En
breve saldrán a la calle duendes, brujas, trasgos, criminales de película y
demás pesadillas de la mente humana para deleite de niños y adultos que, en
este remedo de carnavales, exorcizarán sus miedos ante lo inevitable. Quizá por
eso evitamos mirar al otro lado de la tapia del cementerio y colocamos todo lo
asociado con la parca lejos del mundo de los vivos. Quizá por eso, cuando los
de este lado acercamos nuestra vida cerca de donde descansan aquellos que nos
precedieron, los expulsamos. Como en Villarcayo.
Cementerio de Villarcayo (1956)
Para
el difunto Manuel López Rojo los enterramientos en el cementerio de San Roque
de Villarcayo -actual parquecillo de San Roque- comenzaron iniciado el siglo
XIX fruto de las nuevas normas higienistas que obligaban a enterrar fuera de
las iglesias y lejos del casco urbano. Es posible que las familias que
disponían de sepulturas dotadas junto a los altares de la iglesia de Santa
Marina siguiesen enterrando a sus difuntos dentro de la Iglesia pero…
En
1851 decía Julián Sobrado que “visto el mal estado del actual camposanto y
la distancia que se halla de la Iglesia teniendo que atravesar los cadáveres
por toda la plaza se piense en construir otro nuevo”. ¿Dónde estaba ese
cementerio tan céntrico? ¿Era el mismo de San Roque, pero en mal estado? Nombraron
una comisión especial presidida por Clemente Linares para resolver el asunto.
En 1871 se construyó la fachada y cerca del cementerio de San Roque junto a la
ermita de su nombre. En 1884 también tuvo arreglos. Con fecha de 22 de octubre
de 1899 se redacta un Reglamento sobre el Cementerio Católico, “situado en
San Roque en terrenos propios de la villa, hecho con las limosnas de sus
habitantes y con los fondos de la Parroquia de Santa Marina, habiendo sido
ensanchado y mejorado con fondos exclusivamente municipales por cuya razón el
Ayuntamiento se reserva la administración, cuidado y dirección del referido
lugar sin perjuicio del respeto debido a la jurisdicción y derecho de la
Iglesia Católica. El Cementerio Civil se regirá por las mismas normas que el católico”.
Nunca hubo otro cementerio. Miento, lo hubo: otro religioso. Y, puntualizo, en algún momento tuvimos un muro que separaba el cementerio civil y el religioso.
Cementerio de Villarcayo (1973-1980)
Los
Panteones en el Cementerio de San Roque se construyeron a partir de 1903 cuando
nos consta el reparto municipal de las parcelas funerarias. Fue el 31 de mayo
de 1903 y "la Corporación en virtud de las prescripciones contenidas en
el Reglamento aprobado para la Administración, cuidado y conservación del
referido Cementerio" determinó por unanimidad conceder en propiedad a
los señores que citaremos a continuación los metros cuadrados de terreno del
cementerio municipal destinada a panteones o sepulturas denominadas de primera
clase solicitados: Eustasio Fernández Villarán, Toribia García Zorrilla, Tomás
Gallo Saravia, Eusebio Gómez Marañón, Isidro Merino Saravia, Manuel Gómez Díaz,
José Peña Martínez, Antonio Gómez Aragón, Prudencia Ruiz de la Peña, Vicenta
García Cañedo, Josefa Ruiz-Capillas, Eugenio María Guinea, Petra Díaz Saravia,
Francisco de Pereda Cañedo, Avelino Alonso de Porres, Andrés Garmendia Rámila,
Guadalupe Fernández Incinillas, Epifanio Peña Saravia, Eleuterio Linares
Incinillas, Benita Boezo Gómez y Joaquín Fernández Villarán. Todos eran vecinos
de Villarcayo. No les concedieron metros para un panteón a Ignacio Brizuela
Gutiérrez que era vecino de Villacomparada de Rueda; a Dámaso Bustillo Acha que
lo era de Polan de Toledo; ni a Rodrigo Arquiaga García que era vecino de
Burgos. ¿Sería este uno de “los Arquiaga”?
Cementerio viejo de Villarcayo (2005)
En
1919 los peritos de sanidad aconsejaron que se suprimiese la costumbre villarcayesa
de llevar sus cadáveres a la puerta de la Iglesia y pedían que se trasladasen
directamente al cementerio.
No
hubo problemas para sepultar, durante la guerra de 1936 a 1939, a varios
soldados italianos del “Cuerpo de Tropas Voluntarias” que lucharon en el lado
franquista y que serían de los primeros en abandonar este emplazamiento
funerario. ¿Quedó algo de ellas tras su partida? ¿Se filtró su esencia en aquellos
metros que los acogieron? ¿Formaron junto a sus compañeros que hacían guardia
sobre los luceros, impasible el ademán como canta el “Cara al sol”? ¿Siguen
formando en este parque de Villarcayo?
Tumbas de los soldados italianos en Villarcayo
Con
los años el pueblo se fue acercando a su cementerio. No me refiero a un aumento
de las visitas sino a un acorralamiento físico. Las casas construidas en las
fincas adyacentes, la ambulancia de la Cruz roja y la Residencia Nuestra Señora
de los Ángeles cercaron el camposanto del pueblo. El problema no era que los
vecinos tuviesen malas vistas desde sus ventanas o que el valor de sus pisos se
viese perjudicado. Al fin y al cabo, era un lugar luminoso y con unos vecinos
nada ruidosos. ¡Algún fuego fatuo, si eso! ¿Miedo a una invasión zombi? Tampoco.
El problema era que, desde ese momento, resultaba imposible su ampliación.
Claro que, por otro lado, facilitaba acercarse al cementerio para enfrentarse a
miedos adolescentes o hacer el Halloween. (Ahora que lo pienso: este festival
carnavalesco no se celebraba entonces).
De
todas formas, este cementerio se encontraba lleno o a punto de llenarse -con lo
que conlleva esto- y obligó al ayuntamiento a solucionar el problema. La nueva necrópolis
estaba alejada del centro del pueblo, camino de Medina de Pomar, en la finca “Los
Oteros”, propiedad del Ayuntamiento. Quizá demasiado alejada para una visita
cómoda a los finados. Sobre todo, en invierno. ¡No se puede tener todo!
Cementerio viejo de Villarcayo (2009)
Las
obras duraron dos años, pero a trompicones. En varias fases. Los arquitectos
del proyecto fueron César Gutiérrez de la Torre y Víctor Manuel Rubio. La dirección
fue llevada por el Ayuntamiento con el constructor Antonio Hernández. Cómo el
viejo camposanto, este tiene una forma rectangular, de 53x113 metros, ocupando
una superficie de unos 6.000 metros cuadrados. Frente a este lejano cementerio
hay un aparcamiento. Su capacidad es de 540 nichos y 300 sepulturas en dos
terrazas que corrigen la pendiente del terreno. En la inferior se sitúa la zona
de nichos y en la de arriba los servicios generales y la zona de fosas. Ambas
terrazas poseen jardines para cipreses. Personalmente
me parecen más bucólicos los camposantos de piedra.
El
nuevo se inauguró el viernes uno de febrero de 1991 a la una del mediodía cortando
la cinta el alcalde de ese momento, Roberto Varona Ordoño, con algunos
concejales y, por supuesto, el imprescindible sacerdote. Muy imprescindible en
este caso, diríamos. Y este dijo: “Movidos por la piedad cristiana, hemos
venido para bendecir este cementerio, en el cual reposarán los cuerpos de nuestros
hermanos, hasta que resplandezca el día del retorno glorioso del Señor. Desde
este lugar de dormición, preparado para nuestros hermanos difuntos, levantemos
la mirada hacia la ciudad celestial y contemplemos allí a Cristo, muerto y
resucitado por nosotros, para que él nos acoja bondadoso cuando resucitemos, ya
que nos encarga que estemos ahora en vela aguardándolo”.
Atentos
al párrafo que merecería unos leves comentarios. Fíjense que dice que reposarán
los cuerpos de “otros” hasta la resurrección. Dice que es un lugar de dormir
cual hotel de carretera… pero duermen esos “otros” hermanos. Esta tendencia lo
corrige cuando habla de que todos veremos la Jerusalén celestial y que todos resucitaremos.
¡Maneras de alagar a su público!
Cementerio nuevo de Villarcayo
En
la ceremonia hubo la típica caja del tiempo con una copia del proyecto,
autorización de la Junta de Castilla y León, periódicos del día, una colección
de monedas de peseta y el acta de apertura. Lo dejaron enterrado en un monolito
de piedra caliza de Sepúlveda con su placa conmemorativa.
Me
dirán que el nuevo tendría muchas de sus plazas ya ocupadas por la reubicación de
los “inquilinos desahuciados” pero no fue así. Permanecieron en sus “domicilios”
porque el cementerio de San Roque seguía teniendo la consideración jurídica de
eso, de cementerio. Aunque sin nuevos vecinos. Con el tiempo fueron reubicados
los antiguos residentes -¿qué harían con los restos del osario?- y se creó el
parquecito hacia el 2010. ¿Quedó algo de la esencia de los allí enterrados en
el nuevo parquecito? ¿Han sentido algo cuando se acomodan allí al fresco? ¡¿He
dicho fresco?! ¿Han sentido un frío extraño mientras paseaban por sus caminos?
¿Se sentían observados o era sólo la desazón de saberse en un antiguo cementerio?
¿De verdad se trasladó “todo”? ¡Anda que si estamos ante la trama de la película
“Poltergeist”!
Cementerio viejo de Villarcayo (2011)
Y
no olviden que en Villarcayo existe otro cementerio. En el año de 1974, se pide
permiso para la instalación de un cementerio particular en el Monasterio
Ciscerciense de Santa Ma la Real de Vileña. Hoy es un monasterio cerrado. Como su
camposanto.
Tengan
cuidado la Noche de todos los Santos, Samain o Halloween. Ya saben a qué se
juega.
Bibliografía:
“Villarcayo.
Capital de la comarca Merindades”. Manuel López Rojo.
Periódico
“Diario de Burgos”.
Fototeca
Digital de España.
Google.
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