Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


lunes, 16 de mayo de 2016

Amania


“Amania” es la primera novela del autor menés Fernando Pérez Sañudo. Un joven bilbaíno de Villasana de Mena que, sorprendente en estos tiempos, desea expresarse volcando lo que le bulle en el papel, o en el impulso eléctrico.


En una edad en que todos huimos de la diferenciación, en que tenemos pánico a expresar lo que surge en nuestro interior, Fernando se atrevió -¡con 16 años!- a escribir una novela histórica, un relato corto, con el trasfondo de las guerras cántabras.

No nos debe extrañar esta precocidad porque desde los siete años nada en estos mares de las letras. En su haber nos encontramos el relato "El guardián del inframundo"; las obras de teatro “Encuentros en la tercera planta” y “396 años después”; participación en el cortometraje colectivo “No importa...” y en “El recuerdo” (¿Será tradición familiar?); hay incluso poesía. Algo meritorio en alguien que, en el momento de lanzar la obra que estudiamos, no había alcanzado la mayoría de edad.

Dejemos ya de lado al autor y centrémonos en el texto que traemos a la bitácora esta vez. La razón de su presencia no es solo que Fernando Pérez Sañudo sea de Las Merindades sino, también, que está ambientada a caballo de Pamplona y el Valle de Mena. La historia se sitúa en un corto periodo de tiempo del año 29 a.C. con la guerra civil entre Marco Antonio y Octaviano por la herencia de Cayo Julio Cesar finalizada.

Diversos guerreros hispanos (Ángel Pinto)

Es el inicio de las Guerras Cántabras y Octaviano ha destacado al legado (general) Tito Estatilio Tauro para eliminar la cuña que formaban Astures y cántabros cerca de las minas de oro del actual León. Además, los cántabros eran un pueblo cuya riqueza provenía de ganadería alimentada en los pastos montañeses y que necesitaba a otros pueblos, en este caso los autrigones (agricultores) para intercambiar sus mutuos excedentes alimentarios. Los autrigones controlaban parte de la llanura mesetaria, terreno agrícola, y al incorporarse a la estructura imperial su excedente se incorporó al eficiente mercado romano, calzadas romanas y rutas marítimas que llevaban alrededor del Mediterráneo, los bienes con diligencia. Lo cual vemos en las tareas que ejecuta el protagonista –narrador en primera persona- al inicio del libro.

Los romanos no tienen necesidad de intercambiar bienes con los cántabros porque ellos ya disponen de un consumo interno capaz de absorber y reorganizar los excedentes. Al ver cercenada su capacidad de adquisición de bienes fueron radicalizando su postura. Dicho de otra forma, si no lo podían comprar ni intercambiar lo tomarían por la fuerza. En esta situación de ataques y saqueos fronterizos, mientras se avanza por otros frentes, los Amanos, un grupo autrigón, solicita ayuda de su aliada Roma para hacer frente a las incursiones cántabras.

El protagonista es presentado levantándose de su camastro en el cuarto que ocupa en una ínsula de Pompaelo. Siento decir que esa ínsula, de varias plantas, resultaría poco probable en una ciudad nueva fundada por el perdedor de la guerra frente a Julio Cesar y, tal vez, solo tal vez, creada sobre un castro vascón con población autóctona romanizada y soldados veteranos. Las ínsulas surgen como solución a una alta densidad de población. Eso sí, le permite a Fernando desarrollar sus dotes para describir el paisaje humano.


De hecho, subraya la pobre economía de la ciudad y su falta de oportunidades cuando Eidan Acha, Albius, el liberto protagonista que malvive en Pompaelo, se queja de su falta de liquidez y de que trabaja como “viajante” de un curtidor. Por lo demás, derrocha imaginación describiendo una ciudad de la que no se sabe mucho pero si pensamos que no fue una urbe romana importante no es de suponer que fuera muy grande. Podremos aventurar, dada la topografía del terreno, que su perímetro fuese el de la Navarrería durante la Edad Media. Sobre esto recomiendo el trabajo de María Ángeles Mezquiriz del Museo de Navarra.

Por otro lado, las gotas de vida social que se deja caer pintan de manera efectiva los colores de la existencia romana de las clases bajas.

La vida de Albio cambia cuando un prefecto del ejército romano se presenta en su casa ofreciéndole trabajo como traductor. Aceptará y acompañará a un pequeño contingente romano hasta el Valle de Amania, Valle de Mena. Me hubiera gustado que las descripciones del terreno (el viaje y los lugares de Mena) hubieran sido más vívidas. Me ha resultado lacónica la simple mención de la peña Angulo para situar la escena.

El ejército romano y sus tácticas están bien presentados, incluido el problema de cómo enfrentarse a los cántabros. Otra cosa es la referencia al equipo legionario donde se recurre a la lorica segmentata para diferenciarles frente a los auxiliares. Pero es comúnmente aceptado que los legionarios de las guerras cántabras no la llevaban porque esta se introdujo, de forma general, con Tiberio.

El relato identifica, no sé si involuntariamente, a los vascones de hace 2000 años –beneficiarios de Roma que recibieron tierras fuera de su área norpirenaica- con un idioma quizá íbero o quizá galo, con los vascos de hoy en día: ¿Vasco o lengua vascona?

Guerreros Astures emboscados

Afortunadamente la trama de la obra no se ve forzada por estas licencias y camina -dentro de sus limitaciones- hasta el ingenioso desenlace cuya subtrama surge sin previo aviso.

Una interesante opción que se lee del tirón, con un protagonista suficientemente esbozado, con una historia que gotea a lo largo de la novela y la perceptible sensación de que continúa sintiéndose un esclavo desarraigado.

El ejemplar que tengo luce la pegatina de quinta edición y ¡eso significa algo! Por 12 € en papel y por cerca de 3 € en formato electrónico es una interesante formula con la que pasar una tarde entretenida y pensar en las personas que habitaron estos valles antes que nosotros.




2 comentarios:

  1. Un bilbaíno de Villasana de Mena. Buena contorsión, caballero.

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  2. (continúa del mensaje anterior)

    Aún a riesgo de que me digan que un bilbaíno nace donde le da la gana. ¡Jé¡

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