Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
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domingo, 16 de noviembre de 2014

Junta General de las 7 Merindades: Cómo, quién y dónde.

Volvamos al tema y situémonos en el momento en que los procuradores son convocados para la Junta General de Las Merindades. Recibida la convocatoria, los diversos pueblos reunían sus Concejos abiertos, en donde se elegía a quien les representara (generalmente uno de sus Regidores) y se le instruía sobre el parecer de los Concejos, para la formación de la opinión de la Merindad, cuando la convocatoria se realizaba para un determinado asunto. Es decir, no podían decidir o votar fuera de lo autorizado por su merindad.

Iglesia de Miñón (Burgos)

A Miñón podía asistir cualquier vecino de las Merindades con derecho a hablar en ella -Básicamente hijosdalgo- y proponer asuntos (siempre que el Condestable, poseedor de los derechos, o su Teniente autorizaran su presencia en la Junta General). En las primeras décadas del siglo XVII las distintas Merindades empezaron a tomar parte de alguna manera en la convocatoria, como consecuencia de la necesidad de garantizar la renovación del gobierno cada dos años.

Ya hemos indicado que aquí la asistencia era obligatoria para los Procuradores y Regidores Generales (no tenían reuniones de partido, comisiones o viajes a sus circunscripción como los de ahora) y si esta norma se incumplía, estaban establecidas una serie de penas para los infractores. Cada Merindad enviaba a la Junta dos Regidores, uno por cada estado y un Procurador General, excepto la Merindad de Losa, en la que cada una de las cinco juntas que la forman enviaba dos Regidores Generales, uno por cada estado, y un Procurador General. Pero aunque la inasistencia a la Junta se penalizaba económicamente, existían causas justificadas que eximían dicha responsabilidad como podían ser las crecidas de los ríos o inclemencias del tiempo.

Con respecto a la periodicidad, las Juntas se reunían los primeros días de cada mes pero ya en 1595 había quejas por no reunirse ni seis veces al año. En Junta General de 2 de enero de 1576 se acordó que cada dos meses "debían reunirse los Procuradores de las Siete Merindades de Castilla Vieja". Sin contar las convocatorias extraordinarias cuando la importancia de los asuntos a tratar así lo requería. Ordinariamente presidía las reuniones el Corregidor o Alcalde Mayor, aunque las Merindades tenían privilegio de celebrar Juntas Generales sin su asistencia ni su permiso. Este Alcalde Mayor, desde el año de 1402, debía de ser Bachiller o Licenciado. Desde 1426, Doctor. Obtenía los títulos de Alcalde de Corte, Vasallo del rey y el de Capitán a Guerra. Como distintivo llevaba la vara de justicia. Aunque se podían celebrar juntas sin sus asistencia.


¡Atención! como hoy, se tenían en cuenta las dietas de viaje hasta Villarcayo donde permanecían, como máximo, un día. Se sopesaban conceptos como los salarios que se devengaban directamente y cuya cuantía dependía del número de jornadas empleadas, y las costas alimentación y alojamiento. Desde la Merindad de Losa hasta Villarcayo había media jornada de camino, debiendo salir el día anterior de su punto de origen para llegar con puntualidad a la Junta General. Pagaban las respectivas merindades y, después, también el rey a sus oficiales. Podía ser una cantidad global o a tanto por día.

Y estos junteros, ¿qué hacían? ¿Qué poderes tenían?

La Junta General de las Siete Merindades tenía un amplio campo de competencias: daba poderes o instrucciones, nombraba al Procurador General de las Merindades (elegido en la primera Junta del año y cada año uno de distinta Merindad), dirimía los conflictos surgidos entre los concejos, entre Merindades, entre particulares, juzgaba los casos suscitados por conflictos jurisdiccionales, disponía de su propia milicia, contaba con su propio presupuesto, controlado por los Contadores nombrados para tal fin en la Junta General.

Las Siete Merindades de Castilla Vieja vertebran su personalidad jurídica e instituciones (desde la segunda mitad del siglo XVI) en torno a dos supuestos:

  • El reconocimiento como demarcación administrativa propia, disponiendo de varios Oficiales destacados en la misma y representantes del Rey -primero Alcalde Mayor y a partir de 1613 Corregidores- que eran auxiliados por Tenientes de Corregidor, Escribanos y Regidores en sus cometidos judiciales/jurisdiccionales.
  • Las periódicas reuniones de sus miembros (Siete Merindades, cinco Juntas, tres Valles, tres territorios aforados y tres villas independientes) que agrupaban un total de 230 lugares y que mantenían en sus Juntas Generales que celebraban periódicamente y en ocasiones reunidos de manera extraordinaria.


Buen sistema, democrático y eso. Pero planteaba dos grandes problemas: un vacío de poder de las Merindades desde que cesaban los representantes en sus cargos y se elegían los nuevos y la carencia de un órgano ejecutivo de los acuerdos tomados en Junta.


El primer defecto será suplido por la figura del Alcalde Mayor, máxima autoridad de las Siete Merindades, que recibía la documentación dirigida a las Merindades con facultad para abrir cartas, examinar la documentación y decidir convocar la Junta si lo estimaba necesario, remitiendo la convocatoria a todos los distritos de las Siete Merindades y territorios agregados. Así se dejaba a su criterio e iniciativa decisiones vitales, políticas e institucionales, que veía su camino allanado por la falta de un órgano ejecutivo en la Junta General, donde el único mecanismo de control consistía en la lectura del registro de los acuerdos tomados en la Junta anterior para comprobar qué acuerdos se habían cumplido y cuáles no.

Aun así, los continuos pleitos entre hijosdalgo y pecheros y la convulsión social que ello produjo evitó que otros temas de carácter político-administrativo centraran la atención de la Junta General.

Una de las manifestaciones que denotan la autonomía de la Junta General de las Siete Merindades era la facultad de aprobar sus Ordenanzas como instrumento que regulase la convivencia pacífica de todos sus vecinos. Dentro del marco de la Ley General, se aprobaban normas para el mejor régimen y gobierno del Ayuntamiento General, supliendo con ello las lagunas legales y adaptando las a las necesidades del Ayuntamiento General y de sus miembros.

Continuará.

Bibliografía:


"Villarcayo, capital de la comarca Merindades" de Manuel López rojo
"Estudio sobre el corregimiento de Villarcayo y Las Merindades de Castilla Vieja: Felipe II y Las Merindades" de Rafael Sánchez Domingo, Clara Uriarte Melo y José Ángel Churruca García.
"El corregimiento de las siete merindades de Castilla-Vieja" de Rafael Sánchez Domingo.



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2 comentarios:

  1. Muy interesante, como siempre. En las tierras norteñas siempre hubo una importante tradición juntera. Desde las juntas generales del Principado a las de la Merindad de Trasmiera o a las de Vizcaya, por ejemplo. Y al menos en las dos últimas, siempre un árbol de testigo. Y Castilla Vieja no podía ser de otra manera, tampoco por lo del árbol, Sería muy interesante la enumeración de los territorios que estaban representados en las juntas. Desde luego, los mapas que circulan por ahí son bastante deficientes, empezando por los del propio corregimiento de Villarcayo. Por otra parte, aunque la inclusión de ciertos territorios en el "Ayuntamiento general" es tardía, sería interesante contar con una lista en el momento de mayor extensión.

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    1. Sus apreciaciones, como siempre, son acertadas. La situación política actual ha distorsionado y particularizado elementos comunes a muchas, o todas, las tierras del norte.

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