Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


jueves, 26 de junio de 2014

Palos y pedradas "pal" protestante ("u" hereje).

Pongámonos rápidamente en situación histórica para entrar en materia. En el siglo XIX se conjugan tres elementos que favorecen la presencia de herejes en tierras de la contra-reforma (esto es, España):

  • Incremento de la tolerancia hacia los extranjeros no católicos residentes. Fernando VII autorizó cementerios civiles para los protestantes extranjeros. (¡Qué generoso!)
  • Llegada de misioneros foráneos y de españoles protestantes para construir el protestantismo español.
  • Una "quintacolumna" de evangélicos españoles clandestinos que dieron lugar a las primeras Iglesias españolas.


Esta patata caliente se intentó regular en las constituciones del "siglo apasionante" con diversa fortuna. Será con la llegada de la revolución contra Isabel II y su libertad de culto de 1868 ratificada en la constitución de 1869 cuando parezca arreglarse: "La nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la Religión Católica. El ejercicio público o privado de cualquier otro culto queda garantizado a todos los extranjeros residentes en España, sin más limitaciones que las reglas universales de la moral y del derecho. Si algunos españoles profesasen otra religión que la Católica, es aplicable a los mismos todo lo dispuesto en el párrafo anterior". (Artículo 21 de la Constitución de 1869).

George Borrow

Los lugares de mayor implantación de las Iglesias Evangélicas fueron Andalucía, Madrid, Cataluña, Baleares y Galicia. En este periodo se fundaron públicamente templos, escuelas, periódicos, editoriales, hospitales, hogares de ancianos y orfanatos. Los propios protestantes reconocían que aprovecharon esa libertad para actuar contra la visión común de la historia de España (Federico Fliedner.- 1874).

Con la Constitución de 1876 se reconduce la situación hacia posturas más tradicionales pero "donde nadie será molestado en territorio español por sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su culto respectivo, salvo el respeto debido a la moralidad cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones públicas que las de la religión del Estado". (Artículo 11 de la Constitución de 1876).

Eso era lo que decía la ley pero la realidad era otra como podrían contar los vendedores de la Sociedad Bíblica que ofrecían la versión protestante de la Biblia. Esta organización, que todavía funciona, desembarcó en España en 1805; anclándose en 1836 cuando aparece Jorge Borrow como primer agente oficial para España de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Curiosamente tenía su primer almacén de Biblias en la calle Preciados, en el número 45. La palabra será Colportores, nombre de los protestantes que se movían por el terreno divulgando su buena nueva mediante la biblia de Reina-Valera, adoptada por los evangélicos a partir de 1860. Previamente estuvieron vendiendo la de Amat.

De hecho, eran tan representativos que el personaje del vendedor de biblias ha sido recurrente como en la novela de J.J. Melero "Historia lógico natural".

Y en estas estamos cuando dos de esos Colportores aparecen por Las Merindades. Concretamente iniciaron su trabajo por Oña (¡¡Por Oña!!) para luego llegarse a Frías. En palabras de El Motín del 16 de Agosto de 1888:

"La santa intransigencia (claramente no son partidarios) de los ministros del Señor está dando óptimos frutos en la provincia de Burgos. Días pasados llegaron á Oña dos individuos con objeto de vender varios libros de la sociedad bíblica. En cuanto advirtieron su llegada los educandos del convento de jesuitas, llenos de piadosa ira empezaron á apedrearlos y darles una solemne cencerrada; y si no cometieron atropellos mayores, no fue por falta de intención, sino porque intervinieron algunas personas sensatas.




En vista de aquel salvaje recibimiento, los propagandistas protestantes se trasladaron á la ciudad de Frías, y allí, no sólo los apedrearon, sino que el alcalde, por excitación de un presbítero llamado Nicolás, los metió en la cárcel y les recogió los libros, á pesar de exhibir la patente industrial que les autoriza para su tráfico.

Para remachar el clavo, en Rozas, adonde últimamente se dirigieron, los obsequiaron también con la correspondiente pedrea y cencerrada. Los tribunales entienden en el asunto, pero no es de esperar que esos atropellos, dignos de las kábilas del Riff, sean castigados. Estamos tan hechos á ver que las autoridades toleran las tropelías clericales, que no nos sorprendería que á esos católicos se les dejase en libertad para descalabrar cuantos protestantes se les presenten.

Protestantes que son tan mamarrachos (¡Tampoco son partidarios!) como ellos y cuantos se dedican á enseñar al hombre el camino del cielo, pero que deben ser amparados por la ley como cualquier hijo de vecino".

Como vemos el periódico no deja títere con cabeza. El consuelo es que nuestros antiguos convecinos no eran una caso aislado de "cromagnonismo" sino que eran claros representantes del sentir popular. En 1892, damas de la nobleza reclamaban al Presidente del Gobierno que impidiera la apertura del templo protestante de la calle de Beneficencia de Madrid, y todas las diócesis españolas lanzaron una campaña encaminada al mismo fin.

En 1893 El Siglo Futuro publicaba en la primera página del día 9 de febrero, columna izquierda, publicaba dos cartas de sacerdotes que solicitaban... eso. Adjunto os presento la portada, leedla.



Pero bueno, estamos todos de acuerdo en que estas cosa son sombras del pasado que sorprenden. O ¿no?

Igual es que no, porque según una encuesta realizada por el Gobierno en 2010, los protestantes son el tercer grupo religioso con más antipatía en España (22,5%), superado por judíos (26,2%) y por musulmanes (39,7%). (La Razón, 9 de septiembre, 2010, p. 32.)

Bibliografía:

Constitución española de 1869. Congreso de los Diputados.
Constitución española de 1876. Congreso de los Diputados.
Periódico EL MOTÍN.
Periódico EL SIGLO FUTURO.
Periódico LA RAZÓN.

"Reseña histórico-social del protestantismo español" de Mariano Blázquez y Gabino Fernández.

jueves, 19 de junio de 2014

¡Viva S.M. el Rey de España!

Desde el 1006 los Monteros de Espinosa, hijos de Las Merindades, guardaron con lealtad el sueño de los reyes de Castilla y luego de España.

Aunque no siempre...
 
Carlos I 

Al inicio del reinado de S.M. Carlos I hubo riesgo de que el cuerpo de Monteros de Espinosa llegase a su fin ante el deseo, del Rey o de sus acompañantes, de estar rodeado de Flamencos. Los Monteros ofendidos reclamaron la confirmación de sus anteriores derechos y privilegios. Lo hicieron en Barcelona (no esperaron ni a que llegase a Castilla) presentando 19 testigos. Mostraron que los Monteros poseían el privilegio, uso y costumbre de guardar la persona del Rey desde que se acostaba hasta que se levantaba teniendo siempre abierta la puerta de su Cámara para atender a sus llamamientos. Cuando estaba el Monarca enfermo, lo guardaban también por el día. Tenían a su cargo el cuidado y vigilancia de los Reales Palacios y casas donde el Rey durmiese para lo cual conservaban en su poder durante la noche las llaves de dichos edificios.

Las Cortes de Valladolid de 1518 instaron al Emperador a que guardase los privilegios y derechos del Cuerpo acerca de la Guarda de su Real persona, por ser antiguo y por interesar a la lealtad de España, obteniendo del Emperador la contestación de que "mandaría ver los privilegios y proveería lo que fuere en justicia y razón de su servicio y Casa". nuevamente insistieron en su petición y recibieron la misma respuesta.

Dudoso. ¿Era porque S.M. Carlos I pensaba en Alemania o por presiones de los Flamencos? Da igual, se consiguió que Guillermo de Croy, Obispo de Cambray y sucesor de Cisneros en la silla de Toledo, que ejercía el cargo de Canciller del Reino, prometiese en nombre del Rey que éste juraría todas las leyes, privilegios y buenos usos y costumbres, pero que no juraría en particular el Capítulo en que solicitaban no dar oficio ni beneficio a extranjero. Tras duras controversias compareció el Rey, el Domingo 7 de Febrero de 1518, y juró todos los capítulos que le pedían las Cortes y entre ellos el de 1511 ya referido.

El rey expidió, cinco días antes de su embarque, y en la misma Coruña una Real Carta en la que concedió la confirmación de los derechos y privilegios de los Monteros en lo tocante a guardar su Real Persona, dispensándoles de acompañarle en su viaje a Alemania por la diversidad de costumbres, y mandándoles que guardasen la persona del Gobernador de Castilla y Navarra que él dejase durante su ausencia como si fuese él mismo y comprometiéndose a que sigan guardando su Persona a su regreso a España, en la misma forma y con los mismos derechos y obligaciones con que lo hicieron hasta el presente con sus Augustos antecesores.

Pero partió tras el imperio y los flamencos al mando en Castilla la liaron. La junta comunera redactó unas Ordenanzas en uno de cuyos capítulos se prescribe que "ni su Alteza ni sus sucesores traigan a estos Reinos, Flamencos ni naturales de otra Nación para su servicio ni para Guarda de su Real Persona en sustitución de los Monteros de Espinosa, cuya lealtad es bien probada". Estuvieron en Tordesillas con S.M. Juana y también cuidaron al príncipe Carlos, el hijo de Felipe II, y enfermo mental.

Llegó S.M. Felipe V que les uniformó y la tranquilidad siguió hasta S.M. Fernando VII. Durante esta guerra los monteros no tuvieron gran trabajo: S.M. Fernando VII estaba en Francia y S.M. José I Bonaparte se rodeó de franceses.

Los pretendientes carlistas dispusieron de sus Monteros, al menos S.M. Carlos V (por ejemplo, Ulpiano Angulo Vivanco, Santiago Conde Pelayo y Juan Nep. Cabo en 1839), pero la mayoría continuaron con S.M. Isabel II hasta que en 1868 llega un golpe de estado. Ese mismo año, en octubre, un decreto del gobierno provisional declara la supresión de los Monteros de Espinosa.

Amadeo I y María Victoria


El gobierno de Prim decide dar la Corona a S.M. Amadeo de Saboya quien, al pisar suelo español, quiso dar forma a un cuerpo especial para la custodia y guarda del Soberano, denominado “Cuerpo de Guardias del Rey”. Se publicó el decreto el 3 de febrero de 1871. Este Cuerpo tenía a su cargo el servicio interior de Palacio y la custodia del Rey.

Y en este periodo algunos monteros prefirieron a S.M. Carlos VII (el carlista) como es el caso de Rufino Pereda Merino, el autor del más renombrado libro sobre los monteros (en el cual se obvia los deslices del siglo XIX), que adoptó junto a su padre ese rey por amor a la monarquía y odio a la república. Pidió el perdón en 1888 mientras trabajaba como secretario de juzgado en Espinosa de los Monteros.

Desde 1871 y hasta la entronización de S.M. Alfonso XII "la Corporación de Monteros de Espinosa permanece retraída y mantiene su vida en suspenso, queriendo testimoniar de este modo su leal adhesión y su inquebrantable afecto hacia el legítimo estado de cosas que derrocaron las tempestades revolucionarias y sostener a la vez una muda pero elocuente protesta contra las diversas situaciones que dominaron en el país después de aquel luctuoso hecho", por usar las palabras de Rufino Pereda.

Uniforme Montero de Espinosa
(Cortesía del Blog Montañas de Burgos)


Con la vuelta de la Casa de Borbón quedó rehabilitado el Cuerpo en sus funciones por medio de la R. O. de 12 de Marzo de 1875, en la que se disponía se e reconstituyese el Cuerpo con 12 individuos. Aunque empezaron a velar el sueño del rey el 16 de enero de ese año. Muestra de su agradecimiento es la carta que se remitió a la Augusta Madre del Rey que dice así:

A S. M. la Reina Doña Isabel:

«Señora: El Real Cuerpo de Monteros de Espinosa de Guarda y Cámara, Primera Guardia de los Reyes; P. A. L. R. P. de V. M., al felicitarla con el entusiasmo heredado en los novecientos años de su historia, por el plausible motivo de la inmediata festividad del Santo Patrono de los grandes Alfonsos Españoles, habida en este suelo clásico por el amor a sus Reyes, desde la gloriosa vuelta del Augusto y Excelso Hijo de V. M. Don Alfonso XII, no cumpliría con lo que debe a sus más preciadas obligaciones, sino manifestase a su Augusta Ama y Señora, que al besar las Reales manos del Rey N. S. y de su Alteza la Serenísima Señora Princesa de Asturias en la forma que lo viene haciendo desde la época de los Condes de Castilla sin interrupción alguna, solo experimentó el dolor y grande de no haberlo verificado también a S. M. el Rey Don Francisco de Asís y demás Augusta Real Familia, nacida al abrigo y durante el ejercicio de esta Real Guardia, de índole y carácter tan acentuadamente Español, es decir: amante de sus Reyes.

»Por lo mismo séale lícito a este Real Cuerpo, desear y hacer fervientes votos al Cielo por el regreso también lleno de gloria de V. M. y de toda su Augusta Real Familia al suelo de su Patria, a la dicha y bienestar de estos dos Augustos Hijos, así como de toda la gran Nación Española, que no es feliz, que no lo será mientras este grande acontecimiento no se realice.

»Señora, dígnese V. M. aceptar la reverente expresión de nuestra veneración, leal adhesión y profundo respeto, sirviéndose al mismo tiempo ser el conducto para llevar estos sentimientos a S. M. el Rey Don Francisco de Asís, a S. M. la Reina Madre Doña María Cristina y Augustas Infantas embellecidas con todo linaje de gracias, y a quienes veló este Real Cuerpo en su tierna infancia. Madrid 20 Enero tíe 1876.—Señora A. L. R. P. de V. M.—Los Diputados, Valeriano Madrazo Escalera, Manuel Fernández de Villa, Ángel Merino de Porras, Secretario».

Alfonso XII


La respuesta de S.M. Isabel II fue:

«París 26 de Enero 1876.—Sres. Diputados del Real Cuerpo de Monteros de Espinosa.—Nunca son más gratas las memorias de la Patria querida, que cuando se respira lejos de ella, y nada hay más tierno en la desgracia causada por la ingratitud de los menos, que el recuerdo de los buenos y la memoria de los leales. Vosotros ¡me rodeasteis como a mis antepasados y cual rodeáis hoy a mi amado hijo Don Alfonso XII, y yo como él y como todos los Reyes de España tuvimos por almohada vuestra lealtad, y por muro vuestros pechos nobles. Vuestra leal felicitación que tanto me agradó, es una sencilla corroboración de vuestro constante proceder y una seguridad firmísima de que las antiguas tradiciones de Castilla que representáis, han de ser conservadas por vosotros al lado de ese hijo de mi alma, ¡Ojalá España conservase incólumes sus tradiciones y creencias!

»Os recuerdo con placer y profunda gratitud; mi Madre como mi familia, os saludan y agradecen en el alma las leales protestas de los guardadores fieles de nuestras personas y de las tradiciones de la Casa de los Condes de Castilla.

»Y dándoos gracias por todo, y rogándoos que como guardasteis el mío, veléis el sueño de nuestro amado Rey, tengo un gran placer en saludaros y reconocer vuestra nunca desmentida lealtad. Vuestra afectísima. Isabel de Borbón.—Sres. Don Valeriano Madrazo, Manuel J. de Villa y Ángel Merino de Porras.—Madrid».

El cuerpo continuará hasta la salida de España de S.M. Alfonso XIII cuando el nuevo régimen surgido tras unas elecciones municipales lo disuelve. Durante esos años la protección del jefe de estado se completó con una unidad de caballería llamada “Escuadrón de Escolta Presidencial". Tras ella, Franco que creó su casa militar (cómo si él fuese un rey), la guardia mora y eso. Pero la vigilancia exterior de su residencia la cumplía la Guardia Civil.

Cuando S.M Juan Carlos I es proclamado Rey de España se crea la Casa de S.M. El Rey, por Real Decreto 2942/75 de 25 de noviembre. Por Orden de 31 de diciembre de 1975, se crea el Regimiento de la Guardia Real, a base del antiguo Regimiento de la Guardia de Su Excelencia el Jefe del Estado. Pero no parecía que hubiese prisa por recuperar una institución como los Monteros de Cámara.

El R.D. 1954/79 crea las tres unidades representativas de los tres ejércitos:

  • Por el Ejército de Tierra: la compañía “Monteros de Espinosa”, homenajeando al longevo cuerpo de guardia real.
  • Por la Armada: La Infantería de Marina de la “Mar Océano”.
  • Por el Ejército del Aire, la escuadrilla “Plus Ultra”.



Por ello, ahora que se entroniza a S. M. Felipe VI no nos encontraremos con las obligaciones que tuvieron los viejos Monteros de Espinosa de acompañar el regio cadáver hasta el Escorial y certificar que el Rey era Su Majestad (Don Juan Carlos ha decidido abdicar) ni les veremos velando el sueño del nuevo Rey de España.

S.M. Felipe VI


Bibliografía:

"Los Monteros de Espinosa. Mil años de historia" Adriano Gutiérrez Alonso, F. Javier Peña Pérez, Félix Castrillejo Ibáñez, Pilar Calvo Caballero, Cristina Borreguero Beltrán.
"Los Monteros de Espinosa" de Rufino Pereda Merino.
Página de la Guardia Real.
Gaceta de Madrid.
Montañas de Burgos Blog.






domingo, 15 de junio de 2014

¡Corre, lobo, corre!





Según el mapa adjunto se podría afirmar que existe una verdadera línea de loberas en la zona norte de Las Merindades, desde Espinosa de Los Monteros hasta Monte Santiago (Berberana), cubriendo los principales pasos de montaña por los que los lobos penetrarían en la comarca procedentes de otros territorios limítrofes como Soba, Orduña, Cuartango o Valdegovía, y los pasos emplazados en los cordales montañosos de los Montes de La Peña, Sierra de Carbonilla o Sierra Salvada, que ponen en comunicación valles interiores de Las Merindades.

Loberas presentes en el mapa
Alto el Caballo (Espinosa de los Monteros).
1
Castrobarto (Junta de Traslaloma)
2
Villabasil (Valle de losa).
3
Gurdieta (Rellosos, Valle de Losa).
4
Toyo (Rio de Losa/San Llorente y Villaluenga, Valle de Losa).
5
La Barrerilla (Pérez, Medina de Pomar)
6
San Miguel (Villota, Valle de Losa).
7
Fontanilla (Berberana, Junta de Berberana)
8
Loberas Viejas (Berberana, Junta de Berberana).
9
Lobera de Santiago (Berberana, Junta de Berberana).
10
El Corral de los lobos (Huidobro, Los Altos).
11


¿Por qué están así dispuestas? Diríamos que responde al deseo de proteger los territorios ganaderos del norte de Burgos. Se conseguiría mediante una disposición envolvente de trampas a lo largo de las cresterías y zonas montañosas con sendas de lobos. En esta hipótesis, la orientación que muestran las loberas busca cerrar, con la ayuda de las batidas organizadas por los pueblos cercanos a estas construcciones. Así, cualquier salida o intento del lobo de descender al llano era imposibilitado. Había que mantener al lobo en el monte para que cegado por el acoso penetrara en la trampa y cayera en el punto determinante de la misma: el foso.

La victoria sólo se conseguía con un alto nivel de organización de los pueblos ganaderos implicados en las batidas; el avance de los monteros y las posiciones debían estar ajustados para que los lobos quedaran arrinconados en el monte, sin posibilidad de descender a los valles ante la ruidosa barrera humana que, de lobera a lobera, cerraba la escapatoria por esos flancos.

El lobo, evidentemente, se desplaza por zonas despobladas. Sus avances provendrían de cualquier dirección siguiendo los corredores naturales de la Cordillera Cantábrica y sus accesos a Las Merindades: portillos de Estacas de Trueba, Lunada y La Sía. Por ello, las poblaciones afectadas más cercanas son las que pueblan la cuenca alta del río Trueba (Espinosa de Los Monteros y Montija). Aquí la única trampa lobuna que vemos es la del Alto el Caballo, a unos 6 km al norte de Espinosa. Si un lobo entrase este sería el primer punto de batida, pero dado el amplio espacio de montaña y lo agreste del territorio que soportan los tres pasos citados, no resultaría muy eficaz por la necesidad de una alerta antilobos temprana y la elevada cantidad de personas necesarias en este terreno para entrampar al lobo.

Más eficaz puede ser el sistema de loberas que soportan los Montes de La Peña, la Sierra de Carbonilla y Sierra Salvada. El hipotético lobo que ya antes se hubiera escapado de la lobera Alto el Caballo, buscaría las elevadas culminaciones de los Montes de La Peña para lo que, previamente, habría atravesado los llanos de Montija y donde seguramente hubiera dejado su rastro de sangre.

Así alcanzaría el cordal de La Peña a través de despoblados y donde seguramente podía sentirse menos acosado. En este momento, y si algún pastor había sido capaz de detectar la presencia del cánido, inmediatamente avisaría a la cadena de pueblos que acudían a batir al animal en Castrobarto, es decir, Lastras de Las Eras, Las Eras, Colina, Villatarás, el propio Castrobarto, Cadagua y Lezana de Mena.

Los primeros, empujarían al lobo de sur a norte dibujando un pasillo de tránsito entre la batida y la crestería de La Peña, y los últimos, acudirían a cerrar y acosar al lobo en la misma lobera de tal manera que poco a poco irían cerrando la bolsa en dirección a la lobera, impidiendo cualquier posible escape del animal.



Supongamos que la "bestia parda" escapase de la batida y continuase su carrera por los montes hacia el este. Solamente una acción rápida de bloqueo mediante una nueva batida podría capturarlo en la lobera de Villabasil, dado que la disposición de la lobera es a la contra de la dirección que ha tomado el lobo desde Castrobarto.

¡Se salva! El lobo sobrepasara la trampa de Villabasil y siguiendo por los Montes de La Peña llega a la Sierra de Carbonilla, donde se pondría en funcionamiento el operativo correspondiente a la lobera de Gurdieta que, en una estrategia similar a la descrita para la lobera de Castrobarto, embolsaría al lobo en la Sierra de Carbonilla. La batida la componían personas de Villaventín, Castresana, Villabasil, Vescolides, Oteo, Lastras de la Torre, Quincoces de Yuso y del desaparecido Quincoces de Suso, y vecinos de Relloso y San Miguel de Rellosos que se ocuparían de cerrar la trampa de Gurdieta, de impedir la huída del lobo en dirección a Mena por el camino de la Complacera y el Polvero y de cerrar el portillo de Santa Olaja.

Las modificaciones estructurales observadas en la lobera de Gurdieta, a la que se le añade una nueva pared, la oeste, desechando la antigua pared oeste para dibujar un embudo mucho más amplio y, consecuentemente, haciendo más eficaz la trampa, determinarían que este sería el final de la correría del cánido que había penetrado desde las cercanas montañas cantábricas, impidiéndole penetrar en las tierras orientales del Valle de Losa y en el valle de Angulo.

Pero los Canis Lupus se mueven como les da la gana. Presentemos ahora una carreta de este a oeste que, desde el valle alavés de Cuartango, recorra la Sierra Salvada, buscando la penetración en los valles alaveses a través del puerto de Orduña o de las tierras llanas del oriente de Losa. A tal efecto, ya desde antaño se había previsto una lobera, aún hoy llamada Loberas Viejas, cerca de la cascada de Délica (Nervión). Loberas Viejas fue reforzada, o sustituida, con una nueva lobera: Fontanilla.

Recordemos que la eficacia de las loberas depende de la alerta temprana y la rápida batida. Si no se conseguía, la estrategia debió ser acorralar al lobo, como en el caso de los Montes de La Peña, contra la crestería de Sierra Salvada. De todas formas, acudirían a esta batida los vecinos de Villalba de Losa, Murita, Berberana y pueblos del valle de Cuartango (Álava).

Por supuesto, era necesario sellar el puerto de Orduña y cerrar la bolsa desde ese punto en dirección este para empujar al lobo a la embocadura de la lobera de Monte Santiago. Si la bestia, o bestias, escapaba de ese cerco, los vecinos insistían pero en dirección oeste, manteniendo un "pasillo" entre la crestería de Sierra Salvada y la batida procedente de los pueblos de Quincoces de Yuso, Teza, Villota, Villacián, Barriga, Fresno de Losa, Villano, Llorengoz, Mijala, Zaballa, Aostri y Villalba de Losa.

Por otro lado, mucho más permeable resultaría una hipotética penetración desde el valle de Valdegovía y Valpuesta en dirección al centro del Valle de Losa para lo cual, se había dispuesto la lobera del Toyo, a la que acudirían personas procedentes de Hozalla, Mambliga, Fresno de Losa, San Martín de Losa y Villaluenga y Río de Losa, que se ocuparían de cerrar la trampa de la lobera.

Más caminos loberos, en este caso procedente de la cuenca de Espinosa o de Montija, que llevarían a activar la lobera de Perex, a la que acudirían para la batida los vecinos de Oteo, Paresotas, Robredo de Losa, Momediano, Castriciones y de la misma localidad de Perex.

Lobera de Huidobro (Google)


Por último, la lobera de Huidobro, llamada "Corral de los Lobos", estaba centrada en el control de los lobos procedentes de la Cordillera cantábrica y de los valles de Campoo que penetrarían en el Páramo de Masa a través de los cañones del Ebro cercanos a la localidad de Huidobro y Villaescusa de Butrón. Tal posibilidad preocupaba hasta a los vecinos de de Poza de la Sal.


El Corral de los lobos.


La gran hondonada donde se encuentra situado el pueblecito de Huidobro, ya casi despoblado, está rodeada en sus laderas por un espeso bosque de hayas, robles y carrascas. Evidente zona lobera que Madoz reflejaba en su diccionario. Por eso aquí encontramos una lobera que es la más meridional de todas las de Las Merindades y norte de Burgos.

Croquis Lobera Huidobro


La boca de la lobera (de unos 200 metros) se orienta al norte, al borde de la gran Hoya de Huidobro, en un lugar propicio para conducir el lobo por los batidores. Es el "Portillo del Lobo” donde se inician las paredes que, aprovechando una suave vallejada, van descendiendo en dirección sur hasta converger en el foso. Este último tiene un diámetro de 11´20 m y una profundidad de 1´90 m. Las paredes cercanas al foso tiene un espesor de 1 m. Desgraciadamente el foso se encuentra hoy cegado.

La longitud de sus paredes es de 205 m para la pared este y 260 para la oeste, tiene foso circular (único en Burgos) y carece de cabañuelas lo que recalcaría la antigüedad de la lobera. Otrosí, un documento del siglo XVI del ayuntamiento de Poza de la Sal habla de la aportación económica que debe dar para hacer, o rehacer (¿quién sabe?) la lobera. Además, al estar en una zona plagada de dólmenes y menhires (a menos de 1 kilómetro, hacia el oeste, se halla el magnífico dolmen de El Moreco) podríamos deducir una población largo tiempo establecida. Finalmente, no hay memoria de su uso pero que no existan recuerdos no implica que no fuera utilizada.

Gran parte de la piedra que falta de las paredes fue empleada, en su día, como relleno en la construcción de la carretera de Pesadas a Sedano. De todas formas, los cazadores del páramo de Masa lo suelen usar incluso para el ojeo del jabalí.

El único material empleado en la construcción de la trampa fue la piedra caliza del páramo. Piedra que, bien recogida suelta o extraída de suelo madre, era colocada sin ningún tipo de argamasa y sin apenas precisión. En algunos puntos se aprecia que el muro se levanta sobre propicias afloraciones rocosas, y en otros puede verse que esa base está formada por piedras de gran tamaño con el fin de asentar mejor el resto de la piedra.

En cuanto al pozo o foso, nada podemos decir, ya que hoy se halla tapado por la maleza y rellenos de piedra desprendida del muro. Pero es posible que, como ocurre en otros fosos conocidos, y que están al descubierto, tenga un revestido de piedra más trabajado.

Mapa de situación de "El corral de los lobos"


Bibliografía:

"Burgos en el recuerdo" de Elías Rubio Marcos.
"Edificios y conjuntos de la arquitectura popular en Castilla y León" de José Luis Sainz Guerra.
"Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos)" de Judith Trueba Longo.

lunes, 9 de junio de 2014

¿Por qué odiamos al lobo feroz?

Durante unas semanas nos dedicaremos al estudio del lobo en Las Merindades. Tocaremos las razones que nos han llevado a exterminar a este animal, los medios para ello y acabaremos conociendo algunas de las principales estructuras permanentes para sus caza: Las loberas.

Carecemos de una experiencia de vida con lobos y, encima, nos hemos criado con versiones edulcoradas de la relación de los humanos con estas bestias. Ya sabéis: "Caperucita Roja", "Los tres cerditos" y "El lobo y los cabritillos" donde el final feliz nos reconfortaba y, a la vez, eliminaba la realidad tras el relato. ¡Qué decir de las versiones de la Disney!



Si nos fijamos en la "Caperucita" de Nièvre, recogida a finales del siglo XIX y publicada por primera vez por Delarue en 1956 vemos variaciones crueles de la historia (No apta para menores): "La niña va a casa de la abuela y en el bosque encuentra a un hombre-lobo que la invita a escoger entre seguir un camino de agujas o el de alfileres. Ella se entretiene cogiendo agujas; cuando llega a su destino el hombre-lobo se le ha adelantado: ya ha matado a la abuela guardando su carne y su sangre en la despensa. Aquel se hace pasar por la abuela ante la niña y le invita a comer los restos de la muerta; la muchacha lo hace mientras una gatita la insulta. Después el hombre-lobo le pide que se desnude para acostarse con él en la cama. A cada prenda que se quita, la niña le pregunta dónde la pone y él le contesta que la arroje al fuego. Cuando ella se mete por fin en la cama se produce el conocido diálogo en el que la niña se extraña del insólito físico de su abuela. Le pide permiso al hombre-lobo para salir a hacer sus necesidades; éste primero le contesta que las haga allí mismo pero al final la deja salir con el pie sujeto por una cuerda; ella ata la cuerda a un ciruelo y logra escapar". Si no se han dado cuenta, se lo digo: ¡El lobo sigue libre! Todavía es un peligro.

Tendremos que esperar a Perrault (siglo XVII) para iniciar la edulcoración del lobo que rematarían los hermanos Grimm en 1812 al dar forma al relato "canónico" de hoy. Probablemente por eso, por haber olvidado aquel lobo cruel y glotón, representante de los rigores invernales, indócil y sanguinario, la bestia de nuestras pesadillas y desengaños, el de las feroces manadas, el gran enemigo del ganadero, la encarnación de lo irracional y azaroso de la desgracia ... no logramos comprender en toda su necesidad la caza que se le dio hasta la llegada de nuestro encapsulado mundo urbano. Por ello asumimos como correcta la evolución del cuento de "Caperucita roja" o "Los cabritillos y el lobo" donde siempre se derrota el mal, representado por el lobo, y se salvará a la abuela y la niña, a las cabras o a los corderos, venciendo la virtud y descargando a los oyentes del relato de la responsabilidad de defenderse. Al fin y al cabo el enemigo ya ha sido derrotado. Fin.

La relación de odio con el canis lupus viene de antiguo. Los griegos ya tenían historias sobre el sacrificio de jovencitas al lobo. Y la iglesia medieval lo convertía en un animal diabólico, como la serpiente. Fijémonos en un texto extraído de los sermones del predicador Jacob de Vitry (s. XIII): “No confiéis nunca en aquellos que suelen clavar los ojos en el rostro de las jovencitas, que cogen su mano y aprietan sus dedos, que empujan pie con pie, que les echan la mano al cuello o al seno, y otras cosas similares contrarias a la honestidad de la religión. Acordaos del ejemplo del lobo y el cabritillo. La cabra ordena al cabritillo que no salga del redil hasta que ella volviera de pastar. El lobo, acercándose la caída del sol, se paró a la puerta del redil y comenzó a emitir el sonido de una cabra y dijo al cabritillo: “Soy tu madre, sal a mi encuentro y te daré de mamar”. El cabritillo desprevenido salió y de inmediato fue devorado por el lobo. En efecto esos lobos al principio lanzan palabras devotas como si estuvieran imitando la voz de una cabra y después de haberlos cogido desprevenidos cambian sus palabras y devoran sus almas”.

Por ello, tenemos razones religiosas y culturales para odiar al lobo en el mundo preindustrial. Era el otro, lo antihumano, encarnaba los miedos antropológicos ante otro mamífero social, jerarquizado, maternal que representaba lo que reflejaban los relatos arriba detallados (crueldad y falta de sentido de la naturaleza, entre otros) y, sobre todo, el competidor en la lucha por la supervivencia. Insisto: El competidor en la lucha por sobrevivir.

Lobo Ibérico (Lobopedia)

Las Merindades, aparte de la agricultura cerealística, poseía una ganadería beneficiada por los abundantes espacios de monte y pastos existentes. El ganado vacuno y caballar pastaba libremente en los pastizal es de los montes del Soma, Ordunte, La Peña o Sierra Salvada, dando lugar a la formación de razas autóctonas montaraces o "monchinas" como la tudanca o la serrana, para el bovino, y la losina para el equino. El ganado menos tenía un pastor contratado o un vecino. Estas tres especies constituían la reserva cárnica y láctea del autoconsumo familiar por lo que su número era porcentualmente elevado.  

Necesitábamos pastos lo que, para algunos autores, explicaría la temprana diferenciación pasiega del resto de los municipios de la comarca mediante la adopción (siglos XV-XVI) de una ganadería estabulada e intensiva, especializada en el ganado vacuno de producción láctea y basada en el prado segadero, propiedad y aprovechamiento individual. Pero aprovechar los espacios boscosos tenían la contrapartida de los lobos y los osos.

Para una economía agro-ganadera estas bestias eran la gran amenaza, aniquiladores del esfuerzo productivo que significa la cría del ganado. El lobo era una alimaña que atacaba sola (invierno) o en grupo (Verano). Su afán predatorio le lleva a matar sin parar produciendo grandes pérdidas y destrozos en los rebaños, especialmente los ovino-caprinos. ¿Por qué? No está claro, puede ser generación de reservorios, inacción de las víctimas domésticas por la sobreexcitación ... En cualquier caso, es innegable su poder destructivo y su presencia deseable. Esa tensión fluyó a través de los años y del paso de una economía de subsistencia a una de Mercado. Daba igual,  ¡Había que eliminarlo!

Para ese objetivo se trabajaba en varios frentes:
  • Legal: Las Reales Cédulas y Ordenanzas (s. XVIII) regulan cómo llevarán a cabo las batidas. Por ejemplo, la Real Cédula emitida por Carlos III en 1788, establece que "En todos los pueblos en cuyos términos o territorios constare abrigarse y mantenerse Lobos, se harán todos los años dos batidas o monterías: una de las cuales se ejecutará en el mes de Enero y la otra desde mediado de Setiembre hasta fin de Octubre, y en caso de que las circunstancias del clima pidan alguna variación se representará al mi Consejo para que se establezca la conveniente. Estas cacerías se harán por todos los lugares del partido en un mismo día y hora, según dispongan las respectivas Justicias con noticia de los Corregidores o Alcaldes Mayores del Partido, a fin de que fogueando y batiendo á un mismo tiempo los vecinos de cada Pueblo todo su término y jurisdicción, se logre la matanza y exterminio de los Lobos".
  • Asociativas: Los pueblos se agrupaban en Juntas o Hermandades regidas con sus propias ordenanzas. A cada una de estas correspondía la construcción de una lobera y la realización de las batidas correspondientes. Todos los vecinos de los pueblos asociados tenían la obligación de asistir a las batidas bajo pena. Descubierto el lobo (o su rastro) se comunicaba a la Junta en un plazo de dos horas y se comenzaba la batida. En cada pueblo de la Hermandad se avisaba al vecindario a través del repique de "lobo". Situados los cazadores armados en los espaldonizos (cabañuelas de la lobera) se procedía a la batida del monte abriéndose un amplio frente en herradura en el que se encontraban todos los pueblos participantes. Primero avanzaban los de un pueblo, gritando y haciendo mucho ruido para ahuyentar al lobo, hasta que alcanzaban las posiciones del siguiente pueblo que continuaba la marcha de la misma forma. Así, se estrechaba el cerco hasta que el lobo era introducido entre las paredes de la lobera donde era azuzado por los cazadores apostados en las cabañuelas con el fin de que cayera en el foso.
  • Venenos: Se dejaban cebos en zonas de paso de lobos intentándose que los ganaderos y vecinos estuviesen avisados de su localización. La estricnina se generalizó a partir del siglo XIX y su utilización estaba limitada a los meses de invierno cuando los ganados permanecían estabulados.
  • Armas de fuego: Evolucionando desde los Arcabuces hasta las escopetas de hoy.
  • Cepos: El cepo lobero se remonta al siglo XVI y fue un sistema muy extendido entre los pueblos cuyos ganados pastaban libremente en los Montes de Ordunte (Valle de Mena y Merindad de Montija y Valle de Carranza). Si el cepo se dejaba exento, el lobo lo arrastraba hasta caer extenuado, momento que era aprovechado por los cazadores para asestarle un golpe en el hocico y dejarle inconsciente. Con un palo atravesado en la boca, por detrás de los colmillos, y una cuerda le ataban el hocico y las patas.
Cepo alimañero.
  • Mastines: Como aparecen en el conocido "Romance de la loba parda" poseían unos collares llamados carlanca que les protegía el cuello de las dentelladas del lobo. Defendían los rebaños.

  • Alimañeros y loberos: estos profesionales recorrían los montes frecuentados por lobos y zorros en busca de sus camadas para ir pidiendo con ellas por los pueblos, costumbre que era conocida como "correr el guante". Con el fin de evitar que este tipo de actividades resultaran fraudulentas, la Real Cédula de 27 de enero de 1788, arbitraba una serie de normas que afectaban también al procedimiento que había de seguirse con los animales cazados en el transcurso de las batidas o fuera de éstas, determinando que "Los Corregidores, Alcaldes Mayores y demás Justicias de las cabezas de partido dispondrán que quede allí la piel, cabeza y manos de lobos y zorros que cogieren ó mataren en dichas batidas o monterías para evitar el fraude que se podría hacer por los que con el nombre de loberos andan vagando y pidiendo limosna por los lugares". Por supuesto se buscó que no viviesen de la mendicidad y se decretó que "las Justicias hagan pagar y dar entre año cuatro ducados por cada Lobo que se le presente; ocho por cada Loba en la misma forma; doce si fuere cogida con camada, y dos por cada Lobezno; diez reales por cada Zorro o Zorra, y cuatro por cada uno de los hijuelos; cuyas cantidades se pagarán sin detención de los caudales Públicos; y la piel, cabeza y manos de las fieras que se premien quedarán en poder de las Justicias sin poderlas devolver á los que las presentaron, ni á otras personas para aviar fraudes". 

  • Loberas, cortellos o corrales de lobos, calechos y cousos. Diversos tipos de trampas estructurales que testimoniaban la lucha contra el lobo.
Lobera del Alto del caballo en Espinosa de los Monteros



Un factor asociado a la caza del lobo y que lo veríamos reflejado en los relatos clásicos es que reforzaban la cohesión y la solidaridad tanto entre vecinos como entre los diferentes pueblos afectados que dejaban a un lado sus desavenencias para luchar de manera colectiva contra el enemigo común. Los gastos ocasionados por las batidas eran costeados con los arbitrios o impuestos especiales que se recaudaban para financiar gastos de carácter municipal, y con la contribución obligatoria que se cobraba a los propietarios de los ganados foráneos trashumantes que pastaban en los montes de los pueblos confederados en Juntas o Hermandades.

A este respecto, la Real Cédula de 1788 antes citada dispone lo siguiente: "El gasto de estas batidas se reducirá a las precisas municiones de pólvora y balas, y a un refresco de pan, queso y vino que se ha de dar a los concurrentes a ellas, á cuyo efecto harán las respectivas Justicias con la debida economía la regulación y ajustada distribución del gasto de ellas, precediendo esta regulación y la aprobación del Intendente de la Provincia antes de hacerse las batidas en cada año. El costo de las batidas o monterías se ha de prorratear a proporción de las cabezas de ganado estante y trashumante que pastare en los términos de los pueblos donde se hacen, y de las Yeguadas, Vacadas y Muletadas que hubiere en ellos, bien entendido que los dueños de los estantes nada contribuirán para este gasto de las batidas, siendo vecinos o comuneros de los pueblos donde se ejecutan, porque es justo que respondan por ellos los caudales públicos de propios y arbitrios a cuyos Mayordomos se abonarán en sus cuentas con la justificación que abajo se expresará".

Las Loberas

No son exclusivas de Las Merindades encontrándolas en otras zonas del norte peninsular como Portugal, Galicia, Asturias, Cantabria, León, Zamora, Palencia o País Vasco. Tienen un origen incierto pero las primeras referencias documentales datan del siglo XVI. Eran unas construcciones que por su envergadura, localización y diseño muestran el apoyo firme de la comunidad reivindicadora del terreno frente a lo salvaje. Conformadas por dos largas paredes construidas con piedra a hueso y sin retocar, con una altura que oscila entre los 2 y los 3 metros, que convergen, a modo de embudo, en un foso excavado en el suelo y reforzado con muros de piedra donde caía el lobo tras ser acosado durante la batida.

La profundidad de los fosos oscila entre los 3 a 4 m (o 6 metros si medimos con los muros). Algunas loberas poseían pequeños abrigos de piedra, llamados chozas, esperas o cebeñuetes, situados entre las dos paredes que conforman el embudo y abiertos hacia el foso, para albergar a los cazadores que esperaban, escondidos, al lobo para azuzarle e impedir que retrocediera en su carrera desesperada hacia el foso.

Lobera de Perex (Cortesía de Tierra de Burgos)

Para disfrutar de las loberas debemos ser algo, no mucho, montaraces porque, de acuerdo con su función, estas trampas las hallaremos en pleno monte, en lugares por donde pasaba el lobo y en ocasiones, también personas, carros y ganado. Esta circunstancia hizo que en las dos paredes que forman estas construcciones, se abrieran puertas que, en los días de batida, eran cerradas con palos dispuestos en sentido horizontal y vigiladas por cazadores apostados en ellas. La altitud geográfica de once loberas registradas en Las Merindades oscila entre los 1.248 m de la lobera del Alto del Caballo (Espinosa de los Monteros) y los 825 m de la de la Barrerilla de Perex (Valle de Losa), situándose el resto de las construcciones en una altitud comprendida entre los 800- 900 m.

Nos las encontraremos adaptadas a la topografía del terreno, toda la construcción se desarrolla a lo largo de laderas de acentuado declive, siendo el foso el punto más bajo de la pendiente y por ello, de difícil identificación para el lobo. En algunos casos, también se observa un aprovechamiento de las condiciones orográficas del territorio de tal forma que las paredes suelen ser la prolongación de precipicios o escarpes que actúan como eficaces barreras naturales.

Para acentuar a efectividad de la trampa la parte superior de las paredes estaban rematadas con piedras que sobresalían a modo de visera o alero, impidiendo con ello el salto y la huída del lobo. Así mismo, algunas loberas presentan en el centro del foso un amontonamiento de piedras cuya función era también la de evitar que, una vez dentro, el lobo tomara impulso y saltara fuera. Durante la batida, a veces, el foso era camuflado con ramaje.

Diploma de Alimañero (Lebeña)


Buscando favorecer que el lobo corriese en la dirección "adecuada" el muro posterior al foso era de una altura máxima de 1 metro con respecto al suelo exterior. Este ingenioso diseño del foso se agudiza en la Lobera de La Barrerilla (Perex), donde el espacio de embudo inmediato al hoyo muestra una suave depresión que asciende ligeramente hasta enrasar con el borde del foso. Otras veces se recurría a un parapeto vertical de ramaje que se colocaba sobre un madero dispuesto sobre la pared inicial del foso, de manera que el lobo saltaba este obstáculo sin saber que a continuación se precipitaría al interior del hoyo. Evidencias de la colocación de este "parapeto de bardado", como así se cita en las Ordenanzas del Valle de Losa las encontramos en la Lobera de Toyo, trampa localizada entre las poblaciones losinas de Río, San Llorente y Villaluenga.

El lobo capturado con la lobera podía ser matado allí mismo o bien era sacado vivo. En el primer caso, los mismos batidores, o un desollador contratado, arrancaban la piel del lobo muerto, la rellenaban con paja y la subastaban, adjudicando la pieza al mejor postor que además, recibía un certificado oficial donde se daba cuenta de su autenticidad y forma de obtención. Todo esto se acompañaba con la celebración de una fiesta popular que reunía a todos los habitantes de los pueblos pertenecientes a la Junta o Hermandad en cuyos términos se había cazado el lobo. Tras el festejo, el dueño de la piel o pelleta tenía permiso para recorrer con ella los pueblos del entorno recibiendo obsequios en forma de dinero y alimentos que rentabilizaban con creces el coste de la piel.

El animal capturado vivo no corría mejor suerte. Se les abozalaba y ataba de manera que no pudieran moverse y a continuación se les sometía a un "juicio" popular en el que, tras ser acusados de todos los males, acababan siendo apaleados. Después, eran cargados al lomo de un burro y exhibidos por los pueblos que premiaban a los loberos con toda suerte de donativos.

Al parecer, las loberas también sirvieron para cazar otros animales salvajes como osos, jabalíes, zorros e incluso, como la lobera de Castrobarto (Junta de Traslaloma), para apresar a los caballos salvajes que pastaban libremente en los montes de La Peña".  

Seguiremos.

Bibliografía:

"Loberas en la comarca de Las Merindades (Burgos) de Judith Trueba Longo.
“El lobo y los siete cabritillos” y “Caperucita Roja”. Historia de una relación. Susana González Marín (Universidad de Salamanca)