar a Jesucristo, figura de medio cuerpo, y delante, varios vasos que bendice; en la mano izquierda tiene un libro. A sus lados hay cuatro figuras vestidas con túnica y manto, y en la mano izquierda, un pomo”.

El primero a la derecha tiene cuatro figuras semejantes, con grandes mangas y las manos juntas, sosteniendo un vaso de perfumes. Corresponden a la escena del libro del Apocalipsis, en que los ancianos ofrecen a Jesucristo las oraciones de los santos.

El siguiente, a la izquierda, presenta a un ángel y una figura, que no puede asegurarse si es la liberación de San Pedro. A ambos lados se hallan dos guerreros, y debajo de las volutas, cabeza de guerrero y otra. Las molduras que coronan el capitel se adornan con entrelazos, formando círculos, donde se enrollan varios gatos.


El tercero muestra dos águilas en el centro, una de las cuales sujeta un áspid por la cola; la otra lleva flor en el pico. El reptil saca la cabeza cerca del collarino del capitel. Las molduras que coronan el capitel se adornan con aves y cabezas de monstruos. Aves semejantes se ven también en el siguiente, cuya decoración constituyen entrelazos que forman círculos en su primera zona y suben basta las volutas. Entre esa madeja veremos dos cabezas humanas y una de oso que muestra sus garras.

El último presenta la figura de Jesucristo, incluida en una aureola elíptica, extendiendo sus brazos y con el arco iris a sus pies. A ambos lados están dos de los animales simbólicos ofreciéndole sus volúmenes, y entre los dos vástagos que forman las volutas. Hay un dado que muestra el águila de San Juan. Su ábaco (Molduras que coronan el capitel) se adorna con cabezas nimbadas, provistas de alas, dentro de círculos y haces de triples bojas biseladas al modo visigótico, todo de carácter muy oriental.


Como ya sabemos el fin de las esculturas eran enseñar las Santas Escrituras y la doctrina. Por ello figuran símbolos y alegorías. Se representa el pecado de forma fea y repelente, asociándose a formas de animales o bestias mitológicas. Para todo ello, se inspiraban en el mundo oriental, las miniaturas de los Beatos, los Bestiarios medievales y la Biblia. Lo que veremos son esculturas poco naturalistas pero muy expresivas. Las figuras son rígidas, de tosco modelado, con ausencia de volumen y, con frecuencia, se deforman y adecúan al espacio con el que cuentan. Son estereotipos que parecen repetirse de un templo a otro y que pueden servirnos de pista para acotar la zona de trabajo de diversos talleres o escuelas.


Entre los capiteles de las columnas estructurales hay varias escenas bíblicas como la liberación de San Pedro, la Última Cena o la Parusía con Cristo en Majestad y el Tetramorfo. En general, los capiteles del interior se conservan bien: Oración en el Huerto, santos, águilas, aves entrelazadas, formando un programa simbólico de dibujo claro y composición excepcional.

Cortesía Quique Segura.

Salgamos y fijémonos en la portada, en la última cena simplificada. Es, quizá, la mejor pieza del lugar: a la derecha de Jesús encontramos a San Juan, uno de los apóstoles más queridos, descansando sobre su regazo, y a la izquierda a Judas Iscariote, el discípulo traidor. En el relieve se hace hincapié en su avaricia y maldad, puesto que se le representa intentando robar un pescado, mientras el maestro le da de comer. La escena simboliza el dualismo moral del hombre, algo muy románico, representando en el mismo conjunto vicios y virtudes, pecados y buenas obras, fidelidad y traición. Por cierto, San Juan no está tocado con el nimbo o aureola de Luz Divina.

Pasemos al relieve del león sobre el hombre que obedece al programa iconográfico que identifica a Cristo en su doble naturaleza: Por un lado, en la Santa Cena es víctima de la traición y surgirá como Redentor de los Hombres; y por el otro es el Vencedor de la muerte del pecado y hasta del propio demonio.


Pero todo este simbolismo puede llegar a ser muy lioso. Vamos a detallar y explicar, con unas pinceladas, algunos de los motivos que nos encontraremos en los diversos espacios:

Elementos arquitectónicos:

Rueda de seis radios: símbolo solar que con el número seis presenta los aspectos de la perfección y santidad, porque seis son los días de la creación y las obras de misericordia. Otras interpretaciones lo asocial al dualismo. En esta visión los personajes serían las dos fuerzas enfrentadas de cuya lucha -según el relato babilónico- se originó el mundo. Por otra parte, la disposición de los círculos, los diámetros que se cruzan y las figuras triangulares y hexagonales resultantes, ofrecen una llamativa coincidencia con lo que Platón expone en "Timeo o de la Naturaleza" en el contexto del principio del movimiento ordenado del universo cuando dice: "toda esa composición el Dios la cortó en dos en su sentido longitudinal, y, habiendo cruzado una sobre otra las dos mitades, haciendo coincidir sus puntos medios, como una X, las curvó para unirlas en círculo, uniendo entre sí los extremos de cada una, en el punto opuesto al de su intersección. Los rodeó del movimiento uniforme que gira en el mismo lugar y, de los dos círculos, hizo uno interior y el otro exterior. Destinó el movimiento del círculo exterior a ser el movimiento de la sustancia de lo Mismo; y el del círculo interior a ser el de la sustancia de lo Otro". No olviden que en el siglo XII el "Timeo" es un elemento fundamental en la enseñanza de la filosofía y objeto especial de atención por los intelectuales de la escuela de Chartres.



Entrelazos: motivos musulmanes surgidos por la tendencia a la abstracción del arte oriental.

Elementos naturales:

Árbol: El árbol representa la vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación y regeneración. Como vida inagotable equivale a la inmortalidad. En iconografía cristiana la cruz representa, con frecuencia, al árbol de la vida.
Acanto: se transmite del clasicismo al arte medieval. El arte islámico lo entrecruzó y convirtió en filigrana. La edad media vio en sus hojas y espinas la imagen de la solicitud, atendiendo a las riquezas o de los vicios que conducen al hombre al pecado.

Cortesía de Monestirs.cat

Rama de fresno. Una posible explicación sería a partir de la figura del barquero Caronte y la Eneida donde hay otro pasaje en el que la Sibila le dice a Eneas el tributo que ha de pagar a Proserpina para poder regresar del viaje que quiere realizar al más allá con objeto de rescatar a su padre que ha muerto: "un ramo, cuyas hojas y flexible tallo son de oro, el cual está consagrado a la Juno infernal". El fresno, árbol sagrado en diversas culturas, adquiere en otoño, con las debidas condiciones climáticas un color dorado poco común. Quizá el contenido de este canecillo, contando con el sustrato cultural de las personas de la época que conocían, aunque sólo fuera por trasmisión oral, el relato de Caronte y el tributo a Proserpina, servía al predicador para explicar la doctrina de la Iglesia respecto a la validez de los sufragios y buenas obras ofrecidas por los difuntos; o lo que es lo mismo, para ayudarles desde esta vida a poner fin a su posible tiempo de purificación y acelerar su paso a la gloria del cielo.
Vid: Cristo dice "yo soy la vid, vosotros los sarmientos". En el arte románico el racimo de uvas es símbolo de la eucaristía y para los cristianos será un claro símbolo del reino de los cielos.
Él águila: reina de las aves. Es capaz de mirar al sol (representación de Dios) sin parpadear y cuando es vieja vuela hacia las alturas hasta que su plumaje se quema por el calor del sol. Luego se lanza a un manantial de aguas claras zambulléndose tres veces. Hecho esto él águila queda rejuvenecida (alusión a la resurrección). El texto latino del Physiologus, se dice: "El águila es la reina de las aves (...) Desde lo alto, ve perfectamente cómo nadan los peces en el fondo del mar; se precipita volando desde el cielo, atrapa el pez en movimiento, se lo lleva a la orilla y hace de él lo que le place. (...) El águila representa al Hijo de la Virgen María, que es rey de todo el mundo sin duda alguna, que vive en las alturas y ve muy lejos, y sabe lo que debe hacer. La mar representa este mundo y los peces, las gentes que viven en él; Dios vino a la tierra por nosotros, para conquistar nuestras almas. Vino a nosotros volando, y de semejante manera nos lleva fuera del mundo, como el águila los peces”. El texto tomado del bestiario nos presenta a Cristo como Señor del tiempo. Simbolizado por el águila, dispone el momento en que los hombres (significados en los peces) han de abandonar este mundo (el mar). Hay un águila representada formando una espiral con el cuello. Beigbeder afronta el tema de la espiral afirmando que significa "la relación (de lo sagrado) con el mundo o la creación desde el principio".

(Monestirs.cat)


El ciervo: En la antigüedad el ciervo fue el acompañante de Artemis-Diana... El cristianismo lo asimiló a Cristo, pues en la antigüedad griega significaba la renovación periódica y universal por la renovación periódica de sus astas. Asimismo va presuroso tras las aguas como el alma cristiana buscando a Dios.
El pavo real es un símbolo solar. En Grecia era el ave que acompañaba a Hera, ella colocó en su cola los cien ojos de Argos. Los cristianos le reconocen como signo de la resurrección de Cristo y de la inmortalidad, porque se creía que su carne era incorruptible.
El gallo es el ave anunciadora del sol, que siempre está en estado de alerta. No solo es símbolo del remordimiento de San Pedro (recordemos que esta iglesia está dedicada a San Pedro), sino que representa también a Cristo. Triunfante de las tinieblas. Guarda también relación con el cristiano que espera vigilante la llegada de Cristo (el sol) para iniciar su trabajo y rezar.


Jabalí: era un animal funerario, o una pieza con la que se recreaba a los difuntos gloriosos. En el Románico este animal se identifica con el cerdo. Durante el Renacimiento, al igual que el cerdo, se identificó con la lujuria. Es símbolo de la hipocresía como el zorro, porque como él destruye las viñas del Señor.
El cerdo es el símbolo de los bajos instintos animales, porque no mira nunca al cielo.
La cabra: Posee vinculaciones con el mundo subterráneo (porque se introduce fácilmente en las grutas) y con las alturas (por trepar por las montañas). Cuando se representa a hombres montados a lomos de cabras se hace alusión a los santos.
El lobo puede ser símbolo de la luz debido a que puede ver en la oscuridad, pero también es agresivo, por lo que sus fauces simbolizan la entrada en el mundo de las tinieblas, reino del que se le conoce como guardián. Con frecuencia se le identifica como un animal infernal.


El león: En la portada hay un león que tiene apresado bajo sus patas a un hombre. Podría representar al León de Judá que exalta la naturaleza divina de Jesús y su triunfo sobre la muerte.
Mono: En la tradición cristiana el mono posee valores negativos; encarna todo lo que el hombre tiene de malo (gula, egoísmo). La iconografía cristiana se representa como una contrafigura o caricatura humana.



Pasiones, demonios, mujeres y hombres:

Demonio: Suele representarse con cuernos, garras y facciones bestiales. También se puede identificar con algunos animales como la serpiente, el dragón, la cabra, etc. Muchos escultores románicos lo representan atormentando a las almas de los hombres castigados a vagar por el infierno. 


La lujuria: era interpretada como una mujer, cuyos senos eran mordidos por serpientes o sapos. La imagen de la lujuria es la que mejor representa la idea que se tenía de la mujer en el románico. La mujer lujuriosa aparece con el pelo suelto, como símbolo de seducción, frente al barbuquejo de la casada. Asociadas a la lujuria encontramos escenas de coito. Se suele así condenar el acto sexual propio de los laicos frente a la castidad de los eclesiásticos.


Hombre desnudo, a gatas. Simboliza al hombre en estado de pecado.
Mujer mostrando sus partes genitales. Levanta las piernas agarrándolas por el interior con sus manos. Refleja lujuria. La actitud obscena de esta figura contrasta con la de los canecillos de la nave en los que un hombre y una mujer también muestran sus partes genitales pero lo hacen de un modo pudoroso.


Demonio con cuernos que mantiene entre sus garras un hombre atado por sus pies. Representa al hombre esclavizado por el pecado.
Mujer parturienta: El papel que el clero concede a la mujer en la sociedad Medieval quedaba relegado a la maternidad, de ahí las escenas de partos. Un carácter esencial de la parturienta es el dolor. El Génesis al mencionar el castigo de Eva dice: "con dolor parirás los hijos". Generalmente la causa del parto es la lujuria. Pero –siempre hay un pero- podría interpretarse como una prédica contra el dualismo y el rechazo a la materia. También podría representar el comienzo de la vida sobre todo si lo asociamos con el que tiene un cadáver, final de la vida y paso al más allá.
Cadáver de un hombre. Tiene las manos cruzadas sobre el pecho. El vestido que le cubre tiene forma de pez, con escamas y aletas. Debemos verlo asociado al canecillo que simboliza el paso al más allá figurado en la barca de Caronte y con el águila. El de la posible barca de Caronte es un elemento de forma cilíndrica, adornado en su parte inferior con una circunferencia en bajorrelieve. De la parte superior asoman una cabeza grande y dos más pequeñas.
Adán y Eva se tapan con su mano izquierda las partes genitales al tiempo que la derecha la dirigen a la boca. Es frecuente representarles así expresando de este modo su vergüenza por estar desnudos. La mano que se dirige en unos casos a la boca y en otros a la garganta debe interpretarse como manifestación de la consciencia del mal realizado expresando que comer del fruto prohibido les ha sentado mal. Estos canecillos del ábside están separados por el árbol del bien y del mal y la serpiente. Esta última señala a Eva como responsable.


Mujer con un niño en el regazo. Podríamos interpretarlo como una cálida escena de amor materno filial o como una edificante arma contra el maniqueísmo. Debemos encuadrarlo a su vez entre los diversos canecillos de esta serie que reflejan la actividad del hombre en el tiempo.
Personaje con báculo en forma de T. La tau, última letra del alfabeto hebreo, era significativa de Yahwéh. El bastón en forma de tau aparece en manos de Santiago el Mayor en el parteluz del pórtico de la Gloria o, también, en manos de San José en la portada y hastial de Santo Domingo de Soria. Entendemos que el contexto en que está situado es la imagen del hombre virtuoso que se apoya en Dios.

Cortesía de Monestirs.cat

Hombre y mujer, vestidos, que muestran sus partes genitales. Podemos verles como una muestra lujuriosa o como constancia de la diversidad que Dios Creador quiso y que se refleja en Génesis 1, 27: "a imagen de Dios le creó, los creó varón y hembra".
La cópula. Muy deteriorado. Se trata de una cópula carnal. Obsérvese la posición de los dos pares de pies. Sorprende al visitante ocasional de una iglesia románica encontrarse con estas imágenes. Por otra parte, la situación de este canecillo junto a los que muestran la escena del Paraíso con la presencia de Adán y Eva nos ayudará a verlo como pieza importante del mensaje que presumiblemente nos quiere trasmitir todo el conjunto. Buscaba eliminar la presunción de que el matrimonio era espiritualmente dañino.
El Cantero: tenemos un bello ejemplo de cantero que aparece con la herramienta que le identifica. Es posible que el canecillo que se encuentra a su lado, con la representación de una cabeza, sea un intento de retrato.
La máscara de la tierra o la sirena con cabeza de mujer y cuerpo-alas de ave, debe entenderse hacen referencia a religiones precristianas. La máscara de la tierra, (capitel derecho de la ventana más cercana al ábside del muro norte), expulsa de la boca una doble cinta de tres cuerpos que se va enredando en el propio capitel. Tiene su origen en religiones telúricas. Simboliza la renovación periódica del mundo vegetal y la esperanza de una nueva vida. Se podría decir que los tallos que salen de la boca no son tales, sino que es un único tallo que vuelve a su lugar de origen simbolizando la realidad de la tierra que engendra y, tras la muerte, los recibe de nuevo en su seno.
Personaje con aureola y alas, vestido de túnica y portando una cruz en su mano derecha y un libro en la izquierda. Bueno, con alas hay al menos dos que pueden interpretarse, clásicamente, como ángeles o santos. El concepto de santidad, o la virtud, el pecado, etc. Es práctica muy común en el románico simbolizar conceptos abstractos que dejan abierto un amplio campo a la interpretación. El libro que lleva en la mano, simboliza la Palabra de Dios, luz orientadora que el hombre necesita para vivir santamente la vida temporal.



Manejar estos conceptos básicos del románico (muy básicos) nos sirve para sacar más jugo a cualquier visita a un templo de este periodo artístico. Dicho esto empecemos por las alturas, por la torre campanario que se eleva sobre la cúpula en el primer tramo de la nave. Sus columnas cilíndricas terminan en capiteles que combinan brotes, entrelazos y figuras. Toda ella tiene tejaroz de cabezas de clavo, sostenidas por canecillos de brotes, cordones y cilindros arrollados de sabor mozárabe, y algunas cabezas de animales, más algunos historiados, como el del águila devorando un gran pez.

En cada frente lleva dos grandes arcos de medio punto, donde se abren las troneras, que son geminadas con un óculo en la parte alta y se apoyan en delgadas columnas cilíndricas, terminadas en capiteles de hojas de acanto biseladas o en forma de abanico. Hay capiteles de hojas meramente biseladas, recordando los capiteles de estilo visigótico.

Cortesía de Manueko

Los ocho capiteles pueden leerse –según algunos autores- como la vida del ser humano. Nos centraremos en los dos capiteles orientados al norte. Vemos que el de la izquierda presenta cuatro gallos enfrentados de dos en dos y el de la derecha cuatro lobos.

Bajamos de altura y nos vamos a fijar en algunos capiteles exteriores y dejar los canecillos para el final. Destacamos el que está entre el ábside y el tramo norte del presbiterio. Un hombre mesa su barba con la mano derecha y con la izquierda sujeta un elemento vertical que le supera en altura y que culmina en una forma que se aproxima a la esférica; está tocado con un gorro puntiagudo. En el centro hay un personaje que porta un cuchillo o espada tosca en su mano derecha; con la izquierda sujeta algo que agarra de modo contrario a la posición natural de la mano, cerrando su palma hacia fuera. A su oído izquierdo se aproxima la bocina de un cuerno que está tocando otro individuo situado a su lado, con el torso desnudo; a su izquierda cuelga de la cintura una espada. El elemento vertical citado podría ser un tipo de instrumento musical (llamado por algunos Tirso) que según Beigbeder era un "antiguo instrumento de uso ritual (que) tenía un claro significado de resurrección y de vida después de la muerte, significado que conservará en el arte románico". Aquí podríamos tener simbolizado el vicio en el personaje de nuestra izquierda, que mesa su barba; la virtud en el personaje de nuestra derecha que prudentemente tiene presente la caducidad de la vida representada en el personaje que toca el cuerno. Quizá el cuchillo que lleva en la mano derecha simbolice también la muerte.

Cortesía de TIERRAS DE BURGOS

En cuanto a los capiteles de las columnas exteriores de la cabecera nos encontramos con animales, personajes como músicos, con fíbula y cuerno y una escena en que parece que un sacerdote imparte la Extrema Unción a un moribundo flanqueado por dos leones. También es muy apreciable el que muestra a Dalila cortando el cabello de Sansón dormido.

El ábside tiene el ventanal en el centro que ya observamos desde el interior. Bajo este nivel hay una arquería mural con cinco arcos baquetonados sobre columnas (capiteles vegetales) que también se prolonga en el presbiterio.

En tres de los canecillos del muro sur se representa a Adán y Eva a ambos lados del Árbol del Bien y del Mal. Si se pasean en torno a este templo podrán ver a Santiago acompañando a un romero con bordón; a los apóstoles San Juan, San Felipe, San Judas y Santiago el Menor; o un capitel grande, correspondiente a la columna cilíndrica en que termina el estribo, donde está esculpido un busto humano y dos leones sobre la presa.

Cortesía de TIERRAS DE BURGOS

Pásense por el lugar y disfruten de estos y otros canecillos y capiteles que nos relatan la historia sagrada, la profana y la humana.


Bibliografía:

“Estudio arqueológico del Desfiladero de La Horadada: La transición entre la tardorromanidad y la Alta Edad Media (ss.V-X d.n.e.). Por José Ángel Lecanda.
Periódico “El Coreo de Burgos”.
“Iglesia de San Pedro de Tejada. Un informe y una resolución” Marceliano Santa María.
“Aula activa de la naturaleza de Soncillo” Pedro J. Mediavilla Pereda y Joaquín García Andrés.
“Apuntes sobre la historia de las antiguas merindades de Castilla” por Julián García Sainz de Baranda.
“El obispado de Burgos y la Castilla primitiva desde el siglo V al XIII” Luciano Serrano (abad de Silos).
“Apuntes descriptivos históricos y arqueológicos de la Merindad del Valle de Valdivielso” Luciano Huidobro Serna y Julián García Sainz de Baranda.
“Apuntes históricos sobre la ciudad de Medina de Pomar” por Julián García Sainz de Baranda.
“Las Merindades de Burgos: un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media”. María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
“Abadalogio del imperial monasterio de Santa María de Obarenes (s. XII-XIX)” Ernesto Pascual Zaragoza.
“El arte visigótico de la Reconquista en Castilla” por Luciano Huidobro Serna.
“San Pedro Tejada” Teófilo López Mata.
“Arte románico en San Pedro de Tejada, una interpretación”. José Manuel Elespe Esparta.
“San Pedro de Tejada” del Proyecto Aldaba.
"San pedro de Tejada y su retablo" Joaquín de la Iglesia Alonso de Armiño.
Revista Atticus.

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