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lunes, 24 de octubre de 2016

Los mosaicos de la villa romana de Los Casarejos


La anterior entrada hablamos de la villa de Los Casarejos pero solo de su estructura y posible uso. En esta comentaremos los mosaicos que, desgraciadamente, no se pueden observar. Lo haremos basándonos en el trabajo de terceros e intentaremos evocar la imagen de los mismos.

Plano de los mosaicos de la villa de Loa Casarejos

Antes un rápido repaso a lo que eran los mosaicos: Aunque los romanos lo cultivaron y difundieron era un arte oriental que inicialmente emplearon para decorar paredes y techos. Claro que viendo que era resistente a las pisadas se volcaron en pavimentar los suelos con estas alfombras de piedritas. Rápido.

Plano general de la Villa de Los Casarejos

Recorreremos las salas de nuestra villa mirando al suelo. Es decir, al suelo que tuvieron. Imaginándonoslo.

Mosaico del Frigidario o habitación A

Empezaremos por el mosaico de la habitación A. Si recuerdan de la anterior entrada de la bitácora era el frigidario (sala para baños fríos). La excavaron en el año 1976. Su estado de conservación era bueno pero con algunos desperfectos a lo largo del lado norte, en el ángulo nordeste, y en el campo. La gama cromática del mosaico incluía blanco, negro, gris, amarillo, rosa y rojo, logrado gracias a teselas cerámicas.

Recordarán de nuestra primera visita a Los Casarejos que dijimos que existió un banco de fábrica a lo largo de la pared sur y de una pequeña parte de las paredes este y oeste, y que, al parecer, montaba parcialmente sobre la cenefa externa. Pues bien, solo se pudo ver esta cenefa, decorada con una guirnalda de hojas de hiedra, en el lado oeste, en la zona de paso a la habitación contigua.

Dibujo del mosaico del frigidario

El campo del mosaico estaba decorado con una composición de octógonos adyacentes oblicuos, tratados en meandro de esvástica trazada mediante dos líneas de damero de triángulos rectángulos en dientes de sierra que se utiliza también como marco. En el centro llevaba un cuadrado de 3`40 metros de lado, realizado del mismo modo que el resto del esquema, un filete dentado y otro negro. El emblema estaba decorado con un círculo, un cuadrado inscrito y una corona de laurel, entrelazados entre sí por trenzado de dos cabos. Dos de sus ángulos se rellenaron con cráteras. La que se apareció mejor en la excavación llevaba en su boca dos palomas bebiendo, mientras que la otra estaba muy estropeada.

En los otros ángulos se representaba un delfín devorando a un pez y delfines nadando. Sobre el fondo aparecen teselas negras dispuestas en forma de S que representan el agua y una esvástica.

Los octógonos que constituyen el esquema se decoraron con tres series de motivos:

a) Geométricos: con entrelazados de nudos de Salomón, esterilla, postas en torno a un círculo y entrelazados de diferentes tipos.

b) Vegetales, con sarmientos de vid con sus hojas y racimos y varias rosetas diferentes: con ocho pétalos peltiformes de dos tamaños alternados, con ocho pétalos fusiformes y ocho trífidos, o florones de cuatro pétalos. Alguno de estos motivos van dentro de coronas de laurel.

c) Animalísticos en los espacios restantes se representan peces reales -delfines, salmonetes, congrio o anguila- o combinaciones de animales terrestres con cola de pez. Algunos de ellos capturan a peces menores y otros sencillamente nadan en el agua que se representaba mediante líneas de teselas negras en S. En estas representaciones se incluyeron palomas, aves acuáticas, y una caracola alargada de la que sale un pez anguiforme o un gusano. Los peces son frecuentes desde los primeros siglos del imperio en Hispania, constituyendo escenas polícromas de tradición helenística o en composiciones bícromas, siguiendo la moda italiana. Tanto en blanco y negro como en color, es frecuente hallarlos formando parte de escenas totalmente marinas, o de carácter mitológico. Menos corriente es verlos representados dentro de los compartimentos de un mosaico, tratados como un motivo decorativo más, tal como se realizan en San Martín de Losa.

Detalle del mosaico del frigidario

Fijémonos en que en este mosaico, se optó, como en otros dos de esta vivienda, por la realización de un tapiz que se basa en el octógono. La composición de octógonos adyacentes oblicuos, tratados en meandro de esvástica, constituye una variante del esquema de octógonos adyacentes oblicuos que se encontró en uno de los tramos del pasillo interno de esta misma casa. El otro esquema compositivo con octógonos secantes y adyacentes tratados en meandro de esvástica, decora la habitación contigua a ésta (la B).

Las composiciones basadas en el octógono son muy frecuentes y, como hemos señalado ya en otras ocasiones, son muy características en la Meseta Norte en época tardía aunque la composición que se ha elegido para este pavimento y para el de la habitación contigua tienen menor difusión.

Será en la villa de Liérdena donde encontremos un diseño similar fechado hacia el primer tercio del siglo IV. También es muy frecuente en los mosaicos tardíos peninsulares el motivo de entrelazados que ocupa la parte central de este mosaico.

El gusto por los entrelazos se refuerza en los motivos de relleno del interior de los octógonos, en donde se encuentran temas tan frecuentes como la cestería o los cuadrados de lados curvos y rectos enlazados. En nuestro área geográfica podemos citar la villa de Cabriana donde se presentan algunos elementos muy similares a los la villa de Los Casarejos, entre ellos, la colocación de las teselas de pico, en "arco iris", que se relacionan con la parte oriental del imperio.

Un motivo a estudiar es el de racimos y hojas de vid, que, adoptando formas diferentes se realizó en cinco pavimentos, y que constituía uno de los temas más llamativos de la vivienda.

En este caso, y en el del mosaico del triclinio se utilizaron como motivo de relleno de octógonos y círculos, respectivamente. En el mosaico del tepidario se usan como motivo de bordura. En el caldario el mismo motivo sale de la boca de una crátera angular de forma idéntica a las que ocupan los ángulos del cuadro central del mosaico que estudiamos, y se adapta a la forma del pavimento. Por último, en uno de los tramos del pasillo hojas y racimos se extienden por toda la superficie, a partir de cespones de acanto situados en los extremos.

Aunque el motivo de vides es muy conocido, y se distingue con facilidad, en la Península Ibérica pocos son los casos en que se realiza de forma aislada. En uno de estos mosaicos, la vid ocupaba todo el ábside, saliendo de un cespón vegetal, mientras que en el otro, salía de unas cráteras representadas en el pavimento.

Mosaico del Tepidario o habitación B

El mosaico de esta habitación fue excavado en las campañas de los años 1984-1985. Los dibujos realizados entonces permiten conocer tres fragmentos del pavimento, que tapizarían una pequeña parte de la habitación a lo largo de la pared oeste, en la zona de paso a la estancia contigua.

Mosaico del tepidario

Al parecer, estos fragmentos fueron levantados como los restantes mosaicos de la vivienda, para proceder a su restauración y consolidación. Sin embargo, al efectuar la limpieza previa a las últimas campañas de excavaciones, en el año 1989, fueron hallados "in situ" dos fragmentos de este pavimento. Uno de estos fragmentos, ocupaba parte del lado sur oriental de la habitación y el otro estaba hacia el centro de la estancia.

Pese al deterioro sufrido por este mosaico hasta la excavación, la parte conservada permite hacerse una idea bastante aproximada de sus características. El conjunto debió de estar bordeado por una banda de enlace blanca, filete negro, guirnalda con racimos y hojas de vid alternados, filete negro, línea de dentado y banda blanca. Esta cenefa ceñía una composición de octógonos secantes y adyacentes, tratados en meandro de esvástica que producen hexágonos. El esquema se realizó mediante trenzado de dos cabos sobre fondo oscuro, y los hexágonos se perfilaron en su interior con otro menor realizado con dos filas de teselas negras. Dentro de ellos las teselas se dispusieron sobre el ángulo, alternando los colores en la disposición denominada "arco iris".

Detalle del mosaico del tepidario

Este mosaico muestra una variante del esquema de octógonos secantes y adyacentes que determinan la aparición de cuadrados flanqueados por hexágonos oblongos. Este esquema tiene una gran difusión y es mucho más frecuente que la variante que aparece en este pavimento en que los cuadrados se sustituyen por esvásticas.

Mosaico del caldario o habitación C

El mosaico de esta habitación fue descubierto en el transcurso de las excavaciones de los años 1984-1985 y se conoce gracias a los dibujos y las fotografías de entonces. Las características de la habitación a la que pertenecía, de forma octogonal y ocupada en parte por una piscina o bañera hexagonal, de fábrica, hacen que el mosaico tenga una forma especial.

La bañera ocupaba el fondo de la estancia, frente a la puerta de comunicación con el caldario, descansando sobre el canal de la cámara de combustión o praefurnio. El mosaico tapizaba el espacio libre entre la bañera y la puerta, adaptándose al perímetro de la habitación y de la bañera, y en dos lados de la bañera conservaba parcialmente un zócalo de cuarto de caña.

Dibujo del mosaico del caldario

La superficie del mosaico no era muy amplia y, aunque apareció incompleto, los tres fragmentos que conocemos deben de representar dos tercios de ella. Todo el perímetro llevaba una banda de enlace con cuatro líneas de teselas blancas y un marco de trenzado de dos cabos sobre fondo negro. La zona de paso desde el frigidario hasta la bañera estuvo decorada con una alfombra cuadrada, de lado igual al de la habitación y bordura de trenzado de dos cabos. ¿Su interior? Ocupado por una guirnalda de hojas de laurel que encierra un florón de cuatro hojas en torno a un pequeño círculo central. El espacio que queda a la derecha de la puerta de la estancia, se decoró con una crátera, con el pie orientado hacia el interior de la habitación, en diagonal, de cuya boca salieron sarmientos, hojas y racimos de vid, que se prolongaron decorando el estrecho espacio libre entre las paredes de la habitación y la piscina.

A la derecha de la puerta el mosaico debía de adoptar una disposición similar, pero estaba estropeado. La crátera y la vid se representan en este mosaico en un ángulo de la habitación como el tema más importante del conjunto, y todo parece indicar que se debían de repetir simétricamente al otro lado de la puerta, ocupando así los dos ángulos del recinto. La crátera era de cuerpo gallonado, llevaba asas con forma de S y pie formado por esfera y cono. Su forma era idéntica a las que ocupan los ángulos del emblema en el mosaico del frigidario, aunque ésta es de mayores dimensiones, y tiene también mayor protagonismo.

Crátera del caldario

Las cráteras se representan con mucha frecuencia en los mosaicos hispanos, desde época relativamente temprana y en todo el territorio peninsular. Sin embargo, en ninguno surge de la boca del vaso un motivo de vid similar al de Losa.

Mosaico del pasillo del peristilo.

Este pasillo presenta tres tramos dispuestos en ángulo recto y cubiertos con mosaico. Los dos tramos más estrechos, que podrían estar separados del patio por un muro, estaban ceñidos en tres de sus lados por una banda blanca de enlace decorada con una guirnalda muy esquemática con zarcillos alternados.

Mosaico del pasillo del peristilo.

A continuación: un marco compuesto por dos filas de teselas oscuras, tres blancas, y dos oscuras, que encerraban una sencilla composición de nido de abeja, con los hexágonos oblongos. Dentro de los hexágonos se dibujó otro concéntrico con doble filete oscuro, mientras que el fondo era blanco.

El tercer tramo del pasillo es de mayor anchura que los anteriores. Por un lado se debió de abrir al patio, y por el otro al pasillo interior y a las habitaciones que ocupaban esta zona. El mosaico que cubría este tramo estaba ya totalmente perdido en el extremo sur. La parte hallada llevaba una cenefa de enlace y un marco iguales a los del resto del pasillo. Su campo mostraba una composición ortogonal de cuadrilóbulos de peltas alrededor de cuadrados sobre el ángulo flanqueado por ojivas, alternadas con cuadrados sobre el lado. Los cuadrados sobre el ángulo se decoraron con nudos de Salomón. Los cuadrados mayores presentaban una composición de estera de tres cabos que se alternaba con otra de damero de triángulos rectángulos.

Continuación del mosaico del pasillo del peristilo.

El esquema de hexágonos irregulares formando la composición de nido de Abeja que cubrían los dos primeros tramos del pasillo era muy popular por todo, todo, el mundo romano.

Mosaico del pasillo interior

Es el pasillo que permite acceder a dos de las habitaciones de la casa, forma ángulo y tiene su mosaico. El primer tramo llevaba en tres de sus lados un marco de grecas en meandro y, en el otro, uno de trenzado de dos cabos. Una banda blanca y un filete negro limitaban el campo, decorado con racimos, hojas de vid y sarmientos que parten de dos florones afrontados en los lados cortos; se entrecruzan formando seis óvalos.

Primer tramo del pasillo interior.

El segundo tramo del pasillo presentaba una bordura igual a la anterior en casi todo su perímetro, excepto en la unión con el primer tapiz, y en un tercio del lado menor contiguo, en el que se sustituye por trenzado de cuatro cabos. El campo del mosaico se limitó con un filete negro que encerraba una composición de octógonos adyacentes determinando cuadrados. En este caso, los octógonos se disponen de forma oblicua por lo que los cuadrados resultantes descansan sobre el lado. Cada octógono se hallaba compartimentado en cuatro hexágonos, dispuestos en torno a un cuadrado sobre el ángulo. Todas estas figuras se realizaron mediante un filete (Moldura larga y angosta) de teselas en arco iris, se perfilaron mediante una línea negra dentada, y llevaban otro hexágono -u otro cuadrado- en su interior. Los cuadrados sobre el lado se decoraron, además, con un nudo de Salomón o con un motivo en aspa.

Fotografía del pasillo interior.

El mosaico del primer tramo del pasillo es un buen ejemplo de la forma en que los constructores de los mosaicos de Losa organizan los motivos vegetales de su repertorio adecuándolos al espacio decorativo según un esquema que conocemos en otros mosaicos de la zona.

Segundo tramo del pasillo interior.

La composición que presentaba el mosaico del segundo tramo de este pasillo puede encuadrarse en el mismo grupo que la de los mosaicos del frigidario y el tepidario de esta casa, ya comentado. En este caso se trató de un esquema de octógonos adyacentes en un desarrollo oblicuo que, lo mismo que en la modalidad ortogonal, es muy frecuente. En Hispania este esquema ha tenido un notable éxito, a juzgar por el número de mosaicos en los que aparecen.

Detalle del mosaico del pasillo interior (segundo tramo).

Mosaico de la habitación G.

El mosaico de esta habitación estaba bordeado por una cenefa blanca entre dos líneas negras, decorada con una guirnalda vegetal con hojas cordiformes alternadas. Su superficie estaba constituida por una alfombra rectangular, paralela al lado oeste de la habitación, en el que se halla la puerta, decorada con una composición ortogonal de meandro e esvásticas y de cuadrados, realizados en línea de teselas.

Dibujo del mosaico de la habitación G.

El campo del mosaico repetía la misma composición trazada mediante trenzado de dos cabos sobre fondo oscuro. Los cuadrados iban decorados con nudos de Salomón, damero de triángulos rectángulos, igual al que se encontraba en el mosaico del peristilo, y rosetas de diez pétalos.

La composición de este mosaico se documenta muy tempranamente en mosaicos de guijarros, en mosaicos helenísticos y en mosaicos de signinum (polvo colorado que mezclado con cal daba un cemento resistente).

Mosaico de la habitación I

Esta habitación se cierra con un ábside en el lado opuesto a la puerta y su mosaico adoptó esa forma. En la parte rectangular de la estancia se unía a la pared con una banda de teselas blancas, y presentaba un marco de ajedrezado, un filete blanco y una línea de trenzado de dos cabos. El mismo tipo de trenzado se utilizó para trazar el esquema elegido para esta zona, con meandros de esvástica losangeados y losanges. Rombos y esvásticas, vamos.

Dibujo del mosaico de esta habitación.

En el interior de los losanges se representaban diferentes motivos geométricos y vegetales. Se conservaron círculos con entrelazos de cojín y de cuadrado; círculos con radios giratorios, en torno a un nudo de Salomón; círculos con cuatro florones de cinco hojas en torno a un pequeño cuadrado de lados curvos; o peltas opuestas con florones afrontados entre ellas. Estos motivos se combinaron con cálices que ocupan los ángulos de los losanges, excepto cuando aparece el motivo de peltas.

El paso de la parte rectangular de la habitación a la zona absidada estuvo pavimentada con una hilera de sillares de caliza, al mismo nivel que el resto. El mosaico del ábside se ciñó en esa zona por una cenefa de trenzado de cuatro cabos, flanqueada por dos filas de teselas blancas a cada lado.

Detalle habitación I

El resto del ábside llevó una bordura de damero de semiescamas ceñido también por dos bandas blancas. El campo del mosaico estaba decorado con un esquema de entrelazos de laurel, que determinaban círculos de dos tamaños y octógonos curvilíneos. Solo se descubrió una pequeña parte de este esquema en la zona derecha del ábside.

Pero, aun así, se pudo apreciar una variada y profusa decoración. Los semioctógonos de la línea externa se rellenaron con la mitad de un florón de dieciséis pétalos y en lo que quedaba de uno de los del centro del esquema se pudo ver parte de un racimo de uvas. Los círculos grandes presentaban un nudo de entrelazos con ocho bucles, rodeado por una línea de postas, una cruz trenzada, y racimos de uvas.

Mosaico del Ábside

El esquema que cubre el ábside gozó de máxima aceptación en Italia, la Galia y en Hispania. Semejantes al de San Martín son el mosaico de El Vilet y el de Castejón.


Resumiendo: los mosaicos de la villa de San Martín de Losa presentaron una gran unidad compositiva y temática. Este hecho es indicativo de la realización por un taller que, según se deduce de la excavación y de los mismos mosaicos, trabajó en el siglo IV, posiblemente en su segunda mitad. En el trabajo de este taller se hallan unidos elementos de diferente tipo como tapices geométricos y motivos figurados de carácter marino o vegetal.

Todos ellos fueron seleccionados y combinados de forma diferente y particular por los artesanos que trabajaron en esta vivienda para conseguir tanto la adaptación a los espacios decorativos concretos como la variedad dentro de la unidad.

En general utilizaron esquemas y motivos muy comunes, aunque los combinaban de forma libre y distinta de lo que conocemos en otros yacimientos, llegando hasta el extremo de realizar variantes formales para las que no se han encontrado paralelos. Lo que no impide presentar esquemas similares con otros yacimientos de la Meseta Norte y del convento cesaraugustano. Destaca la villa de los Quintanares, en la provincia de Soria y, en segundo lugar, la de Cuevas y la de Cabriana.

Aunque en todos estos yacimientos existen puntos de contacto en la elección de los esquemas o de ciertos motivos, y se pone de manifiesto un repertorio y un gusto comunes y la participación en un mismo horizonte cultural, la forma en que los modelos se llevaron a cabo impide atribuir los mosaicos de Losa a un taller de los que trabajaron en estas villas. Además, tampoco aportan datos concluyentes los motivos de vid, ni a través de los paralelos hispanos, ni valorando el especial arraigo en los talleres aquitanos de época tardía, en donde llegan a constituir una de las series de especial interés.

Es posible que estos motivos, tan característicos de los talleres aquitanos y que conocemos a través de un extenso número de mosaicos, ejercieran algún tipo de influencia a este lado de los Pirineos, sobre todo en los yacimientos que, como San Martín de Losa, se hallan relativamente próximos a Aquitania y gozan de buenas comunicaciones con ella.

Del mismo modo, otros motivos presentes en este yacimiento (ciertos esquemas, entrelazos, rosetas o los peces) podrían indicar la existencia de ciertos temas comunes en los talleres del sur de la Galia y los de la Meseta Norte.

Quizá lo lleguemos a saber.

Bibliografía:

“La villa romana de Los Casarejos” por Mercedes Torres, María Ángeles Gutiérrez y Rosalía Incera.



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