Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 25 de noviembre de 2018

El cura Merino no olvidará Incinillas.


Espartero, el Príncipe de Vergara (igual que la estación de metro madrileña), se enfrentó no solo a los carlistas vascongados sino también a los carlistas que campaban por el norte de Castilla. En este caso el famoso cura Merino. Antes de que el brigadier Castañeda nos dicte su informe sobre el combate de Incinillas –o Encinillas- debemos de explicar la evolución de las tropas de ambos contendientes durante los meses de octubre y noviembre de 1838 para saber cómo se llega al 22 de noviembre.


Una vez que Jerónimo Merino empieza a cabalgar por los montes vizcaínos no para hasta presentarse ante Carlos V (número no legítimamente asignado) que se encontraba en Valmaseda. Aprovecha su estancia junto a su rey para empezar a uniformar a sus soldados. Lo continúa haciendo en Durango. Allí se une al ejército de Maroto junto al que parte hacia Navarra. A mediados de ese mes de octubre se encontraba en la Solana (Teruel).

El futuro regente controlará a Merino cuando se mueva desde Aragón hacia la sierra de Burgos. Espartero dedujo que Carlos V pretendía infiltrarse en Castilla la Vieja. Para evitarlo destacó dos brigadas con caballería de su ejército sobre Burgos y Soria al mando del brigadier Andrés Parra y del coronel Cayetano García Olloqui. Estas se encontraron con la columna de la sierra al mando del coronel graduado Gaspar Antonio Rodríguez y, juntas, empujaron a la columna de Merino de vuelta a territorio netamente carlista.

Jerónimo Merino Cob.

También se habían replegado de Castilla los carlistas Balmaseda y Carrión afectando esto a las poblaciones liberales que resistían en las provincias forales y a poblaciones de Las Merindades que padecían el frente de guerra. Era el caso de Villanueva de Mena. Pero la estrategia carlista nunca fue lanzar ataques con gruesos ejércitos para desbordar sus límites. Por sus características optaba por columnas que avanzaban subrepticiamente hasta dentro del territorio liberal donde, ciertamente, había muchos partidarios de Carlos. Reequipaban las columnas y las lanzaban de nuevo.

Jerónimo Merino se introdujo nuevamente el 25 de octubre de 1838 en zona isabelina desde la Navarra controlada por ellos, a la altura de Calahorra, siendo perseguida por el brigadier Isidoro de Hoyos con dos batallones del regimiento de infantería del Príncipe, mandados por el coronel Cayetano García Olloqui, y un escuadrón del regimiento caballería de Borbón.


El cura carlista disponía, por su parte, de tres batallones, 211 caballos y media batería de montaña. No era él solo sino que se había diseñado una operación de complemento con Balmaseda que debía haber entrado por los vados entre Espejo y Miranda para coincidir por Burgos con el cura Merino. La noche del 25 de octubre de 1838 se evitó este segundo avance al saber que Espartero estaba cerca. Este, el liberal, mantuvo un seguimiento paralelo a Balmaseda impidiéndole unirse a Merino.

A su vez, Maroto no bajaba la presión sobre la población de Valmaseda escudado en 14 batallones carlistas anunciando el ataque a Villanueva. Castor Andéchaga se adelantaba sobre Santander fortificando, en el valle de Soba, la torre de Quintana y el puente de Udalla.

Torre de Quintana de Soba

Ante esa información el Príncipe de Vergara dejó al teniente general Felipe Ribero y Lemoine sobre Villarcayo con los seis batallones de la Guardia Real de infantería para contener las unidades de Maroto. Para frenar a Andéchaga fueron dispuestas las tropas comandadas por el brigadier Castañeda. Y entre Oña y Pancorbo el mariscal de campo Francisco Puig Saraper, con el doble objeto de reforzar a Ribero y de proteger los pasos del Ebro. Espartero, con los seis batallones que le restaban, seguía los movimientos de la expedición de Balmaseda.

Cástor pierde ante Castañeda que toma el puente de Udalla y la torre de Quintana. Esto liberó a las fuerzas isabelinas para reforzar la protección de Villanueva de Mena y, como si de un dominó fuese, forzó a Maroto a desistir. El carlista se replegará sobre Navarra con las fuerzas que había reunido.

Felipe Ribero y Lemoine

Merino se quedó solo. El brigadier Isidro de Hoyos lo alcanzó el 29 de octubre en Vilviestre del Pinar (cercano a Salas de los Infantes). Para salvar los muebles el cura mandó dispersar su gente para lo que fue favorecido por una densa niebla. Esto impidió su total derrota. Parece que perdió dos cureñas de cañón de montaña, una carga de balas, algunas granadas, lanzas y documentación. De Hoyos capturó a varios carlistas y logró rescatar a algunos paisanos de tierra de Cameros que llevaban como rehenes. Otras fuentes fijan la fecha de esta –u otra escaramuza- el día dos de noviembre.

Siguiendo con esa fecha, nos dicen que Merino pernoctó en Palenzuela con toda su fuerza, y al día siguiente atravesó el camino real que, desde Burgos, se dirige a Valladolid. A las cuatro de la tarde se presenta en Castrojeriz donde obtienen 10.000 reales. Al amanecer parte para Melgar de Fernamental. Estuvo allí de nueve de la mañana a seis de la tarde. Coge 8.000 reales, 30 carros, todos los mozos, y al alcalde constitucional y sale hacia Osorno (Palencia). El cinco de noviembre asalta Villegas donde coge todos los mozos, las caballerías mayores y unas cuantas yuntas de bueyes.

Vilviestre del Pinar

Jerónimo entra el 6 de noviembre en Herrera de Pisuerga. El 10 estaba en San Juan de Ortega con una merma notable de fuerza y tropas cansadas. Se interna, nuevamente, en los Pinares de Soria recorriendo los pueblos de Cobaleda, Duruelo y otros limítrofes.

Y en toda esta aventura fue seguido, o casi, por las tropas del brigadier de Hoyos y del coronel Rodríguez. Pero a distancia. Largas distancias. Claro que también Merino tenía miedo a que le embolsaran y sopesó marchar a las provincias dominadas por los partidarios de Carlos. ¡Vuelta a moverse!

Isidoro de Hoyos y Rubín de celis

El 19 por la noche atravesó la carretera de Vitoria y por la mañana pasaba por Robledo con unos 400 hombres de todas armas; el 21 llega a La Virga con el objeto de salir de Castilla por Cabañas de Virtus, San Pedro del Romeral y el Puerto de la Sía. Imposible: los liberales tenían tomado el puente de Cidad de Ebro y otros varios, hallándose una columna en Espinosa de los Monteros. Además, recordemos que el general Rivero se hallaba acuartelado en Villarcayo.

Aunque las comunicaciones no eran lo que son ahora, el brigadier Castañeda es informado e informa a Espartero del fin de esta aventura:

“Merino con los restos de su llamada división, se dirigió en la noche de ayer (22 de noviembre de 1838) hacia esta línea, con el objeto de penetrar en las provincias Vascongadas. Persuadido yo de que este sería su intento, tenia de antemano establecidas convenientemente las tropas que V. E. (Espartero) se ha dignado confiarme, cubriendo con ellas esta extensa línea, en que no hay otra barrera que los pechos de los soldados.

Desde luego me incliné á juzgar que el rebelde cura escogería para su paso el terreno que media entre Encinillas y Villalaín huyendo del grueso de mis fuerzas establecidas en el valle de Montija y Espinosa de los Monteros, con el doble objeto de impedir el tránsito al enemigo por aquella parte, y observar a las brigadas de Castor y Goñi que era probable avanzasen para protegerla.

Ramón Castañeda Fernández.

Con cinco compañías del regimiento provincial de Logroño a las órdenes del coronel D. José Cueto, 50 hombres del provincial de Betanzos a las del capitán D. Juan Antonio Castro, cuatro mitades de caballería del primero ligero a las del teniente coronel D. José de Castro ocupé la línea desde Villarcayo a Encinillas, a la que me dirigí acompañándome también el alcalde constitucional del expresado Villarcayo D. Víctor Rofo (¿Rojo?) y 12 Nacionales del mismo. A las dos de la madrugada del referido día de ayer (22 de noviembre) los rebeldes se aproximaron a los puestos avanzados de las compañías de Logroño establecidas en Encinillas, llegaron muy inmediatos hasta sufrir una descarga a quema ropa , que les obligó a retroceder, no pudiendo hacerse otra cosa hasta esperar el día. En el momento que empezaron los crepúsculos dispuse la formación de diferentes columnas que recorriesen el terreno, quedando yo en el costado izquierdo de esta línea, y mandando a encargarse del derecho al coronel jefe del estado mayor D. Vicente María de Reinoso: reconocidos los bosques y barrancos se consiguió hacer prisioneros toda la infantería que llevaba Merino, entre los cuales se cuenta un jefe, seis oficiales, un capellán y sobre 70 hombres de tropa, de los que tengo reunidos ya en Villarcayo la mayor parte, y cuyos nombres, clases y cuerpos son los que expresa la adjunta relación. (No la adjuntamos)

También han parecido algunos facciosos ahogados en el Ebro, y se han recogido 80 fusiles y otros despojos. Merino, dejando comprometida su infantería, con la caballería (que la mayor parte se compone de curas y frailes) dio un gran rodeo aprovechando lo que quedaba de noche, y pasando los ríos Trueba y Nela, consiguió penetrar en el valle de Soba y seguir a Orduña”. Otras fuentes publicadas hablan del valle de Sosa con lo cual podríamos llegar a pensar que fuese el de Losa que es un acceso más rápido y abierto hacia Orduña. Resulta también anómalo con la idea principal lo publicado por “El eco del comercio” al decirnos que: “Por carta particular de Poza del 23 acabo de saber que Merino entró en Masa con 90 caballos y 50 infantes. Pasó el Ebro por cerca de Encinillas y fue a parar a Criales, pueblo de la Tovalina”.

Vista aérea de la disposición de los contendientes (Google)

Volviendo al relato del brigadier Castañeda: “Siento, Excmo. Sr., no poder ofrecer a V. E. mayores resultados de esta jornada; pero V. E. que conoce esta línea, en que no hay pasos precisos sino un espacio de nueve leguas que por todas partes se puede franquear, estará convencido que para oponerse a la entrada y salida en las provincias Vascongadas de expediciones facciosas, es necesario adivinar el punto por donde intentan ejecutarlo, y siempre conservar reunida una fuerza capaz de imponer a los rebeldes si cargasen en número a favorecer el paso”.

El día 22 de noviembre de 1838, por la mañana, Merino cruzó por la zona de Medina de Pomar con unos 60 caballos en mal estado. El 22 – continuaba publicando el periódico “El Castellano”- que “en Aranda entraron el 22 treinta facciosos dispersos de la de Merino, y también los padres y parientes de algunos que están en la facción. A lodos los conducía la guarnición de .Aranda. En Encinillas cogió el 22 una partida nuestra a otros 28 facciosos”.

Retomemos el relato de Castañeda: “Cuando en mi comunicación fecha de ayer tuve el honor de dar cuenta a V. E. de las ventajas que obtuve en la madrugada del 25 último contra la facción del rebelde Merino, manifestaba a V. E. que esperaba seria mayor el número de prisioneros que el expresado. Efectivamente, hay que agregar a aquel número los 50, cuya relación nominal acompañó (Nosotros no), habiéndose recogido también 48 fusiles más. De la infantería que seguía al rebelde cura solo ha escapado un oficial y tres gastadores.”

"A cargar" obra de Augusto Ferrer Dalmau.

Podríamos decir que el resultado de esta aventura no afectó en demasía a Jerónimo Merino con relación a la confianza que le otorgaba Carlos V puesto que le seguimos teniendo como cortesano con acceso al pretendiente y posibilidad de apear el trato al llamado rey.


Bibliografía:

Gaceta de Madrid.
Periódico “El correo nacional”.
Periódico “El Castellano”.
Periódico “El eco del comercio”.
“Galería Militar Contemporánea. Historia de la Guerra Civil en el Norte y Cataluña”.
“Vida militar y política de Espartero”.
www.Mcnbiografias. Com
Asociación española de amigos de los castillos.


Anejos:

Relación de prisioneros en la acción de Incinillas: Un jefe, cuatro subalternos, un capellán, tres sargentos primeros, dos segundos y 44 cabos y soldados. Segunda relación de los que, además de los incluidos en la primera, fecha 22 de noviembre, se capturaron a la referida facción de Merino: Dos sargentos primeros y 2 8 cabos y soldados.

Ramón Castañeda Fernández. Militar y político español nacido en Torrelavega (Santander) el 13 de abril de 1792 y muerto en la misma ciudad el 11 de marzo de 1872. Hijo de Francisco de Castañeda y Cornejo y de Ana María Fernández Palazuelos, cadete el 28 de mayo de 1808, tomó parte en la Guerra de la Independencia, logrando ser ascendido a teniente por la Junta de Armamento tras la acción de Torrelavega el 16 de agosto de 1808, aunque hasta 1812 no obtuvo el Real despacho. Entre 1808 y 1810 luchó a las órdenes de Porlier, interviniendo en numerosas operaciones militares. Al final de la guerra se encontraba sirviendo en el ejército de operaciones del Levante y Sur de la península. Con la vuelta al absolutismo se mantiene fiel a sus convicciones liberales. A consecuencia de la restauración del sistema liberal en 1820 se integró en la Sociedad Patriótica de Santander, ya en calidad de capitán. Gobernador del castillo de Maella, entre 1822 y el 19 de marzo de 1823, fecha en que pasó a Burgos, y de aquí a Madrid, conduciendo un convoy. Siguió después persiguiendo facciosos hasta fines de mayo: entonces pasó a Guadalajara a formar un cuerpo de voluntarios, volviendo en junio a su regimiento, con el que pasó a Alicante, y después a Almería: el 29 de junio de 1823 su regimiento se pasó al enemigo, siendo arrestado por sus compañeros, al no querer seguir su ejemplo. El 2 de enero de 1824 quedó indefinido e impurificado. En 1833, tras la muerte de Fernando VII, defendió la causa isabelina. En aquel año fue nombrado ayudante de campo del comandante general de la provincia de Santander. Capitán del regimiento provincial de Burgos, retirado, el 6 de mayo de 1834, capitán del regimiento de Milicias provinciales de Logroño, coronel del de Segovia, 20 de septiembre de 1834. Coronel graduado, 10 de marzo, efectivo, 11 de abril, brigadier, el 27 de junio de 1836. Durante la primera guerra carlista compartió su actividad militar con la política. Así, en las elecciones generales del otoño de 1837, fue presentado dentro de la candidatura progresista de Santander. Recibe la laureada de San Fernando por su actuación en el sitio de Bilbao, conde de Udalla tras la batalla del puente de igual nombre en 1838. Mariscal de campo, 29 de enero de 1839. Comandante general de la División expedicionaria del Norte, 1840. En febrero de 1841 logró ser elegido senador por Teruel, dentro de una lista del "Progreso legal", de significación esparterista. Gran cruz de San Hermenegildo, 6 de abril de 1841, comandante general de Vizcaya, 1842, gobernador y capitán general de Burgos, 5 de abril de 1843, senador por Santander, 17 de abril de 1843. De cuartel en Torrelavega, 15 de septiembre de 1843. Capitán general de Burgos, por nombramiento de la Junta, 1 de agosto de 1854, refrendado el 11. Teniente general, el 1 de septiembre de 1854. Capitán general de Extremadura, de cuartel en Torrelavega, el 5 de mayo de 1855. Senador, el 18 de octubre de 1861. El 1 de agosto de 1867 Juan Prim le nombra general en jefe de todas las fuerzas revolucionarias de Castilla la Vieja y presidente de todas las Juntas que puedan crearse. De cuartel en Reinosa, 1869. Murió después de una "prolongada y general inercia senil". Sus papeles han quedado incorporados en 1991 en el Archivo Municipal de Torrelavega.



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