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lunes, 28 de marzo de 2016

Reflejados en la toponimia (II)

Continuamos hoy con el tema de la pasada semana donde dejábamos constancia del influjo romano, íbero y árabe nuestras Merindades. Ahora tocan otros aspectos que le dejo descubrir.
 
Rosío
Asociados a la “vida económica” nos encontramos con topónimos como Panizares o zona de panizos, o Lastras de las Eras. Las cellas o ciellas, del latín cella, tienen un primer posible significado de “granero” y un segundo de celda o habitación de anacoreta, tal vez iniciación de un monasterio. Así, Cillaperlata pudo ser la “Cella per latum”, celda alejada, distante, escondida. Junto a este pueblo podemos citar: Tartales de Cilla. Y de “cella” parecen derivarse igualmente Cilleruelo.

Por toda la provincia de Burgos, además de en Las Merindades, son frecuentes los nombres que aluden a la tierra laborable o campo. Así, por un lado Campino y por otro las Bárcenas (de Pienza) o Bárcenas (de Campillo), Barcina (del Barco y de los Montes) y Barcenillas (del Cerezo y del Rivero), significan igualmente en su origen “la campiña cultivada”.

Cillaperlata

Más relacionados con el pastoreo están los numerosos topónimos en los que entra la palabra prado: Pradolamata, Quintana de los Prados y Pradilla de Hoz de Arreba. Muy semejante es la significación de “busto”, sinónimo de pradera o pastizal, que a veces queda reducido a “bus”, como en Busnela. El área de este topónimo se extiende por Galicia, Portugal, Asturias y parte septentrional de la antigua corona de Aragón. En Las Merindades tenemos: Bustillo de Villarcayo.

Los nombres como el de Cabañas de Virtus derivan de la voz latina tardía “capanna” que era un recinto destinado al ganado.

La industria y la minería, escasamente desarrolladas en los tiempos medievales, apenas si quedan reflejadas en la toponimia. Es la extracción del hierro y su forja en las fraguas la actividad de este tipo que más destaca entre los nombres de lugar de Las Merindades. Así tenemos un Herrería junto a Irús en Mena, Herrera del Redondo, Herrera de Valdivielso y Hierro en Losa.

Cueva de Manzanedo

Los molinos de trigo podrían haber generado La Presilla y Presillas quizás a causa del muro hecho a través de un río para la conducción de su agua a un molino. Por último, la sal obtenida de manantiales de agua salobre da lugar a Salinas de Rosío. En relación con la pesca tenemos Pesquera de Ebro.

En la Alta Edad Media el dinero era escaso y únicamente en las ferias y mercados puede verse que la economía no es totalmente cerrada. Algunas localidades conservan aún el nombre de Mercado o de Mercadillo. En el valle de Mena existe además una pequeña aldea con el nombre de Mercadillo.

El nombre de Villacomparada podría ser “villa comprada” originada por la adquisición de esta casa de labor por algún señor o municipio. Cantonad, en Mena, es una corrupción de “Campo donado” o entregado gratuitamente.

Villacomparada de Rueda

Otro de los proveedores de nombres en nuestra cultura es la religión. Y no solo la cristiana. Para José Pérez Carmona Losa provenía del nombre de una divinidad femenina y Obarenes, los montes, una posible derivación de Ubarna que era una diosa mencionada en una inscripción hallada en Miranda de Ebro. Claro que choca con la común explicación de que Losa deriva de las características de ese terreno.

Dentro del influjo de la religión tendríamos Valpuesta, enclavado en Valdegovía, que es el valle posita o composita (compostela), el valle de las cenizas, donde hay enterramientos de los primeros tiempos cristianos y una colegiata posterior en la que se escribía en castellano en el año 800.

Salazar

Oliver Asín hizo notar que la copiosa toponimia hagiográfica que ofrece la Castilla de las Merindades es muchísimo más cristiana que la de Burgos. En las Merindades se contabilizan hasta 99 advocaciones religiosas cristianas diferenciadas y 1.300 repeticiones de ellas. Y, es que, cuando llegó el cristianismo, sus predicadores aprendieron enseguida que la mejor manera de desplazar las creencias anteriores no era competir con ellas, sino ocuparlas.

Pero, evidentemente, son los nombres de Santos los más numerosos: en toda la provincia de Burgos hay 12 San Martín (de Losa, de Porres, del Rojo…). Santa Olalla y Santa Olaja (por santa Eulalia los dos), junto a Espinosa de los Monteros una y en Mena la otra. No olvidemos a San Miguel, San Pantaleón o San Pelayo que han dado nombre a pueblos de Las Merindades.

Cueva de Manzanedo

Pero además de estos hay otros, en los que la designación del santo ha sufrido cambios lingüísticos, con los que se hace más o menos difícil apreciar el hagiotopónimo (Nombre derivado la religión): Santecilla por Santa Cecilia; Santiuste por San Justo; Santocildes, quizá San Acisclo; Santotís por San Tirso; Santurde, San Jorge; San Zadornil, San Saturnino; Zangández, San Gaudencio; Dosante, dos Santos. La devoción de nuestros antepasados a la Santa Cruz se patentiza en Santa Cruz de Andino o Santa Cruz de Mena.

El relieve ha influido de manera señalada en el origen de gran número de topónimos. Es la palabra monte la que más se repite en este grupo de designaciones. Muchas veces se une al primer elemento de un nombre de lugar, a fin de que se le distinga de otros homónimos. Barcina de los Montes y Villanueva de los Montes, en la vertiente septentrional de la Mesa de Oña; Tartalés de los Montes, al sur de la Tesla o Quintanilla-Montecabezas, en Losa. Además de los diminutivos Montecillo y Montejo.

Peñalba de Manzanedo

El apelativo peña se encuentra con menor frecuencia. Lo vemos en Peñalba de Manzanedo (Peña Alba), Peña horada, sin olvidar Quintanilla-Sopeña, Colina de Losa –ya bajando a las colinas-… ¿Qué decir de los oteros? Queda este nombre en Oteo y Tardajos, antes Otero de Ajos. Destaca especialmente el apelativo “cuesta”, que forma Cuestaedo (Montija), Palazuelos de Cuesta-Urria y Valmayor de Cuesta-Urria. A la inclinación de terreno en forma de escalones hacen, sin duda, alusión los nombres de Escalada, Quintanilla-Escalada, Escaño y Escanduso (Escaño de Suso).

Los desfiladeros o pasos entre montañas han dejado igualmente huella. Su nombre más corriente es el de hoz –sin discutir la posible degeneración a partir de alfoz-, que vemos en Hoz de Arreba, Hoz de Mena y Hoz de Valdivielso, Pradilla de Hoz de Arreba, San Pedro de la Hoz, Quincoces (cinco hoces) y Bisjueces, antiguo Bisoces o dos hoces, que luego el pueblo convirtió en Bisjueces, haciéndolo derivar de los legendarios jueces castellanos. Y, aparte de desfiladeros, están los valles como Valdebezana.

Santa Cruz de Andino

Las cavidades en las rocas han dado, en ocasiones, nombres a algunos pueblos. Así tenemos Cueva en la Merindad de Sotoscueva y Las Cuevas (Mena).

También abundan los topónimos en cuya formación entra el nombre de una corriente fluvial. Nada es de extrañar, pues sabida es la importancia de las aguas para la fundación de los poblados. En primer lugar destacan los nombres de lugar que comienzan por la palabra “río”, bien unido a un adjetivo (Rioseco) o un sintagma: Río de la Sía, Río de Losa, Rio de Lunada, Río de Mena, Río de Trueba.

Tobera
A veces, quizás con topónimos más antiguos, el antiguo “rivus” ha dado “ru” en lugar de río: Rucandío (río cándido). En ocasiones ha derivado en “re” o “ri” como en Retortillo (río torcido) y Ribota de Ordunte (rivus altus). El Ebro también ha dado nombre a los poblados de sus orillas como Cidad, Pesquera y Miranda. El río Cadagua, del valle de Mena, tiene un pueblo homónimo.

La palabra arroyo también ha pasado a la toponimia, aunque no tanto como podría parecer visto la cantidad de estos que tenemos en Las Merindades. Tenemos Arroyo de San Zadornil y de Valdivielso.

La Aldea

Los pueblos colocados a orillas de los ríos forman a veces sus topónimos con la palabra riba, “rivera”, o “Revilla” (pequeña rivera). Así tenemos La Riba, El Ribero, Barcenilla del Ribero y Revilla de Pienza. Y Bóveda de la Rivera, en el valle de Losa. Por su situación entre dos ríos es frecuente en España el topónimo Entrambosríos (Sotoscueva) y Entrambasaguas (Mena).

Relacionados igualmente con este grupo están topónimos como Agüera, que tal vez aluda a las acequias para llevar el agua de lluvia a los campos, Ollas u Hoyas y San Martín de las Ollas, que -según Menéndez Pidal- pueden haberse originado por las concavidades formadas en los lechos de los ríos. La abundancia de sus fuentes debió dar origen al topónimo Nofuentes (¿nueve fuentes?)

Puente Arenas

Sobre este último lugar corre la leyenda de que, donde hoy está el monasterio de las monjas Clarisas Nuestra Señora de Rivas, una mujer de Villapanillo cavó y encontró enterradas nueve vírgenes que fueron repartidas, y dieron nombre, a iglesias de la zona como la de la Virgen de las Quintanillas.

Otra fuente de la toponimia es la situación geográfica de un lugar. A este respecto son varios aún los pueblos homónimos a los que distingue únicamente el complemento que indica su situación con respecto a su altitud. Así Escóbados de Arriba y Abajo, y Torres de Arriba (pueblo difunto) y de Abajo. Algunas de estas actuales denominaciones eran primitivamente de yuso y de suso, como Quincoces de Yuso y Quincoces de Suso (despoblado), Torres de Yuso y de Suso. Formas que se han amalgamado en Barriosuso y Barruso, Escanduso y Hornillayuso.

Otras veces se establece la situación de un topónimo con relación a otro objeto o pueblo. Es usual el prefijo “so”, derivado del “sub” latino Quintanilla-Socigüenza, Quintanilla-Sopeña o Sopeñano.

Escaño

Abundantes son las denominaciones provenientes de un suelo pedregoso. Hasta ocho son los pueblos burgaleses que llevan el nombre de Pedrosa y en Las Merindades está Pedrosa de Valdeporres. Si abundan las losas o piedras planas y poco gruesas, las localidades formadas en tales terrenos reciben a veces los nombres de Lastras (de las Eras, de Teza y Hornillalastra). Cuando el suelo es rico en piedra porosa denominada toba se originan los topónimos Tobera, Villanueva Tobera, Tobar, Tubilla, Tobiella, Tubilleja y Tobalina.

Entre los cultivos tenemos Linares debe su nombre al hecho de haber tenido campos dedicados al cultivo del lino; el manzano formó Manzanedo, Manzanedillo, Pomar y Medina de Pomar; los cerezos, Cerezo de Mena y Barcenilla de Cerezos; los nogales, Valdenoceda, Nocedo y tal vez Noceco; los Haedos, de fagetum (sitio de hayas) como Haedo de Linares; los Fresnos como Fresno de Losa; roble, Robredo de Losa; encinas, Incinillas, Quecedo (quercus es encina en latín) y Quisicedo. Otro tipo de encina es el árbol denominado Rebollo, que ha originado los nombres de El Rebollar.

Los terrenos con abundancia de espinos han dado Espinosa de los Monteros. Las árgomas formaron Argomedo; los brezos, Bercedo antiguo Brecedo; mata es toda planta de tallo bajo y ha formado el topónimo Pradolamata.

Frías

Sorprendentemente existen topónimos basados en nombres de animales. Un pueblo del valle de Manzanedo recibe el nombre de Perros y hubo un monasterio con el título de San Millán de los Perros. Butrera lo tendría por los buitres.

Y de los animales irracionales pasamos al teóricamente racional: el hombre y sus ciudades. Sobre este topónimo debemos detenernos algo. Resulta extraña la existencia de ocho casos en un territorio eminentemente rural. En el falsificado documento del año 800 se cita la civitate de “Area Patriani in territorio Castelle”. Estas ciudades se sitúan al pie de importantes elementos castrales o en el mismo castro, como sucede en el caso de Medina de Pomar. Medina es el nombre árabe que se utiliza para denominar la ciudad, medina que no debió ser la única en las Merindades y de ahí que fuese necesaria nombrarla con un “apellido” para distinguirlas de otras medinas en el mismo territorio. 

Medina de Pomar

Ninguna de las otras ciudades ha perdurado con su nombre árabe-si es que este fue el originario-, sino con la palabra latina equivalente; así tenemos Cidad de Ebro en el valle de Manzanedo y Cidad de Valdeporres, lugares que aún perduran. La toponimia nos ha dejado una Cidad junto a Cillaperlata, otra junto a Soncillo, y dos ciudades más junto a los lugares de Castresana y de Quincoces de Yuso.

Todas se localizan en lugares muy cercanos a un topónimo calzada en el peor de los casos, y en el mejor, a las documentadas calzadas romanas y muy cercanas a un castro protohistórico en cuyo entorno se localiza el muy significativo y único topónimo "Godo" de las Merindades.

Debieron ser ocupaciones de época Visigoda o bereber creadas para agrupar los diferentes elementos que requería la estructura geopolítica del momento: administración territorial y lugar de comercio, a la vez que sería la residencia del administrador de la jurisdicción. En definitiva, serían los centros neurálgicos de la organización establecida en el periodo bereber. Organización territorial en la que nos parece ver el precedente de lo que posteriormente serán las tenencias.

Villasana de Mena

También ha quedado en la toponimia el nombre de aldea: La Aldea. El Vigo, en el valle de Mena, sería una clara derivación del latín “vicus” (aldea). Más abundante es el topónimo barrio. Hasta quince Barrio o Barrios señala el Nomenclátor provincial y dos Barruelos o pequeños barrios. Barruso de Mena sería contracción de Barriosuso.

En cuanto a la antroponimia, con nombres de origen romano, árabe, germánico y otros. Hay muchos que aparecieron en los primeros tiempos de la Reconquista, a veces sobre base latina. En ocasiones, el nombre o nombres han llegado hasta nosotros casi sin cambios, quizás a causa de modernidad relativa. Tal es el caso de Quintana-Martín Galíndez, Quintana María, Villarcayo, Villamartín de Sotoscueva…

Villarcayo

Sobre Villarcayo, como sobre muchos otros lugares de Las Merindades, existen varias posibilidades para el origen de su nombre: se puede interpretar como Villa Acaica; "Fons Arcaium", de procedencia griega, que equivale a Fuente Vieja; Para D'ors, Villarcayo viene de "Villa Arcadi", es decir, Villa de Arcadio. Para Sánchez Albornoz es un patronímico de probable origen hispano-romano (Villa de Arcadius). En el mismo sentido piensa García de Valdeavellano: "vestigios del reparto de tierras como topónimo derivado de la explotación agraria que recibieron los nombres de su propio amo". Y para Pérez Carmona es un caso de antroponimia de los primeros siglos de la reconquista con base latina.

Bibliografía:

“Las Merindades de Burgos: Un análisis jurisdiccional y socioeconómico desde la Antigüedad a la Edad Media” María del Carmen Sonsoles Arribas Magro.
“La historia y la geografía burgalesas reflejadas en su toponimia” José Pérez Carmona.
“ORIGENES HISTORICOS Y RAICES SOCIALES DE LA MERINDAD MAYOR DE CASTILLA LA VIEJA” José Luis Orella Unzue.



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