Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 27 de octubre de 2024

¿Quedó algo atrás cuando vaciaron el cementerio de Villarcayo?

 
En breve saldrán a la calle duendes, brujas, trasgos, criminales de película y demás pesadillas de la mente humana para deleite de niños y adultos que, en este remedo de carnavales, exorcizarán sus miedos ante lo inevitable. Quizá por eso evitamos mirar al otro lado de la tapia del cementerio y colocamos todo lo asociado con la parca lejos del mundo de los vivos. Quizá por eso, cuando los de este lado acercamos nuestra vida cerca de donde descansan aquellos que nos precedieron, los expulsamos. Como en Villarcayo.

Cementerio de Villarcayo (1956)
 
Para el difunto Manuel López Rojo los enterramientos en el cementerio de San Roque de Villarcayo -actual parquecillo de San Roque- comenzaron iniciado el siglo XIX fruto de las nuevas normas higienistas que obligaban a enterrar fuera de las iglesias y lejos del casco urbano. Es posible que las familias que disponían de sepulturas dotadas junto a los altares de la iglesia de Santa Marina siguiesen enterrando a sus difuntos dentro de la Iglesia pero…

 
En 1851 decía Julián Sobrado que “visto el mal estado del actual camposanto y la distancia que se halla de la Iglesia teniendo que atravesar los cadáveres por toda la plaza se piense en construir otro nuevo”. ¿Dónde estaba ese cementerio tan céntrico? ¿Era el mismo de San Roque, pero en mal estado? Nombraron una comisión especial presidida por Clemente Linares para resolver el asunto. En 1871 se construyó la fachada y cerca del cementerio de San Roque junto a la ermita de su nombre. En 1884 también tuvo arreglos. Con fecha de 22 de octubre de 1899 se redacta un Reglamento sobre el Cementerio Católico, “situado en San Roque en terrenos propios de la villa, hecho con las limosnas de sus habitantes y con los fondos de la Parroquia de Santa Marina, habiendo sido ensanchado y mejorado con fondos exclusivamente municipales por cuya razón el Ayuntamiento se reserva la administración, cuidado y dirección del referido lugar sin perjuicio del respeto debido a la jurisdicción y derecho de la Iglesia Católica. El Cementerio Civil se regirá por las mismas normas que el católico”. Nunca hubo otro cementerio. Miento, lo hubo: otro religioso. Y, puntualizo, en algún momento tuvimos un muro que separaba el cementerio civil y el religioso.

Cementerio de Villarcayo (1973-1980)
 
Los Panteones en el Cementerio de San Roque se construyeron a partir de 1903 cuando nos consta el reparto municipal de las parcelas funerarias. Fue el 31 de mayo de 1903 y "la Corporación en virtud de las prescripciones contenidas en el Reglamento aprobado para la Administración, cuidado y conservación del referido Cementerio" determinó por unanimidad conceder en propiedad a los señores que citaremos a continuación los metros cuadrados de terreno del cementerio municipal destinada a panteones o sepulturas denominadas de primera clase solicitados: Eustasio Fernández Villarán, Toribia García Zorrilla, Tomás Gallo Saravia, Eusebio Gómez Marañón, Isidro Merino Saravia, Manuel Gómez Díaz, José Peña Martínez, Antonio Gómez Aragón, Prudencia Ruiz de la Peña, Vicenta García Cañedo, Josefa Ruiz-Capillas, Eugenio María Guinea, Petra Díaz Saravia, Francisco de Pereda Cañedo, Avelino Alonso de Porres, Andrés Garmendia Rámila, Guadalupe Fernández Incinillas, Epifanio Peña Saravia, Eleuterio Linares Incinillas, Benita Boezo Gómez y Joaquín Fernández Villarán. Todos eran vecinos de Villarcayo. No les concedieron metros para un panteón a Ignacio Brizuela Gutiérrez que era vecino de Villacomparada de Rueda; a Dámaso Bustillo Acha que lo era de Polan de Toledo; ni a Rodrigo Arquiaga García que era vecino de Burgos. ¿Sería este uno de “los Arquiaga”?

Cementerio viejo de Villarcayo (2005)
 
En 1919 los peritos de sanidad aconsejaron que se suprimiese la costumbre villarcayesa de llevar sus cadáveres a la puerta de la Iglesia y pedían que se trasladasen directamente al cementerio.

 
No hubo problemas para sepultar, durante la guerra de 1936 a 1939, a varios soldados italianos del “Cuerpo de Tropas Voluntarias” que lucharon en el lado franquista y que serían de los primeros en abandonar este emplazamiento funerario. ¿Quedó algo de ellas tras su partida? ¿Se filtró su esencia en aquellos metros que los acogieron? ¿Formaron junto a sus compañeros que hacían guardia sobre los luceros, impasible el ademán como canta el “Cara al sol”? ¿Siguen formando en este parque de Villarcayo?

Tumbas de los soldados italianos en Villarcayo
 
Con los años el pueblo se fue acercando a su cementerio. No me refiero a un aumento de las visitas sino a un acorralamiento físico. Las casas construidas en las fincas adyacentes, la ambulancia de la Cruz roja y la Residencia Nuestra Señora de los Ángeles cercaron el camposanto del pueblo. El problema no era que los vecinos tuviesen malas vistas desde sus ventanas o que el valor de sus pisos se viese perjudicado. Al fin y al cabo, era un lugar luminoso y con unos vecinos nada ruidosos. ¡Algún fuego fatuo, si eso! ¿Miedo a una invasión zombi? Tampoco. El problema era que, desde ese momento, resultaba imposible su ampliación. Claro que, por otro lado, facilitaba acercarse al cementerio para enfrentarse a miedos adolescentes o hacer el Halloween. (Ahora que lo pienso: este festival carnavalesco no se celebraba entonces).

 
De todas formas, este cementerio se encontraba lleno o a punto de llenarse -con lo que conlleva esto- y obligó al ayuntamiento a solucionar el problema. La nueva necrópolis estaba alejada del centro del pueblo, camino de Medina de Pomar, en la finca “Los Oteros”, propiedad del Ayuntamiento. Quizá demasiado alejada para una visita cómoda a los finados. Sobre todo, en invierno. ¡No se puede tener todo!

Cementerio viejo de Villarcayo (2009)
 
Las obras duraron dos años, pero a trompicones. En varias fases. Los arquitectos del proyecto fueron César Gutiérrez de la Torre y Víctor Manuel Rubio. La dirección fue llevada por el Ayuntamiento con el constructor Antonio Hernández. Cómo el viejo camposanto, este tiene una forma rectangular, de 53x113 metros, ocupando una superficie de unos 6.000 metros cuadrados. Frente a este lejano cementerio hay un aparcamiento. Su capacidad es de 540 nichos y 300 sepulturas en dos terrazas que corrigen la pendiente del terreno. En la inferior se sitúa la zona de nichos y en la de arriba los servicios generales y la zona de fosas. Ambas terrazas poseen jardines para cipreses. Personalmente me parecen más bucólicos los camposantos de piedra. 

 
El nuevo se inauguró el viernes uno de febrero de 1991 a la una del mediodía cortando la cinta el alcalde de ese momento, Roberto Varona Ordoño, con algunos concejales y, por supuesto, el imprescindible sacerdote. Muy imprescindible en este caso, diríamos. Y este dijo: “Movidos por la piedad cristiana, hemos venido para bendecir este cementerio, en el cual reposarán los cuerpos de nuestros hermanos, hasta que resplandezca el día del retorno glorioso del Señor. Desde este lugar de dormición, preparado para nuestros hermanos difuntos, levantemos la mirada hacia la ciudad celestial y contemplemos allí a Cristo, muerto y resucitado por nosotros, para que él nos acoja bondadoso cuando resucitemos, ya que nos encarga que estemos ahora en vela aguardándolo”.

 
Atentos al párrafo que merecería unos leves comentarios. Fíjense que dice que reposarán los cuerpos de “otros” hasta la resurrección. Dice que es un lugar de dormir cual hotel de carretera… pero duermen esos “otros” hermanos. Esta tendencia lo corrige cuando habla de que todos veremos la Jerusalén celestial y que todos resucitaremos. ¡Maneras de alagar a su público!

Cementerio nuevo de Villarcayo
 
En la ceremonia hubo la típica caja del tiempo con una copia del proyecto, autorización de la Junta de Castilla y León, periódicos del día, una colección de monedas de peseta y el acta de apertura. Lo dejaron enterrado en un monolito de piedra caliza de Sepúlveda con su placa conmemorativa.
 
Me dirán que el nuevo tendría muchas de sus plazas ya ocupadas por la reubicación de los “inquilinos desahuciados” pero no fue así. Permanecieron en sus “domicilios” porque el cementerio de San Roque seguía teniendo la consideración jurídica de eso, de cementerio. Aunque sin nuevos vecinos. Con el tiempo fueron reubicados los antiguos residentes -¿qué harían con los restos del osario?- y se creó el parquecito hacia el 2010. ¿Quedó algo de la esencia de los allí enterrados en el nuevo parquecito? ¿Han sentido algo cuando se acomodan allí al fresco? ¡¿He dicho fresco?! ¿Han sentido un frío extraño mientras paseaban por sus caminos? ¿Se sentían observados o era sólo la desazón de saberse en un antiguo cementerio? ¿De verdad se trasladó “todo”? ¡Anda que si estamos ante la trama de la película “Poltergeist”!

Cementerio viejo de Villarcayo (2011)
 
Y no olviden que en Villarcayo existe otro cementerio. En el año de 1974, se pide permiso para la instalación de un cementerio particular en el Monasterio Ciscerciense de Santa Ma la Real de Vileña. Hoy es un monasterio cerrado. Como su camposanto.
 
Tengan cuidado la Noche de todos los Santos, Samain o Halloween. Ya saben a qué se juega.
 
 
 
Bibliografía:
 
“Villarcayo. Capital de la comarca Merindades”. Manuel López Rojo.
Periódico “Diario de Burgos”.
Fototeca Digital de España.
Google.
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, tenga usted buena educación. Los comentarios irrespetuosos o insultantes serán eliminados.